19 abril 2018

Gottfried Wilhelm Leibniz en El Jueves

Camino de la calle Feria, al rastro sevillano de El Jueves, me tropecé con el distinguido librero anticuario Abel Feu [Los Papeles del Sitio], cargado con el zurrón de buscalibros. Le hice la pregunta inocente de rigor: ¿Vas o vienes? ¿Has encontrado algo? Nada, nada. Me estuvo contando su fortuna de librero. Él ha hecho una de las ventas más caras del año 2017 en IberLibro, unas Obras completas de Gustavo Adolfo Bécquer, publicada por los amigos del poeta en 1871, por la bonita cifra de 3.000 € [iberlibro]. Yo le conté que recordaba haber visto en la librería Padilla de la calle Laraña, cuando era estudiante, la edición facsímil del Libro de los gorriones, publicada en 1984. Hoy se encuentra por 350 €, pero ni entonces y ni ahora está al alcance de mi bolsillo.

Llegando al mercado, parece que el polymath Leibniz me perseguía. Vi, por un euro, un ejemplar de los Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano (Editora Nacional, 1983), que tuve que desechar, subrayado sin misericordia. Pero a cambio, me encontré sorpresivamente con una edición antigua:

Oeuvres / de Leibniz / Nouvelle Edition, / Collationnée sur les meilleurs textes, / et précedé d'une introduction, / par M. A. Jacques, / Professeur de Philosophie / Deuxieme Série / Essais de Théodicée / Monadologie / Lettres entre Leibniz et Clarke. / Paris, / Charpentier, Libraire-Éditeur, / 29, Rue de Seine. / 1842.

Me lo ha vendido un clásico del Jueves, Luís Andújar, por 10 €, cosa que me alegra. El libro, encuadernado en media piel, está prácticamente impoluto, es una joya. Hay una buena edición reciente de la Teodicea, en castellano [Sigueme], traducida del original francés (Leibniz era políglota).

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12 abril 2018

Santiago Montoto en El Jueves

Esta mañana de jueves ha chispeado en Sevilla, y el día se prometía frío, feo y flojo (las tres efes) en el mercado o rastro sevillano de El Jueves. Algunos vendedores de libros se había ausentado, en vista del panorama (caso del ínclito Rodrigo y su hijo), pero otros han aguantado el chaparrón. Fui tempranero y antes de que nos lloviese logré encontrar una pieza que me gusta, la Nueva guía de Sevilla (Madrid, Plus Ultra, ca. 1950) de don Santiago Montoto, que un gitano tuvo el gusto de venderme por cinco pavos (todavía se encuentran ejemplares en los anticuarios a muy buen precio, sin contar alguna reedición de quiosco). De Santiago Montoto ya he hablado en otra ocasión [aquí]. 

A muchos sevillanos el apellido Montoto por fuerza les suena, porque la famosa calle de Luís Montoto (el padre de Santiago), es la que va desde el final de la calle Águilas (donde cae la Casa de Pilatos) y la plaza de San Agustín, todo derecho, hasta El Corte Inglés de Nervión. Es la calle donde están los célebres Caños de Carmona (vestigios del acueducto romano) y la Clínica Santa Isabel. Santiago Montoto también tiene una hermosa avenida en la ciudad, en la zona del puerto, donde atracan los cruceros que llegan a la dársena, enfrente del parque de María Luísa y por detrás del antiguo pabellón de Argentina en la exposición universal de 1929, hoy destinado a la Escuela Superior de Arte Dramático [Cultura]. Una avenida todo recta, ideal para rodar en bicicleta (yo lo he hecho muchas veces).

