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26 diciembre 2019

Escribir para no llorar

"El ejercicio literario, siendo conforme al genio, y no excediendo en el modo, tiene mucho más de dulzura que de fatiga: luego no puede ser molesto, o desapacible a la naturaleza, y por consiguiente ni perjudicial a la vida. He puesto las dos limitaciones de ser conforme al genio, y no exceder en el modo; pero éstas son transcendentes a toda ocupación, pues ninguna hay que siendo, o en la cantidad excesiva, o respecto del genio violenta, no sea nociva. ¿Qué cosa más dulce hay, que estar tratando todos los días con los hombres más racionales, y sabios que tuvieron los siglos todos, como se logra en el manejo de los libros? Si un hombre muy discreto, y de algo singulares noticias, nos da tanto placer con su conversación, ¿cuánto mayor le darán tantos como se encuentran en una Biblioteca? ¿Qué deleite llega al de registrar en la Historia todos los Siglos, en la Geografía todas las Regiones, en la Astronomía todos los Cielos...?

Los que en materias más áridas estudian para instruir a otros con producciones propias, tienen a veces la fatiga de llevar cuesta arriba el discurso por sendas espinosas. Pero en ese mismo campo desabrido, al riego de su sudor les nacen hermosas flores. Cada pensamiento nuevo que aprueban, es objeto festivo en que se complacen. La fecundidad mental sigue opuesto orden a la Física. La concepción es trabajosa, y el parto dulce. Es felicidad de los Escritores, que cuanto discurren, les parece bien, y juzgan que así ha de parecer a los demás que vean sus discursos en el libro, o los oigan en la Cátedra, y en el Púlpito. Por esto en cada rasgo que dan con la pluma, contemplan un hermoso hijo de su mente, que les hace dar por feliz, y bien empleado el trabajo de la producción.

Con razón, pues, el otro amigo de Ovidio le aconsejaba a este Poeta, que aliviase sus males con el recreo del estudio: Scribis ut oblectem studio lachrymabile tempus. {Trist. l.5. Eleg. 12.} 

Porque es ésta una diversión grande, y diversión que tiene en su mano cualquiera. Empero es preciso confesar, que hay gran diferencia entre el estudio arbitrario, y el forzado. Aquél siempre es gustoso: éste siempre tiene algo de fatigante; y mucho más en uno, u otro apuro violento, como de una Lección de oposición, o de un Sermón cuasi repentino. Mas estos casos son raros. Y en el estudio forzado se logra el deleite de adelantar, y aprender: lisonja común de todo racional. Fuera de que todos los de ventajoso ingenio están exentos de la mayor parte de aquella fatiga, siendo poco el tiempo que han menester para cumplir con la precisa tarea."

Benito Jerónimo Feijóo : "Desagravio de la profesión literaria" : Teatro crítico universal • Tomo primero • Discurso séptimo [filosofia]. 

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24 julio 2019

Una de ciencia ficción

Lo que son las cosas (aunque presumo de mis dotes de magician), hace nada más que año y medio dedicaba aquí una nota al "Ray Bradbury de Garci" [ver], relatando que tuve el golpe de fortuna de encontrarme en una librería la primera edición de Ray Bradbury, humanista del futuro (Madrid, Editorial Helios, 1971), de José Luís Garci. Terminaba la nota con esta esperanza: "Este libro de Garci, sobre Ray Bradbury, humanista del futuro, voy a decir, empleando una expresión acuñada, que es "culturalmente significativo", y debiera volverse a editar, con las debidas actualizaciones. Pero no sé si la agenda, y las preferencias actuales de Garci, se lo permitirán."

Pero sí, claro que sí, ya tenemos en librerías la reedición (en Hatari! Books). He visto un comentario interesante de Fernando R. Lafuente, de ayer mismo [Abc]. En mi nota también decía que nunca he sido adicto al género de la ciencia ficción (al margen de haber leído, como todo el mundo, un poco de Julio Verne, o de Poe). Pero el género me fascina, sobre todo como aficionado al cine. Nunca se me olvida la primera vez que vi, en la tele, los morlocks de El tiempo en sus manos (The Time Machine, George Pal, 1960). Y desde luego, filmes que son clave, como Fahrenheit 451 (François Truffaut, 1966, sobre la novela precisamente de Bradbury) o 2001, que sigue dandome tema para comentar [ver]. Yo diría que, como género imperecedero, donde se nos relata lo maravilloso, puede encontrarse también en los clásicos. Por ejemplo, el Persiles de Cervantes, que leí y comenté el verano pasado [ver].

Estos días, abandonando otras lecturas más espesas, he leído (casi diría que he absorbido) la Breve historia de la ciencia ficción [Nowtilus], que firma Luís E. Íñigo Fernández. Amena y escrita por alguien que parece dominar el género (en libro y en cine). Es el relato desde los más profundos antecedentes (Luciano, sin ir más lejos), hasta Julio Verne o H.G. Wells, alcanzando los últimos autores del género, a la altura del año 2017, incluyendo los españoles. Aunque es poco probable que vaya a dedicarle mucho tiempo a estas novelas (será que estoy desencantado, y ya no me trago las historias fantasiosas), he sido indulgente y me he hecho para el verano con dos clásicos: Solaris (1961), del polaco Stanislaw Lem, y Hacedor de estrellas (1937), del inglés Olaf Stapledon (en la edición de Minotauro, con prólogo de J.L. Borges). En perspectiva, en el inmediato futuro, H.G. Wells.



05 diciembre 2018

Fruslerías sevillanas y de las otras

El próximo domingo concluye la 41 Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Sevilla. Es tiempo de hacer balance, como siempre, porque ha valido la pena. No he encontrado nada excepcional ni raro (cosa imposible), pero sí libros muy estimables, que hacen el avío, como decimos en mi tierra. Los reseño por orden de antigüedad del autor, e indico lo que me ha costado cada uno. No tengo más remedio que comenzar por los griegos:

Platonis Opera. Recognovit brevique adnotatione critica instruxit Ioannes Burnet in universitate andreana litterarum graecarum professor collegii mertonensis olim socius. Tomus I Tetralogias I-II continens (Euthyphro - Apologia - Crito - Phaedo - Cratylus - Theaetetus - Sophista - Politicus). Oxonii e Typographeo Clarendoniano, 1961 (las ediciones actuales ya dicen Clarendon Press). Sello de importación de la Librería Cervantes (entrañable librería que trae buenos recuerdos, y que cerró hace un par de años [Crónica]). De golpe y porrazo me he hecho con ocho diálogos platónicos (en griego), sin faltar la Apología o el Fedón. 5 €.

Blaise Pascal (1623 - 1662) : Pensées. Texte établi et annoté par Jacques Chevalier. Préface de Jean Guitton. Paris, Éditions Gallimard, "le livre de poche", 1965. Otro sello de importador, Centropress S.L. Antes era muy complicado comprar libros extranjeros. Hoy amazon te envía libros de ultramar como el que no quiere la cosa. Libro de bolsillo, con los cantos tintados. 3 €.

José Francisco de Isla (1703 - 1781) : Fray Gerundio de Campazas. Edición, introducción y notas de Russell P. Sebold. Madrid, Espasa Calpe, "Clásicos Castellanos", 1969-1975 (1ª de 1960). Edición en cuatro tomitos, muy manejables, de este relato amenísimo. 12 €.

Andrés Bello (1781 - 1865) : El pensamiento vivo de Andrés Bello. Presentación de Germán Arciniegas (1900 - 1999). Buenos Aires, Editorial Losada, 1958 (2ª edición, 1ª de 1946). Antología escueta de los escritos multiformes del polímata venezolano (polímata, del griego polymathḗs, "persona con grandes conocimientos en diversas materias científicas o humanísticas"). Incluye silvas americanas (poesía de Bello), y escritos de gramática castellana, versificación, literatura, sobre la Universidad, el derecho o la filosofía del entendimiento. 2 € (curioso que Andrés Bello nació el mismo año de la muerte del padre Isla).

