14 noviembre 2018

El óbolo de la viuda

He tomado un par de notas en la reciente lectura del célebre pasaje del óbolo de la viuda (Mc, 12), donde Jesús enseñaba: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir». No me voy a detener a comentar el evangelio, porque no soy predicador. Simplemente voy a poner la lupa en un par de versículos, y en su traducción.

En el versículo 41, San Marcos escribe que Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo, en griego  γαζοφυλάκιον, que estaba situado en el patio de las mujeres, en el Templo de Jerusalén. La traducción latina, gazophylacium, ya es en sí misma un grecismo. Veo como cosa curiosa que esta voz se ha utilizado como equivalente de tesoro, thesaurus, en el título de algunos diccionarios antiguos. Por ejemplo, el Gazophylacium Catalano-Latinum, dictiones phrasibus illustratas, ordine literario comprehendens, cui subjicitur irregularium verborum elenchus. Auctore Joanne Lacavalleria et Dulach V.I.D. Anno 1696. Barcinone: apud Antonium Lacavalleria, In Via Libraria [viquipèdia]. Lo que sí me interesa comentar es que no está justificado mantener esta forma, gazofilacio, en las traducciones castellanas (p.ej. en la Nácar Colunga, y en la Biblia de Navarra), a menos que el oyente del evangelio deba llevar en el bolsillo un Diccionario de la Lengua Española para entender la palabra y el pasaje ('gazofilacio' está en el diccionario). El evangelio no es para eruditos.

También es interesante el versículo 42, que dice en griego: καὶ ἐλθοῦσα μία χήρα πτωχὴ ἔβαλεν λεπτὰ δύο, ὅ ἐστιν κοδράντης (llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre). Lo llamativo de esta frase es que cuando habla del λεπτόν (una monedilla) el evangelista se ve precisado a dar la equivalencia en la moneda romana κοδράντης, quadrans, cuadrante ("moneda romana de cobre que equivalía a la cuarta parte de un as"). Es un latinismo del texto griego. El evangelista quería que el texto fuese claro para la audiencia, y da el equivalente romano de la moneda griega. Nuestra imaginación se echa a volar (¿dónde se leyó por primera vez el evangelio más antiguo, el de Marcos?).

La traducción latina del versículo es aún más curiosa: Et cum venisset una vidua pauper, misit duo minuta, quod est quadrans. Esta redacción me produce la misma extrañeza que esas películas americanas, dobladas al español, en que en alguna escena los actores pasan a hablar español en la versión original. No veo por qué el texto de la Biblia latina debía precisar también, como hacía el griego, duo minuta, quod est quadrans. Supongo que los oyentes y lectores latinos del tiempo de San Jerónimo (siglo IV) sí podían discriminar el significado del cuadrante ("the smallest Roman copper coin, a quarter of an as, the sixteenth part of a sestertius").

No me voy a poner muy pesado, haciendo la comparación de las versiones modernas. Tan sólo indicaré las que sí y las que no me gustan. Ejemplo de traducción mala, lo lamento, es la Biblia de Nácar Colunga: llegándose una viuda pobre, echó dos leptos, que hacen un cuadrante. Lo primero, que dos leptos no hacen un cuadrante (dos monedas griegas "no hacen" una moneda romana). El evangelista quería expresar una equivalencia monetaria, no una suma del dinero. Y lo segundo, recae en ese defecto ya apuntado a propósito del gazofilacio. Que para entender esta traducción habría que llevar en el bolsillo, no digo ya un diccionario, sino una entera enciclopedia de arqueología bíblica. No me parece correcto verter el texto del evangelio es un puro sentido anticuario (hablando de leptones y cuadrantes), porque el texto original del evangelista ya pretendía acercarse a la realidad cotidiana de los oyentes, que sí sabían qué era un cuadrante (¿pero no qué era un leptón?).

Ejemplo de traducción, no ya buena, sino modélica, la de la New American Bible: A poor widow also came and put in two small coins worth a few cents. Una traducción que, creo, los especialistas llaman de equivalencia dinámica: no se trata de verter el equivalente exacto, originario, de λεπτὰ δύο, ὅ ἐστιν κοδράντης, sino la expresión equivalente que podrá entender un oyente de la palabra en nuestros días. La referencia al cuadrante puede estar bien en una nota erudita a pie de página, pero no en el texto traducido. Muy bien a few cents.

Otra traducción muy atractiva, es nada menos que de la King James Bible (1611), que por su data podríamos llamar "inglés cervantino" (o del tiempo de Cervantes). Dice así: And there came a certain poor widow, and she threw in two mites, which make a farthing (farthing era una monedilla equivalente a un cuarto de penique). Esta traducción tan sabrosa, es llamativa porque se esfuerza por traer el κοδράντης al equivalente monetario conocido de los oyentes (como si dijésemos, unos céntimos).

Por concluir con las versiones inglesas, es digno de destacar que la traducción de monseñor Ronald Knox (1945) sigue al pie de la letra la de la Biblia de Rey Jaime: and there was one poor widow, who came and put in two mites, which make a farthing [Knox]. No hay que pasar por alto que en los días de R. Knox, el farthing todavía se encontraba en circulación.

Es interesante apuntar que la King James Version sigue la misma línea de la versión áurea castellana de Cipriano de Valera, de la Biblia publicada en Amsterdam en 1602. Su traducción del versículo 42 es digna de nota: y como vino una viuda pobre, echó dos blancas, que son un maravedí. Mayor acercamiento a la realidad conocida de los oyentes o lectores de la Biblia (del tiempo de Valera, se entiende), imposible. Hoy en España ya no circulan ni las blancas ni los maravedíes, por lo que esta versión tiene un valor literario antiguo, no actual.

Y una última curiosidad. Cuando leí el texto griego, consulté la palabra κοδράντης en el famoso Diccionario manual griego clásico-español de José Manuel Pabón (1967). En su definición, el autor se molestó en dar el equivalente del cuadrante romano ¡en céntimos! Es una definición castiza, que pienso que la editorial Vox no debiera alterar ni modernizar, porque ya es historia.

