30 junio 2016

Baltasar Gracián apocalíptico

Lo que más admira de la lectura de la inmensísima novela El Criticón, de Baltasar Gracián, es su familiaridad, la sencillez con que puede leerse (pese a su altísimo nivel cultural), y que no acertemos a identificar a qué otro libro se parece. Es un libro único. Esto de encontrar semejanzas y pares a las obras literarias tiene su fundamento, porque nunca se escribe en el vacío. Gracián fue hombre de muchas lecturas. Dentro de su oficio jesuítico, además de predicador famoso (es lástima que no pudiésemos verle y oírle), fue maestro de Sagrada Escritura. Creo que aquí se encuentra una traza explicativa de El Criticón. Mi hipótesis es que se trata de una novela apocalíptica, es decir visionaria (lo que es evidentísimo para cualquier lector). Como en el libro de las revelaciones de San Juan el apóstol, está llena de monstruos, que son las bestias mundanas, y su propósito es consolar y reconfortar, y animar a la buena conducta. Aquí se encontraría la clave de que esta novela admirable nos parezca tan extraña y singular. Es una conjetura que me limito a anotar.

14 junio 2016

Resurgimiento católico low cost

Ya he contado que en Sevilla ha abierto una franquicia de las librerías baratas Re-Read, en la calle Tarifa, 3, justo enfrente de La Campana. A mí me parece que tiene sus limitaciones. Está muy bien el precio fijo de venta (2 a 3 euros la unidad), pero la restricción también juega en la compra (unos misérrimos 20 céntimos por libro entregado). De esta manera, no se puede esperar que en una visita a la librería se encuentre nada de particular (sólo libros viejos o baratos), salvo que por casualidad veas algo que te llame la atención. El otro día me sorprendió encontrar este libro que voy a comentar, y que he leído "en diagonal" una de estas tórridas tardes del mes de junio... Se trata de El resurgimiento católico en la literatura europea moderna (1890-1945), del joven profesor Enrique Sánchez Costa, publicado hace un par de años [Encuentro]. Sánchez Costa, brillante doctor en humanidades, es hoy profesor en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), en Santo Domingo. Parece que este libro fue su tesis doctoral. Es evidente por tanto que se trata de una "tesis confesional". El libro, como ya digo, me ha costado 2,50 euros de low cost (cuesta la friolera de 29 euros en librerías). Veamos si es un chollo.

Primero, el tema. El título y la cubierta son ilustrativos. Con la etiqueta de resurgimiento católico se alude a un confuso grupo de autores (franceses, ingleses, españoles), muchos antagónicos entre sí, que hicieron militancia de su catolicismo en la primera mitad del siglo XX: la renouveau catholique, el catholic revival. Caso notorio, entre ingleses, G.K. Chesterton. Más difícil me parece hablar de un revival católico en España, fuera de escritores anecdóticos. Se habla de Unamuno, pero él iba a su aire, no era hombre de banderías de ninguna clase (y menos de las católicas). El profesor Sánchez Costa ha pecado de ambición y ha hecho un recorrido extenso, a costa de lo intenso. No me parece normal, por ejemplo, que en una publicación como esta se dedique un puñado de páginas para resumir, otra vez, el argumento de Brideshead revisited, novela de Waugh que goza de un extraño predicamento entre los católicos del ala conservadora. La novela habla de personajes católicos (de clase alta, no se olvide), pero me parece irrelevante para entender lo inglés.

En cuanto a la edición en sí misma del libro, a pesar de mi "lectura en diagonal", no sé cómo me las arreglo para tropezar con las erratas peores. En la página 372 se lee: "... como escribía Unamuno en La tía Lula... " (sic), errata grosera que delata que el texto editado no fue sometido a corrección (el autor la cita bien en nota a pie de página).

Si se quiere ver este resurgimiento católico como un movimiento, peligrosamente próximo al fascismo de su tiempo (¿qué hacen las fotos de José Antonio Primo de Rivera en este libro?), habría que considerarlo como un caso de herejía, y no de ortodoxia en modo alguno (véase el caso de la Action française, batiburrillo peligroso de ideología y religión, condenada expressis verbis por el pontífice romano). De modo que no me puede parecer nada simpático este supuesto catholic revival. De hecho se comete, me parece a mí, una falacia de dicto simpliciter. Que este grupo poliforme de escritores se manifestasen como católicos, e hiciesen de la apología de la iglesia católica su bandera, no quiere decir que sus ideas, su ideología, fuese católica. Falta hacer un diagnóstico más severo de este resurgimiento. Para mí George Orwell, escritor en las antípodas de esa caterva católica, ya hizo un admirable análisis de la confusión de creencias e ideas políticas de este movimiento reaccionario católico, en su gran ensayo de 1940 Inside the Whale, que ya he comentado [aquí]. Debe releerse.