Como no sólo de libros viejos vive el hombre, es justo y necesario que también me haga eco de los libros nuevos que me han llegado. En la librería San Pablo de la calle Sierpes, por 3,14 euros, me he llevado la exhortación apostólica Gaudete et exsultate del papa Francisco, "sobre el llamado a la santidad en el mundo actual" (¡cuánto nos falta!) [vaticano]. Y el último libro suyo que me envía don Francisco Carpintero, el Diálogo sobre el derecho. Seduardus, o la difícil razón de la ley, que es una amena exposición de los temas iusfilosóficos en forma de diálogo, a la manera de Platón y de los humanistas del siglo XVI [EditorialY]. Francisco Carpintero es catedrático emérito de filosofía del derecho, y su último destino ha sido la universidad de Cádiz (campus de Jerez de la Frontera). Es un maestro en la gran tradición iusnaturalista, inspirada en Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Me remito a su página personal, donde explica su trayectoria y sus numerosas publicaciones [Carpintero].

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05 abril 2018

Sor Ángela de la Cruz en El Jueves

Llevaba ya un tiempo ayuno de libros antiguos del mercado de El Jueves, en nuestra calle Feria, entre la cansada racha de lluvias, que son enemigo declarado de los libros callejeros, y entre que, como dicen por aquí los clásicos, en er hueve ya no hay ná, lo que me parece falso de toda falsedad. Este jueves me ha ido muy bien, y no quiero ahorrar contarlo. Copio el título del gran libro encontrado:

Bosquejo biográfico / de la sierva de Dios / Sor Ángela de la Cruz Guerrero / fundadora y primera superiora general / de la / Compañía de Hermanas de la Cruz / de Sevilla / Muerta en olor de santidad / el día 2 de Marzo del año del Señor 1932. / Escrito por una de sus hijas / y publicado por la Casa-Matriz de Sevilla. Sevilla / Imprenta y Librería del Salvador / Rodríguez, Giménez y C.ª / 1933. El pie de imprenta es del año MCMXXXIV. Con algunas láminas, 576 pp.

Es la primera biografía de la que hoy está declarada Santa de la Iglesia Católica, publicada en plena Segunda República. Un gitano de El Jueves me lo ha vendido por 5 euros (los libreros anticuarios llegan a pedir hasta 50 euros por este libro). Cuando lo encuaderne, quedará digno y espléndido, como se merece. Hay edición moderna, de 2012 [bac].

He acompañado a esta nota la reproducción del conocido retrato de Sor Ángela, del gran pintor sevillano Alfonso Grosso (1893-1983). Yo lo conocí de niño. Estábamos comprando en la tienda de bellas artes de Padura, en la calle Cuna (casi centenaria, desaparecida en 1998). Un señor muy mayor probaba junto al mostrador algunos tubitos de oleos, cuando me susurraron: ¡Mira, ese señor es el pintor Grosso! Memoria de tiempos idos. Del retrato de Sor Ángela se encuentra un sucinto comentario del jesuíta Fernando García Gutiérrez [loyola].

La biografía de Sor Ángela no ha ido sola. Para redondear la faena, he comprado también las Direcciones contemporáneas del pensamiento jurídico, de Luís Recasens Siches (Barcelona, Labor, 1929), por 2 euros (después de rebajármelo de 3 que me pedían, porque el libro, valioso, tiene alguna cochambre y manchas de humedad), y los Cuentos ciertos e inciertos, de Naguib Mahfuz (Madrid, Instituto Hispano Árabe de Cultura, 1988, 2ª ed.), por 1 euro. Naguib Mahfuz, premio Nobel de Literatura justamente ese año 1988, es conocido como novelista, pero fue también un gran cuentista, muy prolífico. La introducción de esta edición española reproduce esta declaración de Mahfuz del año 1963: "Nuestra generación se dedicó a escribir novela; la siguiente, cuento. Y esto por diversas causas: primera, la agilidad expresiva del cuento puede ser más eficaz; segunda: la adecuación de las formas breves a las publicaciones periódicas; tercera: la rapidez de la vida actual se capta y reconoce mejor en el relato, la novela armoniza mejor con ambientes estáticos".

Información sobre Mahfuz, en [Nobelprize].

