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16 diciembre 2019

Juan Sierra, Luís Álvarez Duarte, y Sevilla...

Tengo parado el estudio de la filosofía del derecho de Santo Tomás de Aquino, y me excuso porque me estoy tomando un merecido descanso mental navideño. Ya lo retomaré, si tengo humor. Pero he pensado concluir el año con algo muy bonito, y tan carpetovetónico ("considerado como característico de la España profunda frente a todo influjo foráneo", lo define el diccionario), como es la exaltación de mi pueblo, que en mi caso es Sevilla... ¡oh gran Sevilla, / Roma triunfante en ánimo y nobleza! (según el archifamoso e irónico soneto de Miguel de Cervantes). La exaltación de Sevilla, subgénero literario. 

Para terminar bien el año, voy a dar mi votación de los libros excelentes que han sido publicados este año 2019. Hacia el mes de abril ya había avanzado tres que siguen pareciéndome muy buenos: la tercera parte de la biografía del profesor José Manuel Lucía Megías : La plenitud de Cervantes; y otros dos de interés sevillano: Sevilla y Murillo : una ciudad para un artista, del profesor Gabardón de la Banda, y Los evangelios apócrifos en la Semana Santa de Sevilla, del joven jesuíta Daniel Cuesta Gómez. A estos tres libros ya me referí [aquí]. Y ahora voy a sumar otros dos libros excelentes que han aparecido estos días, sobre otros tantos grandes creadores y artistas sevillanos : el escultor imaginero, fallecido hace tres meses, Luís Álvarez Duarte (1949-2019), y el poeta y funcionario (de hacienda) Juan Sierra (1901-1989). Comienzo por el escultor.

ÁLVAREZ DUARTE. Este libro es ya, como sabe todo el sector capillita de la ciudad, un clásico del arte imaginero de las cofradías sevillanas : El niño imaginero [almuzara]. Es una recuperación, con motivo del fallecimiento del artista. El año 2012 el periodista José Joaquín León había publicado El niño imaginero en una editorial modesta, que en poco tiempo ha sido absolutamente inencontrable (era un libro que yo ambicionaba). Son las memorias orales del escultor Luís Álvarez Duarte, un artista precoz, que siendo niño se agregó como aprendiz de otro gran imaginero, de Carmona, Francisco Buiza (1922-1983), al que siempre tuvo por maestro, y del que despidió en su lecho de muerte [correo]. En los años sesenta, en la Casa de los Artistas (al lado del Jueves), a Álvarez Duarte se le llamó el niño imaginero, porque con sólo doce años, en 1962, talló su primera imagen, la de la Virgen de los Dolores, para su parroquia de San José Obrero (calle Arroyo, 78), que después de medio siglo sigue procesionando [hermandad]. A partir de entonces, su obra fecunda se extendió por Andalucía, España y la Humanidad (muy presente en Hispanoamérica, hasta llegar a la catedral de Buenos Aires). Para no pecar de omisión, no me atrevo a citar ninguna de sus obras (que aparecen catalogadas, quizá no todas, al final del libro), aunque arriba de esta nota he colgado la imagen de la talla de la santa carmelita Edith Stein (santa Teresa Benedicta de la Cruz), que figura en el lado derecho del retablo de la Virgen del Pilar, en la iglesia del Santo Ángel (en la calle Rioja, que me pilla cerca), que se debe también a Álvarez Duarte (obra de madurez, tallada el año 2000) [vía]. Sobre el libro, decir que se lee con gran emoción. Está muy documentado (en el colofón, muy meditado, se reproduce una fotografía de las virutas del taller del artista). Ahora, después de su muerte, el periodista José Joaquín León ha actualizado en tiempo récord aquella primera edición de hace siete años, completando la biografía del artista con ayuda de su viuda. Un gran libro, imperecedero, me parece (con esa relativa inmortalidad que tienen las obras humanas).

JUAN SIERRA. Otro libro que yo ambicionaba era la reedición de las prosas (los artículos de prensa) del poeta sevillano Juan Sierra, que el ayuntamiento publicó en edición casi clandestina, y bastante fea, el año 1984, con el título Sevilla en su cielo, al que me referí hace ya dos años [aquí]. Mi deseo ha sido felizmente satisfecho (como coleccionista he aprendido que muchas veces, si Dios quiere, al cabo del tiempo los buenos libros acaban recuperándose para las nuevas promociones de lectores, y sólo hay que tener paciencia). Hoy mismo, en el CICUS de la calle Madre de Dios (saliendo de la calle San José, en la judería) se presenta la nueva edición de la obra completa, Poesía y prosa [cicus], en coedición [elpaseo]. El Abc de hoy titula : "Juan Sierra: mucho más que el gran poeta de la Semana Santa de Sevilla" [Abc]. Aún no lo tengo en mi poder (se me hace la boca agua), y es por placer coleccionista, porque ya tengo las poesías por un lado (la edición de La Veleta de 1992), y la edición del ayuntamiento de las prosas, que compré en El Jueves (cómo no). Este, y el libro del niño imaginero, son dos libros maravillosos, pero no digo que para regalar a cualquiera (otras sugerencias pueden encontrarse en la sección de "libros más vendidos" de la Casa del Libro).

