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16 diciembre 2019

Juan Sierra, Luís Álvarez Duarte, y Sevilla...

Tengo parado el estudio de la filosofía del derecho de Santo Tomás de Aquino, y me excuso porque me estoy tomando un merecido descanso mental navideño. Ya lo retomaré, si tengo humor. Pero he pensado concluir el año con algo muy bonito, y tan carpetovetónico ("considerado como característico de la España profunda frente a todo influjo foráneo", lo define el diccionario), como es la exaltación de mi pueblo, que en mi caso es Sevilla... ¡oh gran Sevilla, / Roma triunfante en ánimo y nobleza! (según el archifamoso e irónico soneto de Miguel de Cervantes). La exaltación de Sevilla, subgénero literario. 

Para terminar bien el año, voy a dar mi votación de los libros excelentes que han sido publicados este año 2019. Hacia el mes de abril ya había avanzado tres que siguen pareciéndome muy buenos: la tercera parte de la biografía del profesor José Manuel Lucía Megías : La plenitud de Cervantes; y otros dos de interés sevillano: Sevilla y Murillo : una ciudad para un artista, del profesor Gabardón de la Banda, y Los evangelios apócrifos en la Semana Santa de Sevilla, del joven jesuíta Daniel Cuesta Gómez. A estos tres libros ya me referí [aquí]. Y ahora voy a sumar otros dos libros excelentes que han aparecido estos días, sobre otros tantos grandes creadores y artistas sevillanos : el escultor imaginero, fallecido hace tres meses, Luís Álvarez Duarte (1949-2019), y el poeta y funcionario (de hacienda) Juan Sierra (1901-1989). Comienzo por el escultor.

ÁLVAREZ DUARTE. Este libro es ya, como sabe todo el sector capillita de la ciudad, un clásico del arte imaginero de las cofradías sevillanas : El niño imaginero [almuzara]. Es una recuperación, con motivo del fallecimiento del artista. El año 2012 el periodista José Joaquín León había publicado El niño imaginero en una editorial modesta, que en poco tiempo ha sido absolutamente inencontrable (era un libro que yo ambicionaba). Son las memorias orales del escultor Luís Álvarez Duarte, un artista precoz, que siendo niño se agregó como aprendiz de otro gran imaginero, de Carmona, Francisco Buiza (1922-1983), al que siempre tuvo por maestro, y del que despidió en su lecho de muerte [correo]. En los años sesenta, en la Casa de los Artistas (al lado del Jueves), a Álvarez Duarte se le llamó el niño imaginero, porque con sólo doce años, en 1962, talló su primera imagen, la de la Virgen de los Dolores, para su parroquia de San José Obrero (calle Arroyo, 78), que después de medio siglo sigue procesionando [hermandad]. A partir de entonces, su obra fecunda se extendió por Andalucía, España y la Humanidad (muy presente en Hispanoamérica, hasta llegar a la catedral de Buenos Aires). Para no pecar de omisión, no me atrevo a citar ninguna de sus obras (que aparecen catalogadas, quizá no todas, al final del libro), aunque arriba de esta nota he colgado la imagen de la talla de la santa carmelita Edith Stein (santa Teresa Benedicta de la Cruz), que figura en el lado derecho del retablo de la Virgen del Pilar, en la iglesia del Santo Ángel (en la calle Rioja, que me pilla cerca), que se debe también a Álvarez Duarte (obra de madurez, tallada el año 2000) [vía]. Sobre el libro, decir que se lee con gran emoción. Está muy documentado (en el colofón, muy meditado, se reproduce una fotografía de las virutas del taller del artista). Ahora, después de su muerte, el periodista José Joaquín León ha actualizado en tiempo récord aquella primera edición de hace siete años, completando la biografía del artista con ayuda de su viuda. Un gran libro, imperecedero, me parece (con esa relativa inmortalidad que tienen las obras humanas).

JUAN SIERRA. Otro libro que yo ambicionaba era la reedición de las prosas (los artículos de prensa) del poeta sevillano Juan Sierra, que el ayuntamiento publicó en edición casi clandestina, y bastante fea, el año 1984, con el título Sevilla en su cielo, al que me referí hace ya dos años [aquí]. Mi deseo ha sido felizmente satisfecho (como coleccionista he aprendido que muchas veces, si Dios quiere, al cabo del tiempo los buenos libros acaban recuperándose para las nuevas promociones de lectores, y sólo hay que tener paciencia). Hoy mismo, en el CICUS de la calle Madre de Dios (saliendo de la calle San José, en la judería) se presenta la nueva edición de la obra completa, Poesía y prosa [cicus], en coedición [elpaseo]. El Abc de hoy titula : "Juan Sierra: mucho más que el gran poeta de la Semana Santa de Sevilla" [Abc]. Aún no lo tengo en mi poder (se me hace la boca agua), y es por placer coleccionista, porque ya tengo las poesías por un lado (la edición de La Veleta de 1992), y la edición del ayuntamiento de las prosas, que compré en El Jueves (cómo no). Este, y el libro del niño imaginero, son dos libros maravillosos, pero no digo que para regalar a cualquiera (otras sugerencias pueden encontrarse en la sección de "libros más vendidos" de la Casa del Libro).

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26 octubre 2018

La poesía irlandesa en El Jueves

Es otoño y llueve, y no hay manera de comprar libros callejeros en el mercado del jueves, en la calle Feria. Esta última semana he aprovechado para llevarme tres libros, modestos pero muy interesantes, que me han importado un total de 5 euros. Pero antes de reseñarlos, me gustaría hacerme eco de la publicación, muy esperada, del libro de Andrés Trapiello: El Rastro. Historia, teoría y práctica [Destino]. Es un libro importante para la cultura española, y diría que será, al menos para los que somos aficionados a las cosas antiguas o meramente viejas, el libro del año y el libro del siglo (lo que llevamos de siglo). Confieso que, después de leer el prólogo, me fui derecho al capítulo sobre "Arte y maña del regateo". Me ha hecho mucha gracias, porque yo también, a una escala mucho más modesta que Trapiello, también he escrito aquí una nota sobre la "Técnica del regateo en El Jueves" [ver]. Es un libro peligroso; la otra noche estuve leyéndolo hasta las tantas de la noche como si fuese un adolescente, olvidando que tengo que madrugar todas las mañanas a la hora de los asentistas del mercado. Es un libro, como todos los grandes libros, que se puede tomar y soltar por cualquier página (como Rayuela, como el Quijote). Y no digamos su valor documental gráfico (muchas fotografías son del propio autor). La única pega que le encuentro a este libro sobre el Rastro madrileño, es que repele la limpieza y pulcritud industrial de la edición de Destino. Dice Trapiello que los libros nuevos son más aburridos que los viejos (coincido en parte). Hubiera debido dar instrucciones para que la editorial le hubiese dado alguna patina de vejez, que sé yo, empleando algún material a propósito para la cubierta (igual que se venden los pantalones vaqueros ya envejecidos). Bueno, no quiero reseñar el contenido del libro (en tres partes, historia, teoría y práctica, incluído una selección de textos del autor sobre el Rastro), porque es mejor leerlo y disfrutarlo. Y ya paso a los libros viejos de nuestro particular rastro sevillano de El Jueves:

Antonio Gala (1981) : Charlas con Troylo. Introducción de Andrés Amorós. Madrid, Espasa Calpe, 1991. Ha sido una debilidad de horas bajas. Es sabido que son meditaciones que Gala dirigía a su perro, de nombre Troylo, que publicó en el dominical del diario El País entre 1979 y 1980. Al poco tiempo de concluir la serie (lo cuenta Amorós) se murió el perro. Voy a darle una oportunidad, y comprobar si estos artículos han resistido la prueba del tiempo.

