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14 septiembre 2018

Nuevo elogio del ajedrez

Este verano, paseando por el mercado o rastro sevillano del Jueves, me encontré con un libro viejo de ajedrez, del campeón de España Dr. Ramón Rey Ardid, Los principios del ajedrez (Zaragoza, Tipografía "La Académica", 1943, 4ª ed.). Es un libro lleno de diagrámas y ejercicios, muy bien estructurado y contado. Me parece tan familiar como una gramática latina o un curso de geometría, y me ha estimulado a reverdecer mi afición al juego. Aprendí con siete años, aunque nunca he sido un "jugador de club", lo que siento como una carencia. Hacer un elogio del ajedrez, como el de cualquier otra actividad grata que no sea un deber (como es practicar el piragüísmo, estudiar inglés, asistir a conciertos de música, o leer a Stefan Zweig), parece un ejercicio escolar, pero es siempre necesario repetirlo. Este va a ser mi modesto elogio a un juego que me ha hecho disfrutar durante muchas horas de ocio. 

CABALLERESCO. En su origen el ajedrez debió ser un juego de aprendizaje de príncipes y caballeros, que completaba los entrenamientos de palestra. Platón y Aristóteles lo habrían estudiado en sus tratados políticos, si hubiesen conocido el juego. Pero el ajedrez tiene ya otro sentido en las sociedades modernas. El jugador puede sentirse como un príncipe (o como una dama, si es jugadora, no hay que olvidar la perspectiva amplia del género), y le libera mentalmente de un entorno desagradable. No digo sólo de la pobreza, pero también de los ambientes groseros de la gente adinerada. El ajedrez es un juego de gran elegancia espiritual, que puede cultivarse en cualquier barriada o pueblo del país. Representa la popularización del espíritu caballeresco. 

BARATO. El ajedrez es un juego muy barato, apto para ser un juego popular. El otro día me acerqué a la juguetería Osorno, en San Pablo (enfrente de la Magdalena), y me compré un tablero plegable de batalla, por sólo 15 euros. Una equipación infantil para jugar al fútbol (camiseta, calzón y calcetines), con el escudo de uno de los equipos de la ciudad, de marca, no baja de los 60 € (y además tienes que comprarte los botines, y costearte el balón). El ajedrez se juega en cualquier sitio, y basta con un tablero (aunque sea de papel), y las 32 piezas (aunque sean de plástico). El resto lo pone la imaginación de los jugadores. 

LIMPIO. Los jugadores de ajedrez suelen referir que casi nunca han presenciado (ni menos protagonizado) ningún enfado o discusión seria. El juego también consiste en comportarse ante el tablero como damas o caballeros. Es un juego transparente, en que son imposibles las trampas. No provoca comportamientos violentos, sino que hace pacíficos y tranquilos a los jugadores. Otros juegos (como el fútbol) no tienen más remedio que ser violentos, porque consisten precisamente en explotar la fuerza física. Tal vez por eso el fútbol sea sobre todo masculino. Pero la práctica conjunta del ajedrez y del fútbol sería lo más equilibrado. Yo propondría que en todas las escuelas de fútbol se incluyese en los programas de entrenamientos unas horas dedicadas al ajedrez. El futbolista jugaría mejor al fútbol.

UNIVERSAL. El ajedrez es universal, no tiene fronteras. No importa tu lengua, tu cultura, tu credo, tu nación. Frente al tablero todos los jugadores son iguales. El fútbol parece también serlo, pero el juego de la pelota es un privilegio masculino y de la juventud. El ajedrez es para todos, de todas las edades. Por eso inculca un sentido de convivencia y hermandad. El ajedrecista no será mejor o peor ciudadano o miembro de una familia, pero con el juego adquiere valores muy útiles para enfrentarse a la lucha por la vida.

Imagen [via]: "Ramón Rey Ardid, Doctor en psiquiatría y en ajedrez": Si un tablero tan pequeño no llega a dominarse, ¿cómo llegaremos a dominar nada en la vida?

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12 enero 2018

Gregorio Marañón en El Jueves

No voy a decir la simpleza de que Gregorio Marañón haya sido uno de últimos humanistas españoles, puesto que la aspiración al humanismo en la cultura, en la política, en la vida personal y familiar, debe ser una constante. Sí que Marañón ha sido un modelo eminente de médico consagrado al estudio y cuidado de los hombres. Su obra no pierde actualidad, garantía de su valor. Es admirable que representase tanto en la medicina, como en la literatura o en el pensamiento. Me interesa aquí recordar su obra histórica, que además gusta leer por su clara prosa, signo de inteligencia. Tampoco puede decirse que Marañón fuese un médico que escribía historias y biografías en los ratos libres que le dejaba la consulta, como si fuese un hobby ("Voz ingl. 1. m. Actividad que, como afición o pasatiempo favorito, se practica habitualmente en los ratos de ocio" [rae]). No, Marañón realizaba en sus libros cultos ese ideal del humanista de visión universal. No escribía simples biografías, como esos escritores populares de estilográfica fácil, tipo Stefan Zweig (inolvidable lectura de adolescente). Marañón, cuando escribía historia, no dejaba entonces de ejercer de médico, haciendo un tipo singular de biografía biológica, médica o psiquiátrica. Puede decirse que a Marañón, en cada figura que estudiaba le interesaba el hombre concreto de carne y hueso, no el personaje, la máscara. Por ejemplo (el título lo dice todo), su Tiberio, historia de un resentimiento (1939).

En el mercado sevillano de El Jueves es muy fácil encontrar cualquier libro de Marañón, porque sus obras son, aunque me desagrade expresarlo así, de conocimiento obligado (los libros de Marañón son de los que dejan impronta y nos hacen mejores). En mi último callejeo por la calle Feria, he encontrado un ejemplar viejo de El conde-duque de Olivares: la pasión de mandar (Madrid, Espasa Calpe, 1959), por el que me han llevado 5€. Reemplaza el librejo de la colección Austral en que lo leí antes, y ahora espero tener tiempo para volverlo a leer (debemos ser, como Marañón, traperos del tiempo).

Algún otro libro ha caído. Me limito a reseñar el de otro gran humanista español, José Camón Aznar, El arte desde su esencia ("Austral", 1968, 1€). Libros como éste de Camón Aznar ya sólo se encuentran en las pilas de libros viejos, como si fuesen basura, y mejor debieran reeditarse, como los de Marañón, porque son libros intemporales y plenos de sabiduría. Pero yo qué sé. Vox clamantis in deserto.

