22 septiembre 2017

Bibliofilia jurídica, teoría y práctica

Mi serial sobre libros del rastro sevillano de El Jueves, que puede leerse en este [enlace], quedaría manco, es decir, defectuoso o falto de alguna parte necesaria, si no me refierese a otro clásico de los libros de barato, que son los libros de leyes, en su más amplio sentido; esos libros que los estudiantes, cuando termina el curso, mandan sin miramientos a la basura o, como dice la canción "Triste y sola", empeñaban en el Monte de Piedad. Los libros jurídicos caducan muy pronto, y hoy su valor informativo está muy relativizado con la potencia de las bases de datos electrónicas. El libro jurídico, en su sentido clásico, aquel que se lee y se estudia, debe estar más ligado a las humanidades, a la reflexión, y por tanto se ha de valorar la antigüedad. Los juristas de todos los tiempos sabían que el derecho es mudable, y así lo dice Santo Tomás de Aquino: lex recte mutari potest propter mutationem conditionum hominum (S.Th. I-II, q. 97, a. 1 [Corpus]). Luego si mudan las leyes, los libros de leyes, que son objetos físicos, quedarán siempre atrás, designio que disgustaba al antijurista Julius Hermann von Kirchmann. Parece que nada hay más mostrenco que un viejo código caducado, o un libro jurídico de tiempos pasados. El bibliófilo jurídico conoce esta condición pasajera, efímera, del libro de leyes, y la valora, porque también es hermoso el espectáculo del derecho moviéndose y cambiando a lo largo del tiempo, y sin embargo permaneciendo en su esencia (valga esta expresión refinada).

En el mercado de El Jueves, desde luego, hay de todo lo que pueda imaginarse en materia de leyes, y algunos ejemplares buenos he encontrado, sin haber pretendido hallar ninguna pieza de valor desmesurado en el mercado del libro antiguo. Por ejemplo, un Code civil anoté d'aprés la doctrine et la jurisprudence (Paris, Librairie Dalloz, 1925), que Luís Andújar, un clásico del mercado [Diario], me vendió "de regalo" (yo lo creo) por 5 euros. O la primera edición del Derecho agrario (Revista de Derecho Privado, 1965), del notario Ballarín, que ha muerto el año pasado [EuropaPress], incluso unas Instituciones de derecho mercantil (Madrid, Imprenta de Aguirre, 1943) de Joaquín Garrigues, o el Derecho internacional privado (Barcelona, Labor, 1936) de Martin Wolff. Un panorama muy variado en el que el bibliófilo jurista puede entretenerse.

Mis últimas adquisiciones jurídicas en El Jueves me parecen muy interesantes, e ilustran bien, pienso, el sentido y valor del libro jurídico antiguo. Uno es la monografía sobre El Adulterio, del Dr. M. Enrique de Carmona (Barcelona, Dux Ediciones, 1955?), que en su quinta parte contiene una curiosa "casuística del adulterio" (adulterios históricos, casos curiosos, o jurisprudencia desde 1871 a 1954). Hoy se comete adulterio como en el pasado, aunque tenga ya un valor jurídico más limitado (hoy no es delito, por ejemplo, al menos en España). Es un ejemplo de "libro jurídico antiguo". El otro libro es La bipartición del proceso civil romano, tesis doctoral por José Aparici Díaz, "profesor auxiliar de derecho romano en la Universidad de Sevilla" (Sevilla, Imprenta Suárez, 1946). "Leída esta Tesis para el grado de Doctor, el día 18 de octubre de 1945, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid...". De D. José Aparici tengo un recuerdo entrañable, pues fue el primer profesor del que recibí una lección en la facultad, allá por el primer curso de 1982, y siempre repito el primer aforismo juridico latino que nos enseñó: pacta sunt servanda.

