Majao (p.p. de majar) [derivado del latín "malleus" (martillo)]: 'quebrantado a golpes, machacado', y también 'molesto, cansado'. Público (adj.): 'notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos'.

13 agosto 2014

De la muerte de Ioan de Dios

"Eran tantos los trabajos en que Ioan de Dios se ocupaba por dar remedio a los de todos, así de caminos y salidas que hacía, en que padecía muchas frialdades, como del trabajo ordinario de la ciudad, que se desvencijó, y desta enfermedad (como él le hacía poco regalo) padecía gravísimos dolores, y disimulaba cuanto él podía, por no dallo a entender y dar pena a sus pobres en vello malo; mas estaba ya tan flaco y debilitado y sin fuerzas, que no lo podía ya disimular (...)

"Sabida que fué su enfermedad de doña Ana Osorio, mujer del veinte y cuatro García de Pisa, señora de mucha cristiandad y exemplo (a quien por esto amaba mucho el hermano Ioan de Dios), le fué a visitar; y vista su dolencia y el poco refrigerio que allí tenía, y tan cercado de pobres, que no le daban lugar a reposar un poco (y él, que a nada contradecía), le rogó muy ahincadamente, que consintiese que lo llevasen a su casa a curar, donde se le haría cama y darían lo necesario; porque hasta allí sólo en las tablas estaba echado y la capacha en la cabecera; y aunque él se escusó todo lo que pudo, diciendo, que no le sacasen de entre sus pobres, porque entre ellos quería morir y ser enterrado, al fin le venció con decille, que pues él había predicado a todos la obediencia, que obedeciese ahora a lo que con tanta razón le pedían por amor de Dios. Y así truxeron una silla para llevallo; y puesto que fué en ella, como los pobres supieron que lo querían llevar, todos los que pudieron se levantaron y le cercaron; y aunque le quisieran resistir por el grande amor que le tenían, como es gente que a los infortunios y trabajos que tienen nunca hacen resistencia sino con gemidos y lágrimas, comenzaron todos a levantar tal alarido y gemido, hombres y mujeres, que no hobiera corazón, por duro que fuera, que no reventara en lágrimas. Y él, oyéndolo y llorando y viéndolos afligidos, alzó los ojos al cielo con sospiros, y díxoles: Sabe Dios, hermanos míos, si quisiera yo morir entre vosotros; empero, pues Dios es servido que muera sin veros, cúmplase su voluntad. Y echándoles su bendición a cada uno por sí, les dixo: Quedad en paz, hijos míos, y si no nos viéremos más, rogad a nuestro Señor por mí. A estas palabras tornaron a levantar de tal manera el alarido y decían tales lástimas, que penetraron de tal manera las entrañas de Ioan de Dios (que poco había menester, porque los amaba) que quedó desmayado en la silla. Y vuelto en sí, por no dalle más pena, lo llevaron en casa de esta señora; y como había comenzado a obedecer y propuesto hacello, aunque hasta allí, por enfermo que estuviese, nunca había mudado el traje, por áspero y pobre que era, entonces dexó que hiciesen con él cuanto le mandaban, por dar exemplo de obediencia. Y así le pusieron camisa y le echaron en una cama, y curaron de él con mucha caridad y cuidado, así de médicos como de medicinas y todo lo demás necesario. Y aquí fué visitado de muchas personas principales y señores, y de todos regalado, a porfía el que más podía. Y él de todo esto no gustaba, salvo de la caridad que vía que a ello les movía; porque, junto con esto, le habían privado que no viese pobre ninguno, y puesto un portero que no los dexase entrar, porque en viéndolos lloraba y recibía pena (...) 

"Pues sintiendo en sí que se llegaba su partida, se levantó de la cama y se puso en el suelo de rodillas abrazándose con un Crucifixo, donde estuvo un poco callando, y de ahí a un poco dixo: Iesús, Iesús, en tus manos me encomiendo. Y diciendo esto con voz recia y bien inteligible, dió el alma a su Criador, siendo de edad de cincuenta y cinco años, habiendo gastado los doce déstos en servir a los pobres en el hospital de Granada (...) Estuvieron presentes a su muerte muchas señoras principales y cuatro sacerdotes, y todos quedaron admirados y dieron gracias a nuestro Señor de tal manera de muerte, y cuan bien hacía consonancia con la tal vida. La cual fué a la entrada del sábado, media hora después de maitines, a ocho de Marzo de mil y quinientos y cincuenta años."

PEDRO DE CASTRO : Vida y sanctas obras de Ioan de Dios y de la institucion de su orden, y principio de su hospital (1585).