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27 agosto 2009

Los días de Taha Husein

El egipcio Taha Husein (1889-1973) ha sido una gran personalidad de la cultura árabe del siglo pasado. Se quedó ciego de muy niño, pero ese handicap no le impidió cursar con brillantez sus estudios en la universidad islámica de El Azhar, del Cairo, y más tarde becado por su gobierno en la universidad de Montpellier, donde conoció a su mujer Suzanne, y aún se doctoró en la Sorbona. Alcanzó a ser ministro de educación de su país, Egipto, poniendo en práctica su lema: el conocimiento es como el agua que bebemos, como el aire que respiramos.

Taha Husein ha legado a su pueblo el valor de la enseñanza y el estudio, y compendió su mensaje a sus dos hijos, a sus hermanos y a la humanidad, en sus memorias de infancia y juventud, Los días (al-ayam, 1929, 1932). La traducción castellana de Emilio García Gómez (1954) se ha reeditado en fecha reciente (
Ediciones del Viento, 2004).

Los días es una de las más hermosas memorias de niño que conozco. Desde las confessiones de Aurelio Agustín (en que se halla el inmortal relato del hurto de las peras, capítulo II, 4), multitud de hombres y mujeres adultos se han puesto a escribir los recuerdos de su niñez. A veces, enmascarados en la ficción, como el Lazarillo, o el Huck Finn, relatos imperecederos de la vida de niños que se hacen mayores, y que pensamos que son trasunto, en alguna medida, de la propia experiencia de los autores de las historias. Ahora recuerdo otros bellos testimonios de infancia, como son la primera parte de las Confesiones de un inglés comedor de opio (1821) de Thomas De Quincey, o las Confesiones de un pequeño filósofo (1904) de Azorín. Es significativo que el escritor que quiere hablar de su niñez diga que hace confesión, porque no hay nada más íntimo, oculto y más propio de nuestro ser, que nuestros primeros años de vida, cuando nos hicimos personas y aprendimos lo que nunca olvidaremos.

Digo que Los días de Taha Husein es un bello testimonio del aprendizaje y el estudio de un niño egipcio, criado en el campo y estudiante en el Cairo. No nos causará extrañeza enterarnos de que un escolar, aspirante al ingreso en la universidad de El Azhar, debiese saber recitar de memoria el Corán. Pronto, conforme pasamos las páginas, nos empaparemos de la vida y costumbres del pueblo egipcio, siempre en camino entre el campo y la gran ciudad, y sentiremos gran ternura por este niño ciego, Taha Husein, que descubre con sus sentidos libres (el oído, el tacto, el olfato, el gusto) su mundo entorno. Me gusta decir que lo más hermoso de leer en libros como éste, es comprender que la vida de los niños es la misma en todas las tierras, culturas y religiones.

El propósito de Los días es traer al recuerdo el aprendizaje de "la ciencia", los saberes, plasmados en ese particular trivium y quadrivium del mundo islámico, que es poco más o menos como el nuestro, el de los occidentales. Hoy, bajo la bárbara influencia del pragmatismo norteamericano, hemos perdido la percepción y el gusto por los saberes, que compartían los judíos, cristianos y musulmanes de las escuelas medievales. Por eso siempre digo que el estudioso de Santo Tomás de Aquino no debe admirarse de la extrema contigüidad doctrinal de los filósofos de las tres religiones, porque su base educativa era la misma: el estudio de los libros y la escucha y reverencia de la palabra de Dios. Sería triste entonces que no comprendiésemos el ardor por aprender que siente el niño protagonista de Los días.

Pero el mensaje más maravilloso del tierno, ingenuo relato de Los días, es que los verdaderos saberes son los de todos los días: por qué vivimos, por qué enfermamos y morimos, por qué pasamos hambre, frío o soledad, por qué perseguimos el dinero, o la tranquilidad, por qué salimos a la calle a trabajar o a buscarnos la vida, por qué cuidamos de una familia... Y en la comprensión de estos saberes elementales, captamos la profunda hermandad de todas las razas de la tierra, que comparten los mismos bienes y males.

El traductor español de Los días, el arabista Emilio García Gómez, dice con acierto que el relato es "prosa de ciego". Cuando en otros relatos salta a la vista la experiencia visual, aquí tiene mayor importancia los recuerdos del gusto y el olfato, y de ahí la persistente memoria de las comidas de todos los días, del té o los dulces. Reproduzco, para terminar, una de las páginas más severas de estas memorias, cuando Taha Husein rememora, dirigiéndose a su hija pequeña, las malas comidas de los días de penuria: "... Porque tu padre, a veces durante una semana y hasta durante un mes, no comía más que el pan del Azhar; ese pan del Azhar en que los pobres azharistas encontraban toda clase de pajas, toda suerte de chinas y toda clase de insectos. Y, en ocasiones, durante una semana, y hasta un mes, y hasta meses, no mojaba ese pan sino en miel negra. Tú no sabes lo que es la miel negra, y vale más que no lo sepas...".

