03 octubre 2018

David y el anacronismo jurídico

Immanuel Kant distinguía la pregunta sobre el derecho en general, quid sit ius? de la pregunta por los derechos en particular, quid sit iuris? Suponemos que el derecho es la esencia universal, válida para todo tiempo y lugar. Por definición el derecho no padece anacronismo. Por el contrario, los derechos sí corresponden a un tiempo y a un país concretos, y deben manejarse por la jurisprudencia [eus]. Cabe todavía ver el asunto de un modo ecléctico. Existe el derecho (en singular), pero sólo conocemos derechos (en plural). Esta sería la versión jurídica del agnosticismo kantiano. No podemos definir el derecho porque es, como otros conceptos análogos (la justicia, la equidad) un apriori de la mente. Nos contentamos con decir a cada momento si esto o aquello es lo justo, lo debido. Hay que pensar entonces que el derecho es universal, pero se encarna en el tiempo. Es algo permanente y mudable, a la vez. Los hombres somos aves de paso y sólo sabemos de las cosas justas que nos caen cerca, no de la justicia misma, que no sabemos definir sin referirla a una situación injusta concreta, de aquí y de ahora. Por eso se dice que el tiempo es la cuarta dimensión del derecho (las tres dimensiones clásicas son la norma, el hecho y el valor).

El anacronismo jurídico consiste en aplicar un derecho, una ley, una norma, a un tiempo distinto del propio que les corresponde. Una ilustración del anacronismo jurídico es ese grabado de Lucas Cranach, Ahimelech gibt David die Schaubrote, para la Biblia del Rey Jaime, donde David y su tropa, estacionada en el templo de Nob (1Sam 21), parecen caballeros renacentistas, y no soldados israelitas. Hay algo que choca, porque sus vestimentas no son las propias del tiempo de la historia bíblica, sino las del tiempo de los lectores (de los días de Cranach, habría que precisar). Un anacronismo jurídico funciona con el mismo resorte. Seguimos.

Desde un punto de vista técnico, el derecho, en relación con el tiempo, genera una disciplina difícil, el derecho intertemporal o transitorio [ej], que combina la lógica con la equidad. Pero no es un ningún arcano, porque la gente corriente trata a diario con estos asuntos. Por ejemplo, cuando se habla de un alquiler "de renta antigua", o de un plan de estudios "extinguido", y ahora los vehículos de motor eximidos por su antigüedad de cumplir las nuevas medidas de control de emisión de gases. Estos casos (y otros muchos más que se nos puedan ocurrir) ilustran esa idea de que el derecho vive en el tiempo.

El derecho transitorio es una manifestación, si se quiere, del microderecho o derecho del corto plazo. En el tiempo que nos toca vivir hay que pensar que el derecho cambia, pero no tanto. Ese "tanto" de cambio es muy difícil de definir. En tiempos tranquilos el cambio es gradual, pero en las revoluciones y coup d'état el cambio es abrupto y pone todo patas arriba. Si hago memoria de mis abuelos, veo que tuvieron el raro privilegio de presenciar tres revoluciones jurídicas en España (la Segunda República y la Guerra Civil, el régimen de Franco, y la transición a la democracia). A pesar de todo, a lo largo de todo el siglo pasado continuó en vigor, a trancas y barrancas, el viejo Código civil de Alonso Martínez de 1889 [rah]. En derecho no todo es mudable, sino que conserva un tuétano que sobrevive a los cambios políticos. A este propósito hay que repetir la sentencia del jurista alemán Otto Mayer, «Verfassungsrecht vergeht, Verwaltungsrecht bestehet» (el derecho constitucional pasa, el derecho administrativo permanece). Pero el divorcio matrimonial sería un epifenómeno de las revoluciones (véase Marriage and morals, de Bertrand Russell, libro del año 1929).

