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04 septiembre 2019

Ser un mierda (Sigmund Freud)

El mierda en este caso no es Sigmund Freud, faltaría más. Quiero decir que este verano me ha dado por leer su ensayo El malestar en la cultura (1930), obra de ancianidad y de enfermedad, escrita muy a la ligera como el que no quiere la cosa, aunque a ratos de comprensión ardua para los profanos, pero que dice cosas muy importantes, y rico en sugerencias. Por ejemplo, esa costumbre universal de emplear lo más sucio (la mierda), para insultar o motejar a los prójimos: Fulano el mierda (mote cruel, se supone que dicho "con cariño"), o Mengano es un mierda (para definir la mala conducta de Mengano). La explicación psicoanalítica (al parecer, salvando el elegante estilo dubitante de Freud, el psicoanálisis tiene explicación para casi todos los fenómenos de la vida humana) es que la mierda, como su mismo nombre indica, es una manifestación de desaseo, de falta de higiene o de conducta ordenada y política (la policía, del griego politeía, significa también según el diccionario "limpieza, aseo"). Por eso dice Freud (en no sé qué capítulo o nota a pie de página), que los insultos más graves tienen que ver con la inmundicia y los excrementos, como este de la mierda, porque la suciedad se opone a la cultura y a la civilización.

Suelo perderme entre los libros, y no es fácil que siga ningún guión de lecturas. Unos me llevan a otros. Eso quizá sea lo más fascinante de leer. A este librito de Sigmund Freud, me llevó un párrafo de Santo Tomás de Aquino, que cito, en latín (discúlpenme): "necessarium fuit ad pacem hominum et virtutem, ut leges ponerentur, quia sicut philosophus dicit, in I Polit., sicut homo, si sit perfectus virtute, est optimum animalium; sic, si sit separatus a lege et iustitia, est pessimum omnium; quia homo habet arma rationis ad explendas concupiscentias et saevitias, quae non habent alia animalia" (S.Th. 1-2, q.95, a.1) [cth]. Que quiere decir que las leyes son necesarias para mantener la paz entre los hombres, porque el hombre, en cuanto a virtud, es el mejor de los seres vivientes, pero sin ley ni justicia, es el peor de todos, porque emplea la razón para hacer daño, de la que carecen los demás animales. No me digan que Sigmund Freud no sigue la línea recta que parte de Aristóteles y sigue por Tomás de Aquino.

Anoto también que, manejando la vieja edición española del doctor Ramón Rey Ardid (por cierto ajedrecista además de psiquiatra), leí su interés en destacar que las doctrinas psicoanalíticas de Sigmund Freud no se oponen a la fe cristiana. Pues estoy totalmente de acuerdo. Haciendo salvedad de su otro ensayo El porvenir de una ilusión (la religión, una ilusión inútil, según él), sus doctrinas se mantienen en el nivel de la explicación natural de la psique, muy conforme con el pensamiento aristotélico-tomista, y no son incompatibles con la fe sobrenatural, por tanto.

Lecturas sugeridas: "Insulto 3.0. La lengua sin control" [Arch.-letras]. Luís Gómez Canseco (ed.): Fragmentos para una historia de la mierda. Cultura y transgresión (Universidad de Huelva, 2010) [elmundo].

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11 junio 2019

Juan Luís Arsuaga, el estado de la cuestión

Si el ideal de un libro es, como el de cualquier discurso, instruir, dar placer y mover el ánimo, no dudo que el último publicado del paleoantropólogo español Juan Luís Arsuaga cumple todas estas condiciones: Vida, la gran historia. Un viaje por el laberinto de la evolución [Destino]. Se trata de una discusión muy amena, escrita con gran claridad y elegancia, de las teorías evolucionistas modernas (neodarwinistas y ultradarwinistas). Destinado a los profanos como yo, aunque sin concesiones a la galería (dice muy bien en el prólogo que prefiere ser interesante a divertido). El libro tiene casi 600 páginas (incluídas las notas, pero no bibliografía e índices). Arsuaga propone, para que sea llevadero, que el lector lea el libro en un par de semanas, a razón de un capítulo por día. Pero yo lo he hecho en apenas cinco días, descansando de la lectura sólo para comer, domir y pasear, como cuando era adolescente. Y esto no lo digo yo para presumir ahora de fagocitador de libros, sino para explicar que me ha enganchado de verdad. Pero también me ha dejado grandes interrogantes.

