24 diciembre 2010

Libros para el Belén

A pocas horas de la Misa del Gallo, caigo en la cuenta de que no hay otra celebración cristiana que depare más anécdotas festivas y sucesos que recordar. No hay año que no me acuerde de esa nochebuena en que en la homilía el cura, un viejo dominico, cargando la suerte se tiró cerca de un cuarto de hora describiendo las características arquitectónicas y funcionales de las posadas y pesebres del tiempo en que nació Jesús. Visto con perspectiva, y aplicando el principle of charity, no le faltaba razón para recrearse en la humildad del alojamiento del Redentor, porque esta noche la cristiandad celebra especialmente la pobreza y todo lo bueno que esta puede tener. No quiero insistir yo tampoco en la obviedad de que la pobreza y la carestía siempre están con nosotros.

¿Un libro nuevo, para celebrar la Navidad? No los evangelios (que doy por descontados), sino alguno visto esta mañana en una librería de la calle Sierpes. Los había para todos los bolsillos: se pueden encontrar libros muy valiosos, sin hacer un gran gasto. El que me gustaría recomendar este año es el que edita Pablo Cervera, Escuela de grandes orantes. Los santos, maestros de oración, novedad de la editorial San Pablo [enlace]. Es un libro colectivo, que estudia personajes del santoral que destacaron por su oración. Es muy extraño dedicarse a leer unos estudios sobre oración, cuando, según el refrán chusco, el movimiento se demuestra andando. O explicado mejor, hay cosas que se hacen, y se aprende haciéndolas, antes que estudiadas, como el andar, el montar en bicicleta o el nadar en una alberca. Y una de esas es, también, la actitud orante. Pero bueno, apabulla nada más que repasar el índice del libro, y recorrer este catálogo de excelencias de humanidad:

1. La oración para Teresa de Lisieux
2. El Cántico del hermano Francisco. Contemplar la belleza del Creador
3. Una experiencia de oración: Santa Teresa de Jesús
4. Javier, hombre de oración
5. La oración según san Ignacio de Loyola
6. San Josemaría Escrivá, maestro de oración en la vida ordinaria
7. Pedro Fabro y la oración
8. Santo Tomás de Aquino, maestro de oración
9. La oración según el vir Dei san Benito
10. Madre Teresa de Calcuta: una contemplativa en el corazón del mundo
11. Isabel de la Trinidad: profeta de la interioridad
12. San Alonso Rodríguez S.J., hermano coadjutor. Una vida ordinaria y común es el regalo que Dios nos hace para llegar a Él
13. Edith Stein: «Ecclesia orans»
14. Santa Matilde de Hackeborn
15. San Francisco de Sales y la oración
16. San Anselmo, maestro de oración. IX Centenario de su nacimiento
17. Teresa de Lisieux
18. San Gabriel de la Dolorosa, maestro de oración
19. San Francisco de Borja y la oración en el V centenario de su nacimiento
20. El beato Manuel González: hombre orante y maestro de oración
21. La oración ignaciana
22. San Pedro Poveda. En los 75 años de su martirio
23. Valoraciones de san Isidoro en torno a la oración
24. San Juan de Ávila: «Vivía de oración»
25. San Pedro Claver S.J. (1580-1654): la oración que permite ver a Dios en todas las personas (especialmente en los esclavos negros) y a todas en Él
26. San Juan de la Cruz, modelo y maestro de oración.

No quiero pasar sin acordarme de otros libros venidos: la Poesía para niños de 4 a 120 años (Antología de autores contemporáneos) [Siltolá]. Y otro más caro (tan caro, que hasta Papá Noel ha puesto mala cara a mis demandas): un Enquiridion bíblico que acaba de sacar la BAC, y que cotiza a 52,88 euros el ejemplar [BAC].

21 diciembre 2010

Idea y vivencia de la filosofía


"Voy a dar un ejemplo para que comprendan bien lo que es la «vivencia». El ejemplo no es mío, es de Bergson.

"Una persona puede estudiar minuciosamente el plano de París; estudiarlo muy bien; notar uno por uno los diferentes nombres de las calles; estudiar sus direcciones; luego puede estudiar los monumentos que hay en cada calle; puede estudiar los planos de esos monumentos; puede repasar las series de las fotografías del Museo del Louvre, una por una. Después de haber estudiado el plano y los monumentos, puede este hombre procurarse una visión de las perspectivas de París, mediante una serie de fotografías tomadas de múltiples puntos de vista. Puede llegar de esa manera a tener una idea regularmente clara, muy clara, clarísima, detalladísima de París. Esta idea podrá ir perfeccionándose cada vez más, conforme los estudios de este hombre sean cada vez más minuciosos; pero siempre será una mera idea.

"En cambio, veinte minutos de paseo a pie por París, son una vivencia.

"Entre veinte minutos de paseo a pie por una calle de París y la más larga y minuciosa colección de fotografías, hay un abismo. La una es una mera idea, una representación, un concepto, una elaboración intelectual; mientras que la otra es ponerse uno realmente en presencia del objeto, esto es: vivirlo, vivir con él; tenerlo propia y realmente en la vida; no el concepto que lo substituya; no la fotografía que lo substituya; no el plano, no el esquema que lo substituya, sino él mismo.

"Pues, lo que nosotros vamos a hacer es vivir la filosofía. Para vivirla es indispensable entrar en ella como se entra en una selva; entrar en ella a explorarla."

Manuel García Morente: Lecciones preliminares de filosofía. Curso dictado en la universidad de Tucumán (1937). [Ediciones Encuentro].

Imagen: García Morente en su despacho de la Ciudad Universitaria [UCM].

17 diciembre 2010

Forever young



May God bless and keep you always
May your wishes all come true
May you always do for others
And let others do for you
May you build a ladder to the stars
And climb on every rung
May you stay forever young.

May you grow up to be righteous
May you grow up to be true
May you always know the truth
And see the lights surrounding you
May you always be courageous
Stand upright and be strong
May you stay forever young.

May your hands always be busy
May your feet always be swift
May you have a strong foundation
When the winds of changes shift
May your heart always be joyful
And may your song always be sung
May you stay forever young.

13 diciembre 2010

Cerdos en capilla (Aracena)


El indio universitario


Si la fachada de la universidad de Salamanca tiene una rana (figura cargada de simbolismo, esa "rana universitaria", posada sobre una calavera), la fachada de la de Sevilla, casa que fue antes Real Fábrica de Tabacos, tiene un "indio con pipa". En este caso, el emblema, en el dintel de la entrada principal de la calle San Fernando, es recordatorio de las Indias y de las labores del tabaco.

12 diciembre 2010

Il pleur dans mon coeur


Il pleur dans mon coeur / comme il pleut sur la ville... Son ya las once y media de la mañana, por el reló de la Universidad, y voy a dar fin a mis tumbos por los pasillos y galerías de la Fábrica de Tabacos. Dentro de un rato caerá un aguacero sobre la ciudad, y tendré que refugiarme en un café...