Yo sólo he visto una revolución, la transición democrática, y podría contar algunas anécdotas disfuncionales de una facultad de derecho que aún padecía inercias pasados cuatro años de la Constitución de 1978. Las leyes cambian más rápido que las mentes, pero los derechos, en sustancia, siguen siendo los mismos. Todavía aplicamos el Código de Comercio de 1885, pero ya no es como al principio, ha cambiado. Por ejemplo, el artículo 6º rezaba antiguamente que "la mujer casada, mayor de 21 años, podrá ejercer el comercio con autorización de su marido, consignada en escritura pública que se inscribirá en el Registro Mercantil". Si nos fijamos en este microcaso del Código de Comercio, lo que cambia no es el derecho (ni siquiera los derechos), sino que cambian los tiempos: The Times They Are a-Changin' cantaba Bob Dylan en los días de revolución hippie. En todo este tiempo ha cambiado muy rápido la consideración de la mujer, y el derecho ha seguido a la zaga de esos cambios de mentalidades. Si las mujeres se dedican al comercio, no tienen más remedio que cambiar las leyes. Porque hoy ya hay hasta mujeres banqueras, como ha sido el caso pionero de Carmela Arias, condesa de Fenosa [elcorreogallego].

Para explicar mejor esta idea del derecho en el tiempo, voy a contar un cuento, un apólogo. En el evangelio de San Marcos (2,23-28) se lee que Jesús disputaba con los fariseos, porque sus discípulos arrancaron espigas de un sembrado en sábado, día de precepto. El debate se centra en un aspecto de legalidad: Ecce, quid faciunt sabbatis, quod non licet? Este non licet es un tecnicismo leguleyo a más no poder (unlawful on the sabbath, se lee en la versión inglesa). Ya se habrá visto por dónde van los tiros, por lo que hemos dicho, que Jesús ya sentía el precepto del sábado como un anacronismo jurídico... Pero el Maestro salta con una narración, como buen judío versado en la interpretación de las escrituras: Numquam legistis quid fecerit David...? «¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?». A primera vista, David parece que hubiera cometido un sacrilegio o profanación ("tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos"). Pero examinado el asunto con más detenimiento, la cosa cambia, o así me parece. Hay que leer el relato del primer libro de Samuel, cuando David huye de la presencia del rey Saúl, que quiere matarlo:

"David llegó a Nob, donde estaba el sacerdote Ajimélec. Este salió a su encuentro muy asustado y le dijo: «¿Por qué estás tú solo, sin nadie que te acompañe?». David respondió al sacerdote Ajimélec: «El rey me dio un encargo y me dijo: «Que nadie sepa nada de la misión que te encomiendo ni de la orden que te di». En cuanto a los demás muchachos, les he dado cita en tal lugar. Si tienes a mano cinco panes, o lo que sea, dámelos ahora mismo». El sacerdote respondió a David: «No tengo a mano pan común; sólo hay pan consagrado, con tal que los muchachos se hayan abstenido de tener relaciones con mujeres». «¡Seguro que sí!, respondió David al sacerdote; las mujeres nos han estado vedadas, como siempre que yo salgo de campaña. Si los muchachos mantienen puros sus cuerpos aún en una expedición profana, ¡con mayor razón tendrán hoy sus cuerpos en estado de pureza!». Entonces el sacerdote le dio pan consagrado, porque allí no había otro pan que el de la ofrenda, el que se retira de la presencia del Señor cuando se lo reemplaza por pan fresco."

Las palabras decisivas son las primeras que dice David al sacerdote: Rex praecepit mihi negotium (ing: "The king gave me a commission and told me to let no one know anything about the business on which he sent me or the commission he gave me"). David usa una trapacería, con que engaña al sacerdote, induciéndole a entregar los panes consagrados (hbr. lehem kodesh, gr. artoi agioi, lat. panem sanctum, ing. holy bread, al. Schaubrote), reservados por la Ley al servicio del santuario (Lv 24,5-9). Eso parece una profanación. Pero si leemos con atención las palabras pronunciadas por David (Rex praecepit mihi negotium), caemos en la cuenta de que algo no encaja con nuestras presunciones. ¿Es que si hubiera sido realmente un enviado, un "comisionista" del Rey, estaría justificada su conducta? En el sentir del sacerdote, sí, porque el sacerdote Ajimélec no interpone ninguna excusa seria para entregar a David el pan del templo (salvo la objeción de legista, si mundi sunt pueri maxime a mulieribus?).