Arsuaga, que es catedrático de Paleontología de la Complutense, adopta una rigurosa perspetiva científica. Lo que no pueda explicarse por el registro fósil, o por el examen de las especies vivientes, no puede tomarse en consideración. La teoría evolucionista (desde Charles Darwin en adelante) tiene muchísimo de especulativo y de problemas no resueltos, pero las evidencias naturales favorecen que la comunidad científica converja en una misma forma de entender las cosas. Lo que yo me pregunto, desde mi profanidad, es si las teorías evolucionistas (que son las que pretenden explicar el hecho de la evolución biológica, que hoy no se discute) logran explicar la singularidad de nuestra especie, los humanos modernos. Nosotros somos capaces de representar y alojar en nuestra mente el mapa del entorno, del espacio físico y de nuestros semejantes (algo tan simple como cuando, por los mañanas, camino hasta la parada del autobús, porque sé que llegará en cinco minutos, y al subir me encuentro con el conductor y con otros viajeros, a los que no conozco). Pero lo que no entiendo (literalmente, "lo que no me cabe en la cabeza") es el resorte evolutivo que ahora me permita sobrevolar el espacio físico más inmediato, y pueda hacerme una representación mental del universo mundo, e incluso de su creador, et hoc dicimus Deum.

Estas son el tipo de pregunta de ¿qué hacemos en la vida?, ¿por qué estamos aquí?, y que la ciencia no sólo no puede responder, sino que ni siquiera explica cómo aparecen en nuestra mente. Arsuaga se refiere en su libro a la célebre escena de la película 2001, una odisea del espacio, en que "el simio se hace humano" cuando aprende a usar un arma (un hueso de animal), con el que mata a un competidor en una charca. El guión de Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, pone imágenes a una hipótesis principal de la hominización. Lo que me ha llamado la atención es que Arsuaga no se refiera a la escena inmediatamente antecedente, igual de célebre, cuando la banda de monos descubre el monolito (debemos pensar con valor metafórico, no literal), que transmite la inteligencia a los que todavía son animales. La idea es que la inteligencia reflexiva y simbólica, que es exclusiva de la especie humana, no puede explicarse con los resortes evolutivos, inmanentes y naturales, y debe por tanto postularse un atractor (o como queramos llamarlo) que haya dirigido la evolución de la especie desde el exterior de la naturaleza física. Arsuaga por supuesto me replicaría que esta hipótesis no es científica, porque no es falsable ni contrastable con el registro fósil o con los seres vivos conocidos (incluso nosotros). Es cierto, la ciencia se detiene en el umbral de lo físico, al precio de ser incapaz de explicar los fenómenos más sobresalientes de la humanidad.

Me gustaría poner un ejemplo (aunque dude si es acertado), para explicarme. Pensemos en un aeropuerto, quizá el aeropuerto internacional de Bangkok. Si deambulamos por los pasillos, ¿qué vemos? Multitudes de viajeros, yendo y viniendo de un lugar a otro, alcanzando el aeropuerto en taxi o autobús, penetrando en el vestíbulo, entregando las maletas en el check-in, y accediendo a la cabina de los aparatos voladores con el boarding pass. Más tarde, contemplaremos desde la cristalera del aeropuerto que el avión, dentro del que nos imaginamos instalados al pasaje y la tripulación, despega y emprende el vuelo (el trayecto es el inverso, cuando son los aviones que aterrizan en el aeropuerto). En esta dinámica, los individuos de nuestra especie que vienen o se van, parecen estar fusionados en una misma dinámica con los aparatos voladores (de hecho, físicamente es así). Esto es una explicación natural de un aeropuerto. ¿Qué hemos perdido en esta descripción? La vida interior, única, singular, de cada hombre o mujer, niño o anciano, que ha transitado por el aeropuerto. Cada individuo debe tener un motivo, un por qué o para qué del viaje, que para él es muy importante (o tal vez no). Esa vida interior no aparece en la explicación natural, y quizá podríamos decir que es lo sobrenatural de la especie humana. A gran escala, la explicación científica de la evolución biológica de los animales y del hombre incurre en ese mismo defecto. Los humanos modernos somos animales muy singulares, que compiten con sus semejantes por el sexo, el dinero, el prestigio y el poder, hasta que nos morimos, una vez transmitidos nuestros genes, y nada más. ¿Nada más?

