Sorprenden las manifestaciones del arzobispo de Munich, mons. Reinhard Marx, presentando su libro El capital (un nuevo Capital, de un nuevo Marx), en que somete a crítica, desde la ética cristiana católica, los principios del "capitalismo salvaje". Tengo gran interés en hacerme con su libro. Sus ideas me recuerdan, porque lo tengo visto hace poco, las opiniones de Santo Tomás de Aquino sobre la especulación inmoderada:Dice Santo Tomás en la Suma Teológica (2-2 q.77 a.4) que si los intercambios que se hacen por necesidad son dignos de alabanza, los intercambios mercantiles lo son de vituperio [iuste vituperatur], porque sirven al afán de enriquecimiento, que es incolmable [quia deservit cupiditati lucri, quae terminum nescit sed in infinitum tendit]. Por eso los negocios son deshonrosos [negotiatio, secundum se considerata, quandam turpitudinem habet], aunque son lícitos si con ellos se atienden fines necesarios u honestos, como el de ganarse el sustento, o el de ayudar a los pobres [sicut cum aliquis lucrum moderatum, quod negotiando quaerit, ordinat ad domus suae sustentationem, vel etiam ad subveniendum indigentibus].
Más en el Parvulario Tomista.
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