14 septiembre 2017

Libros de curas

Voy a seguir relatando los libros que he comprado en el mercado de El Jueves (que es algo así como el rastro de Sevilla), y me ha parecido bien hacer ahora una relación de los libros de curas que he encontrado allí. Es una categoría esa, la de "libros de curas", un tanto chistosa, vaga e imprecisa, porque no hay libraco del que no se pudiera decir que alguna vez había sido de un cura. Pero esto lo ha contado con mayor autoridad y chispa el librero anticuario sevillano Abelardo Linares, en una entrevista (que se puede leer [aquí]), donde contaba:

"...Mientras estudiaba Filología en Madrid, a principios de los setenta, se me ocurrió que vender libros en el rastro era un buen modo de comprar libros para mí y hacerme mi propia biblioteca. Todos los domingos, a eso de las siete de la mañana, montaba con mi novia de entonces un pequeño puesto en el Campillo del Mundo Nuevo y luego me daba una vuelta para ver qué novedades estaban sacando los otros vendedores y comprar lo que pudiera para luego revenderlo. El Jueves de la calle Feria también solía ser estupendo en esos años. Recuerdo una mañana en la que habían dispuesto en la plaza de Montesión una gran montaña de libros en pergamino del siglo XVIII y principios del XIX que vendían a diez pesetas, dos duros, al grito de "libros de curas, libros de curas...".

A mí oír eso de los libros de curas me hace mucha gracia, porque sigue oyéndose en El Jueves, aunque los vendedores se han renovado y ahora dicen ¡más barato que en internet!, pero también aquello tan castizo de ¡no se mete la mano en el bolsillo ni pa' rascarse! Parece lógico hablar de libros de curas, porque hubo un tiempo en que un cura era personaje con fama de instruído y leído, que al fallecer naturalmente dejaba a sus deudos un montón de libros y papelotes. Y había quien mal interpretaba aquello de la limosna para el culto, pensando que quería decir limosna para el señor cura, porque el cura solía ser la persona más culta del lugar.

Bromas aparte, en El Jueves me he hecho estos años con una buena colección de ejemplares de esa categoría tan chusca y equívoca de libros de curas, por lo común de teología, escritura y cánones. Me gustan, y estoy contento de mi fortuna de coleccionista. Por eso creo que merece la pena que haga una lista de los que, por azar, sin buscarlos, han ido llegando a mis manos, a precio ventajoso. También es cierto que estos libros religiosos, o simplemente de curas, son particularmente abundantes en El Jueves, por algo será. La relación que hago sigue el orden cronológico usual de publicación.

Rmo. P. Phelipe Scío de S. Miguel, de las Escuelas Pías, obispo electo de Segovia, La Biblia Vulgata latina traducida al español,  anotada conforme al sentido de los Santos Padres y expositores cathólicos. Segunda edición. Tomo XII del Antiguo Testamento. La Prophecía de Isaías. Madrid, en la imprenta de don Benito Cano, MDCCXCVI. 380 p. Texto a doble columna, latín y castellano. Me costó sin regatear 14 euros, comprada a un gitano de la plaza de los Maldonados. La estrella de la colección.

Fray Luís de León (1583), La perfecta casada. Madrid, librería católica de Gregorio del Amo, 1906. 225 p. Edición en piel y cantos dorados.

Santo Aurelio Agostino, Le Confessioni, volgarizzate da Monsignor Enrico Bindi, vescopo di Pistoia e Prato. Edizione riveduta, corretta e aumentata del volgarizzamento della vita del Santo scritta da Possidio. Firenze, G. Barbèra, Editore, 1909. 408 p. Con esta ya puedo decir que colecciono ediciones de las Confesiones, que añado a la castellana de José Cosgaya, en la B.A.C. (1986), y la inglesa de William Watts de 1631, editada con el texto latino en la Loeb Classical Library.

John Bunyan (1678), The pilgrim's progress. Edited with an introduction and notes by Ernest C. Noyes, professor of English, Normal English School, Pittsburgh. New York, Charles E. Merrill Co., 1910. 306 p. No se puede llamar a este "libro de curas", sino tal vez de la devoción del pueblo inglés, aunque me ha parecido bien inclurlo aquí.

The Treasury of the Sacred Heart. With Epistoles and Gospels for the Sundays and Festivals of the Year. Revised and corrected by an Irish Jesuit Father. Cork, W. Egan & Sons Ltd, 32 Patrick Street, Cork, 1923. 414 + 114 p. Precedido de "Table of Movable Feasts" (calendario de fiestas móviles eclesiásticas). Un bello devocionario a dos tintas, con textos paralelos en inglés y latín.

