17 marzo 2016

Semana Santa en Sevilla


Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, talla del imaginero Juan de Mesa (1620), en sello de Correos. Mejor cedo la palabra al periodista Antonio Burgos, en artículo (o "recuadro"), de hoy mismo, jueves 17 de marzo de 2016:

"Correos ha emitido una serie de sellos dedicados a la Semana Santa de diversas ciudades; entre ellas, Sevilla. El sello de Sevilla representa a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Hasta ahí vamos bien. La ilustración es como una foto del Gran Poder en la calle. ¿Y saben qué sitio clásico han elegido los tíos? Pues no la Plaza de San Lorenzo, con los arqueros finos de las saetas cruzándose en la noche a la salida del Señor. No pasando por El Postigo, ante la capillita de su Madre, la Pura y Limpia. No por El Museo, cuando los vencejos quiebran albores. No. Al Gran Poder me lo sacan en un sitio tan desangelado y saborío como...¡los palcos! Con decirles que casi se ven más las colgaduras con el NO8DO en la fachada plateresca que la cara del Señor... Pero espérate, que hay más, que esto no se queda así. Ese sello tiene olor. Pero no olor a goma de darle el salivazo del lengüetazo para pegarlo al sobre, no. Tiene olor a incienso. Vamos, como si el sello de Correos, en vez de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, lo hubiera hecho el que se pone en la Punta del Diamante esquina a la calle de la Mar vendiendo gloria pura de aromas de Sevilla, que pasas por allí cualquier día del año y siempre es Miércoles Santo con la fragancia turiferaria del Cristo de Burgos. ¿Habrá algo más friki que un sello de Semana Santa con el Gran Poder oliendo a incienso? Bueno, pues eso es lo que ha hecho Correos. Y eso es lo que hay. Y aquí nadie pone pie en pared a tanto frikismo. ¡Y nos quejábamos de las horteradas de papel de plata de la taberna del Joven Costalero antes que la cerraran!"

"La Semana Friki" [Burgos]. 

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15 marzo 2016

Neoliberalismo

Me gustaría recomendar un libro excelente, del sociólogo mexicano Fernando Escalante Gonzalbo, profesor en el Colegio de México : Historia mínima del neoliberalismo, que acaba de publicar [Turner], en coedición con el mismo Colegio de México. El libro es un panorama intelectual del neoliberalismo, ideología dominante en nuestros días, y que tiene efectos palpables en el modo de vida de muchísima gente en el planeta. Se sustenta en las ideas de economistas como Friedrich Hayek o Milton Friedman. Es la elevación de los principios de la economía de mercado a dogma absoluto, y el desvalor de los programas públicos de bienestar, la intervención pública en la economía, la redistribución de la renta, los impuestos o el gasto público. Malas noticias para los más desfavorecidos. El profesor Escalante realiza un examen de las falacias de los autores neoliberales (no olvidar que Camino de servidumbre es un panfleto indigerible), que de algún modo son los sustitutos del marxismo en la inteligencia occidental. La principal falla de los neoliberales es olvidarse del contexto: ni el mercado es natural (porque requiere intervención activa del poder público para crearlo, defenderlo y promocionarlo), y no se puede pasar por alto las posiciones originarias o derivadas de desigualdad de renta y riqueza. Interesante además la orientación bibliográfica, en la que destaca uno de los libros más importantes del siglo XX, de Karl Polanyi, La gran transformación, o las ideas del economista Hyman Minsky (que ha ofrecido la explicación más plausible de las crisis cíclicas del capitalismo).

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01 febrero 2016

Leo Strauss, R.G. Collingwood

La otra noche, volviendo a casa, me tropecé en la plaza Nueva con Enrique Baltanás. Intercambiamos impresiones sobre lo que escribíamos y dejábamos de escribir en nuestros blogs. Le dije que echaba de menos los comentarios agudos de su blog, Al margen de los días [aquí], y Baltanás, en cambio, veía que yo no paraba de publicar, y me observó que en mi última entrada, "Empiezo el año con Leo Strauss" [esta], había dejado en el aire comentar a un autor, que no se le venía a la cabeza... No caí en ese momento, pero no podía ser otro que Leo Strauss, con el que yo decía "empezar el año".