11 diciembre 2010

Aula Magna


El Aula Magna de la facultad de filología, en la Fábrica de Tabacos, está dedicada (como muestra la placa) a la memoria del profesor Francisco López Estrada [wiki]. Vestido con mi traje de camuflaje, repté por la galería que conduce a la entrada del Aula, esa mañana iluminada, aunque totalmente vacía. A partir de ese momento, me entró el canguelo de pensar que algún vigilante de la facultad fuese a echarme el guante. Pero debí pasar desapercibido. 

10 diciembre 2010

Baile en el Rectorado


En la lonja de la Universidad, calle San Fernando, un simpático grupo de turistas parisinos daban lecciones del curso "Aprenda a bailar sevillanas en media hora". Unos ensayos más, y ya hubieran estado preparados para debutar en un tablao...



Pero se puso a llover a mares, y el grupo, en tropel (y yo detrás), se refugió en el vestíbulo del Rectorado, pretendiendo continuar allí sus taconeos, zapateados y cimbreos. Pero el segurata, al quite, impidió tajantemente cualquier alteración de la paz universitaria, en tanto los bailaores y las bailaoras no contasen con la debida autorización de la autoridad académica competente...




09 diciembre 2010

Joaquín Hazañas, bibliófilo benefactor


Al entrar en la sala de lectura de la biblioteca de filología, en la Fábrica de Tabacos, con lo que primero se encuentra uno, es con esta placa, que nos resultaba ya tan familiar como la del mismo nombre del benefactor, el antiguo rector de la Hispalense Don Joaquín Hazañas y La Rúa (1862-1934) [wiki], ¡eterna gratitud y alabanza!

La Biblioteca de filosofía y letras


En la planta alta de la Fábrica de Tabacos. La mañana del martes, entre dos festivos (a lo que en tierras hispánicas llamamos "un puente"), la Constitución y la Inmaculada, había en la biblioteca estudiantes estudiando. Eso está bien. Sigilosamente, arrimado a las librerías, tomé algunas fotos que diesen testimonio de mi paso por allí, entre bibliografías y enciclopedias. El bibliotecario, ocupado en sus asuntos, parecía que no me hacía caso.

08 diciembre 2010

Derecho, en obras


Costado de la Fábrica de Tabacos que da a la avenida del Cid (mirando al Prado de San Sebastián)... que ya no es la sede de la facultad de derecho. Allí estudiamos. Hoy, la facultad se ha movido a un anodino inmueble junto a los juzgados, y a la facultad de económicas.

Deslizándome por las larguísimas galerías de la Fábrica (medio en penumbra, donde antiguamente las cigarreras liaban cigarros, protegidas de la luz), llegué al recodo que comunicaba unas facultades con otras. El acceso a derecho desde filología, está cerrado a cal y canto, como se muestra en esta fotografía:

07 diciembre 2010

La Universidad, hoy



En el último post [ver] traía una imagen antigua (de la fototeca) de la "Fábrica de Tabacos", desde los años 50 del pasado siglo, sede de la Universidad de Sevilla (el Rectorado, y algunas facultades, ya no la de derecho). Esta mañana, muy lluviosa, me he dado una vuelta por el Prado, y la calle San Fernando. La imagen de arriba es la fachada que da, como le llamamos los sevillíes, a er cabayo (la estatua ecuestre del Cid), y la de la derecha, el foso de la calle Palos de Moguer, opuesta a la principal de San Fernando.

La Fábrica de Tabacos "es dentro de la arquitectura industrial del siglo XVIII, el edificio de mayores dimensiones y máxima categoría arquitectónica de su género en España, además de ser uno de los más antiguos de la Europa del Antiguo Régimen. Ocupa un enorme rectángulo de 185 x 147 metros, solamente superado en España por El Escorial, que mide 207 x 162 m." [visión general].

En próximos post voy a ir colgando imágenes del safari fotográfico de esta mañana, las que me parecen más curiosas. ¡Atentos!

04 diciembre 2010

Prolegómenos a una teoría del lenguaje


Hoy he observado mi particular sabbat, en esta espléndida mañana de sábado en Sevilla, en que el cielo ha concedido una tregua de lluvia a la península, acercándome otra vez a curiosear libros viejos en la plaza Nueva. Dice la gente del toro que no hay quinto malo. Y el libro que he comprado hoy por cinco euros al librero Luís Andújar, que hace el quinto de mis compras de la Feria del libro antiguo, tiene un sabor agridulce. Es este:

Louis Hjelmslev (1943), Prolegómenos a una teoría del lenguaje [título original: Omkring sprogteoriens grundlaeggelse]. Versión española de J.L. Díaz de Liaño. Madrid, editorial Gredos, 1984.

"¡Pero qué libros más raros compra este!", oigo ya decir. Pues..., tal vez. Pero debo explicar por qué me provoca alborozo, y también melancolía, haber encontrado este libro en un mostrador de la Feria.

En el curso académico 1981-1982 ingresé en la Universidad. Aún no gobernaba el PSOE en España, y recuerdo la campaña de los antisistema de entonces de "OTAN no, bases fuera". Allí andaban una tarde de otoño a la entrada de la Facultad de Filología de la calle María de Padilla (el lateral de nuestra "Fábrica de Tabacos", que se ve en la imagen de arriba, de la Fototeca), hace ya casi treinta años...

El libro de Hjelmslev devuelve mi recuerdo a aquellos días de estudiante. Me asombra que la memoria me lleve a aquella tarde en que, en la biblioteca de la facultad, como dice el verso de Quevedo (si no siempre entendidos, siempre abiertos), pasaba las hojas de este libro. ¿Qué habrá sido de todos los de entonces?

Si la lingüística es una ciencia ya de por sí analítica, los prolegómenos del profesor danés Hjelmslev admiran por su voluntad de férrea precisión conceptual. Ahora, regresando a sus páginas, me emociona (intelectualmente hablando) sus primeras y últimas frases, que quiero reproducir aquí, e invitar a que se lean:

El lenguaje -el habla humana- es una fuente inagotable de tesoros múltiples. El lenguaje es inseparable del hombre y le sigue en todas sus tareas. El lenguaje es el instrumento con el que el hombre da forma a su pensamiento y a sus sentimientos, a su estado de ánimo, sus aspiraciones, su querer y su actuar, el instrumento mediante el cual ejerce y recibe influencias, el cimiento más firme y profundo de la sociedad humana. Pero también es el último refugio en las horas de soledad, cuando la mente lucha con la existencia y el conflicto se resuelve en el monólogo del poeta y del pensador.