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13 febrero 2017

Divagaciones musicales

Algunas notas tenía en mis papeles, pero no he querido privilegiar ninguna. Prefiero divagar, sea sobre música, o sobre filosofía, o sobre teología, lo mismo da. Comienzo. El fin de semana supe del fallecimiento de José Luís Pérez de Arteaga [La Razón]. Tuve que enterarme precisamente oyendo la radio, Radio Clásica. Para la gente de mi generación Pérez de Arteaga ha sido como un ángel tutelar en las horas de estudio, tedio o soledad. Desde que éramos estudiantes lo escuchábamos en Radio Nacional. Cuando un hombre así muere, no nos debe invadir ni la nostalgia ni la melancolía, sino un sentimiento de amplio agradecimiento, por las horas que ha dedicado a sus oyentes. Además, Pérez de Arteaga ha legado a la cultura española un libro espléndido, un tratado sobre la vida, obra y discografía de Gustav Mahler [El Cultural].

Acabo de leer la "biografía breve" (vita brevis) de Martín Lutero, debida al historiador, especialista en historia de la orden agustiniana, Rafael Lazcano [San Pablo]. Escrita con suma elegancia, y de lectura grata. Presenta a un Martín Lutero sin apasionamiento (si esto es posible). A mi me ha abierto el apetito de leer la otra gran biografía en castellano, la antigua de Ricardo García Villoslada SJ [BAC]. Pero no lograremos ponernos de acuerdo sobre el "luteranismo". Tengo la impresión de que en aquel conflicto pesaron sobre todo motivos políticos. Si no hubiese sido Martín Lutero habría sido otro profesor de Wittenberg. Precisamente este domingo se ha leído (en las iglesias católicas) el capítulo 5 del evangelio de San Mateo, sobre la Ley: Nisi abundaverit iustitia vestra plus quam scribarum et pharisaeorum, non intrabitis in regnum caelorum. ¿Qué es la Ley, qué es la Justicia? Nada de lo que se piensa vulgarmente. Por eso dice: Sit autem sermo vester: “Est, est”, “Non, non”; quod autem his abundantius est, a Malo est. Sí, sí, no, no... Nada que ver con los letrados palabreros y leguleyos.


Una aguda inquietud sobre la Ley y la Justicia me ha llevado también estos días a releer ese diálogo tan instructivo de Platón, el Gorgias (en la traducción de Julio Calonge). ¿De qué trata el Gorgias? Aunque parece cuestión discutida, pienso que no ofrece ninguna dificultad responder: trata de la moralidad en la política. No puedo hacer más que recomendar que se lea el diálogo, si fuese posible de un tirón, una tarde, para no restarle el efecto intelectual que buscaba darle el maestro. Sócrates dice (cito muy de memoria) que el político debe hacer buenos a los ciudadanos. Hay que ser justos (yo diría que "equilibrados"), moderados, decididos. Y sufrir injusticia antes que cometerla. Por muy diversas razones se dice que este diálogo de Gorgias es de los más modernos de Platón. La moralidad pública (¿qué hacen nuestros gobernantes, y por qué?) es una cuestión palpitante. El diálogo comienza sometiendo a juicio a los tiranos (se pone como ejemplo al macedonio Arquelao, cuya historia nos parece mil veces contada, hasta nuestros días) y termina enjuiciando a los demócratas (con Pericles a la cabeza, acusado de corrupción). En este momento, yo resumiría el Gorgias diciendo que nos presenta dos versiones de la política: la política real (testimoniada por el interlocutor Calicles), en que predominan las pasiones y los intereses, y la política ideal (defendida por Sócrates), que debe obedecer a los principios morales. ¿Qué versión es la más verdadera? Después de leer, cerramos nuestro libro, y nos ponemos a reflexionar. Platón no nos impone una respuesta, aunque seduce con un bello "relato verdadero" sobre el juicio de ultratumba, donde cada uno recibirá su premio o castigo merecido.

Y ya que he terminado con mis divagaciones musicales, me voy con la música a otra parte.

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21 noviembre 2016

Memoria de don Antonio Domínguez Ortiz

La semana pasada ha muerto don Antonio Garnica, sacerdote, traductor de José María Blanco White [Abc]. Cumplimos años también para presenciar que el mundo se despuebla de nuestros maestros, hasta el día que nos marchemos nosotros también. Hoy quiero recordar al historiador sevillano don Antonio Domínguez Ortiz (1909-2003), de quien su amigo John Elliott ha dicho que ha sido uno de los grandes historiadores españoles del siglo veinte. El pretexto para hacer ahora una memoria de don Antonio, que continúa vivo en los estudios históricos, es que en la Feria del Libro Antiguo de este año, he repescado una biografía que se me quedó rezagada, escrita por el profesor Manuel Moreno Alonso, su discípulo: El mundo de un historiador. Antonio Domínguez Ortiz (Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2009). Este fin de semana de lluvia en Sevilla, he estado embebido leyéndola con grandísimo interés.

Pero antes de hablar un poquito del libro, me gustaría echar mano de un recuerdo personal. Era el otoño del año 1986, don Antonio estaba ya en la raya de los ochenta años, y yo andaba imberbe en quinto curso de la carrera de derecho. Me enteré por el periódico que Domínguez Ortiz daba una conferencia en la UIMP (no recuerdo si en el Alcázar, o dónde). No tuve mejor idea que irme la tarde anterior a buscar un libro cualquiera suyo, en la librería Padilla (que entonces estaba en la calle Laraña, enfrente de la Anunciación). Y di en encontrar, al azar, su Política y hacienda de Felipe IV (Madrid, Pegaso, 1983), que resulta que es uno de sus libros más importantes. Y a la tarde siguiente allá me fui con el libro... para pedirle una dedicatoria. Entonces Antonio Domínguez Ortiz era un personaje famoso, que disfrutaba de los honores merecidos por su larga vida de historiador. Recuerdo que al final de la conferencia le alargué el libro, susurrándole mi nombre, y me lo devolvió firmado, echándome una mirada indulgente y cariñosa, que aún no he olvidado, pasados treinta años.