Bueno, pues ya ha llegado el momento de comentar lo que sea, acogiéndome al refrán de que "algo tendrá el agua cuando la bendicen", porque Leo Strauss [Stanford] tiene renombre universal, al menos en el medio académico. Muchos de sus libros están traducidos, por ejemplo La ciudad y el hombre (The City and Man, 1964) [Katz]. En castellano tenemos el privilegio de contar con el libro introductorio Erotismo y prudencia. Biografía intelectual de Leo Strauss (2012), del profesor Gregorio Luri [Encuentro], que leí con ansia viva. El título de Erotismo y prudencia puede despistar a los lectores vulgares (alguna librería lo cataloga como de "sexualidad"), porque el eros, en sentido filosófico, se refiere a esa propensión de todas las cosas a mantenerse cohesionadas, sea el mismo universo, o la comunidad política, pero también, desde luego, a una escala familiar, lo que une a las parejas que se enamoran. Es un concepto político mayor de los filósofos griegos.

Uno podría pensar que la moda de Leo Strauss respondería a una de esas típicas confabulaciones académicas de un discipulado deseoso de promocionar al maestro, y de paso darle bombo a su escuela. Puede ser. Strauss fue un profesor de filosofía política, ni más ni menos. Su obra se compone de un conjunto disperso de monografías, un montón de artículos recogidos en libros (como el póstumo, los Estudios de filosofía política platónica [Amorrortu]), conferencias (como la serie que impartió en la Universidad Hebrea de Jerusalén, What is political philosophy? [Alianza]), y transcripciones de sus clases, incluso grabadas en audio. No sabe uno por dónde hincarle el diente, aunque sospecho que por cualquier punto será bueno. Pero cuando me dispongo a leer uno de sus artículos sobre Aristóteles, o de ese aristóteles hebreo que fue Maimonides, enseguida debo dejarlo, al darme cuenta que lo primero y necesario que demanda Strauss es leer y conocer a los clásicos (sea Platón, Maimonides, Spinoza), no leerlo a él mismo. Yo entonces veo a Strauss como lo que era, un maestro, no un autor.

Como pensador (si es que pensaba algo) Leo Strauss me parece muy afín, en su hermetismo, al mismo Platón. Tampoco sabemos bien qué pensaba Platón, porque seguramente esa necesidad de "pensar algo" sea lo de menos. Si hubiera de caracterizar a Strauss, aludiría a su doble herencia helenística y hebrea. Como griego, Leo Strauss se parece mucho a Aristóteles, que era ante todo un maestro (scholar), no un filósofo. Alguien podría explicar que la andadura de los textos straussianos se parece a los textos esotéricos de Aristóteles: será porque ambos explicaban a círculos selectos, esto es sus alumnos. En cuanto a la herencia hebrea de Strauss, me parece muy evidente. La extrañeza que nos provoca los textos de Strauss obedece a que no estamos familiarizados con ese estilo hebreo de pensar, que es ante todo hermenéutico: pensar para un hebreo es leer. Por eso he llegado a la conclusión de que lo urgente no es leer a Leo Strauss, sino a Aristóteles, y remontarse a las fuentes de los antiguos maestros antes que al último autor de moda. Y con eso no niego brillantez a los textos de Strauss, que de momento, y salvo evidencia en contrario, yo situaría entre la honrosa literatura secundaria.

Y ahora tengo que explicar el por qué de R.G. Collingwood en el título. Es un azar de lectura. Sigo con la Política de Aristóteles, atascado en el libro IV, y habiendo intercalado una de esas conferencias de Leo Strauss, la interrumpí con impaciencia, para arremeter con la lectura de Idea de la naturaleza, de R.G. Collingwood, que llevaba años esperándome. Ha sido una decisión acertada. También es obra de un profesor en Oxford. En su origen eran los apuntes con que dictó unos cursos, que su discípulo T. Knox editó como libro póstumo en 1945. Lo ha traducido Eugenio Imaz [EcuRed]. A mí me parece, sencillamente, una pequeña obra maestra. Es un elegante recorrido conceptual por la inmensa historia de la filosofía occidental, desde los antiguos jonios y pitagóricos, hasta los contemporáneos Bergson, A.N. Whitehead y S. Alexander. Dos ideas se me ocurren, para comentarlo. La primera, que quien comprende la naturaleza, comprende el mundo, todo lo que hay. Parece una platitud, pero no. Si queremos comprender la política, hay que comprender la naturaleza, el mundo. La otra idea es que las visiones o maneras de entender la naturaleza, que son históricas (idea clave en Collingwood), se cierran en círculo. Whitehead regresa al pitagorismo, al platonismo de los objetos eternos, al organicismo aristotélico. Los modernos (Galileo, Descartes, Kant) no han sido más que un paréntesis de esa visión profunda del Todo, que poseyeron los antiguos griegos, de los que somos herederos.