Y las palabras finales del libro de Hjelmslev son elegantes y sencillas, enunciando una soberana enseñanza:

La teoría lingüística se inclina por necesidad interior a reconocer no solamente el sistema lingüístico, en su esquema y en su uso, en su totalidad y en su individualidad, sino también al hombre y a la sociedad humana que hay tras el lenguaje, y a la esfera toda del conocimiento humano a través del lenguaje. Y entonces alcanza la teoría lingüística la meta que se ha prescrito: humanitas et universitas.

01 diciembre 2010

Griegos contra hebreos


En el apasionante record de los primeros predicadores cristianos (los Apóstoles), se lee que "por entonces, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea..." (Hch 6,1). La traducción de la Vulgata dice: factum est murmur Graecorum adversus Hebraeos. Es un pasaje sin dificultad ninguna, aunque no hay traducción inocente. Aquellos "griegos", o mejor, "helenistas" (hellenistés) eran judíos de lengua griega. La traducción de Alonso Schökel y Juan Mateos es muy precisa. Compárese con la de los obispos norteamericanos: In those days, as the number of disciples grew, the ones who spoke Greek (los que hablaban griego) complained... El pasaje, transmitido por Lucas, se refiere a esos judíos descastados [drae] que, viviendo lejos de su antigua tierra, en suelo grecófono, ya no hablaban la lengua corriente de los jerosolimitanos. Esto es interesante. Las discusiones se daban en las mismas reuniones (las sinagogas, Hch 6,9), entre quienes compartían idéntica tradición (la Ley de Moisés), pero pensaban y se expresaban en lenguas diferentes: griego, hebreo. Un mismo pueblo dividido por el factor idiomático. De este modo se entiende el discurso de Esteban (Hch 7), un corazón partido entre la tradición de los padres, y la contestación a las prácticas de los hijos de Israel. Así que los primeros cristianos fueron judíos de corazón, aunque extraños en Jerusalén. Pero esa parece la vocación del hebreo, ser un emigrante. 

28 noviembre 2010

Más barato que en el mato

Conste en acta que eso de más barato que en el mato no lo digo yo, sino que me lo decía esta mañana un librero veterano de la Feria de libro antiguo (un librero de lance, de esos que calculan el valor y precio a bulto y a ojo, al tacto y al peso). Hace unos días preguntaba nuestro amigo Isaac que si había algo interesante en la Feria. Y yo, que no me pierdo una, como el que cumple con una devoción, no hay año que no encuentre alguna cosilla, que me gusta airear en el blog. Bien sé que el de libro interesante es concepto flexible, elástico y muy relativo (lo que me interese a mí no tiene por qué interesarte a tí), y que el negocio del libro viejo anda de capa caída, y se vende mucho por internet, aunque el placer de revolver libros al aire libre sea insustituible. Pasaron, aunque nunca se sabe si volverán, aquellos años de miseria después de la guerra del 36, en que los gitanos ropavejeros de la Feria de "El Jueves" vendían en plena calle (el hecho es verídico) una Biblia Políglota Complutense, allí mismo donde el profesor Mata Carriazo hizo el hallazgo de una figurilla de bronce tartésica.

Con todo, esta mañana soleada de domingo, después del chaparrón de ayer, me he entretenido en comprar en la Feria el cuarto libro de este año, bueno, bonito y barato, por SEIS EUROS (en el catálogo de la editorial anda por los 25 euros, y en Iberlibro [ver] se cotiza a 30 euros y más). Aquí va la ficha:

[San] Josemaría Escrivá de Balaguer (1944), La abadesa de Las Huelgas. Estudio teológico jurídico. Madrid, Ediciones Rialp, 1988 (3ª ed.).

El Real Monasterio de Santa María de Las Huelgas (Burgos), fundado hacia el año 1187 [Las Huelgas] fue "la primera y única Congregación de monjas que hasta entonces se conoció en la Iglesia, en forma de República exenta y separada, sujeta a una Prelada, como a superior Cabeza". Quien lo haya visitado, en Burgos, recordará esos inefables vítores, que ahora nos hacen tanta gracia: ¡Viva la Madre Superiora!

El ejemplar está en muy buen estado, con esa pátina de polvo en los cantos que da solera a los libros. El nihil obstat de la primera edición (1944) es del censor Dr. José Mª Bueno Monreal, figura muy querida por los sevillanos, por haber sido nuestro penúltimo cardenal arzobispo (1957-1982). Entre las páginas del libro he encontrado un papel perdido (una esquela del año 1995, de un fallecido en San Fernando, que me hace sospechar de la procedencia del ejemplar, un remate de biblioteca gaditana).

La imagen de San Josemaría, que muestro aquí, la tomé el año pasado en el interior de la Chiesa di San Salvatore in Laureo de Roma, cuando deambulaba una tarde por la muy romanesca Via dei Coronari. Tomo el pretexto del libro para colgarla.

20 noviembre 2010

Libros baratos de la Feria

Nueva Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Sevilla (la que hace el número XXXIII), y las que Dios quiera. Ahora me fijo que el cartel está dedicado nada menos que a Mark Twain y a su Tom Sawyer (¿o a Huck Finn?), emblema universal de la felicidad infantil, muy bien traído (pero no sé bien a santo de qué). Esta mañana hacía un día de perros en la ciudad, y llovía sin parar. Los libreros se mosqueaban porque se nos olvidaba cerrar los paraguas chorreando... ¡Libros viejos muy caros! Un vulgar saldo de Planeta, que uno no quiere ni regalado, van y nos piden por él diez euros.... ¡Te quié í yá! Un par de libros magníficos han sido las presas del día, y aquí los dejo anotados, como es mi costumbre:

Juan Luís Ravé Prieto, San Luís de los Franceses. Colección Arte Hispalense nº 89. Sevilla, Diputación, 2010. Libro que es, no nuevo, sino novísimo, publicado este mismo año, y que se vende en la Feria por SEIS EUROS SEIS. Espléndida edición, con 16 láminas en color, dedicada a este gran monumento del barroco sevillano, la Iglesia de San Luís.

Horacio Armani (ed.), Poesía italiana contemporánea. Málaga, Revista Litoral y UNESCO, 1994. Otra espléndida compra, por CINCO EUROS CINCO, en la caseta de la Librería "Los Terceros" (que es justicia que mencione por su equitativa relación calidad precio, que está en boca de todos). Magnífica selección de una cincuentena de poetas italianos, con notas bio-bibliográficas, que comienza con el poeta muerto Giacomo Leopardi (1798-1837) y se cierra con el poeta vivo Giuseppe Conte (1945).

Ea, hasta otro día, que ya os contaré. No digo nada de lo bien que lo pasamos celebrando en El Barbiana la presentación de los libros de Álogos, en la Casa del Libro. Por mi parte leí a la concurrencia mi entrada sobre el escritor norteamericano, y negro, Ralph Ellison, y su novela El hombre invisible [leer aquí].

