Decir poeta sevillano es un pleonasmo; porque no sé qué tendrá Sevilla que tantos poetas ha alumbrado. En la foto se asoman tres: de izquierda a derecha, Adriano del Valle, Fernando Villalón, y Luís Cernuda, en Sevilla, el año 1927 (¿en la antigua plaza del Pacífico?). No han tenido la misma posteridad, porque nuestra estrecha memoria no da para albergar el recuerdo de todos. Pero la obra de un poeta, de cualquier poeta, tiene una dignidad angélica que trasciende el tiempo y el espacio.
A instigación de un lector del blog, vamos a recordar al que parece más olvidado de los tres, Adriano del Valle (1895-1957). Con ocasión de su centenario, diversas instituciones editaron (bajo la presidencia de Pedro Laín Entralgo) un catálogo representativo de su obra poética, literaria y plástica, con un buen número de ilustraciones, y el homenaje y testimonio de multitud de amigos. Ese catálogo debe ser hoy una rareza bibliográfica (soy afortunado poseedor de un ejemplar). De ahí tomo hoy un soneto dedicado a un amigo suyo:
ORACIÓN PARA LOS ÁNGELESDE EUGENIO D'ORS
Él era en su vivir, lujo del mundo,
ciudadano de Delfos. Grecia y Roma
le brindan el honor de las columnas
enhiestas, y los mármoles miliares
para grabar su propio pensamiento.
Numen celeste y, sin embargo, humano,
de Sócrates que embarca con Ulises
desde Las Ramblas, cotidianamente,
camino del Olimpo o de su Ermita.
El mar nativo imita en su oleaje
el otro mar ilustre del glosario
y, espejo de papel para las Musas,
en él, con su minerva, así nos dijo:
-En el nombre de Dios y de los ángeles...
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