V.P. Fr. Diego de Estella (1574), Tratado de la vanidad del mundo, que compuso el V.P. Fr. Diego de San Cristóbal, conocido por el apellido Estella, su patria, en el reino de Navarra. Tomo I. Madrid, Administración del Apostolado de la Prensa, 1925. 552 p.

Prof. Dr. W. Votsch, de Magdeburgo, Gramática latina. Traducida de la reimpresión alemana por el Prof. Domingo Miral y López, de la Universidad de Zaragoza. Barcelona, Editorial Labor, 1926. 170 p. Ejemplar curioso, que procede de expurgo de la biblioteca de un seminario diocesano.

P. Constantino Bayle, S.J. (1918), La Predicación Sagrada, según los documentos pontificios y doctrina de los Santos Padres. 2ª ed. Barcelona, Tipografía Católica Casals, Calpe 108, 1933. 292 p. "Imprímase, Manuel, Obispo de Barcelona" (el Dr. Manuel Irurita Almandoz). El libro está firmado y fechado en el "Curso IIIº de Sgda. Teolog. 1944-1945", por un seminarista, que alcanzó a ser prelado, ya fallecido. La divina providencia me ha constituído en custodio de este libro.

Santo Tomás de Aquino, La Ley. Versión castellana y notas explicativas del Prof. Constantino Fernández Alvar, del Instituto Internacional "Angelicum". Barcelona, Editorial Labor, 1936. 250 p. Incluye el texto latino del "Tratado sobre la Ley", quaestiones XC-XCVII de la Prima secundae. Última de mis adquisiciones (con el libro de Jaime Balmes), este jueves 14 de septiembre de 2017.

Giovanni Papini (1921), Historia de Cristo. 11ª ed. Madrid, Ediciones Fax, 1948. 548 p. Imprimatur, Casimiro, Obispo Auxiliar y Vic. Gen., Madrid, 13 de diciembre de 1947. Pequeña edición elegante en piel.

Jaime Balmes, Obras completas, tomo I. Prólogo, ordenación, revisión y notas de M.R.P. Basilio de Rubí, O.F.M, cap. Edición conmemorativa del centenario (1848-1948). Barcelona, Editorial Selecta, 1948. 1593 p. Precioso volumen en piel, este tomo contiene las obras El Criterio, Curso de filosofía elemental, La religión demostrada al alcance de los niños, Cartas a un escéptico en materia de religión, La civilización, El protestantimo comparado con el Catolicismo en sus relaciones con la civilización. Última de mis adquisiciones (con el libro de Santo Tomás de Aquino).

F.J. Sánchez Cantón, Nacimiento e Infancia de Cristo. Los grandes temas del Arte Cristiano en España. Serie Cristológica, tomo I. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1948. 192 p., 304 láminas en sepia.

José María Pemán, de la Real Academia Española (1933), El divino impaciente. Poema dramático en verso, dividido en un prólogo, tres actos y un epílogo. Seguido de Cuando las Cortes de Cádiz... 15ª ed. Madrid, Escelícer, 1949. Sello de "Leopoldo Gumpert Libros", General Aranda, 23, Tetuán.

Mi Jesús. Devocionario que ofrece a los niños el P. Luís Ribera, misionero hijo del Corazón de María. 23ª ed. Madrid, Editorial Coculsa, 1952. 240 p. Libro muy evocador, sobre todo por sus inconfudibles ilustraciones, para la gente de mi edad.

Los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, anotados por el M. R. P. Juan Roothaan, S.J. Introducción y traducción de las notas con nueve apéndices por el R.P. Teodoro Toni, S.J. 3ª ed. revisada, anotada y enriquecida con el Directorio. Zaragoza, Editorial Hechos y Dichos, 1959. 504 p. Jan Philipp Roothaan (1785-1853) fue Superior General de los Jesuítas, autor de la versión latina de los Exercitia spiritualia S.P. Ignatii de Loyola. Versio litteralis ex autographo hispanico notis illustrata.

