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04 diciembre 2014

Sobre los libros que ya no leeré

El otro día, tomando café, un amigo me descerrajó la pregunta temida: ¿Te has leído todos tus libros? Mi respuesta es que coleccionar libros, como la filatelia, es una afición que procura disfrute, sin necesidad de que cada libro sea consumido por entero: basta contemplarlo, poseerlo. Pero los bibliófilos también son lectores, por lo común. Leer y coleccionar libros son cosas diferentes, pero que pueden ir juntas.

En la Feria del Libro Antiguo de Sevilla de este año, del que voy haciendo mi crónica particular, aún he encontrado otros libros de precio módico: el Cervantes, clave española, de Julián Marías, y una bonita guía de Santiago de Compostela de Ramón Otero Pedrayo, con fotografías en blanco y negro, en una de esas ediciones de la editorial Noguer de los años 70, que andan desperdigadas en las librerías de viejo de toda España.

Pero un hallazgo feliz ha sido cosa de un mes, en una librería de viejo en la que me gusta revolver. Yo había extraviado, o regalado, el librote de Hans Küng: ¿Existe Dios? Pues me encontré en esa librería un ejemplar de ocasión, en buen estado, de la edición de Cristiandad de 1979, por sólo 6 euros, que me llevé a casa. Ayer por la noche (no quiero ahorrarme contarlo), hojeaba las páginas que Küng dedica a Blaise Pascal, cuando se me ocurrió mirar si en las primeras páginas había alguna marca de propietario. Y lo que me encontré es nada menos que la dedicatoria del autor, en castellano: "Cordialmente, Hans Küng", con su elegante forma de trazar la diéresis sobre la Ü, como puede comprobarse en los autógrafos del autor que circulan por internet. Un modesto tesoro.

Por huir de tanto libro sobado y traído, me he asomado a la librería a husmear novedades. Esta vez me ha llamado la atención las memorias del longevo Mario Bunge, Entre dos mundos (Universidad de Buenos Aires), y leyendo de pie algunos pasajes en el pasillo, he comprendido que es uno de esos libros que ya no leeré. En parte es una propaganda de la filosofía racionalista, materialista, cientista, del autor, con su poco de chismografía académica (que si dio tal curso o conferencia, que si publicó no sé qué libro, que si viajó a no sé dónde, que si almorzó o cenó con no sé quién...). Total, que por falta de afinidad y sin ningúna curiosidad por las andanzas de este profesor, el libro no me interesa.

Y eso que el género de las memorias intelectuales me subyuga. De adolescente leí La evolución de mi pensamiento filosófico, de Bertrand Russell. El modelo antiguo son las Confesiones de San Agustín. Por eso se me ha abierto el apetito intelectual, y creo que los días de asueto que se avecinan de final de año me dedicaré a releer otro clásico, el Unended Quest de Karl Popper (del que tan próximo se siente Mario Bunge).

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21 noviembre 2014

Charles Harold Dodd

En una nueva rebusca en la Feria del Libro Antiguo de Sevilla, me he topado con una ganga. Soy mal comprador, flojito de cartera, así que he debido desestimar otra compra de 25 euros. Pero éste ha sido un hallazgo afortunado, The interpretation of the fourth gospel, by C.H. Dodd, Professor Emeritus in the University of Cambridge (Cambridge, at the University Press, 1953, reprinted 1954). La portada, con el sello universitario (hinc lucem et pocula sacra), lleva la firma del primer propietario ("Alejandro Balló, Roma 1955"). Tengo la versión castellana, la Interpretación del cuarto evangelio [Cristiandad], pero también es bonito tener a la mano el original inglés, surcado de caracteres hebráicos y griegos (incluso siríacos). Sólo por 3 euros, del librero Antonio Castro. La fotografía del Profesor Dodd (1884-1973) procede de la National Portrait Gallery (Londres), realizada por Walter Stoneman en 1946 [npg].

07 abril 2014

Un nuevo libro (de Pilar Urbano)


La periodista española del Opus, doña Pilar Urbano, ha publicado un nuevo libro: La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar.  Y habría que volver a hacer ahora la famosa pregunta: ¿Por qué? 

Pues esta mañana he ido a la librería de mi pueblo, y he hecho esta comparación:
Immanuel Kant : Crítica de la razón pura (traducción de Pedro Ribas), 21,50 EUROS [Taurus].
Pilar Urbano : La gran desmemoria, 25,90 EUROS [Planeta].
La elección es clara: hay que leer a Kant (o releerlo, los más afortunados). Porque, ¿qué se me ha perdido para leer el libraco de Pilar Urbano, pesado (de mucho peso), porque tiene 900 páginas...?

Antes de publicar un libro de 900 páginas, debe estar muy justificado, tanto para el editor, como para el lector / consumidor. Es una falta de respeto a los lectores, de quienes se presume que cuentan con tiempo sobrado para dedicarlo a los menstruales libros de esta señora. Y delata que la señora Urbano no sabe escribir (digo escribir un libro), porque eso no consiste en sentarse en una silla, delante de un teclado, y dale que te pego una página detrás de otra. Lo que no pueda contarse en 200, a lo sumo 250 páginas, salvo casos justificados, o es que está mal narrado, o es una trola. Y no voy a repetir aquí la opinión de Felipe González de que doña Pilar Urbano "miente mucho más que habla" [Abc].

Mientras Adolfo Suárez agonizaba, el pasado mes de marzo, me puse a leer en su homenaje un libro que tenía pendiente la mar de años, la Anatomía de un instante, de Javier Cercas (2009) [El País]. Es una notable meditación literaria del asalto al Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981, con sus flash-backs. En fin, sin nada nuevo, nihil novum (como ahora mismamente el de la señora Urbano), el libro de Cercas es una síntesis sobria, necesaria, pero afeada por su empeño en insultar sin ton ni son la memoria de Suárez, al que tilda de chisgarabís sin ninguna razón. Porque el gesto de Suárez de no arrojarse al suelo cuando el tiroteo revela un hombre de gran talla, y de tenerlos bien puestos.

Auque la carne sea triste yo no he leído todos los libros (como sí Mallarmé), pero me agradó mucho las memorias de un íntimo de Adolfo Suárez, el periodista Luís Herrero (el hijo del fiscal Herrero Tejedor): Los que le llamábamos Adolfo, publicado en 2007 en vida del personaje [El Mundo]. Me gusta más este libro que ninguno porque, lo de menos es la exactitud de la minucia histórica, sino el recuerdo emocionado del que escribe, muy superior en términos humanos a la displicencia y cinismo de un Cercas o al cotilleo de una Urbano. Este libro de Luís Herrero es el que yo recomiendo.

A fin de cuentas, pasado treinta años, a mí me importa un pito los dimes y diretes de aquel entonces. Es así como recordamos aquel otro mes de abril del año 1931. Lo de menos es lo que lo dijera a don Alfonso XIII tal o cual ministro, en aquellas horas. Tan sólo recordamos aquello que nos repetían en la escuela, a modo de rima mnemotécnica: "España se acostó monárquica y se despertó republicana", o quizá también aquella frase de la carta de abdicación: "quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro, en fratricida guerra civil". Nuestro 23-F, como bien vaticinó mi profesor de filosofía aquella mañana del 24 en el colegio, se ha quedado en nuestra memoria en una simple anécdota.

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