Sobre el diccionario de José Manuel Pabón: "Por fin, griego clásico para catalanes. Vox edita la traducción al catalán del mítico diccionario de José Manuel Pabón" [ElPaís]. "El griego es la única asignatura que sufre en Cataluña una curiosa diglosia: las clases, las traducciones y los exámenes son en catalán, pero el diccionario base es en castellano".

Y sobre el diccionario griego, ver el artículo del profesor de la Universidad de Córdoba, especialista en griego del Nuevo Testamento, Jesús Peláez del Rosal [UCO]. "Los diccionarios bilingües, sin embargo, no suelen hacer distinción entre significado y traducción, salvo en determinadas palabras, por lo común, aquéllas que se refieren a términos de realia. Estos diccionarios al uso son más bien repertorios de palabras en los que a una palabra griega  corresponde una lista de palabras en la lengua de término, que no son el significado de la palabra, sino traducciones de la misma en contexto."

Ilustración [via]. "Preaching the opposite of what the Bible teaches. On Sunday most preaching on the Widow’s Mite will preach the opposite of what Jesus in the Bible is actually teaching."

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26 octubre 2018

La poesía irlandesa en El Jueves

Es otoño y llueve, y no hay manera de comprar libros callejeros en el mercado del jueves, en la calle Feria. Esta última semana he aprovechado para llevarme tres libros, modestos pero muy interesantes, que me han importado un total de 5 euros. Pero antes de reseñarlos, me gustaría hacerme eco de la publicación, muy esperada, del libro de Andrés Trapiello: El Rastro. Historia, teoría y práctica [Destino]. Es un libro importante para la cultura española, y diría que será, al menos para los que somos aficionados a las cosas antiguas o meramente viejas, el libro del año y el libro del siglo (lo que llevamos de siglo). Confieso que, después de leer el prólogo, me fui derecho al capítulo sobre "Arte y maña del regateo". Me ha hecho mucha gracias, porque yo también, a una escala mucho más modesta que Trapiello, también he escrito aquí una nota sobre la "Técnica del regateo en El Jueves" [ver]. Es un libro peligroso; la otra noche estuve leyéndolo hasta las tantas de la noche como si fuese un adolescente, olvidando que tengo que madrugar todas las mañanas a la hora de los asentistas del mercado. Es un libro, como todos los grandes libros, que se puede tomar y soltar por cualquier página (como Rayuela, como el Quijote). Y no digamos su valor documental gráfico (muchas fotografías son del propio autor). La única pega que le encuentro a este libro sobre el Rastro madrileño, es que repele la limpieza y pulcritud industrial de la edición de Destino. Dice Trapiello que los libros nuevos son más aburridos que los viejos (coincido en parte). Hubiera debido dar instrucciones para que la editorial le hubiese dado alguna patina de vejez, que sé yo, empleando algún material a propósito para la cubierta (igual que se venden los pantalones vaqueros ya envejecidos). Bueno, no quiero reseñar el contenido del libro (en tres partes, historia, teoría y práctica, incluído una selección de textos del autor sobre el Rastro), porque es mejor leerlo y disfrutarlo. Y ya paso a los libros viejos de nuestro particular rastro sevillano de El Jueves:

Antonio Gala (1981) : Charlas con Troylo. Introducción de Andrés Amorós. Madrid, Espasa Calpe, 1991. Ha sido una debilidad de horas bajas. Es sabido que son meditaciones que Gala dirigía a su perro, de nombre Troylo, que publicó en el dominical del diario El País entre 1979 y 1980. Al poco tiempo de concluir la serie (lo cuenta Amorós) se murió el perro. Voy a darle una oportunidad, y comprobar si estos artículos han resistido la prueba del tiempo.

Pablo Cavestany (de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, en catalán: Reial Acadèmia de Bones Lletres) : Defensa de la medianía. Barcelona, Editorial Juventud, 1955. Dice el autor (en la pág. 16): "... No puede ser inútil, en la ínfima medida a nuestro alcance, el intento de encaminar lo malo hacia lo mediocre. Para este que pudiéramos llamar Camino de imperfección basta con guías imperfectos o poco doctos, como el que pretende ser este libro. Él no conoce más que la mitad del complicado trayecto que va desde el delito a la santidad...". Libro curioso, aunque tal vez errado. Me acuerdo de un profesor de la facultad que nos decía que hay que aspirar a lo máximo, porque siempre quedaremos por debajo. Si de entrada nos conformamos con una medianía, nos hundimos.

Marià Manent (ed.) : La poesía irlandesa. Versión, selección y prólogo de Marià Manent. Sobrecubierta de Will Faber. Barcelona, Ediciones Lauro, 1952. Se trata de una selección de 75 poemas, traducidos del gaélico, la mayoría anónimos. No faltan, entre las poesías más antiguas, "El grito del ciervo", atribuída a San Patricio (siglo VII), y el "Saludo a Irlanda", atribuída a San Columbano (siglo XII). Es una poesía de íntimo lirismo, amante de la tierra, que yo asocio con los poemas de Rosalía, de innegable raíz céltica. Es un bello libro, que aún puede encontrarse a muy buen precio entre los libreros anticuarios. Sobre el escritor catalán M. Manent, antiguo traductor de Chesterton al castellano, ya hemos tenido ocasión de referirnos [aquí].

Y nada más por hoy. Hasta la próxima.

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24 octubre 2018

Debate sobre la juventud, el dinero y la Ley

El evangelio de san Marcos (10,17-31) relata que por el camino se le acercó a Jesús uno (εἷς, quidam) que, cayendo de rodillas, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?» El final del diálogo es conocido. Jesús le dijo: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres. «El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes». Este pasaje o perícopa se conoce popularmente como del joven rico. Es usual leerlo así en los epígrafes que incluyen los editores. Así, Augustinus Merk S.I., en el Novum Testamentum graece et latine, titula el pasaje: "Adolescens dives, de periculis divitiarum", y Nácar-Colunga, en la Vulgata latina: "Iuvenis dives, perfectionis cupidus". En cambio, La Bible de Jérusalem: "L'homme riche", y la Biblia de la Conferencia Episcopal Española: "El hombre rico".