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17 abril 2019

La plenitud de Cervantes (y otros libros nuevos)

No abandono la afición a los libros, viejos o nuevos, y tampoco renuncio a aventar por esta ventana de internet, a quien pueda interesar, la noticia de nuevas publicaciones que me llamen la atención. El primero en la reseña es el último que he comprado. Lo esperaba impaciente, al que me refería en una nota del verano pasado, "Miguel de Cervantes y el Baedeker" [aquí]. Es la tercera parte de la biografía, o tal vez semblanza, de Miguel de Cervantes, del profesor José Manuel Lucía Megías : La plenitud de Cervantes. Una vida de papel, que edita Edaf. Se añade a La juventud de Cervantes, publicada en el año 2016 [Edaf], y La madurez de Cervantes, de 2017 [Edaf]. Esta última parte se ha hecho esperar, y ya estoy deseando leerla. Llama la atención la ilustración, muy escogida y estudiada, del interior, así como de las cubiertas, en sintonía con el libro, que trata de aproximarnos a una vida cervantina más comprensible desde los esquemas actuales, aunque no hayamos logrado avanzar mucho más en sus detalles, que tampoco importan. Me doy cuenta que he invertido en los tres volúmenes un total de 72 euros de vellón (o en buena moneda castellana, como le decía don Quijote a maese Pedro después del estropicio). Pienso que muy bien invertidos, aunque también habrá que recordar que la biografía ya clásica de Jean Canavaggio se vende hoy en librerías, en libro de bolsillo, a 12 euros.

Otro libro nuevo es del profesor sevillano José Fernando Gabardón de la Banda (doctor en derecho y historia del arte [sisius]) : Sevilla y Murillo : una ciudad para un artista (Fundación Cajasol, 2018), prologado por el Dr. Enrique Valdivieso [CEU]. Es casi una guía de la ciudad de Sevilla, vista desde el prisma artístico de uno de sus hijos ilustres, Bartolomé Esteban Murillo (por eso se títula así, y no como cupiera esperar, Murillo y Sevilla). Encuentro muchas resonancias con el libro del profesor Lucía Megías. Para empezar en su ilustración, el que pretenda ser también una guía visual del personaje en la ciudad (comenzando por el motivo de la cubierta, el medallón cerámico en la plaza de España. Como dice el profesor Gabardón, se trata de conjugar un saber, en este caso el histórico artístico, con el enfoque urbano. A mí me resulta muy atractivo este enfoque (a fin de cuentas soy urbanita, y el aire de la ciudad hace libres, Stadtluft macht frei). De hecho, uno de mis libros preferidos, souvenir italiano, es Una mole di parole. Passeggiate nella Torino degli scrittori, de Alba Andreini (2006) [Dialnet]. Tendría que rebuscar más ejemplos. Uno antiguo, sin pretender ir más lejos, los Perfiles de la Sevilla cervantina, de Francisco Rodríguez Marín, reeditado por el Ayuntamiento en 1992, en origen su discurso preliminar a la edición de la R.A.E., en 1905, de la novela de Rinconete y Cortadillo (el ejemplar antiguo alcanza precios astronómicos en los anticuarios). Otro, que se acaba de reeditar, es El París de Cortázar, guía en forma de diccionario, de Juan Manuel Bonet [Archiletras]. We’ll always have Paris. Dicho de pasada, la R.A.E. ha publicado la "edición conmemorativa" de Rayuela, aunque uno ya ha perdido la cuenta de qué se conmemora [RAE]. Sigo prefiriendo (además del viejo ejemplar en que la leí con 16 años), la edición de Andrés Amorós (que fue amigo de Cortázar).

Y concluyo con otro libro atractivo, también de la órbita sevillana, Los evangelios apócrifos en la Semana Santa de Sevilla, del joven jesuíta Daniel Cuesta Gómez S.J. (Segovia, 1987) [Alfar]. Es un libro destinado a convertirse en un clásico en este género, y además, lo que me parece más gratificante, escrito por un forastero (dicho con todo el aprecio al autor). En esto el joven Daniel va a la zaga de otro ilustre jesuíta forastero, escritor famoso de las cofradías sevillanas, Ramón Cué Romano. Sobre el nuevo libro, una interesante entrevista, en la revista Vida Nueva [aquí]. La imagen es la talla del famoso Pilatos de la hermandad de San Benito (Poncio Pilatos es personaje de los evangelios canónicos, pero también del apócrifo "Actas de Pilatos").

Otro día sigo contando cosas de libros, si Dios quiere.

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16 febrero 2018

Adriano del Valle, hermano del Valle

Ignacio, el Octavo Nieto De Adriano (O.N.D.A.) me anunció sorpresivamente que la tarde del miércoles de ceniza (Ash Wednesday), daba una conferencia en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), en la calle Madre de Dios (en plena judería, entre la calle San José y la cernudiana calle Aire), sobre su abuelo, "Adriano del Valle: Poeta plástico" [cicus], coincidiendo con la exposición sobre las "Minervas  del 27" [cicus]. No pude asistir, pero quedamos en vernos el jueves por la mañana. Desayunamos en la sacritaberna o bar cofrade "La Candelaria", junto a la iglesia de San Nicolás [elpalquillo]. Luego, bajando por Muñoz y Pabón y atravesando La Alfalfa, Alcaicería, Lineros y Puente y Pellón, visitamos a la Virgen del Valle, en La Anunciación [valle]. Vamos, lo que se dice un programa de lo más capillitero, ya que estamos en Sevilla y con la Cuaresma estrenada.

Ignacio tenía mucho interés en esta visita, porque sabía que su abuelo Adriano había sido recibido de hermano en una de nuestras cofradías, seguramente en la hermandad del Valle (la "Pontificia, Real, Ilustre y Primitiva Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa Mujer Verónica" [den]). Adriano del Valle nació en Sevilla en 1895, de madre sevillana. En su obra se encuentran poemas y prosas dedicados a nuestra Semana Santa. ¿Fue Adriano hermano del Valle? Parece ser que sí, o al menos eso aseveraba el periodista Fernando Gelán en una serie sobre "cofrades de Sevilla", en el artículo dedicado al Valle, publicado en el Abc de Sevilla el 11 de marzo de 1982 [abc]. En la hermandad nos explicaron que, hacia la fecha de la toma de juramento, en los años 40, la sede canónica era la iglesia del Santo Ángel, en la calle Rioja, donde debía estar expuesta entonces la Virgen del Valle.