Manuel Gómez Imaz (1844 - 1922) : Artículos : Fruslerías históricas sevillanas (1ª Serie) - Fruslerías de antaño (2ª Serie). Facsímil de las primeras ediciones (1912 y 1918). Prólogo de Manuel Moreno Alonso. Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2018 [EUS]. Es la edición conmemorativa de la Feria de este año, que se ha vendido allí a 6 €. Son recopilaciones de artículos de prensa de este político y humanista sevillano. Lo de las fruslerías es un rasgo de modestia. Con ocasión del bicentenario de la Guerra de la Independencia, se reeditaron dos obras muy destacadas suyas, el Inventario de los cuadros sustraídos por el gobierno intruso en Sevilla y Los periódicos durante la Guerra de la Independencia [Renacimiento]. Quizá deba recordar que Gómez Imaz fue un destacado bibliófilo, miembro de la Sociedad de Bibliófilos Andaluces. Su colección de prensa de la guerra fue donada a la Biblioteca Nacional, la "Colección Gómez Imaz" [BNE]. Una curiosidad de esta edición de las Fruslerías históricas, que no quiero que se me pase, es que en un lugar bien humilde, en el colofón, se hace memoria de otro bibliófilo de Sevilla, Nicolás Salas, fallecido el pasado mes de febrero (1933 - 2018), que publicó mucho en el antiguo Secretariado de Publicaciones de la Universidad [EUS].

Fernando Villalón (1881 - 1930) : Islas del Guadalquivir (antología poética). Edición de Jacques Issorel. Sevilla, Editorial Renacimiento, 2018 [Renacimiento]. En la Feria, 7 €.

Antonio-Enrique Pérez Luño (1944) : La filosofía del derecho en perspectiva histórica. Estudios conmemorativos del 65 aniversario del autor. Homenaje de la Facultad de Derecho y del Departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad de Sevilla. Coordinador, Rafael González-Tablas Sastre. Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2009. Remito a una reseña de la obra [unav], y así me la ahorro yo. La editorial está saldando este libro a 10,50 € [EUS], creo que reeditado en una editorial privada. Pérez Luño, catedrático emérito, ha sido maestro de muchos licenciados sevillanos (era decano cuando yo estudiaba la carrera). Es sobrino de otro catedrático de derecho natural, Enrique Luño Peña, rector que fue de la universidad de Barcelona (1900-1985) [uc3m], al que Pérez Luño dedicó uno de los estudios reunidos este libro,“El pensamiento jurídico y social del profesor Luño Peña” (Anuario de Filosofía del Derecho 15, 1970).

En mi nota anterior de hace un par de semanas, hacía un "balance feminista" de los libros del año [ver]. Si tuviera que hacer otro igual de la Feria que termina, la conclusión sería desoladora: ningún libro de mujeres. De Platón para acá, todos hombres (de ellos, tres célibes, uno filósofo, otro teólogo, y otro jesuíta). Lo lamento muchísimo.

La fotografía de arriba es naturalmente de don Manuel Gómez Imaz [via].

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27 septiembre 2018

Miguel de Unamuno, spanish poet

Los libros viejos que encuentro en el mercadillo son, salvo rarísimas excepciones, muy humildes. A este propósito dice Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena. Uno de los últimos me ha gustado mucho. Se trata de A Short Biographical Dictionary of Foreign Literature, del erudito inglés (¿o escocés?) Robert Farquharson Sharp (1864-1945). London ; Toronto New York : J.M. Dent & Sons, ltd. ("Everyman's Library"), 1933. Comprado en El Jueves por 2 €, el librito procede de expurgo de la library del clásico Instituto Británico de Sevilla de la calle Federico Rubio (por donde el antiguo foro romano y la judería).

Cuando lo estuve hojeando, para comprobar qué bueno era, el primer nombre que se me vino a la cabeza fue Verne, Jules (1828-1905), con dos páginas con detalles de los títulos de sus novelas en francés; la última reseñada, La Phare au bout du Monde ('The Lighthouse at the End of the World'), 1905.

Un examen más detenido me sirvió para tener certeza de que también, en cuanto a la literatura española, este Short Biographical Dictionary es realmente bueno. Se encuentra por ejemplo la entrada Quevedo y Villegas, Francisco Gómez de (1580-1645), Spanish author, con 21 líneas. La última obra reseñada es Vida de Marco Bruto, 1644.

El libro contiene una "List of Authors, arranged by Languages". Bajo el epígrafe Spanish, se listan 24 autores: el primero Juan de Mariana (1535?-1624), y el último, Salvador de Madariaga (b. 1886). Llama la atención que la lista salte de repente desde Pedro Calderón de la Barca (1600-81) a Juan de Valera (sic) (1824-1905). Y es llamativo que de estos autores españoles, diez vivían el año de edición del Dictionary, incluídos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero (popularísimos entonces), o Miguel de Unamuno (b. 1864) aunque también Gregorio Martínez Sierra (b. 1881), spanish novelist and dramatist, hoy olvidadísimo. Están los hermanos Machado (Antonio y Manuel, cada uno por separado), pero no Juan Ramón Jiménez, no sé por qué. Robert Farquharson Sharp estaba en general muy bien informado de la literatura española (como de otras tantas, por ejemplo la rumana, con cuatro autores, incluído Eminescu). Como muestra de accuracy, copio la entrada cortita de Antonio Machado (10 líneas):

MACHADO, ANTONIO (b. 1875). Spanish poet and dramatist, was born at Seville. He has held professorships successsively at Soria, Boeza [sic], and Segovia. In 1927 he was elected to the Spanish Academy. Several of his plays have been written in collaboration with his brother Manuel (q.v.). His works include: Soledades, 1903; Galerías, 1907; Campos de Castella [sic], 1912; Poesías, 1917 and 1928; Desdichas de la Fortuna (with his brother Manuel), 1926; Juan de Mañara (with his brother Manuel), 1927; La Lola se va a los Puertos (with his brother Manuel), 1930.

En la entrada dedicada a Manuel Machado (b. 1874), que sigue a la de Antonio por riguroso orden alfabético, dice al final: "For plays written in collaboration with his brother, see Machado, Antonio."

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15 junio 2018

Shūsaku Endō en El Jueves

Esto de acercarse a la calle Feria, a comprar libros viejos en el mercado de El Jueves, cada semana que pasa se pone más difícil, por el efecto combinado de la escasez de oferta y la competencia de los coleccionistas. Esta mañana un vendedor pregonaba "tres libros, un euro", frente a una montaña de libracos, entre  un montón de ediciones viejas de Marx y Engels y Lenin (¿Qué hacer?). Vi algunos libros buenos, pero que ya tengo repes, y no soy acaparador. Por ejemplo, Los límites del sentido, de Peter Strawson (Revista de Occidente, 1975), o la primera edición de los Estudios de derecho electoral contemporáneo, del profesor y político sevillano Manuel Giménez Fernández (Mejias y Susillo Impresores, 1925), con la bella cubierta de Juan Miguel Sánchez, el diseñador del palio procesional de la Virgen de los Ángeles, de "los Negritos" [europapress]. Más adelante en la calle Feria, me llevé cuatro libros, que son, por orden de antigüedad:

1.- Stefan Zweig, Los ojos del hermano eterno. Traducción de Mario Verdaguer. Barcelona, Editorial Apolo, Biblioteca "Freya", 1938 (3ª ed.). Tiene marca de procedencia, un sello adherido de la "Libreria Flavia" (Bernabé Soriano, 23), de Jaén, que ya no existe. Coste, 2€.

2.- Shūsaku Endō, Silencio. Tradujeron Jaime Fernández (de la Universidad Sofía, de Tokyo, autor también de la presentación de la edición castellana) y José Miguel Vara, sobre el original japonés Chinmoku, editado en 1966 por Shinchôsha S.A. de Tokyo. Fotorgrafías por cortesía del autor y de Masahiro Shinoda, director de la película "Chinmoku", estrenada en Tokyo en diciembre de 1971. Salamanca, Ediciones Sígueme y Sociedad de Educación Atenas, 1973. Estoy de enhorabuena, porque es la primera edición española de la novela, que fue adaptada al cine mucho antes de la versión de Martin Scorsese de 2016. Me ha costado, "a precio de Jueves", 1€.

3.- Alberto Villar Movellán (Profesor del Departamento de Arte de la Universidad de Sevilla), La Catedral de Sevilla. Guía oficial. Prólogo de José Hernández Díaz (Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría), y epilogo de Antonio Tineo Lara (Canónigo Arcediano de la Catedral de Sevilla). Excmo. Cabildo de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla, 1977. 137 ilustraciones, y 8 láminas a color. Lleva estampado en la portada el tampón de la antigua Librería Sanz (calle Granada, 2). Me ha costado 2€.

4.- María Zambrano, Notas de un método. Madrid, Mondadori, 1989. Pagado por él, 2€. Es el penúltimo de los libros de la autora, pendiente de incluirse en el anunciado tomo II del volumen IV de las Obras Completas, al cuidado de Jesús Moreno Sanz [galaxia]. Hay otra edición más reciente [tecnos]. Broche de oro de las compras de la mañana.