14 noviembre 2010

Explicación del ateísmo


Las últimas opiniones del astrofísico inglés Stephen Hawking, y las discusiones que han provocado, sobre el lugar de un Creador del Universo, me han conducido a un laberinto mental, del que humildemente tengo que reconocer que no sé cómo salir de él. Porque tratar de explicarnos lo que nos supera, es tarea tan vana como aquella, tan plástica, de querer llevar el agua del mar a un hoyo en la arena. Me impongo por tanto el deber de concluir, de momento, porque la pregunta ¿existe Dios? es inagotable y no dirimible.

El onus probandi, la carga de la prueba, recae en quien sostiene una opinión, y no en quien la rebate: incumbit probatio qui dicit, non qui negat. Alguien, ingenuamente, podría pensar que los ateos, por ser negantes, estuviesen eximidos de probar su posición. Pero, puesto que ni creyentes ni increyentes ocupamos una posición diferenciada o de privilegio, sino que habitamos el mismo mundo (que ha podido ser obra de un creador o, como otros quieren, de un mero casus), la prueba está igualmente repartida entre todos. Voy pues a abandonar mi pasada posición de sostenedor de la tesis teísta, para ocupar ahora la posición (seguramente más cómoda) de negante del ateísmo, al que demandaré que pruebe su pretensión.

Al buscar en google la viva estampa del ateísmo, que es Nietzsche, me he encontrado de bruces con esta conocida y penosa imagen del hombre doliente, con la cabeza ida, inválido, al cuidado de su hermana. En otro tiempo pude pensar que su prostración fue un signo de la providencia, o como dicen en los pueblos, un "castigo de Dios" al filósofo, por haber propalado ideas demoníacas. Sin embargo, ahora la imagen me transmite sensaciones por completo opuestas. Al hombre Friedrich Nietzsche también le fue concedido, providencialmente, la experiencia del desvalimiento, para que él mismo participase del dolor del mundo y de la sanación y cuidados de sus próximos. Et eritis filii Altissimi, quia ipse benignus est super ingratos et malos (Lc 6,35).

Esto que digo no es una simple reflexión piadosa, sino que ha de tener también sus consecuencias "filosóficas". De existir Dios, debe ser por igual para buenos y malos, para tontos y listos. Dios no está reservado a los santotomases, sino también es para los incapaces, los inocentes, y en fin, para quienes le niegan. Por eso, la religión más auténtica no es la de los sabios y pensadores, que esgrimen el Denzinger como razón última, sino la fe de los niños y los sencillos. La teología más veraz no será la que discuta con la física, sino la que pueda dar cuenta de un Dios que sea para todos.

Comencé mis reflexiones in principio (Gn 1,1), y ahora termino con otra creencia del pueblo de Israel: et creavit Deus hominem ad imaginem suam (Gn 1,27), que ha de ser una verdad para todo tiempo y lugar (incluso extensible, así lo pienso, a otros planetas habitados de nuestro Universo). En una entrada anterior del blog [vide] ya me he referido a lo que de esto dice Santo Tomás (S.Th. 1 q.93 a.4), y a lo que vuelvo:

"homo habet aptitudinem naturalem ad intelligendum et amandum Deum, et haec aptitudo consistit in ipsa natura mentis, quae est communis omnibus hominibus" (el hombre tiene aptitud natural para conocer y amar a Dios, que consiste en la misma naturaleza de la mente, que es común para todos).

Negar la existencia de Dios, como negar que ahora es de día, no mata a Dios. El ateísmo es entonces vano. Podemos creer, o no, pero no podemos suprimir a Dios con un simple ejercicio de la mente, como tampoco podemos hacer que ahora el día sea noche.

Por otro lado, que la mente sea apta (sea capaz) de concebir a Dios, es manifiesto, por testimonios de todos los tiempos, y conocido por simple introspección. Pero la simple aptitud no es todavía ejercicio [secundum quod homo actu vel habitu Deum cognoscit et amat, sed tamen imperfecte]. La afirmación de Dios no es como la fuerza de la gravedad, que es forzosa. Es una alternativa a la negación, al ateísmo. Avengámonos entonces a pensar que teísmo y ateísmo son iguales en dignidad intelectual, pero que ambas alternativas de la mente se fundan en una única y misma aptitud, que es la de conocer (y de amar) a Dios.

Esta es la explicación última de que el ateo, performativamente, sólo puede negar a Dios invocándolo. Y también que lo decisivo en el acto de conocer a Dios no es la argumentación, sino algo previo al discurso intelectual, que es común a todos los hombres, ricos y pobres, sanos y enfermos, listos o inocentes. Conocer y amar une, la razón divide. Aquí encuentro también la explicación de que nunca hallaremos ninguna prueba que nos convenza de que Dios existe (o de lo contrario).

07 noviembre 2010

Homenaje a Cataluña

Al sisè mes, l'àngel Gabriel fou enviat per Déu a un poble de la Galilea, anomenat Natzaret, a una noia verge, promesa amb un home que es deia Josep, de la casa de David, i la verge es deia Maria. Va entrar, doncs, a casa d'ella i li digué: «Déu te guard, plena de gràcia, el Senyor és amb tu». Ella es va torbar d'aquestes paraules, i pensava què podia significar aquesta salutació. Però l'àngel li digué: «No tinguis por, Maria, que has trobat gràcia a la presència de Déu; concebràs i tindràs un fill, i li posaràs Jesús. Serà gran i serà anomenat Fill de l'Altíssim. El Senyor Déu li donarà el tron de David, el seu pare, regnarà per sempre a la casa de Jacob, i el seu regne no tindrà fi». Però Maria digué a l'àngel: «¿I com és farà això, si jo no conec home?» L'àngel li va respondre: «L'Esperit Sant vindrà damunt teu, i el poder de l'Altíssim et cobrirà amb la seva ombra; per això, el nadó serà sant, serà anomenat Fill de Déu I mira, Elisabet, la teva parenta, també ha concebut un fill a les seves velleses, i ja es troba al sisè mes, ella que era tinguda per estèril; que a Déu res no és impossible». Maria digué aleshores: «Vet aquí l'esclava del Senyor; que es faci en mi segons la teva paraula». I l'àngel es va retirar (Lc 1,26-38).

Hoy, el Papa Benedicto XVI ha dedicado el "Templo Expiatorio de la Sagrada Familia", en Barcelona, de sobrecogedora hermosura. La santidad, como la belleza, pasma. Pienso que un buen homenaje es pasar la página del evangelio, en una traducción prestigiosa al catalán, la de los monjos de Montserrat (1961), que se puede consultar en línea [cvc]. El catalán es una lengua sumamente bella y elegante, muy apta para expresar las cosas nobles "per a tothom", donde los sencillos pasajes evangélicos cobran gran luminosidad.

Tarjetón

25 octubre 2010

¿Qué hacer?


