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15 mayo 2017

La literatura en andaluz

Decíamos que la novela norteamericana Adventures of Huckleberry Finn, del año 1885, de Mark Twain (pen name de Samuel Langhorne Clemens) es un auténtico landmark o jalón de la expresión literaria de los modos de hablar que se alejan de la lengua inglesa estándar. No es sin embargo esta novela ningún caso único, ni prístino, de la evocación en la escritura de los hechos sociolingüísticos. En una visita a la nueva librería sevillana La caótica, en la calle José Gestoso, he visto un nuevo libro que se acumula a los innumerables estudios de literatura chicana. En español, tendríamos que recordar el inmenso caudal de la literatura hispanoamericana, por ejemplo las novelas y cuentos de Julio Cortázar (pensemos en Rayuela), en que el autor reproduce el habla de Buenos Aires (recuérdese en las primeras páginas, el lema graciosísimo de César Bruto, sobre "Lo que me hubiera gustado ser a mí si no fuera lo que soy"). O de este lado del Atlántico, el habla madrileña en las novelas de Benito Pérez Galdós.

A poco que reflexionemos, el fenómeno de la intrusión del habla popular en la literatura culta se nos aparece como ubicuo, tan sólo limitándonos a nuestra lengua. Otro caso sobresaliente es el del judeoespañol, en el que hay muchos testimonios escritos, incluso un Quijote en sefardí, al que ya me he referido [aquí]. La representación escrita del habla desviada del estándar, es sin embargo una práctica universal, que ya se puede encontrar en las letras grecolatinas. Se dice, por ejemplo, que Platón, que antes de escribir diálogos socráticos ya se había estrenado como autor de teatro, reproduce en sus diálogos juveniles la peculiar forma de hablar de la gente de la calle. Los evangelistas siguieron también esta práctica literaria. San Marcos, autor del evangelio más antiguo, incrusta en su redacción expresiones arameas, como la de este pasaje célebre (Mc 5, 40-42): "Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate». En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar".

El caso particular del habla andaluza no es ajeno a esta práctica. Sobre sociolingüística andaluza, hay que hacer mención del profesor Miguel Ropero Núñez (del que fui alumno en la universidad el curso 1981-1982), autor del pionero estudio El léxico caló en el lenguaje del cante flamenco (1978), que sigue reeditándose. Hay además un libro reciente, del profesor Francisco García Duarte (emigrado a Barcelona, nacido en Padul, Granada): La literatura en andaluz. La representación gráfica del andaluz en los textos literarios (que no he podido examinar). García Duarte quiere ver los primeros testimonios del andaluz escrito en la literatura costumbrista del siglo XVIII. Ejemplos muy conocidos de la literatura moderna, que a todos se nos vienen a la cabeza, es el teatro de los hermanos Álvarez Quintero (que pretendía reproducir el habla sevillana... para que se riese el público de Madrid). O el Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, que de manera muy sensible calca la forma de hablar de los niños de las calles de Moguer.

Pero si el reflejo literario del habla popular es una práctica antigua, tanto como el de la literatura escrita, en castellano podemos adentrarnos hasta los testimonios poéticos más tempranos de nuestra lengua, en el siglo XI: las jarchas mozárabes (Samuel Miklos Stern: Les vers finaux en espagnol dans les muwassahs hispano-hébraïques. Une contribution à l'histoire du muwassah et à l'étude du vieux dialecte espagnol 'mozarabe', Al-Andalus Revista de las escuelas de estudios árabes de Madrid y Granada, XII (1948). El Quijote (1605), en sí mismo, es ya todo un monumento de las variedades lingüísticas de su tiempo, comenzando por el habla rústica, "prevaricadora", de Sancho Panza, o si descendemos al detalle, en la expresión graciosa del vizcaíno (I, 8): Anda, caballero que mal andes; por el Dios que crióme, que, si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno... Sin embargo, y salvo que me falle la memoria, no se encuentra en todo el Quijote ninguna expresión lingüística que pueda calificarse de "andaluza". El caso es aún más llamativo, si repasamos la novela ejemplar, de ambiente sevillano, de Rinconete y Cortadillo. Explicar esta extraña ausencia del andaluz en Cervantes (él, de familia cordobesa, y criado en Sevilla), obliga a referirse a la diglosia andaluza (la situación en que el castellano es la norma culta, de prestigio, para expresarse por escrito, mientras que el habla andaluza es la que se emplea en la conversación doméstica y de la calle, la de todos los días). Cervantes tal vez no hablase andaluz (se educó en Madrid), pero oía hablar andaluz todos los días, cuando estuvo en Sevilla, escribiendo sus novelas o el Quijote. Hay que pensar que Miguel de Cervantes fue un escritor culto, que escribía para un público culto, aunque la materia narrativa fuese popular (como La gitanilla, o el Rinconete y Cortadillo). Para Cervantes, que escribía entonces en la rigurosa norma castellana (que era la suya propia de hablante), la forma de hablar del pueblo de Sevilla no sería pretexto para introducir ninguna parodia en sus relatos (como si lo era la de los vizcaínos), porque el andaluz era el medio en que se movía.