Las finas pinceladas psicológicas de este relato magistral e imperecedero, persuaden de que el protagonista es un joven ingenuo, atropellado, que cae de rodillas ante Jesús para preguntarle casi tartamudeando. Llega a replicarle con cierta petulancia (hæc omnia conservavi a iuventute mea). Pero se nos cuenta que Jesús se enterneció al mirarle (Iesus autem intuitus eum dilexit eum, Ὁ δὲ Ἰησοῦς ἐμβλέψας αὐτῷ ἠγάπησεν αὐτὸν), aunque el joven, al oír la respuesta del Maestro, se marchó cabizbajo (contristatus in hoc verbo, abiit maerens). 

Cuando Jesús recordó al joven los mandamientos, le replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». Esta frase, en su aparente sencillez (a iuventute mea, ἐκ νεότητός μου), presenta dificultades de traducción. El idioma de las edades no es una simple cuestión de cronología, sino que depende del contexto cultural. Por ejemplo, en la African Youth Charter, se ha convenido que joven es "cualquier persona entre los 15 y los 35 años" (youth or young people shall refer to every person between the ages of 15 and 35 years). La Organización de las Naciones Unidas entiende que joven es la persona con la edad comprendida entre que ha acabado la enseñanza básica hasta que encuentra su primer trabajo (“youth” is often indicated as a person between the age where he/she may leave compulsory education, and the age at which he/she finds his/her first employment) [unesco].

En el diccionario de latín de Lewis & Short se lee esta definición de jŭvĕnis: "one who is in the flower of his or her age (mostly of persons older than adolescentes and younger than seniores, i. e. between twenty and forty years), a young person, a young man, a young woman" [Lewis&Short]. Pero esta horquilla de edad entre los veinte y los cuarenta años, para la iuventus, es tan imprecisa que no puede ayudarnos a echarle años al joven rico.

¿Cómo se ha resuelto la traducción de la respuesta del joven, a iuventute mea? En francés y castellano, estas son las versiones que he visto:

dés ma jeunesse (Bible de Jérusalem)
desde joven (Juan Mateos SJ)
desde la adolescencia (J.L. Alonso Schökel SJ). 

Estas traducciones tienden a la literalidad, aunque con una variante de interés, propuesta por el biblista Alonso Schökel en la Biblia del Peregrino (en el pasaje paralelo de Mt, 19,20 se lee adolescens, νεανίσκος). Las traducciones inglesas que he podido consultar son también interesantes:

from my youth (King James Bible)
since my childhood (Mk) / since I was a boy (Lk) (New American Bible)
since I grew up (Knox Bible)

La versión de la King James Bible sigue a la letra la Vulgata (igual que la de Martín Lutero: von meiner Jugend). La opción de la New American Bible, since my childhood [usccb], es tan sugerente como la de Alonso Schökel, aunque plantea más problemas de los que resuelve: ¿qué es un niño (a child, a boy)? La Convención de los Derechos del Niño (1989) dice que "se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad" (a child means every human being below the age of eighteen years unless under the law applicable to the child, majority is attained earlier) [hr]. Aparentemente, tampoco nos ayuda que se nos diga que un niño es un menor de edad. En castellano, la niñez se extiende desde el nacimiento hasta la pubertad [dle], ¡pero nunca hasta los dieciocho! Sin embargo, la definición de las Naciones Unidas parece muy adecuada para las culturas en que la mayoría de edad se alcanza más pronto (unless majority is attained earlier). 

Resta la versión que me parece la más acertada, la de Ronald Knox (The Holy Bible: A Translation From the Latin Vulgate in the Light of the Hebrew and Greek Originals, 1945): Master, he answered, I have kept all these ever since I grew up [Knox]. El joven le dice al Maestro, en la versión de Knox, que ha guardado los mandamientos (hæc omnia observavi) "desde que me hice mayor", since I grew up. En nuestro idioma, esta respuesta sólo la puede dar un joven, no una persona adulta. ¿Cuándo se hizo mayor, este joven? En la cultura judía, el Bar Mitzvah significa "joven que observa los mandamientos de la Ley de Dios" (precisamente como el joven del evangelio). La ceremonia sinagogal del Bar-Mitzvah, no atestiguada en las Escrituras, se celebra cuando el niño cumple los 13 años, es decir en la pubertad. Por tanto, si quisiéramos hilar fino, diríamos que el joven le dijo al Maestro que observaba los mandamientos desde la adolescencia, cuando alcanzó la mayoría de edad entre los judíos. Era pues joven, cuando se encontró con Jesús. Y por eso la versión de Knox no puede ser más precisa.

¿Por qué nos parece tan importante definir la edad del joven rico? Volvamos a leer la respuesta del Maestro al joven: Unum tibi deest... «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». Seguramente esta invitación a desprenderse de todo: quæcumque habes vende, et da pauperibus, sólo puede dirigirse a un joven. Santo Tomás de Aquino, en la Summa Theologica (Iª-IIae q.40 a.6), recurriendo a la Retórica de Aristóteles, dice que los jovenes son animosos y de gran corazón (iuvenes, propter caliditatem naturae, habent multos spiritus, et ita in eis cor ampliatur. Ex amplitudine autem cordis est quod aliquis ad ardua tendat. Et ideo iuvenes sunt animosi et bonae spei). Sólo a los jóvenes, por su naturaleza, se puede pedir que se desprendan de todo.

Por eso Ronald Knox anotó en este pasaje: "Our Lord may simply have been testing the young man’s resolution, or he may have been calling him to the special vocation of poverty. He does not make this demand of all, as we see in his treatment of Zacchaeus (Lk. 19.8)". Knox tiene razón, el Maestro no pide a todos que vendamos los bienes y los demos a los pobres (Our Lord does not make this demand of all), porque esta liberalidad extrema puede hacer daño a las personas que nos son más próximas. Pero Knox sólo tiene razón en parte, porque hay algo de lo que dice Jesús que sí toca a todos: Unum tibi deest... «Sólo te falta una cosa» ¿Qué nos habría dicho el Maestro a cada uno de nosotros, jovenes o mayores? ¿Qué es ese unum que falta, además de cumplir con la Ley de Dios? Hay una lección evidente: cumplir y observar los mandamientos no es bastante (unum tibi deest).

