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10 julio 2008

León Felipe: Escuela

Retomamos la reflexión animalista después de esta última pausa poética. Pero no abandonamos la poesía. Si no lo he dicho antes, León Felipe es uno de mis poeta preferidos. Así lo estimo por la autenticidad descarnada de sus versos, como son los de su poema de ancianidad "Escuela", donde hace un repaso impresionista de su vida. El poema es extenso, y hay que leerlo entero. Selecciono un pasaje interesante para el tema que estábamos discutiendo:

ESCUELA (fragmento)

... He dormido muchas noches, años, en el África Central,
allá, en el golfo de Guinea, en la desembocadura del Muni,
acordando el latido de mi sangre
con el golpe seco, monótono y tenaz
del tambor prehistórico africano
de tribus indomables...
He visto a un negro desnudo
recibir cien azotes con correas de plomo
por haber robado un viejo sombrero de copa
en la factoría del Holandés.
Vi parir a una mujer
y vi parir a una gata...
y parió mejor la gata;
vi morir a un asno
y vi morir a un capitán...
y el asno murió mejor que el capitán.
Y ese niño, ¿por qué ha llorado toda la noche ese niño?
No es un niño, es un mono -me dijeron.
Y todos se rieron de mí.
Y fui a comprobarlo
y era un mono pequeño en efecto,
pero lloraba igual que un niño,
más desgarrada y dolorosamente que todos los niños
que ya había oído llorar en el mundo.
El Sargento me explicó:
-Anoche en el bosque matamos al padre y a la madre,
y nos trajimos al monito.
¡¡Cómo lloraba el monito!!


[Del libro "¡Oh, este viejo y roto violín!" (1965)].

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07 julio 2008

Los monjes ciegos y el elefante

"Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados".

Esta instructiva fábula, de orígenes remotos, parece aconsejar que adoptemos un enfoque relativo y prudente en nuestros saberes: sólo alcanzamos a conocer la realidad de forma parcial e incompleta. No estoy sin embargo del todo conforme con esta conclusión. Estos monjes sabios (y ciegos) no estaban equivocados, como dice la fábula a modo de moraleja. Tal vez le engañasen los sentidos, pero todos ellos convenían en que se habían encontrado con un elefante. Se habían topado con la realidad, con la verdad, aunque fallasen al describirla (porque todos, ciegos o no, somos falibles). Por eso la fábula también enseña que somos capaces de conocer la verdad, aunque se nos muestre esquiva.

Pero aún hay otra lección que aprender. Hombres y animales conocemos la realidad por los sentidos, y hacemos inferencias a partir de los datos captados. Aquellos monjes se comportaban como animales (una hormiga, un león, un mono) que tocan y huelen un objeto extraño. Pero sólo el hombre es capaz de reflexionar sobre ese modo de conocer, sobre su valor aparente e ilusorio; y sólo el hombre es capaz de construir una fábula que reflexiona sobre estas limitaciones. El hombre es el único animal insatisfecho de lo que hace y de lo que sabe.
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06 julio 2008

El hombre y el animal

"Este trabajo constituye un intento de reflexión interdisciplinar entre biología (biología teórica, zoología y etología) y filosofía. La interdisciplinariedad, en una época de fragmentación de las ciencias, es el primer paso en la búsqueda de la recomposición de la unidad del saber, que es la aspiración de toda verdadera sabiduría. Sólo la sabiduría, como ciencia de las causas últimas, puede concebir un plano general del saber, aunque sólo en sus trazos fundamentales, pues la mente humana obviamente es limitada. (...)

"La necesidad de la interdisciplinariedad es especialmente acuciante en el campo de los estudios sobre el hombre, donde una cantidad inmensa de información es cada vez más difícil de resolver en una unidad. Ahora bien, sin unidad no hay comprensión. Comprender algo significa ver simultáneamente, en la unidad de su naturaleza, la multiplicidad de aspectos que la integran. Por eso, resignarse al actual estado de fragmentación del saber antropológico es resignarse a desconocer qué es el hombre. (...)