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14 julio 2015

El autor de la novela de la española inglesa

"El autor de la novela de la española inglesa" no es una esas discusiones típicas de los filósofos analíticos ingleses sobre individuos [wiki]. Existió en España, entre los siglos XVI y XVII, un individuo que escribió la novela de La española inglesa, y un individuo que se llamó Miguel de Cervantes. Leemos en los libros que este Cervantes escribió esa novela. Pero la identidad de ambos términos (Cervantes, y el autor de la novela) no nos parecerá tan evidente, si no asumimos la realidad vital de ese hombre del que nos hablan los documentos y los libros, y que ofreció de sí un autorretrato literario en el prólogo de las Novelas ejemplares. Todo esto parece un puro bizantinismo. Aunque hay ocasiones en que parece necesario repetir fatigosamente lo evidente, lo que todos sabemos y damos por seguro. Ya me he referido hace unas semanas al caso de un catedrático de la UNED, don Francisco Calero, que sostiene la peregrina teoría de que Cervantes no fue el "verdadero autor" del Quijote [aquí], en un libro de título tremebundo: El verdadero autor de los "Quijotes" de Cervantes y de Avellaneda [BAC]. A día de hoy, salvo que me den un premio, no he leído y ni tan siquiera he tocado con las manos ese libro. Ahí dice el profesor Calero que "Cervantes, aun gozando de la dignidad que tiene todo hombre, no pudo ser el padre del Quijote, porque no se lo permitió ni su formación ni el desarrollo de su vida". Sostiene que el verdadero autor del Quijote (y de paso, el del apócrifo de Avellaneda, por viva fuerza, por razones evidentes) fue el humanista valenciano Juan Luís Vives (1492-1540). Sin entretenerme en describir el método de Calero (comparar de modo impresionista unos y otros textos, hallando coincidencias más o menos próximas o remotas, que igual valdría para demostrar que Cicerón fue el verdadero autor de la Guerra de las Galias), hay que decir que sus esfuerzos son por completos estériles. Para ser honrados con el profesor Calero, debe aceptarse que en la plaza académica cualquier tesis sea bienvenida, por muy desopilante que nos parezca, incluso la de que Cervantes no escribió el Quijote, en el bien entendido de que el proponente debe hacer honor a los estudiosos que le precedieron, discutiendo en buena lid toda evidencia disponible de cualquier signo. En el caso de Cervantes, la autoría del Quijote no es un dogma de fe, sino que se apoya en un triple testimonio. El primero, el del propio autor, que confiesa ser él y no otro quien lo compuso (¿por qué Vives habría de confesar ser Cervantes?). El segundo, el más solido, el de la tradición, que comienza (como en el de Jesús el Cristo) desde los mismos días de Miguel (es el caso nada sospechoso de su enemigo, o rival de las tablas, Lope de Vega). Y el tercero, las centurias de estudios cervantinos, que apoyándose en estos testimonios antiguos, han validado con muchísimos documentos, no sólo que existió en aquella época un individuo que se llamó Miguel de Cervantes, sino que ese mismo individuo escribió el Quijote. Tal vez sea una conclusión que a alguno no le guste (¿pero por qué?), entre ellos el profesor Calero. Pero si ha de impugnarse la tesis generalmente aceptada (Cervantes, autor del Quijote), la carga de la contraprueba recae en el impugnador, que deberá tumbar ese triple testimonio, que se sostiene además en la admirable coherencia discursiva del autor de las obras de Miguel de Cervantes, desde los poemas primerizos y la Galatea, hasta el Persiles. Si el profesor Calero no hace esto, todo su esfuerzo será baldío, irrelevante. No pretendo repetir cosas sabidas de todos, sino que, como botón de muestra, quiero referirme a una de esas bellas novelas, la de La española inglesa, de la que se ha comenzado a rodar una serie de televisión, o tv movie, a la que ya me apunto para el año que viene, si Dios es servido [RTVE]. Entre los actores y actrices, dos de los grandes españoles, Lola Herrera, que interpreta a la reina Isabel, y Miguel Rellán, que hará del propio Miguel de Cervantes. Me parecen fabulosos para esos papeles, y Rellán hará una encarnación de Cervantes imperecedera (se parece a él, aunque no tengamos ninguna pintura o dibujo del original). Pero sobre todo he querido aprovechar esta ocasión para señalar un dato utilísimo, muy relevante, y es que la novela de La española inglesa se refiere a hechos contemporáneos del momento en que se escribió. Los editores (como es el profesor Javier Blasco) calculan que debió redactarse en torno a 1602, aún en vida de la reina Isabel de Inglaterra, tomando como referencia la incursión de Francis Drake a Cádiz en 1587, que se menciona ya en la primera línea de la novela, cuya acción se sitúa explícitamente quince años después (la edad de la protagonista, la "española inglesa"). Es una novelita tan actual en sus días como si ahora alguien quisiese escribir una historia con Obama en la Casa Blanca. Sólo pudo escribirla Miguel de Cervantes, y no ningún otro individuo de su tiempo.

