17 enero 2010

Mi Salamanca


Del corazón en las honduras guardo

tu alma robusta. Cuando yo me muera,
guarda, dorada Salamanca mía,
tú mi recuerdo.

Y cuando el sol al acostarse encienda

el oro secular que te recama,
con tu lenguaje de lo eterno heraldo,
dí tú que he sido.

Lápida en la casa de Unamuno, donde murió, de la calle Bordadores [
ver Salamanca]. Sobre la estatua de medio cuerpo del Colegio de Anaya, en Hispaniarum.

12 enero 2010

Unamuno y el crucifijo en las escuelas


La retirada del crucifijo de las escuelas públicas (o "escuelas nacionales") ya tiene el precedente republicano. No debe sorprender que se invoque en este conflicto la autoridad de un intelectual tan hondamente español como fue Miguel de Unamuno. Está circulando mucho en internet unas palabras de Unamuno, que no citan la fuente [entre otros, en el blog de Ignacio Arsuaga]. Un amigo me sugirió buscarla, y como tengo el texto localizado, y no me cuesta ningún trabajo citarlo aquí, reproduzco un par de párrafos del artículo de El Sol, del año 32, del que está tomado:

"Sí, ya se consabe que hemos promulgado que no hay religión de Estado; ¿pero quiere esto decir que la nación no tiene un alma tradicional y popular, o sea laica; que no tiene una religión laica, popular, nacional y tradicional? ¿Quiere ello decir que va a quedarse la patria desalmada? No, no puede querer decir eso, y nada sería más cavernario, más troglodítico que la imposición de un agnosticismo oficial pedagógico. Aun prescindiendo de confesiones dogmáticas, creer que los maestros nacionales -nacionales, ¿eh?, y no estatales- puedan educar a los niños españoles escamoteando toda noción religiosa es sencillamente no darse cuenta de lo que tiene que ser la educación pública, patriótica.

"En estos días las mujeres, las madres, de una famosa villa de esta provincia de Salamanca se amotinaron al saber que se iba a quitar el crucifijo de las escuelas, y ha habido que dar satisfacción al sentimiento de ese motín popular, hondamente popular, contra una orden disparatada. Disparatada y perdónenos el que la haya dado, de inspiración no sólo anti-nacional, anti-popular y anti-histórica, sino también anti-pedagógica. La presencia del crucifijo en las escuelas no ofende ningún sentimiento, ni aún al de los racionalistas y ateos, y el quitarlo ofende al sentimiento popular hasta de los que carecen de creencias confesionales".

Miguel de Unamuno, "Guerra civil cavernícola", El Sol, Madrid, 29 de enero de 1932.

En: Miguel de Unamuno, República española y España republicana (1931-1936). Artículos no recogidos en las obras completas. Introducción, edición y notas de Vicente González Martín. Salamanca, Ediciones Almar, 1979.

06 enero 2010

Domingo García Sabell y la muerte

He tenido pendiente durante años leer este libro del médico y humanista gallego Domingo García Sabell, Paseo alrededor de la muerte (Paseata arredor da morte, 1999). Es una ironía del destino que este doctor, que tenía el tema de la muerte como su predilecto, alcanzase una edad avanzada (1909-2003), pero no lograse finalmente ir a morir con plena consciencia, ya que padeció en sus últimos años una demencia [necrológica]. El contenido del libro en buena medida fue anticipado en una serie de conferencias que dictó en la Fundación Juan March, en 1986, que pueden escucharse grabadas, o incluso descargarse, en este enlace.

La Navidad, en que los cristianos celebramos el nacimiento de una esperanza [
Zenit], es momento inmejorable para una meditatio mortis. Se anhela vivir de profundis, desde el pozo de nuestra miseria. La muerte nos acompaña desde que nacemos, como nos recuerda el doctor García Sabell. La curiosidad por saber qué será el morir parece ser un sentimiento común de los agonizantes, y también de los vivos: no está mal entonces tratar de saciar en algo esta curiosidad hasta que la hora nos llegue a cada uno.

