25 marzo 2013

Un Chesterton barato

Había comenzado el año pensando en exhibir en el blog los libros que compro o que rara vez me regalan (porque los libros son como las corbatas). Pero hay libros de los que me arrepiento de haber comprado a eso del cuarto de hora, así que he pensado que mejor me callo y me los guardo al coleto. Aunque ¿por qué no contar ahora, así como de pasada, que me he hecho en estos tres meses que van del año, con un espléndido volumen de biografías (la de Tiberio el resentido, o la de El Greco en Toledo), de Gregorio Marañón; o una monumental y apetitosa edición de la Real Academia, del Guzmán de Alfarache, del egregio sevillano Mateo Alemán...? Pues sí, por qué no contarlo. En ocasiones me figuro que mi ángel tutelar, o bien mi diablo de guardia, me echan a los ojos los libros a los que estoy dándole vueltas en la cabeza. Hoy estoy contento, y me dirán que con poca cosa me contento. Esta mañana me di una vuelta por la Casa del Libro de la calle Velázquez, aquí en Sevilla, y me dio por subir a los infiernos de la tercera planta, donde los "libros raros", y echar un ojo a los libros en inglés. Y si no lo veo, no lo creo. Me esperaba allí un ejemplar de obras selectas del gordo G.K. Chesterton, The Everyman Chesterton, la edición de Ian Ker de 2011 [Everyman]. En origen cuesta unas 12,99 libras esterlinas, y la Casa del Libro me lo ofrece ahora de importación por unos 15,67 euros, tiráo. Realmente muchísimo más barato que cualquier obra suelta en castellano. Por ejemplo, El hombre eterno (The Everlasting Man) cuesta en librería 20,80 euros [Cristiandad], y Ortodoxia (Orthodoxy), 22 euros [Acantilado]. Ambas obras, incluídas en el elegantón volumen de Everyman´s Library (hay que hojear algún libro de esta editorial, para enterarse de cómo es un libro bien hecho). La antología incluye, además de estos dos títulos polémicos, las biografías de Charles Dickens (Orwell pensaba que era la mejor del autor) y St Thomas Aquinas, algunos ensayos literarios, y algunas de las historias de Father Brown y poemas, incluído Lepanto. Pero no The man who was Thursday, que el editor no aprecia como lo mejor de Chesterton. El librero que me atendió debe ser un chestertoniano embozado, porque me encareció el libro.

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15 marzo 2013

El papa Francisco

Reproduzco con su autorización la carta de la "parroquia de papel" del sacerdote sevillano Carlos Ros Carballar, cuando acaba de elegirse el nuevo papa Fracisco:

Mis queridos parroquianos: Habemus papam. Y acontecimiento tan importante en la vida de la Iglesia no puede quedar sin una reflexión de vuestro párroco, aunque sea la más humilde de las reflexiones de todas las que pululan por los medios de comunicación social.
Uno, que es algo leído, no solo ha consultado toda la prensa que ha podido, también ha chequeado algo de la italiana. Y en Corriere della Sera apareció en primera plana una viñeta que me ha hecho sonreír y que puede ser premonitoria. Está el papa rodeado de cardenales en la balconada de la basílica de San Pedro en la noche de su anuncio. El papa dice a la multitud:
—Mis hermanos cardenales me han dado una sorpresa.
Y añade a continuación:
—Pero eso no es nada con la sorpresa que les voy a dar a ellos.
Y creo como primera impresión que va a resultar así. Ya ha dado algunas pinceladas de ello. Y solo lleva un par de días de papa. La primera sorpresa: el nombre elegido. Inédito en la historia del papado. Francisco, como el Poverello de Asís.
Me ha hecho recordar cómo Francisco de Asís hizo una peregrinación a Roma en 1206. Ante la basílica romana —no la actual, sino la anterior, la constantiniana— se arremolinaba una legión de pobres mendigos, ciegos, paralíticos y lisiados. En solidaridad con aquellos desgraciados a los que él llamaba «nuestros hermanos en Cristo», cambió sus vestidos con uno de ellos y «cubierto de harapos, pasó todo aquel día en medio de los pobres con extraordinario gozo de espíritu». Cuando volvió a su tierra, Francisco visitaba con frecuencia el leprosario de San Lázaro, cercano a Asís.
Llegado el otoño, mientras se hallaba absorto en oración en la pequeña iglesia semiderruida de San Damián, oyó que el Cristo de la pared le hablaba:
—¡Francisco, ve y repara mi casa, que está a punto de arruinarse toda ella!
Francisco lo entendió como el arreglo de aquella ermita ruinosa que será conocida como la Porciúncula. Con  algunos amigos se puso a la loca aventura de su reconstrucción.
Un tiempo más tarde, el 24 de febrero de 1208, oyendo misa en la Porciúncula, unas palabras del evangelio de Mateo se le clavan en su mente:
—Proclamad que el reinado de Dios está cerca, curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. De balde lo recibisteis, dadlo de balde. No os procuréis oro, plata ni calderilla para llevarlo en la faja; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas ni sandalias ni bastón, que el bracero merece su sustento...
A Francisco se le aclaró de golpe su vocación. Con una vestimenta de saco y una cuerda a la cintura, comenzó a predicar en Asís y alrededores. El 16 de abril, el noble Bernardo de Quintavalle decide repartir sus riquezas entre los pobres y se hace compañero de Francisco. En esa primavera de 1808 se le unen otros compañeros. Y etcétera. Nace el franciscanismo en la Iglesia, con una señal específica de testimonio de la pobreza en el mundo.
¿Será verdad que esta Florecilla de san Francisco se haga realidad siglos después?
Creo que el papa Francisco, por los datos biográficos que he podido leer, tiene visos de ser un nuevo Poverello que se ha sentado en la mismísima silla de San Pedro.
¡Dios lo quiera y nosotros lo veamos!
El Espíritu Santo, que guía a la Iglesia, le ha tenido que susurrar:
—¡Francisco, ve y repara mi casa, que está a punto de arruinarse toda ella!
Una segunda sorpresa de esta primera hora es la edad del nuevo papa: 76 años, cuando se esperaba un papa más joven, allá por los sesenta. Benedicto XVI fue elegido con 78 años y le ha durado el vigor del cuerpo ocho años. El papa Francisco es un pelín más joven, y con medio pulmón menos. Echémosle también otros ocho años, más que suficientes para poner a la Iglesia en ese nuevo clima de austeridad, de sencillez, de voz que viene del fin del mundo, como él mismo dijo, del hemisferio sur, donde anidan las masas más grandes de pobreza, frente al hemisferio norte con sus riquezas. Creo que el Espíritu Santo ha obrado como el que es y se ha reído de todos los pronósticos, quinielas y demás augurios de todos nosotros, que esperábamos un papa más joven. Y los tiempos, yo creo, no está para ello, todo es ya inmediato y no hay cuerpo humano que resista la ingente labor que se acumula a la mesa de un papa. Una media de ocho años me parece muy bien. El Espíritu es sabio.
Por último, el papa, cosa inédita también, ha pedido que antes de bendecirnos él, le bendigamos nosotros a él. Pues hagámoslo, queridos parroquianos, pidamos por el papa, porque seguro estoy que no solo a los cardenales, también a la Iglesia y al mundo, va a dar más de una sorpresa esperanzadora.

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14 marzo 2013

Un papa poverello para el siglo XXI


Es el papa que la iglesia católica necesita. Un poverello, Jorge Mario Bergoglio SJ, que ha adoptado el nombre muy significativo de Papa Francesco. Han sido sus primeras palabras, en San Pedro: "Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad". Esa es mi esperanza, una iglesia abierta al mundo, en espíritu pobre y fraterno. El diario británico The Guardian, lo ha definido muy bien: Pope Francis: the humble pontiff with practical approach to poverty [Guardian]. No le deseo larga vida, porque esta no es nuestra patria definitiva, sino que al menos tenga lugar a darnos testimonio auténtico del evangelio, en espíritu franciscano.

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04 marzo 2013

¿Un Papa capuchino para el siglo XXI?