"En fin, pocos proyectos de reflexión interdisciplinar son tan urgentes como el de la cuestión antropológica. Precisamente para alcanzar este fin surgió la antropología filosófica en la primera mitad del siglo XX. Y precisamente por esta razón ha sido la misma antropología filosófica la ciencia que ha estimulado y fomentado la cooperación de las ciencias afines o colindantes con la antropología, sobre todo la biología, para hacer luz en la magna cuestión de qué es el hombre".

Leopoldo Prieto López, El hombre y el animal. Nuevas fronteras de la antropología. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2008 [el texto reproducido es de la introducción, pp. xxii-xxiii).
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05 julio 2008

Monkey typing

"El capricho o imaginación o utopía de la Biblioteca Total incluye ciertos rasgos, que no es difícil confundir con virtudes. Maravilla, en primer lugar, el mucho tiempo que tardaron los hombres en pensar esa idea. Ciertos ejemplos que Aristóteles atribuye a Demócrito y a Leucipo la prefiguran con claridad, pero su tardío inventor es Gustav Theodor Fechner y su primer expositor es Kurd Lasswitz. (Entre Demócrito de Abdera y Fechner de Leipzig fluyen -cargadamente- casi venticuatro siglos de Europa.) Sus conexiones son ilustres y múltiples: está relacionada con el atomismo y con el análisis combinatorio, con la tipografía y con el azar. En la obra El certamen con la tortuga (Berlín, 1929), el doctor Theodore Wolff juzga que es una derivación, o parodia, de la máquina mental de Raimundo Lulio; yo agregaría que es un avatar tipográfico de esa doctrina del Eterno Regreso que prohijada por los estoicos o por Blanqui, por los pitagóricos o por Nietzsche, regresa eternamente." JORGE LUÍS BORGES, La biblioteca total.

Al pobre monito también se le toma como metáfora en un popular teorema matemático. Aunque las diferencias entre el hombre y el mono puede aceptarse que sean de grado, hay que reconocer también que los hombres hemos dado un gran salto de calidad: los monos no formulan teoremas, ni emplean la figura del hombre como ejemplo de nada.

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03 julio 2008

Monkey trial

Seguimos con el asunto de los animales. En mi entrada anterior [All great apes are equal, but...], respondía al biólogo salmantino Emilio Cervantes que los animales no deliberan, en sentido moral, y por tanto no pueden ser culpables en sentido jurídico. Culpable de un delito es quien pudo haber actuado de otro modo y no lo hizo; pero los animales, sencillamente, no pueden actuar de otro modo a como lo hacen: son inimputables.

Repasando opiniones en la red, he encontrado que este argumento ya ha sido empleado por
Leopoldo Prieto López, autor de un libro reciente en que examina éstas y otras cuestiones en torno al Proyecto Gran Simio (PGS). Reproduzco el argumento, tal como ha sido recogido en Aceprensa:

"El mayor problema de esta iniciativa parlamentaria [instando al Gobierno a adherirse al PGS] es que cuando se toman realmente en serio los principios del PGS, se cae en el ridículo. Lo explica con acierto Leopoldo Prieto López en su reciente libro El hombre y el animal.

"El PGS es idea, principalmente, del filósofo australiano Peter Singer, quien la expuso en la obra programática del mismo nombre. En ella se contiene la “Declaración sobre los grandes simios”, que señala: “El objetivo de toda nuestra empresa es establecer de nuevo el estatuto moral de los chimpancés, los gorilas y los orangutanes, y la aceptación en calidad de persona de algunos animales no humanos”. La razón es que, a la vista de los conocimientos científicos sobre las facultades de esas especies, “la barrera moral que trazamos entre nosotros y ellos es indefendible”. Por tanto, el PGS exige que se reconozcan para los simios tres “principios o derechos morales fundamentales”: a la vida, a la libertad y a no sufrir tortura.

"Pero la barrera indefendible se muestra a la postre infranqueable aun para los firmantes de la Declaración. Como señala Prieto López, si se admite de verdad que los simios forman con los humanos una “comunidad de iguales”, se ha de llevar todo eso a las últimas consecuencias. La defensa jurídica del derecho a la vida supondría no solo, como pide la iniciativa del Congreso español, castigar más duramente al humano que mate a un simio, sino además juzgar y condenar a los simios que maten a otra “persona”, humana o simiesca. Pero ¿en serio creen los del PGS que se puede exigir responsabilidades penales a un animal?