García Sabell no proporciona ninguna metafísica de la muerte. En rigor, nadie sabe lo que es la muerte. El sabio Epicuro descartaba explicar esta realidad elusiva, diciendo: la muerte, temida como el más horrible de los males, no es, en realidad, nada, pues mientras nosotros somos, la muerte no es, y cuando ésta llega, nosotros no somos. Por eso García Sabell no trata de la muerte, sino que "pasea alrededor", describiendo los fenómenos que manifiestan el morir: la decadencia, el envejecimiento y la enfermedad, la agonía y el cadáver. Como propio de buen médico, las reflexiones del doctor García Sabell no son especulativas, sino que se fundan en la observación y la experiencia clínica (muy valiosas sus consideraciones sobre la muerte de amigos íntimos).

No hay en este libro ninguna contribución nueva, nada que no supiésemos ya, sobre la muerte. ¿Acaso es posible? Pero sí es muy valiosa la reflexión humanista sobre esta experiencia universal, y el esfuerzo por alcanzar una comprensión de la muerte. A mi juicio, es muy sabia y fundada su explicación del proceso de la muerte:

1. El enfermo terminal, o agonizante, concentra sus energías en el mero vivir primario, y por eso experimenta el tiempo con un estilo desusado, entre "un futuro puntiforme y un pasado sin horizonte" (pág. 180). "Lo que define el proceso de la muerte, en su raíz última, es la pérdida de la excentricidad existencial de la criatura humana y, simultáneamente, su desincersión de la red del tiempo" (pág. 182). La vida y ocupación del enfermo moribundo no es la vida corriente de los que presencian la enfermedad.

2. "El ser humano en trance de muerte presenta en la intimidad, tanto material como espiritual, un tropismo, un andar hacia la entrega. Todo lo que en él ocurre como individuo lleva el sello inconfundible de la obediencia a algo con nombre que no logramos descifrar, pero que, en conjunto, es eso, abdicación, dimisión, mudez existencial. En una palabra, pasividad" (pág. 182).

Esto es el morir consciente, que parece negado a las muertes accidentales, o en la inconsciencia inducida por fármacos o en los procesos de demencia, como la del mismo doctor García Sabell.

04 enero 2010

Compostelano 100%


Foto de hace cuatro años, en la plaza del Obradoiro. A observar que cargo con un paquetón de libros. ¡Sin enmienda!

01 enero 2010

Ensayo de una biblioteca jacobea

2010 es Año Santo Compostelano [Zenit]. En ocasiones como esta recuerdo con nostalgia la Via stellae, y la ciudad del Apóstol, una segunda patria espiritual. Para curar este anhelo de inmortalidad, me ha parecido bien entretenerme, en los primeros compases del nuevo año, en escribir para mi blog un "ensayo de biblioteca jacobea".

Hay que saber que la bibliografía compostelana es inmensa. Para hacerse una idea, la
Biblioteca Jacobea del Centro de Estudios y Documentación del Camino de Santiago [link], en Carrión de los Condes, Palencia, publica cada semestre una revista de "Bibliografía jacobea". Mi biblioteca, que es particular, no pretende competir con los centros de investigación, porque sólo está compuesta de libros útiles, o de valor sentimental, que he ido reuniendo estos años, y que me atrevo a recomendar a los interesados en el camino compostelano. No hago referencia, pues, a libros que no poseo y no tengo a la vista. Así que aquí va mi propia lista.

Aymeric Picaud, Guía del peregrino medieval (Codex Calixtinus). Sahagún (León), Centro de Estudios del Camino de Santiago, 1989. Traducción castellana del Liber peregrinationis, debida a Millán Bravo Lozano (+1997), catedrático de la Universidad de Valladolid. Es la última parte, libro o sección del Liber Sancti Iacobi, conocido con el nombre de Codex Calixtinus, códice del siglo XII que se conserva en el archivo de la Catedral de Santiago de Compostela. Edición muy anotada (256 notas), que encabeza la apócrifa Carta del Santo Papa Calixto: "En verdad que he sufrido innumerables penalidades por este Códice. Yo que he amado al Apóstol desde mi infancia, durante mi vida escolar recorrí tierras y regiones extrañas...".

