17 marzo 2010

Museos vaticanos


No voy a cometer la herejía de decir que lo que más me gusta de los Museos Vaticanos son esos spazi di accoglienza..., aunque la impresión en el visitante pueda ser que en lugar de entrada a un museo, sea la de embarcarse en un viaje sideral. ¡Viva la modernidad!

14 marzo 2010

Le concert (Radu Mihaileanu)

Según mis gustos, el cine francés de ideas me suele producir una tremenda jaqueca. En cambio, reconozco que los filmes franceses de comedia rayan a gran altura, y tienen la virtud de dar en la diana del clima y estado de ánimo colectivos. Acabo de ver Le concert (Radu Mihaileanu [wiki], 2009, dos premios César 2010) que produce gran contento. Es más bien una tragicomedia, en donde hay lugar para la risa y la emoción. Al fondo, una amable crítica política, dulcificada por el tiempo. Y es sublime la interpretación, entreverada de humor y pasión, del concierto para violín y orquesta de Tchaikovsky. Una película maravillosa, optimista, que no hay que perderse.

08 marzo 2010

Isla de Siltolá, revista de poesía

Este lunes, de vuelta a casa, encontré en el buzón el primer número de Isla de Siltolá, revista de poesía [Ediciones de la Isla de Siltolá]. Gracias a Dios, no comienzo la semana con una multa de tráfico, ni con el recibo de la luz, ni con la cuenta del cortinglés, sino en plan lírico, lírico.

A mí las revistas poéticas me gustan, aunque me saturen tanto como los museos. Suelo referir que en cualquier ciudad del mundo en que me halle, lo último que pienso en visitar son los museos, así sea el British Museum, el Louvre o los Musei Vaticani: me aburren soberanamente, y prefiero el callejeo desordenado y despistarme entre la gente. Y en cuanto a la poesía, me gusta oírla recitada o cantada con arrojo y convencimiento. Pero ya sé que hay poemas que se han compuesto como para leerlos en un breviario, en actitud cuasi orante (Juan Ramón...). Así pues, tampoco está mal leer en ocasiones versos en el gabinete.

Bueno, tengo motivos para tener afición a las revistas poéticas, que son casi objeto de coleccionismo. Entre los papeles que guardo con más aprecio, y que acabarán pereciendo, ay dolor, en un incendio, robo o inundación, si no en el mercadillo de El Jueves (vaya usted a saber), tengo cuatro números de la revista Ocnos (título tan previsible, siendo en Sevilla), que un cura de mi colegio sacó a ciclostil cuando yo estudiaba el bachillerato, en el curso 1979-1980. Por aquel entonces yo también, también, escribía poemas, y alguno me publicaron. De entonces p'acá los antiguos compañeros de pupitre ya nos hemos puesto corbata (real o figurada) y nos abandonaron irremediablemente las musas.

Pues ahora me llega por correo esta Isla de Siltolá, que dirige nuestro amigo Javier Sánchez Menéndez. Él me consentirá la broma de decir que si Javier no existiera, "habría que inventarlo". Y así lo creo, con sinceridad, porque Javier Sánchez Menéndez es, entre otras cosas más, un gran animador literario de Sevilla y au-delà, y eso es decir muchísimo en esta capital ecuménica de la poesía. La revista que anda por su número 1, y que se abre con un artículo de Aquilino Duque, no es oportunista, lo sé de buena tinta, sino que es el fruto maduro de toda una juventud literaria, la de Javier. Aquí todos los poetas son amigos suyos, porque él es amigo de las buenas letras.

Mentiría si dijera que me ha gustado toda la revista. Unas cosas sí, y otras no tanto. Es verdad que todos estos poetas son primeros espadas, por emplear una muletilla que seguro no le desagradaría oír a don Aquilino Duque. Tampoco creo que moleste (y si es el caso, con perdón) que señale lo que más me ha gustado, porque sí:

Mucho, los poemas de Juan Bonilla, al que confieso con rubor que no he leído hasta ahora. "Cuanto sé de mí" me ha hecho bastante gracia.

El artículo "Escolios a una poética implícita", de Enrique García-Máiquez, en que comenta una antología de escolios (i.e. aforismos) metaliterarios de Nicolás Gómez Dávila (aunque no soy gomezdavilófilo, por razones que no vienen al caso ahora).

Los dos poemas del asturiano Xandru Fernández, traducidos por José Luís Piquero, aunque no me explico que no se haya confrontado la versión con el original asturiano (se anuncia próxima edición bilingüe en la prestigiosa editorial Trea).

Y me parecen muy semejantes, por su potente creatividad verbal e ideológica, los poetas José María Cumbreño y Miguel Agudo, a los que leo con mucho interés.