Y ahora vuelvo a la biografía, El mundo de un historiador, escrita por Manuel Moreno Alonso, catedrático de historia contemporánea en la Hispalense. El profesor Moreno Alonso es un reconocible personaje de nuestra ciudad, con su aire de sabio distraído, fumador en pipa. Ha escrito esta biografía con la ventaja de haber tratado estrechamente a don Antonio Domínguez Ortiz. Dice que las biografías de historiadores no son habituales aquí. Lo bueno hubieran sido unas memorias del propio Domínguez Ortiz; pero al menos esta biografía está bien documentada con testimonios del propio historiador, y contiene en anexo una valiosa transcripción de una larga conversación mantenida con Moreno Alonso en su casa de Granada el año 2002, a unos meses de su muerte.

Para quienes somos profanos, no se nos pasa por la cabeza que la biografía de un historiador, más todavía en el caso de Domínguez Ortiz, siempre encerrado en las aulas o en los archivos y las bibliotecas, pueda tener algún interés. El caso es que sí. Esta biografía es el relato del empeño paciente de don Antonio por seguir su vocación de historiador, y los hitos de su éxito profesional, marcados por sus publicaciones constantes. También asistimos a los debates historiográficos del siglo XX, y a algunas de sus polémicas, como la absurda que mantuvo con el historiador israelí Benzión Netanyahu (el padre del primer ministro), sobre la condición de los conversos y el origen de la Inquisición (¿motivo religioso, motivo político?). Leyendo esta biografía nos asomamos al peculiar mundo universitario (que le negó la cátedra a Domínguez Ortiz), y a los historiadores españoles contemporáneos, como Jaime Vicens Vives, o a los hispanistas ingleses o franceses con los que trató.

Las páginas de la biografía de don Antonio Domínguez Ortiz que más me han gustado, son las que describen sus años formativos en su ciudad natal (nuestra ciudad), Sevilla. Y su opinión de que la investigación histórica se justifica por la curiosidad humana. Pienso que su "testamento literario", España, tres milenios de historia, escrito con soberana claridad y sencillez, se benefició de sus grandes dotes pedagógicas.

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26 junio 2013

Comunista y latinista


"Sabe latín", ha sido el comentario. Antonio Maíllo (el orator de la imagen), elegido nuevo coordinador de la coalición Izquierda Unida de Andalucía, sabe latín. Maíllo es profesor de instituto, y estudió lenguas clásicas en Sevilla [El País]. Parece que haya provocado sorpresa que un comunista sepa latín, como si los latinistas hubiesen de ser siempre por fuerza señores de derechas, o si los comunistas hubiesen de ser gente del pueblo en el peor sentido. No se acuerdan ya de Agustín García Calvo (1926-2012), profesor en la universidad de Sevilla y en la Complutense, traductor de Heráclito, Lucrecio y Shakespeare, que si no militó en el partido comunista, cuando menos sí que fue un ácrata notorio. Ni tampoco de aquel ministro de Franco, Solís, que se hizo famoso por el lema (no se sabe si apócrifo) de "más gimnasia y menos latín".

El latín no es de derechas. Aunque si estudiar latín sea de derechas o de izquierdas, me parece una pregunta impertinente (lo mismo que si leer a Rafael Alberti y Pablo Neruda o, del otro lado, a Dámaso Alonso y Luís Rosales). Tampoco el amor o el odio son sentimientos particulares de las izquierdas o las derechas, sino de todo hombre o mujer que viene a este mundo. Destra e sinistra [Bobbio] son un esquema distributivo de las ideologías y los partidos políticos, no de los hombres ni de los estudios y artes. El cultivo de la humanidad [Nusbaum], los estudios liberales sólo prosperan en libertad e igualdad (non est discipulus super magistrum; perfectus autem omnis erit sicut magister eius, Lc 6,40). Aunque a algún demente se lo parezca, ni Virgilio es un facha, ni Lucrecio un rojo, antes los dos han de interesar a todos. Virgilio, cantor de la patria, debe ser un caso que interese a un marxista. Y del otro lado, el materialismo de Lucrecio pudiese fundar un despotismo del signo que fuere, fascista o comunista.

Mi afición a las lenguas clásicas no es nada poética, pues me viene de un estudio tan desabrido como el derecho. No me parece exagerado afirmar que el derecho que hoy se practica en Europa no es sino el derecho de Roma, aplicado a las necesidades del tiempo. El profesor de filosofía del derecho en la UCA (Jerez Fra.), Francisco Carpintero, tampoco duda que Tomás de Aquino, en sus tratados de lege y de iure de la Suma Teológica, es el máximo analista de la jurisprudencia romana. El jurista occidental es un jurista romano, pues si el derecho es una forma de razonar, el derecho romano, que es un derecho prudencial, ha modelado la mente de los juristas de occidente, aunque hoy el latín se quiera reducir al adorno de brocardos latinos en los escritos forenses [L'Ape Latina].

El latín es valioso como instrumento auxiliar de las ciencias sociales (decir que su valor es instrumental no es menosprecio, porque toda lengua es instrumento de comunicación, y nada más). Por eso habría que caer en la cuenta del interés que los estudios clásicos tuvieron en la antigua URSS [csmonitor]. La tradición latina interesa al materialismo histórico. En su aspecto más inmediato, la historia de Roma siempre instruye sobre el origen del poder, sobre las pugnas y antagonismos de clase, sobre las relaciones de la ciudad de Roma y los pueblos sojuzgados, sobre el sostenimiento de un extenso ejército de ocupación nutrido de mercenarios, y sobre la explotación económica de las provincias.

Pero hay algo más, que es la cultura romana como depósito ideológico. Es propio de cada cultura inculcar insensiblemente las ideas y creencias vigentes. Platón explica en su diálogo sobre la República el empleo de la poesía en la educación de los jóvenes. Por eso hay quien (como Karl Popper) tienen al pensamiento político platónico como una prefiguración del totalitarismo, que consiste en la imposición de las ideas a la realidad. Son los filósofos críticos, como fueron Marx-Engels (Die deutsche Ideologie. Kritik der neuesten deutschen Philosophie in ihren Repräsentanten Feuerbach, B. Bauer und Stirner, und des deutschen Sozialismus in seinen verschiedenen Propheten [marxist.org]) quienes denuncian el uso interesado de las doctrinas, la religión y las artes, como justificación de un estado de hecho de explotación o alienación. Nihil novum sub sole

La pregunta constante hoy, que casi se ha abandonado ya el latín en las escuelas, es por qué estudiar latin [nytimes]. Seguramente hoy los motivos han de ser muy distintos del estudio del inglés. En los días de Marco Tulio Cicerón, los jóvenes de familias distinguidas de Roma estudiaban griego y hacían un viaje de estudios a Atenas, igual que hoy los jóvenes estudiantes de inglés van en verano a Londres, Nueva York o Dublín. Pero el griego del siglo I a.C., sobre su innegable valor cultural, interesaba entonces, como hoy el inglés, por los intercambios, el comercio y los viajes. El griego era la lengua internacional de la antigüedad. Así se explica que el evangelio primitivamente se divulgase en griego en la comunidad de cristianos de Roma, que la formaban muchos judíos transeúntes del Mediterráneo (caso de Aquila y Priscilla, compañeros de Pablo de Tarso). De seguir el ejemplo de los antiguos romanos, hoy no habríamos de estudiar como ellos el griego, ni menos el latín, sino la lengua internacional de la ciencia, los negocios y los viajes, que es el inglés.