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07 junio 2016

De cine y derecho, Platón y los libros

Anoche daban por la tele una película en blanco y negro, que me he perdido, Brigada criminal (Ignacio F. Iquino, 1950). Me hubiera gustado verla porque es una de esas películas de buenos y malos (en la de Dillinger de Johnny Depp, se acaba por no saber quién es el bueno y quién es el malo). Me puse a darle vueltas al asunto del Film and the Law [Hart], quiere decirse lo que pueden enseñarnos las películas acerca del mundo jurídico. En esto han sido pioneros en España eximios juristas a la par que cinéfilos (todos recuerdan al fiscal Torres-Dulce). Hace veinte años, en 1996, el colegio de abogados de Madrid decidió celebrar su cuarto centenario publicando un libro maravilloso, Abogados de cine. Leyes y juicios en la pantalla, volumen colectivo en que colaboraban, por su conexión más o menos evidente  con el cine y el derecho, entre otros, Jaime de Armiñán (Stico, 1985), Fernando Fernán Gómez (La vida por delante, 1958), Pilar Miró (El crimen de Cuenca, 1979), Fernando Vizcaíno Casas (abogado de artistas) o Eduardo Torres-Dulce (fiscal y cinéfilo), y ofrecía una antología comentada del cine jurídico norteamericano (The Verdict es una de mis favoritas, del subgénero "de juicios"). Mas tarde, en el año 2006, hay otro libro de nota, del letrado de Sevilla Emilio G. Romero, que aún no he leído todavía, Otros abogados y otros juicios en el cine español [Laertes], que parece muy recomendable, para documentarse. Bien, en realidad no quería yo ahora hablar del cine y el derecho, asunto en el que podría fácilmente embarbascarme, sino, mucho más en general, sobre los vehículos tecnógicos que sirven para enseñar y educar (puesto que el cine es un gran medio educador). Esto me ha llevado, inevitablemente, al maestro Platón.

He leído una vez más el mito de Theuth y Thamus, sobre la invención de la escritura, que se cuenta en el Fedro, pasaje bellamente comentado por el filósofo sevillano y universal Emilio Lledó en su libro El surco del tiempo (1992). Allí nos dice Platón, o Sócrates, opiniones que nos parecen plausibles. La escritura es un mal invento, porque leyendo no ejercitamos la memoria, ni aprendemos en lo más interior nuestro, porque nos fiamos de que la enseñanza está depositada en los escritos. Lo que está por escrito tan sólo nos vale como un recordatorio, cuando nos falla la memoria. Pero ni siquiera enseña, porque los escritos son mudos a nuestros interrogantes. El auténtico aprendizaje se logra en el diálogo vivo entre presentes.

A todo esto, como en muchas páginas platónicas, no es difícil asentir. Decimos en nuestro fuero interno: ¡cuánta razón tiene este Sócrates! Sin embargo... ¡ah...! Leer, o escribir, no puede ser tan malo. Aquí hay gato encerrado. Vale ya esa objeción evidente de que Platón se enemiste con la escritura, escribiendo, precisamente, y nosotros le asentimos, leyendo. Con acierto Rafael Sanzio representó a maestro y discípulo, Platón y Aristóteles, en el fresco de la Escuela de Atenas, con sendos libros en las manos, en actitud muy escolar (el Timaeus y la Ethica, véase). No, leer no debe ser tan malo. Es verdad que se aprende antes y mejor lo oído que lo leído. Cualquier estudiante (yo mismo, en el bachiller y en la facultad) te podría contar que muchas veces contestaba los exámenes por memoria auditiva, de oídas en clase, antes que de leídas. Es cierto que lo natural es la oralidad, oír decir, y que cualquier extensión artificial del lenguaje, procurada por medios técnicos (audiovisuales o táctiles), interpone una distancia entre el captar y el memorizar, que exige un mayor esfuerzo de atención. Psicólogos y neurólogos podrían explicarlo mejor que yo. La enseñanza y el aprendizaje oral es la situación natural. El uso de medios técnicos es artificial, pero no inhumano. Los maestros enseñan con la palabra, pero también deben enseñar a leer, y ahora a consultar internet. Y los estudiantes deben adquirir destreza en el uso de estos medios. Antes aprendíamos esforzadamente a escribir y leer, y ahora, con mayor naturalidad, los chicos se manejan con el instrumental informático.