Elías Valiña (1971), Caminos a Compostela. Vigo, Artes Gráficas de Faro de Vigo. Guía sencillita, pero con fotografías a color, publicada con motivo del Año Santo de 1971. Su valor es que se debe al doctor Elías Valiña, o cura do Cebreiro, pionero conservador y promotor del Camino, que fue artífice de las universalmente famosas "flechas amarillas" que señalizan la ruta jacobea [
diócesis de Lugo].

Millán Bravo Lozano (1993), El Camino de Santiago. Guía práctica del peregrino. Prólogo a la quinta edición (1998) in memoriam Millán Bravo Lozano [
Homenaje]. Realizada por el Centro de Estudios del Camino de Santiago, de Sahagún, y publicada en León, Editorial Everest, 1998. En mi opinión es la mejor guía de peregrinos existente, porque conjuga de forma equilibrada la información histórica, artística y literaria de los hitos del Camino, con datos útiles para caminantes y ciclistas, aunque su formato la hace prohibitiva para una mochila, sino que es de consulta en casa.

Juan Ramón Corpas Mauleón (2004), Curiosidades del Camino de Santiago. Trobajo del Camino (León), Edilesa. Libro de cuidado diseño y estilo, con bellas fotografías en sepia. Juan Ramón Corpas es médico, y político, y estudioso del Camino. El libro es una narración apasionante de curiosidades, fábulas y leyendas surgidas en el "camino francés", como las historias de San Juan de Suso, o la de San Veremundo, por citar algunas que se cuentan en Aragón y Navarra.

Salvador Llopis (1965), Por Salamanca también pasa el Camino de Santiago. Fuenterroble de Salvatierra (Salamanca), Asociación de Amigos del Camino de Santiago "Vía de la Plata", 1998. Reproducción facsímil de este libro ya raro (por inencontrable), publicado originalmente en el año jubilar de 1965 y reeditado por iniciativa de una Asociación de Amigos del Camino. El autor (Valencia, 1919), antiguo director del Archivo Municipal de Salamanca y cronista de la ciudad, confiesa en el "Pórtico" que fue peregrino jacobita en el Año Santo de 1948, y "desde entonces ha tenido un amor exquisito al Apóstol y a todo lo relacionado con las peregrinaciones". El libro contiene un buen número de fotografías en espléndido b/n, que documenta el estado de los caminos y los monumentos salmantinos hace casi medio siglo.

Piedra de Rayo. Revista riojana de cultura popular, "Especial Camino de Santiago en La Rioja". Logroño, octubre 2002 (nº 7). Monográfico "en recuerdo de Antonio Rojas, cuidador del gallo y la gallina de Santo Domingo", que aparece retratado en la cubierta de la revista, en el interior de la catedral, agarrando por las patas a los animales de la leyenda. Artículos sobre "La Cruz de los Valientes, una leyenda llevada al teatro", "Vandalismo en el Camino de Santiago", y una propuesta de cambio de trazado del camino entre el Alto de San Antón y Nájera: "nosotros proponemos que, al menos, se debata una alternativa para ese tramo: la circulación por otro camino que existe a escasos metros, a la izquierda de la N 120 y que es el tramo de la calzada romana mejor conservado en La Rioja".

Patricia Quaife (ed.), Pilgrim guides to Spain. 1. The Camino Francés. London, The Confraternity of Saint James, 1997. Sencilla guía ciclostilada, con interesantes indicaciones prácticas desde el punto de vista del viajero inglés, que publica esta asociación de peregrinos de Londres. Tiene marcado un precio de 4.50 libras, y la compré en el "Refugio Gaucelmo" [
link], en Rabanal del Camino, provincia de León. "This fifteenth edition of the Camino Francés guide is dedicated to the memory of George Grant (12 march 1918 - 2 march 1997), the Confraternity's first pilgrim, who cycled to Santiago in July 1983 to celebrate his retirement" (Foreword).