"Parece que no, por lo que dicen en el punto sobre la privación de la libertad de los miembros de la comunidad de los iguales. “La detención de quienes hayan sido condenados por un delito, o de quienes carezcan de responsabilidad penal, solo se permitirá cuando pueda demostrarse que es por su propio bien, que resulta necesaria para proteger al público de un miembro de la comunidad que claramente pueda constituir un peligro para otros si está en libertad. En tales casos los miembros de la comunidad de los iguales deben tener derecho a apelar ante un tribunal de justicia, bien directamente o, si carecen de la capacidad necesaria, mediante un abogado que los represente”.

"Uno se imagina despachos de abogados especializados en defender a simios. Pero no los habrá, porque nuestros iguales tendrán que recurrir al turno de oficio."

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02 julio 2008

All great apes are equal, but...


"Exigimos que la comunidad de los iguales
[the community of equals] se haga extensiva a todos los grandes simios: los seres humanos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes. La "comunidad de los iguales" es una comunidad moral [moral community] dentro de la cual aceptamos que determinados principios o derechos morales fundamentales [certain basic moral principles or rights], que se puedan hacer valer ante la ley, rijan nuestras relaciones mutuas." (Declaración de los grandes simios, 1993).

El Congreso de los Diputados ha instado al Gobierno para que se adhiera al "Proyecto Gran Simio". Podría ahora engolfarme en argumentar que se trata de un acuerdo contrario de plano a la Constitución (léase su artículo 10, párrafo segundo). Pero veamos la cosa desde otro punto de vista, el punto de vista moral, que la propia Declaración de los grandes simios adopta en su pomposo preámbulo.

Los simios, ¿tienen capacidad moral? El hombre sí, porque puede obrar bien o mal, arrepentirse u obcecarse... Pero los restantes simios no: actúan gobernados por los instintos. No formamos, entonces, los hombres y los restantes simios una "comunidad moral", ni nos pueden gobernar unos mismos principios morales básicos [basic moral principles], que son propios de los sujetos morales, los hombres.

Los simios, ¿somos una comunidad de iguales? En absoluto. Acepto que todos los "simios" seamos semejantes, porque tenemos cierto parentesco genético; pero iguales sólo lo somos los hombres entre nosotros, porque somos de un mismo linaje y una misma raza. Los hombres no somos iguales que los restantes simios (¿es necesario desgañitarse para que se reconozca esta evidencia?). Los hombres y otros simios sencillamente no formamos una "comunidad de iguales" [community of equals].

Pero entonces los simios, todos los grandes simios, incluídos los hombres, somos semejantes, ¿no es así? Sí, en cierto modo, porque todos los "grandes simios" [great apes], aceptando que los hombres podamos ser calificados de "simios", somos animales genéticamente muy próximos. Pero las cosas que son semejantes, son en la misma medida desemejantes (como saben bien los filósofos desde antiguo). Es un principio elemental. Yo soy semejante a una bicicleta, porque los dos somos cuerpos físicos. Pero no por eso la bicicleta y yo formamos una comunidad de semejantes, y menos aún, de iguales. ¡Qué manera de corromper las santas palabras de igualdad, moralidad y comunidad!

Pero indaguemos en la semejanza: genética, y de conducta. ¿Qué es lo propio del simio humano? Yo diría que la violencia; eso se ve muy bien al comienzo de la película 2001 de Kubrick. El hombre se conduce violentamente con todo: con sus iguales, los hombres, con sus semejantes los otros simios, y con la naturaleza entera. Pero de entre todos los animales, sólo el hombre tiene esa virtud de revolverse contra su propia condición. Ningún animal se revuelve contra su propia especie, comprometiendo su supervivencia, mas que el hombre. Y así nos encontramos con que la asimilación de este simio violento con los restantes simios, conduce a naturalizar la conducta agresiva y destructiva del medio natural.