Allí nos despedimos, tomando nota de algunas recomendaciones de libros (incluídos los libros de Pablo d'Ors). Ya he recogido en una de nuestras librerías de cabecera, "Alejandría" (en el pasaje de Los Azahares, entre la plaza de San Andrés y la iglesia de la Misericordia), la Antología necesaria de Adriano del Valle (preparada por Mercedes García Ramírez, Sevilla, Alfar, 1992). Lo que sería necesario, pienso, es que se publicase otra antología renovada de Adriano del Valle, o incluso, como me comentaba Ignacio, un facsímil de algunas de sus primeros libros de poesía, que alcanzan en los anticuarios precios elevadísimos. Como soy coleccionista, ya tengo la espléndida Antología que publicó la Comunidad de Madrid en 1995, con ocasión del centenario (1895-1995), y una primera edición de Gozos del río (1920-1923) (Barcelona, Apolo, 1940), que compré hace no sé cuántos años en "Rumayquiya", librería de viejo de la calle Feria, desaparecida con la muerte de la dueña. Tengo pendiente la biografía Adriano del Valle, mi padre, de Adriano del Valle, hijo, publicada por Renacimiento en 2006 [vid].

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15 mayo 2017

La literatura en andaluz

Decíamos que la novela norteamericana Adventures of Huckleberry Finn, del año 1885, de Mark Twain (pen name de Samuel Langhorne Clemens) es un auténtico landmark o jalón de la expresión literaria de los modos de hablar que se alejan de la lengua inglesa estándar. No es sin embargo esta novela ningún caso único, ni prístino, de la evocación en la escritura de los hechos sociolingüísticos. En una visita a la nueva librería sevillana La caótica, en la calle José Gestoso, he visto un nuevo libro que se acumula a los innumerables estudios de literatura chicana. En español, tendríamos que recordar el inmenso caudal de la literatura hispanoamericana, por ejemplo las novelas y cuentos de Julio Cortázar (pensemos en Rayuela), en que el autor reproduce el habla de Buenos Aires (recuérdese en las primeras páginas, el lema graciosísimo de César Bruto, sobre "Lo que me hubiera gustado ser a mí si no fuera lo que soy"). O de este lado del Atlántico, el habla madrileña en las novelas de Benito Pérez Galdós.

A poco que reflexionemos, el fenómeno de la intrusión del habla popular en la literatura culta se nos aparece como ubicuo, tan sólo limitándonos a nuestra lengua. Otro caso sobresaliente es el del judeoespañol, en el que hay muchos testimonios escritos, incluso un Quijote en sefardí, al que ya me he referido [aquí]. La representación escrita del habla desviada del estándar, es sin embargo una práctica universal, que ya se puede encontrar en las letras grecolatinas. Se dice, por ejemplo, que Platón, que antes de escribir diálogos socráticos ya se había estrenado como autor de teatro, reproduce en sus diálogos juveniles la peculiar forma de hablar de la gente de la calle. Los evangelistas siguieron también esta práctica literaria. San Marcos, autor del evangelio más antiguo, incrusta en su redacción expresiones arameas, como la de este pasaje célebre (Mc 5, 40-42): "Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate». En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar".

El caso particular del habla andaluza no es ajeno a esta práctica. Sobre sociolingüística andaluza, hay que hacer mención del profesor Miguel Ropero Núñez (del que fui alumno en la universidad el curso 1981-1982), autor del pionero estudio El léxico caló en el lenguaje del cante flamenco (1978), que sigue reeditándose. Hay además un libro reciente, del profesor Francisco García Duarte (emigrado a Barcelona, nacido en Padul, Granada): La literatura en andaluz. La representación gráfica del andaluz en los textos literarios (que no he podido examinar). García Duarte quiere ver los primeros testimonios del andaluz escrito en la literatura costumbrista del siglo XVIII. Ejemplos muy conocidos de la literatura moderna, que a todos se nos vienen a la cabeza, es el teatro de los hermanos Álvarez Quintero (que pretendía reproducir el habla sevillana... para que se riese el público de Madrid). O el Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, que de manera muy sensible calca la forma de hablar de los niños de las calles de Moguer.

Pero si el reflejo literario del habla popular es una práctica antigua, tanto como el de la literatura escrita, en castellano podemos adentrarnos hasta los testimonios poéticos más tempranos de nuestra lengua, en el siglo XI: las jarchas mozárabes (Samuel Miklos Stern: Les vers finaux en espagnol dans les muwassahs hispano-hébraïques. Une contribution à l'histoire du muwassah et à l'étude du vieux dialecte espagnol 'mozarabe', Al-Andalus Revista de las escuelas de estudios árabes de Madrid y Granada, XII (1948). El Quijote (1605), en sí mismo, es ya todo un monumento de las variedades lingüísticas de su tiempo, comenzando por el habla rústica, "prevaricadora", de Sancho Panza, o si descendemos al detalle, en la expresión graciosa del vizcaíno (I, 8): Anda, caballero que mal andes; por el Dios que crióme, que, si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno... Sin embargo, y salvo que me falle la memoria, no se encuentra en todo el Quijote ninguna expresión lingüística que pueda calificarse de "andaluza". El caso es aún más llamativo, si repasamos la novela ejemplar, de ambiente sevillano, de Rinconete y Cortadillo. Explicar esta extraña ausencia del andaluz en Cervantes (él, de familia cordobesa, y criado en Sevilla), obliga a referirse a la diglosia andaluza (la situación en que el castellano es la norma culta, de prestigio, para expresarse por escrito, mientras que el habla andaluza es la que se emplea en la conversación doméstica y de la calle, la de todos los días). Cervantes tal vez no hablase andaluz (se educó en Madrid), pero oía hablar andaluz todos los días, cuando estuvo en Sevilla, escribiendo sus novelas o el Quijote. Hay que pensar que Miguel de Cervantes fue un escritor culto, que escribía para un público culto, aunque la materia narrativa fuese popular (como La gitanilla, o el Rinconete y Cortadillo). Para Cervantes, que escribía entonces en la rigurosa norma castellana (que era la suya propia de hablante), la forma de hablar del pueblo de Sevilla no sería pretexto para introducir ninguna parodia en sus relatos (como si lo era la de los vizcaínos), porque el andaluz era el medio en que se movía.