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23 marzo 2018

José Enrique Ayarra: Soli Deo Gloria

El domingo 18 de marzo, inesperadamente, ha muerto el padre José Enrique Ayarra, canónigo organista de la catedral de Sevilla. Lo conocía desde mi niñez. Ese mismo domingo ví anunciado en el periódico los conciertos de órgano de cuaresma, que se celebran en la catedral con entrada libre, incluída la interpretación del propio Ayarra. Yo pensé: ¡cuánto me gustaría ir a esos conciertos! y, mira, la providencia ha dispuesto que se nos muriese Ayarra a los ochenta años, sin cesar en sus laborales sacerdotales y de músico de iglesia. De manera imprevista, he tenido además el privilegio de asistir a las exequias celebradas en la catedral el martes 20 de marzo. Me he alegrado de encontrar publicada la homilia del arzobispo de Sevilla [ecclesia], de la que reproduzco estos párrafos:

"Don José Enrique nació en Jaca el 23 de abril de 1937. Iba cumplir, pues, 81 años. Después de cursar sus estudios en los Seminarios de Jaca, Vitoria y en la Universidad Pontificia de Salamanca, fue ordenado sacerdote el 3 de julio de 1960. Poseedor de todos los títulos posibles en el campo de la organística, alumno de los grandes profesores franceses y de los grandes músicos eclesiásticos españoles de la primera mitad del siglo XX, obtuvo por oposición en 1961 la plaza de organista titular de esta catedral, donde deja una imagen imborrable como organista eminente, seguramente el más importante de las catedrales españolas en la segunda mitad del siglo XX y en los inicios del nuevo milenio. Don José Enrique ha sido un organista extraordinario, pero también un excelente sacerdote. El día 14 de noviembre del año pasado, me visitó en mi despacho para entregarme una carta y un ejemplar de una memoria de su vida de sacerdote y de su quehacer organístico, en la que me manifiestaba estar en la etapa final de su carrera. Allí hacía memoria de todos sus títulos, premios y distinciones y de los 1111 conciertos tenidos en Sevilla, en España entera, en Italia, Estados Unidos, Francia, Alemania, Rusia, Polonia, Méjico, Japón y en los más diversos países del mundo. En esa ocasión me refirió que Juan Sebastián Bach, en la página final de cada partitura escribía estas iniciales SDG, Soli Deo Gloria. Me comentó también esta frase del gran músico alemán: “el único propósito de la música debería ser la gloria de Dios y la recreación del espíritu humano”, para confesarme después que antes de poner cada día sus dedos sobre el teclado, ofrecía al Señor su arte y le decía que con sus interpretaciones no buscaba otra cosa que su gloria."

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20 marzo 2018

San Juan de la Cruz. La (auto)biografía

Un par de semanas he estado enfrascado leyendo la biografía de San Juan de la Cruz, del padre carmelita José Vicente Rodríguez [San Pablo], un libro macizo de 1000 páginas (anexos incluídos), que se me han pasado en un suspiro, real y figurado. Este es un libro que, a pesar de la envergadura, que engaña, se lee con presteza y mucho agrado. Y la edición barata, en rústica, pesa poco, se puede tener entre las manos. El padre José Vicente debe ser el decano de los sanjuanistas españoles. Nonagenario y aún en pie, nació un 2 de enero de 1926 en la localidad de Monleras,  provincia de Salamanca. Ha celebrado ya el 75º aniversario de la profesión en los Carmelitas Descalzos [ocd]. Se trata pues de una biografía escrita por una autoridad máxima del Carmelo. Y además con el acierto de ilustrar la cubierta del libro con la imagen del rostro del Santo, reconstruído por los forenses al reconocer sus restos sepultados en Segovia.

Biografías de la vida trepidante de San Juan de la Cruz son incontables. Modernas son, cada una con su particular enfoque, la de José María Javierre, Juan de la Cruz, un caso límite (1991) [Sígueme] y la de Carlos Ros, Juan de la Cruz, celestial y divino (2011). Mención singular merece la biografía póstuma del carmelita Crisógono de Jesús Sacramentado, la Vida de San Juan de la Cruz (1946), que sigue insuperable en sabor literario, pero que la B.A.C. no se decide a reeditar (la última edición, de 1997, está agotada) [bac].