Con el panorama técnico de nuestros días, me gustaría responder dónde quedan los libros. ¿Desaparecerán? Mi opinión es que no, que la escritura, aquella invención del dios egipcio Theuth en el mito, es un invento definitivo, como la rueda o el arado. Podrán perfeccionarse los soportes, pero el uso de la escritura será la misma. El cine es otro lenguaje distinto, como lo es la música. Digamos al viejo Sócrates que en todo proceso de enseñanza y aprendizaje, conviven distintos medios de expresión (oral, escrito, auditivo o visual) y que en cada medio es preciso un distinto nivel de atención en el oyente, lector o espectador. Me gustaría terminar con el caso que decía al principio, del Cine y el Derecho. Hay diversos medios de aprendizaje del derecho, pero no creo adecuado privilegiar ninguno. Recuerdo ahora algo leído, que el benemérito jurista Álvaro d'Ors, en su introducción al derecho, decía que el derecho se aprende en los libros. ¡No! El derecho se aprende, en la práctica de la vida diaria, en los tratos y riñas entre particulares, y también en los libros, donde anda escrito qué se habrá de resolver en cada caso. Pero también en la expresión fílmica, máximamente adecuada a lo jurídico (los procesos y contiendas consisten en un transcurso del tiempo, como el mismo relato cinematográfico). Y otra cosa habría que decir para el medio cibernético, que dejo para otra mejor ocasión, pero sobre lo que ya he comentado algo [aquí].

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23 mayo 2016

George Orwell, Pablo d'Ors


En el tedio de la tarde del domingo, hasta que comenzase la final de la Copa del Rey, me eché a leer los Ensayos de George Orwell. Son inagotables, enganchan. Casi centenarios, del siglo pasado, y parece que allí nos habla un contemporáneo, hasta tal punto fue asistido Orwell por el don de la profecía. Los abrí por el extenso Inside the Whale, del año 1940. Lo iba leyendo arrullado por el partido (que ganó el Barça). Comienza, y concluye, como un juicio crítico de la novela Tropic of Cancer (1934), de Henry Miller. Orwell conocía a Miller, y se lo encontró de camino a la guerra de España el año 36, donde Miller le previno que ir a esa guerra era una estupidez. Inside the Whale es un ensayo magistral, porque toma como motivo las novelas de Henry Miller para enseguida ganar altura (o profundidad, si de un mostruo marino se trata), y hacer un incisivo recorrido ideológico por la narrativa y poesía inglesa de los años veinte y treinta. "En el vientre de la ballena", está pensando en el profeta Jonás. Es una metáfora debida al propio Miller (que se refería así a los diarios de Anaïs Nin). El profeta Jonás recibió un mandato de Dios, convertir a la ciudad de Nínive, pero navegando, en medio de la tempestad, acabó arrojado al agua y engullido por un gran pez, en cuyas entrañas se vio protegido de todo peligro. George Orwell sigue esa alegoría para pensar en una peculiar categoría de escritores, que como Jonás se han visto apartados de las dificultades del mundo, porque son incapaces de comprender, y viven de espaldas a la realidad (en el relato bíblico, Jonás era un tanto cabezota y no se enteró de la película ni aunque se lo explicase Dios mismo). Orwell distingue muy bien entre verdad y sinceridad. El valor literario es la sinceridad, aunque el autor sostenga ideas descabelladas, no verdaderas. Pone como ejemplo de acierto literario a Poe (nos creemos sus relatos, aunque no sean verdad). En el extremo opuesto, Orwell sitúa a los autores que pretenden defender un credo o ideología, o hacer propaganda, y que por eso fallan como artistas. No me resisto a copiar aquí una de esas sentencias orwellianas, de las que está repleta el ensayo: "Perhaps it is even worth noticing that the only latter-day convert of really first-rate gifts, Eliot, has embraced not Romanism but Anglo-Catholicism, the ecclesiastical equivalent of Trotskyism". El ensayo completo se puede leer [aquí]. Orwell concluye, proféticamente, que la literatura pequeño burguesa, de sentimientos impostados, está acabada. Anuncia un nuevo modo de narrativa, que será testimonio sincero del estado perplejo del alma humana.

