19 mayo 2017

Tres maestros sevillanos del derecho: Clavero, Olivencia, Merchán

Acaba de inaugurarse en la Plaza Nueva la FLS 2017 (la Feria del Libro de Sevilla), y me hago eco, como tengo por costumbre, de los libros vistos. En verdad, hoy que es viernes, me he estrenado con uno sensacional, de Antonio Merchán Álvarez: Universidad y Derecho en Sevilla durante el siglo XX. Contribuciones para su estudio (Editorial Universidad de Sevilla, 2016) [EUS]. El profesor Merchán (Sevilla, 1944), del que fui alumno en el curso primerizo 1982-1983, es hoy profesor emérito de historia del derecho en la Hispalense [sisius]. Discípulo de José Martínez Gijón, ha sido decano de la facultad (2006-2014). De sus clases recuerdo el rigor, y su afán de enseñarnos que los testimonios del derecho del pasado son invariables. Le gustaba, por ejemplo, contrastar la descripción del derecho de las guerras romanas, con noticias extraídas de Le Monde. Suya es también la excepcional monografía Doctores iuris de la Real Fábrica de Tabacos (2002) [EUS], que puede considerarse una auténtica historia de la facultad de derecho hispalense en la segunda mitad del siglo XX, durante su estancia en la entrañable "Fábrica de Tabacos" de la calle San Fernando, hasta el año 2008, que se trasladó a la "Pirotecnia" [Diario].

Anteayer, leo en la prensa [Diario], se ha celebrado en los Reales Alcázares, con presencia del Ministro de Justicia, el acto de entrega del VI premio Manuel Clavero, que se ha concedido este año a don Manuel Olivencia. Ambas figuras, Clavero y Olivencia, han sido maestros de incontables generaciones de juristas sevillanos, entre los que me cuento como uno más, uno de tantos. Me ha gustado leer la noticia, porque puedo presumir de haber recibido las lecciones de los dos, cuando la facultad todavía contaba con grandes maestros chapados a la antigua. Don Manuel Clavero Arévalo (Sevilla, 1926), catedrático de derecho administrativo y decano (1965-1968), discípulo de Carlos García Oviedo, goza de una feliz longevidad y merecidos honores de la clase jurídica. Fue Rector de la Hispalense (1971-1975). Pienso que ha sido uno de mis maestros. Sus clases fueron inolvidables, llenas de sabiduría, gracejo sevillano y anécdotas. Pero lo primero que recuerdan todos cuantos fueron sus alumnos, era su inconfundible timbre de voz, entonada con el habla propia del sevillano culto. De don Manuel Olivencia Ruiz (Ronda, 1929), discípulo de la escuela mercantilista de Joaquín Garrigues, también decano (1968-1971), conservo menos recuerdos como profesor, porque en aquel curso 1985-1986, en que comenzó a explicarnos las sociedades mercantiles, ya estaba comprometido en el cargo de Comisario de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. Inolvidable su elegancia en el decir el derecho, recomiendo leer su discurso de agradecimiento del premio [Joly].

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15 mayo 2017

La literatura en andaluz

Decíamos que la novela norteamericana Adventures of Huckleberry Finn, del año 1885, de Mark Twain (pen name de Samuel Langhorne Clemens) es un auténtico landmark o jalón de la expresión literaria de los modos de hablar que se alejan de la lengua inglesa estándar. No es sin embargo esta novela ningún caso único, ni prístino, de la evocación en la escritura de los hechos sociolingüísticos. En una visita a la nueva librería sevillana La caótica, en la calle José Gestoso, he visto un nuevo libro que se acumula a los innumerables estudios de literatura chicana. En español, tendríamos que recordar el inmenso caudal de la literatura hispanoamericana, por ejemplo las novelas y cuentos de Julio Cortázar (pensemos en Rayuela), en que el autor reproduce el habla de Buenos Aires (recuérdese en las primeras páginas, el lema graciosísimo de César Bruto, sobre "Lo que me hubiera gustado ser a mí si no fuera lo que soy"). O de este lado del Atlántico, el habla madrileña en las novelas de Benito Pérez Galdós.