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10 noviembre 2014

Remedio para la deuda pública española

»Había hasta este punto guardado silencio el arbitrista, y aquí le rompió diciendo: ''Cuatro quejosos tales que lo pueden ser del Gran Turco ha juntado en este hospital la pobreza, y reniego yo de oficios y ejercicios que ni entretienen ni dan de comer a sus dueños. Yo, señores, soy arbitrista, y he dado a Su Majestad en diferentes tiempos muchos y diferentes arbitrios, todos en provecho suyo y sin daño del reino; y ahora tengo hecho un memorial donde le suplico me señale persona con quien comunique un nuevo arbitrio que tengo: tal, que ha de ser la total restauración de sus empeños; pero, por lo que me ha sucedido con otros memoriales, entiendo que éste también ha de parar en el carnero. Mas, porque vuesas mercedes no me tengan por mentecapto, aunque mi arbitrio quede desde este punto público, le quiero decir, que es éste: Hase de pedir en Cortes que todos los vasallos de Su Majestad, desde edad de catorce a sesenta años, sean obligados a ayunar una vez en el mes a pan y agua, y esto ha de ser el día que se escogiere y señalare, y que todo el gasto que en otros condumios de fruta, carne y pescado, vino, huevos y legumbres que han de gastar aquel día, se reduzga a dinero, y se dé a Su Majestad, sin defraudalle un ardite, so cargo de juramento; y con esto, en veinte años queda libre de socaliñas y desempeñado. Porque si se hace la cuenta, como yo la tengo hecha, bien hay en España más de tres millones de personas de la dicha edad, fuera de los enfermos, más viejos o más muchachos, y ninguno déstos dejará de gastar, y esto contado al menorete, cada día real y medio; y yo quiero que sea no más de un real, que no puede ser menos, aunque coma alholvas. Pues ¿paréceles a vuesas mercedes que sería barro tener cada mes tres millones de reales como ahechados? Y esto antes sería provecho que daño a los ayunantes, porque con el ayuno agradarían al cielo y servirían a su Rey; y tal podría ayunar que le fuese conveniente para su salud. Este es arbitrio limpio de polvo y de paja, y podríase coger por parroquias, sin costa de comisarios, que destruyen la república''. Riyéronse todos del arbitrio y del arbitrante, y él también se riyó de sus disparates; y yo quedé admirado de haberlos oído y de ver que, por la mayor parte, los de semejantes humores venían a morir en los hospitales.»

(De Miguel de Cervantes, El coloquio de los perros.)

12 diciembre 2011

La casa de Monipodio


En un paseo por Triana parece inexcusable asomarse a la calle Troya (antigua "de la Cruz"), donde estaba la casa de Monipodio, el maestro de Rinconete y Cortadillo. Es la calle que atraviesa Pagés del Corro, Pureza, hasta la calle Betis, muy cerca de la plaza de Cuba y del puente de San Telmo (el que alcanza el barrio de los Remedios, desde la puerta de Jerez), concluído en 1931, algo así como el "segundo puente de Triana". Me imagino que en tiempos de Cervantes, la casa de Monipodio debía hallarse en los últimos confines del arrabal, apartada del puente de barcas.


11 agosto 2009

No es la miel para la boca del asno


Quien mejor ha entendido el arte de Miguel de Cervantes es otro genio de la narrativa, el novelista norteamericano Mark Twain. Las aventuras de Huckleberry Finn son también unas nuevas quijotadas, ya no en la Mancha sino en el río Mississippi. El sardónico aviso al frente de esta novela es toda una declaración de intenciones, y contiene en su aparente simpleza y rotundidad un credo estético: Persons attempting to find a motive in this narrative will be prosecuted; persons attempting to find a moral in it will be banished; persons attempting to find a plot in it will be shot. Una frase, descubro ahora, que es cita famosa, por ser las primeras líneas del Huck Finn, como el En un lugar de la Mancha... ¿Escandaliza que las novelas no deban tener más finalidad que divertir y hacer reír, sin motivo, ni moralización, ni propósito alguno?

El aficionado a las novelas de Agatha Christie, de Tolkien, de Umberto Eco... convendrá en que no busca otra cosa, leyéndolas, que distraerse y pasarlo bien. A primera vista nada más lejos del ejemplarismo cervantino (el Quijote critica las caballerías, y las novelas son ejemplares porque ofrecen ejemplos provechosos), aunque el buen lector de Cervantes intuye que lo primero en su intención artística es el deseo de divertir a sus oyentes (mejor que lectores, puesto que más nos parece que sus novelas son para oírlas leer, como chistes o relatos graciosos). Y así dice en su inmortal prólogo a las Novelas: "Sí, que no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los oratorios, no siempre se asiste a los negocios, por calificados que sean. Horas hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse". Pues si la vida tiene tantas tristezas, o a lo menos es una mezcla de alegrías y tristezas (gaudium et spes, luctus et angor hominum huius temporis...), está fuera de razón no dar remedio a nuestras angustias con las sanas diversiones.