En este pasaje del primer libro de Samuel descubrimos algo que no entendemos, que en el antiguo Reino de Israel no existía algo así como la separación de iglesia y de estado, tal como hoy la concebimos en las democracias liberales. En el Reino de Israel, el rey era ungido por el Señor, y estaba investido de autoridad religiosa, con poder incluso de disponer del pan del templo (por sí o por sus enviados), en casos excepcionales. Cometeríamos un anacronismo si enjuiciasemos los hechos de David conforme a los esquemas juridicos de nuestro tiempo (de igual manera que Lucas Cranach ataviaba a David y a su tropa con vestidos del siglo XVI A.D., casi como las puestas en escenas postmodernas de las óperas de Richard Wagner [país]).

Si ahora volvemos a la discusión de Jesús con los fariseos, que le preguntaban : Ecce, quid faciunt sabbatis, quod non licet? Jesús invoca el ejemplo de David en el templo, que sustrajo o birló ("hurtar algo sin intimidación y con disimulo") los panes consagrados (lehem kodesh). Jesús entonces no pretendía que sus discípulos estuviesen infringiendo la Ley del sábado (Lv 23,3-4), quod non licet, sino que defendía la posibilidad de aplicar la Ley de manera equitativa y flexible, adecuada a los tiempos. Eso ya no es anacronismo, sino cambio jurídico. Es la revolución que vino con Jesús.


Imagen :  Ex Voto: Agents of Faith | Votive Interiors Project | Bard Graduate Center 2016 [via]

.

27 septiembre 2018

Miguel de Unamuno, spanish poet

Los libros viejos que encuentro en el mercadillo son, salvo rarísimas excepciones, muy humildes. A este propósito dice Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena. Uno de los últimos me ha gustado mucho. Se trata de A Short Biographical Dictionary of Foreign Literature, del erudito inglés (¿o escocés?) Robert Farquharson Sharp (1864-1945). London ; Toronto New York : J.M. Dent & Sons, ltd. ("Everyman's Library"), 1933. Comprado en El Jueves por 2 €, el librito procede de expurgo de la library del clásico Instituto Británico de Sevilla de la calle Federico Rubio (por donde el antiguo foro romano y la judería).

Cuando lo estuve hojeando, para comprobar qué bueno era, el primer nombre que se me vino a la cabeza fue Verne, Jules (1828-1905), con dos páginas con detalles de los títulos de sus novelas en francés; la última reseñada, La Phare au bout du Monde ('The Lighthouse at the End of the World'), 1905.

Un examen más detenido me sirvió para tener certeza de que también, en cuanto a la literatura española, este Short Biographical Dictionary es realmente bueno. Se encuentra por ejemplo la entrada Quevedo y Villegas, Francisco Gómez de (1580-1645), Spanish author, con 21 líneas. La última obra reseñada es Vida de Marco Bruto, 1644.

El libro contiene una "List of Authors, arranged by Languages". Bajo el epígrafe Spanish, se listan 24 autores: el primero Juan de Mariana (1535?-1624), y el último, Salvador de Madariaga (b. 1886). Llama la atención que la lista salte de repente desde Pedro Calderón de la Barca (1600-81) a Juan de Valera (sic) (1824-1905). Y es llamativo que de estos autores españoles, diez vivían el año de edición del Dictionary, incluídos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero (popularísimos entonces), o Miguel de Unamuno (b. 1864) aunque también Gregorio Martínez Sierra (b. 1881), spanish novelist and dramatist, hoy olvidadísimo. Están los hermanos Machado (Antonio y Manuel, cada uno por separado), pero no Juan Ramón Jiménez, no sé por qué. Robert Farquharson Sharp estaba en general muy bien informado de la literatura española (como de otras tantas, por ejemplo la rumana, con cuatro autores, incluído Eminescu). Como muestra de accuracy, copio la entrada cortita de Antonio Machado (10 líneas):

