24 junio 2015

Luna llena en Semana Santa

Denso, suave, el aire
Orea tantas callejas,
Plazuelas, cuya alma
Es la flor del naranjo.

Resuenan cerca, lejos,
Clarines masculinos
Aquí, allí la flauta
Y oboe femeninos.

Mágica por el cielo
La luna fulge, llena
Luna de parasceve.
Azahar, luna, música,

Entrelazados, bañan
La ciudad toda. Y breve
Tu mente la contiene
En sí, como una mano

Amorosa. ¿Nostalgias?
No. Lo que así recreas
Es el tiempo sin tiempo
Del niño, los instintos

Aprendiendo la vida
Dichosamente, como
La planta nueva aprende
En suelo amigo. Eco

Que, a la doble distancia,
Generoso hoy te vuelve,
En leyenda, a tu origen.
 
Et in Arcadia ego.


Cuando leo que el papa Francisco ha tenido la ocurrencia, y se está pensando, establecer una fecha fija de la Semana Santa en el mes de abril, y no según el calendario lunar [aciprensa], (una pavada, en Argentina), no he podido evitar acordarme de la "luna de parasceve" del gran poema del poeta sevillano Luís Cernuda. ¡Santo Padre, no por favor!


.

15 junio 2015

Sor Citroën


Me critican que hable de libros que no he leído. Si se piensa bien, eso de hablar de libros no leídos no pasa de pecado venial. Los libros no se leen, o si acaso deben leerse con pausa. Es grosero leer los libros de un tirón, como el que bebe de una garrafa. Lo que es uno, ya sólo lee en fragmentos, a páginas sueltas, y sólo veo justificado agotar y concluir muy pocos libros (no como en la adolescencia, en que leía hasta el final las novelas de Agatha Christie, a ver quién era el asesino). Con las películas me pasa lo mismo. Ahora que voy a hablar de Sor Citroën (Pedro Lazaga, 1967), resulta que tampoco la he visto nunca de principio a fin, porque suelen echarla por la tele a la hora de la siesta, y sólo he logrado verla por pasajes sueltos, dando cabezadas en el sillón.

Dentro de nada, en un par de años (en 2017), celebraremos el cincuentenario de Sor Citroën, así que me anticipo a las celebraciones. Se trata de una película, ¿cómo diría yo?, inolvidable. Tontorrona, con aire de época, pero que se deja ver muy bien, sin ser ninguna obra de arte. No es una película que haya envejecido particularmente. Es tan española como el vino tinto, o la liga de fútbol. Desde luego merece ser conservada en la Filmoteca Española, por los mismos motivos que las películas americanas se depositan en el National Film Registry de la Library of Congress, cuando se aprecien como "culturally, historically, or aesthetically significant". Pienso que Sor Citroën, cuando menos, es también una película muy relevante para conocer su tiempo. 

Sor Citroën parece la réplica modosa de aquella película tan dramática de Fred Zinnemann, Historia de una monja, que se estrenó inmediatamente en España en 1960, protagonizada por Audrey Hepburn. A su lado, el papel de Gracita Morales es el de una monja blandita y empalagosa, pero que se gasta un "genio racial" cuando toca (nada que ver con el drama tan sutil de Zinnemann). Pero es muy curioso que se nos presente a estas dos monjas, la belga y la española, como hijas de un padre viudo (el padre español no tenía más remedio que ser eso tan hispánico como un factor de estación de ferrocarril). En la película de Zinnemann hay violencia e incluso un asesinato, pero en la de Pedro Lazaga la sangre no llega al río, y como mucho hay, ¡cómo no!, un niño perdido del orfanato, que se lo encuentran unos albañiles que son todos unos cachos de pan, que quieren acercarse a una gasolinera para comprarle al infante un poco de leche caliente.

También se me ocurre que se podría comparar a la monjita española, "la hermana Tomasa", con don Quijote. Ambos van a la aventura (don Quijote en su rocín, y sor Citroën en un dos caballos). Mientras que las aventuras de don Quijote acaban casi siempre mal, a palos, las de sor Citroën acaban siempre bien, como aquella en que un guardia de la porra le pone una multa de tráfico, y al final todo el mundo quiere poner de su bolsillo los veinte duros que se deben. O como cuando sor Citroën va a la gasolinera a repostar, y no quiere pagar las 200 pesetas que marca el surtidor, ¡y consigue ablandar al dueño, para que le perdone la cuenta! Es evidente que las monjas españolas de la vida real son más serias, y pagan sus facturas como Dios manda.

