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14 julio 2008

Agnosticismo: Manuel García Morente

Entre los agnósticos españoles debe mencionarse a la gran figura intelectual de Manuel García Morente (1886-1942), catedrático de Ética en la Universidad Central. Siempre que hallo ocasión recomiendo dos de sus libros: las Lecciones preliminares de filosofía, tomadas al dictado en la Universidad de Tucumán (1937) que reproducen la viveza de sus clases orales, espléndida iniciación a los estudios filosóficos; y el relato de su conversión a la fe, explicada en una carta privada que póstumamente se ha publicado con el título de "El hecho extraordinario".

En este relato del hecho extraordinario, planteado casi como un thriller místico, el filósofo, obligado a exiliarse en París en 1936, va encontrando en los sucesos paradójicos de su vida diaria la traza de un "conductor" que lo va guiando a su antigua fe. La lectura, también, es extraordinaria: pensamiento puesto en acción. Hemos tenido noticia que ha sido vuelto a editar por la editorial de los dominicos de Salamanca,
San Esteban. Un libro capital de nuestra cultura, que os recomiendo.

Advertencia a los lectores. Circula por internet una versión vulgarizada y abreviada de "El hecho extraordinario". Es una mutilación de un texto más extenso, escrito en primera persona.

24 junio 2008

Agnosticismo: Thomas Huxley

"El agnosticismo, de hecho, no es un credo, sino un método, cuya esencia se basa en la rigurosa aplicación de un único principio. Ese principio es de gran antigüedad; tan viejo como Sócrates; tan viejo como el autor que dijo: “pruébalo todo y quédate con lo bueno”; es el fundamento de la Reforma, que simplemente ilustró el axioma de que todo hombre debe dar razón de su fe; es el gran principio de Descartes; es el axioma fundamental de la ciencia moderna. Positivamente el principio puede expresarse así: Sigue tu razón tan lejos como te lleve, sin preocuparte de nada más. Y negativamente así: En asuntos del intelecto, no pretendas que ninguna conclusión sea cierta si no está demostrada o no es demostrable. Esto tengo como la fe agnóstica, que si un hombre guarda íntegra y sin mácula, no se avergonzará de mirar al universo a la cara, sea lo que fuere lo que el futuro le tenga deparado."

Agnosticism, in fact, is not a creed, but a method, the essence of which lies in the rigorous application of a single principle. That principle is of great antiquity; it is as old as Socrates; as old as the writer who said, 'Try all things, hold fast by that which is good'; it is the foundation of the Reformation, which simply illustrated the axiom that every man should be able to give a reason for the faith that is in him, it is the great principle of Descartes; it is the fundamental axiom of modern science. Positively the principle may be expressed: In matters of the intellect, follow your reason as far as it will take you, without regard to any other consideration. And negatively: In matters of the intellect, do not pretend that conclusions are certain which are not demonstrated or demonstrable. That I take to be the agnostic faith, which if a man keep whole and undefiled, he shall not be ashamed to look the universe in the face, whatever the future may have in store for him.

Thomas Huxley,
"Agnosticism" (1889)

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23 junio 2008

Agnosticismo

"De los dioses no sabré decir si los hay o no los hay, pues son muchas las cosas que prohíben el saberlo, ya la oscuridad del asunto, ya la brevedad de la vida del hombre." [frase de PROTÁGORAS, según el testimonio de Diógenes Laercio en las Vidas de los filósofos más ilustres].

Esta es una de las formulaciones más antiguas del problema del agnoscitismo: no sabemos, ni disponemos de medios para saber si Dios existe. La actitud agnóstica es propia de intelectuales, porque nace de la reflexión y de la búsqueda de razones para creer, aunque la experiencia nos diga que nunca encontraremos un razonamiento que nos convenza. En cambio la fe consiste en aceptar confiadamente lo que creyeron nuestros mayores y nos enseñaron, sin hacer mayor cuestión de ello. Por eso agnóstico sólo pueden serlo los filósofos, sabios y pensadores; pero creyente puede serlo hasta un analfabeto.

La mayoría de nosotros cree, si no nos deslizamos en la indolencia de la buena vida. Y el agnóstico quisiera creer, pero se lo impide su actitud inquisitiva y desconfiada. Por el contrario el ateísmo es insostenible, porque es infundado: más bien todo lo que nos rodea impele poderosamente a creer en la existencia remota de un Creador. El ateo renuncia a explicarse de dónde viene este teatro del universo, pero no ofrece ninguna buena razón de que todo lo que hay exista porque sí.

El agnóstico, quien dice no saber si creer, está a un paso de la fe, que se apoya en la confianza y no en las pruebas. Y tan es así, que el creyente que busca argumentos de su fe se hace fácilmente agnóstico atravesando la raya del desconocimiento. Al agnosticismo y la creencia sólo los separa un grado, que consiste en pasar de los argumentos racionales al refugio de la tradición.

Pienso que el agnosticismo es digno de un estudio atento, incluso mayor que el de la fe. No tanto por la circunstancia, a la vista de todos, de que en los países prósperos nos ilusionamos con poder vivir sin invocar a Dios todos los días. Hay algo más.

La historia del pensamiento nos sugiere que el hombre pensativo, abandonado a su suerte, puede inclinarse indistintamente a creer o a no creer, y con mayor facilidad a la increencia, porque es la actitud que nos parece que mejor se acomoda a este mundo dispuesto a nuestra medida, donde no encontramos ninguna señal de Dios, y los hombres sufren y padecen injusticias.

Por eso los teístas, con Santo Tomás de Aquino al frente, pensaron que la primera tarea de la teología es argumentar la existencia de Dios, porque no es evidente ni salta a la vista, y se da por supuesto que lo espontáneo es no creer, porque no vemos que Dios nos socorra en nuestros aprietos.

En los próximos posts haremos algunas reflexiones sobre el agnosticismo. No esperamos conmover a ningún agnóstico para que crea, pero al menos le proporcionaremos materiales para su propia reflexión. Al agnosticismo se llega por el pensamiento, y por el mismo camino se habrá de escapar de él.
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