En la Biblia se lee: Et creavit Deus hominem ad imaginem suam (Gn 1,27). Y San Pablo: Ipsius enim et genus sumus (Act 17,28). Nunca ningún simio que no sea el hombre, será capaz de hacer esta confesión: "somos semejantes a los otros simios, porque somos animales, y somos semejantes a nuestro Creador, Dios, porque somos criaturas suyas". Nuestra semejanza con los simios no agota nuestra condición, pero contemplándonos en el espejo de nuestros primos, los simios, y no en el espejo de nuestro Padre, Dios, estamos viendo únicamente nuestra peor cara, la de simios violentos. Podemos aspirar a ser mejores y preferimos ser peores.

[José Ignacio Munilla: De la evolución a la involución: volvemos al mono]

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13 junio 2008

Un becerro cebado

En mi anterior post [Sicut cervus ad fontes], anuncié que señalaría la fuente donde yo afirmaba haber leído que Nácar y Colunga habrían traducido la Biblia del latín, o cuando menos lo habrían adoptado como lengua preferente para preparar su versión. Ha llegado el momento. El comentario girará nada menos que en torno a la parábola del hijo pródigo, y más en concreto sobre los versículos Lc 15,23.27.30 donde se lee por tres veces "un becerro cebado" [Nácar-Colunga], vitulum saginatum [Vulgata].

En la portada de la Nácar-Colunga se lee: Versión directa de las lenguas originales, hebrea y griega, al castellano. Pasando por alto como objeción de poca monta que las lenguas originales no son dos, sino tres, si se cuenta el arameo... aceptaremos en principio y de buena fe que Nácar y Colunga tradujeron del hebreo y del griego.

Nada más abrir esta Biblia Nácar-Colunga, dos detalles nos llaman la atención. El primero, que nada digan los autores de las fuentes textuales de las que se sirvieron para traducir. El segundo, que estos dos beneméritos escrituristas hubiesen absorbido sin ayuda de más nadie la tarea inmensa de traducir la Biblia desde el principio hasta el final.

Hoy estamos acostumbrados a que cualquier traducción bíblica sea obra de amplios equipos de traductores. Sin ir más lejos, es el caso de la edición de La Casa de la Biblia, dirigida por Santiago Guijarro y Miguel Salvador, en cuyo elenco de traductores encontramos a Juan Guillén y Gonzalo Flor (este último, antiguo colaborador de Luís Alonso Schökel, en la actualidad profesor en el Seminario de Sevilla, traduce los Salmos y el Cantar). Por ese motivo nos maravilla, y hasta nos intriga, de qué modo cargarían con la tarea los dos solos, los profesores Nácar y Colunga. Pero no queramos pedir que un libro editado en 1944 se acomode ahora a nuestros gustos bibliológicos.

Averiguar qué procedimientos científicos, traductológicos, siguieron Nácar y Colunga, a lo peor no tiene ningún interés, más que como recreación curiosa o incluso ejercitación en cuestiones bizantinas. Se me viene ahora a la cabeza ese famoso primo humanista, que respondía a las preguntas ingenuas de Sancho Panza, como aquella de "quién fue el primero que se rascó en la cabeza" (Quijote, II, 22). Sigamos por el contrario la advertencia prudente de don Quijote: Hay algunos que se cansan en saber y averiguar cosas que después de sabidas y averiguadas no importan un ardite al entendimiento ni a la memoria.

Podemos felicitarnos de que ahora la BAC se anime a imprimir en facsímil la primera edición de la Biblia Nácar-Colunga, porque nadie duda de que en su momento, y aún hoy, fue una versión fiel y confiable de los textos sagrados, expresada en un castellano cabal, sobrio y solemne. Sin embargo, nos parecería un error que se pretendiese que esta versión regrese para competir con otras versiones castellanas modernas (la de Schökel, la de la Casa de la Biblia, la de Jerusalén, la de la Universidad de Navarra...) cuando ya no hay manera de aquilatar los méritos de su traducción.

Yo leí por primera vez la Biblia en la Nácar-Colunga que andaba por casa, y luego me hice con una edición manual para mi uso, que aún conservo con la fecha de compra, según la costumbre de los escolares, escrita a bolígrafo junto a mi nombre en la portada: 23 de enero del 80. Todavía la consulto en ocasiones, para comparar su traducción con las otras que poseo, y la tengo en sincero aprecio.