La película Sor Citroën no puede ser más distinta que el Quijote. En la novela, el mundo es tal cual de duro como el de verdad (por eso nos hacen gracia las tonterías de don Quijote y Sancho Panza). En cambio en la película de Gracita Morales, la historia es de color de rosa, y acaba muy bien, y todos contentos. ¡Qué mentira! Por eso será que es una película que logra arrullarnos a la hora de la siesta, con una sonrisa en los labios, como cuando eramos niños.

 .

12 junio 2015

Lo que me gustaría ser a mí si no fuera lo que soy


Siempre que biene el tiempo fresco, o sea al medio del otonio, a mí me da la loca de pensar ideas de tipo eséntrico y esótico, como ser por egenplo que me gustaría venirme golondrina para agarrar y volar a los paíx adonde haiga calor, o de ser hormiga para meterme bien adentro de una cueva y comer los productos guardados en el verano o de ser una bívora como las del solójico, que las tienen bien guardadas en una jaula de vidrio con calefación para que no se queden duras de frío, que es lo que les pasa a los pobres seres humanos  que no pueden comprarse ropa con lo cara questá, ni pueden calentarse por la falta del querosén, la falta del carbón, la falta de lenia, la falta de petrolio y tamién la falta de plata, porque cuando uno anda con biyuya  ensima  puede entrar a cualquier boliche  y mandarse una buena  grapa que hay que ver lo que calienta, aunque no conbiene abusar, porque del abuso entra el visio y del visio la dejeneradés tanto del cuerpo como de las taras moral de cada cual, y cuando se viene abajo por la pendiente fatal de la falta de buena condupta en todo sentido, ya nadie ni nadies lo salva de acabar en el más espantoso tacho de basura  del desprastijio humano, y nunca le van a dar una mano para sacarlo de adentro del fango enmundo entre el cual se rebuelca, ni más ni meno que si fuera un cóndor que cuando joven supo correr y volar por la punta de las altas montanias, pero que al ser viejo cayó parabajo como bombardero en picada que le falia el motor moral. ¡Y ojalá que lo que estoy escribiendolé sirbalguno para que mire bien su comportamiento y que no searrepienta cuando es tarde y ya todo se haiga ido al corno por culpa suya!

CÉSAR BRUTO, Lo que me gustaría ser a mí si no fuera lo que soy
(capítulo: Perro de San Bernardo).

[Rayuela]

.

09 junio 2015

Piérdele el miedo al Quijote


Sigo, y espero terminar, con el pseudoquijote "puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello" [Destino]. Ayer, sin pretenderlo, volví a ver y oír a Trapiello en televisión, en el programa nocturno de Sergio Martín, haciendo por enésima vez la defensa de "su libro". Ya no dice esa cosa tan horrorosa, y falsa, de que el Quijote esté escrito "en castellano antiguo", aunque puso un ejemplo falaz de dificultad, una frase oscura de las que alguna vez se encuentran en el texto cervantino (en concreto, del capítulo XIX de la Segunda Parte, "donde se cuenta la aventura del pastor enamorado, con otros en verdad graciosos sucesos"). La falacia estuvo en que Trapiello seleccionó, muy a propósito, un pasaje donde se gasta la jerga de los estudiantes. No es castellano antiguo, ni difícil, ni oscuro. Es simplemente un pasaje jergal, como tantos que puedan encontrarse en grandes creadores del idioma (en Benito Pérez Galdós, sin querer ir más lejos). No puede aducirse lealmente para valorar la claridad de la lengua de Cervantes.

