Majao (p.p. de majar) [derivado del latín "malleus" (martillo)]: 'quebrantado a golpes, machacado', y también 'molesto, cansado'. Público (adj.): 'notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos'.

28 septiembre 2010

Escepticismo teológico


"Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin" (Ecl 3,10-11).

Las solemnes palabras del Eclesiastés o Qohélet parecerían invitarnos a desistir de más averiguaciones sobre el principio de todo, porque estuviese fuera de nuestro alcance. Muchos pretendieron demostrar que Dios existe (entre ellos Santo Tomás) y aún así todavía andamos buscando un argumento que haga fuerza para convencernos. Quizá el antiguo Predicador tuviese razón, ¿o es que no sabemos bien lo que perseguimos?

Pero las palabras del Eclesiastés pueden leerse también como una apelación a moderar nuestra ambición intelectual. De otro sabio de Israel, Jesús Ben Sirá, es la misma amonestación: altiora te ne quaesieris, et fortiora te ne scrutatus fueris. Y merece la pena leer como continúa: sed quae praecepit tibi Deus, illa cogita semper (Eccli 3,22).

Santo Tomás es también consciente de nuestra incapacidad. Reconoce que entre Dios y sus criaturas no hay medida [cum ipse sit infinitus et effectus finiti, finiti autem ad infinitum non est proportio], y por eso, contemplando la creación, no tenemos un conocimiento cierto de quién es Dios [non perfecte possimus eum cognocere], aunque podamos nombrarle (S.Th. 1 q.2 a.2).

Nuestra mente es limitada, como nuestra vista lo es. Nunca veremos un quark [wiki], aunque hayamos dado un nombre a esa realidad tan remota, y lo representemos con un diagrama: mediaciones simbólicas, como la del mismo nombre de Dios.

22 septiembre 2010

Deum esse, demonstrabile est


Desde que el mundo es mundo, lo invisible de Dios, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras (Rm 1,20). Para discurrir sobre Dios no hay más camino que alzar la vista porque, como gusta de repetir Santo Tomás, a la divinidad nadie la ha visto nunca, Deum nemo vidit unquam (Jn 1,18).

No es manifiesto que Dios exista, pues los insensatos como Richard Dawkins, dicen que no [dixit insipiens in corde suo, non est Deus]. Luego, que Dios exista, hay que probarlo [indiget demonstrari] (S.Th. 1 q.2 a.1).

Santo Tomás afirma que la existencia de Dios es demostrable por sus efectos [Deum esse, demonstrabile est per effectus nobis notos], demostración que la escuela conoce por el término 'quia', la "razón por la cual", o "por el humo se sabe dónde está el fuego" (S.Th. 1 q.2 a.2) [CT]. Véase que aquí no dice que el mundo (el efecto) haya sido creado por Dios (la causa), sino que, conocido el Universo, hay que interrogarse por la causa, que puede ser Dios (y eso ya se verá si queda demostrado).

Demostrar a Dios, probar que Dios existe (que no es más que ofrecer argumentos que nos procuren certeza a esta proposición), parece una tarea desfallecida. Pero tan sólo ocurre que hemos desestimado ciertas vías ligadas a la empiria. Aquí Stephen Hawking tiene razón: el estudio del Cosmos no conduce a Dios, porque los fenómenos materiales nos conducen de unos a otros, indefinidamente, sin escape posible.

Pero hay que ver si conserva validez la tesis tomista. Decía el apóstol Pablo a la comunidad de Roma: invisibilia Dei per ea quae facta sunt, intellecta, conspiciuntur. La vía no han de ser, según pienso, las cosas visibles en sí mismas (effectus nobis notos), sino el comprenderlas en nuestra mente (intellecta). Demostrar es inteligir, y por eso la respuesta a nuestra pregunta está en nuestra mente. Este es el camino de Agustín, y el de John Henry Newman. A lo que no se opone lo que dice Santo Tomás, puesto que la mente es parte del mundo, y pensar es el medio de ascender a Dios.

Valga este apunte, para lo que seguirá.