Cierto día inesperadamente me topé con un texto, serio, que me puso en guardia sobre el auténtico valor de la Nácar-Colunga. Se trata de un comentario de pasada, pero que pone en cuestión aquella afirmación de que se trate, como hemos leído antes, de una versión directa de las lengua originales. El autor del texto es Valentín García Yebra, catedrático de griego, traductor premiado de Aristóteles, académico de la Lengua, y que en su ancianidad sigue recibiendo homenajes, como el último Premio Castilla y León de Humanidades 2007. La Nácar-Colunga aparece discutida en un pasaje de su conferencia "La traducción del latín como problema". El título es bien revelador, porque se trata de argumentar si Nácar y Colunga tradujeron de las lenguas originales, o bien del latín.

Todo lector que haya leído, o tan siquiera saludado, la Guerra de las Galias, no desconoce que uno de los problemas del latín, para afrontar su traducción, es que carece de artículos. Será la situación y contexto los que aconsejen si una determinada locución ha de interpretarse como determinada o indeterminada.

Y así llegamos al texto anunciado de la parábola del hijo pródigo, que García Yebra emplea para ilustrar sus tesis. En la Nácar-Colunga se lee que el padre, para festejar la vuelta de su hijo más joven, mandó matar un becerro cebado. Con un poco de novelería, García Yebra nos cuenta que se entretuvo en comparar esta versión con las de otras lenguas modernas, en que la traducción unánime es el ternero cebado (no un ternero, sino el ternero, porque en aquella casa el padre sólo poseía uno). La indagación termina con la lectura directa del texto original griego, en que la determinación por artículo es inequívoca. Y concluye:

¿De dónde habían sacado, entonces, Nácar-Colunga su versión contraria? Ésta sólo puede explicarse por distracción de los traductores, o -lo que es más probable- por influjo de la versión latina de la Vulgata: "et adducite vitulum saginatum, et occidete... occidit pater tuus vitulum saginatum... occidit vitulum saginatum". Si el Evangelio según Lucas se hubiera escrito originalmente en latín, la versión de Nácar-Colunga estaría tan justificada lingüísticamente como las otras, y estéticamente daría a la parábola más realce. La falta de artículo en latín produciría una ambigüedad insoluble. Y la mayoría de los traductores se inclinarían probablemente -por razones estéticas y afectivas- a la solución contraria al pensamiento del autor. ¿Cuántas veces la carencia de artículos ocasionará este mismo extravío en la comprensión de textos latinos?

Valentín García Yebra: "La traducción del latín como problema". Conferencia pronunciada en uno de los cursos de verano ofrecidos por la Universidad de Alcalá de Henares en Sigüenza. Publicada en Helikon. Rivista di tradizione e cultura classica dell'Università di Messina, Anni XXXI-XXXII, 1991-1992, págs. 489-507. Y en el libro del mismo autor La traducción: historia y teoría (Madrid, Editorial Gredos, 1994), págs. 322-344.

Actualización del sábado, 14 de junio.- Isaac defiende en su blog la eclesialidad de la traducción de Nácar y Colunga: un becerro bien cebado.

Y el domingo, 15 de junio, Isaac recurre al pasaje de Lc 2,15:
Eudokia. Las versiones fieles a la Vulgata traducen "paz a los hombres de buena voluntad".
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09 junio 2008

Sicut cervus ad fontes

En su blog del portal Religión en Libertad, Fides et Ratio, Isaac se ha hecho eco del nuevo proyecto de la Biblioteca de Autores Cristianos de recuperar las grandes obras que constituyen su fondo agotado. Es una magnífica noticia, aunque la intención de iniciar el proyecto con la reproducción facsímil de la primera edición (1944) de la Biblia de Eloíno Nácar Fuster y Alberto Colunga O.P. (la "Nácar-Colunga" que rueda en muchas casas) nos ha provocado ciertas reticencias. Es comprensible que por ese afecto a las cosas que nos hace atribuirles valor sentimental, haya quien quiera atesorar en su casa uno de estos ejemplares facsimilares (seremos los primeros). Pero sería una regresión pretender vender la Nácar-Colunga como una suerte de "Vulgata hispánica", rango de autoridad de la que carece manifiestamente. No se olvide que esa primera edición de 1944 ya fue objeto de sucesivas revisiones de Maximiliano García Cordero O.P., cuyo alcance puede presumirse con lo que comentaremos a continuación.