En  cambio, no me han gustado los poemas de Miguel d'Ors y Luís Alberto de Cuenca. Esto lo digo porque soy admirador de la obra de ambos dos poetas, muy afines, de la misma promoción (¿novísima, postnovísima, post...?), y tal vez la expectación me traicione.

En fin, una barrilada poética, con la que comienzo de buen tono la semana. ¡Que Dios reparta suerte!


07 marzo 2010

Pablo Neruda, clásico


El trágico terremoto de Chile del mes de febrero ha frustrado la presentación en el mundo hispánico de una nueva Antología general de Pablo Neruda, patrocinada por Asociación de Academias de la Lengua Española [Alfaguara]. Neruda es ya un clásico, una cordillera inmensa de versos que domina el siglo XX de la poesía en español. Hace falta recorrer con admiración estas 600 páginas antológicas, para darse cuenta de lo que verdaderamente es un poeta, que hace de la creación poética una misión en la vida, frente a tanto vate anémico que nos quiere hacer pasar gato por liebre. Aquí está todo el Neruda que conocemos: el de la canción desesperada, el de Alturas de Macchu Picchu, el del Estravagario... Detalle no menor, en una edición a la que tan sólo se le echa en falta una tabla cronológica, es la guía de Hernán Loyola [BBC], nombre inseparable del propio poeta, desde aquella otra antología inolvidable de la editorial Losada, con la que iniciamos nuestras lecturas nerudianas en el bachillerato...

28 febrero 2010

Humpty Dumpty, teólogo

'When I use a word,' Humpty Dumpty said in rather a scornful tone, 'it means just what I choose it to mean—neither more nor less.'
'The question is,' said Alice, 'whether you CAN make words mean so many different things.'
'The question is,' said Humpty Dumpty, 'which is to be master—that's all.'

Cuando yo uso una palabra --insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso-- quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos.
--La cuestión --insistió Alicia-- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
--La cuestión --zanjó Humpty Dumpty-- es saber quién es el que manda..., eso es todo.

Lewis Carroll, Through the looking glass, 1872 [english], A través del espejo [castellano].

El diálogo con aquel huevo engreído, Humpty Dumpty, que por encaramarse a una tapia acabó estrellado, es uno de los pasajes más archifamosos de la extravagante historia de Alicia. El huevo atajaba la discusión sobre el significado de una palabra apelando a la autoridad, a "quien corta el bacalao". Es un pasaje muy serio, en que el autor, el diácono Dodgson, Lewis Carroll, se hace eco de los debates oxonienses de su tiempo sobre lógica formal y semántica.

Martin Gardner, en su clásica edición de Alicia anotada (1960) [Norton & Co.], nota que ahí Humpty Dumpty se manifiesta como nominalista al subrayar que las palabras no significan más que lo que a cada uno convenga (When I use a word it means just what I choose it to mean). Por lo demás, Gardner concluye su extensa nota observando que si queremos comunicar con precisión, estamos sujetos al deber moral de no dar significados privados a las palabras corrientes ["if we wish to communicate accurately we are under a kind of moral obligation to avoid Humpty's practice of giving private meanings to commonly used words"].

Humpty Dumpty, como Guillermo de Occam, también hace ahí teología. La reflexión sobre las palabras y sus significados es el atrio mayor de ingreso a la ciencia sagrada, donde se comienza tratando de divinibus nominibus. De igual modo que las palabras, meros sonidos articulados, manifiestan contenidos mentales inmateriales (ideas, significados, pensamientos), así Dios, que ha creado el mundo, se revela entre nosotros como Palabra y en las palabras. Por eso confesamos que Dios habló por los profetas; y de ahí que los temas mayores de la teología, en toda religión, sean la revelación y los escritos sagrados (nuestras Escrituras).

En un plano menos elevado, las palabras y sus significados son importantes en teología, porque esta ciencia se hace con palabras, de forma verbal. El experimento teológico es semántico, y por esta razón Tomás de Aquino define la teología, en sentido etimológico, como sermo de Deo, el "discurso acerca de Dios".

Las palabras, que son los ladrillos y la argamasa con que está hecha la teología, son la causa de su grandeza y de su miseria. Las palabras, como pensaba Occam, no son nada, apenas flatus vocis, pero son el campo de refriega de las ideologías y de los poderosos. Diríamos, con Humpty Dumpty, que las palabras pueden expresar la verdad (lo que las cosas son) pero también pueden significar lo que convenga a los intereses del poderoso de turno. Por eso el huevo impertinente concluye con cinismo que la verdadera cuestión no es saber qué significa una palabra, sino saber quién es el que manda [which is to be master].

Puesto que se hace con palabras, inermes frente al mal uso, la teología está siempre amenazada de contaminación ideológica y de intereses espurios. A este peligro ya me he referido en un comentario sobre "Los teólogos" [ver Los teólogos], y he defendido la necesidad de que nuestra teología se depure de adherencias mundanas.