19 septiembre 2010

Luz en la oscuridad

Ese lema del popular cosmólogo Carl Sagan, Science as a candle in the dark (la luz del conocimiento que disipa el error y el engaño), evoca las palabras del antiguo profeta: post tenebras spero lucem (Jb 17,12). Heráclito, entre los antiguos, reconocía en el fuego el principio o razón, logos, de todas las cosas: "contracambio de fuego las cosas todas y el fuego de todas ellas, tal como del oro las mercancías y de las mercancías el oro". El traductor de este fragmento heraclíteo, Agustín García Calvo, nos ofrece un valioso comentario: "que razón elija para sí misma este nombre de pyr o fuego (...) en el fuego se da, como en ninguna otra aparición de la realidad, la doble condición de, por un lado, ser una cosa sin ser ninguna, y, por otro, ser incapaz de permanencia alguna, tener como connatural consigo el movimiento y el cambio, y así poder servir como representante de las cosas en general y figuración de la génesis o proceso a que su realización separada las condena a todas" (Razón común, 1985).

Es llamativo que Santo Tomás de Aquino recurra con preferencia a estas "metáforas térmicas" para explicar la creación del Universo, hasta el punto que en la respuesta que examinamos (S.Th. 1 q.44 a.1), la repita machaconamente, con gusto: Omne quod quocumque modo est, a Deo est... sicut ferrum fit ignitum ab igne (...) sicut id quod maxime calidum est, est causa omnis caliditatis. Reconocía muy bien Tomás, como antes Heráclito, que los fenómenos térmicos y el movimiento browniano, son muy aptos para figurar los procesos de propagación y difusión, y de modo ejemplar la creatio ex nihilo como emanación de todas las cosas desde su principio creador.

En nuestro último comentario tomista [in principio] nos habíamos detenido, vacilantes, ante la explicación última que encuentra el Aquinate para demostrar que Dios es el principio de todas las cosas: "descubrimos que las cosas materiales tienen un orden de explicación de su razón de ser..." [Invenimus enim in istis sensibilibus esse ordinem causarum efficientium], "...pero no se descubre, ni es posible, que ninguna cosa pueda ser explicación de sí misma, pues entonces vendría a ser anterior a sí misma, lo que es imposible" [nec tamen invenitur, nec est possibile, quod aliquid sit causa efficiens sui ipsius; quia sic esset prius seipso, quod est impossibile] (S.Th. 1 q.2 a.3).

La dificultad de la demostración tomista, como advirtieron muchos, es que la via ex ratione causae efficientis parece conformarse a la explicación de los fenómenos intramundanos (como que la leche hierva si ponemos el cazo en la candela), pero no puede elevarse a principio explicativo de la creatio, que no pertenece al mundo de los fenómenos (in istis sensibilibus), sino que los trasciende por vía de negación (ex nihilo). No menos discutible es el regate al curso de las cosas (non autem est possibile quod in causis efficientibus procedatur in infinitum), insostenible en un Universo que concebimos como ilimitado. ¿Entonces, qué?

Volvamos al comienzo: in principio creavit Deus caelum et terram. La sabiduría bíblica se complace en enlazar, en sus primeras palabras, el nombre de Dios con el nombre del Universo, en relación de creador y criatura. Y entonces al conocimiento de Dios se accede por el conocimiento del Universo: Deum esse, secundum quod non est per se notum quoad nos, demonstrabile est per effectus nobis notos [S.Th.], lo que también nos enseña Pablo de Tarso (Rm 1) y es patente en la doctrina de los teólogos.

Pienso que una manera de resolver nuestra dificultad teológica sea asomarnos a la cosmología, donde el hilo tomista se hace un nudo: ¿Puede el Universo, el conjunto de todo, dar por sí mismo razón de su existencia? Como ya advertía uno de nuestros amigos, en comentario [enlace], las ciencias físicas también se sustentan en principios, en supuestos no probadosEs notable, por ejemplo, que la cosmología parte de presunciones no probadas: que el Universo a gran escala sea homogéneo (las leyes físicas que observamos aquí rigen también en regiones no observables del Universo) e isótropo (tiene la misma configuración, cualquiera que sea el punto de observación). Los saberes avanzan porque no se molestan en demostrar cada punto y coma y cada tilde de sus afirmaciones. Es un rasgo de eficiencia de la mente humana, que confía en sí misma.