Manuel Jesús Precedo Lafuente (1999), Santiago Apóstol. Vida. Peregrinaciones. Catedral compostelana. Santiago de Compostela (La Coruña), coed. Librería Follas Novas y editorial Monte Casino. Valioso vademécum de todo lo que hay que saber sobre el Apóstol y la peregrinación. El autor, gallego de Ancéis (Cambre, La Coruña, 1925), es deán honorario del cabildo catedral de Santiago, y experto y generoso divulgador de la materia jacobea.

Gonzalo Torrente Ballester (1948), Compostela y su ángel. Madrid, Alianza Editorial, 1998. Es un clásico imperecedero de la literatura compostelana, con páginas deliciosas, repletas de noticias e impresiones agudas y sensibles sobre la ciudad. Capítulos, entre otros, de "La invención del sepulcro", "Crónica de los reyes, obispos y arquitectos que edificaron Compostela", "Memorial de ilustres peregrinos", "Flor de milagros jacobeos nuevamente contados", "Compostela vista por Aimerico"... El libro se cierra con una personalísima Guía del peregrino jacobeo, concebida para andar por la ciudad sin urgencias de tiempo: "Por referirse el conjunto a Compostela, ciudad eminentemente religiosa, donde la plegaria tuvo preferente lugar entre todas las ocupaciones humanas, donde varias comunidades rezaban hasta alcanzar el rezo permanente, conviene que la guía recuerde de algún modo la plegaria litúrgica, pues algo de oración tuvo siempre la visita a Compostela, y es éste carácter que no debe perder. Permaneciendo, pues, en el recuerdo, se nombrarán los días a la manera eclesiástica, y lo mismo las horas...". Así p.ej., la plaza de la Quintana, de la mano de don Gonzalo, se visitará la Feria IV, ad matutinum.

Diego de Torres Villarroel (1737), Peregrinación al Glorioso Apóstol Santiago de Galicia. Estudio y edición de Jacobo Sanz Hermida. Salamanca, Librería Cervantes, 2003. Nuestro escritor clásico más extravagante y simpático, el doctor Torres Villarroel, Gran Piscator de Salamanca, tuvo ocasión de peregrinar a Santiago cumpliendo un voto, lo que relató en un romance jocoso, celebrado en su tiempo, y que ha vuelto a editarse como curiosidad: "A Santiago en fin llegué / centro de las de mi pauta / líneas que por tan torcidas / en un candil alumbraban. / Campo de estrella, que en esta / mi profesión calendaria / favores me reportoria, / y fortunas me almanaca"
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A posta he dejado para el final el Diario de un mago (1987), de Paulo Coelho, y la celebérrima guía El Camino de Santiago a pie de El País-Aguilar, auténticos best-sellers del Camino, y que guste o no, hay que conocer. He encontrado a muchos peregrinos brasileños, y otros extranjeros, que han venido a Compostela atraídos por el relato esotérico de Paulo Coelho. En cuanto a la guía de El País, posee la extraña virtud de haber reinventado el Camino, y muchos peregrinos buscan reconocer en vivo a los personajes retratados en las páginas de la dichosa guía, utilísima sin duda (las demás son imitaciones).

Enlace a: Blog Xacobeo 2010

20 diciembre 2009

Karen Armstrong de viva voz




Estos días de Adviento he escogido la lectura del último libro de Karen Armstrong, En defensa de Dios (2009), guiado por recomendaciones solventes, como la del profesor dominico Sixto Castro [enlace]. Armstrong es una publicista inglesa, que habla con la claridad propia de la gente de la isla (puede clicarse en la pestaña "view subtitles" y escoger "spanish"). Su tesis es que todas las religiones encierran en su mensaje, en última instancia, la "regla de oro": Todos los que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas (Mt 7,12). Una idea importante, que comparto, es que la auténtica religión, la que salva, no versa sobre verdades de doctrina, sino sobre práctica y moralidad. La religión verdadera no es ideológica, sino que nos hace buenos.