Para perderle el miedo al Quijote, digo el de verdad, y no el trapiellesco, a mí no se me ocurre mejor medicina que abrirlo por cualquier parte, y leer sin más. Yo propongo ahora, por ejemplo, el capítulo V de la Segunda Parte ("De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice recordación"), que ha sido llamado por Rafael Lapesa "joya del lenguaje coloquial de la literatura española". Véase cómo termina:

"—En efecto, quedamos de acuerdo —dijo Sancho— de que ha de ser condesa nuestra hija.
—El día que yo la viere condesa —respondió Teresa—, ese haré cuenta que la entierro; pero otra vez os digo que hagáis lo que os diere gusto, que con esta carga nacemos las mujeres, de estar obedientes a sus maridos, aunque sean unos porros.
Y en esto comenzó a llorar tan de veras como si ya viera muerta y enterrada a Sanchica. Sancho la consoló diciéndole que ya que la hubiese de hacer condesa, la haría todo lo más tarde que ser pudiese. Con esto se acabó su plática, y Sancho volvió a ver a don Quijote para dar orden en su partida."

Una vez leído, el lector habría de sincerarse consigo mismo, y confesar si esto es "castellano antiguo", "dificilísimo de leer", o más bien no es sino literatura cristalina, que ninguna presunta adaptación puede mejorar.

Imagen: [Ron Lalá].

.

03 junio 2015

Por un Quijote "en castellano antiguo"

El número de los tontos es infinito. No tiene culpa quien no pudo ir a la escuela. Pero los necios que no se ilustran y no cultivan el espíritu carecen de disculpa. La tontería hace daño al prójimo. Perdonemos a los tontos, como ellos perdonarán también nuestras propias tonterías. Aqui doy algunos botones de muestra. No me enfado, sólo me hace reír.

Un primer disparate, oído en la radio hace unas semanas. Una agencia de viajes de mi ciudad anuncia la consabida peregrinación por la ruta de San Pablo, "visitando Éfeso, Antioquía, y otros lugares evangélicos..." (pero el apóstol Pablo no aparece en los evangelios). Otro disparate, leído ayer. Se anuncia la publicación del libro de Gregorio Luri, ¿Matar a Sócrates? El filósofo que desafía a la ciudad [Ariel]. La nota editorial dice que "es imprescindible leer a Sócrates" (ignora que fue ágrafo). Y el último, también de ayer. Llego a casa a las 9 p.m., todavía sin haberse hecho oscuro. Cazo al vuelo, en radio nacional, una entrevista al escritor Andrés Trapiello, que presentaba a los radioyentes, ay dolor, su Quijote "adaptado al castellano actual" [Abc]. Don Trapiello se harta de decir que la novela de don Quijote hoy ya no se entiende. Y creí oir por la radio que se le escapaba esa gran tontería cervantina de que el Quijote está escrito "en castellano antiguo" (la otra gran tontería cervantina es que Cervantes fue un "ingenio lego"). ¡Pero bueno! ¿Qué noción de la antigüedad lingüística tendrán?

Bastan veinte años para que la lengua se haga antigua, o mejor dicho, para que envejezca. No hablan igual los viejos que los jóvenes (pero se hacen entender). Es cuestión de diferencias, tal vez mínimas, diferenciales. Acepto que el Cantar del Cid, o el Libro del Arcipreste, suenen a antiguo, porque la gente hoy no habla así. Pero se entienden, haciendo un pelín de esfuerzo. Se me caen las lágrimas recordando que en el bachillerato nos aprendimos ese verso del Cantar: ¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señore!, que todos los españoles con estudios se saben de memoria, y que no se nos ocurría pedir que se nos tradujese, porque lo entendíamos, está dicho en castellano.

El fondo antiguo de una lengua le da lustre, y yo diría, en plan de paradoja, que si no conocemos las formas antiguas de la lengua, tampoco nos entenderemos en su forma moderna. Los griegos de hoy que andan por la plaza Syntagma dicen que les cuesta trabajo entender a Homero, pero es la misma lengua griega que la que se habla hoy, aún más antigua que la nuestra castellana (que es una manera de hablar un latín corrompido). Del griego moderno al griego de los evangelios no hay más que un breve paso, que son dos milenios de antigüedad. Y todavía habrá quien se atreva a decir que el Quijote, escrito anteayer como quien dice, no lo entiende nadie. ¡Menuda tontería cervantina!