¿El cardenal de Boston, Mass., Sean O'Malley, capuchino?. Lo que más me gusta es que presidió en Granada, en la base de Armilla, la beatificación de fray Leopoldo de Alpandeire, en septiembre de 2010. O'Malley (que sabe español) lo contaba así, en su blog: 

I first came to know of Fray Leopoldo through Sister Manuela, a Carmelite sister of Vedruna who worked with me for many years in Washington. She is from southern Spain, near Granada. She said her family had a great devotion to him and she talked about pilgrimages to Fray Leopoldo’s tomb.Interestingly enough, the next person to discuss Fray Leopoldo with me was the wife of Jose Saramago. Jose was at UMass-Dartmouth after he was awarded the Nobel Prize for Portugese literature and I was invited to have lunch with him there. His wife is from Granada, and has great devotion to Fray Leopoldo. They are expecting a huge celebration because of his 50 years of going door-to-door in the city and being so close to many families. He was certainly a figure very well known and beloved to the people of Granada. In fact, one of our priests in the archdiocese is actually from Fray Leopoldo’s very parish, Father Israel Rodriguez. He hopes to accompany me and be present at the beatification as well.I will be very pleased to see the Archbishop of Granada, Francisco Javier Martinez, who is a very dear friend of mine. I know him from his time studying in Washington. Archbishop Martinez, who is very close to the Communion and Liberation movement, has been very active in interfaith outreach to the Muslims who are now very numerous in that part of Spain.

[Via].

22 febrero 2013

Yo a la muerte, vosotros a la vida



Estaba en deuda con José Antonio Moreno Jurado (helenista, profesor, poeta, traductor, crítico [wiki]), de una reseña de su último libro poético, sus Últimas mareas [vid.]. Pues dicho y hecho: es un libro que trata del morir, un ars moriendi. Vamos todos hacia la muerte, que no es sino las ipsissima verba de Sócrates ante los jueces: Yo a la muerte * vosotros a la vida  (Apología 42a).

No sabemos qué es morir. Sólo conocemos el declinar hacia la muerte de todo lo que vive, el ir muriéndose (de los demás, y nuestro), pero no la muerte misma. No es exacto entonces decir que estos poemas de José Antonio Moreno Jurado traten del morir, sino del hecho universal de que todos nos encaminamos por pasos contados hacia la muerte.

Aunque no es el acto de morir lo que nos inquieta, sino que un día seamos, y al otro ya no. San Agustín, evocando la muerte de su madre, se preguntaba: Quid erat ergo, quod intus mihi graviter dolebat, nisi ex consuetudine simul vivendi dulcissima et carissima repente dirupta vulnus recens? [Confessiones, 9,12]. Porque no nos duele la muerte (que no es nada) sino que su herida acabe tan de repente con la costumbre de vivir juntos (consuetudo simul vivendi).

Aventuro que el motor de este último gran libro de poemas de José Antonio Moreno Jurado haya sido, no la muerte universal y abstracta, sino una muerte particular, próxima, precisamente la muerte de su madre. José Antonio lo explica con palabras sencillas: "solo tuve que cogerla tiernamente de la mano, sobre el lecho, para ayudarla a pasar el umbral impreciso de su muerte". Estas Últimas mareas son el resultado de un duelo, en que el poeta construye una reflexión, en poemas de tono mayor o tono menor, sobre lo que es ir hacia la vida y hacia la muerte.

La rememoración de la madre es un lugar común, un topos, ocasión para el poeta de ser honesto con su oficio, o para rendirse a la sensiblería, el sentimentalismo exagerado, trivial o fingido. Me he entretenido estos días buscando poemas de poetas modernos, que invito a leer y comparar:
Juan Ramón Jiménez, "El adolescente" (Segunda Antolojía Poética, 1898-1918).
César Vallejo, el Poema LXV de Trilce ("Madre, me voy mañana a Santiago") (1922).
Dámaso Alonso, "La madre" (Hijos de la ira, 1944);
Luís Rosales, La casa encendida (1949).
Pablo Neruda, "La mamadre" (Memorial de Isla Negra, 1964).
Jaime Gil de Biedma, "Barcelona ja no és bona o mi paseo solitario en primavera" (Moralidades, 1966).
Ángel González, "Confesiones de un joven problemático" (Muestra..., 1977). 
Me gusta el de Pablo Neruda, y es curioso porque no se lo dedicó a su madre (que murió a los pocos días del parto) sino a su madrastra, Trinidad Marverde, a la que quería como a una madre (Oh dulce mamadre / -nunca pude / decir madrastra...). Pero esto no es una clase de retórica, ni puedo detenerme a comentar con detalle estos poemas. Además, no creo que se pueda explicar la poesía. Se puede explicar los accidentes de un poema (que está escritó así o asá, y que dice esto o aquello), pero la sustancia de un poema, lo que el poema es, no se explica. Un buen poema es un individuo, un unicum, y su explicación sólo puede ser performativa (su lectura misma).