13 diciembre 2009

La crisis, ¿es pecado?

Iba a seguir con el tostón de la parte teórica, más abstracta y abstrusa, de la encíclica Caritas in veritate, cuando se ha interpuesto la novedad de otro documento de los obispos españoles, una "Declaración ante la crisis moral y económica" [Conferencia Episcopal Española]. Me ha parecido que hacer un breve comentario de alguna de sus afirmaciones es una buena oportunidad para entrar en la materia de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, según el espíritu y la letra de la Caritas in veritate.

Lo primero que llama la atención, ya en el mismo título de la declaración de los obispos, es que se quiera hacer ver que la crisis económica coincide con una situación de crisis moral, sugiriendo una relación de causa a efecto. Por tanto, lo que debemos examinar es si realmente puede identificarse así, sin más ni más, crisis económica y crisis moral. O como digo al principio, en un intento de inocente provocación, "si la crisis es pecado".

Los obispos dicen: Somos conscientes de la gravedad de la situación en la que nos encontramos, por causas que tienen su origen en la pérdida de valores morales, la falta de honradez, la codicia, que es raíz de todos los males, y la carencia de control de las estructuras financieras, potenciada por la economía globalizada. Esto es, la crisis económica es una manifestación de una crisis moral subyacente. ¿Es aceptable esta tesis? Creo que no, y me explicaré.

1. La palabra crisis se emplea en sentidos distintos en la misma frase. Tomada en sentido moral, por crisis parece aludirse a una situación de general deshonestidad pública, manifestada en la falta de honradez y codicia, y que supone un descenso o "pérdida de valores morales". Pero en sentido económico, el término "crisis" se refiere, de manera imprecisa, a las coyunturas de bajo nivel de actividad productiva y de empleo, combinado con la elevación de precios. Si la calificación de "crisis moral" implica emitir un juicio de valor, la "crisis económica" supone estrictamente la medición y diagnóstico del estado transitorio de una economía, y es una cuestión de hecho, no de valor. Por tanto, asociar crisis moral y crisis económica supone mezclar indebidamente consideraciones de hecho y de valor, que no son comparables. La declaración incurre aquí en la falacia is-ought.

2. Si aceptásemos una correlación entre los niveles de actividad económica, y el "nivel moral", llegaríamos a conclusiones absurdas. El mismo documento reconoce que las víctimas de la crisis económicas son los desempleados, los pequeños empresarios o comerciantes que cesan en su actividad, los inmigrantes abandonados a su suerte. Son a éstos a quienes el Señor llamó bienaventurados. Los perdedores son ganadores (hay un gran libro de
Luís Cencillo sobre esta paradoja); luego la correlación apuntada no se cumple con los más débiles. Como he oído decir, no hay que olvidar que los pobres, el "Sur" de nuestro planeta (Asia, África, América latina) viven en una continua crisis, o depresión incesante, que es invariante del nivel moral que quiera reconocerse.

3. Los ciclos y fluctuaciones (incluso
estocásticas) de la actividad económica, los apogeos y depresiones del empleo y la riqueza, son por principio extraños a consideraciones morales. Son dinámicas intrínsecas a los sistemas económicos (lo mismo da que sean economías liberales, capitalistas, o socialistas). Que la economía experimente alzas y bajas, es tan natural y fisiológico como la sístole y la diástole del corazón. La moralidad se refiere a las conductas humanas, no a los procesos naturales, físicos o mecánicos, como pueden ser los procesos y dinámicas económicas. De nuevo, sólo de manera metafórica, pero impropia, pueden analogarse crisis económica y crisis moral, porque pertenecen a órdenes extraños entre sí: el material y el moral.