Ya que he leído el instructivo libro de Juan Luís Arsuaga, soy muy consciente de que la explicación teológica se sale del marco del cuadro evolutivo. El escenario de la evolución natural, es la naturaleza física. Lo que pensamos que trasciende a la naturaleza, carece de valor científico. Pero que no sea científico no quiere decir que no sea real.

Sé que voy a salirme de los márgenes del libro de Arsuaga, si recurro a la doctrina de Santo Tomás de Aquino. En la S.Th. 1, 75, 6 [cth], Santo Tomás comienza enfrentándose a la objeción del Eclesiastés (3,19): "los hombres y los animales tienen todos la misma suerte: como mueren unos, mueren también los otros. Todos tienen el mismo aliento vital y el hombre no es superior a las bestias". Y responde: 
Quod ergo dicitur quod homo et alia animalia habent simile generationis principium, verum est quantum ad corpus, similiter enim de terra facta sunt omnia animalia. Non autem quantum ad animam, nam anima brutorum producitur ex virtute aliqua corporea, anima vero humana a Deo.
Santo Tomás, como buen discípulo de Aristóteles, reconocía que la especie humana comparte la materia corporal con los otros animales (animalia), pero la vida humana (el principio animante, podríamos decir), no viene de la materia, sino de Dios. En el cuerpo principal de este artículo, hace una observación que siempre me ha parecido importante:
unumquodque naturaliter suo modo esse desiderat. Desiderium autem in rebus cognoscentibus sequitur cognitionem. Sensus autem non cognoscit esse nisi sub hic et nunc, sed intellectus apprehendit esse absolute, et secundum omne tempus. Unde omne habens intellectum naturaliter desiderat esse semper. Naturale autem desiderium non potest esse inane. Omnis igitur intellectualis substantia est incorruptibilis.
Nuestra inteligencia no es como los sentidos, que se refieren a una localización espacio temporal (sub hic et nunc), sino que trasciende las dimensiones físicas (absolute et secundum omne tempus). El deseo físico es de cosas físicas, que perecen. Pero el deseo de nuestra inteligencia es "ser para siempre" (esse semper). Y añade que "el deseo natural no puede frustarse" (non potest esse inane), si no, ¿por qué lo tenemos? Y por eso concluye que somos inmortales (incorruptibiles), precisamente porque deseamos serlo. Si la especie humana sólo fuese material, sólo tendría deseos materiales. Nuestra aspiración a la vida inmortal es incongruente con que fuésemos sólo unos animales como tantos (la teoría evolucionista no acepta que haya especies privilegiadas). Hay que pensar entonces que el evolucionismo físico natural no lo explica todo, al menos de nosotros mismos.

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15 marzo 2018

De Stephen Hawking a San Juan de la Cruz

En la muerte del físico y cosmólogo británico Stephen Hawking, se repite con pereza el juicio de que fue "una mente maravillosa". The Guardian, recurriendo a una antigua imagen, platónica, agustiniana, kantiana, dice de él: Stephen Hawking, a mind that held the stars [theguardian] (una mente que comprendía las estrellas). Una soberbia serie filatélica de la Isla de Man, "Albert Einstein to Stephen Hawking - 100 Years of General Relativity", emitida el año 2016 [iompost], emparejaba a estos dos grandes físicos. Stephen Hawking ha bautizado con su nombre una radición peculiar, especulativa o conjeturada, de los black holes [wiki]. No estoy seguro, sin embargo, que la contribución de Hawking, aun habiendo sido, como dicen, una mente maravillosa, sea parangonable a la de Albert Einstein, que sí revolucionó, incluso en un sentido popular, la manera habitual de contemplar el universo. Pero Stephen Hawking, víctima de una esclerosis lateral amiotrófica (E.L.A.), postrado en una silla de ruedas, ha sido un símbolo universal de la distinción humana, que consiste justamente en el dominio de la mente sobre el cuerpo. El cuerpo humano es lo que va en segundo lugar, después de lo principal, que es su mente.