Para terminar, tendría que comentar esta sorprendente asociación de Leo Strauss y R.G. Collingwood, a la que me ha llevado los azares de la lectura. Fueron estrictos coetáneos, y de hecho coincidieron en Oxford en los años 30 del siglo pasado, sin que sepa si llegaron a conocerse. Es muy llamativo que Strauss publicara en 1952 una reseña de un libro principal de Collingwood, póstumo, The Idea of History, "On Collingwood's Philosophy of History" [jstor]. Y es que algunas de las ideas de Collingwood, al que debía conocer bien, flotaban en la cabeza de Strauss. Cuando he regresado a las páginas de su conferencia sobre "¿Qué es filosofía política?", he advertido que rechaza, para comprender la política, tanto el historicismo como la idea de la naturaleza. Este es un interesante debate, sobre el que no puedo continuar. Lo dejo a la prudencia de los lectores para que, leyendo, decidan por sí mismos esta apasionante cuestión.

Sobre R.G. Collingwood, puede leerse esta reseña: [NotreDame]

18 enero 2016

Empiezo el año con Leo Strauss

Bueno, no, realmente no he empezado el año con Leo Strauss, pero así me ha parecido que la entrada queda un tanto más snob. Para ser sincero, he empezado leyendo unas páginas de Les Trois Mousquetaires, para darme cuenta de que he llegado unos treinta y tantos años tarde al relato de Dumas. A mí ya no me divierten esas aventuras de capa y espada, lo lamento. También he estado leyendo estos primeros días de año las densas memorias de Julián Marías, Una vida presente [Páginas de espuma]. Tampoco he logrado concluirlas (son unas movidas 900 páginas de reflexión continua...), y me he quedado a las puertas de la tercera parte, después de la muerte de Franco. Aunque no he pasado por alto las emotivas páginas que dedica a la muerte de su mujer, Lolita. ¿Que cómo llego a Leo Strauss? Leyendo a Aristóteles, naturalmente. Estos días estoy leyendo la Política. Muy instructivo tratado. Es la biblia de los estudios políticos. Leyendo sobre las luchas de Solón y otros antiguos legisladores, se entiende mejor el panorama político de nuestros días, que sigue siendo el mismo de los antiguos griegos. También anoto libros de Teodoro Falcón (sobre Santa María la Blanca) y del poeta Daniel Lebrato (que regala en la librería Padilla, ahora en la calle Trajano), para empezar el año con el pie derecho. Y eso es todo.

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23 diciembre 2015

Íñigo Ybarra Mencos

Esta dedicación tan extraña que tenemos los sevillanos de consultar los obituarios y esquelas (memento mori), hoy me ha llevado a dar de bruces con la noticia de la prematura muerte de Íñigo Ybarra Mencos [Abc]. No lo conocí, aunque conservo en mi retina ver a su padre, Eduardo Ybarra, andar de acá para allá por las calles de nuestra ciudad amada. Ambos humanistas y escritores, sí conozco sus libros. Uno, de Íñigo, como homenaje en su memoria lo recomiendo vivamente, la biografía de El Doctor Thebussem, que le publicó Renacimiento hace unos seis años [Renacimiento]. Me ha impresionado la muerte de este hombre joven, casi de mi edad, pocos años mayor que yo. Descanse en paz.