MACHADO, ANTONIO (b. 1875). Spanish poet and dramatist, was born at Seville. He has held professorships successsively at Soria, Boeza [sic], and Segovia. In 1927 he was elected to the Spanish Academy. Several of his plays have been written in collaboration with his brother Manuel (q.v.). His works include: Soledades, 1903; Galerías, 1907; Campos de Castella [sic], 1912; Poesías, 1917 and 1928; Desdichas de la Fortuna (with his brother Manuel), 1926; Juan de Mañara (with his brother Manuel), 1927; La Lola se va a los Puertos (with his brother Manuel), 1930.

En la entrada dedicada a Manuel Machado (b. 1874), que sigue a la de Antonio por riguroso orden alfabético, dice al final: "For plays written in collaboration with his brother, see Machado, Antonio."

.




14 septiembre 2018

Nuevo elogio del ajedrez

Este verano, paseando por el mercado o rastro sevillano del Jueves, me encontré con un libro viejo de ajedrez, del campeón de España Dr. Ramón Rey Ardid, Los principios del ajedrez (Zaragoza, Tipografía "La Académica", 1943, 4ª ed.). Es un libro lleno de diagrámas y ejercicios, muy bien estructurado y contado. Me parece tan familiar como una gramática latina o un curso de geometría, y me ha estimulado a reverdecer mi afición al juego. Aprendí con siete años, aunque nunca he sido un "jugador de club", lo que siento como una carencia. Hacer un elogio del ajedrez, como el de cualquier otra actividad grata que no sea un deber (como es practicar el piragüísmo, estudiar inglés, asistir a conciertos de música, o leer a Stefan Zweig), parece un ejercicio escolar, pero es siempre necesario repetirlo. Este va a ser mi modesto elogio a un juego que me ha hecho disfrutar durante muchas horas de ocio. 

CABALLERESCO. En su origen el ajedrez debió ser un juego de aprendizaje de príncipes y caballeros, que completaba los entrenamientos de palestra. Platón y Aristóteles lo habrían estudiado en sus tratados políticos, si hubiesen conocido el juego. Pero el ajedrez tiene ya otro sentido en las sociedades modernas. El jugador puede sentirse como un príncipe (o como una dama, si es jugadora, no hay que olvidar la perspectiva amplia del género), y le libera mentalmente de un entorno desagradable. No digo sólo de la pobreza, pero también de los ambientes groseros de la gente adinerada. El ajedrez es un juego de gran elegancia espiritual, que puede cultivarse en cualquier barriada o pueblo del país. Representa la popularización del espíritu caballeresco. 

BARATO. El ajedrez es un juego muy barato, apto para ser un juego popular. El otro día me acerqué a la juguetería Osorno, en San Pablo (enfrente de la Magdalena), y me compré un tablero plegable de batalla, por sólo 15 euros. Una equipación infantil para jugar al fútbol (camiseta, calzón y calcetines), con el escudo de uno de los equipos de la ciudad, de marca, no baja de los 60 € (y además tienes que comprarte los botines, y costearte el balón). El ajedrez se juega en cualquier sitio, y basta con un tablero (aunque sea de papel), y las 32 piezas (aunque sean de plástico). El resto lo pone la imaginación de los jugadores. 

