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27 septiembre 2013

Un Goethe amigo de los bosques

Una nueva edición bilingüe del Fausto (19,95 euros), traducción de Pedro Gálvez [debolsillo] en papel ecológico, con el sello Der Blaue Engel: "La fabricación del papel utilizado para la impresión de este libro está certificada bajo las normas Der Blaue Engel, que acredita una fabricación con 100% de papelote posconsumo, destintado por flotación y ausencia de blanqueo con productos organoclorados. Por este motivo, Greenpeace acredita que este libro cumple los requisitos ambientales y sociales necesarios para ser considerado un libro "amigo de los bosques". El proyecto Libros Amigos de los Bosques [greenpeace] promueve la conservación y el uso sostenible de los bosques, en especial de los bosques primarios, los últimos bosques vírgenes del planeta".

No sé qué pensar de un libro impreso en papelote posconsumo. ¿Me sobrevivirá, como aquél manto al que se refiere Sócrates en el Fedón?

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17 septiembre 2013

El kibbutz del deseo

Todo libro tiene su edad, y aún no es el mismo libro a distinta altura de la vida del lector. Rayuela es novela de la juventud, pero Julio Cortázar, como don Quijote, frisaba la cincuentena cuando la publicó en 1963 y parece seguro que quiso retratar en la obra los anhelos y desengaños de su propia generación. Los lectores tal vez recorremos su misma trayectoria (que es la de cualquiera nacido de mujer), y conmigo se cumple, pues leí por primera vez Rayuela de adolescente, en 1979 (en un libro gris de la editorial Sudamericana que aún poseo, que compré en una librería de la calle Sierpes que ya no existe). Este verano del año que se celebra el cincuentenario de Rayuela, en que alcanzo la misma edad del autor, la he vuesto a leer con una perspectiva vital nueva y distinta sobre el mundo, la gente y la literatura. Hoy Rayuela me parece una obra literaria bella, emocionante, instructiva, necesaria.

Nada más haberla leído ahora he sentido también la necesidad de conocer mejor la biografía de Julio Cortázar. He ido a dar con una excelente, debida a Miguel Herráez (catedrático de la universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia): Julio Cortázar, una biografía revisada [ed. Alrevés]. Es una auténtica biografía literaria, porque demuestra la imbricación de vida y letras (en el caso de Cortázar), sin deslizarse a la pura crítica literaria o, del lado opuesto, al chismorreo, sino manteniéndose en un elegante término medio. Porque además la vida de Cortázar (que casi lo único que hizo en sus días fue leer y escribir, viajar y amar a las mujeres) es una vida literaria en grado ejemplar. 

Rayuela es ahora un clásico, la especie de libro que siempre merece ser leído. La mejor edición en España es la de Andrés Amorós [Cátedra], anotada como un virgilio, y es una lástima que por falta de caudales, o vaya usted a saber por qué, la Real Academia Española no haya patrocinado en  esta ocasión una "edición conmemorativa" (2014 es el centenario de Cortázar), como sí hizo con Cien años de soledad [rae] o con La ciudad y los perros [rae]. Que Rayuela sea leída en muchas lenguas (v.gr. en polaco: Gra w klasy, traducción de Zofia Chądzyńska [wiki]) es un buen indicador del valor universal de la novela, contrastado por miríadas de lectores, devotos y estudiosos.

Rayuela es tan universal como el Quijote, hasta el punto de que como el paradigma cervantino es una parábola del desengaño y de la derrota de los ideales en el choque con la realidad. Una se despliega por los caminos de La Mancha, y otra, por las calles de París y de Buenos Aires. Don Quijote, trastornado de tanto leer novelas de caballerías, cree su misión derrotar enemigos, y Horacio Oliveira, otro gran lector trastornado, anhela una vida mejor, un kibbutz del deseo. Como el caballero andante tuvo a Sancho Panza de escudero, Oliveira tuvo una amante (la Maga) y un amigo (Traveler). Don Quijote siempre regresa con melancolía a la aldea, apaleado, enjaulado o derrotado por el bachiller. En Rayuela, Oliveira también padece la experiencia de la derrota y la degradación, juntándose a una clocharde (capítulo 36) o volviéndose loco en el mismo manicomio (capítulo 56). La belleza poética y literaria apenas encubre la crudeza de la realidad humana.

Por eso Rayuela es un clásico, porque hace de la vida literatura. Y es lo que buscamos los lectores en los buenos libros: reconocer nuestra propia peripecia vital en las fábulas. No hay gran historia sin dolor, contrariedad y pecado, como en los relatos de las vidas de San Agustín, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola o San Antonio María Claret. Pero la literatura, como pensaba Miguel de Cervantes, es encubrimiento de lo humano. Julio Cortázar encubre en Rayuela el patetismo del relato con el expediente de que el lector sea dueño de decidir cómo ha de leer, interrupiendo la narración a cada paso con textos extravagantes. Cortázar quiere que el lector guarde las distancias con la tragicomedia que le presenta. Por eso Rayuela, como el Quijote, pertenece al género cómico. Aunque el personaje de la novela que nos parece más risible, Berthe Trépat (capítulo 23), como cualquier figura de la vida real, acaba por resultarnos patético y lastimoso. Es la misma ambigüedad cervantina.