Lo viejo es una forma de la hermosura. Lo antiguo nos enamora. Es un insensible quien no se emocione un poquito paseando entre las piedras del Foro romano, o aquí más cerca, por las ruínas de Itálica. La vejez es la gracia de nuestro romancero viejo, perpetuado hasta nuestros días, de una antigüedad remota, como las delicadas jarchas. Quererlo traducir al "castellano moderno" sería un crimen literario irreparable. Hay que respetar lo antiguo, como hizo don Ramón Menéndez Pidal en su inolvidable Flor nueva. Por eso el exterminio de un pueblo comenzaba, en la antigüedad, con el incendio de sus archivos y bibliotecas, que era el lugar de su memoria literaria, de sus antigüedades. La vida de los individuos es valiosa, pero también la otra vida colectiva de los antepasados, testimoniada en los monumentos y en los libros.

Pero es que no, el Quijote no está escrito "en castellano antiguo", por más que nos tropecemos a veces con accidentes de la lengua del tiempo de Cervantes, muy evidentes y salvables (que han estudiado los lingüistas, como Ángel Rosenblat [Cesla]). La lengua de Miguel de Cervantes es, con todo, nuestra lengua. Claro es que hoy nadie llama a nadie vuestra merced, aunque niego que esa expresión y otras semejantes necesiten ser traducidas o adaptadas (no sé cómo lo dirá la versión de Trapiello, ¿con el mostrenco usted?). Quienes confiesan que el Quijote les parece difícil de leer "porque está escrito en castellano antiguo", en realidad no hacen más que dar una excusa de mal lector, de lector perezoso que no consulta el diccionario (o que no lee las notas a pie de página de la edición de Francisco Rico).

Entonces, ¿dónde está la dificultad del Quijote? ¿Por qué dicen que cuesta tanto trabajo leerlo? Para mí que no está en su lengua, prácticamente la nuestra. Desde este punto de vista, es mucho más difícil y tortuoso el castellano de Santa Teresa de Jesús, muy suelto, familiar, plástico y hasta gracioso. Pero digamos en voz baja que todavía no se le ha ocurrido a ningún cura loco, en este año jubilar teresiano (1515-2015), adaptar o traducir, Dios nos libre, la prosa de Teresa de Ávila. Sería un crimen, porque a Santa Teresa se le entiende hoy en castellano perfectamente.

Así que la dificultad del Quijote no está en su lengua (ese absurdo "castellano antiguo" de la tontería cervantina), sino en aquello que lo hace una obra de arte del lenguaje. El Quijote es difícil por su misma abundancia de vocabulario, de ideas, de imágenes, de invenciones, de episodios, chistes y cuentos, de digestión pesada para las mentes insensibles a las letras. La exuberancia literaria del Quijote asombra y aturde, lo mismo que visitar una ciudad artística por los cuatros costados, como es Florencia ("... Contentóle Florencia en estremo, así por su agradable asiento como por su limpieza, sumptuosos edificios, fresco río y apacibles calles..."), donde amenaza en cualquier esquina el síndrome de Stendhal o de hyperkulturemia [wiki]. Sí, digamos que el Quijote es un fenómeno hiperliterario o hipercultural, que debe administrarse en pequeñas dosis.

Pero leer el Quijote no es obligatorio, aunque sea lamentable que nuestros bachilleres no se animen a leer ni siquiera extractos de la historia. Don Quijote y Sancho Panza están en la mente de todos (son como "el gordo y el flaco"), aunque no se haya leído el libro, igual que los personajes de la Historia sagrada. Tampoco hay que leer la Biblia para tener noticia de quiénes eran Caín y Abel, del arca de Noé, el plato de lentejas, el sueño de las vacas gordas y las vacas flacas, o los prodigios de Moisés. Aceptemos entonces que el Quijote sea lectura de minorías, y que no está destinado a la lectura de masas. No hace falta adaptar el Quijote, que está bien así, tal como es.

Adenda necesaria, de hoy viernes 5 de junio de 2015. Me preguntaba más arriba que cómo habría traducido Andrés Trapiello el muy reconocible vuestra merced de las páginas cervantinas. Ya he consultado su libro en la librería (pues no me gastaré 23,95 euros en eso), y he comprobado que lo deja así, sin adaptar. De modo que el lector del Quijote adaptado al castellano moderno, se quedará igual. Mejor hubiera quedado (en el capítulo VIII de la primera parte) que dijese: "Mire usted, señor, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento...". Pero lo diré con un refrán cervantino a más no poder: para este viaje no hacen falta alforjas.