Cuando el joven le dijo al Maestro que cumplía los mandamientos desde que se hizo mayor (hæc omnia observavi a juventute mea) sitúa el debate en el cumplimiento, en la obediencia a la Ley, o en sus contrarios, la inobediencia y la transgresión, es decir, el pecado (peccatum). Santo Tomás de Aquino (que recurre aquí a la autoridad de San Agustín) define el pecado como dictum vel factum vel concupitum contra legem aeternam [Iª-IIae q.71 a.6]. Para entender de modo aún más amplio la desobediencia, hay que advertir que todas las leyes, en tanto sean racionales, derivan de la ley eterna (omnes leges, inquantum participant de ratione recta, intantum derivantur a lege aeterna), y obligan ante el "tribunal de la conciencia", in foro conscientiae [Iª-IIae q.96 a.4].

Si la obediencia a la Ley está en nuestra conciencia, la inobediencia debe tener el mismo origen. No son pues las riquezas las que estorban el cumplimiento de la Ley, sino la actitud interior. Santo Tomás de Aquino repite una enseñanza antigua: quod dicit apostolus, I ad Tim. ult., radix omnium malorum est cupiditas [Iª-IIae q.84 a.1], la codicia, el afán excesivo de riquezas (appetitus inordinatus divitiarum), es la raíz de todos los males. Explica Santo Tomás: "Videmus enim quod per divitias homo acquirit facultatem perpetrandi quodcumque peccatum, et adimplendi desiderium cuiuscumque peccati, eo quod ad habenda quaecumque temporalia bona, potest homo per pecuniam iuvari". Y resume el argumento citando al Eclesiastés: but money, it answers every need (Knox), el dinero todo lo puede, pecuniæ obediunt omnia. Con dinero, los hombres pueden perpetrar cualquier delito y cumplir todos sus caprichos, y desobedecer a las leyes.

No hay sin embargo que extraer una enseñanza tan amarga sobre el poder del dinero. Así lo explicaba el apóstol san Pablo en la primera carta a Timoteo: "A los ricos de este mundo, recomiéndales que no sean orgullosos. Que no pongan su confianza en la inseguridad de las riquezas, sino en Dios, que nos provee de todas las cosas en abundancia a fin de que las disfrutemos. Que practiquen el bien, que sean ricos en buenas obras, que den con generosidad y sepan compartir sus riquezas. Así adquirirán para el futuro un tesoro que les permitirá alcanzar la verdadera Vida."

Refiere el evangelio que el joven que se acercó a Jesús, al oír las palabras del Maestro, "se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes." Habríamos de pensar que el joven se marchó contristado, no porque tuviese mucho dinero, sino porque no entendió por qué habría de vender sus bienes y dárselo a los pobres. Carecía de experiencia sobre peligro de presumir de riquezas, la superbia vitae o jactancia de dinero. Pero era su juventud, no su dinero, lo que le nublaba el entendimiento.

Para terminar esta visita a paso ligero a la doctrina tomista, habría que recordar un dato interesante. La Summa Theologica se escribió pensando precisamente en los jóvenes, a los que Tomás llama, en el prólogo o prooemium [cth], principiantes (incipientes) que se estrenan en el estudio de la teología (novitios).

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03 octubre 2018

David y el anacronismo jurídico

Immanuel Kant distinguía la pregunta sobre el derecho en general, quid sit ius? de la pregunta por los derechos en particular, quid sit iuris? Suponemos que el derecho es la esencia universal, válida para todo tiempo y lugar. Por definición el derecho no padece anacronismo. Por el contrario, los derechos sí corresponden a un tiempo y a un país concretos, y deben manejarse por la jurisprudencia [eus]. Cabe todavía ver el asunto de un modo ecléctico. Existe el derecho (en singular), pero sólo conocemos derechos (en plural). Esta sería la versión jurídica del agnosticismo kantiano. No podemos definir el derecho porque es, como otros conceptos análogos (la justicia, la equidad) un apriori de la mente. Nos contentamos con decir a cada momento si esto o aquello es lo justo, lo debido. Hay que pensar entonces que el derecho es universal, pero se encarna en el tiempo. Es algo permanente y mudable, a la vez. Los hombres somos aves de paso y sólo sabemos de las cosas justas que nos caen cerca, no de la justicia misma, que no sabemos definir sin referirla a una situación injusta concreta, de aquí y de ahora. Por eso se dice que el tiempo es la cuarta dimensión del derecho (las tres dimensiones clásicas son la norma, el hecho y el valor).

El anacronismo jurídico consiste en aplicar un derecho, una ley, una norma, a un tiempo distinto del propio que les corresponde. Una ilustración del anacronismo jurídico es ese grabado de Lucas Cranach, Ahimelech gibt David die Schaubrote, para la Biblia del Rey Jaime, donde David y su tropa, estacionada en el templo de Nob (1Sam 21), parecen caballeros renacentistas, y no soldados israelitas. Hay algo que choca, porque sus vestimentas no son las propias del tiempo de la historia bíblica, sino las del tiempo de los lectores (de los días de Cranach, habría que precisar). Un anacronismo jurídico funciona con el mismo resorte. Seguimos.

Desde un punto de vista técnico, el derecho, en relación con el tiempo, genera una disciplina difícil, el derecho intertemporal o transitorio [ej], que combina la lógica con la equidad. Pero no es un ningún arcano, porque la gente corriente trata a diario con estos asuntos. Por ejemplo, cuando se habla de un alquiler "de renta antigua", o de un plan de estudios "extinguido", y ahora los vehículos de motor eximidos por su antigüedad de cumplir las nuevas medidas de control de emisión de gases. Estos casos (y otros muchos más que se nos puedan ocurrir) ilustran esa idea de que el derecho vive en el tiempo.