LIMPIO. Los jugadores de ajedrez suelen referir que casi nunca han presenciado (ni menos protagonizado) ningún enfado o discusión seria. El juego también consiste en comportarse ante el tablero como damas o caballeros. Es un juego transparente, en que son imposibles las trampas. No provoca comportamientos violentos, sino que hace pacíficos y tranquilos a los jugadores. Otros juegos (como el fútbol) no tienen más remedio que ser violentos, porque consisten precisamente en explotar la fuerza física. Tal vez por eso el fútbol sea sobre todo masculino. Pero la práctica conjunta del ajedrez y del fútbol sería lo más equilibrado. Yo propondría que en todas las escuelas de fútbol se incluyese en los programas de entrenamientos unas horas dedicadas al ajedrez. El futbolista jugaría mejor al fútbol.

UNIVERSAL. El ajedrez es universal, no tiene fronteras. No importa tu lengua, tu cultura, tu credo, tu nación. Frente al tablero todos los jugadores son iguales. El fútbol parece también serlo, pero el juego de la pelota es un privilegio masculino y de la juventud. El ajedrez es para todos, de todas las edades. Por eso inculca un sentido de convivencia y hermandad. El ajedrecista no será mejor o peor ciudadano o miembro de una familia, pero con el juego adquiere valores muy útiles para enfrentarse a la lucha por la vida.

Imagen [via]: "Ramón Rey Ardid, Doctor en psiquiatría y en ajedrez": Si un tablero tan pequeño no llega a dominarse, ¿cómo llegaremos a dominar nada en la vida?

.

13 julio 2018

Miguel de Cervantes y el Baedeker

Después de leer Los trabajos de Persiles y Sigismunda, obra póstuma de Miguel de Cervantes, sólo digo que es un libro maravilloso. Es un sublime conjunto de historias y de perlas de sabiduría. En efecto, como el mismo Cervantes ya sabía, podría extraerse una hermosa colección de aforismos de esta novela (y en general, de toda su obra, como ya hizo el hispanista turinés Aldo Ruffinatto en su Flor de aforismos peregrinos, publicada en 1995). No menos, el Persiles es una exaltación de los viajes por el puro placer de viajar, como lo es también el placer de leer libros. Leer y viajar, pero también escribir, fueron ocupaciones constantes de Cervantes (también los negocios y el juego de naipes), y estos Trabajos son la suma de una vida, en que no es difícil descubrir el componente autobiográfico. La peregrinación es propia del hombre, sufriendo y gozando las aventuras, como la vida misma, y por eso Los trabajos de Persiles y Sigismunda  nos apasiona. No hemos llegado a Islandia ni a la isla de Tule, pero nos imaginamos en esa navegación.

Otra cosa es que hoy ya se haya perdido el sentido auténtico del viaje, como el auténtico placer de leer libros, y por eso cuesta tanto trabajo leer y comprender a Miguel de Cervantes. Un amigo, de regreso de Madrid, me contaba lo fácil que era andar por la gran ciudad (nosotros que somos de un pueblo grande como es Sevilla). Con el google basta indicar "cómo se va a la plaza de Antón Martín", para que la pantalla te diga en el mapa cómo callejear desde cualquier esquina. Así se explica que los turistas chinos, japoneses y coreanos andan por las calles de nuestras ciudades como Pedro por su casa, sin necesidad de preguntar nada a nadie: lo tienen todo, todo, explicado en la pantalla de su smartphone. A su lado, yo casi sigo en la edad de piedra, y pienso que ya se ha olvidado el discreto encanto de perderse en la ciudad desconocida, única manera de conocerla, pateándola, y preguntando a cualquiera: "Perdone, señor (o señora, o joven), ¿cómo se llega a la plaza mayor?". Nunca se me olvidará mi juvenil vagabundeo por las calles de París, en los tiempos de antes del google. Algunos parisinos hacían buena su fama de antipáticos, y nada más que amagaba con preguntarles una dirección, me volvían la cabeza. Pero otros en cambio eran más amables. No se me olvidará jamás en la vida el cariño con que una mujer mayor (con edad de haber sufrido la guerra) me invitaba a conocer Les Vignes de Montmartre [lefigaro].