Adenda imprevista, de hoy lunes 8 de junio de 2015. También decía que "todavía no se le ha ocurrido a ningún cura loco, en este año jubilar teresiano (1515-2015), adaptar o traducir la prosa de Teresa de Ávila". En realidad, ya se le pasó por la cabeza, y puso en obra, al carmelita descalzo Eduardo T. Gil de Muro (1927-2012), que no era ningún "cura loco", y que contaba con estudios de periodismo. Así hizo con el Libro de la Vida [montecarmelo], "una nueva edición del “Libro de la Vida”, adaptada en este caso al castellano de hoy". Trapiello ya tiene una coartada que esgrimir.

Y también:
César Noragueda: "El 'Quijote' para ineptos" [La Columnata].
Lansky: "Enmierdando el Quijote" [Periquitos muertos].
Manuel Pascua: "Trapiello: terrorismo literario y los 504" [Periodistas en español].
Poil de Carotte: "Un Quijote que, de tan masticado, da náuseas" [Manual de ultramarinos].
José Luís García Martín: "El Quijote de Andrés Trapiello" [Crisis de papel] (aunque ésta es una "reseña amical", que se deja la cola por desollar, dicho con proverbio cervantino).
Teresa Padilla: "La reencarnación de Cervantes" [Diarios de resistencia]. 
Santiago Trancón: "Va de un jambo que está loco" [La Nueva Crónica]. 
Daniel Lebrato: "Coplas por la muerte del Quijote" [El Tendedero]. 
Ignacio Arellano Ayuso: "El Quijote de Trapiello o que me traduzcan este..." [Jardín de los Clásicos].


25 mayo 2015

Los demasiados libros (y otros libros más)

Hojeando el blog de Daniel Heredia, ¡A los libros!, que trata (¡de qué va a ser!) de libros, he visto que está publicando un interesante serial de eso que los bibliófilos llamamos "libros sobre libros" (books on books). Daniel Heredia los colecciona (dice que tiene unos 750 de ese asunto). Yo no, aunque con el tiempo uno se da cuenta de que ha reunido sin querer un puñado de ese palo. Se me ha ocurrido, siguiendo el ejemplo, presentar aquí mi propia selección de esta categoría, que para no cansar limitaré a cinco librejos, además de los que voy citando de pasada.

Virtualmente toda la historia literaria es un escribir sobre lo escrito, una especie de midrash. El Quijote lo es, de cabo a rabo. Y cualquier obra libresca, como la novela alegórica El Criticón, del jesuíta Baltasar Gracián. Reduciéndonos a ejemplos más asequibles, cualquiera nos acordamos de la novela El nombre de la rosa, de Umberto Eco, o de las memorias 24, Charing Cross Road, de Helene Hanff, o de algunos relatos notorios de J.L. Borges ("Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", me parece un buen ejemplo). Mi lista de ahora serán de estudios, ensayos, descripciones, crónicas, incluyendo algunos títulos recientes que ya son clásicos:

1. Historia de la Bibliografía en España (1987), de José Fernández Sánchez.  Tratándose de hablar de libros de manera seria, lo primero debe ser el conocimiento del arte de describirlos, la bibliografía. Ciencia remota, como los libros mismos. Lucas el médico, y evangelista, se revela como bibliógrafo en las primeras líneas de su evangelio. José Fernández Sánchez (Mieres, 1925 – Madrid, 2011), fue un “niño de la guerra”, evacuado de Gijón a Moscú en 1937. Trabajó en la Biblioteca Lenín de Moscú y en La Habana, y a su regreso a España en 1971, se desempeñó como profesor y traductor de lenguas eslavas, y como facultativo en la Biblioteca Nacional de Madrid. Esta historia, muy elegante, cubre el panorama desde los precursores (los inventarios y hagiografías medievales), San Isidoro de Sevilla, el catálogo de Arias Montano de la biblioteca de San Lorenzo de El Escorial, o el Índice de libros prohibidos del inquisidor Valdés, hasta los bibliógrafos españoles del siglo XIX (la familia Salvá, Bartolomé José Gallardo, Menéndez Pelayo...). 