A poco que reflexionemos, el fenómeno de la intrusión del habla popular en la literatura culta se nos aparece como ubicuo, tan sólo limitándonos a nuestra lengua. Otro caso sobresaliente es el del judeoespañol, en el que hay muchos testimonios escritos, incluso un Quijote en sefardí, al que ya me he referido [aquí]. La representación escrita del habla desviada del estándar, es sin embargo una práctica universal, que ya se puede encontrar en las letras grecolatinas. Se dice, por ejemplo, que Platón, que antes de escribir diálogos socráticos ya se había estrenado como autor de teatro, reproduce en sus diálogos juveniles la peculiar forma de hablar de la gente de la calle. Los evangelistas siguieron también esta práctica literaria. San Marcos, autor del evangelio más antiguo, incrusta en su redacción expresiones arameas, como la de este pasaje célebre (Mc 5, 40-42): "Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate». En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar".

El caso particular del habla andaluza no es ajeno a esta práctica. Sobre sociolingüística andaluza, hay que hacer mención del profesor Miguel Ropero Núñez (del que fui alumno en la universidad el curso 1981-1982), autor del pionero estudio El léxico caló en el lenguaje del cante flamenco (1978), que sigue reeditándose. Hay además un libro reciente, del profesor Francisco García Duarte (emigrado a Barcelona, nacido en Padul, Granada): La literatura en andaluz. La representación gráfica del andaluz en los textos literarios (que no he podido examinar). García Duarte quiere ver los primeros testimonios del andaluz escrito en la literatura costumbrista del siglo XVIII. Ejemplos muy conocidos de la literatura moderna, que a todos se nos vienen a la cabeza, es el teatro de los hermanos Álvarez Quintero (que pretendía reproducir el habla sevillana... para que se riese el público de Madrid). O el Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, que de manera muy sensible calca la forma de hablar de los niños de las calles de Moguer.

Pero si el reflejo literario del habla popular es una práctica antigua, tanto como el de la literatura escrita, en castellano podemos adentrarnos hasta los testimonios poéticos más tempranos de nuestra lengua, en el siglo XI: las jarchas mozárabes (Samuel Miklos Stern: Les vers finaux en espagnol dans les muwassahs hispano-hébraïques. Une contribution à l'histoire du muwassah et à l'étude du vieux dialecte espagnol 'mozarabe', Al-Andalus Revista de las escuelas de estudios árabes de Madrid y Granada, XII (1948). El Quijote (1605), en sí mismo, es ya todo un monumento de las variedades lingüísticas de su tiempo, comenzando por el habla rústica, "prevaricadora", de Sancho Panza, o si descendemos al detalle, en la expresión graciosa del vizcaíno (I, 8): Anda, caballero que mal andes; por el Dios que crióme, que, si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno... Sin embargo, y salvo que me falle la memoria, no se encuentra en todo el Quijote ninguna expresión lingüística que pueda calificarse de "andaluza". El caso es aún más llamativo, si repasamos la novela ejemplar, de ambiente sevillano, de Rinconete y Cortadillo. Explicar esta extraña ausencia del andaluz en Cervantes (él, de familia cordobesa, y criado en Sevilla), obliga a referirse a la diglosia andaluza (la situación en que el castellano es la norma culta, de prestigio, para expresarse por escrito, mientras que el habla andaluza es la que se emplea en la conversación doméstica y de la calle, la de todos los días). Cervantes tal vez no hablase andaluz (se educó en Madrid), pero oía hablar andaluz todos los días, cuando estuvo en Sevilla, escribiendo sus novelas o el Quijote. Hay que pensar que Miguel de Cervantes fue un escritor culto, que escribía para un público culto, aunque la materia narrativa fuese popular (como La gitanilla, o el Rinconete y Cortadillo). Para Cervantes, que escribía entonces en la rigurosa norma castellana (que era la suya propia de hablante), la forma de hablar del pueblo de Sevilla no sería pretexto para introducir ninguna parodia en sus relatos (como si lo era la de los vizcaínos), porque el andaluz era el medio en que se movía.