Y entonces, ¿qué puedo decir yo ahora del poema de la Madre de José Antonio Moreno Jurado, fuera del juicio vulgar de que me parece conmovedor? Me interrogo sobre el valor literario de un poema, que es la virtud que lo hace único, diferente, memorable, capaz de interesar a multitud de lectores remotos (como el de Pablo Neruda), incluso traducido a nuestra lengua (los de Yorgos Seferis, Odysseas Elytis). A esto llama José Antonio Moreno Jurado la estética del riesgo.

Y así es, pues qué diferentes son los poemas que he traído a cuenta. Tres de ellos son una evocación (los de Neruda, Gil de Biedma, y el de Ángel González); otros dos son polos opuestos, un monólogo (de Luís Rosales) y un diálogo entre madre e hijo adolescente (de Juan Ramón Jiménez); y en fin otros dos son apóstrofes a la madre (de César Vallejo y Dámaso Alonso), con un verso inolvidable: Así, muerta inmortal. / Así.

Leyendo estos modelos se comprenderá la valentía, el riesgo de dar la voz a la madre que se muere, del insólito poema de José Antonio Moreno Jurado:
Pero lentamente  *  muy lentamente  *  apenas imperceptible  *  mente  *  voy aspirando mi propia degradación  *  momento a momento
y la emoción del ruego sencillo, repetido, de las simples palabras adivinadas por el hijo: no te vayas:
Y vuelvo a decirle  *  sólo con los ojos  *  no te vayas  *  mientras subo  *  fuera de mí  *  sin lágrimas posibles  *  hacia la muerte.
La voz inaudible de la madre, inseparable de la del hijo, el poeta que la interpreta (no te vayas), no es sino otra forma de expresar esa consuetudo simul vivendi dulcissima et carissima, de San Agustín.

La organización de los poemas en el libro, incluso su disposición tipográfica,  es muy compleja, y sigue el modelo de la poesía de Odysseas Elytis. Representan un teatro (diferentes espacios o momentos poéticos, como quiere el poeta en acotación) donde avanzan al escenario los personajes del drama: Copérnico, Juliano, Sócrates..., pero también el propio poeta (en confesión personal), la madre, y un cualquiera (que somos él, tú o yo); y hacen las veces de coro los poemas alternos de tono menor, en que habla la voz auténtica, no impostada, del poeta.

En este coro José Antonio recuerda la visita a los pinos de La Rábida del poeta cretense de finos dedos (Elytis): 
Vivía aún mi padre   pero no pudo presentir   que este mismo mar   este mismo cielo   tendrían que alimentarme a diario   con el paso del tiempo
Ni mi padre   ni el poeta   ni yo
Ni el poeta sabía de su muerte   ni mi padre   ni los miradores de La Rábida que dan a las rías y   después,   al mar
Una meditación, como la del Qohélet, sobre el sucederse de las generaciones bajo un mismo cielo, en que el poeta cumple de nuevo sus deberes de piedad filial. Qui honorat patrem, exorabit pro peccatis / et continebit se ab illis / et in oratione dierum exaudietur. / Et sicut qui thesaurizat / ita et qui honorificat matrem suam (Sirácida 3, 4-5).

