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19 junio 2018

La oración mafiosa

... El Papa finalizó invitando a rezar “por los enemigos” porque, además “creo que todos nosotros los tenemos”. “Nos hará bien pensar en alguno que nos ha hecho el mal, que nos quiere hacer el mal o busca hacer el mal. La oración mafiosa es ‘me la pagarás’” pero “la oración cristiana es ‘Señor, dale tu bendición y enséñame a amarlo’. Rezamos por él” (el Papa Francisco, hoy martes 19 de junio de 2018).

Alguien cercano a mí ha tenido el privilegio de asistir esta mañana temprano a la misa en la "Casa de Santa Marta", en el Vaticano. La predicación ha versado, según medios de prensa, sobre algo tan cristiano, y tan difícil de entender para el mundo, como es el perdón y el amor a los enemigos [Aciprensa].

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12 abril 2018

Santiago Montoto en El Jueves

Esta mañana de jueves ha chispeado en Sevilla, y el día se prometía frío, feo y flojo (las tres efes) en el mercado o rastro sevillano de El Jueves. Algunos vendedores de libros se había ausentado, en vista del panorama (caso del ínclito Rodrigo y su hijo), pero otros han aguantado el chaparrón. Fui tempranero y antes de que nos lloviese logré encontrar una pieza que me gusta, la Nueva guía de Sevilla (Madrid, Plus Ultra, ca. 1950) de don Santiago Montoto, que un gitano tuvo el gusto de venderme por cinco pavos (todavía se encuentran ejemplares en los anticuarios a muy buen precio, sin contar alguna reedición de quiosco). De Santiago Montoto ya he hablado en otra ocasión [aquí]. 

A muchos sevillanos el apellido Montoto por fuerza les suena, porque la famosa calle de Luís Montoto (el padre de Santiago), es la que va desde el final de la calle Águilas (donde cae la Casa de Pilatos) y la plaza de San Agustín, todo derecho, hasta El Corte Inglés de Nervión. Es la calle donde están los célebres Caños de Carmona (vestigios del acueducto romano) y la Clínica Santa Isabel. Santiago Montoto también tiene una hermosa avenida en la ciudad, en la zona del puerto, donde atracan los cruceros que llegan a la dársena, enfrente del parque de María Luísa y por detrás del antiguo pabellón de Argentina en la exposición universal de 1929, hoy destinado a la Escuela Superior de Arte Dramático [Cultura]. Una avenida todo recta, ideal para rodar en bicicleta (yo lo he hecho muchas veces).

Como no sólo de libros viejos vive el hombre, es justo y necesario que también me haga eco de los libros nuevos que me han llegado. En la librería San Pablo de la calle Sierpes, por 3,14 euros, me he llevado la exhortación apostólica Gaudete et exsultate del papa Francisco, "sobre el llamado a la santidad en el mundo actual" (¡cuánto nos falta!) [vaticano]. Y el último libro suyo que me envía don Francisco Carpintero, el Diálogo sobre el derecho. Seduardus, o la difícil razón de la ley, que es una amena exposición de los temas iusfilosóficos en forma de diálogo, a la manera de Platón y de los humanistas del siglo XVI [EditorialY]. Francisco Carpintero es catedrático emérito de filosofía del derecho, y su último destino ha sido la universidad de Cádiz (campus de Jerez de la Frontera). Es un maestro en la gran tradición iusnaturalista, inspirada en Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Me remito a su página personal, donde explica su trayectoria y sus numerosas publicaciones [Carpintero].

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24 junio 2015

Luna llena en Semana Santa

Denso, suave, el aire
Orea tantas callejas,
Plazuelas, cuya alma
Es la flor del naranjo.

Resuenan cerca, lejos,
Clarines masculinos
Aquí, allí la flauta
Y oboe femeninos.