Pablo Cavestany (de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, en catalán: Reial Acadèmia de Bones Lletres) : Defensa de la medianía. Barcelona, Editorial Juventud, 1955. Dice el autor (en la pág. 16): "... No puede ser inútil, en la ínfima medida a nuestro alcance, el intento de encaminar lo malo hacia lo mediocre. Para este que pudiéramos llamar Camino de imperfección basta con guías imperfectos o poco doctos, como el que pretende ser este libro. Él no conoce más que la mitad del complicado trayecto que va desde el delito a la santidad...". Libro curioso, aunque tal vez errado. Me acuerdo de un profesor de la facultad que nos decía que hay que aspirar a lo máximo, porque siempre quedaremos por debajo. Si de entrada nos conformamos con una medianía, nos hundimos.

Marià Manent (ed.) : La poesía irlandesa. Versión, selección y prólogo de Marià Manent. Sobrecubierta de Will Faber. Barcelona, Ediciones Lauro, 1952. Se trata de una selección de 75 poemas, traducidos del gaélico, la mayoría anónimos. No faltan, entre las poesías más antiguas, "El grito del ciervo", atribuída a San Patricio (siglo VII), y el "Saludo a Irlanda", atribuída a San Columbano (siglo XII). Es una poesía de íntimo lirismo, amante de la tierra, que yo asocio con los poemas de Rosalía, de innegable raíz céltica. Es un bello libro, que aún puede encontrarse a muy buen precio entre los libreros anticuarios. Sobre el escritor catalán M. Manent, antiguo traductor de Chesterton al castellano, ya hemos tenido ocasión de referirnos [aquí].

Y nada más por hoy. Hasta la próxima.

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27 septiembre 2018

Miguel de Unamuno, spanish poet

Los libros viejos que encuentro en el mercadillo son, salvo rarísimas excepciones, muy humildes. A este propósito dice Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena. Uno de los últimos me ha gustado mucho. Se trata de A Short Biographical Dictionary of Foreign Literature, del erudito inglés (¿o escocés?) Robert Farquharson Sharp (1864-1945). London ; Toronto New York : J.M. Dent & Sons, ltd. ("Everyman's Library"), 1933. Comprado en El Jueves por 2 €, el librito procede de expurgo de la library del clásico Instituto Británico de Sevilla de la calle Federico Rubio (por donde el antiguo foro romano y la judería).

Cuando lo estuve hojeando, para comprobar qué bueno era, el primer nombre que se me vino a la cabeza fue Verne, Jules (1828-1905), con dos páginas con detalles de los títulos de sus novelas en francés; la última reseñada, La Phare au bout du Monde ('The Lighthouse at the End of the World'), 1905.

Un examen más detenido me sirvió para tener certeza de que también, en cuanto a la literatura española, este Short Biographical Dictionary es realmente bueno. Se encuentra por ejemplo la entrada Quevedo y Villegas, Francisco Gómez de (1580-1645), Spanish author, con 21 líneas. La última obra reseñada es Vida de Marco Bruto, 1644.

El libro contiene una "List of Authors, arranged by Languages". Bajo el epígrafe Spanish, se listan 24 autores: el primero Juan de Mariana (1535?-1624), y el último, Salvador de Madariaga (b. 1886). Llama la atención que la lista salte de repente desde Pedro Calderón de la Barca (1600-81) a Juan de Valera (sic) (1824-1905). Y es llamativo que de estos autores españoles, diez vivían el año de edición del Dictionary, incluídos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero (popularísimos entonces), o Miguel de Unamuno (b. 1864) aunque también Gregorio Martínez Sierra (b. 1881), spanish novelist and dramatist, hoy olvidadísimo. Están los hermanos Machado (Antonio y Manuel, cada uno por separado), pero no Juan Ramón Jiménez, no sé por qué. Robert Farquharson Sharp estaba en general muy bien informado de la literatura española (como de otras tantas, por ejemplo la rumana, con cuatro autores, incluído Eminescu). Como muestra de accuracy, copio la entrada cortita de Antonio Machado (10 líneas):

MACHADO, ANTONIO (b. 1875). Spanish poet and dramatist, was born at Seville. He has held professorships successsively at Soria, Boeza [sic], and Segovia. In 1927 he was elected to the Spanish Academy. Several of his plays have been written in collaboration with his brother Manuel (q.v.). His works include: Soledades, 1903; Galerías, 1907; Campos de Castella [sic], 1912; Poesías, 1917 and 1928; Desdichas de la Fortuna (with his brother Manuel), 1926; Juan de Mañara (with his brother Manuel), 1927; La Lola se va a los Puertos (with his brother Manuel), 1930.

En la entrada dedicada a Manuel Machado (b. 1874), que sigue a la de Antonio por riguroso orden alfabético, dice al final: "For plays written in collaboration with his brother, see Machado, Antonio."

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18 junio 2018

Aquilino Duque en la librería Reguera

Ya estoy un poco harto de contar los libros viejos que compro en El Jueves, en la calle Feria, así que ya es hora de que cambie de registro y haga también moderada reseña de libros nuevos. Como este de ahora, La palabra secreta. Antología 1958-2018, del escritor y poeta sevillano Aquilino Duque [Renacimiento], edición de Juan Lamillar. Es una antología de poemas de este veterano escritor, nacido en Sevilla en 1931, desde su primer libro de poemas, La calle de la luna (1958), hasta el último, Entreluces (2009) y de tres poemas inéditos (el último "Pepe Luís Vázquez in memoriam"). Lo he comprado esta mañana en la librería Reguera, junto a la iglesia de Santa Catalina (en restauración, Dios sabe hasta cuándo). Alguna vez he comentado que esta librería tiene la vitrina más interesantes de libros de Sevilla, quizá junto con la de la librería Palas (en la calle Asunción, en Los Remedios). Recuerdo mucho la de Céfiro, en la calle Virgen de los Buenos Libros, ya perdida como la de la librería Sanz, que conocí de niño en la calle Granada, junto al Ayuntamiento, que tenía aspecto oceánico (como decía Antonio Burgos, recordándola), con tantos libros nadando unos encima de los otros. Habría mucho que decir de por qué ya no hay tantas vitrinas de libros (y en general de por qué ya no hay tantas librerías). Los libros ya no se difunden en los escaparates, sino en el internet, como si fuese la ropa de moda que se compra la gente joven. Mirar libros de los escaparates va siendo cosa de los últimos románticos como nosotros.

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12 junio 2018

Julián Herranz, y Luís Cernuda teólogo

Una razón, la principal, de que nos gusten los libros viejos y baratos, es que ya no están de actualidad, y pueden ser valorados por sus méritos sin ningún compromiso. Si son buenos libros, lo serán siempre, aunque sean viejos. Y además nos sustraemos del coste de intermediación, por el que los libros nuevos, comprados en librerías, nos parecerán siempre caros. Pero si soy sincero, si de libros nuevos se trata, acabo de comprarme la novela A tale of two cities, de Charles Dickens, por sólo 3,75 euros (Wordsworth Editions), que me gustaría que fuese lectura veraniega, Dios dirá. De momento estoy leyendo En las afueras de Jericó. Recuerdos de los años con San Josemaría y Juan Pablo II, del cardenal Julián Herranz [Rialp], que en El Jueves me ha costado el dispendio de ¡un  euro! Y eso porque el valor venal de los libros de segunda mano tiende a cero, sea cual fuere su mérito. Es una autobiografía intelectual, como lo son también, de la otra banda, las de Javier Sádaba y de Luís Cencillo, de las que ya he hablado [aquí]. Si adoptase la terminología de Umberto Eco, yo diría que Sádaba y Cencillo serían apocalittici, y Julián Herranz un integrato

El cardenal Herranz es, como se decía antiguamente, un colega nuestro (valga el simpatico atrevimiento), un hombre dedicado al derecho propio de la Iglesia católica, un canonista. Su libro, que son unas memorias de cosas vistas y oídas, puede tener los defectos de los escritos de los juristas, y más el que haya sido, como Julián Herranz, durante su larga vida, curial de la Santa Sede (Montini, el papa Pablo VI, fue un joven minutante de la Secretaría de Estado, es decir un burócrata de la Iglesia Católica). El cardenal Julián Herranz, que aún vive, es Presidente Emérito del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, la antigua "Pontificia Commissione per l’interpretazione autentica del Codice di Diritto Canonico" (La funzione del Consiglio consiste soprattutto nell’interpretazione delle leggi della Chiesa) [vat]. Es un libro de prosa gris, sobria y contenida, que peca de parquedad, prudencia, cautela y reserva, donde el lector adivina que es tan importante lo que se dice como lo que se omite decir. De nobis ipsis silemus. Son grandes virtudes de jurista, pero no sé yo si también las de un escritor que aspire a la amenidad. Pero tal vez estoy siendo injusto con mi reseña, porque Herranz, con todo, logra ser un escritor fluido e interesante (de otro modo ya hubiera cerrado el libro por la página tres). No voy a negar tampoco su interés testimonial. Herranz relata que fue uno de los colaboradores que asistieron a Escrivá cuando cayó muerto de un infarto en su despacho, haciéndole el boca a boca (Herranz también es doctor en medicina).