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21 diciembre 2015

Ius quia iustum


En estos días de espera de la Nochebuena, me he dado a leer con pasión a nuestros clásicos modernos. Han ido pasando por mis manos, leyendo ansioso, novelas tan dispares como las de Pío Baroja (La leyenda de Jaun de Alzate), el padre Coloma (Pequeñeces...), y ahora mismo, la deliciosa novela galdosiana Misericordia, que me suscita la reflexión sobre el derecho y la justicia. ¿Pero qué tiene que ver el derecho con la justicia? En mi opinión, cada día que pasa le veo muy poca relación, casi ninguna. Diría que me he vuelto kelseniano total. Hoy veo el derecho simplemente como un sistema de regulación del tráfico de intereses sociales, y poco más, donde se imponen los más fuertes (como quería Trasímaco). Don Benito Pérez Galdós también fue otra víctima del derecho (¿o quizá encontró amparo?) en el famoso pleito por la recuperación de sus plenos derechos de autor sobre sus libros, en el que fue defendido por el letrado Cánovas del Castillo. Le costó el arbitraje con su antiguo socio, un huevo y la yema del otro (incluídos los honorarios del ilustre letrado), pero logró recuperar lo que era suyo. Vamos, creo, con cierto cinismo, que las maniobras jurídicas no son el lugar propio para hacer justicia, y no se debe fundar demasiadas esperanzas en los pleitos y juicios, si se persigue un ideal. Eso es otra cosa distinta que el derecho.

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11 diciembre 2015

Cerbantes, con b de burro

Se veía venir. Después de la trapacería del Quijote "en castellano actual", porque opinan que está escrito "en castellano antiguo" [aquí], ya hay quien se ha atrevido a editarlo bajo la autoría de Cerbantes, con b de burro, porque "siempre firmó con B" [Pollux]. Yo, ni quito ni pongo rey, pero me divierte pensar en la jaqueca que provocará en los bibliotecarios y en el ISBN. Para reponerme del susto, reseño aquí dos buenos libros, novedades de escaparate, a ver si me lo traen los reyes magos. Uno, los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, en la Biblioteca Castro [fundcastro]. El otro, Divagando por la Ciudad de la Gracia (1914), ultimísima edición de este clásico sevillano de José María Izquierdo (1886-1922), conmemorativa del centenario de su publicación, editado por el ateneísta Enrique Barrero y el profesor Rogelio Reyes, publicado por el Ayuntamiento de Sevilla [ICAS]. Publicación rezagada, como todo lo que pende de lo público, pero bienvenida sea con el retraso. A mandar. Y a ver si nos toca la lotería.

01 diciembre 2015

Un diccionario del español jurídico


Leo en el noticiario de la Real Academia Española el anuncio de la publicación, el año que viene, de un Diccionario del Español Jurídico, dirigido por el académico Santiago Muñoz Machado [rae]. La noticia me parece interesante, aunque la he leído con bastante escepticismo. ¿Es posible, en verdad, confeccionar a estas alturas un diccionario jurídico? Al instante, he recordado esas palabras del antijurista Julius von Kirchmann, que todos aprendimos en el primer curso de carrera: «tres palabras de un legislador y bibliotecas enteras se convierten en basura» [scielo], y que, entendidas en su justa medida, encierran una verdad que los juristas conocen por la práctica: que el derecho es mudable. Y lo decía también Santo Tomás, S.Th. I-IIª, q 97, a 1: Ex parte vero hominum, quorum actus lege regulantur, lex recte mutari potest propter mutationem conditionum hominum, quibus secundum diversas eorum conditiones diversa expediunt [CTh].

Pese a las primeras objeciones que se me ocurren, voy a esperar con mucho interés la aparición de este diccionario jurídico, avalado por la autoridad de la Real Academia (véase que no tengo más remedio que emplear un término de raigambre jurídica, el aval). Pero hasta entonces, no puedo evitar que se me agolpen muchas dudas sobre la realización del diccionario. Lo primero, que es raro que los juristas tengan a mano, en su trabajo diario, un diccionario jurídico (igual de chocante sería que un médico se valiese en el día a día de un "diccionario de términos médicos"). El jurista conoce su profesión y no necesita que se la expliquen. Apenas hace unos días que oí a alguien emplear esa bonita palabra jurídica, dolo, que los juristas tienen interiorizada sin necesidad de acudir a ningún diccionario.

