Majao (p.p. de majar) [derivado del latín "malleus" (martillo)]: 'quebrantado a golpes, machacado', y también 'molesto, cansado'. Público (adj.): 'notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos'.

07 abril 2014

Un nuevo libro (de Pilar Urbano)


La periodista española del Opus, doña Pilar Urbano, ha publicado un nuevo libro: La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar.  Y habría que volver a hacer ahora la famosa pregunta: ¿Por qué? 

Pues esta mañana he ido a la librería de mi pueblo, y he hecho esta comparación:
Immanuel Kant : Crítica de la razón pura (traducción de Pedro Ribas), 21,50 EUROS [Taurus].
Pilar Urbano : La gran desmemoria, 25,90 EUROS [Planeta].
La elección es clara: hay que leer a Kant (o releerlo, los más afortunados). Porque, ¿qué se me ha perdido para leer el libraco de Pilar Urbano, pesado (de mucho peso), porque tiene 900 páginas...?

Antes de publicar un libro de 900 páginas, debe estar muy justificado, tanto para el editor, como para el lector / consumidor. Es una falta de respeto a los lectores, de quienes se presume que cuentan con tiempo sobrado para dedicarlo a los menstruales libros de esta señora. Y delata que la señora Urbano no sabe escribir (digo escribir un libro), porque eso no consiste en sentarse en una silla, delante de un teclado, y dale que te pego una página detrás de otra. Lo que no pueda contarse en 200, a lo sumo 250 páginas, salvo casos justificados, o es que está mal narrado, o es una trola. Y no voy a repetir aquí la opinión de Felipe González de que doña Pilar Urbano "miente mucho más que habla" [Abc].

Mientras Adolfo Suárez agonizaba, el pasado mes de marzo, me puse a leer en su homenaje un libro que tenía pendiente la mar de años, la Anatomía de un instante, de Javier Cercas (2009) [El País]. Es una notable meditación literaria del asalto al Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981, con sus flash-backs. En fin, sin nada nuevo, nihil novum (como ahora mismamente el de la señora Urbano), el libro de Cercas es una síntesis sobria, necesaria, pero afeada por su empeño en insultar sin ton ni son la memoria de Suárez, al que tilda de chisgarabís sin ninguna razón. Porque el gesto de Suárez de no arrojarse al suelo cuando el tiroteo revela un hombre de gran talla, y de tenerlos bien puestos.

Auque la carne sea triste yo no he leído todos los libros (como sí Mallarmé), pero me agradó mucho las memorias de un íntimo de Adolfo Suárez, el periodista Luís Herrero (el hijo del fiscal Herrero Tejedor): Los que le llamábamos Adolfo, publicado en 2007 en vida del personaje [El Mundo]. Me gusta más este libro que ninguno porque, lo de menos es la exactitud de la minucia histórica, sino el recuerdo emocionado del que escribe, muy superior en términos humanos a la displicencia y cinismo de un Cercas o al cotilleo de una Urbano. Este libro de Luís Herrero es el que yo recomiendo.

A fin de cuentas, pasado treinta años, a mí me importa un pito los dimes y diretes de aquel entonces. Es así como recordamos aquel otro mes de abril del año 1931. Lo de menos es lo que lo dijera a don Alfonso XIII tal o cual ministro, en aquellas horas. Tan sólo recordamos aquello que nos repetían en la escuela, a modo de rima mnemotécnica: "España se acostó monárquica y se despertó republicana", o quizá también aquella frase de la carta de abdicación: "quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro, en fratricida guerra civil". Nuestro 23-F, como bien vaticinó mi profesor de filosofía aquella mañana del 24 en el colegio, se ha quedado en nuestra memoria en una simple anécdota.

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