¿Qué diría Miguel de Cervantes de todo esto? Yo estoy convencido de que hoy nuestro príncipe de los ingenios sería un gran usuario de las nuevas tecnologías (como lo sería otro gran viajero de la antigüedad, Pablo de Tarso). De hecho, en el Persiles defiende los baedeker de su tiempo, las "guías turísticas" que tenía a mano. En el capítulo octavo del tercero libro [cervantesvirtual] se contiene el famoso apóstrofe de la ciudad de Toledo: "¡Oh peñascosa pesadumbre, gloria de España y luz de sus ciudades, en cuyo seno han estado guardadas por infinitos siglos las reliquias de los valientes godos, para volver a resucitar su muerta gloria y a ser claro espejo y depósito de católicas ceremonias! ¡Salve, pues, oh ciudad santa, y da lugar que en ti le tengan éstos que venimos a verte!".

Y a continuación, en palabras del mismo autor, la defensa de los libros de viajes: "las lecciones de los libros muchas veces hacen más cierta esperiencia de las cosas, que no la tienen los mismos que las han visto, a causa que el que lee con atención, repara una y muchas veces en lo que va leyendo, y el que mira sin ella no repara en nada, y con esto excede la lección a la vista".

En fin, recomiendo de verdad este libro maravilloso que son Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Después se puede seguir con la atractiva e innovadora biografía cervantina, del catedrático de la Complutense José Manuel Lucía Megías. Hasta hoy se han publicado dos volúmenes: La juventud de Cervantes. Una vida en construcción [edaf] y La madurez de Cervantes. Una vida en la corte [edaf]. El próximo septiembre se anuncia la última entrega: La plenitud de Cervantes [lanzadigital], lo que es una magnífica noticia para el planeta cervantino.

.

05 julio 2018

Don Marcelino en El Jueves

Otro gran bibliófilo, artífice de la biblioteca que lleva su nombre en Santander [bmp], y director, hasta su muerte en 1912, de la Biblioteca Nacional [bn], es naturalmente don Marcelino Menéndez Pelayo. En su calidad de coleccionista de libros, tal vez sólo tenga como igual a don Hernando Colón, hijo del Almirante, sepultado en la catedral de Sevilla, del que recibimos, muy maltrecha de saqueos, la Biblioteca Colombina. Esta mañana hice acto de presencia en el mercado de la calle Feria, sin ver nada de particular (porque ya estamos en verano), si no fuese por un par de libritos de la colección "Austral" de Espasa-Calpe, que son mi debilidad. Uno es San Isidoro, Cervantes y otros estudios, de Marcelino Menéndez Pelayo. Selección y nota preliminar de José María de Cossío (Madrid, 1959, 4ª ed.). Contiene entre otros el estudio "Cultura literaria de Miguel de Cervantes y elaboración del Quijote", discurso leído en el Paraninfo de la Universidad Central en la solemne fiesta académica de 8 de mayo de 1905. Es interesante porque fue la ocasión en que don Marcelino se pronunció en público sobre Cervantes y el Quijote. Tiene la curiosidad de llevar un sello con su precio antiguo, "Pesetas 40". El otro austral es un tomo de la serie de Vidas paralelas de Plutarco, este contiene las de Cicerón y Demóstenes, y Demetrio y Antonio (Madrid, 1969, 4ª ed.). Otra curiosidad, es que lleva adherido sello de la librería Tarsis, de cuando estaba en la calle Méndez Núñez, 17, dando a la plaza Nueva. Ambos dos a un pavo. Con esto parece que me gradúo de coleccionista de los tomitos antiguos de la colección Austral, aunque a los que tengo más aprecio son los que me regalaron o compré de adolescente.

.