En alguna lectura sobre teoría de la traducción (o traductología, si se prefiere), he leído una valoración crítica en passant, si no de la Nácar-Colunga íntegra, sí de un pasaje significativo, que me ha hecho reflexionar sobre el auténtico mérito de esta traducción. Es norma de probidad intelectual no hablar por boca de ganso, y justificar las afirmaciones que se hacen. De momento voy a reservarme la fuente, para crear algo de intriga, y pospondré su referencia al próximo post. En éste comentaré, a modo de ambientación, alguna curiosidad de traducción bíblica, advirtiendo antes de nada que uno no es biblista ni escriturista, sino que tan sólo deposita su confianza en autores dignos de crédito.

El lema de la BAC, Sicut cervus ad fontes, como es sabido se tomó acertadísimamente de la traducción latina del salmo 42. Cervus, que no cerva, esto es, ciervo macho; del que Colunga y Turrado, en su edición de la Biblia Sacra iuxta Vulgatam Clementinam, dicen: inter animalia munda recensetur; saepe in comparationibus ob eius gracilitatem et pulchram formam. Retengamos: "como el ciervo".

Si ahora nos dirigimos a cualquier traducción moderna de los salmos, nos encontraremos sin embargo con la sorpresa de que es unánime la traducción "cierva". Esa lección se encuentra incluso en las ediciones de la Nácar-Colunga revisadas por Maximiliano García Cordero O.P. desde 1965. El género femenino de esta cierva está avalado por el texto original hebreo, si nos guiamos, como fuente de autoridad, por el comentario a los salmos de Luís Alonso Schökel. Un cotejo con otras lenguas modernas refrenda absolutamente la traducción "cierva"; por ejemplo, el texto italiano: Come la cerva anela ai corsi d'acqua...

La explicación de esta divergencia entre el texto latino (sicut cervus...) y las lenguas modernas es fácil de encontrar, consultando la Vulgata (también editada por la BAC). En las ediciones de la Vulgata posteriores a 1945, los salmos se presentan en dos columnas: a la izquierda, el texto clementino de 1502; y a la derecha, y en cursiva, la nueva traducción latina del Pontificio Instituto Bíblico, aprobada por el Motu proprio "In cotidianis precibus" de 24 de marzo de 1945, de Pío XII, con la que se pretendió una versión latina más bella y legible del psalterio. Pues bien, donde el texto clementino del salmo 42 reza sicut cervus, la versión del Instituto Bíblico dice sicut cerva; revisión forzada con seguridad por una mayor fidelidad a la lengua original.

Por estas circunstancias, fáciles de comprobar incluso para profanos como nosotros, se da la tamaña curiosidad de que la casa editorial BAC, fundada (no lo olvidemos) en 1944, adoptó un lema (sicut cervus ad fontes) tomado de un texto que iba a ser corregido tan sólo un año después, cuando Pío XII aprueba la nueva versión latina de los salmos. Y así nos encontramos con que el lema de la casa es "clementino" y casi "premoderno". Si, como hemos leído, hay que refundar la BAC del siglo XXI, ¿no habría de reformularse su lema: sicut cerva ad fontes?

Finalmente, aún nos aguarda comprobar cómo tradujeron Nácar y Colunga esta línea del salmo 42, en la primera edición de su versión de la Biblia, de 1944, en que el único texto latino aprobado era el de la Clementina. El cotejo que nos facilitará la próxima reimpresión facsímil, podrá confirmar o no algunas de nuestras reticencias.

Actualización del martes, 10/06/2008.- Isaac ha argumentado en su blog [¿"cervus" o "cerva"?], que el original hebreo refrendaría la traducción de género macho.

Actualización del viernes, 13/06/2008.- Por su parte, Terzio, en su blog
Ex Orbe nos ha explicado que la traducción en femenino se impone por la versión griega de los LXX, de donde puede inferirse el estado más primitivo del texto hebreo.