Reconozco que yo me río abiertamente cuando leo el Quijote, o las Novelas ejemplares, y siento una profunda simpatía por el escritor, al que me hubiera gustado conocer y oírle contar tantas ocurrencias graciosas como las que escribía. Capítulo aparte son los muchos enredos en las posadas y habitaciones, que él debió conocer bien, yendo por los caminos andaluces. Aquí copio uno de esos pasajes de auténtico vodevil, de la novela de "la Ilustre fregona":

Con esto, se acostaron todos; y, apenas estaba sosegada la gente, cuando sintió Lope que llamaban a la puerta de su aposento muy paso. Y, preguntando quién llamaba, fuele respondido con voz baja:
-La Argüello y la Gallega somos: ábrannos que mos morimos de frío.
-Pues en verdad -respondió Lope- que estamos en la mitad de los caniculares.
-Déjate de gracias, Lope -replicó la Gallega-: levántate y abre, que venimos hechas unas archiduquesas.
-¿Archiduquesas y a tal hora? -respondió Lope-. No creo en ellas; antes entiendo que sois brujas, o unas grandísimas bellacas: idos de ahí luego; si no, por vida de..., hago juramento que si me levanto, que con los hierros de mi pretina os tengo de poner las posaderas como unas amapolas.
Ellas, que se vieron responder tan acerbamente, y tan fuera de aquello que primero se imaginaron, temieron la furia del Asturiano; y, defraudadas sus esperanzas y borrados sus designios, se volvieron tristes y malaventuradas a sus lechos; aunque, antes de apartarse de la puerta, dijo la Argüello, poniendo los hocicos por el agujero de la llave:
-No es la miel para la boca del asno.
Y con esto, como si hubiera dicho una gran sentencia y tomado una justa venganza, se volvió, como se ha dicho, a su triste cama.

03 agosto 2009

El crimen del aguador de Toledo

Prosigo con mi apostolado cervantino, invitando a la lectura gozosa de las Novelas Ejemplares. Esta tarde he dejado a medio leer la novela de "la ilustre fregona", aunque ya puedo figurarme que tendrá un final feliz para todos sus personajes. Un relato entretenido que además de muchas otras cosas, contiene ingredientes de novela policiaca, y no le falta su miaja de la guasa socarrona de Cervantes.

No me resisto a copiar este pasaje que me ha hecho reír, francamente. Uno de los mozos, que se hace llamar "Lope Asturiano", y que se ha empleado de aguador en la posada del Sevillano, en Toledo, se ve envuelto en un incidente criminal y lo encierran en la cárcel:

"-Pero no puede ser así -añadió Tomás-, pues no será razón que yo deje a mi amigo y camarada en la cárcel y en tanto peligro. Mi amo me podrá perdonar por ahora; cuanto más, que él es tan bueno y honrado, que dará por bien cualquier falta que le hiciere, a trueco que no la haga a mi camarada. Vuesa merced, señor amo, me la haga de tomar este dinero y acudir a este negocio; y, en tanto que esto se gasta, yo escribiré a mi señor lo que pasa, y sé que me enviará dineros que basten a sacarnos de cualquier peligro.

"Abrió los ojos de un palmo el huésped, alegre de ver que, en parte, iba saneando la pérdida de su asno. Tomó el dinero y consoló a Tomás, diciéndole que él tenía personas en Toledo de tal calidad, que valían mucho con la justicia: especialmente una señora monja, parienta del Corregidor, que le mandaba con el pie; y que una lavandera del monasterio de la tal monja tenía una hija que era grandísima amiga de una hermana de un fraile muy familiar y conocido del confesor de la dicha monja, la cual lavandera lavaba la ropa en casa. «Y, como ésta pida a su hija, que sí pedirá, hable a la hermana del fraile que hable a su hermano que hable al confesor, y el confesor a la monja y la monja guste de dar un billete (que será cosa fácil) para el corregidor, donde le pida encarecidamente mire por el negocio de Tomás, sin duda alguna se podrá esperar buen suceso. Y esto ha de ser con tal que el aguador no muera, y con que no falte ungüento para untar a todos los ministros de la justicia, porque si no están untados, gruñen más que carretas de bueyes».

"En gracia le cayó a Tomás los ofrecimientos del favor que su amo le había hecho, y los infinitos y revueltos arcaduces por donde le había derivado; y, aunque conoció que antes lo había dicho de socarrón que de inocente, con todo eso, le agradeció su buen ánimo y le entregó el dinero, con promesa que no faltaría mucho más, según él tenía la confianza en su señor, como ya le había dicho. "
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26 julio 2009

Sevilla cervantina (2): plaza de San Salvador

En nuestro recorrido caótico, aunque previsible, por los lugares cervantinos de Sevilla, llegamos a la plazuela que hemos llamado de toda la vida plaza del Pan, aunque la ciudad oficial se ha empeñado en que se la llame ahora plaza de Jesús de la Pasión.