No salgo de los márgenes de la teología, porque mi interés era contar algo de otro libro. Esta mañana, merodeando en la plaza de la Encarnación, encontré en un kiosko una Antología poética de Luís Cernuda (Barcelona, Plaza y Janés, Selecciones de poesía española, 1974), edición de Rafael Santos Torroella. Un ejemplar aseado, de páginas inmaculadas, que sólo me ha costado 1€ (en el mercado de viejo no cuesta mucho más). No colecciono ediciones de Cernuda, aunque me gusta la de Adonais [Rialp], del profesor José Luís Bernal Salgado [UEx]. Mientras tomaba un café, hojeaba la antología, y fui a parar a uno de los poemas mayores de Luís Cernuda, "Apología pro vita sua", del libro Como quien espera el alba (1941-1944). En la excelente cronología cernudiana de la Residencia de Estudiantes, leo que Luís Cernuda, en el año 1943, "se traslada como Lector a la Universidad de Cambridge. Allí reside en Emmanuel College, donde escribe el poema «El árbol». Termina Como quien espera el alba" [Residencia]. Hay que imaginarse al poeta, que se marchó a Inglaterra en febrero de 1938, extrañado de su tierra, haciendo por esos años un balance de vida. Eso es el poema "Apología pro vita sua". Es un poema extenso, que debe ser conocido (la antología de la colección "Adonais" no lo recoge). Aquí copio los último versos, grandes de esperanza:

Para morir el hombre de Dios no necesita,
Mas Dios para vivir necesita del hombre.
Cuando yo muera, ¿el polvo dirá sus alabanzas?
Quien su verdad declare, ¿será el polvo?
Ida la imagen queda ciego el espejo.
No destruyas mi alma, oh Dios, si es obra de tus manos;
Sálvala con tu amor, donde no prevalezca
En ella las tinieblas con su astucia profunda,
Y témplala con tu fuego hasta que pueda un día
Embeberse en la luz por ti creada.
Si dijiste, mi Dios, cómo ninguno
De los que en ti confíen ha de ser desolado,
Tras esta noche oscura vendrá el alba
Y hallaremos en ti resurrección y vida.
Para que entre la luz abrid las puertas.

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03 mayo 2018

Fernando Quiñones en la FLS 2018

Hoy se ha estrenado la FLS 2018, con el lema "Mujeres de letras tomar". El próximo martes 8 de mayo "se llevarán a cabo acciones performáticas para reivindicar y visibilizar el papel de la mujer en el sector de los libros" [FLS]. Leo, por ejemplo, que "en el recorrido estará también presente Christina Linares, fundadora de la Editorial Renacimiento, que realizará una dinámica participativa en la que se invitará al público a leer títulos y fragmentos de obras literarias y tratar de averiguar si están escritas por hombres o por mujeres. De esta forma, se pretende romper con los tópicos de qué es o no literatura femenina y qué escriben las mujeres."

Esta mañana me he dado una primera vuelta por las casetas de libros de la Plaza Nueva. Si tuviera que destacar alguna obra literaria  escrita por una mujer que me haya llamado la atención, sería precisamente una reedición de la editorial sevillana Renacimiento, las Memorias habladas, memorias armadas, de Concha Méndez, recopiladas por su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre [biblioteca del exilio]. Tuvieron una primera edición en el año 1990 (en la editorial Mondadori), un libro que recuerdo muy bien, porque lo tuve, lo leí y disfruté, y acabé extraviando, porque estaba impreso en un papel malísimo (de eso que se llama "papel prensa", que se acaba "tostando" en poco tiempo). Es una reedición muy acertada, y que no hace falta decir que recomiendo.

En la lista de libros que me gustaría comprar en esta FLS se encuentran también las Memorias del miedo y el pan, de Antonio Rodríguez Almodóvar [alianza]. Se presenta en la misma feria el sábado 5 de mayo, a las 20h. Por deferencia editorial todavía no está a la venta en las casetas, aunque yo lo ví ya hace un par de semanas en el mejor escaparate de libros de Sevilla, la librería Reguera de la calle Almirante Apodaca (junto a la iglesia de Santa Catalina y la plaza de Los Terceros). Rodríguez Almodóvar es sevillano de Alcalá de Guadaira, del año 1941 [web oficial]. Es un libro muy esperado, o eso quiero pensar.

El primer libro que he comprado en la FLS ha sido una Antología (1957-1998), de poemas y relatos, del escritor gaditano Fernando Quiñones, del que se cumplen veinte años de su fallecimiento. Es un librito casi promocional, muy digno, editado por la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales (2000 ejemplares), y cuesta en la feria 1,35 euros. La edición y el prólogo son de Nieves Vázquez Recio, profesora de la Universidad de Cádiz [letras]. No es claro el primer libro que tengo de Quiñones. Entre los suyos, hoy recomendaría por ejemplo De Cádiz y sus cantes, publicado en 1964, y reeditado por última vez, que yo sepa, por la Fundación José Manuel Lara en el año 2005.

Hoy que es jueves no me privé de pasar también por la calle Feria, sin resultado ninguno. Saludé de nuevo al librero Abel Feu, que tuvo la amabilidad de presentarme al periodista Alfredo Valenzuela, que también andaba por allí curioseando libros. Le recordé su espléndida biografía del rockero Silvio, Vengo buscando pelea, que la tengo en la "edición buena" (tan buena que tiene hasta erratas, me decía Valenzuela), publicada por la extinta editorial Qüásyeditorial el año 1991. Silvio Melgarejo falleció el año 2001. Tenía unas salidas de pata de banco tan graciosas como aquella de que "Yo soy tan católico que no necesito ni practicar". Tiene calle en Sevilla en su memoria, «Rockero Silvio», en el barrio de Los Remedios. Al periodista Alfredo Valenzuela le mencioné la novedad de la Historia del Rock Andaluz, de otro periodista, Ignacio Díaz Pérez [almuzara], que reconoce como antecedente a esa biografía de Silvio. Valenzuela me decía este jueves con modestía que la biografía de Silvio es el libro más importante que ha hecho en su vida, y yo le creo, aunque la vida sigue.

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13 marzo 2018

Adonde no hay amor, ponga amor

El domingo, a la hora del almuerzo, nos sobresaltamos con la noticia del descubrimiento del pequeño Gabriel, de ocho añitos, muerto, estrangulado. El mensaje de la madre, Patricia, refiriéndose a la asesina, ya apresada, ha sido sublime: "Os pido en nombre de mi hijo que lo que tiene que inundar ahora mismo España son los mensajes de esperanza y cariño que había hacia Gabriel y ese movimiento de buenas personas y no la rabia y el odio" [La Voz de Almería]. No he podido evitar el recuerdo de la otra gran sentencia de San Juan de la Cruz, de su epistolario: ... Y adonde no hay amor, ponga amor, y sacará amor...

La imagen es la cubierta del libro The Poems of St. John of the Cross, edición bilingüe editada por The University of Chicago Press, con la traducción del poeta norteamericano John Frederick Nims [ucp].