En los días de Tomás de Aquino, la lengua internacional de los estudios era el latín, que consentía a un escolar de Nápoles matricularse en la universidad de París. No era la lengua latina un objeto del estudio (no había latinistas), sino el vehículo lingüístico de la ciencia: el derecho, la medicina o la teología. Aunque el mismo Tomás es, además de excelente escolar, un modelo de escritura precisa: Stilus brevis, grata facundia; celsa, firma, clara sententia [Lumen Ecclesiae]. El latín era entonces, como ahora lo es el inglés, la música de la ciencia.

La tradición latina ya no se identifica con ninguna ideología. La iglesia católica perpetúa el uso del latín [vaticano], pero el cristianismo es una religión, no un movimiento político (y algunos pensamos que tampoco un sistema de doctrinas, al menos preponderantemente). El latín es de todos, y puede ser también la lengua de traducción de Das Kommunistische Manifest seu Praeconium Communisticum. El latín es hoy una auténtica lengua global, en que se difunden las noticias del mundo [Ephemeris].

La mejor razón para estudiar hoy latín, la tradición latina, es que nos hace herederos del humanismo romano y europeo, que es universal, y no toma partido por ningún interés particular, de clase o ideológico. El latinista hoy no es un egipticista sino un hombre de su tiempo. Contemplando el pasado, proyecta su visión al futuro. El latín nos hace más hombres, más dignos y elevados, y por eso molestos al poderoso, a quien gustaría que el ciudadano corriente se limitase a descansar mirando el televisor.

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08 marzo 2010

Isla de Siltolá, revista de poesía

Este lunes, de vuelta a casa, encontré en el buzón el primer número de Isla de Siltolá, revista de poesía [Ediciones de la Isla de Siltolá]. Gracias a Dios, no comienzo la semana con una multa de tráfico, ni con el recibo de la luz, ni con la cuenta del cortinglés, sino en plan lírico, lírico.

A mí las revistas poéticas me gustan, aunque me saturen tanto como los museos. Suelo referir que en cualquier ciudad del mundo en que me halle, lo último que pienso en visitar son los museos, así sea el British Museum, el Louvre o los Musei Vaticani: me aburren soberanamente, y prefiero el callejeo desordenado y despistarme entre la gente. Y en cuanto a la poesía, me gusta oírla recitada o cantada con arrojo y convencimiento. Pero ya sé que hay poemas que se han compuesto como para leerlos en un breviario, en actitud cuasi orante (Juan Ramón...). Así pues, tampoco está mal leer en ocasiones versos en el gabinete.

Bueno, tengo motivos para tener afición a las revistas poéticas, que son casi objeto de coleccionismo. Entre los papeles que guardo con más aprecio, y que acabarán pereciendo, ay dolor, en un incendio, robo o inundación, si no en el mercadillo de El Jueves (vaya usted a saber), tengo cuatro números de la revista Ocnos (título tan previsible, siendo en Sevilla), que un cura de mi colegio sacó a ciclostil cuando yo estudiaba el bachillerato, en el curso 1979-1980. Por aquel entonces yo también, también, escribía poemas, y alguno me publicaron. De entonces p'acá los antiguos compañeros de pupitre ya nos hemos puesto corbata (real o figurada) y nos abandonaron irremediablemente las musas.

Pues ahora me llega por correo esta Isla de Siltolá, que dirige nuestro amigo Javier Sánchez Menéndez. Él me consentirá la broma de decir que si Javier no existiera, "habría que inventarlo". Y así lo creo, con sinceridad, porque Javier Sánchez Menéndez es, entre otras cosas más, un gran animador literario de Sevilla y au-delà, y eso es decir muchísimo en esta capital ecuménica de la poesía. La revista que anda por su número 1, y que se abre con un artículo de Aquilino Duque, no es oportunista, lo sé de buena tinta, sino que es el fruto maduro de toda una juventud literaria, la de Javier. Aquí todos los poetas son amigos suyos, porque él es amigo de las buenas letras.

Mentiría si dijera que me ha gustado toda la revista. Unas cosas sí, y otras no tanto. Es verdad que todos estos poetas son primeros espadas, por emplear una muletilla que seguro no le desagradaría oír a don Aquilino Duque. Tampoco creo que moleste (y si es el caso, con perdón) que señale lo que más me ha gustado, porque sí:

Mucho, los poemas de Juan Bonilla, al que confieso con rubor que no he leído hasta ahora. "Cuanto sé de mí" me ha hecho bastante gracia.

El artículo "Escolios a una poética implícita", de Enrique García-Máiquez, en que comenta una antología de escolios (i.e. aforismos) metaliterarios de Nicolás Gómez Dávila (aunque no soy gomezdavilófilo, por razones que no vienen al caso ahora).

Los dos poemas del asturiano Xandru Fernández, traducidos por José Luís Piquero, aunque no me explico que no se haya confrontado la versión con el original asturiano (se anuncia próxima edición bilingüe en la prestigiosa editorial Trea).

Y me parecen muy semejantes, por su potente creatividad verbal e ideológica, los poetas José María Cumbreño y Miguel Agudo, a los que leo con mucho interés.

En  cambio, no me han gustado los poemas de Miguel d'Ors y Luís Alberto de Cuenca. Esto lo digo porque soy admirador de la obra de ambos dos poetas, muy afines, de la misma promoción (¿novísima, postnovísima, post...?), y tal vez la expectación me traicione.

En fin, una barrilada poética, con la que comienzo de buen tono la semana. ¡Que Dios reparta suerte!