4. Incluso si todos los "operadores económicos" (consumidores, empresarios, banqueros, la hacienda pública, los trabajadores y los comerciantes...) fuesen modelo de honradez, y se condujesen en sus actividades públicas y en su vida privada de manera honesta, liberal y bondadosa, no por eso nos evitaríamos sufrir depresiones y desigualdades, carestía y pobreza. De nuevo, la crisis económica no puede ser nunca signo de crisis moral.

Con el análisis de esta declaración, hemos observado que no se debe transferir sin más el mal físico (la crisis económica) al mal moral (el pecado, la deshonestidad, la criminalidad). El desempleo, la pobreza, la enfermedad, no son plagas bíblicas, que envía Dios como castigo por nuestros pecados. Responden a dinámicas intrínsecas de los sistemas materiales, independientes de la voluntad humana. En caso contrario, ¿los pobres, los enfermos, las víctimas, serían los más pecadores?

Benedicto XVI en la Caritas in veritate, ratifica este criterio. Me adelanto aquí al capítulo III de la encíclica, donde se lee: "La economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas. De esta forma, se puede llegar a transformar medios de por sí buenos en perniciosos. Lo que produce estas consecuencias es la razón oscurecida del hombre, no el medio en cuanto tal. Por eso, no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social. La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después» de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser sarticulada e institucionalizada éticamente" (n. 36) [los subrayados son míos].

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08 diciembre 2009

Lógica del amor

"Puesto que está llena de verdad, la caridad puede ser comprendida por el hombre en toda su riqueza de valores, compartida y comunicada. En efecto, la verdad es «lógos» que crea «diá-logos» y, por tanto, comunicación y comunión [...] La verdad abre y une el intelecto de los seres humanos en el lógos del amor: éste es el anuncio y el testimonio cristiano de la caridad" (Caritas in veritate, n. 4).

No sorprende que el antiguo profesor Ratzinger pretenda aquí intelectualizar el amor. El logos, o la lógica, del amor, sería algo más que su definición o reducción a concepto, sino la conversión del amor con la verdad: La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad (n.3). Pero ¿tienen estas afirmaciones algún sentido entendible, que trascienda la mera verbosidad abstracta? Pretender que el amor sea la verdad, es como pedirle a cualquier enamorado que explique su amor: nos diría que para él es inexplicable, que no tiene lógica, lógos. O como dice la letra de una soleá flamenca: en el querer no hay locura. Si es cierto que el amor tiene "su verdad", y que todos quieren amar "de verdad", no por eso verdad y amor pueden confundirse, o volverse lo uno en lo otro.

Los primeros párrafos de la encíclica Caritas in veritate contienen las ideas más arduas del texto, que demandan una demorada explicación, pero también las expresiones más hoscas y desagradables. Dice Benedicto XVI: "Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Éste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad. Es presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos, una palabra de la que se abusa y que se distorsiona, terminando por significar lo contrario" (n. 3). Y un poco más adelante: "Un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales" (n. 4).

Cuando se piensa que el amor induce en hombres y mujeres pensamientos y ¿por qué no? sentimientos sublimes, e inspira bella literatura y obras de arte, no se puede más que mostrar decepción porque la encíclica insista en los modos más ruines del amor, y no acierte a mostrarnos su rostro amable, como hizo el apóstol Pablo. Me pregunto si la encíclica revela en esto ideas sombrías de senectud.

El logos del amor no puede significar que el amor se confunda con la verdad. Se impone distinguir cuidadosamente la amistad de la veracidad, aunque se haya acuñado una máxima: caritas in veritate, que violenta la letra de la epístola paulina. Ser veraces en el amor no tiene nada que ver con que el amor deba "ser verdad". Más bien habría que decir que sin amor la verdad sería "menos verdadera", menos creíble o confiable. Trataré de explicarlo en próximos posts.

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