Thomas A Kempis (1418), The Imitation of Christ. A new translation from the original latin, to which are added practical reflections and a prayer at the end of each chapter. Sydney, Pellegrini & Co., 1959. 558 p. Imprimatur, Mechliniae [Malinas, Mecheln], die 15 Augusti 1959, L. Suenens, vic. gen. En piel.

Santa Teresita del Niño Jesús (1898), Manuscritos autobiográficos (Historia de un alma). Traductor R.P. Emeterio G. Setién de J.M., carmelita descalzo. 2ª ed. Burgos, El Monte Carmelo, Col. "Archivo Silveriano de historia y espiritualidad carmelitana", 1959. 544 p. Incluye la introducción de la edición francesa de los Manuscrits autobiographiques de Sainte Thérèse de l'Enfant Jésus, à l'Office central de Lisieux, 1956, de le Père carme François de Sainte Marie, y nota crítica con el dictamen de peritos. No conozco ninguna edición moderna en castellano más digna y noble (hoy suele publicarse de manera muy ordinaria), así que esta es la edición que prefiero, en la que ya he vuelto a releer la Historia de un alma. Lo único que me molesta es que se llame "Santa Teresita" a Sainte Thérèse, que era toda una mujer. Eso no es entender su historia. Thérèse escribia desde su presente de mujer religiosa, no desde su pasado de niña. Tampoco hay que confundir la infancia espiritual con el infantilismo.

Josephus Gredt, O.S.B. (1899), Elementa philosophiae aristotelico-thomisticae. Editio decima tertia recognita et aucta ab Euchario Zenzen O.S.B. Volumen II. Methaphysica - Theologia Naturalis - Ethica. Herder, Barcinone, MCMLXI. 535 p. Perteneció a un seminarista, luego párroco, que aún vive, en un pueblo de la sierra sur de Sevilla.

M. J. Rouët de Journel, S.I. (1911), Enchiridion Patristicum, loci S.S. Patrum, doctoru scriptorum ecclesiasticorum, quos in usum scholarum collegit... Editio vicesima secunda. Novo appendice aucta. Barcinone, Herder, MCMLXII. 818 p. Repertorio patrístico en latín y griego.

Karl Adam (1949), Jesucristo. Barcelona, Herder, 1964. 304 p. Me parece anticuado.

Romano Guardini (1937), El Señor. Traducción de Francisca Palau-Ribes Casamitjana. Madrid, Ediciones Rialp, Preciados 44, 1965. Dos vol., 552+430 p. Otra edición que prefiero, en volúmenes pequeños y manejables, a la aparatosa moderna de Ediciones Cristiandad.

Luís Sánchez Agesta (dir.), Situación y revisión contemporánea del marxismo. Madrid, Centro de Estudios Sociales de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (col. "Anales de Moral Social y Económica", vol. 13), 1966. 248 p.

Antonio Royo Marín, Teología de la esperanza. Respuesta a la angustia existencialista. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1969. 248 p. Autor que me parece escolástico en exceso.

Miguel Oliver Román (dir.), Hombre magnánimo y libre. Homenaje al Cardenal José Mª Bueno Monreal con motivo de sus 78 años de vida, 56 de sacerdocio, 37 de episcopado, 23 de cardenalato y 28 años de gobierno en la archidiócesis de Sevilla. Sevilla, Centro de Estudios Teológicos, 1983. 515 p. Volumen colectivo de contribuciones de teólogos, escrituristas, canonistas... Presentación del arzobispo Carlos Amigo Vallejo, y "semblanza de un hombre de iglesia", de Antonio Montero, Obispo de Badajoz. Aún conservo en la retina haber visto este libro recién publicado, cuando estudiante, en la vitrina de la antigua librería de Pascual Lázaro de la calle Francos, que hace unos días ha recordado el veterano periodista Luís Carlos Peris [Diario de Sevilla]. Soy mucho más joven que Peris, y no es por señalar [Joly], pero yo también me acuerdo muy bien de la librería de Pascual Lázaro, donde compré mis primeros libros. Cerró en 1998.

José María Javierre (1963), Don Marcelo de Sevilla. 2ª edición. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1992. 662 p. Biografía ilustrada del cardenal Marcelo Spínola (1835-1906).