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16 febrero 2018

Adriano del Valle, hermano del Valle

Ignacio, el Octavo Nieto De Adriano (O.N.D.A.) me anunció sorpresivamente que la tarde del miércoles de ceniza (Ash Wednesday), daba una conferencia en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), en la calle Madre de Dios (en plena judería, entre la calle San José y la cernudiana calle Aire), sobre su abuelo, "Adriano del Valle: Poeta plástico" [cicus], coincidiendo con la exposición sobre las "Minervas  del 27" [cicus]. No pude asistir, pero quedamos en vernos el jueves por la mañana. Desayunamos en la sacritaberna o bar cofrade "La Candelaria", junto a la iglesia de San Nicolás [elpalquillo]. Luego, bajando por Muñoz y Pabón y atravesando La Alfalfa, Alcaicería, Lineros y Puente y Pellón, visitamos a la Virgen del Valle, en La Anunciación [valle]. Vamos, lo que se dice un programa de lo más capillitero, ya que estamos en Sevilla y con la Cuaresma estrenada.

Ignacio tenía mucho interés en esta visita, porque sabía que su abuelo Adriano había sido recibido de hermano en una de nuestras cofradías, seguramente en la hermandad del Valle (la "Pontificia, Real, Ilustre y Primitiva Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa Mujer Verónica" [den]). Adriano del Valle nació en Sevilla en 1895, de madre sevillana. En su obra se encuentran poemas y prosas dedicados a nuestra Semana Santa. ¿Fue Adriano hermano del Valle? Parece ser que sí, o al menos eso aseveraba el periodista Fernando Gelán en una serie sobre "cofrades de Sevilla", en el artículo dedicado al Valle, publicado en el Abc de Sevilla el 11 de marzo de 1982 [abc]. En la hermandad nos explicaron que, hacia la fecha de la toma de juramento, en los años 40, la sede canónica era la iglesia del Santo Ángel, en la calle Rioja, donde debía estar expuesta entonces la Virgen del Valle.

Allí nos despedimos, tomando nota de algunas recomendaciones de libros (incluídos los libros de Pablo d'Ors). Ya he recogido en una de nuestras librerías de cabecera, "Alejandría" (en el pasaje de Los Azahares, entre la plaza de San Andrés y la iglesia de la Misericordia), la Antología necesaria de Adriano del Valle (preparada por Mercedes García Ramírez, Sevilla, Alfar, 1992). Lo que sería necesario, pienso, es que se publicase otra antología renovada de Adriano del Valle, o incluso, como me comentaba Ignacio, un facsímil de algunas de sus primeros libros de poesía, que alcanzan en los anticuarios precios elevadísimos. Como soy coleccionista, ya tengo la espléndida Antología que publicó la Comunidad de Madrid en 1995, con ocasión del centenario (1895-1995), y una primera edición de Gozos del río (1920-1923) (Barcelona, Apolo, 1940), que compré hace no sé cuántos años en "Rumayquiya", librería de viejo de la calle Feria, desaparecida con la muerte de la dueña. Tengo pendiente la biografía Adriano del Valle, mi padre, de Adriano del Valle, hijo, publicada por Renacimiento en 2006 [vid].

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11 diciembre 2017

Ave-Maria de Pessoa

AVE-MARIA

                        À minha mãe

Ave Maria, tão pura,
Virgem nunca maculada
Ouvide a prece tirada
No meu peito da amargura.

Vós que sois cheia de graça
Escutai minha oração,
Conduzi-me pela mão
Por esta vida que passa.

O Senhor, que é vosso filho
Que seja sempre connosco,
Assim como é convosco
Eternamente o seu brilho.

Bendita sois vós, Maria,
Entre as mulheres da terra
E voss'alma só encerra
Doce imagem d'alegria.

Mais radiante do que a luz
E bendito, oh Santa Mãe
É o fruto que provém
Do vosso ventre, Jesus!

Ditosa Santa Maria,
Vós que sois a Mãe de Deus
E que morais lá nos céus
Orai por nós cada dia.
 
Rogai por nós, pecadores,
Ao vosso filho, Jesus,
Que por nós morreu na cruz
E que sofreu tantas dores.

Rogai, agora, oh mãe querida
E (quando quiser a sorte)
Na hora da nossa morte
Quando nos fugir a vida.

Avé Maria, tão pura,
Virgem nunca maculada,
Ouvide a prece tirada
No meu peito da amargura.
 
12-4-1902
 
Vid: [arquivopessoa]

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04 diciembre 2017

O Guardador de Rebanhos

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Quando eu morrer, filhinho, 
Seja eu a criança, o mais pequeno. 
Pega-me tu ao colo 
E leva-me para dentro da tua casa. 
Despe o meu ser cansado e humano 
E deita-me na tua cama. 
E conta-me histórias, caso eu acorde, 
Para eu tornar a adormecer. 
E dá-me sonhos teus para eu brincar 
Até que nasça qualquer dia 
Que tu sabes qual é.
.....................................................
Esta é a história do meu Menino Jesus. 
Por que razão que se perceba 
Não há-de ser ela mais verdadeira 
Que tudo quanto os filósofos pensam 
E tudo quanto as religiões ensinam ?

Alberto Caeiro, O Guardador de Rebanhos,
Ode VIII ("Num meio-dia de fim de primavera...") (últimos versos).

El poeta Fernando Pessoa sufría una profunda psicosis que se expresó en su poesía, que atribuyó a sus heterónimos, como Alberto Caeiro. Pessoa era oscurantista, alcohólico y de vida desordenada, pero fue un altísimo poeta en lengua portuguesa, y hoy está sepultado en el claustro de los Jerónimos de Belém. Su destino personal, muerto de dolencia hepática, no es muy distinto del de muchos artistas, poetas y filósofos geniales. Estos días estoy pasando mi particular invierno pessoano, leyendo la biografía que le dedicó el también poeta Ángel Crespo, La vida plural de Fernando Pessoa, publicada por primera vez en 1988. La Ode VIII de Alberto Caeiro es para lectores formados. Explícitamente es anticatólica. Pero quién sabe si Dios, para quien son dilectos los pobres, humildes y dolientes, habrá querido que ese Pessoa, verdaderamente digno de compasión, igual que los ciegos, tullidos y endemoniados de los evangelios, hubiese entrevisto alguna revelación de la vida divina. Estos últimos versos que he copiado, me parecen conmovedores, y muy apropiados para el Adviento que ha comenzado.

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09 noviembre 2017

Técnica del regateo en El Jueves

No me he referido tampoco hasta ahora a la técnica del regateo, en el momento de comprar libros viejos. Está contraindicado cuando los libros tienen un precio fijo. Por ejemplo, este jueves un anticuario ofrecía "tres libros a dos euros" (otros días, como si fuese una fórmula algebraica, uno, dos; tres, cinco). No me ha ido nada mal, lo voy a contar enseguida. También vale hacerse el remolón. Hoy he visto un libro que me ha enamorado, Biografía de una torre. La Giralda, que es una antología temática, sobre la Giralda, claro, de poetas sevillanos (Ayuntamiento de Sevilla, Junta Municipal del Distrito IV, 1985). Me pedían por él 10 euros y dije que no, aunque reconocía que era un buen libro. Por 8 euros, continué declinando la oferta, y cuando ya me iba, me dijo el vendedor: por 5 euros te lo llevas, y así fue. Por lo demás, hoy he hecho unas compras fabulosas, dignas de recordarse. Una primera edición de Pastorales (Madrid, Editorial Renacimiento, 1911), de Juan Ramón Jiménez, que en librerías anticuarias cotiza por encima de los 100 euros [tc]. Y también un libro rarísimo, del cardenal Pedro Segura y Sáenz, arzobispo de Sevilla, Unos días en la soledad. Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola (Sevilla, Editorial Edelce, 1950, imprimatur Dr. Tomás Castrillo Aguado, vicario general; nihil obstat Dr. José Comino García, tesorero de la S.M.I.C., censor), libro que está impoluto, como recién aparecido, y que valdrá un potosí, o eso me parece [tc]. Estoy contento, pero no todos los jueves van a ser como este.