No sé si he captado bien el fondo de las ricas ideas literarias, históricas, políticas, que vuelca George Orwell en Inside the Whale. Mientras lo leía, no pude evitar tener presente otras ideas que hormigueaban en la cabeza. Orwell discute, con ocasión de revisar la novela de Henry Miller, la narrativa del pasado (un ejemplo sería la imagen absurda de lo inglés de las novelas de Evelyn Waugh), frente a la narrativa del porvenir. Y me he preguntado si esa narrativa del porvenir, columbrada ya en 1940 por Orwell, no la tendremos ya entre nosotros. Estoy pensando ahora en la excepcional novela de Pablo d'Ors El olvido de sí. Una aventura cristiana [Prextextos]. Una obra de arte, concebida con gran dificultad, que consiste en narrar la vida del beato Carlos de Foucauld, desde su misma interioridad. No importa el exterior: importa la persona, uno mismo (la individualidad de Jonás). Leí esa novela hace tres años, y quedé tan impresionado que no logré redactar nada coherente para este blog, aunque me hubiese gustado. Aún conservo el recuerdo de esa intensa lectura, que para mí es garantía de excelencia. Creo que Pablo d'Ors representa ahí la narrativa del porvenir, en el sentido que vislumbraba George Orwell.

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19 mayo 2016

El índice Orwell

El otro día estuvimos discutiendo con una madre de hijo adolescente, una vez más, sobre la inveterada cuestión de si los libros son caros. La madre compungida me contaba que se vio apremiada a comprarle al niño, de un día para otro, un libro de lectura obligatoria en el Instituto, La familia de Pascual Duarte. Se fue corriendo a "La Casa del Libro", e insistió en que le mostrasen lo más barato, en bolsillo. La edición de Destino, la que le enseñaron, me decía, costaba 18,50 euros. Le parecía caro, y a mí también. De hecho, esta novela de Camilo José Cela se puede encontrar mucho más barata, en la edición de Austral, por unos 7,95 euros. Con todo, para muchas familias que tengan lo justo para comer y vestir, y encender las luces, un gasto como este, que parece modesto para un asalariado, puede representar una carga, un lujo.

Yo no sabría decir, en verdad, si un libro de 7,95 euros es objetivamente caro o barato. En parte es de apreciación subjetiva del consumidor, y depende de sus prioridades de compra. Se me ha ocurrido una forma de medirlo, que voy a llamar el índice Orwell. Se construye con estadística muy rudimentaria. Digamos que su novelita Animal Farm. A fairy story, puede ser un libro representativo de gran lectura de muchos jóvenes ingleses. Puede comprarse, en la edición barata de Penguin, por £ 7,08, unos 8,99 euros al cambio [Book Depository]. Para comparar este precio inglés con los precios españoles, puede además introducirse una corrección, que depende del PIB per capita de Reino Unido y España [eurostat]. En el año 2014, el índice, respecto de la media UE28 ha sido respectivamente de 109 y 91 (España es un 17% más pobre, de media, que el Reino Unido). El índice Orwell corregido sería entonces de 7,50 euros (=8,99*91/109). Es muy próximo al "índice Pascual Duarte" (7,95 euros). Podríamos afirmar entonces que los libros de lectura escolar en España no son necesariamente más caros que en el Reino Unido, tomando como referencia de contraste nuestro "índice Orwell". Claro que la percepción es que en el Reino Unido puede haber más afición a la lectura, y oferta más abundante de libros sixpence.

Yo diría que los escolares españoles debieran aplicarse a leer mejor la fábula orwelliana Rebelión en la Granja, antes que el Pascual Duarte. Y si se pretende que lean los clásicos modernos de nuestra lengua, sería preferible que leyesen el Marcelino pan y vino. Pero estos son ideas extravagantes de un outsider como yo, naturalmente.

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13 mayo 2016

Gracianists of the world, unite!