02 marzo 2009

Claves para la audición de Gustav Mahler

Afronto ahora el reto de exponer algunas ideas, si no nuevas o nunca dichas, sí al menos que he meditado personalmente, sobre el genial músico judío, director de orquesta y compositor, Gustav Mahler (1860-1911).

Cuando está próximo a celebrarse el centenario de su muerte, ya no hay lugar para hacer aspavientos sobre la extravagancia de sus obras. El consenso sobre el valor de su música es general: su discografía es amplísima, si la ponemos en relación con el repertorio breve de sus obras (Mahler murió joven, y se dedicaba a componer en el tiempo libre que le dejaba la dirección orquestal); no hay gran intérprete que no se precie de dirigir sus sinfonías, y cuantas veces se presente en un teatro su Canción de la Tierra, será un acontecimiento.

Debemos pues aceptar pacíficamente que estamos delante de un gran músico, uno de los mayores del siglo XX, y una de las cumbres de la historia musical de occidente. Así que merece la pena que hagamos el esfuerzo de una audición atenta de sus canciones y de sus sinfonías, reflexionando sobre algunas claves ideológicas que nos ayuden a entenderlas mejor.

El gran público, el común de los oyentes, asociará siempre el nombre de Mahler con el trillado Adagietto o cuarto movimiento de su quinta sinfonía. Es la vulgata mahleriana. Sin negar su intensidad lírica, no rara en el conjunto de sus páginas sinfónicas, nos parece que este pasaje no puede proporcionar una imagen suficiente del significado de la música de Mahler en toda su hondura. Es como si pretendiésemos entender El Quijote contentándonos con la lectura de sus primeros ocho capítulos (en que es verdad que se encuentran sus episodios más célebres: la vela de armas en la venta, la aventura de los molinos de viento, la batalla con el vizcaíno...).

Quien sólo conozca de Mahler ese Adagietto no puede hacerse idea de su música, que se sustenta -nos parece- en una visión del mundo caótico, desordenado, compuesto de oposiciones y contradicciones. Así también, como un espejo, parece la música de Mahler, en la medida en que la lógica compositiva le consintió expresar la confusión de lo real. El lirismo de algunas de sus piezas es tan sólo una de las posibles facetas de su música, necesaria pero incompleta para entender su mundo musical (y nuestro propio mundo). De este modo, las otras páginas de sus obras, que algunos calificarían de vulgares o estridentes, también componen el equilibrio de la música mahleriana. Entender su música es oírla compensadamente, como un todo orgánico: su mensaje es holístico.

De Gustav Mahler podría decirse algo semejante al título con que Heidegger calificó a
Friedrich Hölderlin: der Dichter des Dichters, "el poeta de poetas". Por razones análogas al caso de aquel poeta alemán, Mahler ha sido también un músico de músicos. No captaremos en plenitud su mensaje estético sin advertir que en sus obras realiza una constante reflexión sobre la música, en toda su extensión: desde la que se oye en las salas de conciertos, hasta los aires y tonadas de las fiestas de pueblo, los cantos litúrgicos del templo o las marchas militares. No cabe una audición inocente de la música mahleriana, porque demanda del oyente la consciencia de la tradición musical occidental, que él asume y reinterpreta definitivamente. La de Mahler es música de segundo grado.

Hay que oír la música de Gustav Mahler en el momento en que hayamos superado la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven. Mahler se proyecta desde ese hito de la música coral. Por eso no dudo que la recta audición de la obra de Mahler deba iniciarse con sus canciones o lieder. Toda su música es esencialmente cantable, hasta el caso más manifiesto de su Das Lied von der Erde.

Aunque nos estremezcan muchos pasajes tremendos de sus sinfonías, su música está compuesta siempre a escala humana. Esta afirmación puede parecer de cajón (la música la componen hombres), pero deja de ser evidente cuando volvemos la vista y el oído a la música sacra, que asciende a lo alto. La música de Mahler es terrenal, y nada hay más terreno que la voz humana, que expresa alegría o tristeza. De ahí que la presencia de las voces en su obra no sea accidental, sino que la califica esencialmente. Y ahora ya podríamos avanzar la tesis de que la música mahleriana es por este motivo religiosa, pero no sacral.

Antes de exponer mis ideas sobre la música de Gustav Mahler, parece conveniente recordar el conocido dictum de uno de sus grandes intérpretes, Leonard Bernstein (1918-1990): "Su tiempo ha llegado ya. Sólo después de cincuenta, sesenta, setenta años de holocaustos mundiales, de simultáneo avance de la democracia unido a nuestra creciente impotencia para eliminar las guerras, de magnificación de los nacionalismos y de intensiva resistencia a la igualdad social; sólo después de haber experimentado todo esto, podemos, finalmente, escuchar la música y entender lo que él había soñado ya" ["Mahler: His time has come", High Fidelity, 1967].

Aunque desde mis días de estudiante he estado abonado a la tesis de Arnold Hauser, de que la obra de arte no es exclusivo fruto de la eternidad que hay en nosotros, sino que se relaciona con las condiciones sociales del tiempo y lugar en que fue creada, creo que reducir a Gustav Mahler a profeta de las catástrofes de nuestra época, es empobrecerlo sumamente. Esta lectura puede ser muy pertinente, pero es reduccionista, y más aplicada a un músico. Toda obra musical se encarna en el tiempo, pero surge de un fondo intemporal: el espíritu del hombre músico.

Lo eterno en la obra de música explica el hecho trivial de que en un mismo concierto vespertino se pueda programar, sin aparente solución de continuidad, la ejecución de sonatas para piano de Bach, Mozart, Beethoven y Chopin, por ejemplo. Desde una perspectiva interpretativa "marxista" parecerá un anacronismo hermanar las obras de Bach y Chopin en una misma representación, porque sus contextos sociales y económicos nada tenían que ver. Pero la contemplación estética, la pura audición musical, disuelve esa contradicción y la resuelve en sincronicidad artística. Esta tarde, cualquier tarde, es momento para oír a Bach y a Chopin, reunidos sub specie aeterni.

El arte, habremos de concederlo, expresa los conflictos sociales en que está sumido el artista, pero tan sólo en un nivel superficial. En un plano más hondo, el arte es sobre todo expresión de los gozos y las tristezas del hombre, que son de todo tiempo y lugar: el arte es ecuménico. Y esto es cierto para la música de Mahler, obra de un tiempo porque aparece en un momento concreto de la secuencia de la tradición musical de occidente y de la historia de Europa, pero que posee cualidades eternas cuando medita sobre la vida del hombre sobre la tierra. Sólo aceptando este supuesto podemos esperar que en el porvenir se seguirá oyendo a Mahler en las salas de conciertos, o en los reproductores domésticos de música.