La biografía del padre José Vicente Rodríguez sobresale por la amplitud que concede a los testimonios de cuantos conocieron a fray Juan de la Cruz, comenzando por Santa Teresa de Jesús. Con todos esos relatos en primera persona, recogidos muy pronto en los procesos de beatificación de San Juan de la Cruz, es posible montar una gran biografía como esta. Sólo que es una biografía externa. La vida íntima del Santo nos será siempre desconocida, más que para solo Dios, aunque pudieron imaginarla sus contemporáneos cuando le veían su actitud orante, o su modo de conducirse con el prójimo. Con el milagro de su poesía lírica pasa igual. Se sabe más o menos la data sus poesías, después de su prisión en Toledo, pero no el desarrollo místico de su lirismo, culto y popular. Pero hay que pensar que la vida del espíritu propiamente no tiene historia ni biografía.

El padre José Vicente se pregunta: ¿se podrá escribir la autobiografía de Juan de la Cruz? (pág. 46). Y se responde:

"Entre los jesuítas se estima mucho la que llaman Autobiografía de san Ignacio de Loyola. Y, como es sabido, no es una autobiografía escrita por él, como lo es el Libro de la vida de santa Teresa, escrito por ella misma. El origen de la autobiografía ignaciana data del 4 de agosto de 1553, en conversación con el padre Luís González de Cámara. Y fue escribiendo lo que el santo fundador le decía; tuvo varias interrupciones la toma de notas hasta que se dio fin a la escritura el mes de diciembre de 1555.

"He leído con toda atención todas las declaraciones de los testigos que conocieron y trataron a Juan de la Cruz y, ponderada seriamente la veracidad de aquellas en las que se dice: "Me lo contó", "me dijo", "lo oí de su boca", y otras expresiones similares, me pregunto: ¿no sería el caso de atreverse a escribir esa autobiografía de fray Juan de la Cruz? Entiendo que es difícil, pero no imposible. Yo la tengo ya bastante enhebrada y recogidos ya más de 300 testimonios y espero que sea útil y provechosa si un día se cree oportuno publicarla".

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15 marzo 2018

De Stephen Hawking a San Juan de la Cruz

En la muerte del físico y cosmólogo británico Stephen Hawking, se repite con pereza el juicio de que fue "una mente maravillosa". The Guardian, recurriendo a una antigua imagen, platónica, agustiniana, kantiana, dice de él: Stephen Hawking, a mind that held the stars [theguardian] (una mente que comprendía las estrellas). Una soberbia serie filatélica de la Isla de Man, "Albert Einstein to Stephen Hawking - 100 Years of General Relativity", emitida el año 2016 [iompost], emparejaba a estos dos grandes físicos. Stephen Hawking ha bautizado con su nombre una radición peculiar, especulativa o conjeturada, de los black holes [wiki]. No estoy seguro, sin embargo, que la contribución de Hawking, aun habiendo sido, como dicen, una mente maravillosa, sea parangonable a la de Albert Einstein, que sí revolucionó, incluso en un sentido popular, la manera habitual de contemplar el universo. Pero Stephen Hawking, víctima de una esclerosis lateral amiotrófica (E.L.A.), postrado en una silla de ruedas, ha sido un símbolo universal de la distinción humana, que consiste justamente en el dominio de la mente sobre el cuerpo. El cuerpo humano es lo que va en segundo lugar, después de lo principal, que es su mente.

La soberanía de la mente es una enseñanza de la sabiduría antigua. San Juan de la Cruz divisó una gran lección en esto. En sus "Dichos de amor y de luz" (n. 34 [sjc]) dice: Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por tanto, sólo Dios es digno de él. Una mente brillante, maravillosa, como la del cosmólogo Stephen Hawking, puede encerrar todo un mundo, todos los objetos cosmológicos habidos y por haber (las estrellas, los agujeros negros). Por eso dice el Santo que "el pensamiento del hombre vale más que todo el mundo". Eso está ahí, manifiesto, delante de nosotros. La conclusión, para fray Juan, es que "por tanto, sólo Dios es digno de él" (digno del hombre, de su pensamiento). Dios, creador de las estrellas, y del cuerpo y la mente del hombre.