2. The bookshops of London (1993), de Charles Frenwin y Derek Lubner. Una extensa y detallada guía de librerías de Londres, que algunas veces repaso con melancolía. Creo que eran  entonces, hace unos veinte años, unas 500 librerías (pero cada año que pasa, presiento, muchas menos). Quien visite hoy Londres seguro que se encontrará con guías parecidas, muy mejoradas. Pero la de Frenwin y Lubner parece que ha sido pionera. Otra cosa es que te encuentres una tienda de ropa, o un delly, donde la guía de 1993 decía que había una librería de qué sé yo qué.

3. Bosquejo de una política del libro (1944), de Gustavo Gili Roig. Se trata de un libro viejo (que aún se encuentra a muy buen precio entre anticuarios), originalmente una edición no venal, elegantemente impresa a dos tintas, donde este editor de prestigio (1868-1945) exponía como veterano las dificultades de la industria editorial a los cinco años de acabar nuestra guerra civil. Un librito en que se aprende mucho, y que bien valdría la pena reeditar. “Si como hemos demostrado, el problema económico del libro español es, fundamentalmente, un problema de abaratamiento de su precio, y si este abaratamiento sólo puede lograrse situando los precios medios del papel editorial al nivel de los que rigen en los países donde España tiene sus más temibles competidores, es evidente que lo que más urge es conseguir la rebaja del papel para nuestras ediciones”.

4. Memorias de un librero escritas por él mismo (1994), de Héctor Yánover, "librero establecido". Es un clásico, publicado entonces en España por Anaya & Mario Muchnik, y que se ha vuelto a reeditar en fecha reciente. Yánover (1929-2003) fue un librero destacado de la ciudad de Buenos Aires (¡una gran ciudad libresca!), y aquí presenta una retahíla graciosa de anécdotas de su librería, en las que los asiduos nos reconocemos.

Y 5. Los demasiados libros (1972), del ingeniero y escritor mexicano Gabriel Zaid (Monterrey, 1934), una serie de ensayos sobre la logística del libro, que debe interesar a todos los lectores (iba a decir "compradores de libros"). Otro gran clásico, muy reeditado y traducido: So Many Books: Reading and Publishing in an Age of Abundance [Amazon].

Sé que me dejo otros muchos títulos deliciosos en el tintero (los de Francisco Mendoza Díaz-Maroto, Miguel Albero Suárez, Alberto Manguel, Fernando R. de la Flor...), pero con estos cinco la lista está ya bien despachada. La imagen que pongo es de la cubierta del último libro de Daniel Heredia, ¡A los libros! 25 entrevistas a profesionales del sector del libro, que acaba de publicar Isla de Siltolá. El autor explica sus propósitos en su blog [aquí].

.

08 mayo 2015

FLS 2015

A Day in the Life (the Beatles) ... y una nueva Feria del Libro de Sevilla (FLS), este año en homenaje al poeta y profesor Rafael de Cózar (1951-2014), muerto en el incendio de su biblioteca [el mundo], como en un cuento de Poe. No lo traté, aunque recuerdo haber asistido a una de sus clases hace ya... treinta y cinco años, cuando yo era un pipiolo de letras (¿y lo seguiré siendo?) y Cózar ya tenía barba. Aprovecho la Feria para ver libros que pasan sin pena ni gloria en las librerías, no las "novedades". Este año, me he llevado dos libros excelentes. Uno, del historiador Jesús Vergara: Guía histórica de la Sevilla andalucista [Atrapasueños], libro de erudición sorprendente, muy atractivo para los moradores de la ciudad. Se publicó en 2010, y no me explico cómo no he caído en la cuenta hasta ahora. El otro, una novedad muy novedosa (es un decir): Trigo y aceite para la Armada. El comisario Miguel de Cervantes en el Reino de Sevilla (1587-1593), que acaba de publicar la Diputación, serie de conferencias celebradas en Carmona, Osuna, La Puebla de Cazalla, Écija y Sevilla, siguiendo la pista de Cervantes, donde se presentaron documentos inéditos de las andanzas del Comisario. Este año ha sido noticia, relativa, la conversión del antiguo "Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla" en Editorial [EUS]. Ahora me acuerdo como anécdota que, en un trabajo de facultad, en la bibliografía, se me ocurrió citarla como P.U.S. (i.e. Publicaciones de la Universidad de Sevilla). Con razón el profesor que me corrigió (don Antonio O.) me puso al lado un grandote interrogante en rojo. El caso es que este año, entre las novedades de la editorial universitaria, me gustaría destacar un libro interesantísimo del que fue Rector, don Juan Ramón Medina Precioso: Los adoradores del azar y los de Dios. Una propuesta para arrancar el monopolio del azar a los ateos [eus]. El gran mérito de este libro, que es una reflexión científica, filosófica y teológica, es presentar ideas globales, poniendo en contribución saberes diversos, lo que es gala de humanista (en el caso del profesor Medina Precioso, catedrático de genética ya jubilado).