[Continuaremos en el próximo post ofreciendo claves para la audición de Gustav Mahler].

29 septiembre 2008

Intelectuales en prisión

Una nueva edición crítica del tratado De los nombres de Cristo, del maestro fray Luís de León, nos recuerda que padecer sufrimientos e injusticias es destino común de todos los hombres, por tanto también de los más excelsos intelectuales. No hay otra manera de callar el pensamiento, que encerrando y matando al pobre cuerpo del pensador.

Nuestro modelo es Jesús, que ante las autoridades judías y romanas padeció en silencio la condena a morir en una cruz. A su lado, la de Sócrates, relatada por los testigos, parece una muerte olímpica. Hacer un catálogo de intelectuales condenados sería tarea interminable: el teólogo Orígenes, el mismo fray Luís de León y fray Juan de la Cruz, Thomas More, Francisco de Quevedo, o ya en nuestro siglo, el pastor Dietrich Bonhoeffer, Nelson Mandela, o el cardenal F.X. Nguyen van Thuan... Estos son los nombres que ahora recuerdo, y que otros podrían ayudarme a completar.

Los escritos de prisión, como las cartas del defenestrado Lord Chancellor Moro, o del pastor Bonhoeffer, son de extremado interés: en ellas habla la verdad. Cuando el cuerpo del hombre ha sido despojado de todo lo supérfluo, de todo signo de distinción, y ha perdido la esperanza de salvar la vida, o de recuperar la libertad, el espíritu del pensador vuela más alto, a regiones más libres. Sus escritos por fuerza han de estar iluminados por la profecía. No es en los escritores acomodados, vanos y triviales, donde encontraremos la palabra que nos guíe por nuestros senderos.

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27 septiembre 2008

En recuerdo de Paul Newman


La foto de primer plano de Paul Newman, y James Mason, en estrados, de una de mis películas favoritas, El veredicto (1982). Reconozco que me gustan las películas "de juicios", no sé por qué (o sí sé por qué).

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26 septiembre 2008

La estirpe de Garcilaso

"La obra de fray Luís se asocia a menudo a la de otra cima de nuestra lírica, la de San Juan de la Cruz, alumno que fue de la Universidad de Salamanca por los años en que fray Luís enseñaba en ella, y aunque no consta que se trataran, en todo caso, sí es justo reunir sus nombres culminantes, si bien hay que señalar enseguida su profunda divergencia. Ni una sola reminiscencia clásica ha podido hallarse en el carmelita, aunque lo sabemos educado en las letras clásicas. Comparten dos bases comunes: el modelo bíblico y el ejemplo de Garcilaso. Fue la aptitud para conducir el sentimiento a un extremo emocionado y su maestría idiomática lo que ambos recibieron del toledano. Desde esa base, iban a seguir caminos muy diferentes, impulsados ambos por una extrema originalidad: fray Luís, fundándose en los claros ejemplos latinos, añorando transparentemente el ascenso al más allá; San Juan, haciéndose hermosamente enigmático para expresar el ascenso ya logrado.

"Dos cimas, más bien, dos llamaradas de arte verbal español que pueden fundar el derecho de nuestra lengua a contarse entre las muy primeras del mundo. En una parte decisiva, gracias a fray Luís de León, campeón de la memoria histórica que nos une al ser mismo de Europa, el de la clasicidad grecolatina, de la que España arranca. Esa memoria que hoy parece desvanecerse sacrificada a otros altares. Y con ese desvanecimiento, el de la dignidad suprema de la lengua castellana, y no sólo por su dilatada extensión. Al igual que Lope, podríamos decir que, si hoy viviera, fuerte león en su defensa fuera".


Fragmento del "estudio preliminar" de Fernando Lázaro Carreter, a la nueva edición del tratado De los nombres de Cristo (Barcelona, 2008).

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12 septiembre 2008

Benedicto XVI en el Collège des Bernardins

En su Viaje Apostólico a Francia, con motivo del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes, hoy 12 de septiembre Benedicto XVI ha pronunciado un importante discurso en el Collège des Bernardins, sobre la Palabra como lugar de encuentro con el Dios que buscamos. Puede leerse en la página web de la Santa Sede: Los orígenes de la teología occidental y las raíces de la cultura europea. Me gustaría reproducir un extracto sobre la palabra bíblica, en el que señalo que descarte, de una vez por todas, las lecturas fundamentalistas de la Biblia, aunque os recomiendo sinceramente la lectura completa de este discurso papal [el subrayado es mío]:

"El cristianismo capta en las palabras la Palabra, el Logos mismo, que irradia su misterio a través de tal multiplicidad. Esta estructura especial de la Biblia es un desafío siempre nuevo para cada generación. Por su misma naturaleza excluye todo lo que hoy se llama fundamentalismo. La misma Palabra de Dios, de hecho, nunca está presente ya en la simple literalidad del texto. Para alcanzarla se requiere un trascender y un proceso de comprensión, que se deja guiar por el movimiento interior del conjunto y por ello debe convertirse también en un proceso vital. Siempre y sólo en la unidad dinámica del conjunto los muchos libros forman un Libro, la Palabra de Dios y la acción de Dios en el mundo se revelan en la palabra y en la historia humana.

"Todo el dramatismo de este tema está iluminado en los escritos de san Pablo. Qué significado tenga el trascender de la letra y su comprensión únicamente a partir del conjunto, lo ha expresado de manera drástica en la frase: «La pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida» (2 Cor 3, 6). Y también: “Donde hay el Espíritu… hay libertad” (2 Cor 3, 17). La grandeza y la amplitud de tal visión de la Palabra bíblica, sin embargo, sólo se puede comprender si se escucha a Pablo profundamente y se comprende entonces que ese Espíritu liberador tiene un nombre y que la libertad tiene por tanto una medida interior: «El Señor es el Espíritu, y donde hay el Espíritu del Señor hay libertad» (2 Cor 3,17)."