La gente le preguntaba: ¿Qué tenemos que hacer? Y les contestaba: 'El que tenga dos túnicas, que le dé una al que no tiene ninguna, y el que tenga comida que haga lo mismo'. Vinieron también a bautizarse algunos de los que recaudaban impuestos para Roma y le dijeron: 'Maestro, ¿qué tenemos que hacer?' Él les respondió: 'No exijáis nada fuera de lo fijado'. También los soldados le preguntaban: '¿Y  nosotros qué tenemos que hacer?' Juan les contestó: 'No uséis la violencia, no hagáis extorsión a nadie, y contentaos con vuestra paga'.

Eran ya muchos días que tenía los evangelios abiertos por el de Lucas el médico, deslizándome por la superficie de sus quilates literarios, cuando por fin he tenido una revelación al leer este pasaje de arriba (Lc 3,10-14), de la predicación de Juan el Bautista. Son palabras ardorosas, que parecen pronunciadas para siempre, porque satisfacen nuestra inquietud perenne: ¿Y ahora, qué hacer? La respuesta única del profeta en su cadena de exhortaciones es: huir del ensimismamiento, y ayudar a los necesitados (y no tan sólo tenerlos en el pensamiento). También es oportuno observar que Juan no dijo: ¡estudiar las Escrituras!, sino que apelaba a la acción. Un poco por justificarme, tal vez me crea que hacer públicas las ideas en un blog sea otra manera de compartir con otros los pocos bienes que uno tiene... (perdón por el sermoncico).

18 octubre 2010

Dicen del blog...

"Joaquín Alegre aporta páginas procedentes de “Majao Público”, blog de corte reflexivo con tendencia ensayística y con dedicación especial, casi excluyente, a asuntos relativos a lo jurídico, lo religioso y lo trascendente. Las partes del libro (Ideas, Creencias, Ocio y Negocio) señalan este contenido. El apunte improvisado de inmediatez que parece requerir la escritura bloguera se convierte en comentarios muy cultos, llenos de referencias clásicas y aun citas en latín, y el autor habla de Santo Tomás, Julián Marías o García Morente, o de su afición de bibliófilo. Es un tipo de bitácora especulativa, cuyos análisis, eso sí, se ciñen a una medida breve de entre una y dos páginas. Ésta sería la única o principal huella que el soporte deja en la escritura...".

Santos Sanz Villanueva, "Álogos: letras en la red". Cuadernos Hispanoamericanos, nº 723 (septiembre 2010), pp. 63-67 [link] [Vía].

12 octubre 2010

Interludio tomista sobre el amor y la enemistad

En la entrada anterior, en que se trataba del así llamado problema del mal, o del sufrimiento [link], mencionaba justamente al archiconocido escritor inglés C.S. Lewis, y su libro The problem of pain. Sus libros son muy valiosos, y es vano que yo añada algún motivo nuevo para leerlos. Puedo decir, para los lectores no ingleses, que leído en su lengua nativa su pensamiento es transparente. La prosa de C.S. Lewis es clara y ordenada como sus mismos razonamientos. La última vez que estuve en Londres me traje un puñado de sus libros, que compré en la librería de la CLC de Holborn Viaduct, entre otros su magistral A grief observed.

Ahora que lo estoy trayendo a colación, leyendo a Santo Tomás, descubro que las ideas de C.S. Lewis, como Jano bifronte, miran a los antiguos y a los modernos. Su discurso arranca de los teólogos de escuela, dialoga con la ciencia moderna, y logra ser muy fecundo en el pensamiento teológico de nuestro tiempo. Nada más alejado de un simple vulgarizador: se aprende mucho leyendo a C.S. Lewis. Para comprobarlo, voy a comentar ligeramente uno de sus argumentos sobre la "Divine omnipotence" (capítulo 2 de El problema del dolor), en un párrafo que copio y traduzco (con torpeza), donde replica a la objeción de que Dios no sería todopoderoso (almighty), puesto que no ha evitado el dolor en el mundo:

"If the fixed nature of matter prevents it of being always, and in all its dispositions, equally agreeable even to a single soul, much less is it possible for the matter of the universe at any moment to be distributed so that it is equally convenient and pleasurable to each member of a society (...) This is far from being an evil: on the contrary, it furnishes occasion for all those acts of courtesy, respect and unselfishness by which love and good humour and modesty express themselves. But it certainly leaves the way open to a great evil, that of competition and hostility. And if souls are free, they cannot be prevented from dealing with the problem by competition instead of courtesy. And once they have advanced to actual hostility, they can them exploit the fixed nature of matter to hurt one another. The permanent nature of wood which enables us to use it as a beam also enables us to use it for hitting our neighbour on the head...".

"Si la fijeza de la materia impide que  sea siempre, en todas sus disposiciones, igualmente agradable para un sólo individuo siquiera, mucho menos posible es que la materia del universo se distribuya a cada momento de manera que convenga y guste por igual a todos los individuos (...) Esto está muy lejos de ser un mal; por el contrario, ofrece ocasión para todos aquellos actos de cortesía, respeto y generosidad por los que se expresan el amor, el buen ánimo y la modestia. Pero es cierto que abren la puerta a un gran mal, el de la rivalidad y la hostilidad. Y si los individuos son libres, no se les podrá impedir que afronten sus conflictos rivalizando, en lugar de siendo amables. Y una vez que pasen a las hostilidades, tendrán en su mano emplear la fijeza de la materia para agredirse. La naturaleza permanente de la madera, que nos permite usarla como viga, también nos consiente emplearla para darle un porrazo en la cabeza al vecino...".

Porque el mundo es así, y somos libres, podemos jugar a ser buenos o malos. El universo, indiferente, ofrece las mismas oportunidades para hacer el bien o el mal, para ser amigos o enemigos. Dios, concibiendo otro mundo, tal vez hubiese podido impedir el mal, a costa del mismo bien y de la misma libertad de sus criaturas. Pero hay mal, porque hay bien.

Observa Santo Tomás de Aquino que los opuestos se conocen el uno por el otro, como la tiniebla por la luz [sicut per lucem tenebra] (S.Th. 1 q.48 a.1). Y lo mismo el mal se conoce por el bien [quid sit malum, oportet ex ratione boni accipere]. Pero, ¿de dónde viene el mal que encontramos en el mundo? Intentar una respuesta a esta pregunta nos ayudará a entender las tesis de C.S. Lewis a la luz de Santo Tomás.

Se encuentra en la Suma Teológica (1 q.47 a.2) la importante pregunta (quaestio) de si Dios ha creado la desigualdad en las cosas (unas buenas y otras, malas o menos buenas) [utrum inaequalitas rerum sit a Deo], donde Tomás discute las tesis del teólogo alejandrino Orígenes expuestas en los principios, de principiis o peri archon.