Pero hay otra razón más importante para que los juristas desdeñen el uso de un diccionario jurídico. Los términos del derecho no se definen simplemente por el uso, como las palabras corrientes. Por ejemplo, el término consentimiento tiene un significado usual, que es seguro que cualquier hablante entiende, pero que en su sentido técnico requiere muchas precisiones y distingos. En realidad, el jurista conoce el valor de sus palabras técnicas en la salsa del medio jurídico en que se mueve, formada por una red de normas y principios, irreductibles a la simple definición plana de un diccionario. Lo que necesita el jurista no son definiciones de diccionario, sino mapas con los que guiarse dentro de la jungla de las leyes vigentes, y esa función la cumplen en la práctica los mementos [Lefebvre] y las bases de datos de legislación y jurisprudencia en línea, que se actualizan al día. Un diccionario a la antigua, en papel, orientado supuestamente a guiar al jurista en la interpretación del derecho, estará ya muerto a las 24 horas de publicarse, como profetizaba Julius von Kirchmann.

Tal vez este nuevo diccionario académico pretenda construirse como un prontuario enciclopédico de conceptos del derecho, organizado como elenco alfabético de monográfías temáticas (en torno a grandes nociones tales como "contrato", "delito", "tributo"...). No veo que el destino que le aguarde a un diccionario así concebido, sea muy distinto del que sufren tantísimas publicaciones oportunistas de las casas editoriales, cuyo plazo de caducidad está fijado por las "tres palabras" que se le ocurra vomitar al legislador de turno (de nuevo hay que citar a Kirchmann). Ningún libro pierde más valor con el trascurso del tiempo como esos Comentarios a la ley X..., que pasado el tiempo los libreros de viejo no dudan en arrojar a la basura, por inservibles. Con todo, no soy tan derrotista, y defiendo el gran valor de los libros jurídicos antiguos. Me gusta leer y consultar el Curso de derecho mercantil de Joaquín Garrigues, aunque sepa que sea un libro inútil para conocer el derecho vigente. Lo que de verdad importa es el espíritu del derecho (lo que distingue al jurista), no la letra de las leyes (asunto propio de leguleyos y pleitistas).

En general, no me gusta que una ciencia se presente en forma alfabética, que es el orden más próximo al caos (aunque a J.L. Borges sí le gustase leer enciclopedias). No le encuentro ningún sentido a que "contrato" vaya en la C, "delito" en la D, "pacto" (pacta sunt servanda) en la P, y "tasa" en la T. Más bien, tengo en la cabeza otra idea de diccionario jurídico, que no sé siquiera si existe. Sería uno elaborado de forma crítica e histórica, fundado en un enfoque universal y antropológico, y no necesariamente ceñido a una cultura o lengua particular (que sería el caso, por ejemplo, de un diccionario de derecho romano). Estoy pensando en un diccionario que acogiese esas grandes instituciones, que trascienden a cualquier época o territorio (pensemos por ejemplo en las uniones maritales y familiares). Me temo, sin embargo, que el propósito de este nuevo diccionario de la Academia no irá por ahí, y se quede en una revista más modesta de la legislación vigente. Pero ya veremos, no adelantemos acontecimientos.

La imagen de arriba es un dibujo de Daumier, de la serie "Les gens de Justice", donde el chiste está en el juego de las palabras "joven" y "huérfano": Oui, on veut dépouiller cet orphelin, que je ne qualifie pas de jeune, puis qu'il a cinquante sept ans, mails il n'en est pas moins orphelin.... je me rassure toute fois, messieurs, car la justice a toujours les yeux ouverts sur toutes les coupables menées !...

[Via]

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25 noviembre 2015

Del padre Efrén, y algunos libros más

Era inevitable que volviese a las andadas en la feria del libro antiguo, que estos días se está celebrando en Sevilla. Tendrían que prohibirme curiosear libros, como al que prohiben entrar en los casinos y los bingos. Como todos los años, he comenzado a visitar la feria con bastante escepticismo, pero según se han ido animando los días, el balance de libros hallados está siendo excepcional. Ya he aireado las primeras tres compras [aquí], y ahora vuelvo a reseñar las últimas adquisiciones, como si yo fuese el director de una biblioteca pública, y no simplemente un coleccionista particular:

1. Saúl Yurkievich : Julio Cortázar: mundos y modos. Madrid, Anaya & Mario Muchnik, 1994 (8 euros). Yurkievich fue amigo de Cortázar, pero aquí habla del escritor, no del hombre. Libro que trasciende la crítica académica, para ser un texto poético (Yurkievich también escribió poesía).