El último poema ("Cualquiera"), desvela el mensaje final de este libro, que para mí no es otro que el del dístico socrático: yo a la muerte, vosotros a la vida. Porque este es un libro poético que tanto versa sobre la muerte, como su envés, la vida. Pero qué vida:
Nací para la hiel  *  el sufrimiento  *  desdeñado y vencido por cuanto me rodea  *  ni siquiera en mí naturaleza y vida

Da igual  *  si me encuentro desnudo de ternura  *  suplicando al cielo lo que nunca llega  *  en Biafra  *  en Auschwitch  *  en Sarajevo  *  en el París de los hugonotes  *  en Ruanda  *  en las brujas de Salem  *  en los tormentos demoníacos de la Inquisición  *  en la elegancia romántica de los últimos paganos
Cuando leo estas líneas, me entran ganas de gritar: Beati pauperes spiritu! (pero esto ya lo digo yo, de mi propia cosecha). He tenido la dicha en mi vida de conocer de cerca a un número de poetas eminentes, entre los que cuento a José Antonio Moreno Jurado. Con este último libro suyo, Últimas mareas, para mí ya ha ganado el laurel.

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14 febrero 2013

Mi voto por José Antonio Moreno Jurado


Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / que es el morir; / allí van los señoríos / derechos a se acabar / y consumir; / allí los ríos caudales, / allí los otros, medianos / y más chicos, / allegados, son iguales / los que viven por sus manos / y los ricos. Invoco esta imagen fluvial, como quiere el poeta José Antonio Moreno Jurado para sus versos, o últimas mareas [Vaso Roto] que siguen el fluir de la antología de toda una vida poética, la marea de la luz y de la muerte (poesía 1973-1998), que editó la Fundación Zenobia-JRJ [vid.].

El tiempo pasa, no somos más que presentes sucesiones de difunto. Cuatro meses ya de nuestra vida (pero el tiempo no existe más que en la representación físico-matemática: Einstein, Gödel), que no es tristemente sino el plazo trascurrido desde una tarde memorable, un miércoles 10 de octubre, en el antiguo Teatro Imperial de la calle Sierpes, donde se nos leyó el libro de José Antonio. Le debo desde entonces una reseña. Sólo los que me tienen cerca saben de mi proverbial pereza; pero ahora me acucia la buena nueva de que José Antonio Moreno Jurado es finalista del premio de la Crítica de Andalucía [Diario], ¡así lo quieran los dioses!

Hasta tanto que publique en el blog una reseña más digna del libro, me limito a copiar el email gratulatorio y apresurado que le envié al poeta, en plan privado, después del recital: "La presentación de Últimas mareas, en la librería Beta, fue emocionante, y la habíais montado con estructura de poema, alternando los poemas largos y heróicos, y los breves e intimistas. Dani Lebrato, con su estilo inconfundible sentencioso, aforístico. Las lecturas de Pilar Villalobos (Giordano Bruno) y de Benito Moreno (Kavafis), fueron excepcionales, en especial la del poema sobre Kavafis, una recitación estremecida, sobrecogedora, agónica. Cuando volvía a casa en coche, iba escuchando al cantaor Fosforito, y caí en la cuenta que tus poemas más intimistas tienen también la queja o el quejío de unos fandangos de Huelva...".

Vale!

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12 febrero 2013

Ex Aedibus Vaticanis, die 10 mensis februarii MMXIII

... Quapropter bene conscius ponderis huius actus plena libertate declaro me ministerio Episcopi Romae, Successoris Sancti Petri, mihi per manus Cardinalium die 19 aprilis MMV commissum renuntiare... [va].

En mi opinión ha sido un acierto la renuncia de Joseph Ratzinger. Carece de todo sentido, material y espiritual, un Papa de salud declinante, impedido de hecho para ejercer su ministerio, el ministerio petrino. Una rúbrica en un documento es un hecho físico en el tiempo y en el espacio, con una transcendencia inmaterial, en los espíritus, inmensurable. En un acto de gobierno hay cuerpo y alma. Pero cuando las fuerzas declinan, y el cuerpo se cansa, y no responde a la voluntad de una mente aún vigorosa, lo mandado es renunciar por incapacidad, porque el ministerio no se ejerce bien: se conserva la auctoritas, pero la potestas mengua. No hay que buscarle tres pies al gato a esta renuncia, porque el viejo Ratzinger, como decimos en castizo castellano, ya no está para esos trotes.