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29 mayo 2018

La ignorancia lúcida de Luís Cencillo

La divina providencia, el hado, la sincronicidad jungiana o, tal vez, la simple casualidad, ha querido que ahora haya leído La ignorancia lúcida, de Luís Cencillo, último libro de los suyos, publicado póstumamente el año 2009. Es una declarada autobiografía intelectual, la historia de las ideas del autor. El filósofo inglés R.G. Collingwood, en la suya propia (de 1939), antepuso en el prefacio una clara y concisa definición: "The autobiography of a man whose bussiness is thinking should be the story of his thought". La narrativa de las ideas propias, que es distintivo de la autobiografía intelectual, se hace evidente ya en los títulos de muestras modernas del género: History of my religious opinions (1865), de John Henry Newman; My philosophical development (1959), de Bertrand Russell; o Unended Quest: An Intellectual Autobiography (1976), de Karl Popper. La ignorancia lúcida es, en el mismo sentido, el relato que hace Luís Cencillo de la historia de su pensamiento. En alguna ocasión ya me he referido a este autor [ver], a propósito de su librito sapiencial Cómo no hacer el tonto por la vida. Puesta a punto práctica del altruísmo, que ya está agotado. Este detalle es un síntoma. Cada vez va a ser más difícil encontrar los libros de Luís Cencillo en las librerías. Ha sido un genio, muy admirado, según cuentan, por sus alumnos de Salamanca, por sus colaboradores directos, o simplemente por sus lectores. Sus libros son muy inteligentes e incisivos, pero tal vez sin garra literaria. Podrán estar destinados al olvido, aunque la obra ya está hecha, la siembra de sabiduría en el prójimo. La memoria del nombre es un accidente.

Mientras he estado leyendo La ignorancia lúcida, he pensado en este género que es la autobiografía intelectual. Es un rasgo casi inevitable en cualquier escrito literario, porque no hay autor que renuncie a dejar algún recuerdo de sí propio. El filósofo Javier Sádaba piensa que la autobiografía intelectual se inaugura con Jean-Jacques Rousseau, aunque parece un prejuicio que se olvide de Augustín de Tagaste, que es más antiguo. Y aún más, un pasaje célebre del Fedón es ya autobiografía, donde Sócrates (Platón) explica su "segunda navegación". En la Biblia, puede pensarse que el Eclesiastés escribe también su autobiografía intelectual, evidente en el pasaje introductorio: Yo, Cohélet, he sido rey de Israel, en Jerusalén, y me dediqué a investigar y a explorar con sabiduría todo lo que se hace bajo el cielo: es esta una ingrata tarea que Dios impuso a los hombres para que se ocupen de ella... 

La expresión "ignorancia lúcida" quiere ser la cifra del pensamiento de Luís Cencillo. Todos somos ignorantes, porque por constitución física y psíquica somos incapaces de conocer la realidad total, tal como es. El alcance de nuestro entendimiento es limitado por necesidad, aunque sepamos que hay algo más. Pero esa ignorancia, para los sujetos conscientes, puede ser lúcida, iluminada por la noción de bien, verdad y belleza. Luís Cencillo tenía una perspectiva providencialista y esperanzada de la vida (fue sacerdote, antiguo jesuíta), y esta autobiografía termina haciendo un examen de conciencia y un acto de fe en la vida futura, en presencia de todos nosotros, sus lectores.

Días pasados me refería a un libro del filósofo Javier Sádaba, La vida buena. Como conquistar nuestra felicidad [aquí], y su concepto, a mi parecer estrecho, pequeñoburgués, del "estar bien" en la vida. Dice Sádaba: "Si mi cuerpo funciona con aceptable normalidad, no me faltan útiles para satisfacer las necesidades básicas y hasta un tolerable lujo, no padezco un carácter endeble y merezco la confianza de mis semejantes, soy objetivamente feliz. Y lo será cualquier otro al que le suceda lo mismo". Es que Sádaba es ateo, él dice que agnóstico, y sólo cree en lo que tiene cerca. En la cincuentena, escribió sus memorias intelectuales: Dios y sus máscaras. Autobiografía en tres décadas (1993), donde relataba sus experiencias religiosas y de seminarista en Comillas, Santander, y sus estudios de teólogo en Roma, en la Gregoriana (donde dicen que llegó a recibir las órdenes menores), a lo largo de los años 50, 60 y 70, y en que repasa el cambio de costumbres y mentalidades de la España de entonces. El lector no se explica bien por qué Javier Sádaba perdió la fe, si es que alguna vez la poseyó. Un asunto privado, en cualquier caso.

La experiencia de Luís Cencillo (algo mayor que Sádaba), en algo se asemeja (sostuvo ideas muy críticas sobre el derrotero de la Iglesia Católica y de la civilización triunfante de occidente), aunque predomina en conjunto su visión creyente. Esto se puede comprobar en su aproximación, en este libro de La ignorancia lúcida, al tema de la felicidad (él pensaba que fue infeliz en su vida). Aquí me limitaré a copiar, como contraste con Javier Sádaba, unas pocas líneas que no hacen justicia al conjunto, pero muy expresivas (su breve comentario al Calígula de Albert Camus es muy interesante): 

"La felicidad lograda habría de ser algo tan dinámico y rico en matices y en vivencias que activase todo cuanto de vital, creativo y positivo y valioso hay en los que son verdaderamente felices (...) Aunque la felicidad en tal grado de integridad fuese asequible yo no consideraría como lo esencial para que nuestro estar en la realidad del mundo tenga sentido. Es perfectamente posible una vida llena de humillaciones, fracasos y dolor que esté llena de sentido para el sujeto que la padece y para el mundo en que transcurre. Quien es feliz por las razones y medios en que la gente dice y se siente "feliz", puede no aportar nada benéfico a su mundo, sino solo a su propio disfrute subjetivo" (pág. 193).

Desde una perspectiva de puro análisis natural de nuestras relaciones con el mundo y con el prójimo, es más valioso "hacer" el bien, antes que "estar" bien. El propio bienestar se consigue generalmente a costa de la explotación del prójimo, piensa Cencillo. Esta es una respuesta posible a la ética epicurea de Javier Sádaba.

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18 mayo 2018

Don Pío Baroja en El Jueves

Recordar a don Pío Baroja, tratando de libros viejos de un rastro, como es el mercado sevillano de El Jueves, es inevitable y forzoso. Hay muchas fotografías de Baroja entre libros, o en su biblioteca, o en su gabinete. He encontrado esta de aquí, paseando en el Rastro madrileño (es famosa otra de su juventud, mirando libros en los bouquinistes de la orilla del Sena, en París). Viene a cuento del libro de Pío Baroja que encontré ayer en El Jueves, El escritor según él y según los críticos (Madrid, Biblioteca Nueva, 1944), que es parte de sus memorias Desde la última vuelta del camino. El ejemplar, que me ha costado un humilde euro suelto, está, dentro de su vetustez y rusticidad, en buenas condiciones, como para ser leído de inmediato, cosa que me apetecería mucho hacer, si no fuese que ya tengo una pila de libros pendiente encima de la mesa, y hay que seleccionar. Pío Baroja es un gran valor, un valor selecto, de las letras españolas. Como inmenso escritor que fue, puede parecer irregular (no todo lo que escribió era bueno), aunque no tiene página que defraude y en la que esté el autor todo entero. Volviendo a casa en el autobús, y abriendo el librito por su primera página, en el prólogo, me topo con esta declaración inconfundiblemente barojiana: "Yo no tengo la costumbre de mentir. Si alguna vez he mentido, cosa que no recuerdo, habrá sido por salir de un mal paso. No por pura decoración. Los hechos de la vida están casi siempre tan conectados el uno con el otro, que el mentir para darse tono me parece una estupidez sin objeto...". No me digan que no apetece seguir leyendo...

Siempre caen más libros en El Jueves, y otro me pareció interesante, sólo por 2€. Son las Conversaciones con Alfonso Armada, del distinguido historiador José Manuel Cuenca Toribio (Madrid, Actas, 2001). A estas alturas, no se busca en libros como este ninguna revelación, sino el placer y curiosidad intelectual de saber de nuestra historia, aunque sea muy reciente, contando con el testimonio de un protagonista de primera fila (el general Armada falleció en 2013).