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14 julio 2015

El autor de la novela de la española inglesa

"El autor de la novela de la española inglesa" no es una esas discusiones típicas de los filósofos analíticos ingleses sobre individuos [wiki]. Existió en España, entre los siglos XVI y XVII, un individuo que escribió la novela de La española inglesa, y un individuo que se llamó Miguel de Cervantes. Leemos en los libros que este Cervantes escribió esa novela. Pero la identidad de ambos términos (Cervantes, y el autor de la novela) no nos parecerá tan evidente, si no asumimos la realidad vital de ese hombre del que nos hablan los documentos y los libros, y que ofreció de sí un autorretrato literario en el prólogo de las Novelas ejemplares. Todo esto parece un puro bizantinismo. Aunque hay ocasiones en que parece necesario repetir fatigosamente lo evidente, lo que todos sabemos y damos por seguro. Ya me he referido hace unas semanas al caso de un catedrático de la UNED, don Francisco Calero, que sostiene la peregrina teoría de que Cervantes no fue el "verdadero autor" del Quijote [aquí], en un libro de título tremebundo: El verdadero autor de los "Quijotes" de Cervantes y de Avellaneda [BAC]. A día de hoy, salvo que me den un premio, no he leído y ni tan siquiera he tocado con las manos ese libro. Ahí dice el profesor Calero que "Cervantes, aun gozando de la dignidad que tiene todo hombre, no pudo ser el padre del Quijote, porque no se lo permitió ni su formación ni el desarrollo de su vida". Sostiene que el verdadero autor del Quijote (y de paso, el del apócrifo de Avellaneda, por viva fuerza, por razones evidentes) fue el humanista valenciano Juan Luís Vives (1492-1540). Sin entretenerme en describir el método de Calero (comparar de modo impresionista unos y otros textos, hallando coincidencias más o menos próximas o remotas, que igual valdría para demostrar que Cicerón fue el verdadero autor de la Guerra de las Galias), hay que decir que sus esfuerzos son por completos estériles. Para ser honrados con el profesor Calero, debe aceptarse que en la plaza académica cualquier tesis sea bienvenida, por muy desopilante que nos parezca, incluso la de que Cervantes no escribió el Quijote, en el bien entendido de que el proponente debe hacer honor a los estudiosos que le precedieron, discutiendo en buena lid toda evidencia disponible de cualquier signo. En el caso de Cervantes, la autoría del Quijote no es un dogma de fe, sino que se apoya en un triple testimonio. El primero, el del propio autor, que confiesa ser él y no otro quien lo compuso (¿por qué Vives habría de confesar ser Cervantes?). El segundo, el más solido, el de la tradición, que comienza (como en el de Jesús el Cristo) desde los mismos días de Miguel (es el caso nada sospechoso de su enemigo, o rival de las tablas, Lope de Vega). Y el tercero, las centurias de estudios cervantinos, que apoyándose en estos testimonios antiguos, han validado con muchísimos documentos, no sólo que existió en aquella época un individuo que se llamó Miguel de Cervantes, sino que ese mismo individuo escribió el Quijote. Tal vez sea una conclusión que a alguno no le guste (¿pero por qué?), entre ellos el profesor Calero. Pero si ha de impugnarse la tesis generalmente aceptada (Cervantes, autor del Quijote), la carga de la contraprueba recae en el impugnador, que deberá tumbar ese triple testimonio, que se sostiene además en la admirable coherencia discursiva del autor de las obras de Miguel de Cervantes, desde los poemas primerizos y la Galatea, hasta el Persiles. Si el profesor Calero no hace esto, todo su esfuerzo será baldío, irrelevante. No pretendo repetir cosas sabidas de todos, sino que, como botón de muestra, quiero referirme a una de esas bellas novelas, la de La española inglesa, de la que se ha comenzado a rodar una serie de televisión, o tv movie, a la que ya me apunto para el año que viene, si Dios es servido [RTVE]. Entre los actores y actrices, dos de los grandes españoles, Lola Herrera, que interpreta a la reina Isabel, y Miguel Rellán, que hará del propio Miguel de Cervantes. Me parecen fabulosos para esos papeles, y Rellán hará una encarnación de Cervantes imperecedera (se parece a él, aunque no tengamos ninguna pintura o dibujo del original). Pero sobre todo he querido aprovechar esta ocasión para señalar un dato utilísimo, muy relevante, y es que la novela de La española inglesa se refiere a hechos contemporáneos del momento en que se escribió. Los editores (como es el profesor Javier Blasco) calculan que debió redactarse en torno a 1602, aún en vida de la reina Isabel de Inglaterra, tomando como referencia la incursión de Francis Drake a Cádiz en 1587, que se menciona ya en la primera línea de la novela, cuya acción se sitúa explícitamente quince años después (la edad de la protagonista, la "española inglesa"). Es una novelita tan actual en sus días como si ahora alguien quisiese escribir una historia con Obama en la Casa Blanca. Sólo pudo escribirla Miguel de Cervantes, y no ningún otro individuo de su tiempo.

