Majao (p.p. de majar) [derivado del latín "malleus" (martillo)]: 'quebrantado a golpes, machacado', y también 'molesto, cansado'. Público (adj.): 'notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos'.

31 agosto 2009

Roadrunner



Jonathan Richman & The Modern Lovers, "Roadrunner" (1972)

Ciao, ci vediamo al mio ritorno!


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27 agosto 2009

Los días de Taha Husein

El egipcio Taha Husein (1889-1973) ha sido una gran personalidad de la cultura árabe del siglo pasado. Se quedó ciego de muy niño, pero ese handicap no le impidió cursar con brillantez sus estudios en la universidad islámica de El Azhar, del Cairo, y más tarde becado por su gobierno en la universidad de Montpellier, donde conoció a su mujer Suzanne, y aún se doctoró en la Sorbona. Alcanzó a ser ministro de educación de su país, Egipto, poniendo en práctica su lema: el conocimiento es como el agua que bebemos, como el aire que respiramos.

Taha Husein ha legado a su pueblo el valor de la enseñanza y el estudio, y compendió su mensaje a sus dos hijos, a sus hermanos y a la humanidad, en sus memorias de infancia y juventud, Los días (al-ayam, 1929, 1932). La traducción castellana de Emilio García Gómez (1954) se ha reeditado en fecha reciente (
Ediciones del Viento, 2004).

Los días es una de las más hermosas memorias de niño que conozco. Desde las confessiones de Aurelio Agustín (en que se halla el inmortal relato del hurto de las peras, capítulo II, 4), multitud de hombres y mujeres adultos se han puesto a escribir los recuerdos de su niñez. A veces, enmascarados en la ficción, como el Lazarillo, o el Huck Finn, relatos imperecederos de la vida de niños que se hacen mayores, y que pensamos que son trasunto, en alguna medida, de la propia experiencia de los autores de las historias. Ahora recuerdo otros bellos testimonios de infancia, como son la primera parte de las Confesiones de un inglés comedor de opio (1821) de Thomas De Quincey, o las Confesiones de un pequeño filósofo (1904) de Azorín. Es significativo que el escritor que quiere hablar de su niñez diga que hace confesión, porque no hay nada más íntimo, oculto y más propio de nuestro ser, que nuestros primeros años de vida, cuando nos hicimos personas y aprendimos lo que nunca olvidaremos.

Digo que Los días de Taha Husein es un bello testimonio del aprendizaje y el estudio de un niño egipcio, criado en el campo y estudiante en el Cairo. No nos causará extrañeza enterarnos de que un escolar, aspirante al ingreso en la universidad de El Azhar, debiese saber recitar de memoria el Corán. Pronto, conforme pasamos las páginas, nos empaparemos de la vida y costumbres del pueblo egipcio, siempre en camino entre el campo y la gran ciudad, y sentiremos gran ternura por este niño ciego, Taha Husein, que descubre con sus sentidos libres (el oído, el tacto, el olfato, el gusto) su mundo entorno. Me gusta decir que lo más hermoso de leer en libros como éste, es comprender que la vida de los niños es la misma en todas las tierras, culturas y religiones.

El propósito de Los días es traer al recuerdo el aprendizaje de "la ciencia", los saberes, plasmados en ese particular trivium y quadrivium del mundo islámico, que es poco más o menos como el nuestro, el de los occidentales. Hoy, bajo la bárbara influencia del pragmatismo norteamericano, hemos perdido la percepción y el gusto por los saberes, que compartían los judíos, cristianos y musulmanes de las escuelas medievales. Por eso siempre digo que el estudioso de Santo Tomás de Aquino no debe admirarse de la extrema contigüidad doctrinal de los filósofos de las tres religiones, porque su base educativa era la misma: el estudio de los libros y la escucha y reverencia de la palabra de Dios. Sería triste entonces que no comprendiésemos el ardor por aprender que siente el niño protagonista de Los días.

Pero el mensaje más maravilloso del tierno, ingenuo relato de Los días, es que los verdaderos saberes son los de todos los días: por qué vivimos, por qué enfermamos y morimos, por qué pasamos hambre, frío o soledad, por qué perseguimos el dinero, o la tranquilidad, por qué salimos a la calle a trabajar o a buscarnos la vida, por qué cuidamos de una familia... Y en la comprensión de estos saberes elementales, captamos la profunda hermandad de todas las razas de la tierra, que comparten los mismos bienes y males.