Una vez más me he embarcado en la lectura apasionante de El Criticón, del jesuíta aragonés universal Baltasar Gracián. Comencé a leerla con dieciséis años, en una módica edición de la colección Austral, en letra chiquitísima, cuidada por otro jesuíta, Ismael Quiles. Lectura que nunca defrauda, y que tiene la sorprendente virtud de hacer aborrecer casi todas las demás. Es verdad, después de leer a Gracián, es difícil que te convenza un libro vulgar. Esta vez, me ha llamado la atención su tremendo sentido humorístico. Por ejemplo, cómo se ríe de los tratados de urbanidad en la crisi "El golfo cortesano" (I, 11). Gracián fue jesuíta, y se dedicó a enseñar, predicar, y desde luego a escribir. No fue un hombre aventurero, aunque se movió mucho. Merece la pena que se cuente su vida, su educación y cultura. Hay varias biografías, que tal vez estén quedando anticuadas, así que habría que hacer una nueva, renovada, con las últimas noticias documentales. Mi homenaje a Baltasar Gracián (fuera aparte de leerle con admiración) será aquí unas reflexiones, siguiendo el guión de "La Internacional":

¡Arriba, parias de la Tierra! ¡En pie, famélica legión!

No sólo tenemos hambre de pan, sino también de alimento espiritual. Somos indigentes de sabiduría. Baltasar Gracián es lectura de parias, que no tienen otra riqueza más que la interior, dentro del alma.

Atruena la razón en marcha: es el fin de la opresión.

El mundo, o llámalo "el capital" si quieres, te oprime. Eso se va a acabar, medita, reflexiona que tú vales más que el mundo. Acaba con él, dale un papirotazo.

Del pasado hay que hacer añicos. ¡Legión esclava en pie a vencer!

Lee y vencerás. Despierta, no seas demente, líbrate de tus esclavitudes. Aprende y entérate de quién eres, cuál es tu dignidad.

El mundo va a cambiar de base. Los nada de hoy todo han de ser.

Nada somos los parias frente a los soberbios. Lo somos todo leyendo, pensando, comprendiendo.

Agrupémonos todos, en la lucha final.

Leamos juntos El Criticón. ¡Gracianistas del mundo, uníos!

El género humano es la internacional.

La fama de Baltasar Gracián es global, traducido a las lenguas cultas (Das Kritikon, L'Homme de Cour, The Art of Worldly Wisdom, Oracolo manuale e arte di prudenza). Pero los lectores en lengua castellana tenemos derecho a considerarlo un autor hispano. ¡Leamos todo el mundo a Baltasar Gracián!

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04 mayo 2016

De Trajano a Boteros


Algo se mueve en Sevilla. En poco tiempo, han abierto cinco librerías de libro viejo o reciclado en la ciudad (si no me olvido de alguna otra). Esta será mi crónica personal. Hace seis meses, hice un recorrido sentimental por las librerías de la calle Sierpes que conocí de niño [aquí]. Pues, qué poco se parecen las librería nuevas a las antiguas... 

Prior tempore, la librería de José Manuel Padilla (el impresor de la imagen) [fb], que se ha mudado de la calle Feria a la calle Trajano, ganando espacio para su taller, escuela y actividades culturales. Los más antiguos recordamos su vieja librería de la calle Laraña, enfrente de la iglesia de la Anunciación. Allí compré de viejo uno de mis libros más queridos, las Poesías del malogrado Alejandro Collantes de Terán (Patronato de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla, 1949).

Un estreno prometedor es la librería Boteros, en la calle del mismo nombre, en una esquina estratégica (el local que fue antes sastrería) entre la Alfalfa y la plaza de san Ildefonso [fb]. La ha organizado Daniel Cruz a la antigua usanza, primando la estética y los valores vintage. Allí me he estrenado con una limpia edición, en la Revista de Occidente, del Catolicismo y protestantismo de José Luís L. Aranguren [Espuny].

Hace sólo cuatro días que ha abierto la Librería Rola (también de la saga de Padilla), en la calle Jáuregui. Le rendí visita, después de atravesar la plaza Ponce de León y el monumento al cantaor, saetero, José María Pérez Blanco, Pepe Peregil. Ya en la librería [Rola], estuvimos discutiendo los conceptos de libro antiguo (los centenarios), los viejos, y los de segunda mano. En Rola se dedican al libro "nuevo viejo" (voy a llamarlo así), que no es de librería de nuevo, pero que tampoco está sucio ni nada de eso. Pero en una rápida inspección, me encontré con un libro dedicado de José María Pemán, las Nuevas Poesías (1925), ejemplar que se vende allí por 65 euros.