El derecho transitorio es una manifestación, si se quiere, del microderecho o derecho del corto plazo. En el tiempo que nos toca vivir hay que pensar que el derecho cambia, pero no tanto. Ese "tanto" de cambio es muy difícil de definir. En tiempos tranquilos el cambio es gradual, pero en las revoluciones y coup d'état el cambio es abrupto y pone todo patas arriba. Si hago memoria de mis abuelos, veo que tuvieron el raro privilegio de presenciar tres revoluciones jurídicas en España (la Segunda República y la Guerra Civil, el régimen de Franco, y la transición a la democracia). A pesar de todo, a lo largo de todo el siglo pasado continuó en vigor, a trancas y barrancas, el viejo Código civil de Alonso Martínez de 1889 [rah]. En derecho no todo es mudable, sino que conserva un tuétano que sobrevive a los cambios políticos. A este propósito hay que repetir la sentencia del jurista alemán Otto Mayer, «Verfassungsrecht vergeht, Verwaltungsrecht bestehet» (el derecho constitucional pasa, el derecho administrativo permanece). Pero el divorcio matrimonial sería un epifenómeno de las revoluciones (véase Marriage and morals, de Bertrand Russell, libro del año 1929).

Yo sólo he visto una revolución, la transición democrática, y podría contar algunas anécdotas disfuncionales de una facultad de derecho que aún padecía inercias pasados cuatro años de la Constitución de 1978. Las leyes cambian más rápido que las mentes, pero los derechos, en sustancia, siguen siendo los mismos. Todavía aplicamos el Código de Comercio de 1885, pero ya no es como al principio, ha cambiado. Por ejemplo, el artículo 6º rezaba antiguamente que "la mujer casada, mayor de 21 años, podrá ejercer el comercio con autorización de su marido, consignada en escritura pública que se inscribirá en el Registro Mercantil". Si nos fijamos en este microcaso del Código de Comercio, lo que cambia no es el derecho (ni siquiera los derechos), sino que cambian los tiempos: The Times They Are a-Changin' cantaba Bob Dylan en los días de revolución hippie. En todo este tiempo ha cambiado muy rápido la consideración de la mujer, y el derecho ha seguido a la zaga de esos cambios de mentalidades. Si las mujeres se dedican al comercio, no tienen más remedio que cambiar las leyes. Porque hoy ya hay hasta mujeres banqueras, como ha sido el caso pionero de Carmela Arias, condesa de Fenosa [elcorreogallego].

Para explicar mejor esta idea del derecho en el tiempo, voy a contar un cuento, un apólogo. En el evangelio de San Marcos (2,23-28) se lee que Jesús disputaba con los fariseos, porque sus discípulos arrancaron espigas de un sembrado en sábado, día de precepto. El debate se centra en un aspecto de legalidad: Ecce, quid faciunt sabbatis, quod non licet? Este non licet es un tecnicismo leguleyo a más no poder (unlawful on the sabbath, se lee en la versión inglesa). Ya se habrá visto por dónde van los tiros, por lo que hemos dicho, que Jesús ya sentía el precepto del sábado como un anacronismo jurídico... Pero el Maestro salta con una narración, como buen judío versado en la interpretación de las escrituras: Numquam legistis quid fecerit David...? «¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?». A primera vista, David parece que hubiera cometido un sacrilegio o profanación ("tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos"). Pero examinado el asunto con más detenimiento, la cosa cambia, o así me parece. Hay que leer el relato del primer libro de Samuel, cuando David huye de la presencia del rey Saúl, que quiere matarlo:

"David llegó a Nob, donde estaba el sacerdote Ajimélec. Este salió a su encuentro muy asustado y le dijo: «¿Por qué estás tú solo, sin nadie que te acompañe?». David respondió al sacerdote Ajimélec: «El rey me dio un encargo y me dijo: «Que nadie sepa nada de la misión que te encomiendo ni de la orden que te di». En cuanto a los demás muchachos, les he dado cita en tal lugar. Si tienes a mano cinco panes, o lo que sea, dámelos ahora mismo». El sacerdote respondió a David: «No tengo a mano pan común; sólo hay pan consagrado, con tal que los muchachos se hayan abstenido de tener relaciones con mujeres». «¡Seguro que sí!, respondió David al sacerdote; las mujeres nos han estado vedadas, como siempre que yo salgo de campaña. Si los muchachos mantienen puros sus cuerpos aún en una expedición profana, ¡con mayor razón tendrán hoy sus cuerpos en estado de pureza!». Entonces el sacerdote le dio pan consagrado, porque allí no había otro pan que el de la ofrenda, el que se retira de la presencia del Señor cuando se lo reemplaza por pan fresco."

Las palabras decisivas son las primeras que dice David al sacerdote: Rex praecepit mihi negotium (ing: "The king gave me a commission and told me to let no one know anything about the business on which he sent me or the commission he gave me"). David usa una trapacería, con que engaña al sacerdote, induciéndole a entregar los panes consagrados (hbr. lehem kodesh, gr. artoi agioi, lat. panem sanctum, ing. holy bread, al. Schaubrote), reservados por la Ley al servicio del santuario (Lv 24,5-9). Eso parece una profanación. Pero si leemos con atención las palabras pronunciadas por David (Rex praecepit mihi negotium), caemos en la cuenta de que algo no encaja con nuestras presunciones. ¿Es que si hubiera sido realmente un enviado, un "comisionista" del Rey, estaría justificada su conducta? En el sentir del sacerdote, sí, porque el sacerdote Ajimélec no interpone ninguna excusa seria para entregar a David el pan del templo (salvo la objeción de legista, si mundi sunt pueri maxime a mulieribus?).

En este pasaje del primer libro de Samuel descubrimos algo que no entendemos, que en el antiguo Reino de Israel no existía algo así como la separación de iglesia y de estado, tal como hoy la concebimos en las democracias liberales. En el Reino de Israel, el rey era ungido por el Señor, y estaba investido de autoridad religiosa, con poder incluso de disponer del pan del templo (por sí o por sus enviados), en casos excepcionales. Cometeríamos un anacronismo si enjuiciasemos los hechos de David conforme a los esquemas juridicos de nuestro tiempo (de igual manera que Lucas Cranach ataviaba a David y a su tropa con vestidos del siglo XVI A.D., casi como las puestas en escenas postmodernas de las óperas de Richard Wagner [país]).