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03 junio 2015

Por un Quijote "en castellano antiguo"

El número de los tontos es infinito. No tiene culpa quien no pudo ir a la escuela. Pero los necios que no se ilustran y no cultivan el espíritu carecen de disculpa. La tontería hace daño al prójimo. Perdonemos a los tontos, como ellos perdonarán también nuestras propias tonterías. Aqui doy algunos botones de muestra. No me enfado, sólo me hace reír.

Un primer disparate, oído en la radio hace unas semanas. Una agencia de viajes de mi ciudad anuncia la consabida peregrinación por la ruta de San Pablo, "visitando Éfeso, Antioquía, y otros lugares evangélicos..." (pero el apóstol Pablo no aparece en los evangelios). Otro disparate, leído ayer. Se anuncia la publicación del libro de Gregorio Luri, ¿Matar a Sócrates? El filósofo que desafía a la ciudad [Ariel]. La nota editorial dice que "es imprescindible leer a Sócrates" (ignora que fue ágrafo). Y el último, también de ayer. Llego a casa a las 9 p.m., todavía sin haberse hecho oscuro. Cazo al vuelo, en radio nacional, una entrevista al escritor Andrés Trapiello, que presentaba a los radioyentes, ay dolor, su Quijote "adaptado al castellano actual" [Abc]. Don Trapiello se harta de decir que la novela de don Quijote hoy ya no se entiende. Y creí oir por la radio que se le escapaba esa gran tontería cervantina de que el Quijote está escrito "en castellano antiguo" (la otra gran tontería cervantina es que Cervantes fue un "ingenio lego"). ¡Pero bueno! ¿Qué noción de la antigüedad lingüística tendrán?

Bastan veinte años para que la lengua se haga antigua, o mejor dicho, para que envejezca. No hablan igual los viejos que los jóvenes (pero se hacen entender). Es cuestión de diferencias, tal vez mínimas, diferenciales. Acepto que el Cantar del Cid, o el Libro del Arcipreste, suenen a antiguo, porque la gente hoy no habla así. Pero se entienden, haciendo un pelín de esfuerzo. Se me caen las lágrimas recordando que en el bachillerato nos aprendimos ese verso del Cantar: ¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señore!, que todos los españoles con estudios se saben de memoria, y que no se nos ocurría pedir que se nos tradujese, porque lo entendíamos, está dicho en castellano.

El fondo antiguo de una lengua le da lustre, y yo diría, en plan de paradoja, que si no conocemos las formas antiguas de la lengua, tampoco nos entenderemos en su forma moderna. Los griegos de hoy que andan por la plaza Syntagma dicen que les cuesta trabajo entender a Homero, pero es la misma lengua griega que la que se habla hoy, aún más antigua que la nuestra castellana (que es una manera de hablar un latín corrompido). Del griego moderno al griego de los evangelios no hay más que un breve paso, que son dos milenios de antigüedad. Y todavía habrá quien se atreva a decir que el Quijote, escrito anteayer como quien dice, no lo entiende nadie. ¡Menuda tontería cervantina!

Lo viejo es una forma de la hermosura. Lo antiguo nos enamora. Es un insensible quien no se emocione un poquito paseando entre las piedras del Foro romano, o aquí más cerca, por las ruínas de Itálica. La vejez es la gracia de nuestro romancero viejo, perpetuado hasta nuestros días, de una antigüedad remota, como las delicadas jarchas. Quererlo traducir al "castellano moderno" sería un crimen literario irreparable. Hay que respetar lo antiguo, como hizo don Ramón Menéndez Pidal en su inolvidable Flor nueva. Por eso el exterminio de un pueblo comenzaba, en la antigüedad, con el incendio de sus archivos y bibliotecas, que era el lugar de su memoria literaria, de sus antigüedades. La vida de los individuos es valiosa, pero también la otra vida colectiva de los antepasados, testimoniada en los monumentos y en los libros.

Pero es que no, el Quijote no está escrito "en castellano antiguo", por más que nos tropecemos a veces con accidentes de la lengua del tiempo de Cervantes, muy evidentes y salvables (que han estudiado los lingüistas, como Ángel Rosenblat [Cesla]). La lengua de Miguel de Cervantes es, con todo, nuestra lengua. Claro es que hoy nadie llama a nadie vuestra merced, aunque niego que esa expresión y otras semejantes necesiten ser traducidas o adaptadas (no sé cómo lo dirá la versión de Trapiello, ¿con el mostrenco usted?). Quienes confiesan que el Quijote les parece difícil de leer "porque está escrito en castellano antiguo", en realidad no hacen más que dar una excusa de mal lector, de lector perezoso que no consulta el diccionario (o que no lee las notas a pie de página de la edición de Francisco Rico).

Entonces, ¿dónde está la dificultad del Quijote? ¿Por qué dicen que cuesta tanto trabajo leerlo? Para mí que no está en su lengua, prácticamente la nuestra. Desde este punto de vista, es mucho más difícil y tortuoso el castellano de Santa Teresa de Jesús, muy suelto, familiar, plástico y hasta gracioso. Pero digamos en voz baja que todavía no se le ha ocurrido a ningún cura loco, en este año jubilar teresiano (1515-2015), adaptar o traducir, Dios nos libre, la prosa de Teresa de Ávila. Sería un crimen, porque a Santa Teresa se le entiende hoy en castellano perfectamente.