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08 septiembre 2017

Mi agosto en El Jueves

Camilo José Cela, en su espléndida guía de Barcelona, o Caleidoscopio callejero, marítimo y campestre de C.J.C. para el reino y ultramar, que se acaba de reeditar con motivo del centenario [EdelViento], se refiere también al zoco dominical de libros viejos del Mercado de San Antonio. Ahí dice, refiriéndose a la compra de libros de lance, que pasa como en los toros, que para ver una buena media verónica te tienes que tragar todas las corridas de la temporada. Por experiencia lo sé, pues soy visitante de ese particular zoco nuestro de Sevilla que es El Jueves. Pero si hago balance de los últimos años, puedo decir que no me ha ido mal, aunque no me haya encontrado ningún incunable ni cosa rara, y que la mayoría de los jueves haya vuelto de vacío o con un mamotreto que no me sirve. En fin, este verano he aprovechado que los competidores, incluídos los ojeadores de los libreros anticuarios, estaban en las playas, y he hecho mi particular agosto. El lector juzgará, repasando la lista de las que yo estimo las 10 mejores adquisiones, que casi justifican las compras de todo el año. Siento no poder detenerme a comentar cada libro, lo que me llevaría muy lejos, limitándome a anotar la ficha catalográfica, que ordeno por antigüedad. Tan sólo añadiré, por si hubiese algún mal pensado, que los coleccionistas no sólo compramos, sino que también leemos. Yo he disfrutado las tardes de verano leyendo la biografía de Marco Tulio, y el ensayo de Virginia Woolf.

1.- Ch. Lyon-Caen & L. Renault, Manuel de Droit Commercial. Quatrième Édition. Paris, F. Pichon éditeur, 1896. 870 p. Tiene exlibris de un diplomático español.

2.- Emilio Otto y Gustavo Kordgien, Gramática sucinta de la lengua francesa, acompañada de numerosos ejercicios para uso de principiantes. 4ª edición refundida por F. Tanty. Heidelberg, Julio Groos, 1904. 210 p. En las guardas, mapas a dos tintas de Francia y de París. Después de un siglo, esta gramática sigue reeditándose [Herder].

3.- Francisco Cambó, Las dictaduras. Madrid, Espasa Calpe, 1929. 246 p.

4.- Maffio Maffii (1935), Cicerón y su drama político. Traducción de Agustín Esclasáns. Barcelona, Iberia - Joaquín Gil Editor, 1942. 480 p. 16 láminas.

5.- José María Pemán y Miguel Herrero, Suma poética. Amplia colección de la poesía religiosa española. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1944. 670 p. El ejemplar ha perdido las guardas. Hay una reedición fotostática reciente [BAC].

6.- Francisco Javier Conde, El saber político en Maquiavelo. Madrid, Institutuo Nacional de Estudios Jurídicos, 1948. 282 p. Esta primera edición se vendía en su momento a 45 pesetas.

7.- Instituto de Estadística de la Universidad de Oxford, La economía sin paro forzoso (The economics of full employment: six studies in applied economics / prepared at the Oxford University Institute of Statistics, 1946). Traducción de Gonzalo Guasp y José Luís Sampedro. Introducción de Manuel de Torres. México, Aguilar, 1948. 338 p. El capítulo VI, "Un experimento sobre plena ocupación. La economía intervenida en Alemania (1933-1938)".

8.- Concepción Fernández Chicarro y de Dios, directora del museo (1951), Catálogo del Museo Arqueológico de Sevilla. Madrid, Dirección General de Bellas Artes ("Guías de los Museos de España", VII), 1969. 2ª ed. 126 p. LXVI láminas. Esta segunda edición ya aparece ilustrada con todos los honores con el Tesoro de El Carambolo, descubierto en el "Tiro de pichón" del término municipal de Camas, Sevilla en 1958. La directora participó en las excavaciones, según refiere Juan de Mata Carriazo.

9.- Virginia Woolf (1929), A room of one's own. London, The Hogarth Press, 1974. Conserva la sobrecubierta con diseño de Vanessa Bell, hermana de Virginia (exactamente la de la ilustración, de la pintora inglesa Debbie George). 172 p. Sin ser ninguna joya ni rareza, me parece un libro bonito. Un 10 en mi biblioteca.