El profesor Morales Padrón (canario de nacimiento, sevillano de adopción) ha inventado la curiosa teoría de que las plazas sevillanas, unas son para pasar (v.gr. la plaza de San Francisco) y otras para estar, sentarse y contemplar el mundo (v.gr. la plaza Nueva). Pues bien, según esta terminante taxonomía, para mí que la plaza del Pan es lugar de paso (de la Cuesta del Rosario a la Encarnación, o de El Salvador a la Alfalfa), y del otro lado de la iglesia, la plaza de El Salvador (de la que hablamos hace unos días:
a taste of London) es plaza de descanso y estancia.


La placa conmemorativa dice que en la antigua plaza de San Salvador "ocurrió uno de los más donosos episodios" del Rinconete y Cortadillo. Es difícil decirlo, porque esta novelita está repleta de sucesos llenos de gracia y donosura. Con todo, aquí en la plaza del Pan es donde comienzan a ganarse la vida Rincón y Cortado en la gran ciudad, como así lo cuenta la novela:

"Avisóles su adalid de los puestos donde habían de acudir: por las mañanas, a la Carnicería y a la plaza de San Salvador; los días de pescado, a la Pescadería y a la Costanilla; todas las tardes, al río; los jueves, a la Feria. Toda esta lición tomaron bien de memoria, y otro día bien de mañana se plantaron en la plaza de San Salvador; y, apenas hubieron llegado, cuando los rodearon otros mozos del oficio, que, por lo flamante de los costales y espuertas, vieron ser nuevos en la plaza; hiciéronles mil preguntas, y a todas respondían con discreción y mesura. En esto, llegaron un medio estudiante y un soldado, y, convidados de la limpieza de las espuertas de los dos novatos, el que parecía estudiante llamó a Cortado, y el soldado a Rincón. "

24 julio 2009

Sevilla cervantina (1): Plaza de San Francisco


No he dicho hasta ahora que, para un sevillano, leer las Novelas ejemplares es algo así como la lectura del libro nacional. Es la fiesta de la ciudad, escenario de miles aventuras reales, inventadas o esperadas. Hoy puede hacerse en Sevilla un paseo literario cervantino, recorriendo las hermosas cerámicas, o barros vidriados, que se colocaron en el tercer centenario (1916) del tránsito del Príncipe de los Ingenios Españoles, Miguel de Cervantes.

Ya hemos andado por Santa Paula, y nos proponemos dirigirnos ahora a los demás loci cervantini que nos acordemos que fueron señalados en la ciudad, comenzando, tal vez de modo arbitrario, por la plaza "llamada un tiempo de San Francisco", que por cierto es el nombre que ostenta desde los tiempos de la Reconquista (siglo XIII), y aún nos gusta llamarla así a los sevillanos.

El polígrafo Santiago Montoto ha anotado que la plaza ha ostentado multitud de nombres, según los vaivenes políticos: de la Constitución, Real de Fernando VII, del Rey, de Isabel II, de la Libertad (1873)... De niño recuerdo que la plaza se ha llamado un tiempo de la Falange Española, aunque los sevillanos nunca hemos cesado de nombrarla como de San Francisco.

(La placa de la foto está en el "arquillo" del ayuntamiento, lugar poco visible si no se cae en la cuenta, pasando a propio intento).

20 julio 2009

Paseo literario a Santa Paula

En Sevilla existe el general convencimiento de que la mejor forma de combatir el calor es salir a la calle. Pues eso hemos hecho esta tarde especialmente calurosa. Cuando me dirigía con el coche a la Macarena, oía por la radio el comienzo de la retransmisión del quinto concierto de los Proms de este año, con el programa de la novena sinfonía de Mahler, dirigida por el octogenario Bernard Haitink. Presentaba en radio clásica José Luís Pérez de Arteaga. Inmediatamente antes habíamos escuchado por la emisora la transcripción para piano, de Lizst, de la novena sinfonía de Beethoven. Aparcado, o más bien abandonado, el coche en la calle fray Isidoro de Sevilla, nos encaminamos a la calle San Luís, entrando por el arco de la Macarena...


A esta hora del ocaso de una tarde de verano, en los bares riegan las terrazas, y han abierto las freidurías de pescao frito. Atravesado el territorio comanche de la plaza del Pumarejo, alcanzamos la altura de la iglesia de San Luís...


Alcanzado San Marcos, doblamos a la izquierda, al convento de Santa Isabel, donde están montado a esa hora una barrilada de cerveza (pero no sucumbimos a la tentación, todavía...).


Y pasamos adelante, a la recoleta calle de Santa Paula, donde el monasterio de Santa Paula.


Y aquí mismo, enfrente, uno de los famosos loci cervantini, la casa que dicen de la española inglesa...


Una muestra de arte suburbano...