Otras opiniones: 
Manuel Fraijó: "Elogio de una renuncia" [El País]. 
Fr. Martín Gelabert O.P.: "Decisión muy meditada y muy personal" [Orden de Predicadores]. 
Todo era bueno: "Reflexiones" [TOV]. 
Tomás de la Torre: "Opinión personal" [El olivo]. 
"Nicolaus Demorandis" (Nicolas Demorand): "Cogitatio" [Libération].

Imagen vía [osservatore romano].


11 febrero 2013

Renuncia de Benedicto XVI


"Carissimi Fratelli,
vi ho convocati a questo Concistoro non solo per le tre canonizzazioni, ma anche per comunicarvi una decisione di grande importanza per la vita della Chiesa. Dopo aver ripetutamente esaminato la mia coscienza davanti a Dio, sono pervenuto alla certezza che le mie forze, per l'età avanzata, non sono più adatte per esercitare in modo adeguato il ministero petrino. Sono ben consapevole che questo ministero, per la sua essenza spirituale, deve essere compiuto non solo con le opere e con le parole, ma non meno soffrendo e pregando. Tuttavia, nel mondo di oggi, soggetto a rapidi mutamenti e agitato da questioni di grande rilevanza per la vita della fede, per governare la barca di san Pietro e annunciare il Vangelo, è necessario anche il vigore sia del corpo, sia dell'animo, vigore che, negli ultimi mesi, in me è diminuito in modo tale da dover riconoscere la mia incapacità di amministrare bene il ministero a me affidato. Per questo, ben consapevole della gravità di questo atto, con piena libertà, dichiaro di rinunciare al ministero di Vescovo di Roma, Successore di San Pietro, a me affidato per mano dei Cardinali il 19 aprile 2005, in modo che, dal 28 febbraio 2013, alle ore 20,00, la sede di Roma, la sede di San Pietro, sarà vacante e dovrà essere convocato, da coloro a cui compete, il Conclave per l'elezione del nuovo Sommo Pontefice. Carissimi Fratelli, vi ringrazio di vero cuore per tutto l'amore e il lavoro con cui avete portato con me il peso del mio ministero, e chiedo perdono per tutti i miei difetti. Ora, affidiamo la Santa Chiesa alla cura del suo Sommo Pastore, Nostro Signore Gesù Cristo, e imploriamo la sua santa Madre Maria, affinché assista con la sua bontà materna i Padri Cardinali nell'eleggere il nuovo Sommo Pontefice. Per quanto mi riguarda, anche in futuro, vorrò servire di tutto cuore, con una vita dedicata alla preghiera, la Santa Chiesa di Dio".

31 enero 2013

Ensayo de una biblioteca gaditana


En una nota anterior [esta], hacíamos un ensayo de biblioteca sevillana. A mayor distancia (unos 126 km. por autopista) el segundo grupo de libros que poseo son los de Cádiz. No por falta de afecto, sino por falta de dedicación (no se puede estar en misa y repicando). Del puñado bueno de libros que he reunido, voy a entresacar los que me parece que no deben faltar en una biblioteca gaditana.

Pero antes, unas palabras sobre la ilustración de arriba, un retrato idealizado de Fernando Quiñones sentado en la Caleta, con el faro del castillo de San Sebastián en el horizonte. Lee su libro más popular, Las mil noches de Hortensia Romero (1979), donde da la voz y la palabra al pueblo humilde, el que no tiene historia. Un libro gaditano imperecedero, para comenzar (el óleo es propiedad de la viuda del escritor, Nadia Consolani [fundacionfq]).

Y ahora la lista, en que sigo un orden más o menos temático:

1.- Juan Gavala y Laborde [1959] : La geología de la costa y bahía de Cádiz y el poema “Ora marítima”, de Avieno. Mapa geológico de España, escala 1:50.000. Explicación de la hoja nº 1.061, Cádiz. Reproduce la 1ª edición del Instituto Geológico y Minero de España (1959). Cádiz, Diputación Provincial, 1992. Libro híbrido del ingeniero ilustrado Gavala, en que además de describir la Bahía, editó y tradujo la Ora maritima (...hic Gadir urbs est, dicta Tartessus prius / hic sunt columnae pertinacis Herculis...).