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05 abril 2018

Sor Ángela de la Cruz en El Jueves

Llevaba ya un tiempo ayuno de libros antiguos del mercado de El Jueves, en nuestra calle Feria, entre la cansada racha de lluvias, que son enemigo declarado de los libros callejeros, y entre que, como dicen por aquí los clásicos, en er hueve ya no hay ná, lo que me parece falso de toda falsedad. Este jueves me ha ido muy bien, y no quiero ahorrar contarlo. Copio el título del gran libro encontrado:

Bosquejo biográfico / de la sierva de Dios / Sor Ángela de la Cruz Guerrero / fundadora y primera superiora general / de la / Compañía de Hermanas de la Cruz / de Sevilla / Muerta en olor de santidad / el día 2 de Marzo del año del Señor 1932. / Escrito por una de sus hijas / y publicado por la Casa-Matriz de Sevilla. Sevilla / Imprenta y Librería del Salvador / Rodríguez, Giménez y C.ª / 1933. El pie de imprenta es del año MCMXXXIV. Con algunas láminas, 576 pp.

Es la primera biografía de la que hoy está declarada Santa de la Iglesia Católica, publicada en plena Segunda República. Un gitano de El Jueves me lo ha vendido por 5 euros (los libreros anticuarios llegan a pedir hasta 50 euros por este libro). Cuando lo encuaderne, quedará digno y espléndido, como se merece. Hay edición moderna, de 2012 [bac].

He acompañado a esta nota la reproducción del conocido retrato de Sor Ángela, del gran pintor sevillano Alfonso Grosso (1893-1983). Yo lo conocí de niño. Estábamos comprando en la tienda de bellas artes de Padura, en la calle Cuna (casi centenaria, desaparecida en 1998). Un señor muy mayor probaba junto al mostrador algunos tubitos de oleos, cuando me susurraron: ¡Mira, ese señor es el pintor Grosso! Memoria de tiempos idos. Del retrato de Sor Ángela se encuentra un sucinto comentario del jesuíta Fernando García Gutiérrez [loyola].

La biografía de Sor Ángela no ha ido sola. Para redondear la faena, he comprado también las Direcciones contemporáneas del pensamiento jurídico, de Luís Recasens Siches (Barcelona, Labor, 1929), por 2 euros (después de rebajármelo de 3 que me pedían, porque el libro, valioso, tiene alguna cochambre y manchas de humedad), y los Cuentos ciertos e inciertos, de Naguib Mahfuz (Madrid, Instituto Hispano Árabe de Cultura, 1988, 2ª ed.), por 1 euro. Naguib Mahfuz, premio Nobel de Literatura justamente ese año 1988, es conocido como novelista, pero fue también un gran cuentista, muy prolífico. La introducción de esta edición española reproduce esta declaración de Mahfuz del año 1963: "Nuestra generación se dedicó a escribir novela; la siguiente, cuento. Y esto por diversas causas: primera, la agilidad expresiva del cuento puede ser más eficaz; segunda: la adecuación de las formas breves a las publicaciones periódicas; tercera: la rapidez de la vida actual se capta y reconoce mejor en el relato, la novela armoniza mejor con ambientes estáticos".

Información sobre Mahfuz, en [Nobelprize].

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18 enero 2018

El Ray Bradbury de Garci


Esta semana he encontrado en el mercado de El Jueves, en la calle Feria, un par de libros interesantes. Estos son: G.E. Moore, Ética (Barcelona, Editorial Labor, 1929), traducción de Manuel Cardenal Iracheta de Ethics (1912) [vid] (2€). También ví de la misma colección la Esencia y valor de la democracia, de Hans Kelsen (traducida por Legaz y Lacambra), que no me he llevado porque ya tengo una edición moderna [krk]. El otro es un catálogo de una exposición de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungria, Martínez Montañés y su época (1568-1649) (Ayuntamiento de Sevilla, 1969), con XXXII láminas en blanco y negro (2€).

El libro de la semana, sin embargo, no lo he comprado en El Jueves, sino en una librería de lance. He tenido el golpe de fortuna de encontrar la primeriza monografía del cineasta José Luís Garci, Ray Bradbury, humanista del futuro (Madrid, Editorial Helios, 1971). Raúl, el librero de Re-read  de la calle Tarifa, me felicitó y todo cuando me llevaba el libro. Ese año de 1971 es significativo. Entonces Garci tenía 27 años, a sólo 12 de ganar el premio Oscar de Hollywood [wiki]. Garci ha sido un crítico de cine precoz, que ya publicaba en las revistas especializadas con diecinueve años. En 1971 ya tenía un recorrido hecho, y no debe sorprender que en su libro sobre Ray Bradbury (que cuenta que acortó de un original de mil páginas) demuestre una gran madurez de juicio y su inconfundible estilo desenvuelto, que hemos visto tantas veces cuando Garci ha salido por la tele. Son los años del estreno de 2001, una odisea del espacio, de Stanley Kubrick (1968), aunque me sorprende que en el libro, que trata de un maestro del relato de ciencia ficción como Bradbury [amazon], Garci no mencione la película de Kubrick (aventuro que Garci ya tendría escrito el libro, antes del estreno en España de 2001).

José Luís Garci tuvo el privilegio de que Ray Bradbury escribiese para el libro un prólogo entrañable, en que reconocía a Garci ser un pionero en estudiar su vida y obra. El libro tiene dos partes. La primera, "El hombre...", es la biografía de Bradbury a la altura de 1971, cuando ya disfrutaba de reconocimiento universal (ha fallecido en 2012, a los 91 años [wiki]). La segunda parte, "... Ilustrado", es un comentario detenido a los relatos reunidos en el libro de 1951 The Illustrated Man, que Garci piensa que reúne algunos de los relatos más sobresalientes del autor, desde una perspectiva filosófica, humanista, e incluso teológica (la ciencia-ficción, género del que no soy adicto, contiene casi por necesidad un buen tanto de especulación teológica). Garci no estudia a Bradbury tan sólo como escritor, sino por sus intensos contactos con la cinematografía. Fue guionista de cine, por ejemplo de la versión de Moby Dick (John Huston, 1956), interpretada por Gregory Peck, que Garci considera una gran película. Me he propuesto revisionarla, y tal vez leer uno de los últimos libros de Garci, escritor prolífico, Las 7 maravillas del cine [Notorious], para contrastar su última valoración de este filme clásico. También son interesantes los dos análisis que Garci hace de Fahrenheit 451, como novela o distopía de 1953, en plena campaña de la caza de brujas en Hollywood (la novela representa "el fin de la cultura", comenta Garci), y como película inolvidable de 1966, de Fraçois Truffaut. Los críticos de cine, entre ellos el mismo Garci de 1971, destacan del filme de Truffaut su estética despersonalizada, las sobrecogedoras escenas de incendios de bibliotecas (un tema repetido en la historia de la humanidad), y la gran última parte de la película, en el bosque de los "hombres-libro".

Este libro de Garci, sobre Ray Bradbury, humanista del futuro, voy a decir, empleando una expresión acuñada, que es "culturalmente significativo", y debiera volverse a editar, con las debidas actualizaciones. Pero no sé si la agenda, y las preferencias actuales de Garci, se lo permitirán.

Fotografía de Garci, [via].

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10 octubre 2017

Joaquín Romero Murube en El Jueves

Después de los clásicos [1], en este serial de los libros que he comprado en el rastro sevillano de El Jueves, han de seguir, por rigurosa lógica, los modernos, a modo de antiqui & moderni (ancients vs. moderns) [Swift]. Son los clásicos vivos, los que han vivido en nuestro tiempo. Para ilustrar esta entrada, estuve dudando si escoger alguna de las poquísimas fotografías de Juan Sierra disponibles en internet, o bien de algún otro escritor, que habría de ser con preferencia sevillano. Hay más abundancia gráfica del escritor Joaquín Romero Murube, por cuya elegante figura he optado. Respondía a la perfección al arquetipo de sevillano fino y frío (según definición de Miguel de Unamuno, que no caigo ahora donde lo dijo). En la fotografía de aquí, aparece con el periodista Nicolás Salas, que está irreconocible de tan joven, y de tan delgado [Salas]. Y pues estoy cansado, con pocas ganas de pensar, paso sin más preámbulo a la crónica, que esta vez sigue el orden de publicación de cada libro:

Joaquín Romero Murube (1938), Sevilla en los labios. Prólogo de Eduardo Llosent y Marañón [fcmh]. Ilustraciones de José Narro [fce]. Barcelona, Luís Miracle editor, 1943 (2ª ed.). Con esta edición original, ya he progresado en mi colección, después de dos facsímiles, uno pobre y en blanco y negro del editor Castillejo (1991), y otro más respetuoso, a dos tintas, de la Fundación de Aparejadores (1977). Los derechos de edición del libro fueron cedidos por la viuda del escritor a la Bolsa de la Caridad de la Hermandad Sacramental de María Santísima en su Soledad (parroquia de San Lorenzo), a la que estuvo vinculado, y que en 1995 editó en estuche algunos otros de sus libros [Soledad].