El traductor español de Los días, el arabista Emilio García Gómez, dice con acierto que el relato es "prosa de ciego". Cuando en otros relatos salta a la vista la experiencia visual, aquí tiene mayor importancia los recuerdos del gusto y el olfato, y de ahí la persistente memoria de las comidas de todos los días, del té o los dulces. Reproduzco, para terminar, una de las páginas más severas de estas memorias, cuando Taha Husein rememora, dirigiéndose a su hija pequeña, las malas comidas de los días de penuria: "... Porque tu padre, a veces durante una semana y hasta durante un mes, no comía más que el pan del Azhar; ese pan del Azhar en que los pobres azharistas encontraban toda clase de pajas, toda suerte de chinas y toda clase de insectos. Y, en ocasiones, durante una semana, y hasta un mes, y hasta meses, no mojaba ese pan sino en miel negra. Tú no sabes lo que es la miel negra, y vale más que no lo sepas...".

18 agosto 2009

Ateísmo en el catolicismo

Si quis dixerit: “Diligo Deum”, et fratrem suum oderit, mendax est; qui enim non diligit fratrem suum, quem videt, Deum, quem non videt, non potest diligere, "El que dice: «Amo a Dios», y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?" (1 Io 4,20).

El cristianismo es una religión de proximidad, porque su mandamiento principal es el amor del prójimo, del que tenemos cerca. No es por principio una religión divina, cultual, sino una religión de fraternidad. Esta forma nueva de creer también se exhibe en su particular variante del descreimiento y del ateísmo: no cree en Dios quien no cree en su prójimo.

Las envidias y rencillas de la clerecía, que secundan los publicistas meapilas, revelan que en la misma iglesia católica el ateísmo está muy extendido, porque no se tiene apenas caridad, ni respeto, ni amor al prójimo. Cada vez que un periodista que se dice católico y se da muchos golpes de pecho, pero pone en la picota a un obispo, so capa de la libertad de prensa, se delata como increyente. El plus del cristiano es que ve en su prójimo, no a simples hombres con defectos y miserias, sino al Dios mismo.

11 agosto 2009

No es la miel para la boca del asno


Quien mejor ha entendido el arte de Miguel de Cervantes es otro genio de la narrativa, el novelista norteamericano Mark Twain. Las aventuras de Huckleberry Finn son también unas nuevas quijotadas, ya no en la Mancha sino en el río Mississippi. El sardónico aviso al frente de esta novela es toda una declaración de intenciones, y contiene en su aparente simpleza y rotundidad un credo estético: Persons attempting to find a motive in this narrative will be prosecuted; persons attempting to find a moral in it will be banished; persons attempting to find a plot in it will be shot. Una frase, descubro ahora, que es cita famosa, por ser las primeras líneas del Huck Finn, como el En un lugar de la Mancha... ¿Escandaliza que las novelas no deban tener más finalidad que divertir y hacer reír, sin motivo, ni moralización, ni propósito alguno?

El aficionado a las novelas de Agatha Christie, de Tolkien, de Umberto Eco... convendrá en que no busca otra cosa, leyéndolas, que distraerse y pasarlo bien. A primera vista nada más lejos del ejemplarismo cervantino (el Quijote critica las caballerías, y las novelas son ejemplares porque ofrecen ejemplos provechosos), aunque el buen lector de Cervantes intuye que lo primero en su intención artística es el deseo de divertir a sus oyentes (mejor que lectores, puesto que más nos parece que sus novelas son para oírlas leer, como chistes o relatos graciosos). Y así dice en su inmortal prólogo a las Novelas: "Sí, que no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los oratorios, no siempre se asiste a los negocios, por calificados que sean. Horas hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse". Pues si la vida tiene tantas tristezas, o a lo menos es una mezcla de alegrías y tristezas (gaudium et spes, luctus et angor hominum huius temporis...), está fuera de razón no dar remedio a nuestras angustias con las sanas diversiones.