La teología no es una excepción entre los saberes, y menos si en su fundamento (in principio) está connotada con la cosmología. Con toda legitimidad, igual que en el caso de la astrofísica, puede partir en sus razonamientos de principios no probados, porque el teólogo confía en su mente discursiva. No estoy sugiriendo que esos principios sean los artículos de la fe (credo in Deum Patrem...), pues de lo contrario la teología no tendría cometido alguno. Dice al respecto Santo Tomás: Deum esse, et alia huiusmodi quae per rationem naturalem nota possunt esse de Deo, ut dicitur Rom. I non sunt articuli fidei, sed praeambula ad articulos, sic enim fides praesupponit cognitionem naturalem, sicut gratia naturam, et ut perfectio perfectibile (S.Th. 1 q.2 a.2 ad 1).

Sólo puede negarse validez a la secunda via, arriba citada (porque se extralimite, atribuyendo al todo lo que es propio del curso causal de los fenómenos, o porque recorta gratuitamente la ilimitación de los procesos físicos), si se ignora el supuesto no probado de la teología, en la mente de Santo Tomás. Ese principio pudiera bien denominarse, a semejanza de la cosmología, el principio teológico de homogeneidad e isotropía: si mi mente reconoce el principio de causa efficientis in istis sensibilibus, debe ser igualmente válido para la "realidad teológica no observable" (non sensibile) que es Dios y su creación.

Este principio, no obstante, aparece expresamente formulado en la Suma Teológica de Santo Tomás, aunque sea una de esas presunciones de escuela que parece que debe darse por descontado. A la cuestión de si la imagen de Dios se encuentra en todo hombre (1 q.93 a.4) responde que el hombre se dice imagen de Dios por su razón [homo secundum intellectualem naturam ad imaginem Dei esse dicatur], por la que se puede hacer igual a Dios [Deum maxime imitari potest]. Y precisa que el hombre tiene aptitud natural para conocer y amar a Dios [homo habet aptitudinem naturalem ad intelligendum et amandum Deum], y esta aptitud está en nuestra mente [et haec aptitudo consistit in ipsa natura mentis, quae est communis omnibus hominibus]. Y recuerda al psalmita: signatum est super nos lumen vultus tui, domine.

El teólogo, entonces, dice que Dios es la razón del Universo, porque encuentra a Dios en su mente. Esto explica que el ateísmo sea un movimiento de resistencia mental, a lo que la mente naturalmente nos propone a todos. En el día que doy remate a esta nota (que espero continuar), me complace advertir las profundas concomitancias, en este cuestión, de Santo Tomás con los teólogos ingleses William Whewell [Stanford] y, en especial, John Henry Newman, que hoy ha sido proclamado beato de la Iglesia Católica en Inglaterra.

18 septiembre 2010

Puerta de Tomás


"Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica ha dado especial relieve a la importancia del diálogo y la colaboración con los miembros de otras religiones. Y para que sea fecundo, es necesario que haya reciprocidad en cuantos dialogan y en los seguidores de otras religiones. En concreto, pienso en la situación de algunas partes del mundo donde la colaboración y el diálogo interreligioso necesita del respeto recíproco, la libertad para poder practicar la propia religión y participar en actos públicos de culto, así como la libertad de seguir la propia conciencia sin sufrir ostracismo o persecución, incluso después de la conversión de una religión a otra. Establecido dicho respeto y apertura, la gente de todas las religiones trabajarán juntos de manera efectiva por la paz y el entendimiento mutuo, y serán así un testimonio convincente ante el mundo."

Viaje apostólico al Reino Unido: "Encuentro con los representantes del clero y los fieles de otras religiones". Discurso del Santo Padre Benedicto XVI. Waldegrave Drawing Room del Colegio Universitario Santa María de Twickenham (London Borough of Richmond) Viernes 17 de septiembre de 2010 [Vaticano].

Imagen: Cancela del Convento Franciscano en Bab Tuma [wiki], Damasco.

12 septiembre 2010

In principio


In principio creavit Deus caelum et terram: "al principio creó Dios los cielos y la tierra". Dios es el principio [initium sapientiae timor Domini], y así es manifiesto que con el nombre del más Clemente y Misericordioso principian las Escrituras, y la Ciencia Sagrada, y nuestra confesión: Credo in Deum Patrem omnipotentem, Creatorem caeli et terrae.