04 julio 2018

El Persiles es para el verano

Cervantes nunca defrauda, leyendo cualquier parte de su varia obra, incluso sus poesías. Algunos veranos, pareciéndome que no tenía nada mejor que leer, me he llevado a los ojos el Quijote, que siempre divierte. Pero este verano ha sido la hora de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional, su obra póstuma de 1617, que ya estoy leyendo. El Quijote es la novela popular, por la atracción irresistible de sus personajes protagonistas, auténtica creación universal, porque son un arquetipo del espíritu humano (el gordo y el flaco, o el clown listo y el payaso tonto, el augusto, o el rústico de las comedias antiguas..., y así sucesivamente). En comparación, el Persiles es un libro hiperclásico, destinado a un público lector distinguido (no ahorro advertencias para quien se plantee leerlo). El Quijote nos da la risa, el Persiles no, es más serio. Sin embargo, hay quienes piensan que el Persiles puede superar en excelsitud al mismo Quijote, por ser una obra artística sublime. Así que debe existir un secreto club de fans del Persiles, como lo habrá de otros clásicos de nuestra lengua que se tienen por difíciles, a los que me apunto, como es por ejemplo el Criticón del jesuíta Baltasar Gracián. Por ser de aventuras marítimas, el Persiles es una lectura refrescante del verano, leído al resguardo de los peligros de la mar. Yo me atrevería a afirmar que no se entenderá nunca nada bien el Quijote sin haber leído el Persiles, porque esta es novela donde se compendia y expresa a rienda suelta el arte literario de Miguel de Cervantes. Es, en síntesis, la literatura en estado puro, compuesta sin parar de relatos por el puro placer de contar historias. Esto es parte de nuestra naturaleza, desde que siendo niños nos contaban fábulas de brujas y monstruos para asustarnos benignamente. ¡Qué grande es Cervantes!

.

28 junio 2018

Karl Rahner en El Jueves

La otra mañana, tomando el café mañanero, comentamos con un profesor de historia del arte el nuevo libro de Walter Isaacson, "la biografía" de Leonardo da Vinci, que ya tengo apuntada como posible lectura de verano [amazon]. Me contaba que posee una biblioteca de unos 5000 libros, y la verdad es que me gana por la mano, porque no pretendo entrar en esa competición, cuando ya voy entrando por la senda del desprendimiento. Hoy en el mercado sevillano de El Jueves, en la calle Feria, me ha ido francamente bien. Se ve que mi ángel de la guarda ha querido hacerme un regalo para endulzarme la vida. Por cinco euros, hoy me he llevado un lote de tres libritos, que los veo bastante bien, juzgue el lector:

1.- José Hernández Díaz, La Universidad Hispalense y sus obras de arte. Publicaciones de la Universidad de Sevilla (Imprenta Editorial de La Gavidia, de la ciudad de Sevilla), 1942. Con 30 láminas que reproducen fotografías del Laboratorio de Arte de la Facultad de Filosofía y Letras. Es una pequeña joya bibliográfica, que acrecienta mi "colección universitaria", junto a las historias de la universidad de Martín Villa o de Francisco Aguilar Piñal, el patrimonio monumental y artístico de Teodoro Falcón, o los catálogos de la biblioteca universitaria de Juan Tamayo y Francisco y Julia Ysasy-Ysasmendi, o de Rocío Caracuel y Aurora Domínguez Guzmán, por ejemplo.

2.- Karl Rahner (1963), Oyente de la palabra. Fundamentos para una filosofía de la religión. Barcelona, Herder, 1967.

3.- Las correcciones al catecismo holandés. Suplemento al nuevo catecismo. Texto redactado por E. Dhanis, J. Visser y H.J. Fortmann, delegados, respectivamente, de la Comisión cardenalicia y del Episcopado holandés, en cumplimiento del Dictamen de la Comisión cardenalicia. Prólogo del doctor don Laureano Castán Lacoma, obispo presidente de la Comisión española para la doctrina de la fe. Complementos a la edición española por Cándido Pozo. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1969.

También hay que contar lo que no se lleva uno. Ví una vieja edición de El espíritu de la liturgia, de Romano Guardini, por la que me pedían 3€, pero aún así me pareció un precio caro para un libro con los cantos roídos por los ratones. El librero no hizo amago de rebajármelo, así que sea para otro.