10.- Gerhard von Rad (1970), Sabiduría en Israel. Madrid, Cristiandad, 1985. 408 p. Es la última traducción castellana, dirigida por Luís Alonso Schökel.

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14 julio 2017

Mi veraneo

Comienza a comenzar la desbandada
De la gente elegante, acaudalada:
Si no a playas y puertos todavía,
Pues no ha empezado aún la temporada,
Huyendo de este ardiente mediodía...
O día-entero-y-pleno, por lo ardiente,
Donde es tanto el calor que ya se siente
Que no acierta a decir la musa mía
Lo que le pasa al abrasador ambiente
Si es que se pone caro por lo raro,
O es que se pone raro por lo caro.
Yo, que no me meneo
De esta tierra del sol y de las flores,
He inaugurado ya mi veraneo.
Y para conjurar estos calores
Como los del desierto, abrasadores,
He sacado un billete ¡de primera!
Sí, señor: un billete de... escalera,
Y desde el alta esfera
Del principal, do paso la invernada,
En sólo una jornada,
Mediante la mudada
De lo más perentorio y lo más preciso,
Me he trasladado ayer al bajo piso.
(No he dicho piso bajo
Por costarme muchísimo trabajo
Hallarle consonante.
Perdón, pues, por el ripio, y adelante)!
Y aquí estoy tan campante,
Sentado en mi butaca de rejilla,
Con mi mesa sencilla,
(Claro que por delante)
Donde tengo papel, pluma y tintero:
Un cuco cenicero
Y... en él una colilla.
¡Este será, oh, lector, mi Sardinero
En el famoso puerto de Sevilla!

JUAN FRANCISCO MUÑOZ Y PABÓN, PBRO.
"Mi veraneo" (fragmento). De Lira cristiana (1919).

Juan Francisco Muñoz y Pabón (1866-1920), canónigo lectoral de la S.M. y P.I. Catedral de Sevilla. Tiene calle en la ciudad, la que sube desde la Alfalfa hasta el montículo de la iglesia de San Nicolás y la calle San José, lo que fue una de las puertas de la antigua judería. He encontrado un ejemplar de Lira cristiana en El Jueves. Sobre Muñoz y Pabón, con ocasión del CL aniversario de su nacimiento, Carlos Ros ha publicado una biografía, Juan Francisco Muñoz y Pabón, chispeante canónigo novelista [Ros].

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26 junio 2017

Un verano en la Alhambra

No sé qué libros me propongo leer este largo verano, aunque ya estoy entretenido con los Tales of the Alhambra, de Washington Irving. Ya fue lectura de mi niñez, en castellano. Ahora tengo la debilidad de releerlo en una vieja edición de la editorial granadina Padre Suárez, con una sobrecubierta muy sugestiva (la misma de la imagen), que tuve la fortuna de encontrar en El Jueves (nuestro rastro de cosas viejas, en Sevilla). No estaría mal seguir luego con ese libro de título tan gracioso, Gazpacho: or, summer months in Spain (1850), del viajero impertinente William George Clark [Iwasaki], que está reimpreso en facsímil [extramuros]. Y, por qué no, con otro igual de divertido, The Bible in Spain: or the Journey, Adventures, and Imprisonment of an Englishman in an Attempt to Circulate the Scriptures in the Peninsula (1843), de George Borrow, en un ejemplar sin pena ni gloria, pero al que tengo cariño, que encontré en una de esas inefables librerías de Charing Cross Road, en Londres. Por no salir de los casticismos, puede ser que me aventure más adelante en los Episodios nacionales (las dos últimas series) de nuestro gran Benito Pérez Galdós (el anglófilo Galdós, traductor juvenil del Pickwick). Para quien busque alguna recomendación más, y le dé por rebuscarlo en librerías de viejo (único lugar en que, incomprensiblemente, se encuentra disponible), recomiendo Mi infancia en Moscú : estampas de una nostalgia (1988), de José Fernández Sánchez [lne], que a mí me parece un librito notabilísimo, merecedor de ser reeditado con todos los honores en la colección de "Letras Hispánicas" de la editorial Cátedra. Por cierto, Fernández Sánchez (1925-2011), autor de una magnífica Historia de la bibliografía en España, también se ocupó de los Viajeros rusos por la España del siglo XIX [BNE].