Otro estreno sorprendente es una tienda franquiciada de Re-Read, librería low cost (1 libro, 3 euros; 2 libros, 5 euros; 5 libros, 10 euros). La cosa está inventada, pero le añaden una atmósfera cool. Abierta en pleno centro, en la calle Tarifa (enfrente de La Campana, a un paso de "Los gallegos", restaurante de comida casera buena y barata). El proyecto nació en Barcelona [ElPaís]. El paso crítico es el abastecimiento de la librería. Aquí en Sevilla compran a 20 céntimos la pieza; muy cicatero me parece, en Barcelona ofrecen, según leo, 1 euro. Veremos cómo logra competir en esta plaza. De momento, confieso que me he estrenado con un ejemplar sensacional, El evangelio según Juan, de Raymond Brown, dos tomachos por 5 euros, que de nuevo la editorial Cristiandad lo vende a 70 euros [Cristiandad]. El viejo todavía conserva el sello de la minúscula librería, ya desaparecida, de PPC en la calle Tte. Col. Seguí.

Y en fin, la última, La Isla de Siltolá Libros & Vinos (¿y por qué no "libros & cerveza", en una ciudad como la nuestra?), en la muy castiza y taurina calle de San Bernardo, extramuros de la ciudad, pero a la que se llega dando un paseo, atravesando Santa María la Blanca y el antiguo cuartel de Intendencia de la Puerta de la Carne. El local, truly impressive, está pensado como lanzadera de las novedades editoriales de Siltolá, y como depósito de sus fondos, que van siendo importantes.

Me entran ganas de contar mis aventuras en las viejas librería de viejo de la ciudad, pero ya será otro día. ¿Qué está pasando, entonces, en Sevilla? Digo de compra y venta de libros. Pues no lo veo claro, aunque el mercado de libros está mutando a ojos vista. La gran amenaza son los nativos digitales, estos jóvenes que ven un libro y parece que han visto al diablo, y no leen libros de papel ni a tiros. Como la prensa gratuita, esta oferta abundante de libro barato, low cost, no necesariamente muerde el mercado del libro nuevo (ese que dicen machaconamente que está muy caro), sino que protege a la clientela potencial. El lector de libro viejo también puede leer libro nuevo, hoy o mañana. Lo uno no quita lo otro. Así y todo, pienso que la verdadera señal de distinción cultural de una ciudad no son sus flamantes librerías de novedades, sino el amor con que cuida a los libros antiguos y viejos. El panorama librero sevillano no se parece ya, claro, al que conocí en mi juventud, donde aún subsistían librerías centenarias como las de Tomás Sanz o Pascual Lázaro. Pero es muy atractivo, y con futuro, para los que creemos en el valor de los libros.

(La imagen del librero Padilla, "pegando las cabezadas de un libro", [via]).

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28 abril 2016

Ibáñez Langlois, Ganivet, Lojendio

Ibáñez Langlois, Ganivet y Lojendio es la nómina de autores de los libros que he pescado hoy en el Jueves. Hubo también alguna sincronicidad (en el sentido que le da a esta palabra el psiquiatra C.G. Jung), pero voy a pensar mejor que los hallazgos felices no deben ser tan extraños cuando trasteas entre libros viejos. En general, tres buenos librejos, por 7 euros el lote. Esto es no volver con las manos vacías. Y esta es la reseña:

José Miguel Ibáñez Langlois : La creación poética. Madrid, Rialp, 1964. Flamante, intonso. Es obra juvenil, aunque el autor ya se había ordenado sacerdote (en 1960).

Ángel Ganivet : Ideario. Textos escogidos por José García Mercadal. Prólogo de Emilio Gascó Contell (conferencia impartida en la universidad de Helsingfors en 1963). Madrid, Afrodisio Aguado, 1964. Buen libro.

Ignacio María de Lojendio Irure : Régimen político del Estado Español. Barcelona, Bosch, 1942. Lojendio fue catedrático de derecho político en la universidad de Sevilla, fallecido en 2002 [Abc]. Cuando ingresé en la facultad, él aún era docente (pero me enseñó otro profesor carismático de entonces, Manuel Romero Gómez [us]). Lojendio ha sido maestro de constitucionalistas notorios, como Javier Pérez Royo, que se ha jubilado hace un par de años [us]. El libro, intonso; encuadernado quedará mejor.

Y eso es todo por hoy.