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11 mayo 2017

Mark Twain

"In this book a number of dialects are used, to wit: the Missouri negro dialect; the extremest form of the backwoods Southwestern dialect; the ordinary “Pike County” dialect; and four modified varieties of this last. The shadings have not been done in a haphazard fashion, or by guesswork; but painstakingly, and with the trustworthy guidance and support of personal familiarity with these several forms of speech. I make this explanation for the reason that without it many readers would suppose that all these characters were trying to talk alike and not succeeding."

Mark Twain : Adventures of Huckleberry Finn, 1885, "Explanatory".

El Huck Finn (leído en su inglés norteamericano), es un auténtico landmark o jalón de la expresión literaria de los fenómenos sociolinguísticos.  Samuel Clemens (el nombre civil del autor) se acostumbró en su niñez a oír hablar en los numerosos dialectos de la ribera del Mississippi River, lo que no le impedía expresarse como escritor en un inglés estándar correcto, claro y directo, que le hizo merecedor de multitud de honores (como este doctorado en letras de la Universidad de Oxford, Inglaterra).

Véase: Humberto López Morales : Sociolingüística [Gredos].

08 mayo 2017

Mi última visita al Museo del Prado

La primera vez que visité el Museo del Prado era chico, tenía siete años. Iba con mis padres y mi hermano. No tengo ningún recuerdo especial, tal vez el de ver el gran cuadro de Las Lanzas, o la impresión tremebunda que me produjeron las salas de Goya, tanta como (esto sí lo recuerdo mejor) la escena horrorosa de la cogida del torero Manuel Granero, en el Museo de Cera. Mi última visita al Museo del Prado ha sido esta noche. Yo iba en la comitiva del presidente Rajoy y la canciller Ángela Merkel. El pretexto era ver el retrato de una menina de Velázquez. Pero yo no vi nada. Entré en un largo vestíbulo, como el de la terminal T4 del aeropuerto, y empecé a recorrer pasillos y subir y bajar escaleras mecánicas como en el metro. Me perdí, no conocía a nadie. Toda la gente hablaba y hablaba, y me pasaba de largo sin mirarme. Entonces me desperté y regresé de esta última visita onírica al museo. Eran las cinco de la mañana y estuve un rato apuntando los detalles del sueño.

No me gustan los museos, aunque mi ciudad, Sevilla, tiene algunos excelentes, que procuro visitar cada temporada: el Arqueológico, en la plaza de América (la "plaza de las palomas", le decimos nosotros), que ocupa un pabellón renacentista de la Exposición Universal del 29; o el Museo de Bellas Artes (en la plaza del Museo, al final de la calle Alfonso XII), antiguo convento de la Merced. Guardo un recuerdo imborrable de la visita escolar a la Torre de Don Fadrique, en la calle Santa Clara. Éramos niños y teníamos el arrojo de encaramarnos incluso por aquella escala de madera que alcanzaba a lo alto de la Torre, y que he visto que aún se conserva...


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06 abril 2017

Noticia de libros cofrades en la cuaresma de 2017

Un paseo por las librerías sevillanas, que yo casi reduzco ya a una visita de cortesía a la librería San Pablo de la calle Sierpes, nos trae esta cuaresma unas atractivas novedades en la materia de cofradías y de todo el cortejo popular y literario que acompaña a las procesiones de Semana Santa. Cuando parece que el tema estuviese ya en exceso trillado, nos hemos encontrado con excelentes libros nuevos, que bien es verdad que ya sólo se ocupan de temas muy al margen, como estos del vestir imágenes, o del labrado de canastillas. Pero antes que nada hay que aludir al pregón, que se publica todos los años, a pocas horas de pronunciarse. El de este año, que le ha tocado al joven periodista de Abc Alberto García Reyes, ha sido muy celebrado [elCorreo]. Pues bien, este año 2017 sobresale en el mostrador de novedades una monografía del profesor José Roda Peña [sisius]: Retablos itinerantes. El paso de Cristo en la Semana Santa de Sevilla, a la que la Diputación Provincial ha concedido el premio "Archivo Hispalense" [Diputación]. Aunque quizá llame más la atención otro libro, escrito al alimón por tres sevillanos expertos: El arte de vestir a la Virgen [Almuzara]. Nunca me hubiera imaginado que un asunto como este fuera a merecer todo un libro, escrito con mucha solvencia y documentación. Aunque parece que haya que esperar que se publiquen libros sobre casi cualquier asunto que toque de refilón las cofradías y procesiones.