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13 marzo 2018

Adonde no hay amor, ponga amor

El domingo, a la hora del almuerzo, nos sobresaltamos con la noticia del descubrimiento del pequeño Gabriel, de ocho añitos, muerto, estrangulado. El mensaje de la madre, Patricia, refiriéndose a la asesina, ya apresada, ha sido sublime: "Os pido en nombre de mi hijo que lo que tiene que inundar ahora mismo España son los mensajes de esperanza y cariño que había hacia Gabriel y ese movimiento de buenas personas y no la rabia y el odio" [La Voz de Almería]. No he podido evitar el recuerdo de la otra gran sentencia de San Juan de la Cruz, de su epistolario: ... Y adonde no hay amor, ponga amor, y sacará amor...

La imagen es la cubierta del libro The Poems of St. John of the Cross, edición bilingüe editada por The University of Chicago Press, con la traducción del poeta norteamericano John Frederick Nims [ucp].

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07 marzo 2018

Ética de San Juan de la Cruz

La crítica literaria ha impuesto una aproximación a las poesías de San Juan de la Cruz desde esta ladera, estimándolas como una simple expresión de amor. Esto es cierto, pero no es toda la historia. Nos recuerdan eminentes sanjuanistas que fray Juan de la Cruz no se pasaba todo el día como traspuesto, en un permanente transporte místico, sino que atendía a los deberes propios de su oficio. El relato de su vida es apasionante. Y sus escritos contienen, desde luego, valiosas enseñanzas morales. Sería un atrevimiento por mi parte intentar aquí y ahora ni tan siquiera una somera exposición de su doctrina moral. Pueden leerse, en este tiempo urgente, dos de sus escritos breves, preciosos, las cautelas [v] y los avisos a un religioso [v]. Yo me conformaré con dejar esta nótula a un parrafito de los avisos. Dice ahí San Juan de la Cruz:

"... Y todas estas mortificaciones y molestias debe sufrir con paciencia interior, callando por amor de Dios, entendiendo que no vino a la Religión para otra cosa sino para que lo labrasen así y fuese digno del cielo. Que, si para esto no fuera, no había para qué venir a la Religión, sino estarse en el mundo buscando su consuelo, honra y crédito y sus anchuras."

Y lo que me ha dejado pensativo al leer esto, yo que no soy hombre de religión, que no soy fraile de convento, es que en este pasaje San Juan tal vez gastase algo de ironía, puesto que me asombraría que de verdad pensase que en el mundo se encuentra consuelo, honra y crédito, y el mundo fuese en efecto ancho y no angosto. En apenas esta breve línea descubro que el mensaje ascético de San Juan de la Cruz va dirigido a todos, hombres de religión y hombres de mundo.

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23 febrero 2018

El derecho de las cofradías de Sevilla

En la nota anterior [ver] contaba que, para averiguar si el poeta Adriano del Valle, que juró las reglas de una hermandad sevillana en los años 40, fue en efecto hermano de la "Primitiva Archicofradía del Valle" [valle], habría de identificarse en la fotografía que poseía su nieto Ignacio de la jura de hermano, bien la Virgen, bien la capilla, o ambas. Nos dijeron en la hermandad (en su actual sede, la iglesia de la Anunciación): por esos años 40, si era la Virgen del Valle, Adriano juró en la iglesia del Santo Ángel (su sede hasta el año 1971), y si juró en la iglesia de la Anunciación (menos probable), sería la Virgen de la Angustia, de la hermandad de los Estudiantes (residente en la Anunciación hasta el año 1966), lo que implicaba esto último que Adriano del Valle habría jurado como hermano de los Estudiantes y no del Valle. Un lío, vamos. Pero me quedé con la copla de que es importante el dato de la sede de una hermandad, por su condición canónica de asociación de fieles (cann. 298-329 [CIC]).