Ya que Dios no es evidente, no salta a la vista, pero el cielo y la tierra sí, los materialistas de todos los tiempos niegan con denuedo que el Universo mismo nunca tuviese principio. Es explicable entonces que para negar a Dios, se haya de negar el principio, como hace el astrofísico Stephen Hawking [link]: "Because there is a law such as gravity, the Universe can and will create itself from nothing. Spontaneous creation is the reason there is something rather than nothing, why the Universe exists, why we exist" (porque hay la ley de la gravedad, el Universo se crea de la nada. La creación espontánea es la razón de que haya algo en lugar de nada. de que el Universo exista, de que nosotros existamos).

Oponiéndose a esta inclinación espontánea del hombre a la crasa materialidad, las Escrituras, desde sus primeras palabras, inculcan a la humanidad la sabiduría radical (a radice), maridando lo visible y lo invisible. El fariseo Pablo lo explica así: quod noscibile est Dei, manifestum est in illis; Deus enim illis manifestavit. Invisibilia enim ipsius a creatura mundi per ea, quae facta sunt, intellecta conspiciuntur, sempiterna eius et virtus et divinitas, ut sint inexcusabiles [Rm 1, 19-20].

No es mi propósito hacer aquí una impertinente repetición del catecismo, sino, como propone el teólogo Pablo de Tarso, ascender de lo visible a lo invisible, o bien responder a la pregunta que nos hace Santo Tomás de Aquino: si el Universo principia en Dios [utrum sit necessarium omne ens esse creatum a Deo] (S.Th. 1, q.44 a.1), con el fin de mostrar que la antigua sabiduría bíblica es creíble.

El razonamiento de Tomás es muy difícil, a mí me lo parece [Corp. Tom.]. Pero no me voy a arredrar ahora, sino que voy a encarar el reto, haciendo cómplices a mis lectores. ¿Dónde encuentro el escollo, en el apretado responsum del maestro?


Para demostrar [necesse est dicere] que todo lo que es [omne quod quocumque modo est], recibe el ser de Dios [a Deo esse], Tomás parte de dos grandes premisas, tratadas antes en la Suma Teológica:

1) Dios es el Ser mismo [Deus est ipsum esse per se subsistens] (q.3 a.4); y

2) El Ser mismo no puede ser más que Uno [esse subsistens non potest esse nisi unum] (q.7 a.1 y 2).

Y entonces concluye [relinquitur ergo quod]:

3) Todo lo que no es Dios, no es el Ser mismo, sino que participa del Ser [omnia alia a Deo non sint suum esse, sed participant esse].

Pasemos las páginas, y volvamos a las primeras lecciones, a la pregunta de si Dios es el Ser mismo [suum esse] (q.3 a.4), de cuya respuesta pende la premisa principal del silogismo. Texto no menos difícil [Corp. Tom.], que vamos a analizar, es decir desmenuzarlo, sirviéndonos (como hacen los estudiantes), de papel y lápiz:

1) El ser mismo de una cosa es distinto de lo que esa cosa es [ipsum esse rei aliud ab eius essentia]. Y...

2) Ninguna cosa basta para darse el ser a sí misma, si el ser le viene dado [nulla res sufficit quod sit sibi causa essendi, si habeat esse causatum]. Luego...

3) Aquella cosa cuyo ser es distinto de lo que esa cosa sea, recibe el ser de otro, y no de sí misma [illud cuius esse est aliud ab essentia sua, habet esse causatum ab alio].

Y observa Santo Tomás que esto no puede decirse de Dios [hoc autem non potest dici de Deo], porque Dios decimos que es la razón primera de todo lo que hay [quia Deum dicimus esse primam causam efficientem]. Y así en Dios, y sólo en Dios, se cumple la identidad de ser lo que se es, y el Ser mismo [idem essentia et esse]. Todo lo demás recibe el Ser de Dios, pues no basta a  darse el ser a sí mismo.

Aún tendríamos que regresar al comienzo de la Suma, y repasar la secunda via ex ratione causae efficientis (q.2 a.3) [Corp. Tom.], donde se parte del principio de que no es posible que una cosa sea razón de sí misma, porque de lo contrario vendría a ser anterior a sí misma, lo que es imposible [nec est possibile, quod aliquid sit causa efficiens sui ipsius; quia sic esset prius seipso, quod est impossibile].