Mágica por el cielo
La luna fulge, llena
Luna de parasceve.
Azahar, luna, música,

Entrelazados, bañan
La ciudad toda. Y breve
Tu mente la contiene
En sí, como una mano

Amorosa. ¿Nostalgias?
No. Lo que así recreas
Es el tiempo sin tiempo
Del niño, los instintos

Aprendiendo la vida
Dichosamente, como
La planta nueva aprende
En suelo amigo. Eco

Que, a la doble distancia,
Generoso hoy te vuelve,
En leyenda, a tu origen.
 
Et in Arcadia ego.


Cuando leo que el papa Francisco ha tenido la ocurrencia, y se está pensando, establecer una fecha fija de la Semana Santa en el mes de abril, y no según el calendario lunar [aciprensa], (una pavada, en Argentina), no he podido evitar acordarme de la "luna de parasceve" del gran poema del poeta sevillano Luís Cernuda. ¡Santo Padre, no por favor!


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05 abril 2013

Jesuitas


Nunca tuve una idea clara de quiénes son los jesuitas, más allá del diccionario: "Se dice del religioso de la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola". Una definición que no me sirve, porque explica el significado del nombre (jesuita, de la Compañía de Jesús), pero que no dice en qué consiste ser jesuita. Los hay en todas partes del mundo (son misioneros), y hacen de todo (a mayor gloria de Dios). Nuestro escritor barroco Baltasar Gracián era jesuita, y el poeta inglés Gerard Manley Hopkins, y los teólogos Hans Urs von Balthasar, Karl Rahner, Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino. Y en fin, es jesuita el papa Francisco. ¿Qué tienen todos ellos en común? Pues sin exagerar digo que hasta ayer por la tarde no se me ha iluminado la mente sobre esta peculiar gracia (casi el carisma de lo no carismático, diría yo) que es llamarse, y ser, jesuita.

Durante la cuaresma, y ahora en Pascua, en mi parroquia estamos oyendo un ciclo de charlas sobre las Bienaventuranzas de un veterano jesuíta, el padre Adolfo Chércoles S.J. Todo un privilegio. Chércoles ha sido cura obrero (un ministerio o servicio que ya no entendemos, ahora que a los curas lo que les gusta es volver a vestir y lucir de cura). Fue misionero entre los guaraníes de Argentina y Paraguay y con los gitanos del barrio granadino de Almanjáyar, donde vive [ACHEESIL]. Tiene una chispa para atrapar a sus oyentes contando cuentecillos e historietas graciosas o edificantes, en el más puro estilo agádico. En esto imita a la figura de Jesús, en esa virtud suya de contar cuentos morales y parábolas. Y sabe explicar con mucho gracejo el evangelio, y las actitudes, muchas veces ramplonas, a ras de suelo, de sus personajes.

Cuando el jesuita Jorge Bergoglio fue elegido papa, una de las tardes que al padre Chércoles le tocaba dar su charla, me acerqué a él por los pasillos del salón de actos y le pregunté si iba a comentar algo del nuevo papa.
-No, es que no tenemos tiempo... Esta noche tengo que volver a Granada en autobús... - me respondió.
-¿Y qué le parece un jesuíta con carisma franciscano?
-¡Pues me parece bien! Es que el carisma franciscano es universal.

Realmente la figura de estos jesuitas, de Chércoles y del mismo Bergoglio, de torpe aliño indumentario al modo machadiano, esconde una significación nada evidente. Bergoglio usa zapatones, y Chércoles un chaleco vuelto, corrientucho (como el que usa en la imagen, que le vi ayer mismo). Pero las apariencias son lo de menos, como enseñó también Antoine de Saint-Exupéry por boca de su príncipe infante, en el más puro estilo ignaciano: on ne voit bien qu'avec le cœur. L'essentiel est invisible pour les yeux. 

Porque el carisma jesuítico está ya explicado insuperablemente en la primera "anotación" de los Ejercicios espirituales de San Ignacio: "por este nombre, exercicios spirituales, se entiende todo modo de examinar la consciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras spirituales operaciones, según que adelante se dirá. Porque así como el pasear, caminar y correr son exercicios corporales; por la mesma manera, todo modo de preparar y disponer el ánima para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman exercicios spirituales". 