Miguel García Posada, El paraíso y las hachas. Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, colección de poesía "Alcaraván", 1967 (colección al cuidado de Antonio y Carlos Murciano). Dibujo del poeta hecho por Sancha. Viñeta de Moreno Galván. Con este librito es lo más cerca que he estado de pescar una primera edición de algo. Pese a todo, le tengo más cariño, del escritor y crítico Miguel García Posada, a su edición de 40 años de poesía española. Antología 1939-1979 (Madrid, 1988), que me dedicó al finalizar una conferencia el año 1990. Sobre el pintor y poeta Francisco Moreno Galván, [Puebla].

Camilo José Cela (1948), Viaje a la Alcarria. Las botas de siete leguas. "Nota a esta edición", fechada en Madrid, 16 de octubre de 1952. Madrid, Espasa Calpe, colección "Austral", 1967. Echo de menos esta inconfundible colección Austral, que hoy ha perdido su identidad, aunque siga siendo el ideal de los libros baratos.

Vicente Aleixandre (1956), Mis poemas mejores. Madrid, Editorial Gredos, "Antología Hispánica", 1977. Cuarta edición aumentada, que llega hasta los Diálogos del conocimiento (1974). El mérito de esta edición es que es una selección comentada por el propio poeta.

Leopoldo de Luís, Vida y obra de Vicente Aleixandre. Prólogo de Ramón Garciasol. Madrid, Espasa Calpe, "Selecciones Austral", 1978. El relato de la vida llega hasta el premio Nobel. La obra, de nuevo, hasta los Diálogos del conocimiento.

José Luís Cano (ed.), El tema de España en la poesía española contemporánea. Antología. Madrid, Taurus ediciones, 1979 (la primera edición se publicó en la editorial de la Revista de Occidente). La antología se abre con el poema "A España" (1928), de don Miguel de Unamuno. Del editor prefiero su Antología de la nueva poesía española (en la editorial Gredos, primera edición de 1958), o la Antología de poetas andaluces contemporáneos (Ediciones Cultura Hispánica, 1952), que la edición de 1978 me costaría en la librería Padilla, enfrente de la Anunciación, cosa de 400 pesetas o por ahí (cuando en España aún había pesetas).

Juan Sierra González, Sevilla en su cielo. Sevilla, Junta Municipal del Distrito III - Triana, 1984. Este sí que es un libro inencontrable, muy apreciado, junto con los libros de poesía: La edición de los Poemas Juan Sierra en Comares, de 1992, está desaparecida de las librerías desde entonces, pero aún se encuentran ejemplares de su último libro de versos, Álamo y cedro (Sevilla, Renacimiento, 1982). Sevilla en su cielo, que son sus prosas, me la vendió un viejo por 7 euros. Suerte. "Reunir en un volumen algunos artículos míos, publicados en la Prensa, ha sido la razón de este libro. En él se imprimen notas y recuerdos de Sevilla, la ciudad en la que residí la mayor parte de mi vida... Si en algo he logrado con lo escrito dignificar y enaltecer a Sevilla -que tanto tiene de bueno- me alegro de todo corazón y doy gracias a Dios por mi trabajo" (del prólogo). Sobre Juan Sierra (1901-1989), [Abc]. A ver si el Excmo. Ayuntamiento se acuerda de él, y de los sevillanos amantes de la poesía, y reedita (pienso que con autorización de sus herederos) sus versos y su prosa, obra bien corta, pero brillantísima, modelo lacónico, como la de Romero Murube, del sevillano fino y frío.

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05 octubre 2017

Martí de Riquer en El Jueves

Continúo con la descripción de libros que he comprado en el rastro sevillano de El Jueves. Preceden, en artículos anteriores, los libros de religión [1], los libros de leyes [2], y la literatura inglesa [3]. Y ahora le toca el turno a los clásicos, que son para mí la literatura escrita en lengua castellana o española. Jorge Luís Borges ha definido a los clásicos en un ensayo célebre, aunque yo no voy a repetir ahora su definición, pero sí recordar su cautela de que "las coincidencias o novedades importan menos que lo que uno cree verdadero" [Borges]. Yo los defino a los clásicos como los libros que siempre tendremos con nosotros. Verdad es que no hay metro de medir el clasicismo, y que cada lector tiene sus preferencias. Si es unánime, o la preferencia es del mayor número, tenemos ahí un clásico (J. L. Borges ya lo es). Cuando repaso la lista de títulos que sigue a continuación, me llama la atención que se componga en gran parte de libros marginales. Pero no tanto, pues cuento hasta tres libros cervantinos, que es el clásico por excelencia. Si  los clásicos están en todas partes (véase el caso del Quijote), no parece que sean de venta sencilla en una feria. En estos lugares se reclama la atención con los libros exóticos, populares o procaces. Pero juzgue el lector sobre estos libros, que reseño por orden de antigüedad:

Alfonso El Sabio, General Estoria. Tercera parte. IV. Libro de Salomón: Cantar de los Cantares, Proverbios, Sabiduría y Eclesiastés. Edición de Pedro Sánchez-Prieto Borja y Bautista Horcajada Diezma. Madrid, Editorial Gredos, Biblioteca Románica Hispánica, 1994. Texto a doble columna de la versión castellana alfonsí y de la latina de la "Biblia de París", texto corrompido de la Vulgata vigente en la Sorbona en el siglo XIII. Es un testimonio del "romanceamiento bíblico medieval".

Ramón Menéndez Pidal (ed.), Textos medievales españoles. Ediciones críticas y estudios. Obras de R. Menéndez Pidal, tomo XII. Madrid, Espasa Calpe, 1976. LI láminas. La edición reproduce obras tales como la Disputa del alma y el cuerpo, o el Auto de los Reyes Magos, hasta el Poema de Yúçuf.

Samuel G. Armistead, Joseph H. Siulverman, Tres calas en el romancero sefardí (Rodas, Jerusalén, Estados Unidos). Con un prólogo de R. Menéndez Pidal. Traducción parcial de Iacob M. Hassán y Selma L. Margaretten. Transcripciones musicales y estudio de Israel J. Katz. XII láminas. Glosario de turquismos, hebraísmos y formas judeo-españolas poco usuales. Valencia, Editorial Castalia, 1979. Edición de romances sefardíes tomando como referencia el testimonio de manuscritos aljamiados, y de judíos sefardíes de Europa oriental refugiados en los EEUU.

Fernando de Rojas (1491), La Celestina. Introducción y notas de Juan Mateos. Barcelona, Ramón Sopena Editor, s.f. (¿1920?). El editor defiende que el bachiller Rojas fue el único autor de toda la Comedia de Melibea. En contra, hoy, Govert Westerveld [laopinión].

Fray Antonio de Guevara (1539), Libro primero de las Epístolas Familiares. Tomo II. Edición de José María de Cossío. Madrid, Aldus Artes Gráficas, colección "Biblioteca Selecta de Clásicos Españoles", 1952. Impreso a expensas de la Fundación Conde de Cartagena. La última de las epístolas, la que hace la número 43, "Letra para el Abad de Compluto, en la qual se declara por qué Dios da tribulaciones a los justos", en latín.

Miguel de Cervantes Saavedra (1585), Primera parte de la Galatea. Dividida en seis libros. Dirigida al ilustrísimo señor Ascanio Colonna, Abad de Santa Sofía. Barcelona, Ramón Sopena Editor, s.f. El libro tiene firma de su primer propietario, "Octubre 1º de 1917", una edición contemporánea de la revolución bolchevique. Está viejo, pero tiene bellas ilustraciones.

Martín de Riquer, Aproximación al Quijote. Prólogo de Dámaso Alonso. Biblioteca Básica Salvat de los libros RTV, 1970. Esta de R.T.V. fue una colección de libros populares y baratos, que aún sobrevive dignamente en los mercadillos. Este de Riquer, que me costó 1 euro, es la recuperación del mismo que leí en el bachillerato, que había extraviado. A Martí de Riquer, filólogo catalán y académico de la española [rae], se le debe un librito delicioso, Cervantes en Barcelona (1989).