Así que la dificultad del Quijote no está en su lengua (ese absurdo "castellano antiguo" de la tontería cervantina), sino en aquello que lo hace una obra de arte del lenguaje. El Quijote es difícil por su misma abundancia de vocabulario, de ideas, de imágenes, de invenciones, de episodios, chistes y cuentos, de digestión pesada para las mentes insensibles a las letras. La exuberancia literaria del Quijote asombra y aturde, lo mismo que visitar una ciudad artística por los cuatros costados, como es Florencia ("... Contentóle Florencia en estremo, así por su agradable asiento como por su limpieza, sumptuosos edificios, fresco río y apacibles calles..."), donde amenaza en cualquier esquina el síndrome de Stendhal o de hyperkulturemia [wiki]. Sí, digamos que el Quijote es un fenómeno hiperliterario o hipercultural, que debe administrarse en pequeñas dosis.

Pero leer el Quijote no es obligatorio, aunque sea lamentable que nuestros bachilleres no se animen a leer ni siquiera extractos de la historia. Don Quijote y Sancho Panza están en la mente de todos (son como "el gordo y el flaco"), aunque no se haya leído el libro, igual que los personajes de la Historia sagrada. Tampoco hay que leer la Biblia para tener noticia de quiénes eran Caín y Abel, del arca de Noé, el plato de lentejas, el sueño de las vacas gordas y las vacas flacas, o los prodigios de Moisés. Aceptemos entonces que el Quijote sea lectura de minorías, y que no está destinado a la lectura de masas. No hace falta adaptar el Quijote, que está bien así, tal como es.

Adenda necesaria, de hoy viernes 5 de junio de 2015. Me preguntaba más arriba que cómo habría traducido Andrés Trapiello el muy reconocible vuestra merced de las páginas cervantinas. Ya he consultado su libro en la librería (pues no me gastaré 23,95 euros en eso), y he comprobado que lo deja así, sin adaptar. De modo que el lector del Quijote adaptado al castellano moderno, se quedará igual. Mejor hubiera quedado (en el capítulo VIII de la primera parte) que dijese: "Mire usted, señor, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento...". Pero lo diré con un refrán cervantino a más no poder: para este viaje no hacen falta alforjas.

Adenda imprevista, de hoy lunes 8 de junio de 2015. También decía que "todavía no se le ha ocurrido a ningún cura loco, en este año jubilar teresiano (1515-2015), adaptar o traducir la prosa de Teresa de Ávila". En realidad, ya se le pasó por la cabeza, y puso en obra, al carmelita descalzo Eduardo T. Gil de Muro (1927-2012), que no era ningún "cura loco", y que contaba con estudios de periodismo. Así hizo con el Libro de la Vida [montecarmelo], "una nueva edición del “Libro de la Vida”, adaptada en este caso al castellano de hoy". Trapiello ya tiene una coartada que esgrimir.

Y también:
César Noragueda: "El 'Quijote' para ineptos" [La Columnata].
Lansky: "Enmierdando el Quijote" [Periquitos muertos].
Manuel Pascua: "Trapiello: terrorismo literario y los 504" [Periodistas en español].
Poil de Carotte: "Un Quijote que, de tan masticado, da náuseas" [Manual de ultramarinos].
José Luís García Martín: "El Quijote de Andrés Trapiello" [Crisis de papel] (aunque ésta es una "reseña amical", que se deja la cola por desollar, dicho con proverbio cervantino).
Teresa Padilla: "La reencarnación de Cervantes" [Diarios de resistencia]. 
Santiago Trancón: "Va de un jambo que está loco" [La Nueva Crónica]. 
Daniel Lebrato: "Coplas por la muerte del Quijote" [El Tendedero]. 
Ignacio Arellano Ayuso: "El Quijote de Trapiello o que me traduzcan este..." [Jardín de los Clásicos].


08 mayo 2015

FLS 2015

A Day in the Life (the Beatles) ... y una nueva Feria del Libro de Sevilla (FLS), este año en homenaje al poeta y profesor Rafael de Cózar (1951-2014), muerto en el incendio de su biblioteca [el mundo], como en un cuento de Poe. No lo traté, aunque recuerdo haber asistido a una de sus clases hace ya... treinta y cinco años, cuando yo era un pipiolo de letras (¿y lo seguiré siendo?) y Cózar ya tenía barba. Aprovecho la Feria para ver libros que pasan sin pena ni gloria en las librerías, no las "novedades". Este año, me he llevado dos libros excelentes. Uno, del historiador Jesús Vergara: Guía histórica de la Sevilla andalucista [Atrapasueños], libro de erudición sorprendente, muy atractivo para los moradores de la ciudad. Se publicó en 2010, y no me explico cómo no he caído en la cuenta hasta ahora. El otro, una novedad muy novedosa (es un decir): Trigo y aceite para la Armada. El comisario Miguel de Cervantes en el Reino de Sevilla (1587-1593), que acaba de publicar la Diputación, serie de conferencias celebradas en Carmona, Osuna, La Puebla de Cazalla, Écija y Sevilla, siguiendo la pista de Cervantes, donde se presentaron documentos inéditos de las andanzas del Comisario. Este año ha sido noticia, relativa, la conversión del antiguo "Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla" en Editorial [EUS]. Ahora me acuerdo como anécdota que, en un trabajo de facultad, en la bibliografía, se me ocurrió citarla como P.U.S. (i.e. Publicaciones de la Universidad de Sevilla). Con razón el profesor que me corrigió (don Antonio O.) me puso al lado un grandote interrogante en rojo. El caso es que este año, entre las novedades de la editorial universitaria, me gustaría destacar un libro interesantísimo del que fue Rector, don Juan Ramón Medina Precioso: Los adoradores del azar y los de Dios. Una propuesta para arrancar el monopolio del azar a los ateos [eus]. El gran mérito de este libro, que es una reflexión científica, filosófica y teológica, es presentar ideas globales, poniendo en contribución saberes diversos, lo que es gala de humanista (en el caso del profesor Medina Precioso, catedrático de genética ya jubilado).