Si ahora volvemos a la discusión de Jesús con los fariseos, que le preguntaban : Ecce, quid faciunt sabbatis, quod non licet? Jesús invoca el ejemplo de David en el templo, que sustrajo o birló ("hurtar algo sin intimidación y con disimulo") los panes consagrados (lehem kodesh). Jesús entonces no pretendía que sus discípulos estuviesen infringiendo la Ley del sábado (Lv 23,3-4), quod non licet, sino que defendía la posibilidad de aplicar la Ley de manera equitativa y flexible, adecuada a los tiempos. Eso ya no es anacronismo, sino cambio jurídico. Es la revolución que vino con Jesús.


Imagen :  Ex Voto: Agents of Faith | Votive Interiors Project | Bard Graduate Center 2016 [via]

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27 septiembre 2018

Miguel de Unamuno, spanish poet

Los libros viejos que encuentro en el mercadillo son, salvo rarísimas excepciones, muy humildes. A este propósito dice Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena. Uno de los últimos me ha gustado mucho. Se trata de A Short Biographical Dictionary of Foreign Literature, del erudito inglés (¿o escocés?) Robert Farquharson Sharp (1864-1945). London ; Toronto New York : J.M. Dent & Sons, ltd. ("Everyman's Library"), 1933. Comprado en El Jueves por 2 €, el librito procede de expurgo de la library del clásico Instituto Británico de Sevilla de la calle Federico Rubio (por donde el antiguo foro romano y la judería).

Cuando lo estuve hojeando, para comprobar qué bueno era, el primer nombre que se me vino a la cabeza fue Verne, Jules (1828-1905), con dos páginas con detalles de los títulos de sus novelas en francés; la última reseñada, La Phare au bout du Monde ('The Lighthouse at the End of the World'), 1905.

Un examen más detenido me sirvió para tener certeza de que también, en cuanto a la literatura española, este Short Biographical Dictionary es realmente bueno. Se encuentra por ejemplo la entrada Quevedo y Villegas, Francisco Gómez de (1580-1645), Spanish author, con 21 líneas. La última obra reseñada es Vida de Marco Bruto, 1644.

El libro contiene una "List of Authors, arranged by Languages". Bajo el epígrafe Spanish, se listan 24 autores: el primero Juan de Mariana (1535?-1624), y el último, Salvador de Madariaga (b. 1886). Llama la atención que la lista salte de repente desde Pedro Calderón de la Barca (1600-81) a Juan de Valera (sic) (1824-1905). Y es llamativo que de estos autores españoles, diez vivían el año de edición del Dictionary, incluídos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero (popularísimos entonces), o Miguel de Unamuno (b. 1864) aunque también Gregorio Martínez Sierra (b. 1881), spanish novelist and dramatist, hoy olvidadísimo. Están los hermanos Machado (Antonio y Manuel, cada uno por separado), pero no Juan Ramón Jiménez, no sé por qué. Robert Farquharson Sharp estaba en general muy bien informado de la literatura española (como de otras tantas, por ejemplo la rumana, con cuatro autores, incluído Eminescu). Como muestra de accuracy, copio la entrada cortita de Antonio Machado (10 líneas):

MACHADO, ANTONIO (b. 1875). Spanish poet and dramatist, was born at Seville. He has held professorships successsively at Soria, Boeza [sic], and Segovia. In 1927 he was elected to the Spanish Academy. Several of his plays have been written in collaboration with his brother Manuel (q.v.). His works include: Soledades, 1903; Galerías, 1907; Campos de Castella [sic], 1912; Poesías, 1917 and 1928; Desdichas de la Fortuna (with his brother Manuel), 1926; Juan de Mañara (with his brother Manuel), 1927; La Lola se va a los Puertos (with his brother Manuel), 1930.

En la entrada dedicada a Manuel Machado (b. 1874), que sigue a la de Antonio por riguroso orden alfabético, dice al final: "For plays written in collaboration with his brother, see Machado, Antonio."

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14 septiembre 2018

Nuevo elogio del ajedrez

Este verano, paseando por el mercado o rastro sevillano del Jueves, me encontré con un libro viejo de ajedrez, del campeón de España Dr. Ramón Rey Ardid, Los principios del ajedrez (Zaragoza, Tipografía "La Académica", 1943, 4ª ed.). Es un libro lleno de diagrámas y ejercicios, muy bien estructurado y contado. Me parece tan familiar como una gramática latina o un curso de geometría, y me ha estimulado a reverdecer mi afición al juego. Aprendí con siete años, aunque nunca he sido un "jugador de club", lo que siento como una carencia. Hacer un elogio del ajedrez, como el de cualquier otra actividad grata que no sea un deber (como es practicar el piragüísmo, estudiar inglés, asistir a conciertos de música, o leer a Stefan Zweig), parece un ejercicio escolar, pero es siempre necesario repetirlo. Este va a ser mi modesto elogio a un juego que me ha hecho disfrutar durante muchas horas de ocio. 

CABALLERESCO. En su origen el ajedrez debió ser un juego de aprendizaje de príncipes y caballeros, que completaba los entrenamientos de palestra. Platón y Aristóteles lo habrían estudiado en sus tratados políticos, si hubiesen conocido el juego. Pero el ajedrez tiene ya otro sentido en las sociedades modernas. El jugador puede sentirse como un príncipe (o como una dama, si es jugadora, no hay que olvidar la perspectiva amplia del género), y le libera mentalmente de un entorno desagradable. No digo sólo de la pobreza, pero también de los ambientes groseros de la gente adinerada. El ajedrez es un juego de gran elegancia espiritual, que puede cultivarse en cualquier barriada o pueblo del país. Representa la popularización del espíritu caballeresco. 

BARATO. El ajedrez es un juego muy barato, apto para ser un juego popular. El otro día me acerqué a la juguetería Osorno, en San Pablo (enfrente de la Magdalena), y me compré un tablero plegable de batalla, por sólo 15 euros. Una equipación infantil para jugar al fútbol (camiseta, calzón y calcetines), con el escudo de uno de los equipos de la ciudad, de marca, no baja de los 60 € (y además tienes que comprarte los botines, y costearte el balón). El ajedrez se juega en cualquier sitio, y basta con un tablero (aunque sea de papel), y las 32 piezas (aunque sean de plástico). El resto lo pone la imaginación de los jugadores. 