[Imagen vía: Le Figaro]

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21 junio 2008

París, mayo 1968


Como ya está aquí el verano he hurgado en la librería en busca de novedades. Éste pinta muy bien. Se titula: París, mayo 1968. Crónica de un corresponsal, de José Julio Perlado. Reúne las crónicas del "mayo francés" del corresponsal de ABC, llegado a la capital pocos días antes. En realidad es una doble crónica, porque no se limita a reproducir los artículos de entonces, sino que, desde la perspectiva de 40 años pasados, los va explicando y situando en el contexto del momento. Además de unas escogidas ilustraciones (fotografías de los hechos y protagonistas, y de los recortes del ABC), el libro se completa con una introducción, o reflexión preliminar de lo que significó ese "mayo del 68", y una segunda parte, en que el autor, profesor de Periodismo en la Complutense, medita sobre "el oficio de corresponsal". Voy a disfrutarlo.

José Julio Perlado, París, mayo 1968. Crónica de un corresponsal. Madrid, Ediciones Internacionales Universitarias, 2008. Comentario en el blog de Juan Pedro Quiñonero (actual corresponsal de ABC en París): Mayo 68 y los corresponsales españoles.
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19 junio 2008

Sinéad O'Connor

El último álbum de la cantante irlandesa Sinéad O'Connor se llama Theology, y está compuesto de canciones de inspiración bíblica. Voy a hacer el ensayo de colgar el primer youtube en el blog, Something beautiful:



Vía: el atril
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04 junio 2008

El blog de Locomotoro

Me gusta leer blogs porque son una muestra espontánea de creatividad. No digo yo que cualquiera pueda escribir un blog, pero tampoco creo que sea necesario ostentar un título o maestría, ser profesor universitario, o artista, científico o poeta, para brillar en la blogsfera: basta con ser uno mismo.

Con decir esto no me olvido de los blogs de referencia de muchos profesores y periodistas, a los que admiro y sigo con mayor interés ahora que en la lectura de periódicos, y que están creando un medio nuevo de expresión. Pero también pienso que los impulsos más brillantes de humanidad pueden encontrarse entre los aficionados: los que no tienen otro propósito más que comunicarse con los demás.

Los blogs se parecen mucho a un juego de competición, porque fomentan esa sensación que creíamos haber olvidado en el colegio, que es el espíritu de emulación. Los buenos bloggers estimulan a que los demás también aspiremos a hacer un buen trabajo. ¿Tal vez mi visión del asunto es demasiado idílica?

Todas estas ideas que preceden es para destacar mi descubrimiento de un blogger,
Locomotoro, que reúne, creo yo, las virtudes antedichas, llevadas adelante simplemente con la sencillez del ser "uno mismo". Recomendado.

18 mayo 2008

La biología es para pensar

Nos ha llegado por correo este libro, coordinado por nuestro amigo, el biólogo salmantino Emilio Cervantes: Veintisiete libros y un prólogo abierto para una nueva biología (La Rioja, Ediciones Crimentales, 2008). Lo primero que me gustaría subrayar de este instructivo librito de 180 pp., es que es de edición de "bajo coste" (5 euros, más 2 de gastos de envío), y que está sujeto a una licencia Creative Commons. Ambas son condiciones que allanan la divulgación científica. Y una de las cosas que más me ha gustado del libro es su talante borgiano, porque, en el mismo espíritu de aquel bibliotecario ciego (!!), amigo de los catálogos y recensiones, éste de aquí se ocupa de comentar veintisiete libros relevantes para la nueva biología. Los libros siguen conservando, no ya tanto su prestigio, sino su valor en la formación de los científicos y pensadores.

Este libro colectivo milita, como ya sabemos por el blog de Emilio Cervantes, en el lado de los impugnadores del paradigma neodarwinista dominante (ver la recensión de La estructura de la teoría evolucionista, 2002, de Stephen Jay Gould). La nueva biología es la que se sustenta en la experimentación, que ha de preceder siempre a la ideación de explicaciones. Por eso queda inpugnada, para Emilio y tantos otros científicos, la "tautología darwinista", que no explica nada porque se ideó sin sustentarse en una base experimental, más que en la simple observación.

Para no especialistas como nosotros, son importantes las recensiones de los libros clásicos de Thomas Kuhn, Michel Foucault (Les mots et les choses) y Karl Popper (Conjeturas y refutaciones). No hay que perder de vista la dimensión histórica, incluso "evolutiva", del saber científico. Digno de nota es la Introducción al estudio de la medicina experimental (1865), de Claude Bernard, que anticipó a Popper en la distinción entre ideas y teorías científicas. Y es muy justo destacar a los biólogos divulgadores en lengua española, Máximo Sandín (Pensando la evolución, pensando la vida, 2006), y Fernando Vallejo (La tautología darwinista y otros ensayos de biología, 1998).

Termino destacando un concepto básico para comprender de qué se ocupa la biología, la ciencia de la vida. Dice Emilio Cervantes: "El problema clave en evolución y en biología en general es que la vida no puede analizarse sólo en términos objetivos o experimentales. Más allá de lo experimental, que aspira a ser reproducible, la vida es inasible, sorprendente. Su riqueza escapa a nuestra aprehensión" (página 156). Confiamos estar en sintonía con esta visión. Por eso hemos comentado en nuestro otro blog, el Parvulario tomista, que tal vez la última explicación de lo que sea la vida resida en instancias metafísicas, que son instancias que se sustraen a la observación y experimentación.

17 mayo 2008

George Orwell

George Orwell me parece el escritor inglés más relevante del siglo pasado. No sólo por sus ideas, muy próximas a un socialismo utópico, sino también por su clara y sobria prosa aticista. Comentar el valor de la prosa no me parece que huelgue, porque las palabras son el reflejo del pensamiento, y las cualidades formales de una escritura nos informan inmediatamente del valor ideológico de un autor. En el caso de Orwell, su forma de escribir congenia con su visión austera, casi ascética, de la vida. Con eso también digo que, por encima de sus novelas más populares (Rebelión en la granja, y 1984), hay que acudir sobre todo a sus series periodísticas y ensayos, para conocer de primera mano sus ideas. Alguien podrá advertirme lo arriesgado de afirmar la preeminencia de éste, o de cualquier otro autor, cuando en materias artísticas y poéticas el consenso es imposible y depende mucho de los gustos y aficiones. Sin embargo creo que hay una manera objetiva de medir la importancia de un autor, que es en su recepción social: un autor es destacado si se le lee mucho, y ha dicho algo sobre su tiempo a sus contemporáneos. Obsérvese, en el caso español, que Azorín pierde enteros frente a Pérez Galdós o Baroja, y en poesía el casticismo lorquiano es superado por el ideologismo de Cernuda (que no es casualidad que fuese influído por los poetas ingleses). En estos casos descubro que el público lector culto debe estar valorando la actitud ética sobre el formalismo estetizante. En el caso de Orwell, ampliamente leído por los jóvenes de toda Europa, no es difícil descubrir que ha indagado sobre las condiciones de vida de las masas de nuestro tiempo, y ha reflexionado sobre la materia humana que tuvo en cada momento más cercana, en las experiencias límite: la pobreza y la guerra. Los lectores españoles no tenemos disculpa para no leer su obra maestra, Homage to Catalonia.