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16 marzo 2017

Los recuerdos de Fernando Villalón, de Manuel Halcón

El otro día, en la librería del joven librero de viejo Daniel Cruz, en la sevillana a más no poder calle Boteros, Daniel, que ya me había vendido algún tomo suelto de las obras completas de Jaime Balmes en la B.A.C., tuvo la gentileza de mostrarme unos elegantones tomitos de las obras completas del padre Coloma, publicados por Razón y Fe. Entonces la conversación echó a volar. Yo le conté que he sido lector muy tardío de Pequeñeces, a pesar de que desde la niñez he visto rodar en casa la novelita. Creo que, lector ya adolescente, me tumbaba el ambiente de cursilería que la novela transpiraba desde las primeras páginas, y yo prefería leer antes, qué sé yo, a escritores entonces de moda como Stefan Zweig, o Pearl S. Buck. Pero al final, todo libro tiene su momento, y siendo lector que ya peina canas, creo que lo he leído en el momento oportuno para comprenderlo. No ha pasado de moda. Con el librero de viejo de la calle Boteros estuvimos comentando que muchos autores de los últimos tiempo (pongamos por ejemplo a Jaime Balmes), se encuentran inmerecidamente situados en un segundo escalón, siendo lecturas espléndidas. Claro que hoy los chavales, digitales nativos, a duras penas leen libros del primer escalón (digo yo por ejemplo el Lazarillo de Tormes), mucho menos entonces los del segundo. Uno de estos pueden ser los deliciosos Recuerdos de Fernando Villalón, de Manuel Halcón, publicados por vez primera en los Talleres de Rivadeneyra de Madrid en 1941 [Ricardo Gullón]. El aristócrata y escritor sevillano Manuel Halcón y Villalón-Daoíz (1900-1989) era primo del célebre ganadero y poeta (o viceversa) Fernando Villalón-Daoíz y Halcón (1881-1930), muerto pronto. Este librito de Recuerdos (en que aparece fugazmente el bandolero "el Pernales"), ha hecho inmortal (digamos con esa módica y transitoria inmortalidad que procuran las letras) al poeta Villalón. Es un librito de lectura deliciosa e inolvidable, y no sé si, como en el caso del padre Coloma, está ya instalado en el purgatorio del segundo escalón literario. Cada cierto tiempo alguien se acuerda que merece una reedición. Hoy, leyendo el periódico con el café, me he desayunado con la noticia de que la editorial Renacimiento de Abelardo Linares, ha decidido reeditar también estos Recuerdos. En la cubierta de la nueva edición (igual que en aquella vieja de Alianza del año 1969) aparece la célebre fotografía de Villalón fumando descabalgado, con la garrocha en la diestra. En fin, termino con un sucedido muy curioso, ya que soy sensible a las casualidades muy poco casuales [Jung]. Hace tan sólo un par de días estuve sobando mi ejemplar de los Recuerdos de Fernado Villalón (un libro de bolsillo como el de la imagen), que me trae buenos recuerdos de lectura, e incluso me entretuve en forrarlo, pensando en conservarlo para volverlo a leer. Hoy precisamente me encuentro con que se reedita. Esto es una causalidad, no una casualidad.

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06 marzo 2017

Al Cielo iremos los de siempre

La principal razón de estudiar latín es que hemos recibido un legado de saberes escritos en esa lengua. Pensemos, en un rápido recorrido mental, en Lucrecio, Séneca, o Agustín de Hipona, o en Erasmo, Martín Lutero, Luís Vives, o incluso Isaac Newton; o en el Corpus Iuris Civilis (matriz del derecho vigente), o en la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino; o en la Biblia latina (tan antigua como el cristianismo mismo). Conmueve recordar a un gran prosista de la lengua, el pbro. Jaime Balmes, que para asegurar la difusión en todo el orbe católico de una de sus obras (la Filosofía elemental de 1847), se esfforzó en preparar él mismo su traducción al latín, que no logró completar antes de su muerte prematura en 1848.