2. Luís Ruiz Contreras : Memorias de un desmemoriado. Madrid, Aguilar (col. "Crisol"), 1961 (3 euros). Ejemplar averiado por fuera, impecable por dentro. Curioso relato de las comidillas literarias de principios del siglo XX.

3. José Martí : Diarios. Con prólogo de Guillermo Cabrera Infante. Barcelona, Galaxia Gútenberg, 1997 (6 euros).

4. Enrique Anderson Imbert : Historia de la literatura hispanoamericana. México, Fondo de Cultura Económica ("Breviarios"), 1954 (6 euros). Tiene su encanto. En la fecha tan temprana de la edición, este breviario alcanza desde la época de la colonia, hasta Jorge Luís Borges, Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sábato y Julio Cortázar, entre los argentinos, por ejemplo.

5. Efrén de la Madre de Dios O.C.D. / Otger Steggink O.Carm. : Tiempo y vida de Santa Teresa. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1968 (12 euros). Ejemplar impecable, muy valioso, que he comprado en el mostrador de un librero anticuario valenciano ("El cárabo"). En la portada hay una dedicatoria autógrafa que presumo del mismísimo padre Efrén, fechada en su pueblo natal, Guadasuar (Valencia) a poco de publicarse el libro. Da la casualidad, además, que este año se celebra, tanto el V centenario de Santa Teresa, como el centenario del padre Efrén de la Madre de Dios (Guadassuar, 1915 - Desert de les Palmes, Benicàssim, 1996). Como biografía teresiana tiene mucha documentación y trabajo de archivo detrás, aunque a la letra suena anticuada, con muchas licencias poéticas y retóricas. La estoy leyendo, que conste.

En fin, en lo que va de feria, y ateniéndome al refrán de que cada uno la cuenta según le va en ella, a mí me ha ido este año de fábula, como para no pedir más, y por mí que la cierren ya. He comprado ocho libros buenísimos, o que a mí me lo parecen, con un gasto de 45 euros, merecidos. Un viejo aficionado a los toros me contaba haber encontrado en la feria un libro antiguo, de la rama taurina, que pedían por él 200 euros. Cuando yo le conté que había encontrado un buen libro por 12 euros, me dijo: ¡ah, bueno!

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18 noviembre 2015

Un primer balance de la feria del libro antiguo

Este año he llegado con desgana a la feria del libro antiguo de Sevilla, sin encontrar nada que me llame la atención. A pesar de todo, y esto parece gracioso, ya llevo comprado TRES libros, en los que he invertido... DIEZ euros. Cualquiera diría que me estoy conteniendo, en las ganas de comprar y de gastar. Veamos qué tres libros:

Teodoro Falcón Márquez : La capilla del sagrario de la catedral de Sevilla. Diputación de Sevilla, 1977 [3 euros]. Teodoro Falcón es profesor emérito de la universidad [sisius], y cuenta con un amplísimo número de publicaciones de arte y arquitectura de la ciudad, por ejemplo, el libro en coordinación Patrimonio monumental y artístico de la universidad de Sevilla (1986). El último que ha publicado, este año, trata de La iglesia de Santa María la Blanca y su entorno [archisevilla].

Fernando de Herrera : Algunas obras. Edición al cuidado de la profesora Begoña López Bueno [grupopaso]. Diputación de Sevilla, 2014 [4 euros]. Elegante y manejable edición, digna de "el Divino". Es una reedición en rústica de la primera editada en 1998.

Rudolph PetersLa yihad en el islam medieval y moderno. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1998 [3 euros]. Librito publicado para conmemorar el centenario de Ibn Rushd (Averroes), contiene la edición de dos tratados sobre la yihad, uno de Averroes, y otro del académico egipcio Mahmud Shaltut (1893-1963). La edición del profesor Peters, de la universidad de Amsterdam [uva.nl] también ha sido traducida al inglés [amazon].

En fin, en este primer balance (que no sé si tendrá continuación) se echa de ver mi predilección por los libros institucionales (publicados por el ayuntamiento, la diputación, la universidad...).

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