Nótese que esto es, precisamente, lo que estamos tratando de dilucidar: Si el Universo puede dar razón de sí mismo (an sufficit quod sit sibi causa essendi), o bien el Ser le viene dado, porque ha sido creado. La física moderna postula que el Universo es causa eficiente de sí mismo, en perspectiva física (todo lo que concierne a magnitudes medibles: materia, energía); pero ¿quid de la perspectiva metafísica (lo que concierne al ser mismo)? Antes de intentar explicar nuestra respuesta, regresemos al discurso de Santo Tomás, haciendo una recapitulación.

Comenzamos con el tratado de creatione (q.44 ss.) y hemos regresado a preguntas anteriores de la Suma Teológica. Vamos a ordenar entonces las respuestas:

1. Nada puede dar razón de sí mismo, sino Dios (q.2 a.3).
2. Puesto que Dios es razón de sí mismo, es el Ser mismo (q.3 a.4).
3. Todo lo que no es Dios, puesto que no puede dar razón de sí, no es el Ser mismo, sino que participa del Ser de Dios (q.44 a.1), es decir, ha sido creado.

Pienso que estoy siendo injusto con Santo Tomás, porque este sucinto y fatigoso sumario de su razonamiento, no me convence. Gráficamente, sigue un trazo circular. Tanto en el trayecto descendente (Dios creador del Universo), como en el trayecto ascendente (las cosas se explican porque Dios existe), está implicado un mismo principio: que las cosas no basten (non sufficint) para dar razón de su mismo ser. Pero eso es dar por descontado que Dios existe (Deus est), y que ha creado el cielo y la tierra, que es lo que se trata de demostrar. Nuestro empeño será entonces disolver esta dificultad (más nuestra que del mismo Tomás de Aquino, seguramente). Lo que dejamos para más tarde, y no cansarnos más.

08 septiembre 2010

Oratio quam fecit beatus Thomas, quam omni die dicebat


Concede michi misericors Deus que tibi placita sunt ardenter concupiscere, prudenter inuestigare, ueraciter agnoscere et perfecte implere. Ad laudem et gloriam nominis tui ordina statum meum, et quod a me requiris tribue ut sciam, et da exequi ut oportet et expedit anime mee. Via mea, Domine, ad te tuta sit, recta et consummata, non deficiens inter prospera et aduersa, ut in prosperis tibi gratiam referam et in aduersis seruem patientiam, ut in illis non extollar et in istis non deprimar; de nullo gaudeam nisi quod promoueat me apud te, nec de aliquo doleam nisi quod abducat me a te; nulli placere appetam uel displicere timeam nisi te. Vilescant michi omnia transitoria propter te, et cara sint michi omnia tua et tu Deus super quam omnia. Tedeat me omnis gaudii quod est sine te, nec cupiam aliquid quod est extra te. Delecte me labor qui est pro te, et tediosa sit michi omnis quies que non est in te. Frequenter da me cor meum ad te dirigere, et defectionem meam cum emendationis proposito dolendo pensare. Fac me, Deus meus, humilem sine fictione, ylarem sine dissolutione, tristem sine deiectione, maturum sine grauiture, agilem sine leuitate, ueracem sine duplicitate, te timentem sine desperatione, sperentem sine presumptione, proximum corrigere sine simulatione, ipsum edificare uerbo et exemplo sine elatione, obedientem sine contradictione, patientem sine murmuratione. Da michi, dulcissime Deus, cor peruigil quod nulla abducat a te curiosa cogitatio; da nobile quod nulla deorsum trahat indigna affectio; da inuictum quod nulla fatiget tribulatio; et da rectum quod nulla obliquet sinistra intentio. Largire michi, Domine Deus meus, intellectum te cognoscentem, diligentiam te querentem, sapientiam te inuenientem, conuersationem tibi placentem, perseuerantiam te fideliter expectantem, et fiduciam te finaliter amplectentem; tuis penis configi per penitentiam, tuis beneficiis uti in uia per gratiam, et tuis gaudiis in patria frui per gloriam. Amen. [Corpus Thomisticum].