23 junio 2007

El tráfico del Cairo


Cuando se aproxima el avión al aeropuerto del Cairo, sobrecoge contemplar desde la ventanilla las extensiones oceánicas de suelo poblado de esta ciudad caótica y ruidosa. Media humanidad se agolpa en sus arrabales de casas a medio hacer, viviendo como puede. El tránsito de los automóviles es endiablado, aunque después de un par de días en la ciudad uno va descubriendo que la circulación del Cairo también está sometida a sus propias reglas, que los cairotas conocen bien, aunque guarden una relación muy vaga de semejanza con las normas que nos gastamos en Sevilla o en Madrid.

15 junio 2007

Modos de vivir que no dan para vivir

















Mientras nuestra lancha motora se deslizaba por los meandros del Nilo, en Asuán, algunos niños egipcios se acercaban en sus canoas de cartón para pedirnos dinero a los turistas. Uno de ellos vestía la camiseta del Barcelona. Las autoridades del país persiguen esta forma de mendicidad. Nos contaban que cuando estos niños se ven perseguidos por la policía, hunden la barquichuela, que más tarde deben recuperar buceando a la altura del río en que creyeron haberla abandonado.

27 mayo 2007

Chalaneo en el Nilo

Durante la travesía por el Nilo en crucero, los vendedores de chilabas, chales y toallas aprovechan para tentar a voces a los turistas asomados en cubierta, arrojándoles la mercancía a bordo desde sus modestos esquifes, donde hacen equilibrios para recoger el precio convenido o la mercancía devuelta. Si esto no es trabajar, que venga Dios y lo vea.

25 mayo 2007

En la tumba del faraón


Para visitar la tumba del faraón Tutmosis IV hay que estar fuerte. La entrada está en lo alto del monte, circunstancia que la ha preservado de las avenidas de agua, y hay que superar la escalerita de la foto. Subí con la lengua fuera, y a mitad de recorrido, apoyado en la baranda, un turista francés me decía: ¡Cuide su corazón...! Al llegar a lo alto, un gentil guarda se ofreció a hacerme una foto (exhausto), previo pago de 100 rupias. La tumba es admirable; dentro había un ventilador, y no me atreví a que me diese el fresco... no fuese a ser que el guarda de la tumba me pidiese otras 100 rupias por abanicarme...

22 mayo 2007

Desierto digital


Después de este largo paréntesis teológico, que ha dado que hablar hasta de complejidad, holismo, propiedades emergentes y otros asuntillos, retomo el serial prometido de mi periplo egipciano, que tenía abandonado. Ahora con la distancia (de espacio y de tiempo) algunas anécdotas y sucedidos me parecen aún más chistosos (en la foto de arriba, un paisano del lugar enseñándonos, previo pago de 100 rupias, cómo se toman buenas instantáneas de las pirámides...).



05 mayo 2007

Aegyptiaca

Hago un paréntesis en mi pequeña crónica de viaje a la tierra de Ramsés, para recomendar un par de libros a los que se vean sorprendidos por un repentino ataque de egiptomanía. Para conocer al detalle la historia antigua, se acaba de publicar la Historia del antiguo Egipto de Oxford U.P. También me parece inevitable acercarse a la obra del más celebre de los escritores cairotas contemporáneos, Naguib Mahfuz (sobre el que volveré a hablar más adelante). Una de sus novelas más sobresalientes, muy indicada para los tiempos que corren, es Hijos de nuestro barrio (1959), con reimpresiones continuas en castellano. Mahfuz murió el verano pasado, a edad avanzada, después de haber sobrevivido a un atentado de un extremista islámico.

03 mayo 2007

El perfil de Egipto


Egipto, que no es un país árabe, comparte con otros países del mundo musulmán ese singular perfil de un pueblo de fe islámica, sobrepuesto a un pasado extraño y extinguido: un pueblo de creyentes que habita en la antigua tierra de los faraones, the cradle of civilizations, como gustan publicitarse. Pero no hay hombre o mujer egipcios que no se sientan hoy vívamente orgullosos de su pasado esplendor, del que en parte viven, y en ocasiones alardean de ser descendientes del mismísimo Ramsés.


30 abril 2007

Pasaje para El Cairo


Bajo el amparo benéfico de Horus, el dios de los cielos, voy a ofrecer a mis lectores y amigos, unas pequeñas notas de viaje a Egipto. La primera foto está tomada en vuelo de EgyptAir.