La ciencia teológica no es, sin embargo, una excepción en el panorama general de las ciencias. La investigación libre, pura y desinteresada, de la verdad, es una rareza, y por lo común la ciencia debe desenvolverse en la trama de intereses políticos y económicos de su tiempo. Las conveniencias del poder dirigen y gobiernan a la ciencia, aunque la verdad que aguarde ser revelada sea una.

Tampoco es imaginable una investigación libre en teología, porque las sectas religiosas limitan o impiden, por simple sentido de supervivencia, la libertad de pensamiento y de opinión de los teólogos. Así, la historia de cualquier religión sobre la tierra podría describirse también como la sucesión de las persecuciones que sufrieron sus teólogos, igual que en la filosofía, desde el proceso y condena de Sócrates (acusado, recuérdese, de impiedad).

La Iglesia Católica, Apostólica y Romana ha desarrollado del mismo modo un complejo sistema de control teológico, amparada en los conceptos de Tradición y Magisterio (Catecismo, nn. 74-100). Según pienso, con estas instituciones, nacidas por cierto del discurso teológico a través de los siglos, nuestra Iglesia no se distingue de cualquier otra religión que haya pretendido perpetuarse en este mundo y custodiar íntegras sus doctrinas (el depositum fidei).


Este cuasi monopolio de "la verdad" en la iglesia provoca que la teología católica se encuentre en perpetua contradicción entre la búsqueda pura y desinteresada de la verdad y la obediencia al magisterio, y esté siempre amenazada por el potencial conflicto con el poder eclesiástico y sus intereses de gobierno. Podría mencionarse el caso paradigmático de Hans Küng, pero es que Tomás de Aquino tampoco se libró en su tiempo de la censura y el riesgo de condena. 

En estos días hemos presenciado el hecho inaudito en España de que los miembros más cerriles y ultramontanos [ultramontanismo] de la Conferencia Episcopal se hayan llevado el gato al agua, y conseguido el secuestro de facto del libro Jesús. Aproximación histórica (PPC, 2007), del teólogo vasco José Antonio Pagola [El Plural y Diario Vasco], al que han sometido a un despiadado marcaje.

Acerca del que ya se llama entre nosotros "caso Pagola", he dedicado por lo menos tres artículos en este blog: el primero cuando se presentó el libro en mi ciudad [El Jesús de Pagola en Sevilla], otro cuando sufrió la primera censura, sin firma, de la Conferencia Episcopal [¿Condenar el libro de José Antonio Pagola?], y el último, con ocasión de un manifiesto de teólogos españoles, en defensa de Pagola [¿Herejía monofisista en la Iglesia?]. Debo decir que me ratifico en lo dicho, y ahora expreso mi tristeza por las sevicias que sufre este teólogo de bien.

El cristianismo padece hoy una peligrosa deriva gnóstica, en palabras del teólogo de Deusto, Javier Vitoria. Es un deber de los teólogos libres y, en la medida posible, de los cristianos sencillos "de a pie" o de base, denunciar con energía la amenaza de herejía de motivo ideológico en la iglesia. Igual que Humpty Dumpty, aquel huevo engreído y faltón, pero que acabó estrellado en el suelo, algunos eclesiásticos están tentados de decir hoy que lo importante no es el significado de las palabras, ni la verdad, sino que lo importante es saber quién manda aquí.

Sobre el tema, pueden consultarse estos artículos de internet:

José Mª Castillo, En defensa del "Jesús" de Pagola [enlace]
Javier Vitoria, José Antonio Pagola [enlace]
Xabier Pikaza, Caso Pagola o caso Rouco-Camino [enlace]
Fernando San Martín, A propósito del Jesús de Pagola [enlace]
Félix Azurmendi, Pedimos la verdad [enlace]
Marcos Santos Gómez, El gerundio en la teología [enlace]
Juan Masiá Clavel, Curias y eclesiásticos tentados a creer en Satanás [enlace]
José Manuel Vidal, Los curas de San Sebastián rompen la dinámica del miedo eclesial [enlace]

Y en este blog Majao Público, la etiqueta Pagola: Jesus

19 febrero 2010

De los Pirineos a Toulouse


De nuevo traigo al blog fotos tomadas en ruta a Italia, atravesados los Pirineos desde Huesca por Somport (la experiencia más próxima a un descenso ad inferos que puedo concebir). Las imágenes transmiten sensaciones de triunfo, de vencimiento, de superación... cualidades muy deportivas (la deportividad tiene mucho más que ver con el dominio de las pasiones que con el músculo, digo yo). Véase mi anterior entrada sobre el grupo escultórico Le Tour de France dans le Pyrènèes. Al final dejo también un inevitable autorretrato en la luna de una librería anticuaria de Toulouse, en pose y encuadre que parece hacer fortuna...