2.- César Pemán y Pemartín [1930] : El Arte en Cádiz. Cádiz, Real Academia de Bellas Artes, 2004. Prólogo de Javier de Navascués y de Palacio a la reedición, reproducción fotostática de la primera (Madrid, Patronato Nacional de Turismo, 1930). César Pemán (hermano de José María) destaca que la ciudad es rica en arte (barroco y neoclásico), acumulado en la prosperidad del Consulado, pero que apenas se encuentra nada anterior al saqueo de Essex de 1596. En una página se ve el primitivo Hotel Atlántico (1929) [MdC].

3.- Juan Jiménez Mata y Julio Malo de Molina : Guía de arquitectura de Cádiz. Sevilla, Consejería de Obras Públicas y Transportes, 1995. Una guía para una ciudad singular, rodeada por el mar, en la que sobresalen las torres mirador. Guía de los barrios de nombre evocador (El Pópulo, Santa María, La Viña, El Mentidero, San Carlos), y del ensanche, donde se alzó el antiguo Hotel Playa Victoria [MdC], que conocimos de niños. De la riqueza arquitectónica de la ciudad, salta a la vista del nuevo visitante el Baluarte de las Puertas de Tierra (1639), o las Casas Consistoriales de la plaza San Juan de Dios (1799).

4.- Pedro M. Payán Sotomayor [1983] : El habla de Cádiz. Cádiz, Quorum Libros, 2004 (7ª ed.). Un  inventario de voces populares de la ciudad. El profesor Payán afirma con énfasis que "en Cádiz, evidentemente, se habla español". Algunas entradas que me caen simpáticas, o que me suenan: asustaviejas / bastinazo / ostioná / jartible / maría / paganini / partidito / patio de las malvas / pelotazo / picha (pronúnciese 'pisha') / pimpi / sobrehúsa... 

5.- Fernando Quiñones [1964, 1974] : De Cádiz y sus cantes. Llaves de una ciudad y un folklore milenarios. Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2005. Recuento de la historia, los cantes (las cantiñas) y los intérpretes, comenzando por el antecedente remoto de las puellae gaditanae mencionadas por los escritores latinos Marcial y Juvenal. Entre los intérpretes contemporáneos, Aurelio Sellé, Pericón, Manolo Vargas, la Perla, el Beni y Amós, y Chano Lobato (Juan Miguel Ramírez Sarabia, 1927-2009), bellísima persona y estupendo y gracioso cantaor, al que escuché en vivo, no sólo en sus discos; vivía en una modesta casita del barrio sevillano de Heliópolis. La Diputación de Cádiz editó el año 2000 una espléndida biografía ilustrada de Chano [Flamenco-world].

6.- José Luís Ortiz Nuevo [1975] : Las mil y una historias de Pericón de Cádiz. Recogidas y ordenadas por... Prólogo de Fernando Quiñones. Madrid, Sílex, 1990. Un clásico de la literatura flamenca, la memoria oral, risueña a más no poder, del cantaor gaditano Juan Martínez Vílchez (1901-1980), "Pericón", repleta de anécdotas e historias chistosas. Lo que no me explico es cómo ha podido ser traducido al inglés: A Thousand and One Stories of Pericón de Cádiz [Amazon].

7.- Luís López Anglada (ed.) : Antología de los poetas gaditanos del siglo XX. Madrid, ed. Oriens (colección Arbolé), 1972. Edición patrocinada por el Instituto de Estudios Gaditanos. Antología "gaditana" en sentido amplísimo (están los poetas de Jerez y los Puertos, de Arcos, de Algeciras o Ceuta...). De Cádiz capital son José María Pemán, Carlos Edmundo de Ory, Fernando Quiñones (nacido en Chiclana) o Rafael Soto Vergés, entre otros.