Estos días, el latín vuelve a ser noticia en España, con la entrada en vigor de la 3ª edición del Misal en castellano [C.E.E.], traducción del Missale Romanum de Pablo VI (1969) [vat]. No es mi oficio la liturgia, puesto que soy un simple feligrés que se limita a ir a misa los domingos y fiestas de guardar; pero no quiero ahorrarme un comentario sobre una de las novedades más llamativas de este misal en castellano. Se ha retocado la fórmula de la consagración. Aquellas palabras: "Hic est enim calix sanguinis mei... qui pro vobis et pro multis effundetur...", hasta ahora y, desde el primer misal de 1970, se decían así en castellano: "... que será derramada por vosotros y por todos los hombres...". Pero el nuevo misal las ha vertido así: "... por vosotros y por muchos...". Los fieles del montón, como soy yo, se pueden interrogar entonces si es que el Mesías sólo vino a salvar a los más listos o a los más bonitos, o es que, como decía aquella señora del célebre chiste de Mingote, "porque al Cielo, lo que se dice ir al Cielo, iremos los de siempre".

Esto no ha sido cosa de los obispos españoles, sino del que fue papa Ratzinger, y viene de largo [Carta]. A mí me parece que es una regresión litúrgica. José Manuel Bernal, en su artículo "Pro vobis y por multis", flaco favor a la renovación litúrgica", lo explica muy bien [aquí], y me dispensa de más comentarios. Aunque me gustaría añadir ahora un par de notas, producto de la compulsa de algunas versiones bíblicas.

Multi (lat.), oi polloi (gr.), harabim (hbr.), son expresiones que pueden significar "muchos" o "todos". En la traducción hay que tener presente si esas expresiones están empleadas predicativa o distributivamente, y que 'mucho' es un término ambiguo en castellano. Luego, no puede pretenderse una traducción exacta, o "literal" (¿existe la traducción literal?). Y no hay que confundir la traducción literal con la versión calcada. Traducir el latín 'multi' por el castellano 'muchos', tal vez no sea una traducción fiel, ni siquiera literal; a lo sumo es un mal calco, casi de latín macarrónico.

Algunas versiones modernas de la Biblia son receptivas, en el pasaje del profeta Isaías, 53, 11-12 (antecedente de la fórmula de la institución de la Eucaristía) a una traducción más conforme con el sentido bíblico originario. Hay que mencionar aquí la Bible de Jérusalem, en francés, y en castellano, la Biblia del peregrino (de J.L. Alonso Schökel), o la Biblia de Navarra ("llevó los pecados de las muchedumbres"). La Bibbia de la Conferenza Episcopale Italiana, publicada en el año 2003, traduce, como parece muy generalizado, "il giusto mio servo giustificherà molti" [CEI], aunque la edición impresa contiene una interesantísima nota al margen: "Il senso di 'molti' è discusso: alcuni pensano che debba essere riferito alla multitudine del popolo, altri, piuttusto, alla insieme delle nazioni".

La mayor de las sorpresas me la he llevado consultando la traducción de la Vulgata latina del P. Felipe Scío de San Miguel (Madrid, 1796). Poseo precisamente el tomo de la Prophecia de Isaías, que hace unos años tuve la fortuna de encontrar en un mercado de libros viejos. El P. Scío traduce Is 53,12 así: "Él cargó con los pecados de muchos, y por los trasgresores rogó". Hasta aquí, lo esperable. Lo sorprendente es la nota a pie de página, que invito a consultar, donde el P. Scío comenta: "Los pecados de muchos, de todos, como se usa freqüentemente en las Escrituras". Véase por tanto, que al menos un sabio escriturista de hace dos siglos ya tenía claro el sentido recto que debía darse al verso de Isaías: et ipse peccatum multorum tulit.

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13 febrero 2017

Divagaciones musicales

Algunas notas tenía en mis papeles, pero no he querido privilegiar ninguna. Prefiero divagar, sea sobre música, o sobre filosofía, o sobre teología, lo mismo da. Comienzo. El fin de semana supe del fallecimiento de José Luís Pérez de Arteaga [La Razón]. Tuve que enterarme precisamente oyendo la radio, Radio Clásica. Para la gente de mi generación Pérez de Arteaga ha sido como un ángel tutelar en las horas de estudio, tedio o soledad. Desde que éramos estudiantes lo escuchábamos en Radio Nacional. Cuando un hombre así muere, no nos debe invadir ni la nostalgia ni la melancolía, sino un sentimiento de amplio agradecimiento, por las horas que ha dedicado a sus oyentes. Además, Pérez de Arteaga ha legado a la cultura española un libro espléndido, un tratado sobre la vida, obra y discografía de Gustav Mahler [El Cultural].