05 mayo 2008

José Mª Izquierdo

"Pequeño, moreno, vestido de negro, con ojos interrogativos y melancólicos, la cara alargada por unas oscuras patillas de chispero. Siempre en la biblioteca del Ateneo, escribiendo los artículos diarios en que tiraba a la calle su talento, cuando no iba con su paso escurridizo atravesando el patio matinal de la universidad o camino del río en su cotidiano paseo vespertino.
"No parecía tener casa, esas cuatro paredes donde encerrarse en soledad con los recuerdos y esperanzas. Si alta ya la noche se le encontraba alguna vez por las callejas, camino del caserón de otros bajo cuyo techo albergaba su sueño, iba vencido, triste y oscuro como nunca. Porque en aquella casa había de morir, tras unos días de no vérsele en parte alguna, con muerte definitiva; él, que como en una vida provisional, estaba acaso aguardando mejores tiempos.
"Su amor por la poesía, por la música, ¿cómo podía conllevar aquellas gentes que le rodeaban? Con menos talento y cultura, con inferiores cualidades espirituales, otros le han oscurecido frente al público español. ¿Por qué se obstinó alicortado en su rincón provinciano, pendón de bandería regional para unos cuantos compadres que no podían comprenderle?
"Hoy, distantes aquellos días y aquella tierra, creo que de todo fue causa un error de amor: el amor a la ciudad de espléndido pasado, cuyo espíritu acaso quiso él resucitar, dando para ello lo mejor que tenía, sacrificando su nombre y su obra.
"Bécquer y Machado la dejaron tras sí. José María Izquierdo nunca la abandonó. Después de todo, ¡quién sabe! Durante sus horas de recogimiento silencioso, escuchando la música o en sus atardeceres junto al río, mientras se perdía así entre el ruido de los otros bajo el cielo nativo, tal vez gozó gloria mejor y más pura que ninguna".

Luís Cernuda, Ocnos.

Semblanza:
José Mª Izquierdo

04 mayo 2008

Mi repesca en la Feria del Libro de Sevilla

Si tuviera más tiempo prestaría mayor atención al buen número de actos públicos, presentaciones, conferencias, firmas de autores..., de la Feria del Libro. Yo la aprovecho para repescar algún libro que se me ha quedado rezagado el último año, sobre todo los de edición institucional, siempre peor distribuídos. Aquí van tres libros que he encontrado este año, con mi breve reseña:

María de Pablo Romero de la Cámara, Historia del Ateneo de Sevilla (1887-1931). Sevilla, Fundación Aparejadores, 2007 (2ª ed.). La primera edición es de 1982 y estaba agotadísima, muy demandada. Ésta de ahora es la segunda, facsímil de la original de los talleres de "Gráficas de Sur" de la calle San Eloy (incluso la cubierta de azulejos, bello distintivo de la colección de los aparejadores), a un precio muy ventajoso (10 euros, frente a los casi 40 del original). En la nueva introducción, el actual Presidente del Ateneo anuncia la preparación de otra Historia del Ateneo, desde la segunda República al tiempo presente, dirigida por el profesor Julio Ponce Alberca. El libro es interesante para los más jóvenes, que podrán asomarse en alguna fotografía al patio alto del viejo Ateneo de la calle Tetuán, que nosotros llegamos a conocer y frecuentar.

Pablo Levy, El observador y otros relatos / Der Beobachter und andere Erzählungen [edición bilingüe español/alemán]. Introducción, coordinación y edición de Anke Berns. Universidad de Sevilla, 2007. Las ediciones bilingües, sobre todo de poesía, no son raras. En esta misma colección universitaria es muy apreciable, por ejemplo, la Antología de poemas de Ezra Pound (Manuel Almagro Jiménez y Antonio Rivero Taravillo, 1991). Son menos habituales las ediciones bilingües de escritores españoles a cualquier otra lengua. Esta colección de relatos es de un cuentista argentino, de origen judeo-alemán, Pablo Levy (Buenos Aires, 1950), traducido en el "Máster de Traducción" de las lenguas española y alemana, de la Universidad de Sevilla. Puede ser muy útil para los aprendices de la lengua de Goethe y Martin Luther.

Y termino con una novedad de la Feria de este año:

Francisco Vélez Nieto (selec. y pról.), Poetas en el camino. Antología de poetas jóvenes en Sevilla. Sevilla, Nuño Editorial, 2008 [Poemas de -por orden alfabético-: Juan Antonio Arias, Javi Baena, Mario Barranco, Carmen Camacho, Ana Isabel Caride Pérez, Borja de Diego Lozano, Nuria del Saz, Antonio García Villarán, Sergio Gómez, José María Gómez Valero, Martín Lucía, Francisco Marín Paz, Isaac Páez Catalán, Saray Pavón Márquez, David Eloy Rodríguez, María Ruiz Faro, Lorena Salas Ruano, Ana María Saldaña Fernández, María Jesús Soler Arteaga, y Diego Vaya]. En esta "capital universal de la poesía", cada poco tiempo se edita una antología de poesía joven como ésta, testimonio del interés inmarchitable por la escritura poética. En su introducción, dice Vélez Nieto: "La poesía, pese a todo lo que se dice y habla de ella no es algo minoritario, cosa de elegidos. Falso. La poesía es propiedad de todos los espíritus sensibles, no exclusiva sólo de los poetas. A veces, ser lector de poesía es más emocional y bello que ser poeta. Aunque ésta sea una leyenda que se propaga insistentemente, no debemos aceptar a modo de resignación que los poetas componen una extraña minoría un tanto rara y especial."

03 mayo 2008

The haunted bookshop


Ejemplo de librería inglesa, reservada y arisca. Todos los castillos ingleses tienen fantasma, y todas las librerías inglesas están embrujadas...