11 julio 2008

La plaza de la Magdalena, hoy

Aspecto actual de la plaza de la Magdalena de Sevilla (imagen tomada de la Sevillapedia). Es un espacio de paso, que ni fú ni fá, colonizada por vendedores ambulantes. Nada que ver con la hermosa y delicada plaza de palmeras que se divisaba al fondo de la fotografía del trío de poetas. El edificio de oficinas de la izquierda, de los arquitectos Gabriel Lupiáñez Gely y Rafael Arévalo Carrasco (1938-1940), aparece catalogado en la Guía de arquitectura de Sevilla de Guillermo Vázquez Consuegra.

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10 julio 2008

León Felipe: Escuela

Retomamos la reflexión animalista después de esta última pausa poética. Pero no abandonamos la poesía. Si no lo he dicho antes, León Felipe es uno de mis poeta preferidos. Así lo estimo por la autenticidad descarnada de sus versos, como son los de su poema de ancianidad "Escuela", donde hace un repaso impresionista de su vida. El poema es extenso, y hay que leerlo entero. Selecciono un pasaje interesante para el tema que estábamos discutiendo:

ESCUELA (fragmento)

... He dormido muchas noches, años, en el África Central,
allá, en el golfo de Guinea, en la desembocadura del Muni,
acordando el latido de mi sangre
con el golpe seco, monótono y tenaz
del tambor prehistórico africano
de tribus indomables...
He visto a un negro desnudo
recibir cien azotes con correas de plomo
por haber robado un viejo sombrero de copa
en la factoría del Holandés.
Vi parir a una mujer
y vi parir a una gata...
y parió mejor la gata;
vi morir a un asno
y vi morir a un capitán...
y el asno murió mejor que el capitán.
Y ese niño, ¿por qué ha llorado toda la noche ese niño?
No es un niño, es un mono -me dijeron.
Y todos se rieron de mí.
Y fui a comprobarlo
y era un mono pequeño en efecto,
pero lloraba igual que un niño,
más desgarrada y dolorosamente que todos los niños
que ya había oído llorar en el mundo.
El Sargento me explicó:
-Anoche en el bosque matamos al padre y a la madre,
y nos trajimos al monito.
¡¡Cómo lloraba el monito!!


[Del libro "¡Oh, este viejo y roto violín!" (1965)].

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09 julio 2008

Adriano del Valle en Roma

Esta mañana, paseante en corte, me he acercado a los jardines de Cristina para fotografiar, en un entorno tan romántico, el busto de Adriano del Valle, que su ciudad natal le dedicó como homenaje en su centenario (1995). En su noble cabeza resplandece el aire de Roma andaluza, porque era hijo de la Bética y de madre italiana. Itálico de nombre -Adriano- se hizo pintar con guisa de emperador romano por Daniel Vázquez Díaz (1942). Tan singular, que es el retrato que ilustra algunos libros recientes sobre el autor.

Alfaraz nos ha confirmado de buena fuente que aquella fotografía del trío de poetas (Adriano del Valle, Villallón, Cernuda) está tomada como pensábamos en la plaza de la Magdalena, en Sevilla. Su comentario nos invita a acercarnos a uno de los libros de Adriano del Valle más celebrados, Arpa fiel (Madrid, 1941), donde incluyó sus elegías en la muerte de Fernando Villalón (1930) y de Federico García Lorca (1936).

Leemos en la cronología del poeta que, en julio de 1937, el diario "F.E." de Sevilla nombró a Adriano del Valle enviado de prensa a Italia, viaje que hizo por mar, acompañado entre otros por Miguel Fleta, Giménez Caballero y Manuel Díez Crespo. La más bella estela de esta singladura son una serie de sonetos italianos, del que escogemos el dedicado a Roma:

A ROMA

Todos los acueductos van a Roma
llevando agua caudal a sus fontanas,
entre tumbas gentiles y cristianas,
catacumbas, cipreses y carcoma.

Al campo y al jardín, el aire toma
su longitud del olor, y a las campanas
de las torres más altas y lejanas,
les va midiendo el eco una paloma.

Casi jirafa, el obelisco abreva
agua feliz que el surtidor eleva
con crines de hipocampos artesianos.

¡Fontanas pías, sixtinas o paulinas,
pontificando al sol en las colinas
con su esplendor de mármoles romanos!