La soberanía de la mente es una enseñanza de la sabiduría antigua. San Juan de la Cruz divisó una gran lección en esto. En sus "Dichos de amor y de luz" (n. 34 [sjc]) dice: Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por tanto, sólo Dios es digno de él. Una mente brillante, maravillosa, como la del cosmólogo Stephen Hawking, puede encerrar todo un mundo, todos los objetos cosmológicos habidos y por haber (las estrellas, los agujeros negros). Por eso dice el Santo que "el pensamiento del hombre vale más que todo el mundo". Eso está ahí, manifiesto, delante de nosotros. La conclusión, para fray Juan, es que "por tanto, sólo Dios es digno de él" (digno del hombre, de su pensamiento). Dios, creador de las estrellas, y del cuerpo y la mente del hombre.

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29 diciembre 2017

Manuscritos de Sir Isaac Newton en El Jueves

Si fuese verdad que en el mercado sevillano de El Jueves hubieran aparecido de pronto unos manuscritos de Isaac Newton, habría sido una noticia mundial. Aunque todo puede ser, porque es célebre que aquí apareció en los años 50 el "Bronce Carriazo" [mcu]. Los llamados manuscritos teológicos de Newton son parte de la "Memoria de la Humanidad" [Unesco]. Han tenido un derrotero tortuoso. Los manuscritos científicos fueron donados a la universidad de Cambridge en 1888 por el heredero de Isaac Newton, el conde de Portsmouth [cam]. Los manuscritos teológicos, desdeñados por falta de interés (seguramente por ser heréticos) fueron subastados en Sotheby's en 1936, y repartidos por colecciones de todo el globo [NewtonProject]. Ahora se están conociendo, digitalizados y editados en formato electrónico. Lo que he tenido la fortuna de encontrar en El Jueves es la edición española, del CSIC, de uno de esos manuscritos teológicos, hoy custodiado, ese en concreto, en the Hungtington Library, San Marino, California. Recomendado sobre el tema el reciente libro de Sarah Dry, The Newton Papers: The Strange and True Odyssey of Isaac Newton's Manuscripts [Amazon]. Tampoco hay que olvidar que una buena biografía de Isaac Newton, que es la de Richard S. Westfall, se puede encontrar en librerías de viejo en España por cuatro perras [iberlibro]. Y bien, sigue a continuación la crónica o reseña de los últimos libros de interés que he encontrado en El Jueves, incluídos esos manuscritos de Sir Isaac Newton:

1. Isaac Newton, El Templo de Salomón. Manuscrito Prolegomena ad Lexici Prophetici partem secundam in quibus agitur De forma sanctuarij Iudaici. Edición Príncipe, traducción española y estudio de Ciriaca Morano Rodríguez. Prólogo a la segunda edición de Luís Alberto de Cuenca. Madrid, CSIC, colección "Clásicos del Pensamiento", 2009 [CSIC]. Edición bilingüe, con facsímil del manuscrito. El texto latino, y su traducción inglesa, puede leerse también en el [NewtonProject] de la Universidad de Oxford. Este libro del CSIC me lo han vendido en El Jueves, como nuevo, por 6€, un espléndido regalo de Reyes.