En el próximo post sobre la Nácar-Colunga haré referencia a la traducción de un pasaje del Evangelio, guiado de la mano de otra autoridad.

02 junio 2008

Abandonos

La noticia en El Comercio Digital explica escuetamente que "una vecina de Siero, M. Q. N., de 71 años de edad, fue abandonada anteayer por su hija a la puerta de la residencia de ancianos Nuestra Señora de Covadonga de Pola de Siero. Según aseguraron testigos presenciales, los hechos se produjeron hacia las 20.30 horas, cuando una mujer condujo a la septuagenaria hasta la entrada del edificio, y sin mediar palabra, emprendió la huida corriendo hacia un vehículo que la esperaba en el exterior de la residencia. En ese momento, se encontraban dos personas en el recibidor del geriátrico, que salieron a toda prisa para intentar alcanzar a la hija, pero sus intentos fueron ya en vano. Tan sólo lograron ver que el vehículo iba conducido por un hombre." No me sorprende, ya. Es parte del paisaje moral de nuestro país. Lo que me ha llamado la atención del relato, es que el abandono sigue la misma técnica que con los perros, dejándolos sueltos en el campo, o en medio de la calle.

18 diciembre 2007

El castigo al aborto voluntario

Desde que estudiaba en la facultad, nunca me pareció bien castigar a nadie con la pena de privación de libertad, ya fuese el delito que hubiese cometido. Han pasado 25 años y sigo pensando lo mismo. ¿Entonces qué? se me dirá. Creo que hay que vigorizar la responsabilidad civil del que causa daño a otro, y reeducarlo. Vamos, que el delincuente no se vaya de rositas después de cumplir equis años en la cárcel. El internamiento en una celda no priva de la verdadera libertad, que acompaña a la persona allá donde vaya. La cárcel castiga al penado con aflicción moral, y con riesgos de coacciones, vejaciones y enfermedades. Castigos que nunca han estado previstos en los códigos.

Las leyes penales nunca detendrán la mano de un hombre que mata a su pareja, al conductor que atropella a un peatón, la codicia de los traficantes de drogas, de los estafadores de particulares o de la hacienda pública, a los médicos que practican abortos ni a la mujer que se desprende del niño que lleva en su seno. El Código Penal es eficiente para castigar a los delincuentes que han sido apresados (cuando no un hábil abogado aprovecha los puntos, tildes y comas de la ley), pero es absolutamente ineficaz para prevenir el crimen. Creo más en que el poder público fuerce a los criminales a que reparen, en lo posible, el daño provocado, y no en el castigo, que no ha de pender de los procesos penales, sino de la censura social.

¿Y qué pasa con el aborto? ¿Podemos tomarnos en serio los delitos de aborto voluntario? ¿Estamos convencidos de que debemos encerrar en la cárcel a todas la madres que consienten en abortar, y a los médicos que las asisten? El tipo delictivo no impedirá esta triste práctica. Las mujeres que han abortado ya llevan en el delito la penitencia, como se decía antiguamente, y conviene hacer visible las prácticas abortistas, hacerlas salir de la clandestinidad, para que nos demos cuenta de qué enfermo está nuestro país, nuestro mundo, que pone en cambio el grito en el cielo por la matanza de focas en el Canadá.

19 septiembre 2007

La sabiduría del elefante

"El simbolismo de este animal tiene cierta complejidad y determinaciones secundarias de carácter mítico. En el sentido más amplio y universal, es un símbolo de la fuerza y de la potencia de la libido. En la tradición de la India, los elefantes son las cariátides del universo. En las procesiones, son la montura de los reyes. Es muy interesante que, por su forma redondeada y su color gris blanquecino, se consideran símbolo de las nubes. Por los cauces del pensamiento mágico, de esto se sigue la creencia en que el elefante puede producir nubes y de ahí la mítica suposición de la existencia de elefantes alados. La línea elefante, cima de monte, nube, establece un eje del universo. Probable derivación de estos conceptos de clara impronta primitiva, el uso del elefante en la Edad Media como emblema de la sabiduría, de la templanza, de la eternidad e incluso de la piedad."

