Majao (p.p. de majar) [derivado del latín "malleus" (martillo)]: 'quebrantado a golpes, machacado', y también 'molesto, cansado'. Público (adj.): 'notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos'.

28 agosto 2011

El nuevo planeta de los simios


Bueno, esta nueva película de El origen del planeta de los simios (2011) es el típico estreno de verano. Muy entretenida, muy bien, el simio César muy expresivo... pero no es para tirar cohetes. Muy desigual (el argumento de la enfermedad del padre, queda varado a mitad de proyección). No resiste la comparación con la de Charlton Heston, que entretiene a todos los públicos, y da mucho que pensar, todavía. La de ahora apenas se queda en una película de violencia urbana, con la cosa graciosa de que son monos en lugar de humanos. En algunos momentos me recordó el Espartaco de Kirk Douglas. Perdón por no darle más nota, pero es que con el cine soy muy exigente.

26 agosto 2011

La oración del ateo


Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoje estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes
a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas,
con que mi ama endulzóme noches tristes.
¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande
para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.
MIGUEL DE UNAMUNO

12 agosto 2011

La primera novela negra española

Este verano he regresado a La Celestina, uno de esos textos excelentes que componen la impedimenta literaria clásica en nuestra lengua. Un clásico es una obra de perspectivas inagotables, que provoca al lector ideas nuevas a cada lectura, y la Tragicomedia es un clásico vivo (este año la representa con éxito la actriz española Gemma Cuervo). Si los ingleses se distraen con la shakespearean question [wiki], los hispánicos no les vamos a la zaga, y también le damos vueltas a la intrigante autoría de la Comedia de Calisto y Melibea (sobre esto sostengo la humilde opinión, contra la tesis dominante, de que Fernando de Rojas es el único autor, aunque esto sólo sea una corazonada).

Reflexionando al concluir la lectura de La Celestina, he caído en la cuenta de que puede entenderse como la primera novela negra española, lo que me explica su irresistible atractivo. El cine negro, que es mi género favorito, se ostenta en películas como The lady from Shanghai (1947), The third man (1949), Touch of evil (1958) y F for Fake (1974), ¡las cuatro de Orson Wells! A su lado, leer La Celestina (o presenciar su representación), es una experiencia que contiene todos los rasgos noir: el crimen urbano, el sexo, el dinero y el poder, los hampones, la crueldad, el cinismo, y las experiencias ambiguas u oníricas (la brujería de la puta vieja es el elemento más comentado).

Para ser honesto, revolviendo en internet me he topado con que esta idea, una Celestina de la serie negra, ya ha sido probada en la práctica por un profesor salmantino, Luís García Jambrina, que incluso ha hecho de Fernando de Rojas un ficticio protodetective de la Salamanca de hace cinco siglos en una novela, El manuscrito de piedra (2008) [reseña], que en vista del éxito de ventas ha tenido continuación. Compartir intuiciones es una manera de confirmar su solidez. El clímax de la Comedia, que es el homicidio de Celestina (en el doceno auto), para mí que tiene el inconfundible aire de familia del género noir, como las escenas violentas de The Killing (Stanley Kubrick, 1956), con la única diferencia de que si en nuestro tiempo los gansters matan a quemarropa, en los días de Rojas los rufianes lo hacían a espada.

Aunque es muy larga, la Tragicomedia se representa en los teatros porque tiene virtudes dramáticas que la hacen representable (los personajes hablan y actúan con naturalidad, y se comunican no sólo con la conversación, sino con los gestos y los ademanes, que el lector se imagina mientras lee, porque se lo sugieren los mismos diálogos). Pero esto es un malentendido, me parece. Sobre todo, La Celestina es una experiencia letrada, destinada a la lectura silenciosa en solitario, o de viva voz en círculo. Es un síntoma que cuando se representa en los teatros, sea adaptada, libre de cultismos y fraseología, que es tanto como mutilar una dimensión fundamental de la obra, dejándola en los desnudos hechos, actos y pasiones.

En su última razón, la Tragicomedia es el relato negro de un crimen, cuya crudeza y verdad sólo podía ser obra de un jurista, un hombre de leyes, Fernando de Rojas, que nos imaginamos que por oficio conocería bien los bajos fondos salmantinos (aquí da en el blanco García Jambrina), y que presenciaría en la plaza pública algún ajusticiamiento como el de los infelices Sempronio y Pármeno, o descubriría en las calles de la ciudad más de un joven descalabrado como el desdichado Calisto ["¡Oh mi señor y mi bien muerto, oh mi señor despeñado! ¡Oh triste muerte sin confesión! Coge, Sosia, esos sesos de esos cantos; júntalos con la cabeza del desdichado amo nuestro. ¡Oh día aciago; oh arrebatado fin!"].