Frater Guillelmus de Tocco novit S. Thomam et frequenter conversatus est cum eo in conventu Praedicatorum Neapolitano per annum 1273. Commisus fuit a Capitulo Provinciae Romanae ad prosequendam canonizationem eius anno 1317. Ex plurimis testimoniis ab eo collectis composuit Ystoriam Sancti Thomae quasi hodiernos articulos postulatoris. Circa mensem Iulii anni 1323, in quarta et postrema recensione suae Ystoriae, inseruit notitiam de prece Concede michi: De quo deuoto et sancto doctore dicitur quod infra scriptam orationem composuit, continentia completam, affectione deuotam et stilo politam, quam omni die dicebat [nota editoris].

04 septiembre 2010

Ex nihilo nihil fit


"Modern physics leaves no place for God in the creation of the Universe, Stephen Hawking has concluded... “Did the Universe need a creator?” The answer he gives is a resounding “no”. Far from being a once-in-a-million event that could only be accounted for by extraordinary serendipity or a divine hand, the Big Bang was an inevitable consequence of the laws of physics, Hawking says. “Because there is a law such as gravity, the Universe can and will create itself from nothing. Spontaneous creation is the reason there is something rather than nothing, why the Universe exists, why we exist,” he writes." [Richard Dawkins Foundation].

La física moderna no deja lugar a Dios en la creación del Universo, dice Stephen Hawking en su nuevo libro, The Grand Design. Aunque irriten sus afirmaciones estrepitosas, mérito suyo es inquietar el pensamiento de los oyentes, como ya logró con su Breve historia del tiempo (1988), un clásico, leído muy en serio por filósofos y teólogos, a pesar de reducirse a la condición de libro de "alta divulgación", y contener opiniones de profano en materia especulativa. Vamos a recoger el guante que nos lanza, porque es tema que nos interesa mucho.

El arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, ha dado ya la primera respuesta más precisa posible: Physics on its own will not settle the question of why there is something rather than nothing [la física por sí misma no resolverá la cuestión de por qué hay algo más bien que nada]. Belief in God is not about plugging a gap in explaining how one thing relates to another within the Universe [Creer en Dios no consiste en tapar agujeros para explicar cómo unas cosas se relacionan con otras dentro del Universo]. It is the belief that there is an intelligent, living agent on whose activity everything ultimately depends for its existence [Es la creencia de que existe un agente inteligente y vivo, de cuya actividad dependen últimamente todas las cosas para existir] [CNN].

Por nuestra parte, vamos a separarnos del Dr. Williams (del que dicho sea de paso, se acaba de traducir al castellano su erudito estudio sobre Arrio [Sígueme]), y enfocaremos la cuestión desde distinto punto de vista, intentando descubrir cuánta de razón pueden guardar las palabras de Stephen Hawking.

La dificultad de las afirmaciones de Hawking es tan típica como las que se presentan en las discusiones escolares, que consiste en no ponernos de acuerdo en el significado de las palabras; en este caso, qué se quiere decir con creación de la nada [creatio ex nihilo].

Sobre la nada, poco, nada, habría que decir, más que no es una magnitud física, y pongo en duda siquiera que lo sea metafísica (en este sentido, léase con provecho el diálogo Sofista de Platón), por lo que convenimos con el Dr. Williams en negar que la física tenga algo que decir sobre nada... Recomiendo también leer las especulaciones de Ilya Prigogine acerca de los estadios pretemporales del Universo (es un error grosero, seguro que no achacable al propio Hawking, confundir el vacuum con la nada: el vacío es algo).

Pensemos entonces qué quiere decir Stephen Hawking con creación del Universo. Crear algo es una expresión corriente que cualquiera entiende (como Geppetto creó a Pinocchio, tallándolo en un leño), y consiste en producir algo, darle vida o comienzo [etymology]. Que el Universo haya comenzado, en este sentido de haber sido creado, es discutible, tanto desde la física (a  cualquier estado físico, incluso la singularidad inicial, antecede otro estado, de modo ilimitado), como desde la metafísica (de aeternitate mundi). De hecho, si no hemos leído mal a Stephen Hawking, él niega un comienzo entendido como singularidad (posición privilegiada de la dinámica del Universo). Podemos conceder a Hawking la autocreación del Universo (de un Universo se sigue otro), supuesto que el término a quo (el origen) sea el Universo mismo, y no la nada.

