Este Majao ya ha saltado al ruedo de las librerías. Hace casi dos años, con este optimismo mío incurable a pesar de las adversidades que me acosan, anunciaba que el Majao sería libro [enlace]. Dije entonces que "en uno de esos momentos tontos y repentinos en que, como decimos castizamente, nos liamos la manta a la cabeza, he decidido que voy a publicar en forma de libro una selección de notas de este majao público. Anunciándolo a la vista de todos ya no podré echarme atrás, y si todo va bien el próximo otoño podré lanzarlo a la plaza pública". Entre las reacciones de colegas blogueros a mi anuncio, conté con la de Gregorio Luri, de El café de Ocata [enlace], que muy merecidamente abre ahora la colección Álogos, haciéndonos honor a los que le seguimos con más modestia.Bien se ve que el proceso de editar es moroso, y los meses fueron pasando como el agua de la acequia. Mi idea primera, muy vaga, era autoeditarme, esto es, rascarme el bolsillo y costear la edición para repartirla entre familia, amigos, conocidos o saludados. Pero hace cosa de un año me salió al paso Javier Sánchez Menéndez [enlace], aparecido como un ángel, para invitarme a publicar en las Ediciones de la Isla de Siltolá [enlace]. El otoño pasado cumplí la palabra dada de enviarle una selección de 50 entradas del blog, lo que no me resultó después de todo fácil, y que completé contra reloj. Al final, estoy muy satisfecho del resultado, cuyo mérito en buena parte es del tipógrafo Abel Feu [enlace].
Cuantas veces publique, tomaré interés en que algún amigo me obsequie con un prólogo. No es esta práctica, como pudiera pensar algún malintencionado, un acto de vanidad, ni una estrategia mercadotécnica. Me lo tomo como una forma de compartir página, igual que los matadores se ceden los toros en el tercio de quites. En esta ocasión, me siento muy satisfecho por el brindis de Enrique Baltanás [enlace], que ejerciendo su oficio de maestro ha hecho para el prólogo una estupenda reflexión (a mí me lo parece) sobre el género blog.
La experiencia más valiosa de un blog, aparte de la terapia del mismo escribir, es la de relacionarse con amigos o con perfectos desconocidos, a los que uno va cobrando aprecio. Cuando hojeéis este libro mío, Ovejas y cabritos, veréis que menciono un buen número de bloggers, citando oportunamente su dirección de internet. No son todos los que han visitado mi blog, pero sí un buen grupo. A todos os estoy muy agradecido, por los ratos compartidos a distancia.
Preveo, como ya ha sucedido, que muchos me pregunten por el título del libro: Ovejas y cabritos. Es un sintagma que está tomado, como es fácil de descubrir, de una parábola de Jesús (Mt 25,32). Aunque acaso pudiera interpretarse, malévolamente, como una forma de categorizar a nuestros semejantes, igual que el escritor, premio Nóbel, Camilo José Cela, que dividía a la humanidad en amigos e hijos de puta. Sobre clasificaciones como ésta habría que tener mucha prevención, porque no sabemos en qué categoría nos clasificarán los que nos circundan. Curándome en salud, diré, como dicen en mi tierra, que tó er mundo é güeno.
En fin, os espero aquí, en este Majao Público, o en las páginas de mis Ovejas y cabritos. Si no lo encontráseis en vuestra librería, podéis dirigiros a Ediciones de la Isla de Siltolá [enlace].