El lector con oído percibe en el Quijote un rumor continuo y la irrupción a cada paso de música, cantares, poemas y romances en el transcurso de las aventuras. La fiesta (como aquella de las bodas de Camacho) mitigan la seriedad con el regocijo. Es el ideal estético cervantino: que "el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla". En Rayuela las lecturas de otros lados, o la escucha de música de jazz o de Arnold Schoenberg, cumplen esa misma función de distraer al lector del melodrama que lee, intercalando como Cervantes en la narración principal otras historias accesorias.

Ambas novelas cumplen la paradoja de la máxima universalidad en la mínima localidad. Don Quijote cabalga por los caminos polvorientos de La Mancha, y cada personaje que se encuentra habla como sabe. En Rayuela, cada personaje habla como es. Es una novela escrita en argentino (una novela donde se ceba mate en lugar de moler café) y este particularismo extremo, que en parte la hace intraducible, es la clave de su universalidad, que todo lector entiende aunque no sepa inglés, francés o porteño. Es la manera de representarnos el desarraigo del hombre sobre la tierra, encarnado en Horacio Oliveira, a caballo entre París y Buenos Aires, como el mismo Julio Cortázar.

La historia de don Quijote y la novela Rayuela son tristes, porque Dios no aparece por lugar alguno. Don Quijote y Sancho Panza hablan mucho de religión, pero nada de sus creencias. Tampoco en Rayuela Dios existe, sea en París o en Buenos Aires, y por eso la esperanza de los personajes es siempre defectiva, entreverada de desesperación: un kibbutz del deseo. Santo Tomás de Aquino decía que en esta vida no podemos alcanzar la felicidad verdadera (perfecta et vera beatitudo non potest haberi in hac vita [cth]). Esa esperanza de felicidad, o kibbutz del deseo, es la que todos buscamos en el amor y la amistad, como los mismos personajes de la novela, porque también decía Santo Tomás, repitiendo a Aristóteles, que el hombre feliz necesita de amigos (si loquamur de felicitate praesentis vitae, sicut philosophus dicit in IX Ethic., felix indiget amicis [cth]). El fondo de tristeza de esta novela, que sea tal vez lo que atraiga a sus lectores jóvenes, es lo que asegura su extrema humanidad, apenas velada en literatura, música y poesía.


Imágenes: Cortázar invitado en la universidad de Berkeley, California (1980) [via], placa en la casa de la rue Martel de París [via], y cubierta de la edición polaca de Rayuela.

21 mayo 2013

Revilla o el político

Con tantos libros nobles pendientes encima de la mesa, he tenido la flaqueza de leer este frío fin de semana de Pentecostés las memorias de Miguel Ángel Revilla, Nadie es más que nadie, que se está vendiendo como rosquillas. El libro me ha parecido sencillito de leer, entretenido, y me ha recordado una lectura de adolescencia, el Mirabeau o el politico de José Ortega y Gasset (que he extraviado), porque estoy persuadido de que Miguel Ángel Revilla es otro ejemplar del político, el individuo que se entrega en cuerpo y alma a la acción pública.

Menos que unas memorias, este libro tan liviano se queda en unas simples impresiones, confidencias y peroratas, con muchas protestas de honradez (que no se me ocurre poner en duda), aunque con lagunas. Revilla ha sido un personaje brillante, con la trayectoria de un cohete, aunque apenas cuenta nada de su vida profesional en la banca ni de sus clases de profesor en la universidad. El libro arranca con sus remembranzas de infancia en la montaña, y después de despachar con dos pases sus estudios y sus primeras armas en el Sindicato Vertical, pega un brinco para relatar su experiencia en la política de la región de Cantabria, de la que al fin y a la postre cuenta poco más que sus broncas con tirios y troyanos. Imposible sustraerse de la impresión de que el libro sea una vindicación (de vindicta) pro domo sua. Pero entremedio engancha al lector contando historias maravillosas (el ataque de lobos, el convite de Sniace en Torrelavega, su encuentro con Seve Ballesteros en el aeropuerto, los almuerzos con Juan Carlos, sus tratos con el poderoso Emilio Botín...).