En este punto, Hawking (o quien escriba por él) es inconsecuente con la común opinión de los antiguos materialistas, que afirmaban: ex nihilo nihil fit (de la nada, nada se hace), y ni siquiera físicamente es sostenible un decurso de la nada a algo, puesto que la nada no es nada, en física. Así que, para intentar comprender a Stephen Hawking, habría que reconducir sus afirmaciones (dirigidas al gran público ayuno) al sentido de que unos estados siguen a otros en un mismo Universo, creándose los unos a los otros, ilimitadamente. Ésta es la imagen del que hoy se llama "Universo autocontenido". Comprendido así el sentido de sus palabras, es cierto que Dios no juega ningún papel aparente en esta sucesiva intracreación universal.

Pero junto al sentido corriente de la palabra crear, nos encontramos con el sentido restringido de la teología: la creación de la nada (creatio ex nihilo), propia de Dios (o como queramos llamar al fundamento o causa universalis). No me sorprende que, en este punto, la escueta enseñanza de Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica (1, q.45), tenga plena vigencia, y aún gane un sentido más profundo leído desde las tesis de Stephen Hawking.

Para quien haya tenido la paciencia de seguir el hilo, me gustaría abrir un paréntesis. Quienes hemos sido bachilleres, tal vez sintiésemos en algún rato de estudio un gran vértigo tratándonos de imaginar cómo pudo ser ese salto de la nada a algo. Eso era porque intentábamos representarnoslo como una sucesión de estados físicos. Pero en física, la creatio ex nihilo no tiene sentido alguno, y por eso están equivocados quienes pretenden identificar el big bang con el "instante creador" (dejando al margen que la "gran explosión" pueda localizarse, como rechaza Stephen Hawking, en ningún instante privilegiado de la historia del Universo...). Vuelvo al hilo.

Santo Tomás no dice nada de eso, no entromete la física con la teología. Cita la vieja definición de que crear es hacer algo de nada [creare est aliquid ex nihilo facere]. Y distingue las cosas particulares (p.ej. que Geppetto hiciese de un leño a Pinocchio), de la universalidad de cosas [emanationem totius entis a causa universali, quae est Deus], a la que se designa específicamente con el nombre de creación. Pero ambos casos siguen la misma lógica, veamoslo.

En el hacerse de las cosas particulares, lo que surge, antes no estaba [non praesupponitur], y así Pinocchio nace a la vida de lo que no era Pinocchio [homo fit ex non homine]. Del mismo modo, del surgirmiento (emanatio) del Universo, que es la creación, el mismo Universo no se da (non praesupponitur), sino que el Universo se crea de lo que no es el Universo. Y arguye Santo Tomás: "Lo mismo es la nada que ninguna cosa que es" [idem est nihil quod nullum ens]. Por eso, igual que Pinocchio nace de lo que antes no era Pinocchio, la creación, que es el surgir de todo ser, viene de ninguna cosa que sea, que es nada [ita creatio, quae est emanatio totius esse, est ex non ente quod est nihil].

Obsérvese bien que Santo Tomás, para definir la emanatio, no describe el término a quo (no explica a Pinocchio por el leño, sino por lo que no es Pinocchio), y así tampoco es su propósito explicar la nada, nihil, nullum ens, que en el análisis de su razonamiento es pura negación, o no darse (non praesupponitur) del Universo. Lo que en metafísica, o en teología, es negación, en física es afirmación: el estado presente del Universo es precedido, o coexiste incluso, con otro estado posible: el Universo físico emana del mismo Universo (praesupponitur): la materia y el espacio-tiempo proceden del vacuum, etc.

Algunas consecuencias de lo anterior, que merecen discutirse en otro momento, son que la creatio ex nihilo no excluye la eternidad, o mejor dicho, la ilimitación del Universo, y es compatible con la imagen de un Universo autocontenido e intracreado (en el sentido que postula Stephen Hawking); y lo que parece más osado, que si entendemos rectamente a Santo Tomás, ni tan siquiera la teología tenga algo que decir sobre la nada, que sería un mero supuesto de la razón [id autem quod intelligitur ut terminus a quo, est simpliciter non ens]. O dicho en términos más plásticos, la física y la metafísica, en cuanto al origen de todo, como el agua y el aceite.