LIMPIO. Los jugadores de ajedrez suelen referir que casi nunca han presenciado (ni menos protagonizado) ningún enfado o discusión seria. El juego también consiste en comportarse ante el tablero como damas o caballeros. Es un juego transparente, en que son imposibles las trampas. No provoca comportamientos violentos, sino que hace pacíficos y tranquilos a los jugadores. Otros juegos (como el fútbol) no tienen más remedio que ser violentos, porque consisten precisamente en explotar la fuerza física. Tal vez por eso el fútbol sea sobre todo masculino. Pero la práctica conjunta del ajedrez y del fútbol sería lo más equilibrado. Yo propondría que en todas las escuelas de fútbol se incluyese en los programas de entrenamientos unas horas dedicadas al ajedrez. El futbolista jugaría mejor al fútbol.

UNIVERSAL. El ajedrez es universal, no tiene fronteras. No importa tu lengua, tu cultura, tu credo, tu nación. Frente al tablero todos los jugadores son iguales. El fútbol parece también serlo, pero el juego de la pelota es un privilegio masculino y de la juventud. El ajedrez es para todos, de todas las edades. Por eso inculca un sentido de convivencia y hermandad. El ajedrecista no será mejor o peor ciudadano o miembro de una familia, pero con el juego adquiere valores muy útiles para enfrentarse a la lucha por la vida.

Imagen [via]: "Ramón Rey Ardid, Doctor en psiquiatría y en ajedrez": Si un tablero tan pequeño no llega a dominarse, ¿cómo llegaremos a dominar nada en la vida?

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13 julio 2018

Miguel de Cervantes y el Baedeker

Después de leer Los trabajos de Persiles y Sigismunda, obra póstuma de Miguel de Cervantes, sólo digo que es un libro maravilloso. Es un sublime conjunto de historias y de perlas de sabiduría. En efecto, como el mismo Cervantes ya sabía, podría extraerse una hermosa colección de aforismos de esta novela (y en general, de toda su obra, como ya hizo el hispanista turinés Aldo Ruffinatto en su Flor de aforismos peregrinos, publicada en 1995). No menos, el Persiles es una exaltación de los viajes por el puro placer de viajar, como lo es también el placer de leer libros. Leer y viajar, pero también escribir, fueron ocupaciones constantes de Cervantes (también los negocios y el juego de naipes), y estos Trabajos son la suma de una vida, en que no es difícil descubrir el componente autobiográfico. La peregrinación es propia del hombre, sufriendo y gozando las aventuras, como la vida misma, y por eso Los trabajos de Persiles y Sigismunda  nos apasiona. No hemos llegado a Islandia ni a la isla de Tule, pero nos imaginamos en esa navegación.

Otra cosa es que hoy ya se haya perdido el sentido auténtico del viaje, como el auténtico placer de leer libros, y por eso cuesta tanto trabajo leer y comprender a Miguel de Cervantes. Un amigo, de regreso de Madrid, me contaba lo fácil que era andar por la gran ciudad (nosotros que somos de un pueblo grande como es Sevilla). Con el google basta indicar "cómo se va a la plaza de Antón Martín", para que la pantalla te diga en el mapa cómo callejear desde cualquier esquina. Así se explica que los turistas chinos, japoneses y coreanos andan por las calles de nuestras ciudades como Pedro por su casa, sin necesidad de preguntar nada a nadie: lo tienen todo, todo, explicado en la pantalla de su smartphone. A su lado, yo casi sigo en la edad de piedra, y pienso que ya se ha olvidado el discreto encanto de perderse en la ciudad desconocida, única manera de conocerla, pateándola, y preguntando a cualquiera: "Perdone, señor (o señora, o joven), ¿cómo se llega a la plaza mayor?". Nunca se me olvidará mi juvenil vagabundeo por las calles de París, en los tiempos de antes del google. Algunos parisinos hacían buena su fama de antipáticos, y nada más que amagaba con preguntarles una dirección, me volvían la cabeza. Pero otros en cambio eran más amables. No se me olvidará jamás en la vida el cariño con que una mujer mayor (con edad de haber sufrido la guerra) me invitaba a conocer Les Vignes de Montmartre [lefigaro].

¿Qué diría Miguel de Cervantes de todo esto? Yo estoy convencido de que hoy nuestro príncipe de los ingenios sería un gran usuario de las nuevas tecnologías (como lo sería otro gran viajero de la antigüedad, Pablo de Tarso). De hecho, en el Persiles defiende los baedeker de su tiempo, las "guías turísticas" que tenía a mano. En el capítulo octavo del tercero libro [cervantesvirtual] se contiene el famoso apóstrofe de la ciudad de Toledo: "¡Oh peñascosa pesadumbre, gloria de España y luz de sus ciudades, en cuyo seno han estado guardadas por infinitos siglos las reliquias de los valientes godos, para volver a resucitar su muerta gloria y a ser claro espejo y depósito de católicas ceremonias! ¡Salve, pues, oh ciudad santa, y da lugar que en ti le tengan éstos que venimos a verte!".

Y a continuación, en palabras del mismo autor, la defensa de los libros de viajes: "las lecciones de los libros muchas veces hacen más cierta esperiencia de las cosas, que no la tienen los mismos que las han visto, a causa que el que lee con atención, repara una y muchas veces en lo que va leyendo, y el que mira sin ella no repara en nada, y con esto excede la lección a la vista".

En fin, recomiendo de verdad este libro maravilloso que son Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Después se puede seguir con la atractiva e innovadora biografía cervantina, del catedrático de la Complutense José Manuel Lucía Megías. Hasta hoy se han publicado dos volúmenes: La juventud de Cervantes. Una vida en construcción [edaf] y La madurez de Cervantes. Una vida en la corte [edaf]. El próximo septiembre se anuncia la última entrega: La plenitud de Cervantes [lanzadigital], lo que es una magnífica noticia para el planeta cervantino.