Para aclarar mi confusión estuve revolviendo entre mis libros, y no encontré ninguno mejor que el librito sobre las Cofradías sevillanas, de Santiago Montoto [eus], publicado por la Universidad en 1976. Es una recopilación de artículos del diario Abc de Sevilla de la cuaresma del año 1946. Santiago Montoto, abogado, historiador y publicista, con fama de sabio, parece que en el trato familiar tenía un genio alegre, era gracioso. Se le atribuyen dos máximas áureas: "En Sevilla hay que tener paciencia y prudencia, verbal continencia; no exhibir excesiva ciencia, y presencia y ausencia según conveniencia", y otra aún más a propósito: "Ni fías ni porfías, ni cuestión con cofradías". Muy sabio era. El libro de las cofradías fue editado por Enrique Esquivias Franco (hijo y padre de hermanos mayores de la Hermandad del Gran Poder [gran-poder]), que actualizó los datos de Montoto. En la introducción, Esquivias advertía al lector del fenómeno tan conocido del nomadismo de las cofradías, porque a lo largo de los años y de los siglos muchas han ido cambiando de sede o residencia. Ejemplos, miles, pero bastará mencionar dos muy notorios. El Gran Poder (la "Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso"), fundada en el siglo XV, estuvo radicada en una capilla de la parroquia de San Lorenzo desde 1703 hasta el año 1965, en que se inauguró la actual Basílica (en la misma plaza de San Lorenzo). Y en cuanto a la Macarena (la "Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora del Santo Rosario, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santisima de la Esperanza Macarena"), residía en la sede de la parroquia de San Gil (en la calle San Luís, próxima al Arco de la Macarena), desde 1628. La iglesia ardió en el 36, pero la imagen de la Virgen fue ocultada por unos hermanos en un oratorio privado, y se salvó de la quema. La hermandad se amparó precisamente en la iglesia de la Anunciación entre los años 1936 y 1949, cuando fue inaugurada la Basilica en la Macarena [historia]. Así se explica que la hermandad del Valle no haya sido una excepción en ese nomadeo de una a otra capilla, sino que más bien ha obedecido a la regla general.

La historia de las cofradías sevillanas está surcada por una sucesión de conflictos, pleitos y controversias. Eso es lo que llamamos el "derecho de las cofradías" (el histórico y el actual). Fue un pionero el profesor de derecho canónico Alberto Ribelot (1962-2008) [Abc]. Tengo la fortuna de poseer una 4ª edición de su manual El Derecho de las Cofradías de Sevilla. Texto de apoyo para una actividad de libre configuración en la Universidad Hispalense (Sevilla, 2004), que no parece fácil de encontrar ya. Las clases del profesor Ribelot tenían por lo visto un éxito enorme, los estudiantes tenían un gran interés en ese fenómeno del derecho cofrade. En memoria del profesor Alberto Ribelot se celebra anualmente unas jornadas en la facultad de derecho [archi], que giran sobre este tema. Puede ser que yo desconozca mucho de lo que se hace en nuestra ciudad sobre el Derecho de las Cofradias. Por ejemplo, el Instituto de Posgrado del CEU San Pablo organiza un "Programa Especialista en Derecho de Hermandades y Cofradías" [ceu], con unos objetivos ambiciosos, que incluye "concienciar en el buen uso de la comunicación y las redes sociales" (hoy las hermandades se difunden en páginas de internet, como las que he ido enlazando arriba).