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Plaza de la Magdalena, Sevilla


En la anterior entrada, dedicada al poeta sevillano
Adriano del Valle, nos hemos encontrado con una incógnita. En aquella foto le veíamos posar en compañía de Fernando Villalón y Luís Cernuda, en un entorno inequívocamente meridional, rodeados de palmeras y obra de azulejería: con toda seguridad Sevilla. La entonces hermosa y grácil plaza de la Magdalena, un tiempo llamada del Pacífico (hoy sombra de lo que fue) tiene todas las papeletas. Observad las palmeras que la adornaban en estas dos fotografías antiguas, de principios del siglo XX [de la Fototeca de la Universidad de Sevilla].


El cronista oficial de la provincia, Santiago Montoto, da la siguiente noticia de la plaza: "Formada en el solar del templo parroquial de la Magdalena, desaparecido, y con la antigua plaza de este título. La plaza de la Magdalena se denominó, por acuerdo de 15 de enero de 1841, plaza de la Libertad. En 1869 se rotuló del Pacífico en recuerdo de la guerra así llamada, victoriosa para las armas españolas" (Las calles de Sevilla, 1940). En esta plaza estuvo también situado el antiguo Gran Hotel de París.

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08 julio 2008

Un poeta sevillano

Decir poeta sevillano es un pleonasmo; porque no sé qué tendrá Sevilla que tantos poetas ha alumbrado. En la foto se asoman tres: de izquierda a derecha, Adriano del Valle, Fernando Villalón, y Luís Cernuda, en Sevilla, el año 1927 (¿en la antigua plaza del Pacífico?). No han tenido la misma posteridad, porque nuestra estrecha memoria no da para albergar el recuerdo de todos. Pero la obra de un poeta, de cualquier poeta, tiene una dignidad angélica que trasciende el tiempo y el espacio.

A instigación de un lector del blog, vamos a recordar al que parece más olvidado de los tres, Adriano del Valle (1895-1957). Con ocasión de su centenario, diversas instituciones editaron (bajo la presidencia de Pedro Laín Entralgo) un catálogo representativo de su obra poética, literaria y plástica, con un buen número de ilustraciones, y el homenaje y testimonio de multitud de amigos. Ese catálogo debe ser hoy una rareza bibliográfica (soy afortunado poseedor de un ejemplar). De ahí tomo hoy un soneto dedicado a un amigo suyo:

ORACIÓN PARA LOS ÁNGELES
DE EUGENIO D'ORS

Él era en su vivir, lujo del mundo,
ciudadano de Delfos. Grecia y Roma
le brindan el honor de las columnas
enhiestas, y los mármoles miliares

para grabar su propio pensamiento.
Numen celeste y, sin embargo, humano,
de Sócrates que embarca con Ulises
desde Las Ramblas, cotidianamente,

camino del Olimpo o de su Ermita.
El mar nativo imita en su oleaje
el otro mar ilustre del glosario

y, espejo de papel para las Musas,
en él, con su minerva, así nos dijo:
-En el nombre de Dios y de los ángeles...
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07 julio 2008

Los "privilegios" de la Iglesia Católica

"La Iglesia católica, cuya singularidad histórica, cultural y sociológica en España reconoce el Partido Socialista, debe ser consciente de que el inciso final del art. 16.3 de la Constitución Española no otorga prevalencia de derechos y no es razón para privilegios ni puede significar limitación alguna de la aconfesionalidad del Estado." (37º Congreso Federal del PSOE: "Nuevas políticas e instituciones para una sociedad en igualdad").

Después de haber leído, en parte, la documentación generada por el reciente Congreso del Partido Socialista, creo que se han pensado bien lo que se dicen, aunque yerran en que la Iglesia Católica aspire a ningún privilegio, y eso no es lo que dice la Constitución.
Olvidan en el PSOE que el principio de igualdad exige tratar de modo desigual a los desiguales. Esto no supone prevalencia de derechos, ni privilegios. La suma igualdad es injusta.

Nuestra democracia conoce multitud de ejemplos de "desigualdad legal". Por ejemplo, no se trata igual a los sindicatos de trabajadores "más representativos" que a un sindicato minoritario. Si el derecho dispensa a la Iglesia Católica un trato diferenciado, por ser la "confesión religiosa más representativa de la religión de los españoles", creo que eso no es como para rasgarse las vestiduras, y debe entenderse amparado, en efecto, en el artículo 16.3 de la Constitución (salvada la libertad religiosa de las confesiones minoritarias).

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Los monjes ciegos y el elefante

"Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados".

Esta instructiva fábula, de orígenes remotos, parece aconsejar que adoptemos un enfoque relativo y prudente en nuestros saberes: sólo alcanzamos a conocer la realidad de forma parcial e incompleta. No estoy sin embargo del todo conforme con esta conclusión. Estos monjes sabios (y ciegos) no estaban equivocados, como dice la fábula a modo de moraleja. Tal vez le engañasen los sentidos, pero todos ellos convenían en que se habían encontrado con un elefante. Se habían topado con la realidad, con la verdad, aunque fallasen al describirla (porque todos, ciegos o no, somos falibles). Por eso la fábula también enseña que somos capaces de conocer la verdad, aunque se nos muestre esquiva.