Acabo de leer la "biografía breve" (vita brevis) de Martín Lutero, debida al historiador, especialista en historia de la orden agustiniana, Rafael Lazcano [San Pablo]. Escrita con suma elegancia, y de lectura grata. Presenta a un Martín Lutero sin apasionamiento (si esto es posible). A mi me ha abierto el apetito de leer la otra gran biografía en castellano, la antigua de Ricardo García Villoslada SJ [BAC]. Pero no lograremos ponernos de acuerdo sobre el "luteranismo". Tengo la impresión de que en aquel conflicto pesaron sobre todo motivos políticos. Si no hubiese sido Martín Lutero habría sido otro profesor de Wittenberg. Precisamente este domingo se ha leído (en las iglesias católicas) el capítulo 5 del evangelio de San Mateo, sobre la Ley: Nisi abundaverit iustitia vestra plus quam scribarum et pharisaeorum, non intrabitis in regnum caelorum. ¿Qué es la Ley, qué es la Justicia? Nada de lo que se piensa vulgarmente. Por eso dice: Sit autem sermo vester: “Est, est”, “Non, non”; quod autem his abundantius est, a Malo est. Sí, sí, no, no... Nada que ver con los letrados palabreros y leguleyos.


Una aguda inquietud sobre la Ley y la Justicia me ha llevado también estos días a releer ese diálogo tan instructivo de Platón, el Gorgias (en la traducción de Julio Calonge). ¿De qué trata el Gorgias? Aunque parece cuestión discutida, pienso que no ofrece ninguna dificultad responder: trata de la moralidad en la política. No puedo hacer más que recomendar que se lea el diálogo, si fuese posible de un tirón, una tarde, para no restarle el efecto intelectual que buscaba darle el maestro. Sócrates dice (cito muy de memoria) que el político debe hacer buenos a los ciudadanos. Hay que ser justos (yo diría que "equilibrados"), moderados, decididos. Y sufrir injusticia antes que cometerla. Por muy diversas razones se dice que este diálogo de Gorgias es de los más modernos de Platón. La moralidad pública (¿qué hacen nuestros gobernantes, y por qué?) es una cuestión palpitante. El diálogo comienza sometiendo a juicio a los tiranos (se pone como ejemplo al macedonio Arquelao, cuya historia nos parece mil veces contada, hasta nuestros días) y termina enjuiciando a los demócratas (con Pericles a la cabeza, acusado de corrupción). En este momento, yo resumiría el Gorgias diciendo que nos presenta dos versiones de la política: la política real (testimoniada por el interlocutor Calicles), en que predominan las pasiones y los intereses, y la política ideal (defendida por Sócrates), que debe obedecer a los principios morales. ¿Qué versión es la más verdadera? Después de leer, cerramos nuestro libro, y nos ponemos a reflexionar. Platón no nos impone una respuesta, aunque seduce con un bello "relato verdadero" sobre el juicio de ultratumba, donde cada uno recibirá su premio o castigo merecido.

Y ya que he terminado con mis divagaciones musicales, me voy con la música a otra parte.

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06 febrero 2017

Nuevo libro sobre Bueno Monreal

El último año ha sido pródigo en libros sobre los arzobispos de Sevilla. Carlos Ros ha publicado un polémico Pedro Segura y Sáenz, semblanza de un cardenal selvático, pulcra edición del autor [Ros] (lo de "selvático" fue apelativo certero que le dio Martínez Barrio). Ahora, la BAC acaba de publicar El Cardenal José María Bueno Monreal. Un humanista integral. Una biografía (1904-1987), que fue la tesis doctoral de su autor, Julio Jiménez Blasco, defendida el año 2012 [BAC]. Sobre Bueno Monreal se publicó aún en vida una semblanza, debida a Antonio Montero, en un libro de homenaje de 1983. Carlos Ros publicó en 1986 Los arzobispos de Sevilla: luces y sombras en la Sede hispalense (libro al que tengo especial afecto, dedicado en la Feria del Libro de 1989), en que los últimos capítulos tratan de Bueno Monreal y Carlos Amigo. Más adelante, el año 2012, Carlos Ros ha publicado en San Pablo una pequeña Semblanza de un cardenal bueno, José María Bueno Monreal, a la ya me he referido [aquí]. Ahora, en fin, tenemos sobre la mesa una biografía extensa de Bueno Monreal.