El título, y lema que repite unas cuantas veces, nadie es más que nadie, parece la versión populista de aquello de que del rey abajo, ninguno. Asoma aquí el autarquismo celtíbero. ¿Y qué decir de esa antológica fotografía de Revilla agachado, ayudando a S.M. el Rey a calzarse unas albarcas pasiegas? Porque, en efecto, para echarse como un lacayo a los pies de una alteza sin padecer humillación, debe uno estar firmemente poseído de la propia dignidad. Pensándolo un poco, un gesto tan extravagante, tan alejado del protocolo de nuestros días (nadie se arrodilla hoy ante nuestro monarca) revela una actitud constante en Revilla, según propia confesión. Él nos dice que hay que ser obsequioso con quien manda y puede ayudarte a lograr lo que pretendes (que no ha de ser por fuerza nada ruin, sino algo tan noble como la defensa de la tierruca). ¡Por eso andaba por Madrid Revilla regalando latas de anchoas del Cantábrico y sobaos pasiegos! En el personaje esto es compaginable, según cuenta, con haberle cantado las cuarenta al lucero del alba (fuese Botín o el obispo de Santander). Y es que su lema podría haber sido también esse quam videri, "mejor ser que parecer". En fin, esto ya lo digo yo, eso de que nadie sea más que nadie, no se lo traga nadie, porque nos guste o no, los tratos mundanos se sustentan en las diferencias, unas justas y otras odiosas, y pregonar lo contrario parece más bien un grito de disconformidad con la marcha ordinaria del mundo. Pero ese es precisamente el motor del político de vocación, que no le contente el mundo tal como es.

La lectura del libro de Revilla me ha resultado ambivalente. Entretenido, pero desagradable. Está hecho a retales de las historietas divertidas que Revilla contará mil veces en sus tertulias. Y el libro es ejemplar porque muestra al político en su salsa, espectáculo nada edificante porque para ser político hay que tener encaje de pugilista. Me quedo con su confesión postrera: "A veces nos dejamos impresionar por figuras que son fruto de atención mediática. Pero créanme que hay pocas personas excepcionales. Todos tenemos claroscuros. Nunca me he considerado ni superior ni inferior a nadie. Detesto a los prepotentes y he podido comprobar cómo, cuando gozas de poder, las espaldas te duelen de palmadas y los oídos de elogios. Luego, cuando el poder desaparece, los "amigos" disminuyen. Pero hasta eso es bueno para discernir el trigo de la paja" (página 247).

Concluyo, a riesgo de pasar por pedante, advirtiendo de una errata. En la página 219 dice: "Los impuestos en España distan mucho de ser progresistas [sic], que es la clave de un impuesto justo; es decir, aquel que grava más al que más tiene y poco o nada al que menos posee". Pero uno de los principios que hacen justo al impuesto es que no sea proporcional, sino progresivo, nada que ver con que el impuesto sea progresista o conservador. Otra contaminación política del discurso.

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25 marzo 2013

Un Chesterton barato

Había comenzado el año pensando en exhibir en el blog los libros que compro o que rara vez me regalan (porque los libros son como las corbatas). Pero hay libros de los que me arrepiento de haber comprado a eso del cuarto de hora, así que he pensado que mejor me callo y me los guardo al coleto. Aunque ¿por qué no contar ahora, así como de pasada, que me he hecho en estos tres meses que van del año, con un espléndido volumen de biografías (la de Tiberio el resentido, o la de El Greco en Toledo), de Gregorio Marañón; o una monumental y apetitosa edición de la Real Academia, del Guzmán de Alfarache, del egregio sevillano Mateo Alemán...? Pues sí, por qué no contarlo. En ocasiones me figuro que mi ángel tutelar, o bien mi diablo de guardia, me echan a los ojos los libros a los que estoy dándole vueltas en la cabeza. Hoy estoy contento, y me dirán que con poca cosa me contento. Esta mañana me di una vuelta por la Casa del Libro de la calle Velázquez, aquí en Sevilla, y me dio por subir a los infiernos de la tercera planta, donde los "libros raros", y echar un ojo a los libros en inglés. Y si no lo veo, no lo creo. Me esperaba allí un ejemplar de obras selectas del gordo G.K. Chesterton, The Everyman Chesterton, la edición de Ian Ker de 2011 [Everyman]. En origen cuesta unas 12,99 libras esterlinas, y la Casa del Libro me lo ofrece ahora de importación por unos 15,67 euros, tiráo. Realmente muchísimo más barato que cualquier obra suelta en castellano. Por ejemplo, El hombre eterno (The Everlasting Man) cuesta en librería 20,80 euros [Cristiandad], y Ortodoxia (Orthodoxy), 22 euros [Acantilado]. Ambas obras, incluídas en el elegantón volumen de Everyman´s Library (hay que hojear algún libro de esta editorial, para enterarse de cómo es un libro bien hecho). La antología incluye, además de estos dos títulos polémicos, las biografías de Charles Dickens (Orwell pensaba que era la mejor del autor) y St Thomas Aquinas, algunos ensayos literarios, y algunas de las historias de Father Brown y poemas, incluído Lepanto. Pero no The man who was Thursday, que el editor no aprecia como lo mejor de Chesterton. El librero que me atendió debe ser un chestertoniano embozado, porque me encareció el libro.