Sostenía Orígenes que en el principio Dios creó las cosas dotadas de razón, y todas iguales [Deus primo creavit creaturas rationales tantum, et omnes aequales], y la desigualdad en las cosas provino de la libertad [primo exorta est inaequalitas ex libero arbitrio], por la que las criaturas se inclinaron (conversis) o se apartaron (aversis) de su Creador.

Tomás rechaza esta tesis, porque es contraria a la bondad de Dios con el mundo [secundum hoc, universitas corporalium creaturarum non esset propter bonitatem Dei communicandam creaturis], ni conviene con lo que dice el libro del Génesis: "Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno".

Tomás recurre a Aristóteles para afirmar que las cosas se distinguen porque son desiguales [distinctio formalis semper requirit inaequalitatem], y así en la naturaleza se manifiesta un orden gradual (minerales, plantas, animales, hombres), en que se ve que unas especies son más perfectas que otras [in singulis horum una specie perfectior aliis invenitur] (aunque hoy se prefiera hablar de diversidad, o de complejidad, en lugar de perfección).

Fundándose en el orden físico, Tomás afirma que la sabiduría divina es la causa de la diversidad y de la desigualdad. No sería perfecto el universo si las cosas no fuesen unas mejores o peores que otras [non enim esset perfectum universum, si tantum unus gradus bonitatis inveniretur in rebus].

A primera vista, C.S. Lewis parece separarse de Santo Tomás, por pensar que la materia, el universo, no sea peor ni mejor, sino simplemente así. Tomás, por el contrario, es dependiente de una metafísica gradual y comunicativa, donde el mal quedaría definido, por su opuesto, como ausencia de bien [quaedam absentia boni]. Por eso, como ya habíamos avanzado, donde Tomás dice malum, C.S. Lewis prefiere decir sufrimiento, suffering, dependiente de nuestra libertad, y que padecemos o hacemos padecer a otros. El universo físico, diremos contra Tomás, no es ni bueno ni malo, porque sólo descubrimos su bondad con ojos metafísicos (vidit Deus cuncta quae fecerat, et erant valde bona). Pero la visión metafísica no resuelve de inmediato la evidencia experimental, tangible y carnal, del sufrimiento y el dolor.

04 octubre 2010

El problema del sufrimiento

Es el problema clásico de la teología, y la gran objeción contra Dios: el mal, o quizá preferible llamarlo así, el problema del sufrimiento. El mal connota un problema moral (bonum et malum), y se dice de un objeto, de algo o alguien que es bueno o malo. Mientras que el sufrimiento, que es soportar o sobrellevar (sufferre) un dolor o padecimiento, se dice del sujeto que sufre. Que en el mundo haya algo malo, no es realmente un problema: porque el mundo es así, y lo malo es algo que le atribuímos o predicamos. Lo que decimos que es malo, es una anécdota, a escala cósmica. El universo es indiferente a la maldad. En cambio, el sufrimiento es innegable para el que sufre, y eso sí que es un problema. Con buenas razones, el publicista inglés C.S. Lewis optaba por tratar del daño y el dolor tangible y observable (The problem of pain, 1940), y no del mal, en abstracto.

Santo Tomás de Aquino, siguiendo a los maestros, habla del mal (malum). Pero antes de entrar en materia, vamos a hacer números. Tengo encima de la mesa la "edición leonina" de la primera parte de la Suma Teológica (Madrid, B.A.C., 1995, quinta editio). Es la parte que trata de Dios, de la Trinidad, y de la Creación. Ocupa en esta edición 816 páginas, de letra chica, a doble columna, y calculo unas 80.000 líneas, en números redondos. Para hacernos una idea, la angelología, o tratado sobre los ángeles, ocupa en esta edición unas 94 páginas, más del 10% del total (que por algo se le llama Doctor Angélico, que no es porque escribiese como los ángeles...). Al problema del mal, por el contrario, no lo trata siquiera por separado, sino como mera objeción a la tesis de la existencia de Dios (q.2 a.3), despachándolo, si no he contado mal, en apenas 17 líneas. Insólito esfuerzo de concisión para un asunto que aún distrae a las mentes, y sigue esgrimiéndose lo mismo en debates de altura que en discusiones de barra de bar. Comprender la respuesta del Aquinate pasa, antes que nada, por explicar su extrema parquedad. Vayamos primero a la objeción, que discurre escuetamente así:

1. El nombre de Dios se dice de algo [quodam] que es bueno sin límite [bonum infinitum]. 2. Así pues, si Dios existiese, no habría mal [nullum malum inveniretur]. 3. Sin embargo, en el mundo hay mal [invenitur autem malum in mundo]. 4. Ergo Deus non est.

Si el mal existe, Dios, que sería el sumo bien, no existe. Ésta es la objeción clásica, y la gran acusación contra el nombre de Dios. Tomás responde con Agustín, y aún extracta la respuesta en una simple sentencia: Es propio de la bondad infinita de Dios, permitir que haya males, para hacer de los males, bienes [ad infinitam Dei bonitatem pertinet, ut esse permittat mala, et ex eis eliciat bona].

Parece que Santo Tomás no entra al trapo, y es que para él, el mal no es un problema. No puede contradecir [contrarium] al sumum bonum, porque si hay mal en el mundo (lo que es evidente para nosotros), también Dios existe (aunque no nos resulte evidente). Luego, no es que el mal pusiese en cuestión que Dios exista, sino que hay que cohonestar el mal con el sumo bien. Y éso sólo cabe pensando que Dios también haga bien por mal [ut bene faceret etiam de malo]. O como dice nuestro refrán, "no hay mal que por bien no venga".

En cierto modo, Santo Tomás invierte los términos del problema. Si partimos de la evidencia del mal, negaremos a Dios. Pero si afirmamos que Dios existe, el problema del mal se disuelve. Es un "pseudoproblema". Esto no lo dice, pero se colige de la ligereza con que el Aquinate pasa página a la objeción. En puridad, el dato del mal no tiene ninguna explicación, viene a decirnos, más que no es contrario a la bondad de Dios. Amén, así sea.

03 octubre 2010

Contra principia negantem...

Contra principia negantem, non est disputandum (no hay diálogo posible con quien niega los principios). Esta antigua máxima de escuela explica sabiamente la decepción de cualquier debate sobre Dios, que es el máximo principio, la causa universalis. Lo explica bien el téologo Bernardo Pérez Andreo [Rara temporum].

Santo Tomás de Aquino repite esta vieja enseñanza (Suma Teológica, 1 q.1 a.8), observando que a los saberes superiores, como la metafísica, compete disputar con el adversario, si en algo coincide con nosotros [metaphysica disputat contra negantem sua principia, si adversarius aliquid concedit]. Pero si en nada convenimos con el adversario como punto de partida, por principio, no se puede discutir con él, sino resolver sus argumentos [si autem nihil concedit, non potest cum eo disputare, potest tamen solvere rationes ipsius].