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24 octubre 2017

J.R.J. en El Jueves

Abriré un paréntesis en la secuencia de este catálogo de libros comprados en el mercado sevillano de El Jueves, para relatar mi última comprilla que he hecho allí. Adelanto que es una Segunda antolojía poética (1898-1918) de Juan Ramón Jiménez, de la inconfundible colección "Austral".

Hace unos días en una librería de viejo me preguntaron si yo colecciono libros, y la pregunta se las trae. Es verdad que, al cabo del tiempo, uno ha reunido una colección, pero no estoy tan seguro de ser coleccionista. He ido al diccionario de la Lengua Española, y no me ha sido de mucha ayuda. Define la bibliofilia como la "afición a coleccionar libros". El coleccionismo es, también según el diccionario, la "práctica de coleccionar", lo que tampoco es mucho decir. Coleccionar es, claro, "formar colección de algo". Por fin el diccionario va a parar a la definición de colección, que es el "conjunto ordenado de cosas, por lo común de una misma clase y reunidas por su especial interés o valor". Pero ahora no queramos buscarle los tres, o los cinco pies al gato, y no pidamos al diccionario que nos explique qué es un conjunto ordenado de cosas. De todos modos, echo en falta que el diccionario se acuerde de quienes, como yo, nos dedicamos a coleccionar, sin haber pretendido desde un principio hacer una colección, un todo ordenado. La colección crece como un fractal [wikipedia], unos libros van llevando a otros libros. En realidad, lo primero en el tiempo es el coleccionismo, que viene del latín colligo, que significa reunir o juntar [Lewis & Short]. Sólo el tiempo hace de las cosas reunidas o juntadas una colección, un conjunto ordenado. En suma, me gusta reunir o juntar libros, que compro o me regalan (con mucha más frecuencia lo primero que lo segundo). El orden de la colección ha venido después, porque no necesariamente el poseer libros hace del bibliófilo un bibliotecario.

No he leído todos los libros que tengo, pero me gusta verlos reunidos (i.e. coleccionados) como una esperanza de lectura. Con esto quiero decir que no puedo abstraer de los libros su utilidad, viéndolos como simples collectable [Dictionary]. Mi interés en los libros es más utilitario que coleccionista, aunque sea capaz de apreciar un libro con una buena facha. Pero hay que aceptar que la bibliofilia no tenga nada que ver con la afición a la lectura. En resumen, soy lector, no bibliófilo, porque no colecciono libros, aunque tenga una colección de libros (esa es la paradoja). El mes pasado, el escritor Juan Pedro Quiñonero, desde París, escribía que "Sotheby's estima que uno de los cinco ejemplares de «Por el camino de Swann», el primer volumen de «En busca del tiempo perdido», editados en papel japón imperial, por cuenta de su autor, en 1913, pudiera venderse, hoy, en subasta pública, por entre 400.000 y 600.000 euros." [Abc] [Sotheby's]. Noticias como esta son las que no le caben en la cabeza a un aficionado a los libros, no digo ya al bibliófilo que colecciona libros como objetos valuables en subasta.

Reunidos o juntados mis libros, les he impuesto un orden propio de una colección, de una biblioteca. Por ejemplo, sin ir más lejos, según el criterio "libros que he comprado en el mercado de El Jueves". Pero no me ha dado por coleccionar, reunir o juntar libros de una determinada rama. Podría haberme aficionado a reunir, por ejemplo, ediciones de El Criticón. Las que más aprecio no tienen nada de particular, son la primera y la última que leí: la primera, de la colección "Austral", de letra microscópica, y la última, los tres tomitos manejables de la edición de Evaristo Correa Calderón para la colección de "Clásicos Castellanos", que es por ahora la que prefiero para releer. Sin embargo, está fuera de mi alcance, ni la pretendo, la reciente edición de la Institución Fernando el Católico, de la Diputación Provincial de Zaragoza [ifcdpz].

En fin, algo de esto me pasa con los libros del poeta de Moguer Juan Ramón Jiménez. En mi colección he reunido, por ejemplo, una edición elegante (no digo de bibliófilo) de sus Primeros poemas [Point de Lunettes], aunque el ejemplar que más aprecio es la edición corrientucha que leí en el bachillerato de la Nueva antolojía editada por Aurora de Albornoz (Barcelona, Península, 1973), que además tiene el sello de la librería Padilla, cuando abría en la calle Laraña, enfrente de la iglesia de la Anunciación. Ahora me he encontrado en El Jueves, que es lo que iba a contar, una edición de la Segunda antolojía poética (1898-1918). La primera antolojía, según cuenta el mismo Juan Ramón, se editó por la Hispanic Society de New York (1917). La edición en la colección Austral (la antigua "Colección Universal" de Calpe) es la canónica. El prólogo lo dirigía J.R.J. a Manuel G. Morente, entoncer director de la colección. El librito que he comprado (me da vergüenza decir que me ha costado en El Jueves 50 céntimos de euro) es del año 1969. Tiene escrito a lápiz, en la primera página, "40.-" (que serían las pesetas que entonces costaba). Lo más curioso, en la portada, es el sello de la "Imprenta Papelería Borrero", casa fundada en 1894 y aún en activo, con tienda justamente en la C/ Juan R. Jiménez nº 15, de Moguer. El libro sería un souvenir de un visitante del pueblo del poeta, que quiso llevarse de recuerdo los versos de Juan Ramón.

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10 octubre 2017

Joaquín Romero Murube en El Jueves

Después de los clásicos [1], en este serial de los libros que he comprado en el rastro sevillano de El Jueves, han de seguir, por rigurosa lógica, los modernos, a modo de antiqui & moderni (ancients vs. moderns) [Swift]. Son los clásicos vivos, los que han vivido en nuestro tiempo. Para ilustrar esta entrada, estuve dudando si escoger alguna de las poquísimas fotografías de Juan Sierra disponibles en internet, o bien de algún otro escritor, que habría de ser con preferencia sevillano. Hay más abundancia gráfica del escritor Joaquín Romero Murube, por cuya elegante figura he optado. Respondía a la perfección al arquetipo de sevillano fino y frío (según definición de Miguel de Unamuno, que no caigo ahora donde lo dijo). En la fotografía de aquí, aparece con el periodista Nicolás Salas, que está irreconocible de tan joven, y de tan delgado [Salas]. Y pues estoy cansado, con pocas ganas de pensar, paso sin más preámbulo a la crónica, que esta vez sigue el orden de publicación de cada libro:

Joaquín Romero Murube (1938), Sevilla en los labios. Prólogo de Eduardo Llosent y Marañón [fcmh]. Ilustraciones de José Narro [fce]. Barcelona, Luís Miracle editor, 1943 (2ª ed.). Con esta edición original, ya he progresado en mi colección, después de dos facsímiles, uno pobre y en blanco y negro del editor Castillejo (1991), y otro más respetuoso, a dos tintas, de la Fundación de Aparejadores (1977). Los derechos de edición del libro fueron cedidos por la viuda del escritor a la Bolsa de la Caridad de la Hermandad Sacramental de María Santísima en su Soledad (parroquia de San Lorenzo), a la que estuvo vinculado, y que en 1995 editó en estuche algunos otros de sus libros [Soledad].

Miguel García Posada, El paraíso y las hachas. Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, colección de poesía "Alcaraván", 1967 (colección al cuidado de Antonio y Carlos Murciano). Dibujo del poeta hecho por Sancha. Viñeta de Moreno Galván. Con este librito es lo más cerca que he estado de pescar una primera edición de algo. Pese a todo, le tengo más cariño, del escritor y crítico Miguel García Posada, a su edición de 40 años de poesía española. Antología 1939-1979 (Madrid, 1988), que me dedicó al finalizar una conferencia el año 1990. Sobre el pintor y poeta Francisco Moreno Galván, [Puebla].

Camilo José Cela (1948), Viaje a la Alcarria. Las botas de siete leguas. "Nota a esta edición", fechada en Madrid, 16 de octubre de 1952. Madrid, Espasa Calpe, colección "Austral", 1967. Echo de menos esta inconfundible colección Austral, que hoy ha perdido su identidad, aunque siga siendo el ideal de los libros baratos.