Así que lo jesuítico, si vale decirlo así, es un proceso interior, no evidente ni visible. Lo visible (el poder, las riquezas, la altanería) nos separan. La bienaventuranza interior (la pobreza de espíritu y lo demás) nos une. Así me explico los gestos del papa Francisco. El Jueves Santo celebró la Misa en un correccional de menores de Roma, y le lavó los pies a doce jóvenes, entre ellos dos chicas, una de ellas musulmana. Un cura liturgista madrileño, de cuyo nombre no quiero acordarme, ha puesto el grito en el cielo, en un artículo publicado en La Gaceta de los Negocios, diciendo poco menos que hay que ver, que el papa no sigue las rúbricas del rito romano. Nuestro amigo el cura Carlos Ros, en hoja volandera de su "parroquia de papel", ha corregido a ese doctor en liturgia con mucha finura: “Cuando en la mesilla de noche se tiene de libro último de consulta el Código de Derecho Canónico y las normas litúrgicas y no el Evangelio, ocurre esto”.

Lo evidente, lo que ha hecho que se rasguen las vestiduras a los apegados a la letra, es que el papa no respetase las rúbricas (las "reglas que enseñan la ejecución y práctica de las ceremonias y ritos de la Iglesia católica en los libros litúrgicos", según el diccionario). Vaya por Dios, la letra. Pero lo esencial, lo no manifiesto a los ojos, es que el papa siguió el mandato del amor al prójimo, como en la parábola del buen samaritano, donde el Maestro nos enseñaba que la misericordia trasciende a las clases y las etnias. En lo esencial, que es invisible a los ojos, todos somos hijos de Dios. Esta me parece una gran lección ignaciana del papa Francisco (que ha querido recordar en su escudo, con una estrella de ocho puntas, a las ocho Bienaventuranzas).

Las conferencias del padre Chércoles S.J. sobre las Bienaventuranzas del evangelio están editadas. Pueden descargarse en pdf [aquí].

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15 marzo 2013

El papa Francisco

Reproduzco con su autorización la carta de la "parroquia de papel" del sacerdote sevillano Carlos Ros Carballar, cuando acaba de elegirse el nuevo papa Fracisco:

Mis queridos parroquianos: Habemus papam. Y acontecimiento tan importante en la vida de la Iglesia no puede quedar sin una reflexión de vuestro párroco, aunque sea la más humilde de las reflexiones de todas las que pululan por los medios de comunicación social.
Uno, que es algo leído, no solo ha consultado toda la prensa que ha podido, también ha chequeado algo de la italiana. Y en Corriere della Sera apareció en primera plana una viñeta que me ha hecho sonreír y que puede ser premonitoria. Está el papa rodeado de cardenales en la balconada de la basílica de San Pedro en la noche de su anuncio. El papa dice a la multitud:
—Mis hermanos cardenales me han dado una sorpresa.
Y añade a continuación:
—Pero eso no es nada con la sorpresa que les voy a dar a ellos.
Y creo como primera impresión que va a resultar así. Ya ha dado algunas pinceladas de ello. Y solo lleva un par de días de papa. La primera sorpresa: el nombre elegido. Inédito en la historia del papado. Francisco, como el Poverello de Asís.
Me ha hecho recordar cómo Francisco de Asís hizo una peregrinación a Roma en 1206. Ante la basílica romana —no la actual, sino la anterior, la constantiniana— se arremolinaba una legión de pobres mendigos, ciegos, paralíticos y lisiados. En solidaridad con aquellos desgraciados a los que él llamaba «nuestros hermanos en Cristo», cambió sus vestidos con uno de ellos y «cubierto de harapos, pasó todo aquel día en medio de los pobres con extraordinario gozo de espíritu». Cuando volvió a su tierra, Francisco visitaba con frecuencia el leprosario de San Lázaro, cercano a Asís.
Llegado el otoño, mientras se hallaba absorto en oración en la pequeña iglesia semiderruida de San Damián, oyó que el Cristo de la pared le hablaba:
—¡Francisco, ve y repara mi casa, que está a punto de arruinarse toda ella!
Francisco lo entendió como el arreglo de aquella ermita ruinosa que será conocida como la Porciúncula. Con  algunos amigos se puso a la loca aventura de su reconstrucción.
Un tiempo más tarde, el 24 de febrero de 1208, oyendo misa en la Porciúncula, unas palabras del evangelio de Mateo se le clavan en su mente:
—Proclamad que el reinado de Dios está cerca, curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. De balde lo recibisteis, dadlo de balde. No os procuréis oro, plata ni calderilla para llevarlo en la faja; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas ni sandalias ni bastón, que el bracero merece su sustento...
A Francisco se le aclaró de golpe su vocación. Con una vestimenta de saco y una cuerda a la cintura, comenzó a predicar en Asís y alrededores. El 16 de abril, el noble Bernardo de Quintavalle decide repartir sus riquezas entre los pobres y se hace compañero de Francisco. En esa primavera de 1808 se le unen otros compañeros. Y etcétera. Nace el franciscanismo en la Iglesia, con una señal específica de testimonio de la pobreza en el mundo.
¿Será verdad que esta Florecilla de san Francisco se haga realidad siglos después?
Creo que el papa Francisco, por los datos biográficos que he podido leer, tiene visos de ser un nuevo Poverello que se ha sentado en la mismísima silla de San Pedro.
¡Dios lo quiera y nosotros lo veamos!
El Espíritu Santo, que guía a la Iglesia, le ha tenido que susurrar:
—¡Francisco, ve y repara mi casa, que está a punto de arruinarse toda ella!
Una segunda sorpresa de esta primera hora es la edad del nuevo papa: 76 años, cuando se esperaba un papa más joven, allá por los sesenta. Benedicto XVI fue elegido con 78 años y le ha durado el vigor del cuerpo ocho años. El papa Francisco es un pelín más joven, y con medio pulmón menos. Echémosle también otros ocho años, más que suficientes para poner a la Iglesia en ese nuevo clima de austeridad, de sencillez, de voz que viene del fin del mundo, como él mismo dijo, del hemisferio sur, donde anidan las masas más grandes de pobreza, frente al hemisferio norte con sus riquezas. Creo que el Espíritu Santo ha obrado como el que es y se ha reído de todos los pronósticos, quinielas y demás augurios de todos nosotros, que esperábamos un papa más joven. Y los tiempos, yo creo, no está para ello, todo es ya inmediato y no hay cuerpo humano que resista la ingente labor que se acumula a la mesa de un papa. Una media de ocho años me parece muy bien. El Espíritu es sabio.
Por último, el papa, cosa inédita también, ha pedido que antes de bendecirnos él, le bendigamos nosotros a él. Pues hagámoslo, queridos parroquianos, pidamos por el papa, porque seguro estoy que no solo a los cardenales, también a la Iglesia y al mundo, va a dar más de una sorpresa esperanzadora.

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14 marzo 2013

Un papa poverello para el siglo XXI


Es el papa que la iglesia católica necesita. Un poverello, Jorge Mario Bergoglio SJ, que ha adoptado el nombre muy significativo de Papa Francesco. Han sido sus primeras palabras, en San Pedro: "Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad". Esa es mi esperanza, una iglesia abierta al mundo, en espíritu pobre y fraterno. El diario británico The Guardian, lo ha definido muy bien: Pope Francis: the humble pontiff with practical approach to poverty [Guardian]. No le deseo larga vida, porque esta no es nuestra patria definitiva, sino que al menos tenga lugar a darnos testimonio auténtico del evangelio, en espíritu franciscano.

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