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19 mayo 2017

Tres maestros sevillanos del derecho: Clavero, Olivencia, Merchán

Acaba de inaugurarse en la Plaza Nueva la FLS 2017 (la Feria del Libro de Sevilla), y me hago eco, como tengo por costumbre, de los libros vistos. En verdad, hoy que es viernes, me he estrenado con uno sensacional, de Antonio Merchán Álvarez: Universidad y Derecho en Sevilla durante el siglo XX. Contribuciones para su estudio (Editorial Universidad de Sevilla, 2016) [EUS]. El profesor Merchán (Sevilla, 1944), del que fui alumno en el curso primerizo 1982-1983, es hoy profesor emérito de historia del derecho en la Hispalense [sisius]. Discípulo de José Martínez Gijón, ha sido decano de la facultad (2006-2014). De sus clases recuerdo el rigor, y su afán de enseñarnos que los testimonios del derecho del pasado son invariables. Le gustaba, por ejemplo, contrastar la descripción del derecho de las guerras romanas, con noticias extraídas de Le Monde. Suya es también la excepcional monografía Doctores iuris de la Real Fábrica de Tabacos (2002) [EUS], que puede considerarse una auténtica historia de la facultad de derecho hispalense en la segunda mitad del siglo XX, durante su estancia en la entrañable "Fábrica de Tabacos" de la calle San Fernando, hasta el año 2008, que se trasladó a la "Pirotecnia" [Diario].

Anteayer, leo en la prensa [Diario], se ha celebrado en los Reales Alcázares, con presencia del Ministro de Justicia, el acto de entrega del VI premio Manuel Clavero, que se ha concedido este año a don Manuel Olivencia. Ambas figuras, Clavero y Olivencia, han sido maestros de incontables generaciones de juristas sevillanos, entre los que me cuento como uno más, uno de tantos. Me ha gustado leer la noticia, porque puedo presumir de haber recibido las lecciones de los dos, cuando la facultad todavía contaba con grandes maestros chapados a la antigua. Don Manuel Clavero Arévalo (Sevilla, 1926), catedrático de derecho administrativo y decano (1965-1968), discípulo de Carlos García Oviedo, goza de una feliz longevidad y merecidos honores de la clase jurídica. Fue Rector de la Hispalense (1971-1975). Pienso que ha sido uno de mis maestros. Sus clases fueron inolvidables, llenas de sabiduría, gracejo sevillano y anécdotas. Pero lo primero que recuerdan todos cuantos fueron sus alumnos, era su inconfundible timbre de voz, entonada con el habla propia del sevillano culto. De don Manuel Olivencia Ruiz (Ronda, 1929), discípulo de la escuela mercantilista de Joaquín Garrigues, también decano (1968-1971), conservo menos recuerdos como profesor, porque en aquel curso 1985-1986, en que comenzó a explicarnos las sociedades mercantiles, ya estaba comprometido en el cargo de Comisario de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. Inolvidable su elegancia en el decir el derecho, recomiendo leer su discurso de agradecimiento del premio [Joly].

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15 mayo 2017

La literatura en andaluz

Decíamos que la novela norteamericana Adventures of Huckleberry Finn, del año 1885, de Mark Twain (pen name de Samuel Langhorne Clemens) es un auténtico landmark o jalón de la expresión literaria de los modos de hablar que se alejan de la lengua inglesa estándar. No es sin embargo esta novela ningún caso único, ni prístino, de la evocación en la escritura de los hechos sociolingüísticos. En una visita a la nueva librería sevillana La caótica, en la calle José Gestoso, he visto un nuevo libro que se acumula a los innumerables estudios de literatura chicana. En español, tendríamos que recordar el inmenso caudal de la literatura hispanoamericana, por ejemplo las novelas y cuentos de Julio Cortázar (pensemos en Rayuela), en que el autor reproduce el habla de Buenos Aires (recuérdese en las primeras páginas, el lema graciosísimo de César Bruto, sobre "Lo que me hubiera gustado ser a mí si no fuera lo que soy"). O de este lado del Atlántico, el habla madrileña en las novelas de Benito Pérez Galdós.