Vicente Aleixandre (1956), Mis poemas mejores. Madrid, Editorial Gredos, "Antología Hispánica", 1977. Cuarta edición aumentada, que llega hasta los Diálogos del conocimiento (1974). El mérito de esta edición es que es una selección comentada por el propio poeta.

Leopoldo de Luís, Vida y obra de Vicente Aleixandre. Prólogo de Ramón Garciasol. Madrid, Espasa Calpe, "Selecciones Austral", 1978. El relato de la vida llega hasta el premio Nobel. La obra, de nuevo, hasta los Diálogos del conocimiento.

José Luís Cano (ed.), El tema de España en la poesía española contemporánea. Antología. Madrid, Taurus ediciones, 1979 (la primera edición se publicó en la editorial de la Revista de Occidente). La antología se abre con el poema "A España" (1928), de don Miguel de Unamuno. Del editor prefiero su Antología de la nueva poesía española (en la editorial Gredos, primera edición de 1958), o la Antología de poetas andaluces contemporáneos (Ediciones Cultura Hispánica, 1952), que la edición de 1978 me costaría en la librería Padilla, enfrente de la Anunciación, cosa de 400 pesetas o por ahí (cuando en España aún había pesetas).

Juan Sierra González, Sevilla en su cielo. Sevilla, Junta Municipal del Distrito III - Triana, 1984. Este sí que es un libro inencontrable, muy apreciado, junto con los libros de poesía: La edición de los Poemas Juan Sierra en Comares, de 1992, está desaparecida de las librerías desde entonces, pero aún se encuentran ejemplares de su último libro de versos, Álamo y cedro (Sevilla, Renacimiento, 1982). Sevilla en su cielo, que son sus prosas, me la vendió un viejo por 7 euros. Suerte. "Reunir en un volumen algunos artículos míos, publicados en la Prensa, ha sido la razón de este libro. En él se imprimen notas y recuerdos de Sevilla, la ciudad en la que residí la mayor parte de mi vida... Si en algo he logrado con lo escrito dignificar y enaltecer a Sevilla -que tanto tiene de bueno- me alegro de todo corazón y doy gracias a Dios por mi trabajo" (del prólogo). Sobre Juan Sierra (1901-1989), [Abc]. A ver si el Excmo. Ayuntamiento se acuerda de él, y de los sevillanos amantes de la poesía, y reedita (pienso que con autorización de sus herederos) sus versos y su prosa, obra bien corta, pero brillantísima, modelo lacónico, como la de Romero Murube, del sevillano fino y frío.

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14 julio 2017

Mi veraneo

Comienza a comenzar la desbandada
De la gente elegante, acaudalada:
Si no a playas y puertos todavía,
Pues no ha empezado aún la temporada,
Huyendo de este ardiente mediodía...
O día-entero-y-pleno, por lo ardiente,
Donde es tanto el calor que ya se siente
Que no acierta a decir la musa mía
Lo que le pasa al abrasador ambiente
Si es que se pone caro por lo raro,
O es que se pone raro por lo caro.
Yo, que no me meneo
De esta tierra del sol y de las flores,
He inaugurado ya mi veraneo.
Y para conjurar estos calores
Como los del desierto, abrasadores,
He sacado un billete ¡de primera!
Sí, señor: un billete de... escalera,
Y desde el alta esfera
Del principal, do paso la invernada,
En sólo una jornada,
Mediante la mudada
De lo más perentorio y lo más preciso,
Me he trasladado ayer al bajo piso.
(No he dicho piso bajo
Por costarme muchísimo trabajo
Hallarle consonante.
Perdón, pues, por el ripio, y adelante)!
Y aquí estoy tan campante,
Sentado en mi butaca de rejilla,
Con mi mesa sencilla,
(Claro que por delante)
Donde tengo papel, pluma y tintero:
Un cuco cenicero
Y... en él una colilla.
¡Este será, oh, lector, mi Sardinero
En el famoso puerto de Sevilla!

JUAN FRANCISCO MUÑOZ Y PABÓN, PBRO.
"Mi veraneo" (fragmento). De Lira cristiana (1919).

Juan Francisco Muñoz y Pabón (1866-1920), canónigo lectoral de la S.M. y P.I. Catedral de Sevilla. Tiene calle en la ciudad, la que sube desde la Alfalfa hasta el montículo de la iglesia de San Nicolás y la calle San José, lo que fue una de las puertas de la antigua judería. He encontrado un ejemplar de Lira cristiana en El Jueves. Sobre Muñoz y Pabón, con ocasión del CL aniversario de su nacimiento, Carlos Ros ha publicado una biografía, Juan Francisco Muñoz y Pabón, chispeante canónigo novelista [Ros].

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16 marzo 2017

Los recuerdos de Fernando Villalón, de Manuel Halcón

El otro día, en la librería del joven librero de viejo Daniel Cruz, en la sevillana a más no poder calle Boteros, Daniel, que ya me había vendido algún tomo suelto de las obras completas de Jaime Balmes en la B.A.C., tuvo la gentileza de mostrarme unos elegantones tomitos de las obras completas del padre Coloma, publicados por Razón y Fe. Entonces la conversación echó a volar. Yo le conté que he sido lector muy tardío de Pequeñeces, a pesar de que desde la niñez he visto rodar en casa la novelita. Creo que, lector ya adolescente, me tumbaba el ambiente de cursilería que la novela transpiraba desde las primeras páginas, y yo prefería leer antes, qué sé yo, a escritores entonces de moda como Stefan Zweig, o Pearl S. Buck. Pero al final, todo libro tiene su momento, y siendo lector que ya peina canas, creo que lo he leído en el momento oportuno para comprenderlo. No ha pasado de moda. Con el librero de viejo de la calle Boteros estuvimos comentando que muchos autores de los últimos tiempo (pongamos por ejemplo a Jaime Balmes), se encuentran inmerecidamente situados en un segundo escalón, siendo lecturas espléndidas. Claro que hoy los chavales, digitales nativos, a duras penas leen libros del primer escalón (digo yo por ejemplo el Lazarillo de Tormes), mucho menos entonces los del segundo. Uno de estos pueden ser los deliciosos Recuerdos de Fernando Villalón, de Manuel Halcón, publicados por vez primera en los Talleres de Rivadeneyra de Madrid en 1941 [Ricardo Gullón]. El aristócrata y escritor sevillano Manuel Halcón y Villalón-Daoíz (1900-1989) era primo del célebre ganadero y poeta (o viceversa) Fernando Villalón-Daoíz y Halcón (1881-1930), muerto pronto. Este librito de Recuerdos (en que aparece fugazmente el bandolero "el Pernales"), ha hecho inmortal (digamos con esa módica y transitoria inmortalidad que procuran las letras) al poeta Villalón. Es un librito de lectura deliciosa e inolvidable, y no sé si, como en el caso del padre Coloma, está ya instalado en el purgatorio del segundo escalón literario. Cada cierto tiempo alguien se acuerda que merece una reedición. Hoy, leyendo el periódico con el café, me he desayunado con la noticia de que la editorial Renacimiento de Abelardo Linares, ha decidido reeditar también estos Recuerdos. En la cubierta de la nueva edición (igual que en aquella vieja de Alianza del año 1969) aparece la célebre fotografía de Villalón fumando descabalgado, con la garrocha en la diestra. En fin, termino con un sucedido muy curioso, ya que soy sensible a las casualidades muy poco casuales [Jung]. Hace tan sólo un par de días estuve sobando mi ejemplar de los Recuerdos de Fernado Villalón (un libro de bolsillo como el de la imagen), que me trae buenos recuerdos de lectura, e incluso me entretuve en forrarlo, pensando en conservarlo para volverlo a leer. Hoy precisamente me encuentro con que se reedita. Esto es una causalidad, no una casualidad.