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22 abril 2016

Sincronicidad y libros

Ayer tuve un golpe de fortuna en el Jueves (en Sevilla es el mercado como el Rastro en Madrid). En un baratillo me encontré un libro casi inencontrable, Sevilla en su cielo, una colección de artículos de prensa del grandísimo poeta sevillano Juan Sierra, que editó en su homenaje el distrito de Triana en 1984. Por 7 euros me lo vendieron, sin regateos. Bien merecía una reedición, como las mismas poesías, que caben en un librito (el que publicó La Veleta en 1992, que guardo como oro en paño [Comares]). Esto de comprar libros viejos es una afición venatoria, con que calmar el spleen.

No salgo de pobre con los libros, pero me hacen rico de espíritu. Y de esto va lo que quiero contar, a propósito de una nueva antología de escritos del siempre sugestivo psiquiatra C.G. Jung [Trotta]. Muchos lectores que no tienen un conocimiento riguroso de la psicología profunda, pueden asociarlo a una noción muy difundida, la de sincronicidad [Synchronizität], acuñada por Jung. La sincronicidad es un fenómeno corriente, que Jung estudia como manifestación del inconsciente. Son esas casualidades improbabilísimas (me acuerdo de un amigo que hace tiempo que no hablo con él, y en ese mismo momento me llama por teléfono, o me lo tropiezo al doblar la esquina), o esas premoniciones que nos llegan en sueños o en la vigilia. Estas coincidencias no pueden explicarse por causas físicas (son "acausales") y postulan un acceso a dominios fuera del tiempo y del espacio. Bueno, no quiero seguir porque no soy especialista, ni tampoco quiero darle mayor importancia a las casualidades extrañas.

Los coleccionistas también experimentamos, en ocasiones, sorprendentes sincronicidades. Como ayer jueves mismo. El miércoles por la noche me entretuve leyendo cosas sobre San Juan de la Cruz. El padre Ángel Custodio Vega O.S.A., prior del monasterio de El Escorial, decía que en su tiempo había buenas hagiografías sobre el santo, pero ninguna buena biografía. Como la del carmelita Crisógono de Jesús. Eso era el miércoles. El jueves por la mañana, me encuentro tendido en el suelo, en el mercado de el Jueves, el bonito estudio de San Juan de la Cruz, del padre Crisógono de Jesús (Barcelona, ed. Labor, 1946), que me llevé por 1 euro, ¿es o no casualidad? Podría seguir contando más casualidades (en un coleccionista constante son frecuentes), pero basta por hoy.

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11 abril 2016

Romano Guardini y Martin Buber


Ha sido providencial que, preparando esta nota, haya encontrado una imagen muy adecuada para las ideas que pretendía comunicar: esta fotografía, datada en 1960, del teólogo católico Romano Guardini (izq.) y el filósofo judío Martin Buber (dcha.), cambiando impresiones en algún encuentro público [via]. Ambos fueron, desde sus respectivos campos católico y hebreo, maestros influyentes en la universidad alemana, y es muy llamativo que sufrieran el mismo proceso en las mismas fechas, debido al régimen nazi. Guardini fue destituido de su cátedra de Berlín en 1939; Buber renunció a su cátedra de Frankfurt en 1933, y logró emigrar a Palestina en 1938. Compartieron el mismo clima intelectual, y su reacción fue semejante. Es el antihumanismo de Friedrich Nietzsche, que dominaba las mentes europeas (incluída España), a la que dieron respuesta en sus escritos y conferencias. No es posible fundar una sociedad humana si no es en la presencia de Dios, en el temor de Dios. Judíos y cristianos europeos (personificados en estas dos grandes figuras, Guardini y Buber) convergían en la misma visión. La BAC acaba de publicar algunas conferencias de Romano Guardini de los años 4o (aún no concluída la guerra), defendiendo la perspectiva creyente y la fe en el Salvador, agrupadas en un volumen con el título Experiencia religiosa y fe [BAC]. Las leo, y si logro desprender el componente confesional católico (muy destacado, en todos los escritos de Guardini), reconozco las mismas ideas apasionadas de Martin Buber de sus conferencias de 1951 en universidades americanas sobre El eclipse de Dios. Estudios sobre las relaciones entre religión y filosofía [Sígueme]. La enfermedad de nuestro tiempo es la desesperanza (no esperar nada), un mundo que no logra escapar de sus propias dinámicas infernales. Hemos perdido la referencia más importante.

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