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04 enero 2013

Ensayo de una biblioteca sevillana

En el recuento de mi biblioteca, he hallado que los libros de materia o tema sevillano representan más o menos un 7,5% de la colección. Nada tiene de particular en un sevillano nativo; porque si aconteciera que morase en Logroño, es obvio que el libro de asunto riojano ocuparía más espacio que el escueto de un hápax: el álbum Logroño: imágenes de una ciudad (1900-1960) [Instituto de Estudios Riojanos]. 

Definir qué es un libro "de tema sevillano" no es tan sencillo como parece. Lo será con claridad, por ejemplo, una monografía sobre La Giralda. Pero ¿y la biografía del sevillano ilustre, muerto en Liverpool, José María Blanco y Crespo? Pues también... En Sevilla hay muchos coleccionistas de tema sevillano, aunque yo no, porque no todo lo que se publica me parece interesante, ni de buen precio. Soy selectivo, y suelo inclinarme por el "libro institucional" (los del ayuntamiento, de la diputación, de la universidad...). Me gustaría ilustrar el asunto escogiendo diez libros que me parecen interesantes, que animo a conocer, por si alguien se anima a hacer su propia colección de libro sevillano (los ordeno según Dewey):

1. Pablo Romero de la Cámara, María de [1987]: Historia del Ateneo de Sevilla (1887-1935). Sevilla, Fundación Aparejadores, 2007.

2. Peyré, Joseph [1953]: La Pasión según Sevilla (La Passion selon Séville...). Sevilla, ed. Castillejo, 1989. Ejemplar que me dedicó el traductor al castellano, José Luís Ortiz de Lanzagorta.

3. Salas, Nicolás [1974]: Las ferias de Sevilla. Sevilla, Universidad, 1992.

4. Mena, José María de: Arte y curiosidades del cementerio de Sevilla, un interesante museo jardín. Sevilla, ed. Castillejo, 1991. Todos los visitantes recuerdan el Cristo de las Mieles, de Antonio Susillo, o el impresionante grupo escultórico del mausoleo de Joselito el Gallo.

5. Hazañas y La Rúa, Joaquín [1928]: La casa sevillana. Fotografías de Díaz y Murga y dibujos de Hohenleiter. Facsímil. Sevilla, Padilla Libros, 1989.

6. Villar Angulo, Luís M.: Vida y obra de Alfonso Grosso. Sevilla, 1973. Con un inventario gráfico de la obra del pintor (1893-1983), al que cuando niño conocí ya anciano,  comprando aún tubos de óleo en la papelería Padura de la calle Sierpes (hoy el local es una perfumería).

7. Toro Buiza, Luís [1947]: Sevilla en la historia del toreo. Sevilla, Universidad, 2003. "La primitiva edición corrió a cargo del Ayuntamiento de Sevilla y fue, en realidad, la introducción al Catálogo de una interesantísima exposición que celebraba la Tauromaquia en Sevilla" (del prólogo de Pedro Romero de Solís a la reedición de 2003).

8. Rodríguez Marín, Francisco [1905]: Perfiles de la Sevilla cervantina. Ayuntamiento de Sevilla, 1992. Originalmente fue el extenso "discurso preliminar" a su edición de la novela de Rinconete y Cortadillo.

9. Reyes Cano, Rogelio (ed.): Sevilla en la generación del 27. Ayuntamiento de Sevilla, 1997. Antología poética que tiene a la misma ciudad como objeto (el homenaje a Góngora del Ateneo, en 1927, patrocinado por Ignacio Sánchez Mejías, fue el acto fundacional de este grupo de poetas).

10. Guillén Torralba, Juan: Hernando Colón: humanismo y bibliofilia. Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2004. Publicación póstuma del canónigo de la catedral.

Y de propina, el último ingreso: la guía histórico artística de la Casa Consistorial de las plazas Nueva y de San Francisco, del profesor Luís Méndez, que el mismo Ayuntamiento acaba de publicar a todo lujo bajo el nuevo sello Patrimonium Hispalensis, a un precio muy ventajoso, 15 euros [via].

12 diciembre 2011

La casa de Monipodio


En un paseo por Triana parece inexcusable asomarse a la calle Troya (antigua "de la Cruz"), donde estaba la casa de Monipodio, el maestro de Rinconete y Cortadillo. Es la calle que atraviesa Pagés del Corro, Pureza, hasta la calle Betis, muy cerca de la plaza de Cuba y del puente de San Telmo (el que alcanza el barrio de los Remedios, desde la puerta de Jerez), concluído en 1931, algo así como el "segundo puente de Triana". Me imagino que en tiempos de Cervantes, la casa de Monipodio debía hallarse en los últimos confines del arrabal, apartada del puente de barcas.


26 julio 2009

Sevilla cervantina (2): plaza de San Salvador

En nuestro recorrido caótico, aunque previsible, por los lugares cervantinos de Sevilla, llegamos a la plazuela que hemos llamado de toda la vida plaza del Pan, aunque la ciudad oficial se ha empeñado en que se la llame ahora plaza de Jesús de la Pasión.

El profesor Morales Padrón (canario de nacimiento, sevillano de adopción) ha inventado la curiosa teoría de que las plazas sevillanas, unas son para pasar (v.gr. la plaza de San Francisco) y otras para estar, sentarse y contemplar el mundo (v.gr. la plaza Nueva). Pues bien, según esta terminante taxonomía, para mí que la plaza del Pan es lugar de paso (de la Cuesta del Rosario a la Encarnación, o de El Salvador a la Alfalfa), y del otro lado de la iglesia, la plaza de El Salvador (de la que hablamos hace unos días:
a taste of London) es plaza de descanso y estancia.