Pero aún hay otra lección que aprender. Hombres y animales conocemos la realidad por los sentidos, y hacemos inferencias a partir de los datos captados. Aquellos monjes se comportaban como animales (una hormiga, un león, un mono) que tocan y huelen un objeto extraño. Pero sólo el hombre es capaz de reflexionar sobre ese modo de conocer, sobre su valor aparente e ilusorio; y sólo el hombre es capaz de construir una fábula que reflexiona sobre estas limitaciones. El hombre es el único animal insatisfecho de lo que hace y de lo que sabe.
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06 julio 2008

La muerte no es el final



Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que aunque morimos, no somos
carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.

Cuando, Señor, resucitaste,
todos vencimos contigo,
nos devolviste la vida,
como en Betania al amigo.

Cuando la pena nos alcanza
por el compañero perdido,
cuando el adiós dolorido
busca en la fe su esperanza.

En tu palabra confiamos
con la certeza de que Tú
ya lo has devuelto a la vida,
ya lo has llevado a la luz.

Si caminamos a tu lado,
no va a faltarnos tu amor,
porque muriendo vivimos
vida más clara y mejor.

[Letra y música del sacerdote vasco Cesáreo Gabaráin Azurmendi (1936-1991)]

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El hombre y el animal

"Este trabajo constituye un intento de reflexión interdisciplinar entre biología (biología teórica, zoología y etología) y filosofía. La interdisciplinariedad, en una época de fragmentación de las ciencias, es el primer paso en la búsqueda de la recomposición de la unidad del saber, que es la aspiración de toda verdadera sabiduría. Sólo la sabiduría, como ciencia de las causas últimas, puede concebir un plano general del saber, aunque sólo en sus trazos fundamentales, pues la mente humana obviamente es limitada. (...)

"La necesidad de la interdisciplinariedad es especialmente acuciante en el campo de los estudios sobre el hombre, donde una cantidad inmensa de información es cada vez más difícil de resolver en una unidad. Ahora bien, sin unidad no hay comprensión. Comprender algo significa ver simultáneamente, en la unidad de su naturaleza, la multiplicidad de aspectos que la integran. Por eso, resignarse al actual estado de fragmentación del saber antropológico es resignarse a desconocer qué es el hombre. (...)

"En fin, pocos proyectos de reflexión interdisciplinar son tan urgentes como el de la cuestión antropológica. Precisamente para alcanzar este fin surgió la antropología filosófica en la primera mitad del siglo XX. Y precisamente por esta razón ha sido la misma antropología filosófica la ciencia que ha estimulado y fomentado la cooperación de las ciencias afines o colindantes con la antropología, sobre todo la biología, para hacer luz en la magna cuestión de qué es el hombre".

Leopoldo Prieto López, El hombre y el animal. Nuevas fronteras de la antropología. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2008 [el texto reproducido es de la introducción, pp. xxii-xxiii).
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05 julio 2008

Monkey typing

"El capricho o imaginación o utopía de la Biblioteca Total incluye ciertos rasgos, que no es difícil confundir con virtudes. Maravilla, en primer lugar, el mucho tiempo que tardaron los hombres en pensar esa idea. Ciertos ejemplos que Aristóteles atribuye a Demócrito y a Leucipo la prefiguran con claridad, pero su tardío inventor es Gustav Theodor Fechner y su primer expositor es Kurd Lasswitz. (Entre Demócrito de Abdera y Fechner de Leipzig fluyen -cargadamente- casi venticuatro siglos de Europa.) Sus conexiones son ilustres y múltiples: está relacionada con el atomismo y con el análisis combinatorio, con la tipografía y con el azar. En la obra El certamen con la tortuga (Berlín, 1929), el doctor Theodore Wolff juzga que es una derivación, o parodia, de la máquina mental de Raimundo Lulio; yo agregaría que es un avatar tipográfico de esa doctrina del Eterno Regreso que prohijada por los estoicos o por Blanqui, por los pitagóricos o por Nietzsche, regresa eternamente." JORGE LUÍS BORGES, La biblioteca total.

Al pobre monito también se le toma como metáfora en un popular teorema matemático. Aunque las diferencias entre el hombre y el mono puede aceptarse que sean de grado, hay que reconocer también que los hombres hemos dado un gran salto de calidad: los monos no formulan teoremas, ni emplean la figura del hombre como ejemplo de nada.

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