Miguel de Cervantes Saavedra (1615), Novelas ejemplares. Edición ilustrada. 16 grabados en negro y 14 cromotipias. Barcelona, Editorial Ramón Sopena, colección "Biblioteca Hispana", 1956. Bonita edición, con el texto mondo de las novelas, sin notas ni introducciones, ni nada de eso. Le plaisir du texte. Incluye la novela de "La tía fingida", que no tengo motivos para negársela a Cervantes (las primeras líneas y el aire de vodevil, o entremesil, de la historia, son inconfundiblemente cervantinos), aunque me parece flojita, como de autor joven y primerizo, que no resiste la comparación. Con razón Cervantes la excluiría de la edición de 1615. En cierto modo, Miguel de Cervantes también ha sido víctima de los papeles inéditos que todo autor guarda imprudentemente en el cajón.

Lope de Vega (1612), Pastores de Belén. Refundión y prólogo de Rafael Olivares Figueroa. Ilustraciones de Juliá Riu. Barcelona, Editorial Juventud, 1960 (1ª de 1941). "Aunque me pareció adolecía de graves inconvenientes para ser colocada en manos de niño, la reiterada lectura y meditación hubieron de llevarme al convencimiento de que si, con cuidado, se eliminaban de ella los pasajes que, por su  oscuridad, pesadez, crudeza o descuido, lo tornaban anti-infantil, sin que se quebrantase la unidad ni se deformase la gala del estilo, los Pastores de Belén se tornarían en uno de los más bellos libros para la infancia..." (del prólogo de R. Olivares Figueroa, fechado en Córdoba, Navidades de 1935 [Dialnet]). Sobre el ilustrador [gec]. Es mi última compra en El Jueves, una invitación a la ternura y a la bella esperanza.

Joaquín de Entrambasaguas, Vida de Lope de Vega. Con 16 láminas. Barcelona, Editorial Labor, colección "Pro Ecclesia et Patria", 1942 (1ª de 1936). Una biografía subyugante, que recomiendo, ahora que todavía puede encontrarse en las librerías de viejo a precio barato.

Enrique Gil y Carrasco (1844), El señor de Bembibre. Nota preliminar de Federico Carlos Sáinz de Robles (donde dice que "es la más bella novela histórica de nuestra literatura"). Madrid, Editorial Aguilar, colección "Crisol", 1944. De ocasión. Los libros "Crisol" son un clásico de los libros viejos (es cierto que unos títulos más demandados y cotizados que otros). Este tiene la curiosidad de haberse publicado el año del centenario de la novela (1844-1944).

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29 septiembre 2017

Kipling en El Jueves

Continúo con este serial impremeditado en que reseño los libros que he comprado en el rastro sevillano de El Jueves. Ya me he referido a esa categoría equívoca de los libros de curas, o simplemente de religión [1] y luego a la bibliofilia jurídica, es decir los libros de leyes [2]. Ahora toca los libros por excelencia, los libros literarios, que son los productos del arte de la palabra, materia de los libros. Esos son, de hecho, los grandes géneros de libros. Cualquier cosa puede estar en los libros, porque son una imagen de la mente, y por tanto una imagen del universo (porque la mente refleja el universo como si fuese un espejo). De esto trata un hermoso librito, que recomiendo, del neurólogo mexicano José Luís Díaz Gómez, Frente al cosmos. Esbozos de cosmología cognitiva [Herder]. El universo como libro es una metáfora antigua, que puede hallarse en San Agustín. Por eso los libros de esta baja esfera sublunar aspiran a representarnos todo lo que hay en el mundo.

Ese gran monumento literario al que llamamos con toda propiedad la Biblia, esto es los libros, reúne todos los géneros de libro. Es a un tiempo un libro religioso, porque contiene la revelación del Señor Altísimo, y es un libro jurídico, porque recopila las leyes del pueblo de Israel, y por eso la Torah se llama o Nómos en el griego de los LXX. La Biblia es también un maravilloso libro literario, que relata la historia de Israel y de los primeros padres; y en fin, también es un libro científico, porque representa las ideas cosmogónicas del pueblo, comenzando por el grandioso relato de la creación del mundo: in principio creavit Deus caelum et terram, Bereshit bara Elohim et hashamayim ve'et ha'arets.

Son muchos los libros literarios, recreativos, que he encontrado en El Jueves. Así que he decidido repartirlos por materias, y comenzar, algo caprichosamente, por la literatura inglesa. Parece sorprendente que en un mercado local de cosas viejas, aquí en la Sevilla profunda, se encuentren libros ingleses, pero es así de cosmopolita esta feria. Los presento por orden de antigüedad de los autores:

Fourteenth Century Verse & Prose. Edited by Kenneth Sisam. Includes a Middle English vocabulary by J.R.R.Tolkien. Oxford, at the Clarendon Press, 1964 (first published 1921). Antología literaria de autores de inglés medieval, por ejemplo unos fragmentos de Sir Gawain and the Green Knight. "Chaucer, who suffers when read in extracts, is not represented in this book, although without him fourteenth-century literature is a body without a head".

Washington Irving (1832), Tales of the Alhambra. With and introduction and notes by Ricardo Villa-Real. Granada, Editorial Padre Suárez, 1965. Muchas láminas de Granada y la Alhambra. La cubierta reproduce un óleo del pintor orientalista granadino Gabriel Morcillo Raya (1887-1973), "El príncipe Ahmed". De este libro ya he hablado [aquí].

Rudyard Kipling (1894), The Jungle Book. With illustrations by J. Lockwood Kipling and W.H. Drake. London, MacMillan and Co., 1932. "Many older editions of Rudyard Kipling's books have a swastika printed on their covers associated with a picture of an elephant carrying a lotus flower, reflecting the influence of Indian culture. Kipling's use of the swastika was based on the Indian sun symbol conferring good luck and the Sanskrit word meaning "fortunate" or "well-being". He used the swastika symbol in both right- and left-facing orientations, and it was in general use by others at the time. In a note to Edward Bok written after the death of Lockwood Kipling in 1911, Rudyard said: "I am sending with this for your acceptance, as some little memory of my father to whom you were so kind, the original of one of the plaques that he used to make for me. I thought it being the Swastika would be appropriate for your Swastika. May it bring you even more good fortune." Once the Nazis came to power and usurped the swastika, Kipling ordered that it should no longer adorn his books. Less than a year before his death, Kipling gave a speech (titled "An Undefended Island") to The Royal Society of St George on 6 May 1935, warning of the danger which Nazi Germany posed to Britain" [wikipedia].

G. K. Chesterton (1923), San Francisco de Asís. Traducción del inglés de M. Manent. Barcelona, Editorial Juventud, 1945. Reimpresión de la primera edición española de 1925, temprana traducción de la biografía publicada por Chesterton en 1923. Láminas con iconografía franciscana. El ejemplar tiene sello de la desaparecida "librería religiosa Eulogio de las Heras, Sierpes 13, Sevilla". Por otro lado, parece oportuno recordar aquí la figura del traductor, el eminente escritor catalán Mariá Manent y Cisa [AELC].

Virginia Woolf (1929), A room of one's own. London, The Hogarth Press, 1974 (fifteenth impression). Ejemplar con cubierta diseñada por la hermana, Vanessa Bell. "This essay is based upon two papers read to the Arts Society at Newnham and the Odtaa at Girton in October 1928". Leo que la Odtaa era una sociedad o club literario de Cambridge. Es un clásico de los gender studies, del que he hablado ya de refilón [aquí]. Es infinitamente preferible leer el elegante original inglés, repleto de ironías y humorismo, que no las insípidas traducciones castellanas que hoy se encuentran en librerías. No puedo comentar ahora este sugerentísimo ensayo, por falta de tiempo y espacio. Es muy conocido el pasaje en que Virginia Woolf especula sobre una hipotética Judith Shakespeare, hermana de William, y que a mí me parece que encierra algún sofisma (porque es evidente que no conocemos ninguna obra de una tal Judith Shakespeare). 