Y lo mismo en teología, porque la fe se funda en la verdad [fides infallibili veritati innitatur], y es imposible demostrar nada contrario a la verdad [impossibile sit de vero demonstrari contrarium].

Esta explicación nos puede parecer insatisfactoria, porque nuestro adversario (quien niega los principios, quien niega que exista Dios) tampoco nos concederá que la verdad esté de nuestra parte. También es doctrina tomista que la verdad tiene un despliegue histórico, y que no todos los hombres participan de unos mismos saberes y unos mismos principios. Puede leerse tranquilamente (en latín o en castellano, ad libitum), como ilustración de lo que digo, la respuesta a la pregunta S.Th. 1 q.44 a.2, que comienza así: antiqui philosophi paulatim, et quasi pedetentim, intraverunt in cognitionem veritatis... [Corpus Thomisticum].

02 octubre 2010

Humility

What is committed to you, attend to; for what is hidden is not your concern. With what is too much for you meddle not, when shown things beyond human understanding [New American Bible]. "No pretendas lo que es demasiado difícil para ti, ni trates de indagar lo que supera tus fuerzas: reflexiona sobre lo que te ha sido mandado, porque a ti no te conciernen las cosas secretas" [El libro del pueblo de Dios].

Como niño con zapatos nuevos, estrenando libro. Dice un adagio inglés que the best things in life are free (las mejores cosas de la vida son regaladas). Eso lo experimento con los libros. Para un coleccionista, invertir y comprar, no tiene apenas mérito (más que disponer de caudales). La búsqueda durante muchos años, a veces encuentra recompensa por caminos insospechados. Hoy me invitaron a almorzar, y me puse a rebuscar en los libros de la casa, donde veo que poseen, ahí es nada, una edición revisada (1971) de la primera (1970) de la New American Bible, que es la traducción católica de la Biblia auspiciada por la Conferencia Episcopal de los USA, que sirve de traducción en la página del Vaticano [enlace]. ¡Y me la han regalado!

Yo poseía ya la versión "King James", y la versión revisada standard que edita Cambridge; pero ésta es otra cosa. El ejemplar está flamante, encuadernado en genuine leather, y como curiosidad tiene encartado, en la página de guarda, un retrato en color de "His Holliness, Pope Paul VI, the Pope of Peace and the first Pope to visit the U.S.A. and the United Nations". Incluye también la carta introductoria de Pablo VI, fechada en el Vaticano, el mes de septiembre de 1970, donde dice: "For the faithful in all English-speaking countries the publication of The New American Bible represents a notable achievement. Its pages contain a new Catholic version of the Bible in English...".

Para estrenarla, he copiado arriba la traducción americana del libro del Eclesiástico, 3,22, que he citado en una entrada anterior.

28 septiembre 2010

Escepticismo teológico


"Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin" (Ecl 3,10-11).

Las solemnes palabras del Eclesiastés o Qohélet parecerían invitarnos a desistir de más averiguaciones sobre el principio de todo, porque estuviese fuera de nuestro alcance. Muchos pretendieron demostrar que Dios existe (entre ellos Santo Tomás) y aún así todavía andamos buscando un argumento que haga fuerza para convencernos. Quizá el antiguo Predicador tuviese razón, ¿o es que no sabemos bien lo que perseguimos?

Pero las palabras del Eclesiastés pueden leerse también como una apelación a moderar nuestra ambición intelectual. De otro sabio de Israel, Jesús Ben Sirá, es la misma amonestación: altiora te ne quaesieris, et fortiora te ne scrutatus fueris. Y merece la pena leer como continúa: sed quae praecepit tibi Deus, illa cogita semper (Eccli 3,22).

Santo Tomás es también consciente de nuestra incapacidad. Reconoce que entre Dios y sus criaturas no hay medida [cum ipse sit infinitus et effectus finiti, finiti autem ad infinitum non est proportio], y por eso, contemplando la creación, no tenemos un conocimiento cierto de quién es Dios [non perfecte possimus eum cognocere], aunque podamos nombrarle (S.Th. 1 q.2 a.2).

Nuestra mente es limitada, como nuestra vista lo es. Nunca veremos un quark [wiki], aunque hayamos dado un nombre a esa realidad tan remota, y lo representemos con un diagrama: mediaciones simbólicas, como la del mismo nombre de Dios.

22 septiembre 2010

Deum esse, demonstrabile est


Desde que el mundo es mundo, lo invisible de Dios, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras (Rm 1,20). Para discurrir sobre Dios no hay más camino que alzar la vista porque, como gusta de repetir Santo Tomás, a la divinidad nadie la ha visto nunca, Deum nemo vidit unquam (Jn 1,18).

No es manifiesto que Dios exista, pues los insensatos como Richard Dawkins, dicen que no [dixit insipiens in corde suo, non est Deus]. Luego, que Dios exista, hay que probarlo [indiget demonstrari] (S.Th. 1 q.2 a.1).

Santo Tomás afirma que la existencia de Dios es demostrable por sus efectos [Deum esse, demonstrabile est per effectus nobis notos], demostración que la escuela conoce por el término 'quia', la "razón por la cual", o "por el humo se sabe dónde está el fuego" (S.Th. 1 q.2 a.2) [CT]. Véase que aquí no dice que el mundo (el efecto) haya sido creado por Dios (la causa), sino que, conocido el Universo, hay que interrogarse por la causa, que puede ser Dios (y eso ya se verá si queda demostrado).

Demostrar a Dios, probar que Dios existe (que no es más que ofrecer argumentos que nos procuren certeza a esta proposición), parece una tarea desfallecida. Pero tan sólo ocurre que hemos desestimado ciertas vías ligadas a la empiria. Aquí Stephen Hawking tiene razón: el estudio del Cosmos no conduce a Dios, porque los fenómenos materiales nos conducen de unos a otros, indefinidamente, sin escape posible.

Pero hay que ver si conserva validez la tesis tomista. Decía el apóstol Pablo a la comunidad de Roma: invisibilia Dei per ea quae facta sunt, intellecta, conspiciuntur. La vía no han de ser, según pienso, las cosas visibles en sí mismas (effectus nobis notos), sino el comprenderlas en nuestra mente (intellecta). Demostrar es inteligir, y por eso la respuesta a nuestra pregunta está en nuestra mente. Este es el camino de Agustín, y el de John Henry Newman. A lo que no se opone lo que dice Santo Tomás, puesto que la mente es parte del mundo, y pensar es el medio de ascender a Dios.

Valga este apunte, para lo que seguirá.