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05 julio 2018

Don Marcelino en El Jueves

Otro gran bibliófilo, artífice de la biblioteca que lleva su nombre en Santander [bmp], y director, hasta su muerte en 1912, de la Biblioteca Nacional [bn], es naturalmente don Marcelino Menéndez Pelayo. En su calidad de coleccionista de libros, tal vez sólo tenga como igual a don Hernando Colón, hijo del Almirante, sepultado en la catedral de Sevilla, del que recibimos, muy maltrecha de saqueos, la Biblioteca Colombina. Esta mañana hice acto de presencia en el mercado de la calle Feria, sin ver nada de particular (porque ya estamos en verano), si no fuese por un par de libritos de la colección "Austral" de Espasa-Calpe, que son mi debilidad. Uno es San Isidoro, Cervantes y otros estudios, de Marcelino Menéndez Pelayo. Selección y nota preliminar de José María de Cossío (Madrid, 1959, 4ª ed.). Contiene entre otros el estudio "Cultura literaria de Miguel de Cervantes y elaboración del Quijote", discurso leído en el Paraninfo de la Universidad Central en la solemne fiesta académica de 8 de mayo de 1905. Es interesante porque fue la ocasión en que don Marcelino se pronunció en público sobre Cervantes y el Quijote. Tiene la curiosidad de llevar un sello con su precio antiguo, "Pesetas 40". El otro austral es un tomo de la serie de Vidas paralelas de Plutarco, este contiene las de Cicerón y Demóstenes, y Demetrio y Antonio (Madrid, 1969, 4ª ed.). Otra curiosidad, es que lleva adherido sello de la librería Tarsis, de cuando estaba en la calle Méndez Núñez, 17, dando a la plaza Nueva. Ambos dos a un pavo. Con esto parece que me gradúo de coleccionista de los tomitos antiguos de la colección Austral, aunque a los que tengo más aprecio son los que me regalaron o compré de adolescente.

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04 julio 2018

El Persiles es para el verano

Cervantes nunca defrauda, leyendo cualquier parte de su varia obra, incluso sus poesías. Algunos veranos, pareciéndome que no tenía nada mejor que leer, me he llevado a los ojos el Quijote, que siempre divierte. Pero este verano ha sido la hora de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional, su obra póstuma de 1617, que ya estoy leyendo. El Quijote es la novela popular, por la atracción irresistible de sus personajes protagonistas, auténtica creación universal, porque son un arquetipo del espíritu humano (el gordo y el flaco, o el clown listo y el payaso tonto, el augusto, o el rústico de las comedias antiguas..., y así sucesivamente). En comparación, el Persiles es un libro hiperclásico, destinado a un público lector distinguido (no ahorro advertencias para quien se plantee leerlo). El Quijote nos da la risa, el Persiles no, es más serio. Sin embargo, hay quienes piensan que el Persiles puede superar en excelsitud al mismo Quijote, por ser una obra artística sublime. Así que debe existir un secreto club de fans del Persiles, como lo habrá de otros clásicos de nuestra lengua que se tienen por difíciles, a los que me apunto, como es por ejemplo el Criticón del jesuíta Baltasar Gracián. Por ser de aventuras marítimas, el Persiles es una lectura refrescante del verano, leído al resguardo de los peligros de la mar. Yo me atrevería a afirmar que no se entenderá nunca nada bien el Quijote sin haber leído el Persiles, porque esta es novela donde se compendia y expresa a rienda suelta el arte literario de Miguel de Cervantes. Es, en síntesis, la literatura en estado puro, compuesta sin parar de relatos por el puro placer de contar historias. Esto es parte de nuestra naturaleza, desde que siendo niños nos contaban fábulas de brujas y monstruos para asustarnos benignamente. ¡Qué grande es Cervantes!

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28 junio 2018

Karl Rahner en El Jueves

La otra mañana, tomando el café mañanero, comentamos con un profesor de historia del arte el nuevo libro de Walter Isaacson, "la biografía" de Leonardo da Vinci, que ya tengo apuntada como posible lectura de verano [amazon]. Me contaba que posee una biblioteca de unos 5000 libros, y la verdad es que me gana por la mano, porque no pretendo entrar en esa competición, cuando ya voy entrando por la senda del desprendimiento. Hoy en el mercado sevillano de El Jueves, en la calle Feria, me ha ido francamente bien. Se ve que mi ángel de la guarda ha querido hacerme un regalo para endulzarme la vida. Por cinco euros, hoy me he llevado un lote de tres libritos, que los veo bastante bien, juzgue el lector:

1.- José Hernández Díaz, La Universidad Hispalense y sus obras de arte. Publicaciones de la Universidad de Sevilla (Imprenta Editorial de La Gavidia, de la ciudad de Sevilla), 1942. Con 30 láminas que reproducen fotografías del Laboratorio de Arte de la Facultad de Filosofía y Letras. Es una pequeña joya bibliográfica, que acrecienta mi "colección universitaria", junto a las historias de la universidad de Martín Villa o de Francisco Aguilar Piñal, el patrimonio monumental y artístico de Teodoro Falcón, o los catálogos de la biblioteca universitaria de Juan Tamayo y Francisco y Julia Ysasy-Ysasmendi, o de Rocío Caracuel y Aurora Domínguez Guzmán, por ejemplo.

2.- Karl Rahner (1963), Oyente de la palabra. Fundamentos para una filosofía de la religión. Barcelona, Herder, 1967.

3.- Las correcciones al catecismo holandés. Suplemento al nuevo catecismo. Texto redactado por E. Dhanis, J. Visser y H.J. Fortmann, delegados, respectivamente, de la Comisión cardenalicia y del Episcopado holandés, en cumplimiento del Dictamen de la Comisión cardenalicia. Prólogo del doctor don Laureano Castán Lacoma, obispo presidente de la Comisión española para la doctrina de la fe. Complementos a la edición española por Cándido Pozo. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1969.

También hay que contar lo que no se lleva uno. Ví una vieja edición de El espíritu de la liturgia, de Romano Guardini, por la que me pedían 3€, pero aún así me pareció un precio caro para un libro con los cantos roídos por los ratones. El librero no hizo amago de rebajármelo, así que sea para otro.

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