2. Manuel Albaladejo, Derecho Civil para las Facultades de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales. Barcelona, Librería Bosch, 1965. Lo encontré huérfano, y lo recogí, por 2€. Ya lo he entregado para que lo encuadernen en el convento de las Teresas, en el barrio de Santa Cruz. Es un texto histórico, anterior a la importantísima Ley 14/1975, de 2 de mayo, "sobre reforma de determinados artículos del Código Civil y del Código de Comercio sobre la situación jurídica de la mujer casada y los derechos y deberes de los cónyuges", que suprimió la llamada licencia marital del artículo 61 ("Tampoco puede la mujer, sin licencia o poder de su marido, adquirir por título oneroso ni lucrativo, enajenar sus bienes, ni obligarse, sino en los casos y con las limitaciones establecidas por la Ley") [Cc]. Yo ingresé en la facultad en 1982, y aún se recordaba entonces que, antes de 1975, la mujer casada debía contar con la autorización del marido para una cosa tan simple, hoy vista, como la de abrir una cuenta corriente bancaria a su nombre. Semblanza del maestro Albaladejo, en [wiki].

3. José María Piñero Carrión, La sustentación del clero. Síntesis histórica y estudio jurídico. Sevilla, Escuela Gráfica Salesiana, 1963. Comprado por 1€. Es un desarrollo del canon 1496 del Codex Iuris Canonici de 1917 ("Ecclesiae ius quoque est, independens a civili potestate, exigendi a fidelibus quae ad cultum divinum, ad honestam clericorum aliorumque ministrorum sustentationem et ad reliquos fines sibi proprios sint necessaria") [CIC], lo que hoy llamaríamos el "régimen económico" o "la hacienda" de la Iglesia Católica. Me ha sorprendido que en ningún momento el autor aluda expresamente al Concordato de la Santa Sede y España de 27 de agosto de 1953 [vat], en cuyo artículo XIX se disponía que "La Iglesia y el Estado estudiarán, de común acuerdo, la creación de un adecuado patrimonio eclesiástico que asegure una congrua dotación del culto y del clero. Mientras tanto el Estado, a título de indemnización por las pasadas desamortizaciones de bienes eclesiásticos y como contribución a la obra de la Iglesia en favor de la Nación, le asignará anualmente una adecuada dotación". El libro, por ser viejo, también es histórico, aunque también se refiere a un posible régimen de "asignación tributaria", que ha sido luego el pactado en el Acuerdo sobre asuntos económicos de 3 de enero de 1979, que hoy sigue en vigor [vat]. Sobre el canonista sevillano Piñero Carrión, [dialnet].

4. Compañía de Jesús, Razón y Fe. Revista quincenal hispano americana. Tomo 80. Julio-septiembre 1927. Contiene artículos tales como "Orígenes y fases del modernismo literario", "El Santo Oficio contra la literatura sensual", "Reseña científica de Historia Natural", "Ecos de China", "En el tercer centenario del nacimiento del Ilmo. Bossuet", "La situación religiosa en Méjico y su ilegalidad al margen de los hechos", etc. La revista, más que centenaria, sigue editándose. Este tomo de 1927, que me ha costado 1€, además de su relativo interés intrínseco, llama la atención por su ex libris, de Tomás Castrillo Aguado, que fue Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla en los años del cardenal Pedro Segura. Ahora el libro ha llegado a mis manos.

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09 noviembre 2016

El derecho a un cielo estrellado

"Nosotros los participantes de la Exposición IAU/ICSU/UNESCO sobre Impactos Ambientales Adversos a la Astronomía declaramos que el cielo nocturno, con sus hermosas estrellas y su mensaje acerca de nuestro lugar en el Universo, es un precioso tesoro de la humanidad, en el cual confiamos para nuestro conocimiento y compresión de nuestros orígenes y destino, y que la astronomía es una de las mas fundamentales, apreciadas y accesibles de las ciencias.

Sin embargo, encontramos de la civilización que nutre nuestra ciencia está produciendo un entorno con una influencia negativa desesperadamente seria sobre la ciencia astronómica. Los cielos, que han sido, y siguen siendo, una inspiración para toda la humanidad, han sido dañados hasta el punto de ser desconocidos para las nuevas generaciones. Un elemento esencial de nuestra civilización y cultura está perdiéndose rápidamente y ésta pérdida afectará a todos los países del mundo.