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15 mayo 2017

La literatura en andaluz

Decíamos que la novela norteamericana Adventures of Huckleberry Finn, del año 1885, de Mark Twain (pen name de Samuel Langhorne Clemens) es un auténtico landmark o jalón de la expresión literaria de los modos de hablar que se alejan de la lengua inglesa estándar. No es sin embargo esta novela ningún caso único, ni prístino, de la evocación en la escritura de los hechos sociolingüísticos. En una visita a la nueva librería sevillana La caótica, en la calle José Gestoso, he visto un nuevo libro que se acumula a los innumerables estudios de literatura chicana. En español, tendríamos que recordar el inmenso caudal de la literatura hispanoamericana, por ejemplo las novelas y cuentos de Julio Cortázar (pensemos en Rayuela), en que el autor reproduce el habla de Buenos Aires (recuérdese en las primeras páginas, el lema graciosísimo de César Bruto, sobre "Lo que me hubiera gustado ser a mí si no fuera lo que soy"). O de este lado del Atlántico, el habla madrileña en las novelas de Benito Pérez Galdós.

A poco que reflexionemos, el fenómeno de la intrusión del habla popular en la literatura culta se nos aparece como ubicuo, tan sólo limitándonos a nuestra lengua. Otro caso sobresaliente es el del judeoespañol, en el que hay muchos testimonios escritos, incluso un Quijote en sefardí, al que ya me he referido [aquí]. La representación escrita del habla desviada del estándar, es sin embargo una práctica universal, que ya se puede encontrar en las letras grecolatinas. Se dice, por ejemplo, que Platón, que antes de escribir diálogos socráticos ya se había estrenado como autor de teatro, reproduce en sus diálogos juveniles la peculiar forma de hablar de la gente de la calle. Los evangelistas siguieron también esta práctica literaria. San Marcos, autor del evangelio más antiguo, incrusta en su redacción expresiones arameas, como la de este pasaje célebre (Mc 5, 40-42): "Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate». En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar".

El caso particular del habla andaluza no es ajeno a esta práctica. Sobre sociolingüística andaluza, hay que hacer mención del profesor Miguel Ropero Núñez (del que fui alumno en la universidad el curso 1981-1982), autor del pionero estudio El léxico caló en el lenguaje del cante flamenco (1978), que sigue reeditándose. Hay además un libro reciente, del profesor Francisco García Duarte (emigrado a Barcelona, nacido en Padul, Granada): La literatura en andaluz. La representación gráfica del andaluz en los textos literarios (que no he podido examinar). García Duarte quiere ver los primeros testimonios del andaluz escrito en la literatura costumbrista del siglo XVIII. Ejemplos muy conocidos de la literatura moderna, que a todos se nos vienen a la cabeza, es el teatro de los hermanos Álvarez Quintero (que pretendía reproducir el habla sevillana... para que se riese el público de Madrid). O el Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, que de manera muy sensible calca la forma de hablar de los niños de las calles de Moguer.

Pero si el reflejo literario del habla popular es una práctica antigua, tanto como el de la literatura escrita, en castellano podemos adentrarnos hasta los testimonios poéticos más tempranos de nuestra lengua, en el siglo XI: las jarchas mozárabes (Samuel Miklos Stern: Les vers finaux en espagnol dans les muwassahs hispano-hébraïques. Une contribution à l'histoire du muwassah et à l'étude du vieux dialecte espagnol 'mozarabe', Al-Andalus Revista de las escuelas de estudios árabes de Madrid y Granada, XII (1948). El Quijote (1605), en sí mismo, es ya todo un monumento de las variedades lingüísticas de su tiempo, comenzando por el habla rústica, "prevaricadora", de Sancho Panza, o si descendemos al detalle, en la expresión graciosa del vizcaíno (I, 8): Anda, caballero que mal andes; por el Dios que crióme, que, si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno... Sin embargo, y salvo que me falle la memoria, no se encuentra en todo el Quijote ninguna expresión lingüística que pueda calificarse de "andaluza". El caso es aún más llamativo, si repasamos la novela ejemplar, de ambiente sevillano, de Rinconete y Cortadillo. Explicar esta extraña ausencia del andaluz en Cervantes (él, de familia cordobesa, y criado en Sevilla), obliga a referirse a la diglosia andaluza (la situación en que el castellano es la norma culta, de prestigio, para expresarse por escrito, mientras que el habla andaluza es la que se emplea en la conversación doméstica y de la calle, la de todos los días). Cervantes tal vez no hablase andaluz (se educó en Madrid), pero oía hablar andaluz todos los días, cuando estuvo en Sevilla, escribiendo sus novelas o el Quijote. Hay que pensar que Miguel de Cervantes fue un escritor culto, que escribía para un público culto, aunque la materia narrativa fuese popular (como La gitanilla, o el Rinconete y Cortadillo). Para Cervantes, que escribía entonces en la rigurosa norma castellana (que era la suya propia de hablante), la forma de hablar del pueblo de Sevilla no sería pretexto para introducir ninguna parodia en sus relatos (como si lo era la de los vizcaínos), porque el andaluz era el medio en que se movía.

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11 mayo 2017

Mark Twain

"In this book a number of dialects are used, to wit: the Missouri negro dialect; the extremest form of the backwoods Southwestern dialect; the ordinary “Pike County” dialect; and four modified varieties of this last. The shadings have not been done in a haphazard fashion, or by guesswork; but painstakingly, and with the trustworthy guidance and support of personal familiarity with these several forms of speech. I make this explanation for the reason that without it many readers would suppose that all these characters were trying to talk alike and not succeeding."

Mark Twain : Adventures of Huckleberry Finn, 1885, "Explanatory".

El Huck Finn (leído en su inglés norteamericano), es un auténtico landmark o jalón de la expresión literaria de los fenómenos sociolinguísticos.  Samuel Clemens (el nombre civil del autor) se acostumbró en su niñez a oír hablar en los numerosos dialectos de la ribera del Mississippi River, lo que no le impedía expresarse como escritor en un inglés estándar correcto, claro y directo, que le hizo merecedor de multitud de honores (como este doctorado en letras de la Universidad de Oxford, Inglaterra).

Véase: Humberto López Morales : Sociolingüística [Gredos].

25 agosto 2016

Lecturas del verano de 2016

Otros veranos me he entregado a leer los clásico, el Quijote, las novelas ejemplares... En este, he ido picando de unos a otros libros, que puedo haber leído entero o en fragmentos. Aquí va una reseña de autores de esos libros leídos, o por leer, ordenados por antigüedad, con un mínimo comentario:

Tito Lucrecio Caro (99 a.C. - 53 a.C.). Voy por el libro IV (de los seis) del tratado De rerum natura, ese monumento del ateísmo antiguo. En castellano (la traducción del profesor Francisco Socas), aunque tengo al lado una edición biligüe latina e italiana, que compré en Roma por siete euros [Newton]. Ya me gustaría dedicarme a leerlo en latín.

Immanuel Kant (1724-1804). Ahora está de moda entre los políticos españoles decir que leen a Kant. Es muy difícil, porque hay que enterarse antes de qué va la filosofía. Yo he logrado la proeza de leer, por dos veces, la Crítica de la razón pura, que es una obra cumbre de la mente humana. Este verano me he limitado a leer uno de sus artículo tardíos, fascinante, "El fin de todas las cosas" (Das Ende aller Dinge).

Juan Valera (1824-1905). La Pepita Jiménez, por puro placer y contento, que son motivos muy poderosos para leer.

Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912). De los Heterodoxos, he leído dos capítulos, los que dedica a la vida aventura de el Abate Marchena, y el de José María Blanco White. Consultando otras lecturas, siempre es atrayente leer la pluma colérica del "polígrafo montañés". Me gustaría leer su Historia de las ideas estéticas en España.

Bertrand Russell (1872-1970). Un plato fuerte, el Analysis of matter, que me gustará completar más adelante con el Analysis of Mind. Ahora veo a Russell como un epicureo de estricta observancia, en su física y en su ética. Conexión con Lucretius.

Guillermo Cabrera Infante (1929-2005). Estoy empezando a leer su novela Tres tristes tigres (TTT), que me está pareciendo una obra de arte del lenguaje (del habla cubana), a la altura de Cervantes, Mark Twain o Julio Cortázar, por citar otros maestros semejantes, traídos al buen tuntún.

Jorge Edwards (1931). He estado absorto un buen número de días en la lectura de su "novela sin ficción" Persona non grata, que es un retrato tragicómico de Fidel Castro y del régimen castrista, con los que tuvo contacto como diplomático chileno en 1970.

Jesús Mosterín (1941). Como he estado leyendo a Russell, he consultado el brillante capítulo que le dedica Mosterín en su libro amenísimo Los lógicos.

Los veranos, con libros, son menos.