.

22 junio 2018

Un día sin mexicanos

La película Un día sin mexicanos (los gringos van a llorar), de título original A Day Without a Mexican (Sergio Arau, 2004), yo no la he visto. En el "tomatómetro" del sitio Rotten Tomatoes, alcanza una puntuación por parte de los críticos de cine del 27% [ver], así que debe ser una película flojita, una comedia de puro entretenimiento sin pretensiones. No obstante, es una película que ha quedado en esa cosa que llaman (y no se sabe muy bien qué es), el imaginario colectivo, o al menos yo la tengo presente algunas veces. Se trata de qué pasaría en la vida cotidiana de las familias de Norteamerica, si un buen día desaparecieran como por encantamiento los mexicanos, esa legión de trabajadores subalternos, muchas veces explotados en condiciones precarias, o incluso en la ilegalidad. Una trasposición a la realidad española, dicen que sería "un día sin latinoamericanos", pero también valdría un día sin magrebíes (que los tenemos más cerca), o incluso un día sin gitanos. El planteamiento es muy bueno, porque nos hace reflexionar sobre el valor y dignidad singular de cada persona, sea cual fuere la ocupación a la que se dedique (se da por descontado ni el color de su piel), pero además con la extraña circunstancia que los trabajos más valiosos debe ser, precisamente, aquellos que tendemos a despreciar más, los de limpiar o servir, etc. Valga esto como tip of the day.

.

19 junio 2018

La oración mafiosa

... El Papa finalizó invitando a rezar “por los enemigos” porque, además “creo que todos nosotros los tenemos”. “Nos hará bien pensar en alguno que nos ha hecho el mal, que nos quiere hacer el mal o busca hacer el mal. La oración mafiosa es ‘me la pagarás’” pero “la oración cristiana es ‘Señor, dale tu bendición y enséñame a amarlo’. Rezamos por él” (el Papa Francisco, hoy martes 19 de junio de 2018).

Alguien cercano a mí ha tenido el privilegio de asistir esta mañana temprano a la misa en la "Casa de Santa Marta", en el Vaticano. La predicación ha versado, según medios de prensa, sobre algo tan cristiano, y tan difícil de entender para el mundo, como es el perdón y el amor a los enemigos [Aciprensa].

.

18 junio 2018

Aquilino Duque en la librería Reguera

Ya estoy un poco harto de contar los libros viejos que compro en El Jueves, en la calle Feria, así que ya es hora de que cambie de registro y haga también moderada reseña de libros nuevos. Como este de ahora, La palabra secreta. Antología 1958-2018, del escritor y poeta sevillano Aquilino Duque [Renacimiento], edición de Juan Lamillar. Es una antología de poemas de este veterano escritor, nacido en Sevilla en 1931, desde su primer libro de poemas, La calle de la luna (1958), hasta el último, Entreluces (2009) y de tres poemas inéditos (el último "Pepe Luís Vázquez in memoriam"). Lo he comprado esta mañana en la librería Reguera, junto a la iglesia de Santa Catalina (en restauración, Dios sabe hasta cuándo). Alguna vez he comentado que esta librería tiene la vitrina más interesantes de libros de Sevilla, quizá junto con la de la librería Palas (en la calle Asunción, en Los Remedios). Recuerdo mucho la de Céfiro, en la calle Virgen de los Buenos Libros, ya perdida como la de la librería Sanz, que conocí de niño en la calle Granada, junto al Ayuntamiento, que tenía aspecto oceánico (como decía Antonio Burgos, recordándola), con tantos libros nadando unos encima de los otros. Habría mucho que decir de por qué ya no hay tantas vitrinas de libros (y en general de por qué ya no hay tantas librerías). Los libros ya no se difunden en los escaparates, sino en el internet, como si fuese la ropa de moda que se compra la gente joven. Mirar libros de los escaparates va siendo cosa de los últimos románticos como nosotros.

.