19 septiembre 2010

Luz en la oscuridad

Ese lema del popular cosmólogo Carl Sagan, Science as a candle in the dark (la luz del conocimiento que disipa el error y el engaño), evoca las palabras del antiguo profeta: post tenebras spero lucem (Jb 17,12). Heráclito, entre los antiguos, reconocía en el fuego el principio o razón, logos, de todas las cosas: "contracambio de fuego las cosas todas y el fuego de todas ellas, tal como del oro las mercancías y de las mercancías el oro". El traductor de este fragmento heraclíteo, Agustín García Calvo, nos ofrece un valioso comentario: "que razón elija para sí misma este nombre de pyr o fuego (...) en el fuego se da, como en ninguna otra aparición de la realidad, la doble condición de, por un lado, ser una cosa sin ser ninguna, y, por otro, ser incapaz de permanencia alguna, tener como connatural consigo el movimiento y el cambio, y así poder servir como representante de las cosas en general y figuración de la génesis o proceso a que su realización separada las condena a todas" (Razón común, 1985).

Es llamativo que Santo Tomás de Aquino recurra con preferencia a estas "metáforas térmicas" para explicar la creación del Universo, hasta el punto que en la respuesta que examinamos (S.Th. 1 q.44 a.1), la repita machaconamente, con gusto: Omne quod quocumque modo est, a Deo est... sicut ferrum fit ignitum ab igne (...) sicut id quod maxime calidum est, est causa omnis caliditatis. Reconocía muy bien Tomás, como antes Heráclito, que los fenómenos térmicos y el movimiento browniano, son muy aptos para figurar los procesos de propagación y difusión, y de modo ejemplar la creatio ex nihilo como emanación de todas las cosas desde su principio creador.

En nuestro último comentario tomista [in principio] nos habíamos detenido, vacilantes, ante la explicación última que encuentra el Aquinate para demostrar que Dios es el principio de todas las cosas: "descubrimos que las cosas materiales tienen un orden de explicación de su razón de ser..." [Invenimus enim in istis sensibilibus esse ordinem causarum efficientium], "...pero no se descubre, ni es posible, que ninguna cosa pueda ser explicación de sí misma, pues entonces vendría a ser anterior a sí misma, lo que es imposible" [nec tamen invenitur, nec est possibile, quod aliquid sit causa efficiens sui ipsius; quia sic esset prius seipso, quod est impossibile] (S.Th. 1 q.2 a.3).

La dificultad de la demostración tomista, como advirtieron muchos, es que la via ex ratione causae efficientis parece conformarse a la explicación de los fenómenos intramundanos (como que la leche hierva si ponemos el cazo en la candela), pero no puede elevarse a principio explicativo de la creatio, que no pertenece al mundo de los fenómenos (in istis sensibilibus), sino que los trasciende por vía de negación (ex nihilo). No menos discutible es el regate al curso de las cosas (non autem est possibile quod in causis efficientibus procedatur in infinitum), insostenible en un Universo que concebimos como ilimitado. ¿Entonces, qué?

Volvamos al comienzo: in principio creavit Deus caelum et terram. La sabiduría bíblica se complace en enlazar, en sus primeras palabras, el nombre de Dios con el nombre del Universo, en relación de creador y criatura. Y entonces al conocimiento de Dios se accede por el conocimiento del Universo: Deum esse, secundum quod non est per se notum quoad nos, demonstrabile est per effectus nobis notos [S.Th.], lo que también nos enseña Pablo de Tarso (Rm 1) y es patente en la doctrina de los teólogos.

Pienso que una manera de resolver nuestra dificultad teológica sea asomarnos a la cosmología, donde el hilo tomista se hace un nudo: ¿Puede el Universo, el conjunto de todo, dar por sí mismo razón de su existencia? Como ya advertía uno de nuestros amigos, en comentario [enlace], las ciencias físicas también se sustentan en principios, en supuestos no probadosEs notable, por ejemplo, que la cosmología parte de presunciones no probadas: que el Universo a gran escala sea homogéneo (las leyes físicas que observamos aquí rigen también en regiones no observables del Universo) e isótropo (tiene la misma configuración, cualquiera que sea el punto de observación). Los saberes avanzan porque no se molestan en demostrar cada punto y coma y cada tilde de sus afirmaciones. Es un rasgo de eficiencia de la mente humana, que confía en sí misma.

La teología no es una excepción entre los saberes, y menos si en su fundamento (in principio) está connotada con la cosmología. Con toda legitimidad, igual que en el caso de la astrofísica, puede partir en sus razonamientos de principios no probados, porque el teólogo confía en su mente discursiva. No estoy sugiriendo que esos principios sean los artículos de la fe (credo in Deum Patrem...), pues de lo contrario la teología no tendría cometido alguno. Dice al respecto Santo Tomás: Deum esse, et alia huiusmodi quae per rationem naturalem nota possunt esse de Deo, ut dicitur Rom. I non sunt articuli fidei, sed praeambula ad articulos, sic enim fides praesupponit cognitionem naturalem, sicut gratia naturam, et ut perfectio perfectibile (S.Th. 1 q.2 a.2 ad 1).

Sólo puede negarse validez a la secunda via, arriba citada (porque se extralimite, atribuyendo al todo lo que es propio del curso causal de los fenómenos, o porque recorta gratuitamente la ilimitación de los procesos físicos), si se ignora el supuesto no probado de la teología, en la mente de Santo Tomás. Ese principio pudiera bien denominarse, a semejanza de la cosmología, el principio teológico de homogeneidad e isotropía: si mi mente reconoce el principio de causa efficientis in istis sensibilibus, debe ser igualmente válido para la "realidad teológica no observable" (non sensibile) que es Dios y su creación.

Este principio, no obstante, aparece expresamente formulado en la Suma Teológica de Santo Tomás, aunque sea una de esas presunciones de escuela que parece que debe darse por descontado. A la cuestión de si la imagen de Dios se encuentra en todo hombre (1 q.93 a.4) responde que el hombre se dice imagen de Dios por su razón [homo secundum intellectualem naturam ad imaginem Dei esse dicatur], por la que se puede hacer igual a Dios [Deum maxime imitari potest]. Y precisa que el hombre tiene aptitud natural para conocer y amar a Dios [homo habet aptitudinem naturalem ad intelligendum et amandum Deum], y esta aptitud está en nuestra mente [et haec aptitudo consistit in ipsa natura mentis, quae est communis omnibus hominibus]. Y recuerda al psalmita: signatum est super nos lumen vultus tui, domine.

El teólogo, entonces, dice que Dios es la razón del Universo, porque encuentra a Dios en su mente. Esto explica que el ateísmo sea un movimiento de resistencia mental, a lo que la mente naturalmente nos propone a todos. En el día que doy remate a esta nota (que espero continuar), me complace advertir las profundas concomitancias, en este cuestión, de Santo Tomás con los teólogos ingleses William Whewell [Stanford] y, en especial, John Henry Newman, que hoy ha sido proclamado beato de la Iglesia Católica en Inglaterra.