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22 abril 2016

Sincronicidad y libros

Ayer tuve un golpe de fortuna en el Jueves (en Sevilla es el mercado como el Rastro en Madrid). En un baratillo me encontré un libro casi inencontrable, Sevilla en su cielo, una colección de artículos de prensa del grandísimo poeta sevillano Juan Sierra, que editó en su homenaje el distrito de Triana en 1984. Por 7 euros me lo vendieron, sin regateos. Bien merecía una reedición, como las mismas poesías, que caben en un librito (el que publicó La Veleta en 1992, que guardo como oro en paño [Comares]). Esto de comprar libros viejos es una afición venatoria, con que calmar el spleen.

No salgo de pobre con los libros, pero me hacen rico de espíritu. Y de esto va lo que quiero contar, a propósito de una nueva antología de escritos del siempre sugestivo psiquiatra C.G. Jung [Trotta]. Muchos lectores que no tienen un conocimiento riguroso de la psicología profunda, pueden asociarlo a una noción muy difundida, la de sincronicidad [Synchronizität], acuñada por Jung. La sincronicidad es un fenómeno corriente, que Jung estudia como manifestación del inconsciente. Son esas casualidades improbabilísimas (me acuerdo de un amigo que hace tiempo que no hablo con él, y en ese mismo momento me llama por teléfono, o me lo tropiezo al doblar la esquina), o esas premoniciones que nos llegan en sueños o en la vigilia. Estas coincidencias no pueden explicarse por causas físicas (son "acausales") y postulan un acceso a dominios fuera del tiempo y del espacio. Bueno, no quiero seguir porque no soy especialista, ni tampoco quiero darle mayor importancia a las casualidades extrañas.

Los coleccionistas también experimentamos, en ocasiones, sorprendentes sincronicidades. Como ayer jueves mismo. El miércoles por la noche me entretuve leyendo cosas sobre San Juan de la Cruz. El padre Ángel Custodio Vega O.S.A., prior del monasterio de El Escorial, decía que en su tiempo había buenas hagiografías sobre el santo, pero ninguna buena biografía. Como la del carmelita Crisógono de Jesús. Eso era el miércoles. El jueves por la mañana, me encuentro tendido en el suelo, en el mercado de el Jueves, el bonito estudio de San Juan de la Cruz, del padre Crisógono de Jesús (Barcelona, ed. Labor, 1946), que me llevé por 1 euro, ¿es o no casualidad? Podría seguir contando más casualidades (en un coleccionista constante son frecuentes), pero basta por hoy.

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24 junio 2015

Luna llena en Semana Santa

Denso, suave, el aire
Orea tantas callejas,
Plazuelas, cuya alma
Es la flor del naranjo.

Resuenan cerca, lejos,
Clarines masculinos
Aquí, allí la flauta
Y oboe femeninos.

Mágica por el cielo
La luna fulge, llena
Luna de parasceve.
Azahar, luna, música,

Entrelazados, bañan
La ciudad toda. Y breve
Tu mente la contiene
En sí, como una mano

Amorosa. ¿Nostalgias?
No. Lo que así recreas
Es el tiempo sin tiempo
Del niño, los instintos

Aprendiendo la vida
Dichosamente, como
La planta nueva aprende
En suelo amigo. Eco

Que, a la doble distancia,
Generoso hoy te vuelve,
En leyenda, a tu origen.
 
Et in Arcadia ego.


Cuando leo que el papa Francisco ha tenido la ocurrencia, y se está pensando, establecer una fecha fija de la Semana Santa en el mes de abril, y no según el calendario lunar [aciprensa], (una pavada, en Argentina), no he podido evitar acordarme de la "luna de parasceve" del gran poema del poeta sevillano Luís Cernuda. ¡Santo Padre, no por favor!


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07 mayo 2014

De poetas, santos y locos

Que los santos tengan algo de poetas, y de locos, ya lo dice el adagio. Es tan antiguo como la manía platónica. Quien debía de estar como un cencerro (según criterios humanos) era Ignacio de Loyola, como se echa de ver leyendo el relato del peregrino, que es su autobiografía al dictado. Aunque esta "santa locura" es el precio que hay que pagar por la genialidad creativa (un primo hermano de Ignacio sería Kurt Gödel, el íntimo de Einstein en Princeton). No hay santo que no haya tenido su desajuste mental, aunque el desequilibrio o pérdida de tornillería se haya manifestado, por ejemplo, en exhibicionismo teatral (Karol Wojtyla, sin ir más lejos). Y eso sin descontar a los santos vivos (pienso en uno, de cuyo nombre no quiero acordarme), cuya manía a la vista está de todos. El escueto relato del peregrino en Jerusalén (capítulo IV, parágrafos 44-48) reviste incluso rasgos cómicos (¿quién nos dice que Ignacio no haría reír contando sus peripecias en Tierra Santa?) y parece que sucedió ayer mismo, aunque han transcurrido ya cinco siglos: 

"... le vino grande deseo de tornar a visitar el monte Olivete antes que se partiese, ya que no era voluntad de nuestro Señor que él se quedase en aquellos santos lugares. En el monte Olivete está una piedra, de la cual subió nuestro Señor a los cielos, y se ven aún agora las pisadas impresas; y esto era lo que él quería tornar a ver. Y así, sin decir ninguna cosa ni tomar guía (porque los que van sin Turco por guía corren grande peligro), se descabulló de los otros, y se fue solo al monte Olivete. Y no lo querían dejar entrar las guardas. Les dió un cuchillo de las escrivanías que llevaba; y después de haber hecho su oración con harta consolación, le vino deseo de ir a Betphage; y estando allá, se tornó a acordar que no había bien mirado en el monte Olivete a qué parte estaba el pie derecho, o a qué parte el esquierdo; y tornando allá creo que dió las tijeras a las guardas para que le dejasen entrar. Cuando en el monasterio se supo que él era partido así sin guía, los frailes hicieron diligencias para buscarle; y así, descendiendo él del monte Olivete, topó con un cristiano de la cintura, que sirvía en el monasterio, el cual con un grande bastón y con muestra de grande enojo hacía señas de darle. Y llegando a él trabóle reciamente del brazo, y él se dejó fácilmente llevar. Mas el buen hombre nunca le desasió..."

También lo cuenta X. Pikaza: "Ascensión de Jesús..." [RD].

22 febrero 2013

Yo a la muerte, vosotros a la vida



Estaba en deuda con José Antonio Moreno Jurado (helenista, profesor, poeta, traductor, crítico [wiki]), de una reseña de su último libro poético, sus Últimas mareas [vid.]. Pues dicho y hecho: es un libro que trata del morir, un ars moriendi. Vamos todos hacia la muerte, que no es sino las ipsissima verba de Sócrates ante los jueces: Yo a la muerte * vosotros a la vida  (Apología 42a).

No sabemos qué es morir. Sólo conocemos el declinar hacia la muerte de todo lo que vive, el ir muriéndose (de los demás, y nuestro), pero no la muerte misma. No es exacto entonces decir que estos poemas de José Antonio Moreno Jurado traten del morir, sino del hecho universal de que todos nos encaminamos por pasos contados hacia la muerte.

Aunque no es el acto de morir lo que nos inquieta, sino que un día seamos, y al otro ya no. San Agustín, evocando la muerte de su madre, se preguntaba: Quid erat ergo, quod intus mihi graviter dolebat, nisi ex consuetudine simul vivendi dulcissima et carissima repente dirupta vulnus recens? [Confessiones, 9,12]. Porque no nos duele la muerte (que no es nada) sino que su herida acabe tan de repente con la costumbre de vivir juntos (consuetudo simul vivendi).

Aventuro que el motor de este último gran libro de poemas de José Antonio Moreno Jurado haya sido, no la muerte universal y abstracta, sino una muerte particular, próxima, precisamente la muerte de su madre. José Antonio lo explica con palabras sencillas: "solo tuve que cogerla tiernamente de la mano, sobre el lecho, para ayudarla a pasar el umbral impreciso de su muerte". Estas Últimas mareas son el resultado de un duelo, en que el poeta construye una reflexión, en poemas de tono mayor o tono menor, sobre lo que es ir hacia la vida y hacia la muerte.