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21 enero 2013

Seneca, Ganivet, Astrana

"Cuando se examina la constitución ideal de España, el elemento moral y en cierto modo religioso más profundo que en ella se descubre, como sirviéndole de cimiento, es el estoicismo; no el estoicismo brutal y heroico de Catón, ni el estoicismo sereno y majestuoso de Marco Aurelio, ni el estoicismo rígido y extremado de Epicteto; sino el estoicismo natural y humano de Séneca. Séneca no es un español, hijo de España por azar, es español por esencia; y no andaluz, porque cuando nació aun no habían venido a España los vándalos; que a nacer más tarde en la Edad Media quizás no naciera en Andalucía sino en Castilla. Toda la doctrina de Séneca se condensa en esta enseñanza: No te dejes vencer por nada extraño a tu espíritu; piensa, en medio de los accidentes de la vida, que tienes dentro de tí una fuerza madre, algo fuerte e indestructible, como un eje diamantino, alrededor del cual giran los hechos mezquinos que forman la trama del diario vivir; y sean cuales fueren los sucesos que sobre tí caigan, sean de los que llamamos prósperos, o de los que llamamos adversos, o de los que parecen envilecernos con su contacto, mantente de tal modo firme y erguido, que al menos se pueda decir siempre de tí que eres un hombre. Esto es español; y es tan español, que Séneca no tuvo que inventarlo, porque lo encontró inventado ya; sólo tuvo que recogerlo y darle forma perenne, obrando como obran los verdaderos hombres de genio".

Del Idearium español (1897) de Ángel Ganivet. Citado por Luís Astrana Marín, en su biografía del político, hombre de negocios y escritor cordobés: Vida genial y trágica de Séneca (Madrid, 1947).

El año pasado me leí como quien se bebe un vaso de agua, la biografía de Séneca, cortesano y hombre de letras, del profesor sevillano Francisco Socas. Como me quedé con ganas de saber más de Lucio Anneo Seneca (lo poco que pueda saberse de él, sobre todo por propio testimonio en sus tratados y epístolas morales), me he hecho en librería de viejo con esa espléndida y morosa biografía, escrita a la antigua usanza, de Luís Astrana Marín. A ver quién se anima a reeditarla, que bien lo merece.

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11 enero 2013

Un kempis para una crisis

Primer libro del año, un kempis. No uno más (quienquiera tiene a mano las traducciones de fray Luís de Granada o del padre Nieremberg), sino una latina, la que yo quería: De Imitatione Christi Libri Quatuor in versiculos distributi (Barcinone, Cultura Religiosa, MCMXLV) [the latin library]. Ya lo he examinado, y me emociona el contacto con el ejemplar viejo, piadoso, y la belleza de ese latín repartido en versos, escrito como a propósito, igual que los profetas de Israel. El ejemplar que me ha llegado de librería anticuaria, perteneció a un benemérito canónigo de Madrid, fallecido a avanzada edad en 1997. El libro está muy cuidado, donde se descubren huellas de haber sido usado, leído, repasado. Por eso es un libro santo (¡la sacralidad de los libros!), y conserva indeleble la discreta firma ('Pbro.') de quien fue su primer poseedor.

La imitación de Cristo de fray Tomás de Kempen, que fue en sus días concebido como un "manual para monjes" (cfr. I, 18, De exemplis sanctorum patrum) es un libro para todos los tiempos. Es de los antiguos: con reminiscencias bíblicas y de los sabios paganos (Aristóteles, Séneca); y mira al futuro, porque es como un libro de autoayuda (el conde León Tolstoi recordaba que "el reino de Dios está en nosotros"). Quien mejor lo ha expresado es su antiguo traductor al romance castellano, fray Luís de Granada (1536): "Pues ten una cosa por averiguada, que si te llegaras a este libro con alguna atención y gana de aprovechar, hallarás remedio para tu necesidad. De manera, que muchas veces dirás: este capítulo que ahora abrí, al propósito de lo que yo había menester ha hablado." De este modo, también tiene algo que decirnos el docto fray Tomás para consuelo de nuestra pobreza [De conditione humanæ miseriæ, I, 22]: 

Dicunt multi imbecilles et infirmi:
ecce quam bonam vitam ille homo habet:
quam dives, quam magnus, quam potens et excelsus!
Sed attende ad cælestia bona;
et videbis quod omnia ista temporalia
nulla sunt, sed valde incerta et magis gravantia:
quia numquam sine sollicitudine et timore possidentur.
Non est hominis felicitas
habere temporalia ad abundantiam:
sed sufficit ei mediocritas.
Vere miseria est vivere super terram
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