Y para terminar, ahora sí, una cruzcampo en la afamada "Casa Manolo" (con establecimientos abiertos en todas las ciudades, pueblos y lugares de España...).


Al recoger el coche, indemne el pobrecito, aún me dio lugar para escuchar el cuarto y último movimiento de la novena de Mahler. Pérez de Arteaga destacó, al concluir el concierto, que los promers guardaron un cuasi religioso silencio de diez segundos entre la última nota del infrapianísimo final, y el primero de los aplausos...

Link (audio): BBC-Proms 2009: novena sinfonía de Mahler
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19 julio 2009

Espíritu de la letra


Los camioneros dicen cuando los acusan de conducir muy rápido: si corro yo, más corren las letras. Éso me lo contaba uno, hace más años de los que quisiera, y no sé si las multas de tráfico han logrado ya que corran menos. Pero bueno, no quería yo hablar de camiones ni de la velocidad en carretera, sino de las letras, las letras de cambio, los papeles ésos que quien más quien menos ha firmado para comprarse un coche o un piso.

Uno de mis maestros en derecho civil, Manuel de Cossío, hijo del legendario catedrático Alfonso de Cossío, nos explicaba que los dos temas más difíciles de la carrera son la hipoteca y la letra de cambio. Habrá quien se haga cruces de que un documento tan corriente como una letra, que no digo que sepan rellenar hasta los niños, pero que quien está en el mundo entiende bien lo que significa (si la firmas, la pagas), los sabios y maestros digan que es asunto dificultoso, y así puede que sea, porque los jóvenes que se adiestran en las escuelas de comercio, en lo primero que se aplican es en rellenar la plantilla de una letra. Y lo mismo la hipoteca, porque el hipotecado está al cabo de la calle de que si no paga, el banco le quita el piso, aunque sea más complicado comprender los vericuetos de los registros.

Fácil parece firmar una letra en la notaría, o en el banco, aunque cuando se observa la cantidad de gente que trata de estos negocios, se empieza a ver claro su oscuridad. La venta de una moto es pan comido, porque se trata entre amigos (yo te vendo la moto, tú me la pagas). Pero en las letras, el número de firmantes puede ser amplio, indefinido. El papel no explica quién tiene que ver con quién, y el que acepta la letra desconoce a quién habrá de terminar por pagar. Se dice que la letra es un negocio abstracto porque, siendo certísima la deuda, no explica por qué se debe (pero los firmantes lo saben), y así las letras se emplean también en tratos nada limpios (como las deudas de juego), que se enmascaran bajo la inocente forma escrita de la letra. Es un documento en que más valen las apariencias que la realidad, del mismo modo que en los negocios se valora mucho la imagen, la fama y el prestigio, aunque sólo sea un bluf.

No conozco descripción más sencilla y elegante de la letra, y al tiempo didáctica, que la que encontré en el celebrado Curso de Derecho Mercantil de Joaquín Garrigues. Dice así, en las "nociones previas" del capítulo XX: "En esencia, la letra de cambio es una carta con unos requisitos formales que ya veremos. Esta carta (la letra de cambio) la expide y firma una persona denominada librador. Se le llama así porque libra o expide la letra de cambio. Esa carta (la letra) va dirigida a otra persona, llamada librado, al que se pide -ese es el contenido de la letra- que pague una cantidad determinada de dinero a una tercera persona, el tomador de la letra...".

Ahora que este verano estoy releyendo las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, he encontrado una prodigiosa descripción de lo que es el trato de una letra de cambio. Se encuentra en la novela de La española inglesa. No me admira tanto la maestría del buen Cervantes en explicarnos gratis et amore cómo y por qué se expide una de estas letras, cartas o cédulas, lo que conocía muy bien de tantos negocios en que intervino en su asendereada vida, sino el acierto con que lo trae e incrusta en el hilo del relato, de manera que el lector no lo encuentra postizo sino muy a cuento. Y aquí copio el párrafito, como testimonio mío admirado del arte cervantino:

"La reina llamó a un mercader rico, que habitaba en Londres y era francés, el cual tenía correspondencia en Francia, Italia y España, al cual entregó los diez mil escudos, y le pidió cédulas para que se los entregasen al padre de Isabela en Sevilla o en otra plaza de España. El mercader, descontados sus intereses y ganancias, dijo a la reina que las daría ciertas y seguras para Sevilla, sobre otro mercader francés, su correspondiente, en esta forma: que él escribiría a París para que allí se hiciesen las cédulas por otro correspondiente suyo, a causa que rezasen las fechas de Francia y no de Inglaterra, por el contrabando de la comunicación de los dos reinos, y que bastaba llevar una letra de aviso suya sin fecha, con sus contraseñas, para que luego diese el dinero el mercader de Sevilla, que ya estaría avisado del de París."

Para que luego digan que la literatura no sirve para nada. Leyendo a Cervantes también se aprenden muchas cosas, sentado en tu habitación sin necesidad de asomarte a las inclemencias del mundo.