Pero La Celestina es algo más y algo distinto que eso. Las historias morbosas satisfacen la curiosidad y el rijo, pero no procuran un disfrute literario. La pantalla retórica del texto de la Tragicomedia, que a algunos enoja, cumple precisamente la función de distanciamiento estético literario (como no es lo mismo ver a un mendigo en la calle, que contemplar las pinturas de mendigos de Bartolomé Esteban Murillo). Así que díré que La Celestina, a mi juicio, es una obra de arte de las letras, porque filtra la realidad cruda a través del velo de las bellas palabras, lo mismo que hacen el teatro o el cine con sus formas peculiares de expresión.

08 agosto 2011

Homilía en La Habana


"Los sistemas ideológicos y económicos que se han ido sucediendo en los dos últimos siglos con frecuencia han potenciado el enfrentamiento como método, ya que contenían en sus programas los gérmenes de la oposición y de la desunión. Esto condicionó profundamente su concepción del hombre y sus relaciones con los demás. Algunos de esos sistemas han pretendido también reducir la religión a la esfera meramente individual, despojándola de todo influjo o relevancia social. En este sentido, cabe recordar que un Estado moderno no puede hacer del ateísmo o de la religión uno de sus ordenamientos políticos. El Estado, lejos de todo fanatismo o secularismo extremo, debe promover un sereno clima social y una legislación adecuada que permita a cada persona y a cada confesión religiosa vivir libremente su fe, expresarla en los ámbitos de la vida pública y contar con los medios y espacios suficientes para aportar a la vida nacional sus riquezas espirituales, morales y cívicas.

"Por otro lado, resurge en varios lugares una forma de neoliberalismo capitalista que subordina la persona humana y condiciona el desarrollo de los pueblos a las fuerzas ciegas del mercado, gravando desde sus centros de poder a los países menos favorecidos con cargas insoportables. Así, en ocasiones, se imponen a las naciones, como condiciones para recibir nuevas ayudas, programas económicos insostenibles. De este modo se asiste en el concierto de las naciones al enriquecimiento exagerado de unos pocos a costa del empobrecimiento creciente de muchos, de forma que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

"Queridos hermanos: la Iglesia es maestra en humanidad. Por eso, frente a estos sistemas, presenta la cultura del amor y de la vida, devolviendo a la humanidad la esperanza en el poder transformador del amor vivido en la unidad querida por Cristo. Para ello hay que recorrer un camino de reconciliación, de diálogo y de acogida fraterna del prójimo, de todo prójimo. Esto se puede llamar el Evangelio social de la Iglesia.

"La Iglesia, al llevar a cabo su misión, propone al mundo una justicia nueva, la justicia del Reino de Dios (cf. Mt 6, 33). En diversas ocasiones me he referido a los temas sociales. Es preciso continuar hablando de ello mientras en el mundo haya una injusticia, por pequeña que sea, pues de lo contrario la Iglesia no sería fiel a la misión confiada por Jesucristo. Está en juego el hombre, la persona concreta. Aunque los tiempos y las circunstancias cambien, siempre hay quienes necesitan de la voz de la Iglesia para que sean reconocidas sus angustias, sus dolores y sus miserias. Los que se encuentren en estas circunstancias pueden estar seguros de que no quedarán defraudados, pues la Iglesia está con ellos y el Papa abraza con el corazón y con su palabra de aliento a todo aquel que sufre la injusticia."

JUAN PABLO II, Homilia en La Habana, 25 de enero de 1998 [enlace].

El viaje apostólico de Juan Pablo II a Cuba, es el que se recuerda de modo más entrañable, y es posible que su mensaje, como el de aquella homilía en La Habana, tenga un eco perdurable. Fidel Castro hizo un recibimiento inolvidable al Santo Padre. Tomen ejemplo de Fidel, ahora que España sufre los embates de las minorías recalcitrantes de ateos y enemigos de la religión. La religión es un bien para los pueblos.

06 agosto 2011

Sapiencial

"Desde pequeño supe que mi felicidad no iba a depender del éxito social. No he dejado de luchar por mi arte, por alcanzar cierto reconocimiento, yo no creo que el artista deba renunciar a nada, pero algo en mi interior siempre me ha advertido que no será ahí, en el triunfo económico o social, donde yo voy a encontrar algo que sólo está en mi interior. Nuestra verdadera cita es con el infinito. Cuando llegue el momento, nada ni nadie podrá evitarlo. Esa será la hora de la verdad. Todo lo que ahora vivimos y padecemos adquirirá su verdadera dimensión, su sentido y valor. Esta es la única sabiduría".

De La verdadera historia de Dan Kofler. Memorias de un judío sefardí.

Tercera ocasión que me detengo a reseñar este libro excepcional [enlace]. Dan Kofler es artista, músico y pintor, pero en la más elevada tradición de su pueblo, es sobre todo un sabio, ha alcanzado sabiduría, que comparte con el lector de sus memorias. Me restan unas 100 páginas (de +700). Cuando concluya la lectura, haré un comentario más detenido de este libro, que lo merece.

[Amando de Miguel lo reseñó aquí].