"Compartí la enorme ventaja de un respeto por aprender que impregna toda la cultura judía, incluso en los niveles económicos más pobres. Pero no tuve educación religiosa formal (ni siquiera tuve un bar mitzvah), porque mis padres se habían rebelado contra un entorno familiar que previamente nadie había cuestionado (...) No soy creyente. Soy agnóstico en el sabio sentido de T.H. Huxley, quien acuñó el término cuando identificó este escepticismo liberal como la única posición racional porque, realmente, no podemos saber. No obstante, habiéndome apartado de los puntos de vista de mis padres (y siendo libre, en mi propia educación, de las causas de su rebelión), tengo un gran respeto por la religión. El tema me ha fascinado siempre, casi por encima de todos los demás (con unas pocas excepciones, como la evolución, la paleontología y el béisbol). Gran parte de dicha fascinación reside en la sorprendente paradoja histórica de que la religión organizada ha proporcionado, a todo lo largo de la historia de Occidente, tanto los horrores más indecibles como los ejemplos más conmovedores de bondad humana frente al peligro personal."Stephen Jay Gould, Rocks of Ages (1999)