16 julio 2009

El juramento de Loaysa

"-Por cierto, señoras hermanas y compañeras mías, que nunca mi intento fue, es, ni será otro que daros gusto y contento en cuanto mis fuerzas alcanzaren; y así, no se me hará cuesta arriba este juramento que me piden; pero quisiera yo que se fiara algo de mi palabra, porque dada de tal persona como yo soy, era lo mismo que hacer una obligación guarentigia; y quiero hacer saber a vuesa merced que debajo del sayal hay ál, y que debajo de mala capa suele estar un buen bebedor. Mas, para que todas estén seguras de mi buen deseo, determino de jurar como católico y buen varón; y así, juro por la intemerata eficacia, donde más santa y largamente se contiene, y por las entradas y salidas del santo Líbano monte, y por todo aquello que en su prohemio encierra la verdadera historia de Carlomagno, con la muerte del gigante Fierabrás, de no salir ni pasar del juramento hecho y del mandamiento de la más mínima y desechada destas señoras, so pena que si otra cosa hiciere o quisiere hacer, desde ahora para entonces y desde entonces para ahora, lo doy por nulo y no hecho ni valedero.
Aquí llegaba con su juramento el buen Loaysa, cuando una de las dos doncellas, que con atención le había estado escuchando, dio una gran voz diciendo:
-¡Este sí que es juramento para enternecer las piedras! ¡Mal haya yo si más quiero que jures, pues con sólo lo jurado podías entrar en la misma sima de Cabra!
Y, asiéndole de los gregüescos, le metió dentro, y luego todas las demás se le pusieron a la redonda. Luego fue una a dar las nuevas a su señora, la cual estaba haciendo centinela al sueño de su esposo; y, cuando la mensajera le dijo que ya subía el músico, se alegró y se turbó en un punto, y preguntó si había jurado. Respondióle que sí, y con la más nueva forma de juramento que en su vida había visto.
-Pues si ha jurado -dijo Leonora-, asido le tenemos. ¡Oh, qué avisada que anduve en hacelle que jurase!"

Miguel de Cervantes, El celoso extremeño.

13 julio 2009

Vidriera y los malos poetas

"-¡Qué es ver a un poeta destos de la primera impresión cuando quiere decir un soneto a otros que le rodean, las salvas que les hace diciendo: «Vuesas mercedes escuchen un sonetillo que anoche a cierta ocasión hice, que, a mi parecer, aunque no vale nada, tiene un no sé qué de bonito!» Y en esto tuerce los labios, pone en arco las cejas y se rasca la faldriquera, y de entre otros mil papeles mugrientos y medio rotos, donde queda otro millar de sonetos, saca el que quiere relatar, y al fin le dice con tono melifluo y alfeñicado. Y si acaso los que le escuchan, de socarrones o de ignorantes, no se le alaban, dice: «O vuesas mercedes no han entendido el soneto, o yo no le he sabido decir; y así, será bien recitarle otra vez y que vuesas mercedes le presten más atención, porque en verdad en verdad que el soneto lo merece». Y vuelve como primero a recitarle con nuevos ademanes y nuevas pausas. Pues, ¿qué es verlos censurar los unos a los otros? ¿Qué diré del ladrar que hacen los cachorros y modernos a los mastinazos antiguos y graves...?

"Otra vez le preguntaron qué era la causa de que los poetas, por la mayor parte, eran pobres. Respondió que porque ellos querían, pues estaba en su mano ser ricos, si se sabían aprovechar de la ocasión que por momentos traían entre las manos, que eran las de sus damas, que todas eran riquísimas en estremo, pues tenían los cabellos de oro, la frente de plata bruñida, los ojos de verdes esmeraldas, los dientes de marfil, los labios de coral y la garganta de cristal transparente, y que lo que lloraban eran líquidas perlas; y más, que lo que sus plantas pisaban, por dura y estéril tierra que fuese, al momento producía jazmines y rosas; y que su aliento era de puro ámbar, almizcle y algalia; y que todas estas cosas eran señales y muestras de su mucha riqueza. Estas y otras cosas decía de los malos poetas, que de los buenos siempre dijo bien y los levantó sobre el cuerno de la luna."

Miguel de Cervantes, El licenciado Vidriera.

12 julio 2009

La española inglesa


Para este verano, patrocino entre mis amigos la lectura de las maravillosas Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes. Son la aventura en estado puro. Lo tienen todo, y no hay página, ni casi párrafo o línea que no deje boquiabierto de contento y gozo al lector. Esta mañana me he leído la historia de la española inglesa, en que de nuevo se juega con las apariencias, como nos comentaba Jesús. En este relato tampoco nada es lo que parece (unos ingleses que son católicos, y una inglesa que es española...). Muchos detalles me han fascinado (como el ritual de entrada de los buques en puerto), pero dejo que los descubráis leyendo esta historia tan simpática, que termina, ¡cómo no! en Sevilla y con un happy ending. Tan sólo me ha decepcionado la moraleja del último párrafo, que de tan moralizante casi no me parece de Cervantes, sino adventicio: Esta novela nos podría enseñar cuánto puede la virtud, y cuánto la hermosura, pues son bastantes juntas, y cada una de por sí, a enamorar aun hasta los mismos enemigos; y de cómo sabe el cielo sacar, de las mayores adversidades nuestras, nuestros mayores provechos.