Creemos que éste es un problema global que debe ser abordado por organizaciones intergubernamentales y, acordemente, solicitamos a la UNESCO y al ICSU (Consejo Internacional de Uniones Científicas) a emplear todos los medios disponibles para proveer asistencia a la astronomía; a preservar los sitios de los mejores observatorios astronómicos con la protección adicional de la designación como Patrimonio de la Humanidad; a instar a estados miembros a proveer protección legal a sus principales observatorios con el fin de preservar las condiciones naturales de observación; a instar a las agencias espaciales y al Comité de las Naciones Unidas para el Uso Pacífico del Espacio Exterior a lograr acuerdos en los niveles de desperdicios espaciales y buscar procedimientos factibles de remover esta amenaza a la observación astronómica; a instar a todas las organizaciones gubernamentales, intergubernamentales y no-gubernamentales cuyas actividades puedan afectar el ambiente astronómico a poner el mayor empeño en asegurar que el impacto de sus efectos sea mínimo y a perseguir la investigación de vias para la potencial protección legal a nivel internacional". 

Declaración acerca de la Reducción de Impactos Ambientales Adversos a la Astronomía (París, 1992).

18 octubre 2009

Hypatia

"En este tiempo ocupaba un tal Teófilo el obispado de Alejandría. Habíase dado a los cristianos de esta ciudad un antiguo templo de Osiris, para que sobre sus ruinas edificaran una iglesia, y al cavar para echar los cimientos del nuevo edificio, se encontraron casualmente algunos símbolos obscenos del culto primitivo, los que Teófilo, con más celo que pudor, expuso en el mercado como objetos de pública mofa. Menos sufridos los paganos en esta ocasión que los cristianos cuando las farsas teatrales sobre el debate de la Trinidad, se alzaron en tumulto y estalló una asonada. Establecieron su cuartel general en el Serapeo, y tales fueron los desórdenes y la carnicería, que el Emperador se vio obligado a intervenir; envió un edicto a Alejandría ordenando a Teófilo que destruyera el Serápeo, y la gran biblioteca reunida por los Ptolemeos y que se había salvado del incendio de Julio César, fue dispersada por este fanático.

"Al obispado de Teófilo ascendió a su debido tiempo su sobrino San Cirilo, que se había captado el aprecio de las congregaciones alejandrinas, como predicador elegante y aplaudido, y a él se debió en gran parte la introducción del culto de la Virgen María. Su influencia sobre este pueblo inconstante estaba empero turbada por Hipatia, hija de Teon el matemático, que no sólo se distinguía en la exposición de las doctrinas de Platón y Aristóteles, sino también por sus comentarios sobre los escritos de Apolonio y otros geómetras. Diariamente se estacionaba ante su academia una larga fila de carros, y la sala de las conferencias apenas podía contener las personas más ricas y elegantes de Alejandría, que iban a escuchar sus disertaciones sobre asuntos que en todo tiempo ha inquirido el hombre y que jamás han sido explicados: ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Qué puedo saber?

"¡Hipatia y Cirilo! La filosofía y el fanatismo no podían existir juntos, y reconociéndolo Cirilo obró según esta idea. Cuando Hipatia se encaminaba a su academia, fue asaltada por las turbas de Cirilo, en las que iban varios monjes, desnudada en la calle, arrastrada a una iglesia y allí asesinada por la maza de Pedro el Lector; el cuerpo fue destrozado, la carne raída de los huesos con conchas, y los restos arrojados al fuego. Nunca tuvo Cirilo que dar cuenta de este horroroso crimen; parece, pues, que se aceptaba que el fin santifica los medios.

"Así acabó la filosofía griega en Alejandría y pereció la ciencia que tanto se esforzaron en promover los Ptolemeos; la biblioteca Hija, la del Serápeo, fue dispersada, y la suerte de Hipatia sirvió de aviso a los que intentaran cultivar los conocimientos profanos; no hubo por tanto libertad para el pensamiento del hombre; todo el mundo debía pensar como la autoridad eclesiástica ordenase en el año del Señor 414, y en la misma Atenas aguardaba su sentencia la filosofía; Justiniano al fin prohibió su enseñanza e hizo cerrar todas las escuelas de la ciudad."

John William Draper, Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia (1873). Traducción de Augusto T. Arcimís Werle (1876) [
Proyecto filosofía en español].