Este fenómeno merece una reflexión. El derecho (ars boni et aequi) es, sobre todo, una destreza lógica, dialéctica y retórica. Pero una cosa es el manejo de las normas y los procesos, y otra, la sustancia misma de los conflictos y de los follones jurídicos. Por ejemplo, no puede entenderse qué es el contrato de transporte terrestre de mercancias por carretera, sin haber presenciado cuando menos cómo se carga un camión (y no digo ya haber cargado sacos en persona). Otro ejemplo. Todos tenemos una idea de lo que es una familia, si no estamos desamparados. Más difícil es distinguir entre el matrimonium ratum tantum, y el matrimonium ratum et consummatum (can. 1061). La consummatio es un sutil tecnicismo jurídico, pero también un acto natural, psicofisiológico, que el Código define con soberana claridad y elegancia como el coniugalem actum per se aptum ad prolis generationem. Y aún así este acto de la consumación matrimonial, que no es en rigor un acto jurídico (los cónyuges no consuman el matrimonio ante notario), sino un mero acto humano hecho entre los esposos (...si coniuges inter se humano modo posuerunt coniugalem actum...), está todavía al alcance de cualquier magín. Se cuenta que el viejo profesor Giménez Fernández, cuando llegaba a explicar puntos delicados de la disciplina canónica, como este de la consumación, hacía que las alumnas se ausentasen unos minutos del aula. Con el derecho de las cofradías pasa algo parecido. Es sumamente atractivo para los estudiantes de derecho sevillanos, porque las cofradías son algo vivido, de todos los días (y más en cuaresma). Los pleitos y controversias de cofradías son constantes, y pueden observarse cualquier día leyendo la prensa, oyendo la radio o viendo los canales de televisión que se ocupan de las cofradías.

Voy a contar un caso interesante, que atañe a la Hermandad Sacramental de los Gitanos ("Real, Ilustre, y Fervorosa Hermandad Sacramental, Animas Benditas y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias Coronada, Los Gitanos"), hoy con sede en la Iglesia del Valle, en la calle Verónica [gitanos], donde está sepultada Cayetana de Alba [abc]. La hermandad fue fundada en el año 1753 por un grupo de gitanos de Triana, encabezados por Sebastián Miguel de Varas. El preámbulo de las Reglas de la Hermandad dice: "Hay que reseñar la fidelidad de la Hermandad como Corporación, a sus principios, a sus raíces y orígenes, ofreciendo como prueba fehaciente de ello, al testimonio humano de sus hermanos gitanos. Desde su fundación hasta la fecha, haciendo honor a sus ascendientes y fundadores, siempre estuvieron presente, con la misma fe y abnegación que aquellos, formando parte de esta manera de su propia historia. También hay que destacar, porque es de justicia, aquellos hermanos que sin ser gitanos, guiados por su fe a Dios y su devoción a nuestras Sagradas Imágenes, ofrecieron su amor, trabajo y desvelos en favor de la Hermandad" [Reglas].

Y ahora viene el conflicto. En las Sagradas Reglas de la Hermandad, el capítulo XVI ("De la Junta de Gobierno"), artículo II, dispone que "Todo aquel hermano que reúna las condiciones exigidas por las normas del Arzobispado, así como la de estas Reglas, pueden optar a desempeñar cargos dentro de la Junta de Gobierno. Por amor y deferencia hacia nuestros fundadores y respetando nuestra tradición, el cargo de Hermano Mayor lo ostentará siempre un hermano gitano." Esta norma, que está muy puesta en razón, parece chocar sin embargo con las aspiraciones de algunos hermanos payos que quisieran presidir la hermandad. Un reñido cabildo de hermanos del año 2015 rechazó modificar las Reglas [correo]. Hoy el hermano mayor de los Gitanos es D. José María Flores Vargas, que es gitano naturalmente. Ha sido elegido en recentísimo cabildo de elecciones, celebrado el domingo 28 de enero [pasión].

Regreso por fin al asunto del principio, que es el juramento de hermano en la Hermandad del Valle. Las nuevas Reglas, aprobadas por la Autoridad Eclesiástica el 24 de octubre de 2017 [Reglas], detallan las condiciones de admisión e ingreso de hermanos (regla nº 20), y dicen: "El ingreso en la Archicofradía se solicitará por escrito..., debiendo ser firmada por el interesado, si tiene edad para ello, o en su caso por quien ostente la patria potestad del menor, y por los dos hermanos que lo presenten. La Junta de Gobierno, en el siguiente Cabildo de Oficiales, acordará su admisión previo informe del Fiscal... Una vez aprobada su admisión por la Junta de Gobierno, el nuevo hermano, siempre que tenga una edad mínima de 11 años o cumpla dicha edad en el año natural de su alta, será citado para realizar el correspondiente Juramento de Reglas...". El anexo V de las Reglas, y en el anexo II del Reglamento interno [reglam] detallan el protocolo que se sigue en la Jura de Hermanos. "La fórmula del juramento es la siguiente: (Secretario:) '¿Deseáis recibíos por hermano de esta Primitiva Archicofradía?' (Repuesta:) 'Así lo deseamos'. Seguidamente se rezará el siguiente acto de contrición (...)", etc.