A poco que reflexionemos, el fenómeno de la intrusión del habla popular en la literatura culta se nos aparece como ubicuo, tan sólo limitándonos a nuestra lengua. Otro caso sobresaliente es el del judeoespañol, en el que hay muchos testimonios escritos, incluso un Quijote en sefardí, al que ya me he referido [aquí]. La representación escrita del habla desviada del estándar, es sin embargo una práctica universal, que ya se puede encontrar en las letras grecolatinas. Se dice, por ejemplo, que Platón, que antes de escribir diálogos socráticos ya se había estrenado como autor de teatro, reproduce en sus diálogos juveniles la peculiar forma de hablar de la gente de la calle. Los evangelistas siguieron también esta práctica literaria. San Marcos, autor del evangelio más antiguo, incrusta en su redacción expresiones arameas, como la de este pasaje célebre (Mc 5, 40-42): "Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate». En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar".

El caso particular del habla andaluza no es ajeno a esta práctica. Sobre sociolingüística andaluza, hay que hacer mención del profesor Miguel Ropero Núñez (del que fui alumno en la universidad el curso 1981-1982), autor del pionero estudio El léxico caló en el lenguaje del cante flamenco (1978), que sigue reeditándose. Hay además un libro reciente, del profesor Francisco García Duarte (emigrado a Barcelona, nacido en Padul, Granada): La literatura en andaluz. La representación gráfica del andaluz en los textos literarios (que no he podido examinar). García Duarte quiere ver los primeros testimonios del andaluz escrito en la literatura costumbrista del siglo XVIII. Ejemplos muy conocidos de la literatura moderna, que a todos se nos vienen a la cabeza, es el teatro de los hermanos Álvarez Quintero (que pretendía reproducir el habla sevillana... para que se riese el público de Madrid). O el Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, que de manera muy sensible calca la forma de hablar de los niños de las calles de Moguer.

Pero si el reflejo literario del habla popular es una práctica antigua, tanto como el de la literatura escrita, en castellano podemos adentrarnos hasta los testimonios poéticos más tempranos de nuestra lengua, en el siglo XI: las jarchas mozárabes (Samuel Miklos Stern: Les vers finaux en espagnol dans les muwassahs hispano-hébraïques. Une contribution à l'histoire du muwassah et à l'étude du vieux dialecte espagnol 'mozarabe', Al-Andalus Revista de las escuelas de estudios árabes de Madrid y Granada, XII (1948). El Quijote (1605), en sí mismo, es ya todo un monumento de las variedades lingüísticas de su tiempo, comenzando por el habla rústica, "prevaricadora", de Sancho Panza, o si descendemos al detalle, en la expresión graciosa del vizcaíno (I, 8): Anda, caballero que mal andes; por el Dios que crióme, que, si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno... Sin embargo, y salvo que me falle la memoria, no se encuentra en todo el Quijote ninguna expresión lingüística que pueda calificarse de "andaluza". El caso es aún más llamativo, si repasamos la novela ejemplar, de ambiente sevillano, de Rinconete y Cortadillo. Explicar esta extraña ausencia del andaluz en Cervantes (él, de familia cordobesa, y criado en Sevilla), obliga a referirse a la diglosia andaluza (la situación en que el castellano es la norma culta, de prestigio, para expresarse por escrito, mientras que el habla andaluza es la que se emplea en la conversación doméstica y de la calle, la de todos los días). Cervantes tal vez no hablase andaluz (se educó en Madrid), pero oía hablar andaluz todos los días, cuando estuvo en Sevilla, escribiendo sus novelas o el Quijote. Hay que pensar que Miguel de Cervantes fue un escritor culto, que escribía para un público culto, aunque la materia narrativa fuese popular (como La gitanilla, o el Rinconete y Cortadillo). Para Cervantes, que escribía entonces en la rigurosa norma castellana (que era la suya propia de hablante), la forma de hablar del pueblo de Sevilla no sería pretexto para introducir ninguna parodia en sus relatos (como si lo era la de los vizcaínos), porque el andaluz era el medio en que se movía.

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