Este nuevo libro sobre Bueno Monreal, en la BAC, está coeditado con la Universidad de Sevilla, factor que habrá determinado la ecoedición [Tierra], y un precio moderado (21 euros). De sobria ilustración gráfica, llama la atención por su espontaneidad la fotografía, de la que no se indica procedencia (¿tomada en Roma, en 1958?) de Bueno Monreal en compañía de Escrivá de Balaguer (no se le llama san Josemaría) y Álvaro del Portillo (sin el "beato"). Bueno, casi siempre sonriente, fotogénico. El libro cuenta con las "bendiciones" de dos prelados, Juan del Río, arzobispo castrense (que pone el prólogo) y Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla (que pone el epílogo). Cuestión aparte las erratas, que las editoriales de prestigio debieran tratar como anomalías, recurriendo por sistema a servicios de correctores. No las he buscado, aunque he visto dos llamativas (en los pies de fotografías de las páginas 263 y 359). Alguna inaceptable (Goma por Gomá, página 94).

La biografía es sobre todo la crónica de José María Bueno Monreal en la sede hispalense (600 de 700 páginas), prestando atención a su intervención en el Concilio Vaticano II [Dialnet]. No he podido leerla entera, de cabo a rabo, aunque me ha interesado centrarme en un episodio crítico de la biografía, que es la accidentada sucesión del cardenal Pedro Segura. El autor reconoce que, debido a las restricciones de acceso a fuentes archivísticas, ha debido restringir su investigación a fuentes públicas. El caso es que el relato es bien conocido, muchas veces contado (entre otros, en las biografías del cardenal Segura, de Francisco Gil Delgado o de Carlos Ros). En cualquier caso, mérito del doctor en historia Julio Jiménez Blasco es la de ofrecernos una biografía extensa, de cuerpo entero, del cardenal José María Bueno Monreal.

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02 febrero 2017

¿Nueva piel para la basílica de El Gran Poder?


La basílica de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, es un templo moderno, de apenas medio siglo de antigüedad, si se compara con la aneja Iglesia de San Lorenzo, del siglo XIV. Ahora, la Junta de la Hermandad (a la que no pertenezco), ha resuelto un concurso de ideas "para el remate ornamental y ambiental de la basílica" [Abc]. Y yo me pregunto que qué necesidad había. Es verdad que, por dentro, podría decirse que el templo está algo desangelado, pero mejor lo austero que lo recargado, o "lo barroco". como gusta decir aquí en Sevilla en los medios cofradieros. Del proyecto ganador, muy seductor, pero que digo yo que lo mismo valdría para un templo en Finlandia, me llama la atención el "neorretablo", que le pega al Nazareno lo mismo que a un santo dos pistolas. ¿Qué pensaría Juan de Mesa de todo esto? En fin, ya me gustaría que, como "usuario" del templo, no llegue la sangre al río, y no se altere el ambiente severo que ahora mismo tiene la basílica. Que así sea.


Joaquín Delgado-Roig: "Unos pensaron en el Panteón y otros en un casino de Las Vegas". Joaquín Delgado-Roig, hijo del arquitecto de la basílica del Gran Poder, reflexiona sobre las ideas para reformar el templo [Diario de Sevilla].

Antonio Burgos: "Este resfriado de la modernez que le ha entrado a algunos creo que lo sabrás curar también, Señor, y que evitarás el estornudo de un proyecto innecesario para Tu templo, que lo quieren poner no sé si a modo de mezquita o de discoteca. O de lo que sea. Menos de lo que debe ser. ¿Saben cómo está bien la basílica del Gran Poder? Pues tal como está. Sobran proyectos y moderneces". "Señor, haz el milagro" [Abc].

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