Majao (p.p. de majar) [derivado del latín "malleus" (martillo)]: 'quebrantado a golpes, machacado', y también 'molesto, cansado'. Público (adj.): 'notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos'.

24 octubre 2016

El ayuno del fariseo de la parábola


En el evangelio dominical, en que se leyó la parábola del fariseo y el publicano (Lc 18,9-14), me llamó la atención que el fariseo dijese en su oración que ayunaba "dos veces por semana". Me parecía una práctica caprichosa, pero me faltaba documentarme. Luego, consultando el pasaje en griego y latín, me sorprendió la alusión al sábado (gr. dís tu sabbátu, lat. bis in sabbato). Todas, todas las versiones que tengo a mano traducen (y bien) la frase invariablemente por "dos veces a la semana". Valgan como muestra la Biblia Americana (ing. I fast twice a week) [NAB], o la de Lutero (al. Jch faste zwyr ynn der wochen) [wiki]. Desde luego hubiera sido una traducción errónea "ayuno en sábado", porque el sábado es día de descanso, pero no de ayuno (ver el tratadito de Simon Philip De Vries, Ritos y símbolos judíos). 

La Bibbia de la Conferenza Episcopale Italiana contiene una magnífica nota explicativa. Los fariseos piadosos del tiempo de Jesús, además del ayuno público, practicaban el ayuno privado, que podría hacerse el lunes y el jueves, es decir entre semana, nunca el día del descanso ritual o sábado. Por eso, en el griego del nuevo testamento (como en lengua hebrea), sábbaton puede significar tanto 'día del sábado', como 'semana', según el contexto. El latín de san Jerónimo heredó este sentido semítico del sábado. Puede verse, en el mismo evangelio de Lucas, el pasaje Lc 24,1 (una sabbati), pero también Lc 4,16 (die sabbati). El sabbatum es un caso manifiesto de semitismo del texto del evangelio, que se pierde irremediablemente en la traducción.

Termino con una curiosidad. Me molesté en consultar la definición de 'sábado' del diccionario de la lengua [rae]. Es un artículo enmendado en las últimas ediciones. El sábado se define como "sexto día de la semana, que es festivo para el judaísmo y otras confesiones religiosas". Lo gracioso es que díga que es el "sexto día", cuando se compadecería mejor con el relato del Génesis que dijese que es el "séptimo día". Que sea el sexto, o el séptimo, es algo convencional, aunque el diccionario cumple bien su función de registrar el uso de la lengua. La generalidad de los hablantes del español aprendimos en la escuela de pequeños a recitar los días de la semana, de lunes a domingo.

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04 octubre 2016

Cinco libros para mi isla desierta

Eso de escoger los libros que uno se llevaría a una isla desierta, me ha parecido siempre una chorrada. Primero, porque no nos vamos a ir a ninguna isla desierta. Segundo, como todo el mundo sabe, porque en las islas desiertas no hay libros. Tercero, porque si hubiera libros en la isla, no nos apetecería leerlos, sino que sólo querríamos dormitar a todas horas y soñar despiertos. Y cuarto, porque en los naufragios no se salvan libros buenos. Robinson Crusoe logró rescatar una Biblia en el suyo, pero nosotros, por simple cálculo de probabilidades, no podríamos aspirar más que a algún libro infumable del estilo de las novelas de Ken Follet. Pero bueno, ya un poco más en serio, lo de la isla desierta es eso que llaman un experimento mental, con que nos imaginamos qué libros nos gustan más. Auque la perspectiva de habitar una isla desierta es tan horrorosa como la de alcanzar la inmortalidad en la tierra, como en el relato de Borges (El inmortal). Si dispusiésemos de tiempo ilimitado, nos dedicaríamos a sestear, con las sienes apoyadas en el puño (ver el grabado del Robinson), y no ambicionaríamos leer nada. Todo se nos olvidaría, igual que en aquel cuento borgiano Homero se olvidó de sus cantos. Queremos hacer cosas, y entre ellas, leer libros, porque el tiempo apremia. Por eso carece de sentido decir que no se lee "porque no tengo tiempo". En realidad, habría que decir justamente lo contrario, que se lee porque no hay tiempo. En fin, he decidido aceptar el reto, y listar esos cinco hipotéticos libros que me llevaría a mi isla desierta. Estos son, y los comento:

1. La Biblia.
2. Las Confesiones de San Agustín.
3. La Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino.
4. El Quijote.
5. El Criticón de Baltasar Gracián.


La Biblia no es un libro, es una suma de libros, de todos los géneros y ciencias. Sola representa la tradición filosófica, espiritual y poética de un pueblo, de todos nosotros. Las Confesiones es otra selección obligada. Obra singular, única, que reúne todas las perspectivas posibles (lo interior y lo exterior, los hechos y las ideas). La Suma Teológica de Santo Tomás, como dice su título, reúne el saber filosófico y teológico más avanzado de su tiempo. En sus páginas hablan también los antiguos griegos, Platón y Aristóteles. Y es una obra cumbre de la mente y de la expresión verbal, en latín. El Quijote es el relato de la vida en camino (on the road), que nos procura felicidad a ratos. Para cerrar el número de cinco, hoy escogería El Criticón, máxima obra de letras y de saberes morales. Con todo, prefiero vivir a leer, aunque la lectura es parte de la vida.

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