La rememoración de la madre es un lugar común, un topos, ocasión para el poeta de ser honesto con su oficio, o para rendirse a la sensiblería, el sentimentalismo exagerado, trivial o fingido. Me he entretenido estos días buscando poemas de poetas modernos, que invito a leer y comparar:
Juan Ramón Jiménez, "El adolescente" (Segunda Antolojía Poética, 1898-1918).
César Vallejo, el Poema LXV de Trilce ("Madre, me voy mañana a Santiago") (1922).
Dámaso Alonso, "La madre" (Hijos de la ira, 1944);
Luís Rosales, La casa encendida (1949).
Pablo Neruda, "La mamadre" (Memorial de Isla Negra, 1964).
Jaime Gil de Biedma, "Barcelona ja no és bona o mi paseo solitario en primavera" (Moralidades, 1966).
Ángel González, "Confesiones de un joven problemático" (Muestra..., 1977). 
Me gusta el de Pablo Neruda, y es curioso porque no se lo dedicó a su madre (que murió a los pocos días del parto) sino a su madrastra, Trinidad Marverde, a la que quería como a una madre (Oh dulce mamadre / -nunca pude / decir madrastra...). Pero esto no es una clase de retórica, ni puedo detenerme a comentar con detalle estos poemas. Además, no creo que se pueda explicar la poesía. Se puede explicar los accidentes de un poema (que está escritó así o asá, y que dice esto o aquello), pero la sustancia de un poema, lo que el poema es, no se explica. Un buen poema es un individuo, un unicum, y su explicación sólo puede ser performativa (su lectura misma).

Y entonces, ¿qué puedo decir yo ahora del poema de la Madre de José Antonio Moreno Jurado, fuera del juicio vulgar de que me parece conmovedor? Me interrogo sobre el valor literario de un poema, que es la virtud que lo hace único, diferente, memorable, capaz de interesar a multitud de lectores remotos (como el de Pablo Neruda), incluso traducido a nuestra lengua (los de Yorgos Seferis, Odysseas Elytis). A esto llama José Antonio Moreno Jurado la estética del riesgo.

Y así es, pues qué diferentes son los poemas que he traído a cuenta. Tres de ellos son una evocación (los de Neruda, Gil de Biedma, y el de Ángel González); otros dos son polos opuestos, un monólogo (de Luís Rosales) y un diálogo entre madre e hijo adolescente (de Juan Ramón Jiménez); y en fin otros dos son apóstrofes a la madre (de César Vallejo y Dámaso Alonso), con un verso inolvidable: Así, muerta inmortal. / Así.

Leyendo estos modelos se comprenderá la valentía, el riesgo de dar la voz a la madre que se muere, del insólito poema de José Antonio Moreno Jurado:
Pero lentamente  *  muy lentamente  *  apenas imperceptible  *  mente  *  voy aspirando mi propia degradación  *  momento a momento
y la emoción del ruego sencillo, repetido, de las simples palabras adivinadas por el hijo: no te vayas:
Y vuelvo a decirle  *  sólo con los ojos  *  no te vayas  *  mientras subo  *  fuera de mí  *  sin lágrimas posibles  *  hacia la muerte.
La voz inaudible de la madre, inseparable de la del hijo, el poeta que la interpreta (no te vayas), no es sino otra forma de expresar esa consuetudo simul vivendi dulcissima et carissima, de San Agustín.

La organización de los poemas en el libro, incluso su disposición tipográfica,  es muy compleja, y sigue el modelo de la poesía de Odysseas Elytis. Representan un teatro (diferentes espacios o momentos poéticos, como quiere el poeta en acotación) donde avanzan al escenario los personajes del drama: Copérnico, Juliano, Sócrates..., pero también el propio poeta (en confesión personal), la madre, y un cualquiera (que somos él, tú o yo); y hacen las veces de coro los poemas alternos de tono menor, en que habla la voz auténtica, no impostada, del poeta.

En este coro José Antonio recuerda la visita a los pinos de La Rábida del poeta cretense de finos dedos (Elytis): 
Vivía aún mi padre   pero no pudo presentir   que este mismo mar   este mismo cielo   tendrían que alimentarme a diario   con el paso del tiempo
Ni mi padre   ni el poeta   ni yo
Ni el poeta sabía de su muerte   ni mi padre   ni los miradores de La Rábida que dan a las rías y   después,   al mar
Una meditación, como la del Qohélet, sobre el sucederse de las generaciones bajo un mismo cielo, en que el poeta cumple de nuevo sus deberes de piedad filial. Qui honorat patrem, exorabit pro peccatis / et continebit se ab illis / et in oratione dierum exaudietur. / Et sicut qui thesaurizat / ita et qui honorificat matrem suam (Sirácida 3, 4-5).

El último poema ("Cualquiera"), desvela el mensaje final de este libro, que para mí no es otro que el del dístico socrático: yo a la muerte, vosotros a la vida. Porque este es un libro poético que tanto versa sobre la muerte, como su envés, la vida. Pero qué vida:
Nací para la hiel  *  el sufrimiento  *  desdeñado y vencido por cuanto me rodea  *  ni siquiera en mí naturaleza y vida

Da igual  *  si me encuentro desnudo de ternura  *  suplicando al cielo lo que nunca llega  *  en Biafra  *  en Auschwitch  *  en Sarajevo  *  en el París de los hugonotes  *  en Ruanda  *  en las brujas de Salem  *  en los tormentos demoníacos de la Inquisición  *  en la elegancia romántica de los últimos paganos
Cuando leo estas líneas, me entran ganas de gritar: Beati pauperes spiritu! (pero esto ya lo digo yo, de mi propia cosecha). He tenido la dicha en mi vida de conocer de cerca a un número de poetas eminentes, entre los que cuento a José Antonio Moreno Jurado. Con este último libro suyo, Últimas mareas, para mí ya ha ganado el laurel.

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14 febrero 2013

Mi voto por José Antonio Moreno Jurado


Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / que es el morir; / allí van los señoríos / derechos a se acabar / y consumir; / allí los ríos caudales, / allí los otros, medianos / y más chicos, / allegados, son iguales / los que viven por sus manos / y los ricos. Invoco esta imagen fluvial, como quiere el poeta José Antonio Moreno Jurado para sus versos, o últimas mareas [Vaso Roto] que siguen el fluir de la antología de toda una vida poética, la marea de la luz y de la muerte (poesía 1973-1998), que editó la Fundación Zenobia-JRJ [vid.].

El tiempo pasa, no somos más que presentes sucesiones de difunto. Cuatro meses ya de nuestra vida (pero el tiempo no existe más que en la representación físico-matemática: Einstein, Gödel), que no es tristemente sino el plazo trascurrido desde una tarde memorable, un miércoles 10 de octubre, en el antiguo Teatro Imperial de la calle Sierpes, donde se nos leyó el libro de José Antonio. Le debo desde entonces una reseña. Sólo los que me tienen cerca saben de mi proverbial pereza; pero ahora me acucia la buena nueva de que José Antonio Moreno Jurado es finalista del premio de la Crítica de Andalucía [Diario], ¡así lo quieran los dioses!

Hasta tanto que publique en el blog una reseña más digna del libro, me limito a copiar el email gratulatorio y apresurado que le envié al poeta, en plan privado, después del recital: "La presentación de Últimas mareas, en la librería Beta, fue emocionante, y la habíais montado con estructura de poema, alternando los poemas largos y heróicos, y los breves e intimistas. Dani Lebrato, con su estilo inconfundible sentencioso, aforístico. Las lecturas de Pilar Villalobos (Giordano Bruno) y de Benito Moreno (Kavafis), fueron excepcionales, en especial la del poema sobre Kavafis, una recitación estremecida, sobrecogedora, agónica. Cuando volvía a casa en coche, iba escuchando al cantaor Fosforito, y caí en la cuenta que tus poemas más intimistas tienen también la queja o el quejío de unos fandangos de Huelva...".

Vale!

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