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30 junio 2016

Baltasar Gracián apocalíptico

Lo que más admira de la lectura de la inmensísima novela El Criticón, de Baltasar Gracián, es su familiaridad, la sencillez con que puede leerse (pese a su altísimo nivel cultural), y que no acertemos a identificar a qué otro libro se parece. Es un libro único. Esto de encontrar semejanzas y pares a las obras literarias tiene su fundamento, porque nunca se escribe en el vacío. Gracián fue hombre de muchas lecturas. Dentro de su oficio jesuítico, además de predicador famoso (es lástima que no pudiésemos verle y oírle), fue maestro de Sagrada Escritura. Creo que aquí se encuentra una traza explicativa de El Criticón. Mi hipótesis es que se trata de una novela apocalíptica, es decir visionaria (lo que es evidentísimo para cualquier lector). Como en el libro de las revelaciones de San Juan el apóstol, está llena de monstruos, que son las bestias mundanas, y su propósito es consolar y reconfortar, y animar a la buena conducta. Aquí se encontraría la clave de que esta novela admirable nos parezca tan extraña y singular. Es una conjetura que me limito a anotar.

14 junio 2016

Resurgimiento católico low cost

Ya he contado que en Sevilla ha abierto una franquicia de las librerías baratas Re-Read, en la calle Tarifa, 3, justo enfrente de La Campana. A mí me parece que tiene sus limitaciones. Está muy bien el precio fijo de venta (2 a 3 euros la unidad), pero la restricción también juega en la compra (unos misérrimos 20 céntimos por libro entregado). De esta manera, no se puede esperar que en una visita a la librería se encuentre nada de particular (sólo libros viejos o baratos), salvo que por casualidad veas algo que te llame la atención. El otro día me sorprendió encontrar este libro que voy a comentar, y que he leído "en diagonal" una de estas tórridas tardes del mes de junio... Se trata de El resurgimiento católico en la literatura europea moderna (1890-1945), del joven profesor Enrique Sánchez Costa, publicado hace un par de años [Encuentro]. Sánchez Costa, brillante doctor en humanidades, es hoy profesor en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), en Santo Domingo. Parece que este libro fue su tesis doctoral. Es evidente por tanto que se trata de una "tesis confesional". El libro, como ya digo, me ha costado 2,50 euros de low cost (cuesta la friolera de 29 euros en librerías). Veamos si es un chollo.

Primero, el tema. El título y la cubierta son ilustrativos. Con la etiqueta de resurgimiento católico se alude a un confuso grupo de autores (franceses, ingleses, españoles), muchos antagónicos entre sí, que hicieron militancia de su catolicismo en la primera mitad del siglo XX: la renouveau catholique, el catholic revival. Caso notorio, entre ingleses, G.K. Chesterton. Más difícil me parece hablar de un revival católico en España, fuera de escritores anecdóticos. Se habla de Unamuno, pero él iba a su aire, no era hombre de banderías de ninguna clase (y menos de las católicas). El profesor Sánchez Costa ha pecado de ambición y ha hecho un recorrido extenso, a costa de lo intenso. No me parece normal, por ejemplo, que en una publicación como esta se dedique un puñado de páginas para resumir, otra vez, el argumento de Brideshead revisited, novela de Waugh que goza de un extraño predicamento entre los católicos del ala conservadora. La novela habla de personajes católicos (de clase alta, no se olvide), pero me parece irrelevante para entender lo inglés.

En cuanto a la edición en sí misma del libro, a pesar de mi "lectura en diagonal", no sé cómo me las arreglo para tropezar con las erratas peores. En la página 372 se lee: "... como escribía Unamuno en La tía Lula... " (sic), errata grosera que delata que el texto editado no fue sometido a corrección (el autor la cita bien en nota a pie de página).

Si se quiere ver este resurgimiento católico como un movimiento, peligrosamente próximo al fascismo de su tiempo (¿qué hacen las fotos de José Antonio Primo de Rivera en este libro?), habría que considerarlo como un caso de herejía, y no de ortodoxia en modo alguno (véase el caso de la Action française, batiburrillo peligroso de ideología y religión, condenada expressis verbis por el pontífice romano). De modo que no me puede parecer nada simpático este supuesto catholic revival. De hecho se comete, me parece a mí, una falacia de dicto simpliciter. Que este grupo poliforme de escritores se manifestasen como católicos, e hiciesen de la apología de la iglesia católica su bandera, no quiere decir que sus ideas, su ideología, fuese católica. Falta hacer un diagnóstico más severo de este resurgimiento. Para mí George Orwell, escritor en las antípodas de esa caterva católica, ya hizo un admirable análisis de la confusión de creencias e ideas políticas de este movimiento reaccionario católico, en su gran ensayo de 1940 Inside the Whale, que ya he comentado [aquí]. Debe releerse.

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23 mayo 2016

George Orwell, Pablo d'Ors


En el tedio de la tarde del domingo, hasta que comenzase la final de la Copa del Rey, me eché a leer los Ensayos de George Orwell. Son inagotables, enganchan. Casi centenarios, del siglo pasado, y parece que allí nos habla un contemporáneo, hasta tal punto fue asistido Orwell por el don de la profecía. Los abrí por el extenso Inside the Whale, del año 1940. Lo iba leyendo arrullado por el partido (que ganó el Barça). Comienza, y concluye, como un juicio crítico de la novela Tropic of Cancer (1934), de Henry Miller. Orwell conocía a Miller, y se lo encontró de camino a la guerra de España el año 36, donde Miller le previno que ir a esa guerra era una estupidez. Inside the Whale es un ensayo magistral, porque toma como motivo las novelas de Henry Miller para enseguida ganar altura (o profundidad, si de un mostruo marino se trata), y hacer un incisivo recorrido ideológico por la narrativa y poesía inglesa de los años veinte y treinta. "En el vientre de la ballena", está pensando en el profeta Jonás. Es una metáfora debida al propio Miller (que se refería así a los diarios de Anaïs Nin). El profeta Jonás recibió un mandato de Dios, convertir a la ciudad de Nínive, pero navegando, en medio de la tempestad, acabó arrojado al agua y engullido por un gran pez, en cuyas entrañas se vio protegido de todo peligro. George Orwell sigue esa alegoría para pensar en una peculiar categoría de escritores, que como Jonás se han visto apartados de las dificultades del mundo, porque son incapaces de comprender, y viven de espaldas a la realidad (en el relato bíblico, Jonás era un tanto cabezota y no se enteró de la película ni aunque se lo explicase Dios mismo). Orwell distingue muy bien entre verdad y sinceridad. El valor literario es la sinceridad, aunque el autor sostenga ideas descabelladas, no verdaderas. Pone como ejemplo de acierto literario a Poe (nos creemos sus relatos, aunque no sean verdad). En el extremo opuesto, Orwell sitúa a los autores que pretenden defender un credo o ideología, o hacer propaganda, y que por eso fallan como artistas. No me resisto a copiar aquí una de esas sentencias orwellianas, de las que está repleta el ensayo: "Perhaps it is even worth noticing that the only latter-day convert of really first-rate gifts, Eliot, has embraced not Romanism but Anglo-Catholicism, the ecclesiastical equivalent of Trotskyism". El ensayo completo se puede leer [aquí]. Orwell concluye, proféticamente, que la literatura pequeño burguesa, de sentimientos impostados, está acabada. Anuncia un nuevo modo de narrativa, que será testimonio sincero del estado perplejo del alma humana.

No sé si he captado bien el fondo de las ricas ideas literarias, históricas, políticas, que vuelca George Orwell en Inside the Whale. Mientras lo leía, no pude evitar tener presente otras ideas que hormigueaban en la cabeza. Orwell discute, con ocasión de revisar la novela de Henry Miller, la narrativa del pasado (un ejemplo sería la imagen absurda de lo inglés de las novelas de Evelyn Waugh), frente a la narrativa del porvenir. Y me he preguntado si esa narrativa del porvenir, columbrada ya en 1940 por Orwell, no la tendremos ya entre nosotros. Estoy pensando ahora en la excepcional novela de Pablo d'Ors El olvido de sí. Una aventura cristiana [Prextextos]. Una obra de arte, concebida con gran dificultad, que consiste en narrar la vida del beato Carlos de Foucauld, desde su misma interioridad. No importa el exterior: importa la persona, uno mismo (la individualidad de Jonás). Leí esa novela hace tres años, y quedé tan impresionado que no logré redactar nada coherente para este blog, aunque me hubiese gustado. Aún conservo el recuerdo de esa intensa lectura, que para mí es garantía de excelencia. Creo que Pablo d'Ors representa ahí la narrativa del porvenir, en el sentido que vislumbraba George Orwell.

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