La placa conmemorativa dice que en la antigua plaza de San Salvador "ocurrió uno de los más donosos episodios" del Rinconete y Cortadillo. Es difícil decirlo, porque esta novelita está repleta de sucesos llenos de gracia y donosura. Con todo, aquí en la plaza del Pan es donde comienzan a ganarse la vida Rincón y Cortado en la gran ciudad, como así lo cuenta la novela:

"Avisóles su adalid de los puestos donde habían de acudir: por las mañanas, a la Carnicería y a la plaza de San Salvador; los días de pescado, a la Pescadería y a la Costanilla; todas las tardes, al río; los jueves, a la Feria. Toda esta lición tomaron bien de memoria, y otro día bien de mañana se plantaron en la plaza de San Salvador; y, apenas hubieron llegado, cuando los rodearon otros mozos del oficio, que, por lo flamante de los costales y espuertas, vieron ser nuevos en la plaza; hiciéronles mil preguntas, y a todas respondían con discreción y mesura. En esto, llegaron un medio estudiante y un soldado, y, convidados de la limpieza de las espuertas de los dos novatos, el que parecía estudiante llamó a Cortado, y el soldado a Rincón. "

24 julio 2009

Sevilla cervantina (1): Plaza de San Francisco


No he dicho hasta ahora que, para un sevillano, leer las Novelas ejemplares es algo así como la lectura del libro nacional. Es la fiesta de la ciudad, escenario de miles aventuras reales, inventadas o esperadas. Hoy puede hacerse en Sevilla un paseo literario cervantino, recorriendo las hermosas cerámicas, o barros vidriados, que se colocaron en el tercer centenario (1916) del tránsito del Príncipe de los Ingenios Españoles, Miguel de Cervantes.

Ya hemos andado por Santa Paula, y nos proponemos dirigirnos ahora a los demás loci cervantini que nos acordemos que fueron señalados en la ciudad, comenzando, tal vez de modo arbitrario, por la plaza "llamada un tiempo de San Francisco", que por cierto es el nombre que ostenta desde los tiempos de la Reconquista (siglo XIII), y aún nos gusta llamarla así a los sevillanos.

El polígrafo Santiago Montoto ha anotado que la plaza ha ostentado multitud de nombres, según los vaivenes políticos: de la Constitución, Real de Fernando VII, del Rey, de Isabel II, de la Libertad (1873)... De niño recuerdo que la plaza se ha llamado un tiempo de la Falange Española, aunque los sevillanos nunca hemos cesado de nombrarla como de San Francisco.

(La placa de la foto está en el "arquillo" del ayuntamiento, lugar poco visible si no se cae en la cuenta, pasando a propio intento).

20 julio 2009

Paseo literario a Santa Paula

En Sevilla existe el general convencimiento de que la mejor forma de combatir el calor es salir a la calle. Pues eso hemos hecho esta tarde especialmente calurosa. Cuando me dirigía con el coche a la Macarena, oía por la radio el comienzo de la retransmisión del quinto concierto de los Proms de este año, con el programa de la novena sinfonía de Mahler, dirigida por el octogenario Bernard Haitink. Presentaba en radio clásica José Luís Pérez de Arteaga. Inmediatamente antes habíamos escuchado por la emisora la transcripción para piano, de Lizst, de la novena sinfonía de Beethoven. Aparcado, o más bien abandonado, el coche en la calle fray Isidoro de Sevilla, nos encaminamos a la calle San Luís, entrando por el arco de la Macarena...


A esta hora del ocaso de una tarde de verano, en los bares riegan las terrazas, y han abierto las freidurías de pescao frito. Atravesado el territorio comanche de la plaza del Pumarejo, alcanzamos la altura de la iglesia de San Luís...


Alcanzado San Marcos, doblamos a la izquierda, al convento de Santa Isabel, donde están montado a esa hora una barrilada de cerveza (pero no sucumbimos a la tentación, todavía...).


Y pasamos adelante, a la recoleta calle de Santa Paula, donde el monasterio de Santa Paula.


Y aquí mismo, enfrente, uno de los famosos loci cervantini, la casa que dicen de la española inglesa...


Una muestra de arte suburbano...


Y para terminar, ahora sí, una cruzcampo en la afamada "Casa Manolo" (con establecimientos abiertos en todas las ciudades, pueblos y lugares de España...).


Al recoger el coche, indemne el pobrecito, aún me dio lugar para escuchar el cuarto y último movimiento de la novena de Mahler. Pérez de Arteaga destacó, al concluir el concierto, que los promers guardaron un cuasi religioso silencio de diez segundos entre la última nota del infrapianísimo final, y el primero de los aplausos...

Link (audio): BBC-Proms 2009: novena sinfonía de Mahler
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20 agosto 2006

Llegada a la ciudad


... Con todo esto, a la entrada de la ciudad, que fue a la oración y por la puerta de la Aduana, a causa del registro y almojarifazgo que se paga, no se pudo contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traía un francés de la camarada; y así, con el de sus cachas le dio tan larga y profunda herida, que se parecían patentemente las entrañas, y sutilmente le sacó dos camisas buenas, un reloj de sol y un librillo de memoria...

Habíanse despedido antes que el salto hiciesen de los que hasta allí los habían sustentado, y otro día vendieron las camisas en el malbaratillo que se hace fuera de la puerta del Arenal, y dellas hicieron veinte reales. Hecho esto, se fueron a ver la ciudad, y admiróles la grandeza y sumptuosidad de su mayor iglesia, el gran concurso de gente del río, porque era en tiempo de cargazón de flota y había en él seis galeras, cuya vista les hizo suspirar, y aun temer el día que sus culpas les habían de traer a morar en ellas de por vida...

[Fotografía: Torre del Oro y antiguo arenal de Sevilla]