Juan Eduardo Cirlot,
Diccionario de símbolos, "Elefante"

17 septiembre 2007

Pensar en elefantes

Quodammodo animam esse omnia, en cierto modo el alma es todas las cosas (Aristóteles, De anima 431b): por los sentidos las cosas sensibles, y por el intelecto las inteligibles (S.Th. 1 q.84 a.2). Así expresaron con breve fórmula, Aristóteles y Tomás, la admiración de que nuestra mente pueda representarse la realidad material e inmaterial.

Dice Santo Tomás que es manifiesto que el hombre puede conocer la naturaleza física [homo per intellectum cognoscere potest naturas omnium corporum] (1 q.75 a.2). A partir de esta evidencia para todos, discurre qué puede ser la mente para tener esa formidable facultad de captar el entorno físico, hasta alcanzar virtualmente las fronteras del universo. Y se pregunta: ¿el alma es algo? [utrum sit aliquid subsistens].

Interrogarse por la substancia del alma es una manera de categorizar lo que hoy conocemos como el problema mente-cerebro (the mind-body problem). ¿Son cosas distintas e irreductibles, la mente y el cerebro? ¿O bien la mente es función de las neuronas?

Santo Tomás es dualista: nuestro cuerpo y nuestra mente son dos cosas distintas. Cada una es “algo” [hoc aliquid] en el conjunto de la figura humana, del mismo modo que la mano es una parte del cuerpo distinta del pie.

No se ponen de acuerdo los filósofos sobre lo que sea la mente. Hay quienes la reducen a la materialidad del cerebro, igual que la digestión se reduce a una función del estómago, o el caminar a una función del aparato locomotor. Otros discurren que la mente obedece a leyes distintas a las de la materia, por más que el cuerpo y la mente pertenezcan al mismo mundo natural.

Sea lo que sea, Santo Tomás tiene mucho que decir en esta discusión. Tan sólo objetaríamos que las propiedades que singularizan a la mente, y que a Tomás sirven para categorizarla como una substancia distinta de las cosas materiales, no debieran deducirse de su capacidad de fabricar una imagen mental (incluso de un objeto tan descomunal como un elefante), porque hoy la ciencia investiga con éxito el correlato neuronal de esas imágenes. Santo Tomás desconocía que la intelección sí tiene un sustrato físico, aunque no se confunda con éste.

Una visión humorística del asunto: Pío Moa: Aún nos falta para llegar a primates

12 septiembre 2007

Ratatouille


No olvido que aún tenemos pendiente una quaestio disputata... A modo de distensión, os quiero contar mis impresiones de una película que me ha fascinado, y que he disfrutado como un enano, Ratatouille. El protagonista es la rata Rémy (ahí lo tenéis en la foto de arriba, entre cacharros, preparando una receta de cocina).

Andaba yo caviloso con este asunto de la inmortalidad del alma, y mientras veía la película iba cayendo en la cuenta de los numerosos guiños filosóficos que contiene. Está muy bien pensada, muy bien contada. Rémy no es una rata cualquiera. Le disgusta robar y roer basuras, como hacen su hermano y las demás ratas de su colonia. Rémy es un gourmet que paladea los manjares que se procura a hurtadillas de la cocina de la casa. Diríamos: tiene en su naturaleza un principio que aspira a una vida superior a la de simple rata.

En la película hay también un ángel tutelar, y una terrible escena en que el padre de Rémy le enseña el destino mortal de todas las ratas. Se reflexiona también sobre los imposibles lazos de amistad entre ratas y humanos, que Rémy supera con decisión (la caridad todo lo puede). Todavía podrá verse en la película una metáfora sobre la mente como piloto que gobierna la nave del cuerpo...

Ratatouille tiene todos los adobos de una gran película: un viaje iniciático, una historia de aprendizaje, intrigas, rivalidades, persecuciones y carreras, amistad, romance, enseñanzas sobre el valor de la lealtad y la confianza... ¿Qué más queréis que os diga? Pues que vayáis a verla y la disfrutéis...

12 agosto 2006

Los motivos del lobo


... Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.
-En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote, dijo, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho.

Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:
-Hermano Francisco, no te acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Más empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos…

RUBÉN DARIO, "
Los motivos del lobo

[En la imagen: monumento a San Francisco, Pamplona, Navarra]