Reconozco que yo me río abiertamente cuando leo el Quijote, o las Novelas ejemplares, y siento una profunda simpatía por el escritor, al que me hubiera gustado conocer y oírle contar tantas ocurrencias graciosas como las que escribía. Capítulo aparte son los muchos enredos en las posadas y habitaciones, que él debió conocer bien, yendo por los caminos andaluces. Aquí copio uno de esos pasajes de auténtico vodevil, de la novela de "la Ilustre fregona":

Con esto, se acostaron todos; y, apenas estaba sosegada la gente, cuando sintió Lope que llamaban a la puerta de su aposento muy paso. Y, preguntando quién llamaba, fuele respondido con voz baja:
-La Argüello y la Gallega somos: ábrannos que mos morimos de frío.
-Pues en verdad -respondió Lope- que estamos en la mitad de los caniculares.
-Déjate de gracias, Lope -replicó la Gallega-: levántate y abre, que venimos hechas unas archiduquesas.
-¿Archiduquesas y a tal hora? -respondió Lope-. No creo en ellas; antes entiendo que sois brujas, o unas grandísimas bellacas: idos de ahí luego; si no, por vida de..., hago juramento que si me levanto, que con los hierros de mi pretina os tengo de poner las posaderas como unas amapolas.
Ellas, que se vieron responder tan acerbamente, y tan fuera de aquello que primero se imaginaron, temieron la furia del Asturiano; y, defraudadas sus esperanzas y borrados sus designios, se volvieron tristes y malaventuradas a sus lechos; aunque, antes de apartarse de la puerta, dijo la Argüello, poniendo los hocicos por el agujero de la llave:
-No es la miel para la boca del asno.
Y con esto, como si hubiera dicho una gran sentencia y tomado una justa venganza, se volvió, como se ha dicho, a su triste cama.

05 agosto 2009

Autorretrato en Cambridge


En los tres años de historia de este blog, de este majao, he sido refractario a mostrar mi imagen, puede ser porque no me crea especialmente fotogénico, y también para evitar que internautas desconocidos me saluden al pasar por la calle Sierpes. Aunque como la que ilustra mi perfil, aquí dejo otra imagen propia espectral, reflejado en la luna de la Cambridge University Press, tomada hace cuatro años con una Sony digital. ¡Uno es así! Pronto espero pegarme otro viajecito, y dejar imágenes en el blog, espero que no para poner los dientes largos a nadie.
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03 agosto 2009

El crimen del aguador de Toledo

Prosigo con mi apostolado cervantino, invitando a la lectura gozosa de las Novelas Ejemplares. Esta tarde he dejado a medio leer la novela de "la ilustre fregona", aunque ya puedo figurarme que tendrá un final feliz para todos sus personajes. Un relato entretenido que además de muchas otras cosas, contiene ingredientes de novela policiaca, y no le falta su miaja de la guasa socarrona de Cervantes.

No me resisto a copiar este pasaje que me ha hecho reír, francamente. Uno de los mozos, que se hace llamar "Lope Asturiano", y que se ha empleado de aguador en la posada del Sevillano, en Toledo, se ve envuelto en un incidente criminal y lo encierran en la cárcel:

"-Pero no puede ser así -añadió Tomás-, pues no será razón que yo deje a mi amigo y camarada en la cárcel y en tanto peligro. Mi amo me podrá perdonar por ahora; cuanto más, que él es tan bueno y honrado, que dará por bien cualquier falta que le hiciere, a trueco que no la haga a mi camarada. Vuesa merced, señor amo, me la haga de tomar este dinero y acudir a este negocio; y, en tanto que esto se gasta, yo escribiré a mi señor lo que pasa, y sé que me enviará dineros que basten a sacarnos de cualquier peligro.

"Abrió los ojos de un palmo el huésped, alegre de ver que, en parte, iba saneando la pérdida de su asno. Tomó el dinero y consoló a Tomás, diciéndole que él tenía personas en Toledo de tal calidad, que valían mucho con la justicia: especialmente una señora monja, parienta del Corregidor, que le mandaba con el pie; y que una lavandera del monasterio de la tal monja tenía una hija que era grandísima amiga de una hermana de un fraile muy familiar y conocido del confesor de la dicha monja, la cual lavandera lavaba la ropa en casa. «Y, como ésta pida a su hija, que sí pedirá, hable a la hermana del fraile que hable a su hermano que hable al confesor, y el confesor a la monja y la monja guste de dar un billete (que será cosa fácil) para el corregidor, donde le pida encarecidamente mire por el negocio de Tomás, sin duda alguna se podrá esperar buen suceso. Y esto ha de ser con tal que el aguador no muera, y con que no falte ungüento para untar a todos los ministros de la justicia, porque si no están untados, gruñen más que carretas de bueyes».

"En gracia le cayó a Tomás los ofrecimientos del favor que su amo le había hecho, y los infinitos y revueltos arcaduces por donde le había derivado; y, aunque conoció que antes lo había dicho de socarrón que de inocente, con todo eso, le agradeció su buen ánimo y le entregó el dinero, con promesa que no faltaría mucho más, según él tenía la confianza en su señor, como ya le había dicho. "
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