05 julio 2009

Los caballeros poetas

"Acuérdome, amigo Mahamut, de un cuento que me contó mi padre, que ya sabes cuán curioso fue, y oíste cuánta honra le hizo el Emperador Carlos Quinto, a quien siempre sirvió en honrosos cargos de la guerra. Digo que me contó que, cuando el Emperador estuvo sobre Túnez, y la tomó con la fuerza de la Goleta, estando un día en la campaña y en su tienda, le trujeron a presentar una mora por cosa singular en belleza, y que al tiempo que se la presentaron entraban algunos rayos del sol por unas partes de la tienda y daban en los cabellos de la mora, que con los mismos del sol en ser rubios competían: cosa nueva en las moras, que siempre se precian de tenerlos negros. Contaba que en aquella ocasión se hallaron en la tienda, entre otros muchos, dos caballeros españoles: el uno era andaluz y el otro era catalán, ambos muy discretos y ambos poetas; y, habiéndola visto el andaluz, comenzó con admiración a decir unos versos que ellos llaman coplas, con unas consonancias o consonantes dificultosos, y, parando en los cinco versos de la copla, se detuvo sin darle fin ni a la copla ni a la sentencia, por no ofrecérsele tan de improviso los consonantes necesarios para acabarla; mas el otro caballero, que estaba a su lado y había oído los versos, viéndole suspenso, como si le hurtara la media copla de la boca, la prosiguió y acabó con las mismas consonancias."

Miguel de Cervantes, El amante liberal.

30 junio 2009

La gitanilla y el poeta

"–Pues la verdad que quiero que me diga –dijo Preciosa– es si por ventura es poeta.
"–A serlo –replicó el paje–, forzosamente había de ser por ventura. Pero has de saber, Preciosa, que ese nombre de poeta muy pocos le merecen; y así, yo no lo soy, sino un aficionado a la poesía. Y para lo que he menester, no voy a pedir ni a buscar versos ajenos: los que te di son míos, y éstos que te doy agora también; mas no por esto soy poeta, ni Dios lo quiera.
"–¿Tan malo es ser poeta? –replicó Preciosa.
"–No es malo –dijo el paje–, pero el ser poeta a solas no lo tengo por muy bueno. Hase de usar de la poesía como de una joya preciosísima, cuyo dueño no la trae cada día, ni la muestra a todas gentes, ni a cada paso, sino cuando convenga y sea razón que la muestre. La poesía es una bellísima doncella, casta, honesta, discreta, aguda, retirada, y que se contiene en los límites de la discreción más alta. Es amiga de la soledad, las fuentes la entretienen, los prados la consuelan, los árboles la desenojan, las flores la alegran, y, finalmente, deleita y enseña a cuantos con ella comunican.
"–Con todo eso –respondió Preciosa–, he oído decir que es pobrísima y que tiene algo de mendiga.
"–Antes es al revés –dijo el paje–, porque no hay poeta que no sea rico, pues todos viven contentos con su estado: filosofía que la alcanzan pocos. Pero, ¿qué te ha movido, Preciosa, a hacer esta pregunta?
"–Hame movido –respondió Preciosa– porque, como yo tengo a todos o los más poetas por pobres, causóme maravilla aquel escudo de oro que me distes entre vuestros versos envuelto; mas agora que sé que no sois poeta, sino aficionado de la poesía, podría ser que fuésedes rico, aunque lo dudo, a causa que por aquella parte que os toca de hacer coplas se ha de desaguar cuanta hacienda tuviéredes; que no hay poeta, según dicen, que sepa conservar la hacienda que tiene ni granjear la que no tiene."

Miguel de Cervantes, La gitanilla.

20 agosto 2006

Llegada a la ciudad


... Con todo esto, a la entrada de la ciudad, que fue a la oración y por la puerta de la Aduana, a causa del registro y almojarifazgo que se paga, no se pudo contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traía un francés de la camarada; y así, con el de sus cachas le dio tan larga y profunda herida, que se parecían patentemente las entrañas, y sutilmente le sacó dos camisas buenas, un reloj de sol y un librillo de memoria...

Habíanse despedido antes que el salto hiciesen de los que hasta allí los habían sustentado, y otro día vendieron las camisas en el malbaratillo que se hace fuera de la puerta del Arenal, y dellas hicieron veinte reales. Hecho esto, se fueron a ver la ciudad, y admiróles la grandeza y sumptuosidad de su mayor iglesia, el gran concurso de gente del río, porque era en tiempo de cargazón de flota y había en él seis galeras, cuya vista les hizo suspirar, y aun temer el día que sus culpas les habían de traer a morar en ellas de por vida...

[Fotografía: Torre del Oro y antiguo arenal de Sevilla]