.

30 abril 2015

Un soneto a Roma

¡Oh grande, oh poderosa, oh sacrosanta,
alma ciudad de Roma! A ti me inclino,
devoto, humilde y nuevo peregrino,
a quien admira ver belleza tanta.
 

Tu vista, que a tu fama se adelanta,
al ingenio suspende, aunque divino,
de aquél que a verte y adorarte vino
con tierno afecto y con desnuda planta.
 

La tierra de tu suelo, que contemplo
con la sangre de mártires mezclada,
es la reliquia universal del suelo.


No hay parte en ti que no sirva de ejemplo
de santidad, así como trazada
de la ciudad de Dios al gran modelo.


MIGUEL DE CERVANTES

De Los trabajos de Persiles y Sigismunda, IV, 3.


En la edición de las Poesías de M. de C., de Adriana Lewis de Galanes (Zaragoza, ed. Ebro, 1972). Sobre Miguel de Cervantes, la ingente bibliografía se ha aumentado este año con una biografía excepcional, muy sobria y ceñida a los documentos, la del profesor de la universidad de Gerona, Jorge García López: Cervantes. La figura en el tapiz [el periódico].

.

24 abril 2015

El profesor Calero, autor del Quijote


Una lección del relato de Borges "Pierre Menard, autor del Quijote", es que el autor de la obra literaria es lo de menos. Lo importante es lo que tenemos a la vista, el propio texto. Especular sobre el fondo de la autoría de un libro es, en el límite, una simple disquisición erudita. Qué más dará quién fuese Homero, quién el autor del Cantar del Cid, quién el del Lazarillo, que si William Shakespeare fue quien escribió o no escribió las comedias de Shakespeare..., o, en fin, quién se embozó bajo el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas.

Así las cosas, don Francisco Calero bien se merece ingresar en el parnaso de los autores, verdaderos o imaginarios, del Quijote. Nada extraño que la historia de un hidalgo que se volvió loco de tanto leer (¿igual que el mismo don Miguel de Cervantes de carne y hueso, en su villa de Esquivias?) continúe provocando tantos dislates.

Pero, ¿quién es don Francisco Calero? Desmentiría ahora a Borges, o a Pierre Menard, si me empeñase en explicar la vida de este autor. Pero se trata de una persona de verdad, y no inventada. Don Francisco Calero es catedrático emérito de filología latina de la Universidad Nacional de Educación a Distancia [UNED]. Estudioso de toda la vida del humanista Juan Luís Vives, ha traducido su tratado de subventione pauperum, publicado por el Ajuntament de Valencia [bivaldi]. Y en la Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.) ha editado el Diálogo de doctrina christiana [BAC].

Traigo ahora a colación al profesor Calero por un nuevo libro suyo digno de nota, que lleva el sorprendente título de El verdadero autor de los "Quijotes" de Cervantes y de Avellaneda [BAC]; un título que se autorrefuta, pues si se tratase de investigar la verdadera autoría del Quijote, ¿a qué mencionar a Cervantes y a Avellaneda? No tengo a la mano el libro, aunque me basta el prospecto de los editores para valorarlo [vid]. Ahí el profesor Calero dice que "Cervantes, aun gozando de la dignidad que tiene todo hombre, no pudo ser el padre del Quijote, porque no se lo permitió ni su formación ni el desarrollo de su vida".

Si me dejase llevar por el primer impulso en mi condición de amigo de Cervantes, habría de decir que la tesis del profesor Calero me sume en la más abismal de las perplejidades. Pero acogiéndome a la sentencia de Plinio el viejo, neque enim est ullus tam malus liber, qui alicui non placeat, parece más justo ponderar lo que de bueno pueda tener este libro del profesor Calero, si no leído, al menos presentido.