Con esto concluyo lo que me había propuesto, que es ofrecer unas notas, quizá algo descarriadas, sobre este asunto que tanto nos apasiona del "derecho de las cofradías de Sevilla". Pero lo singular son nuestras cofradías, pero no tanto su derecho, que se inspira en los mismos principios que los de cualquier otra asociación pública de fieles de la iglesia católica. Otro tanto podría relatarse para la diócesis de Huelva [ver], y para todas las demás.

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16 febrero 2018

Adriano del Valle, hermano del Valle

Ignacio, el Octavo Nieto De Adriano (O.N.D.A.) me anunció sorpresivamente que la tarde del miércoles de ceniza (Ash Wednesday), daba una conferencia en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), en la calle Madre de Dios (en plena judería, entre la calle San José y la cernudiana calle Aire), sobre su abuelo, "Adriano del Valle: Poeta plástico" [cicus], coincidiendo con la exposición sobre las "Minervas  del 27" [cicus]. No pude asistir, pero quedamos en vernos el jueves por la mañana. Desayunamos en la sacritaberna o bar cofrade "La Candelaria", junto a la iglesia de San Nicolás [elpalquillo]. Luego, bajando por Muñoz y Pabón y atravesando La Alfalfa, Alcaicería, Lineros y Puente y Pellón, visitamos a la Virgen del Valle, en La Anunciación [valle]. Vamos, lo que se dice un programa de lo más capillitero, ya que estamos en Sevilla y con la Cuaresma estrenada.

Ignacio tenía mucho interés en esta visita, porque sabía que su abuelo Adriano había sido recibido de hermano en una de nuestras cofradías, seguramente en la hermandad del Valle (la "Pontificia, Real, Ilustre y Primitiva Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa Mujer Verónica" [den]). Adriano del Valle nació en Sevilla en 1895, de madre sevillana. En su obra se encuentran poemas y prosas dedicados a nuestra Semana Santa. ¿Fue Adriano hermano del Valle? Parece ser que sí, o al menos eso aseveraba el periodista Fernando Gelán en una serie sobre "cofrades de Sevilla", en el artículo dedicado al Valle, publicado en el Abc de Sevilla el 11 de marzo de 1982 [abc]. En la hermandad nos explicaron que, hacia la fecha de la toma de juramento, en los años 40, la sede canónica era la iglesia del Santo Ángel, en la calle Rioja, donde debía estar expuesta entonces la Virgen del Valle.

Allí nos despedimos, tomando nota de algunas recomendaciones de libros (incluídos los libros de Pablo d'Ors). Ya he recogido en una de nuestras librerías de cabecera, "Alejandría" (en el pasaje de Los Azahares, entre la plaza de San Andrés y la iglesia de la Misericordia), la Antología necesaria de Adriano del Valle (preparada por Mercedes García Ramírez, Sevilla, Alfar, 1992). Lo que sería necesario, pienso, es que se publicase otra antología renovada de Adriano del Valle, o incluso, como me comentaba Ignacio, un facsímil de algunas de sus primeros libros de poesía, que alcanzan en los anticuarios precios elevadísimos. Como soy coleccionista, ya tengo la espléndida Antología que publicó la Comunidad de Madrid en 1995, con ocasión del centenario (1895-1995), y una primera edición de Gozos del río (1920-1923) (Barcelona, Apolo, 1940), que compré hace no sé cuántos años en "Rumayquiya", librería de viejo de la calle Feria, desaparecida con la muerte de la dueña. Tengo pendiente la biografía Adriano del Valle, mi padre, de Adriano del Valle, hijo, publicada por Renacimiento en 2006 [vid].

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