15 febrero 2010

La apendicitis de las nulidades

Entre los chascarrillos que corrían en la facultad, los más graciosos eran los que trataban del derecho matrimonial canónico y de eso que los legos llaman las anulaciones. En Sevilla, desde tiempo inmemorial, cada maestro ha dejado su impronta, y los discípulos ya se encargan de recordar las anécdotas de sus maestros. Se contaba por ejemplo del viejo profesor Manuel Giménez Fernández, que cuando llegaba a explicar el impedimento de la impotentia coeundi, mandaba que las pocas alumnas que oían sus clases se retiraran fuera. Y de otro, que sigue en activo, canonista soltero, que recomendaba a los alumnos: "¡no os caséis, no os caséis!". Las lidias matrimoniales, ocioso es decirlo, se prestan a comentarios jocosos, y a esto se le suele juntar la sorna y socarronería de muchos canonistas, hechos a tratar de rupturas y desuniones.
Un canonista de gran prestigio en Sevilla fue el canónigo de la catedral Francisco Gil Delgado (en la imagen). No impartía clases en la facultad, pero algunos de los profesores, como el nuestro de derecho civil, D. Manuel de Cossío, le invitaban a disertar en ocasiones sobre su experiencia en el tribunal eclesiástico de la diócesis. De su lección recuerdo la gracia y frescura con que fue explicando, en apenas una hora, las causas más frecuentes de nulidad que llegaban a sus manos. El metus reverentialis lo describía con esa típica escena de vodevil de la hija que le confiesa al padre que se ha quedado embarazada, y el padre le pregunta, muy serio: ¿Y entonces te casarás, no es verdad? La niña, sí, por obediencia contraía matrimonio, pero viciado por el miedo que le tenía al padre. Y luego Gil Delgado se refería a las nulidades, muy repetidas después del nuevo código de 1983, por inmadurez afectiva de los contrayentes, como la que parece que intentarían Elena de Borbón y Jaime de Marichalar [Periodista Digital]. Gil Delgado las llamaba "las apendicitis de las nulidades", porque se ven de continuo en los tribunales eclesiásticos, y su resolución es casi rutinaria.
No llegué a tratar a Gil Delgado, pero su figura oronda (y era nadador) me resultaba familiar. Muchas veces lo veía en la avenida, saliendo de la plaza del Cabildo, para pasear a su perro, un gran danés. Uno de sus libros, el que dedicó a la biografía del cardenal Segura (2001), es una de las lecturas más excelentes y apasionantes de las que tengo memoria.

14 febrero 2010

Toses y Bruckner

El otro día asistí a un concierto de abono de la ROSS, que los sevillano tenemos el privilegio de disfrutar en el teatro del paseo Colón. Daban una fantasía para piano y orquesta de Liszt, que me dejó frío como un témpano, pero además, como plato fuerte, la 4ª sinfonía, "romántica" (1881) de Anton Brukner, dirigida con gran energía por el maestro Pedro Halffter.  La disfruté mucho y aplaudí a rabiar al final. Sólo me faltó gritar el tópico ¡bravo!, pero es que el público sevillano es muy frío, rozando la apatía, Dios sabe por qué, así que me limité a musitar un tímido ¡bien! Pero lo que sigo sin entender son las toses del público. Desde niño, que voy a las salas de concierto, he pensado que son ruidos maleducados de quienes no saben, ni entienden de música, ni respetan al público. Pero esta última tarde he tenido una revelación, cuando en un pianissimo de la orquesta, alguien se mondó la garganta... ¡es que las toses figuran en partitura para subrayar los pasajes más sublimes y que el auditorio no se duerma! Bienvenidas sean las epidemias de tos en los mejores pasajes musicales. 

07 febrero 2010

Mira Nero de Tarpeya...

Mira Nero de Tarpeya
a Roma cómo se ardía;
gritos dan niños y viejos,
y él de nada se dolía.
El grito de las matronas
sobre los cielos subía;
como ovejas sin pastor,
unas a otras corrían;
perdidas, descarriadas,
a las torres se acogían.
Los siete montes romanos
lloro y fuego los hundía;
en el grande Capitolio
suena muy gran vocería;
por el collado Aventino
gran gentío discurría;
van en caballo rotundo,
la gente apenas cabía;
por el rico Coliseo,
gran número se subía.
Lloraban los ditadores
y los cónsules a porfía;
daban voces los tribunos,
los magistrados plañían,
los cuestores se mataban,
los senadores gemían.
Llora la orden ecuestre,
toda la caballería,
por la crueldad de Nero,
que lo ve y toma alegría...

Romance que dicen "Mira Nero de Tarpeya" [
Centro Virtual Cervantes].

(Homenaje a Peter Ustinov, mi debilidad).