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07 octubre 2008

Judas Iscariote y la crisis financiera internacional

Judas Iscariote, uno de los doce, que tenía encomendado administrar los dineros del Maestro y sus seguidores, tendría mucho que decir en la actual coyuntura financiera mundial. Hoy Mr. Iscarioth sería un gurú de la banca, y se dedicaría a impartir conferencias en las principales universidades y plazas bursátiles sobre la crisis de las "hipotecas subprime". De algún modo me lo sugiere el último post de la excelente bitácora de Mary White. Y también lo que nos dice Don Francisco de Quevedo:

"He reparado que el sagrado Evangelista llama a Judas ladrón y robador, y no se lee en todo el Testamento Nuevo que hurtase nada, y esto dijo de él en la ocasión del ungüento de la Magdalena, donde no hurtó cosa alguna. Señor, en esta ocasión del ungüento, ya que Judas no hurtó el ungüento, se metió a arbitrista; y en todos los cuatro evangelios no se lee otro arbitrio, ni que escriba ni fariseo tuviese desvergüenza de dar a Cristo Jesús arbitrio. Que Judas fue arbitrista, y que el suyo fue arbitrio, ya se ve; pues sus palabras fueron «que se podía vender el ungüento, y darse a los pobres.» Resta averiguar si el arbitrista es ladrón. No sólo es ladrón, sino robador. Por esto no se contentó el texto sagrado con llamarlo Fur, sino justamente Latro; Fur erat, et latro. «Era robador y ladrón.» Sólo el arbitrista hurta toda la república, y en ella uno por uno a todos. Tránsito es para traidor, arbitrista; y no hay traición sin arbitrio. Judas le dio para vender a Cristo y para entregarle: arbitrio fue la venta. No le faltó a Judas el entremetimiento tan propio de los arbitristas, pues sólo él metía la mano en el plato con su Señor. Al que dan el arbitrio, le quitan lo que come. Éstos, Señor, no sacan la mano del plato de su príncipe: quien quisiere conocerlos, búsquelos en su plato, que hallará su mano entregada en su alimento. En toda la vida de Cristo no se hace mención de Judas, sino en arbitrio y traición. Y debe ponderarse que sólo en el huerto le hizo caricias, besó a Cristo y le saludó, llamándole Rabbi, Maestro. Mucho deben temerse aquellos ministros que son arbitristas, y meten la mano en el plato con su señor, y sólo le saludan, y agasajan y besan en el huerto." [Política de Dios y gobierno de Cristo,
segunda parte, capítulo VII).

[En la imagen, recuerdo del lema de
Gordon Gekko, greed is good (la avaricia es buena)].

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05 octubre 2008

Malos con premio: Judas

Me proponía recorrer la historia de los "buenos castigados", pero un lector del blog me ha sugerido mejor hacer una lista de ejemplos contra ejemplares, buscando los casos inagotables de "malos con premio". Con algo de mala uva, podríamos comenzar con algún político español contemporáneo (cada uno según sus fobias), pero eso es tan fácil (así se las ponían a Fernando VII) que vamos a descartar al governo ladro de momento. ¿Por qué no empezar por Judas, el malo malísimo por antonomasia? Así relata el evangelista Mateo la traición (y el arrepentimiento):

"Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle. [...] Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.» [...] ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca.» Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle.» Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso. Jesús le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron. Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Y después de atarle, le llevaron y le entregaron al procurador Pilato. Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: «Pequé entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú verás.» El tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.» Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura para los forasteros. Por esta razón ese campo se llamó «Campo de Sangre», hasta hoy." (Mt, 26-27).

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