8.- Federico Sopeña : Vida y obra de Manuel de Falla. Madrid, ed. Turner, 1988. Biografía crítica del músico, nacido en el nº 3 de la plaza de la Mina. El musicólogo Federico Sopeña (1917-1991) fue contemporáneo de Falla, al que ya dedicó un temprano artículo de prensa cuando por propio deseo se exilió a la Argentina.

9.- Ramón Solís [1958] : El Cádiz de las Cortes. La vida en la ciudad en los años 1810 a 1813. Prólogo de Gregorio Marañón de la 1ª ed. Madrid, Sílex, 2000. Un clásico amenísimo de la historia de la ciudad, que se ha vuelto a reeditar con ocasión de bicentenario [Diario]. Marañón recordaba que Cádiz ha sido una de las cuatro ciudades españolas (con Madrid, Barcelona y Bilbao) donde se ha forjado el país moderno.

10.- José Marchena Domínguez (dir.) : Cádiz 1947. El año de la explosión. Cádiz, Excmo. Ayuntamiento, 1997. Crónica ilustrada de la explosión del polvorín de la Armada, que arrasó el barrio de San Severiano. Un alférez médico que participó en los salvamentos fue el doctor Jacinto Maqueda (del que he sido paciente), al que aún veo pasear muchas mañanas por la plaza Nueva, no lejos de su consulta  [Abc]. Los hechos fueron argumento de una intrigante novela, declaradamente ficticia, de Aquilino Duque, Las máscaras furtivas (1995). Con su otra novela Los consulados del Más Allá (1966) forman pareja de libros de aire gaditano.

Y de propina, una novedad que he visto esta mañana en el escaparate de la Librería Reguera de la calle Almirante Apodaca (el almirante Juan Ruiz de Apodaca era gaditano, pero me refiero a la calle sevillana que da a Santa Catalina): Cádiz amurallada, su registro fotográfico, de Rafael Garófano [Quorum], una novedad que habla de cosas antiguas, a 29 pelotes (esto es veinte cañas en el bar "El Tremendo").


21 enero 2013

Seneca, Ganivet, Astrana

"Cuando se examina la constitución ideal de España, el elemento moral y en cierto modo religioso más profundo que en ella se descubre, como sirviéndole de cimiento, es el estoicismo; no el estoicismo brutal y heroico de Catón, ni el estoicismo sereno y majestuoso de Marco Aurelio, ni el estoicismo rígido y extremado de Epicteto; sino el estoicismo natural y humano de Séneca. Séneca no es un español, hijo de España por azar, es español por esencia; y no andaluz, porque cuando nació aun no habían venido a España los vándalos; que a nacer más tarde en la Edad Media quizás no naciera en Andalucía sino en Castilla. Toda la doctrina de Séneca se condensa en esta enseñanza: No te dejes vencer por nada extraño a tu espíritu; piensa, en medio de los accidentes de la vida, que tienes dentro de tí una fuerza madre, algo fuerte e indestructible, como un eje diamantino, alrededor del cual giran los hechos mezquinos que forman la trama del diario vivir; y sean cuales fueren los sucesos que sobre tí caigan, sean de los que llamamos prósperos, o de los que llamamos adversos, o de los que parecen envilecernos con su contacto, mantente de tal modo firme y erguido, que al menos se pueda decir siempre de tí que eres un hombre. Esto es español; y es tan español, que Séneca no tuvo que inventarlo, porque lo encontró inventado ya; sólo tuvo que recogerlo y darle forma perenne, obrando como obran los verdaderos hombres de genio".

Del Idearium español (1897) de Ángel Ganivet. Citado por Luís Astrana Marín, en su biografía del político, hombre de negocios y escritor cordobés: Vida genial y trágica de Séneca (Madrid, 1947).

El año pasado me leí como quien se bebe un vaso de agua, la biografía de Séneca, cortesano y hombre de letras, del profesor sevillano Francisco Socas. Como me quedé con ganas de saber más de Lucio Anneo Seneca (lo poco que pueda saberse de él, sobre todo por propio testimonio en sus tratados y epístolas morales), me he hecho en librería de viejo con esa espléndida y morosa biografía, escrita a la antigua usanza, de Luís Astrana Marín. A ver quién se anima a reeditarla, que bien lo merece.

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