La tesis es descabellada. Porque no se trata de que Cervantes hubiera podido o no escribir el Quijote, sino que de hecho Cervantes escribió el Quijote, y por tanto pudo y quiso escribirlo. La vida de Miguel de Cervantes está de sobra documentada, y se conoce su educación literaria, su práctica de escritor, y su trato con muchísimos autores de su tiempo y con los príncipes y mecenas. Afirmar otra vez, injustamente, que Cervantes fuese un ingenio lego, son ganas de desconocer las noticias ya conquistadas sobre "el verdadero autor del Quijote".

Pero además, la persona se transparenta en el personaje. Desde la primera hasta la última línea de sus obras (basta acudir a los sublimes "prólogos") el texto cervantino es en todo coherente con ese español excepcional que fue Miguel de Cervantes (Cervantes, clave española, afirmaba Julián Marías). Claro que el Quijote, y todo lo demás, pudo escribirlo, y de hecho lo escribió, Miguel de Cervantes.

El libro del profesor Calero se parece a esos estudios de la filología española del tiempo de maricastaña (vale decir, de antes de Américo Castro), esto es de hace más de un siglo. Bueno como exhibición de los saberes humanistas de este profesor, pero no como aportación científica de nada. Y aguafiestas, porque en plenas celebraciones del cuatricentenario del Quijote de 1615, osa impugnar la autoría de Miguel de Cervantes, que Dios tenga en su gloria. Habría que contestar con las palabras del viejo soldado: "'¡Tate, tate, folloncicos! / De ninguno sea tocada; / porque esta impresa, buen rey, / para mí estaba guardada. Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para en uno..."

A mí se me ocurre que esta pseudocuestión cervantina se parece mucho a la que pone en duda la verdadera existencia de Jesús de Nazaret [Christ myth theory]. Jesús el galileo no se hizo ninguna foto ni ningún retrato, ni se grabaron sus palabras en un magnetófono. Sin embargo, es impensable que todo el ruído que armó se hubiese de adjudicar a un personaje inventado por los judíos o griegos de Jerusalén y Antioquía. Lo mismo hay que decir de Miguel de Cervantes. Es un principio de la investigación científica recurrir a la hipótesis más simple, la menos rebuscada, y la más elegante. Todos los puntos están a favor de Cervantes como autor del Quijote, no de cualquier otro sujeto.

Para dejar un buen sabor de boca, termino con una noticia que sí merece nuestras albricias. La Real Academia Española ha publicado en sus "anejos de la Biblioteca Clásica", una nueva edición del Quijote de Avellaneda [RAE], del catedrático Luís Gómez Canseco. Argumenta este profesor, como buena razón para acercarse al Quijote de Avellaneda, que es «el propio libro: está bien escrito, se lee con gusto y sigue guardando interés para el lector actual. Esconde, además, información novedosa y atractiva para aquellos que quieran adentrarse por los entresijos que la literatura del Siglo de Oro guarda para los lectores del siglo xxi».

POST SCRIPTUM

Documentos que prueban que Cervantes escribió el Quijote: [aquí].

.

Vademecum


Hablando de memoria, sobre las hermosas Confessions of an english opium eater, de Thomas de Quincey (obra de lectura inexcusable) [gutenberg], recuerdo el pasaje en que cuenta el personaje que viajaba tan sólo con un maletín con sus objetos personales, y en un bolsillo el libro de un poeta inglés, y en el otro las nueve tragedias de Eurípides. Tendríamos que preguntarnos qué libro nos llevaríamos en el bolsillo, en caso de huída precipitada. ¿La Biblia? ¿El Quijote? ¿El Código civil? ¿Una guía de Barcelona...? La casa Seat ha tenido la humorada de medir la capacidad del maletero de un Seat León, contando los libros que caben, unos 1000 [Abc]. Mis amigos libreros de viejo, me cuentan que cuando van a comprar una biblioteca de, digamos, unos 3000 libros, se llevan una furgoneta para el traslado. Verdaderamente es una penitencia llevar a cuestas una biblioteca, como si fueran las cadenas de un galeote, y así se explica que en cualquier mudanza perezcan los libros por el camino.

.